Mirando los papeles que tenía frente a él pensó que ya era el momento de terminar su relación con Grayson, después de todo ya había cumplido su objetivo. Saco su celular y titubeo, ¿cómo decírselo? No tenía idea así que solo escribió una frase cliché.

"Necesito hablar contigo"

Normalmente sonreía al recibir mensajes de ese número porque eran de Damian y hacían mejores sus días pero ahora no sabía que sentir. Desde una semana atrás su amante estaba distante, sin llamadas ni mensajes, casi no se habían visto más que una ocasión y eso fue por casualidad; pero ahora lo contactaba para hablar.

"Claro, nos vemos en mi departamento"

Richard Grayson era el heredero de las Industrias Wayne, hijo adoptivo del finado Bruce Wayne. A pesar de tener cuarenta años seguía siendo atractivo, las revistas lo adoraban al igual que las mujeres de la alta sociedad gotnamita que querían hacerlo caer en sus redes por cualquier medio.

Lo cual no funcionaba porque él prefería a los hombres.

¿Qué le impedía entonces conseguir una pareja con quien pasar sus días? Una estúpida cláusula en el testamento de Wayne. Antes de morir Bruce estipuló que si Dick quería recibir su herencia no podía tener amantes hombres y mucho menos casarse con uno, de lo contrario todos los bienes irían a para a manos de su sobrino Timothy Drake.

No es que Dick fuera interesado y le importará el dinero, pero si Drake recibía la herencia eliminaría todos los programas de caridad que Bruce había creado a lo largo de los años (lo cual dejaría a miles desamparados) y reabriría la rama armamentista; cosa que Richard no podía permitir.

Así que no, Dick no podía tener la pareja que deseaba. Pero tampoco quería estar solo por eso se casó con una hermosa pelirroja hija del Comisionado de policía, una mujer de carácter fuerte e inteligente pero fría y superficial. Su única alegría era Mar'i, la única hija que Bárbara se permitió tener ya que no volvería a arruinar su figura para parir otro mocoso inútil (citando sus propias palabras).

Pero también estaba Damian.

Veintidós años, piel canela, lustroso cabello negro y hechizantes ojos jade. Su sugar baby.

Sí, Dick le pagaba grandes cantidades de dinero a un joven por afecto y relaciones sexuales y siendo sincero era la mejor de sus inversiones además de su hija claro.

Cuando llego al departamento Damian ya estaba ahí en la sala, iba vestido de forma sencilla, jeans y una hodie roja que le quedaba gigante lo que le hacía verse adorable a su consideración.

-Hola Dami -trato de besarlo pero el menor giro el rostro y término besando su mejilla.- ¿Sucede algo?

-Quería… darte las gracias por…

-No tienes que cariño -sonrió sentándose a su lado.- ¿Que dices si vamos a cenar? Tengo ganas de comida italiana.

-Necesito decirte algo, por favor no me interrumpas -pidió apretando ligeramente su mano. -Eres una persona maravillosa Richard aprecio mucho lo que has hecho por mí, me ayudaste cuando más lo necesitaba y te lo agradeceré toda la vida. -Tomo aire.- Te tengo aprecio Grayson, pero quiero terminar esta relación.

Un frío silencio se apoderó del departamento, la sonrisa cariñosa que se le había formado por las dulces palabras del menor se transformó en una mueca confusa, Dick no entendía, ¿había hecho algo mal, lo ofendió de alguna manera?

-¿Porque? -Su voz salió en un tenue murmullo.- ¿Porque?

-Sabías desde el principio que no sería para siempre -replico- que un día terminaría y estuviste de acuerdo con eso. Dijiste que si no me sentía cómodo con algo o si quería podía irme que estabas de acuerdo con eso, ¿recuerdas? Pues quiero irme.

Desesperado se aferró a su mano, no quería que se fuera, él era su felicidad. -Damian no, si es por dinero, si hice algo yo…

-No hiciste nada Grayson, siempre fuiste considerado y amable -había una pizca de cariño y sinceridad que calmo a Dick.- Tampoco es por dinero, yo solo… ya no haré esto, ya no venderé mi cuerpo; quiero empezar una nueva etapa de mi vida.

"Y no hay espacio en ella para mí" -Está bien, vete -dijo conteniendo las lágrimas, no quería llorar frente a él.

-Richard…

-¡Vete!

Damian se levantó y dejó sobre la mesa la llave del inmueble que Dick le había dado antes de salir del lugar. Cuando escucho la puerta cerrarse no pudo contenerse más y dijo salir sus sollozos. Sí, sabía que Damian no sería siempre su amante pero en los cuatro años que pasaron juntos se llegó a enamorar de él y la separación le dolía profundamente.

Mientras caminaba de regreso a su casa Damian reflexiono lo sucedido.

No es que fuera malagradecido, al contrario, siempre le tendría gran estima pues gracias a él su vida fue mucho más sencilla.

No es que fuera cruel, cruel sería quedarse a su lado cuando era obvio que no podía darle lo que quería.

Así que mejor terminar.

Sí, siempre le estaría agradecido, con el dinero que le dio pudo obtener nuevas identidades para él y para su madre, pudo pagarse una carrera y saldar las costosas cuentas hospitalarias que se acumularon por los accidentes que sus padres tuvieron.

Cuando él y su familia huyeron de Nanda Parbat lo hicieron con poco menos que nada, la guerra los había obligado a abandonar la vida como la conocían. Establecerse en Estados Unidos fue complicado pero su padre aún tenía algunos contactos que hizo en su época de militar, uno le consiguió un departamento en deplorables condiciones pero donde no tendrían que preocuparse por los agentes de migración.

Llevaban unos meses ahí cuando ocurrieron las dos grandes desgracias.

Su vecino, un sujeto asqueroso se la pasaba insinuándosele a su madre cada que la veía, ella siempre ignoraba sus proposiciones pero eso no lo hizo desistir, ni siquiera que su padre lo amenazara y le tirara tres dientes cuando se atrevió a alzar la falda de su esposa frente a él. En represalia el tipo arrojo acido al rostro de su madre y corto los frenos del auto de su padre.

De pronto se vio solo, sin dinero y con las vidas de sus padres peligrando.

Busco al contacto de su padre, el señor Luthor quien se hizo cargo de lo legal, el hospital no pregunto quiénes eran ni si podían estar en el país. Se lo agradecía, solo tenía que hacerse cargo de los tratamientos y las múltiples cirugías que necesitaron.

¿Había otras maneras? Claro, pero era demasiado dinero y lo necesitaba rápido, así que vendió su compañía, sus caricias, su cuerpo.

"Lo siento Grayson, pero no te amo"