"Malas vibras". Así se puede definir a lo que siente la gente a su alrededor.

Levi ha estado haciendo todo con cara de enfado, al parecer de mal humor. Eso es parece ser extraño para las personas presentes, usualmente él es: calmado, serio y nadie puede definir su estado de animo, o sea, indiferente.

Pero hoy parece, no, mas bien algo le molesta.

—Disculpe, Levi. ¿Podría ir a…?

—No, no soy un mandadero.

—T-tiene razón, lo siento es que yo…

—Silencio, intento trabajar.

Y todo parece indicar que el nuevo es el detonante.

El rubio asintió cohibido, ha intentado caerle bien a la mayoría sus compañeros de trabajo y lo ha logrado. Levi, ese hombre de pequeña estatura es el que más se la ha puesto difícil, todos sus esfuerzos fueron rechazados y una vez le escuchó murmurar un: "Ojalá le caiga un rayo". No entiende en que falló, no ha hecho nada malo y ni siquiera han hablado más de dos minutos como para saber a ciencia cierta el por qué.

Suspiro con pesadez dirigiéndose al elevador, iría con Eren, él si parece llevarse bien con Levi.

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—Señor, el equipo de mercadotecnia esta atrasado con los proyectos.

—Lo sé, ya mande un ultimátum. Si no veo cambios en dos días yo mismo me hare cargo.

—¿Usted?

—Si, yo era el encargado de…

La puerta de repente se abrió interrumpiendo a las dos personas que se encontraban en la habitación.

El recién llegado miro a ambos hombres y se concentro en uno en particular, sentado tras el escritorio con varios papeles en la mano, el nuevo gerente.

—¿Deseas algo, Nile? —preguntó Eren.

—Necesito hablar contigo de algo.

—¿No puede ser en otro momento? Tengo trabajo —apuntó una pila de papeles que se encontraba en esquina de su escritorio de madera color marrón.

—Es algo importante.

—Bien —suspiró mientras dejaba los papeles sobre el mueble y luego miró al otro sujeto—. Puedes retirarte, Connie. Te llamaré cuando termine.

—Si —respondió. Tomo una pequeña pila de papeles y salió rápidamente de ahí.

—Si tú dices que es algo importante, debe serlo. ¿Sucede algo malo?

—Quiero ser el encargado del proyecto de…

—No, ya discutimos eso en la junta —dijo molesto y volvió a tomar los papeles—. Si eso era tu asunto importante creo que ya te puedes ir.

—Eren —se acerco hasta quedar de pie frente al escritorio—, no lo discutimos, tú lo decidiste por tu cuenta.

—Nadie se quejo.

—¡Por qué eres el jefe! —exclamó furioso—. Te ayude con tu estúpida idea de independencia, ¿y ahora me traicionas?

—No te traiciono, tío —suspiró—. Pero no quiero que cuando alguien se entere de que somos parientes digan que te ayude, quiero que tú te lo ganes con esfuerzo.

—Niño, he estado en esta empresa más tiempo que tu y nadie se ha quejado. Yo debí de tener el puesto que ahora tienes, pero no me apetecía la idea y te lo cedí a ti.

—No te confundas —frunció el ceño molesto—. El cargo que ahora tengo me lo gane con esfuerzo y…

—¿Sobornos? —se burló—. Eres igual a tu padre, sólo te interesa lo tuyo.

—No te permito que…

—Yo no te permito a ti que seas un niño berrinchado —alzó la voz—. Si no fuera por mi o tu padre serias un niño de la calle más en este mundo. Y ahora mírate, sentado ahí como todo un rey cuando no lo mereces.

—Es suficiente —se levanto de la silla, exaltado—. Papá no te quiso en su empresa y viniste a esta y si, quizá hayas estado más tiempo aquí que yo ¿Por qué no entonces obtuviste el puesto? Sólo dices excusas para tapar tu incompetencia. La gente aquí me advirtió de tus artimañas y no quise creerles.

—¿Qué?

—¡Que si no fuera por mi, ahora mismo estarías en la calle!

El hombre le miró asombrado tras esas palabras, ¿incompetencia?, ¿alguien habló mal a sus espaldas? Eren era su salida y al parecer ahora estaba en su contra, quizá debió quedarse callado y comportarse de la manera que había estado haciendo.

El sonido de la puerta abriéndose les distrajo, dirigiendo su mirada a un rubio que les veía nervioso.

—¿Interrumpo algo?

—No —dijo el hombre y se dirigió a la salida.

—Mañana quiero verte a primera hora.

—Si, señor.

El rubio pasó saliva cuando vio a Eren patear la pared de tras de él y se pregunto por qué aquel hombre de pelo negro se veía tan enojado cuando pasó a su lado.

—¿Era tu tío? —preguntó Armin al recordarle.

Eren y él son amigos desde muy pequeños. Se conocieron cuando Eren entró a su misma escuela cuando tenía nueve años, al parecer venia de otra ciudad a establecerse en el distrito Trost. Se prometieron siempre estar juntos sin importar las circunstancias.

—Si —el castaño se calmó y se volvió a sentar en la silla, el rubio también lo hizo en una cercana.

—¿Pasó algo malo?

—Nada que no pueda arreglar, en mi familia todos somos muy temperamentales —sonrió de manera conciliadora. No quería meter a su amigo en asuntos privados.

—Tu papá parecer ser muy tranquilo —recordó. Si, Eren podía exaltarse con muchas cosas y a la menor provocación. No debería preocuparse tanto.

—Él es… peculiar. También tiene sus momentos —no le gusta hablar de ello—. Por cierto, ¿a qué debo el honor de tu visita?

De pronto el semblante del rubio cambió a uno de completa preocupación y comenzó a juguetear con sus dedos tratando de buscar las palabras correctas.

—Es sobre un compañero…

Eren le miró con expresión confusa, Armin siempre ha sido tímido pero no es mala persona y casi siempre termina por caer bien. Y, ¿a quién le caería mal? Tan solo basta con mirarle y hablar unos segundos con él para saber que es un excelente ser humano. Siempre ha envidiado al rubio por ser inteligente, él ha progresado a base de esfuerzo y perseverancia, hasta supera por momentos su timidez y logra ser un hombre bastante seguro y capaz.

Por eso no entiende, a lo mejor sufre de algún tipo de acoso. Eso si que no lo permitirá.

—¿Quién?

—¿Eh? —le miró con desconcierto, haciéndose una idea de lo que podría pensar al ver la mirada de enojo—. No es nada malo, Eren, sólo quiero saber como caerle bien.

Eren pestañeó tratando de comprender la situación, él no suele ser así de lento.

—¿Te gusta?

—¿Qué? ¡No! —negó varias veces con la cabeza. ¿Por qué su amigo llego a esa conclusión?—. Quiero llevarme bien con todos, sólo eso.

—Bueno —meditó mientras se hacia para atrás en el asiento—, no soy el indicado para dar ese tipo de consejos, sabes como me llevo con Jean y…

—Lo sé —le interrumpió—. Pero es distinto, y son personas distintas. Tú pareces llevarte bien con Levi.

—¿Levi, dices? —observó al rubio asentir—. No es que me lleve particularmente bien, me gusta molestarle.

—Yo creí que, bueno, te ves muy feliz cuando estas a su alrededor.

Eren sonrió para luego carcajear.

—Conozco a Levi desde hace un tiempo, pero él no me conoce a mí, o al menos no me recuerda.

—Oh —Armin se avergonzó un poco, tal vez no conoce del todo a su amigo. ¿Le gustará ese pequeño hombre?

—Te has puesto rojo —le pico Eren burlesco—. De seguro pensaste cosas extrañas.

—N-no… Se me hizo raro que te interesara y llegue a pensar que te gusta. Pero tú ya tienes a alguien.

Eren se cruzó de brazos mirando fijo al rubio.

—Si, Mikasa es todo lo que necesito.

Armin vio el semblante serio de su amigo, no es el mismo que cuando estaban hablando de Levi.

Los gustos cambien y también los sentimientos. Pero probablemente Eren aún no este preparado ni consiente de eso.

—Si, ella es genial.

Y se siente mal por no tener el valor para decírselo, pero Mikasa es su amiga, y Levi no.