Sangre brotaba lentamente de las medias lunas en sus palmas, sabía que lastimarse no cambiaría la situación ni le beneficiaria pero era eso o romper algo y ya había acabado con todo el mobiliario de la habitación. Los recuerdos de la traición le hacían clavárselas fuertemente. Por momentos su pecho se agitaba y si no fuera porque el aire no era vital para el hacía horas que se habría desmayado.
"Los odio… Los odio…"
Quería ir y destrozarlos, rasgar sus cuerpos y arrojar los trozos a las bestias que resguardaban el hogar de sus padres.
"Un mentiroso tan hábil, logro engañarme ¡a mí!… Te amo Dami… Si claro… Te seré fiel siempre… No lo fue nunca ¿porque al estar conmigo sería diferente?… Mi corazón es tuyo…"
-Mi corazón es tuyo… -murmuro reflexivo. Richard siempre decía eso, que su corazón le pertenecía, un juramento que Damian acepto el día que se casaron.
Un juramento que haría valer.
Sonriendo tomó su gabardina negra, lo único intacto en la habitación, tarareando una melodía suave salió del destrozado lugar encontrando una bandeja con sus dulces favoritos; seguramente su atenta madre se los dejo para que se sintiera mejor. Guardo algunos en sus bolsillos y salió a ver a su maridito.
Dick sabía que lo que hacía era incorrecto e inmoral, él estaba casado, amaba a Damian… pero cuando Jason regreso a Gotham no pudo resistirse. Recordó lo bien que de lo paso en la época en que estuvieron juntos y cedió a la tentación.
Se arrepintió de fallar a su promesa de fidelidad, claro, pero no paso mucho tiempo para que volviera a ocurrir. Después de todo, Damian se ausentaba cuatro días al mes para visitar a sus padres, tiempo suficiente para que él y Jason disfrutaran.
-Me voy a ir al infierno- suspiro recostándose sobre el pecho de su amante dormido.
-Eso es bastante obvio Richard.
Richard escudriñó entre la oscuridad y alcanzo a distinguir unos resplandecientes orbes rojos cerca de la puerta; encendió la lámpara en su mesita de noche creyendo que solo era una creación de su mente culpable y encontró la intimidante figura de su esposo.
"Es solo un sueño" pensó tratando de calmar su agitado corazón.
-No es un sueño Richard -gruño dando un paso al frente.- Estoy aquí.
Dick jadeo asustado al saberse descubierto, su esposo llego antes de lo previsto y lo había encontrado en la cama con Jason, ¿cómo justificar eso? -Dami yo…
-Silencio. ¿De verdad creíste que no me daría cuenta? ¿Que podrías engañarme? -Con cada palabra iba dando un paso, hasta que sus rodillas chocaron con el borde de la cama. -Creí que serías más inteligente que eso.
-Yo… l-lo siento.
Dick no sabía por qué temblaba más, si por la vergüenza y tristeza al saber su matrimonio perdido lo cual le provocaba ganas de llorar o el miedo que sentía al ver que no había rastro del color jade, ahora los ojos de su esposo eran de un oscuro tono rojo; una muestra de su verdadera naturaleza.
Él sabía que era Damian cuando se casaron, sabía que no era humano pero aun así lo amaba.
-Te dije que no perdono la traición -se subió al colchón de rodillas y puso su diestra en la mejilla de Dick.- Y tu juraste nunca hacerlo. Me decepcionas Richard, yo te amaba.
Dick sé quejo adolorido, el contacto quemaba su piel, la mano se convirtió en garra mientras se deslizaba del rostro al pecho, abundante sangre brotó de las heridas.
-Damian por favor…
Un desgarrador grito despertó a Jason, busco con la mirada adormilada el origen del grito o a su amante para preguntarle y se encuentro con una escena salida de una pesadilla… parpadeo para hacerse del sueño que aún tenía, pero la vista no cambiaba, seguía viendo a un hombre con la mano en el pecho de Dick. No, no tocando, literalmente dentro de su pecho.
Largos momentos después el hombre de ojos carmines retiraba su diestra cubierta de sangre, con el corazón aún latiente de Richard; el cuerpo de su amante cayó inerte a su lado, ojos vidriosos viendo al techo.
Quiso gritar pero el terror le paralizó hasta las cuerdas vocales, el asesino se bajó del lecho lentamente y antes de desaparecer en un torbellino de sombras le dijo: solo tome lo que era mío, lo que me prometió. Tú puedes quedarte con el resto.
