ADVERTENCIA: Lime (o no sé como le llamen ahora).
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Su pene estaba siendo deliciosamente succionado. La cavidad húmeda donde se encontraba tenia la temperatura perfecta, se sentía irremediablemente caliente. De pronto, una ágil lengua le saboreo de la punta de su falo hasta la base de los testículos y sintió la calidez envolverle. Una suave brisa sobre su miembro mojado le hizo retorcerse en busca de más contacto.
Se encontraba excitado, maravillado de esas asombrosas sensaciones.
Con torpeza unas manos rodearon sus nalgas y las apretaron, haciéndole arder en deseo y preguntándose cómo sería aquel ser que le provocaba tal placer con unos cuantos roces.
Su boca fue rápidamente apresada por unos fríos labios antes de que siquiera llegara verle la cara.
Con hambre atrajo mas aquel cuerpo caliente y sudoroso hacia él, aunque al principio le provocó algunas arcadas por lo asqueroso que le resulta el contacto físico innecesario su deseo había ganado al raciocinio.
Palpo con algo de suavidad la espalda de aquel sujeto y de pronto ya tenía las uñas enterradas en ella, marcándolo como su propiedad.
Escuchó una risa ronca provenir de los labios contrarios que le provocó un palpitar sobre su miembro; estaba necesitado de atención.
Su acompañante parecía leerle el pensamiento y con lentitud le masturbó haciéndole correr sobre su vientre.
Sus bocas se separaron y comenzó a respirar agitadamente, le había robado todo el oxigeno con ese prolongado beso húmedo. Abrió los ojos que había mantenido cerrados producto de todas las sensaciones y se encontró con unas irises verdes que le miraban con deseo.
Eren.
Levi se despertó de forma brusca, respirando a grandes bocanadas el aire, sofocado por un sueño… recuerdos.
Maldito bastardo de Eren Jaeger. Ahora aparte de sufrir viéndole en el trabajo le tocaba aguantar que invadiera sus sueños. Con un mal humor que no se iría en todo el día, se levantó de la cama arrojando las sabanas hacia un lado.
Su cuerpo aun tenía ganas de que le complacieran, el bulto entre sus piernas se lo confirmaba.
Con hastió se acercó a su baño pero un golpeteo en su puerta le hizo detenerse.
Contó hasta diez para que se fuera quien fuere de ahí, pero seguía insistiendo de una manera que le pareció estresante, provocando de nuevo que su humor del diablo incrementara.
Al menos su erección había bajado considerablemente.
Abrió la puerta y se encontró de lleno con una sonrisa estúpida bastante conocida, su cara de sorpresa no duró mucho pues le cerró la puerta al ver junto a él un ramo de flores.
¿Rosas rojas?
Puto Jaeger.
—¡Levi! Mi teléfono está ahí.
—Vete, carajo.
—Podría irme si me dieras el teléfono.
—¿Juras largarte una vez que lo tengas?
—Si.
Su cara sombría no le abandono cuando llegó a su cuarto, tomo el aparatejo y abrió la puerta para entregárselo pero fue arrojado hasta dar con el suelo.
—Tú… maldito. Dijiste que te irías —se incorporó inmediatamente.
—Aun no me lo das.
—Jaeger… —dijo en modo de advertencia.
—¡Ten! —se inclinó con una mano detrás de su espalda y la otra extendida sosteniendo el ramo de rosas frente a Levi—. Es una ofrenda de paz.
La ofrenda de "paz" se vio vilmente pateada al suelo producto de una patada que Eren esquivó con asombrosa facilidad.
—Largo.
—¡Eres cruel! —se quejó recogiendo el maltrecho arreglo floral, acariciándolas como si fuera un cachorrito—. Ellas no tenían la culpa.
—No sé que haces aquí en primer lugar.
—Vine a tomar la responsabilidad.
—¿Responsabilidad?
—Si, Levi. ¿No lo recuerdas? Mancillé tu cuerpo varias veces esa noche.
El de pelo negro maldijo ser de un tono de piel en el que se puede ver cuando se avergüenza, de ira.
Una patada, dos, tres, cuatro fueron directas hacia diversos puntos del cuerpo mas moreno, Eren las recibió sin esquivarlas ni hacer algún movimiento que pudiese dañar al más pequeño.
Levi no se contuvo y atacó hasta que estuvo satisfecho, sonriendo complacido al ver el estado deplorable del idiota y el ramo disperso en el piso.
—¿Quién dijo que fue así?
—Tus hermosas patadas contradiciéndome —sonrió sobando su área afectada—, si no fuera cierto lo negarías y ya.
—Cállate, maldito mocoso depravado.
—De sólo imaginarte retorciéndote bajo mío me hace vibrar de emoción.
—He dicho que te calles —intentó insertarle un buen golpe a la cara pero su mano fue detenida e inmediatamente e inmovilizado en la pared.
El cuerpo tras suyo se apego demasiado, su aliento caliente chocando contra su oreja y los latidos desenfrenados de su corazón los podía sentir perfectamente.
Un beso suave en su cuello le hizo removerse con fuerza haciendo retroceder al castaño, pero no fue obra suya.
—No deseo lastimarte, Levi —le miró condescendiente. Alzando los brazos y poniendo las manos como escudo.
El hombre abrió los ojos percibiendo en los contrarios de color verde algo que le supo amargo.
—No me mires —masculló mientras su cuerpo convulsionaba de rabia intentando de nueva cuenta golpearle—; con lastima.
Piernas y puños fueron detenidos conforme iba yendo, logrando solo que la frustración del mas bajo aumentará.
—Hablemos —sugirió.
—Dijiste que no eras gay —le recriminó.
¿Por qué se empeñaba en aparecer en su vida de esa manera?
—No lo soy —dijo esquivando una patada, retrocediendo hasta dar con un pared y salvándose de un puñetazo que iba directo a su rostro. Volvió a sostener la mano de Levi y se quedaron así, viéndose respirando intranquilos, tratando de normalizarse—. Me atraes tu, sólo tú.
—No me vengas con esa mierda.
—¡Es verdad¡ ¿Crees qué estaría aquí si no fuera eso? ¡Habría huido de ser otra persona!
—Nadie te pidió que te quedaras.
—¡No te dejaré solo en esto!
—¡No hay ningún esto! —el fuerte gritó hizo que Eren no tuviera otra cosa que decir.
Y pareciera que sus peleas eran vistas por gente ajena, pues el sonido de un celular interrumpió el muy agradable encuentro.
—Contesta.
—Es el tono de Mikasa…
—¿Tu novia?
—Ella no es… —su tono de voz bajó a un murmulló—, mi novia.
Levi le sonrió con sorna, alejándose de Eren y yendo por el celular.
Eren veía atento cada paso que daba y no se inmutó en lo absoluto cuando el hombre amenazó con contestar.
La molestia visible en los pequeños ojos le hizo entender al castaño que si no le creía, pues lo haría.
—¿Diga?
—¿Tú de nuevo? Pásame a Eren, sé que está ahí.
—No.
—No te pregunte, pásamelo.
—¿Qué gano yo?
—El que mantenga mi boca cerrada y nadie sepa que te acostaste con mi prometido. Ahora, pásame a Eren.
El usual rostro indiferente se tornó aun mas pálido y se llenó de un incomodo sentimiento de temor.
Con un chasquido de su lengua despejó cualquier rastro de ello y le arrojó el móvil a un serio castaño.
—Mikasa —habló con fastidio.
—Eren, te perdono.
—No, Mikasa. No debes.
—Eren, por favor.
—Adiós.
—Eren…
Al colgar vio que Levi había llegado hasta el comedor y se había sentado cruzándose de brazos.
—Lo sabe.
—No sabía a ciencia cierta quien era, tú se lo confirmaste.
—Lo sabe —volvió a repetir para si mismo. Y también la rubia psicópata, pensó con algo de pesar—. También el niño rubio.
—Si, supongo.
—Ayer te quedaste con él, es tu amigo —le recriminó. Ahora sólo faltaba que toda la oficina supiera de su desliz. Porque eso era, un error.
—No le dije, no le confirme, no nada —le habló en tono suave, como explicándole a un niño pequeño —. Es mi vida.
—Pues todos ellos se creen con derecho a ti.
—Si quisieras, tú serias el único.
—Largo
—Me iré —confirmó con una sonrisa suave en sus labios. Le provocó y no quería seguir peleando—. Pero volveré, volverás. Sabes que no puedes irte muy lejos de mi, Levi.
Tarde o temprano cedería ante él.
—Vete —masculló—, hoy es mi maldito día de descanso.
El castaño asintió, recogiendo las flores y dejándole una al filo de la mesa, hizo una reverencia y se retiró.
El silencio de pronto le resultó incómodo a Levi, deseando de pronto un poco de escándalo para que su mente no pensará en Eren y su sonrisa.
Su sonrisa idiota que le sacaba de quicio.
Él no era gay, y recuerda que en algún momento de su vida el fue y siempre será un hombre con gustos bien definidos por las mujeres y que Jaeger sólo era un niño bonito que le llamaba la atención.
Se levantó de la silla y tomó la rosa, cortándose con la espina que no fue removida de la roja flor.
Y pensó que no fue cómo una advertencia, una que llegó muy tarde.
Nunca debió dejar a Eren pasar su coraza indiferente, dejarle entrar en su mundo.
Pero sabe que no fue por decisión, Jaeger era demasiado para manejarle, era un torbellino que destruyó todas las murallas que había construido alrededor para que nadie pudiera acercarse. Las tumbó con tan poco que se sintió un inútil por no haber hecho suficiente para protegerse de un chiquillo.
Ahora las pesadillas se habían ido pero sus sueños eran plasmados por una castaña cabellera, unos verdes y brillantes ojos y una voz con dueño.
De nueva cuenta el sonido de un teléfono se escuchó y de camino a contestar tiró la rosa en el cesto de basura que había en la sala.
—¿Si? —contestó recobrando su usual indiferencia.
—Soy yo.
—Hace mucho que no sabia de ti.
—Los negocios suelen ser demasiado absorbentes.
—Me imagino. Te casaste y ahora tienes chiquillos.
—Los niños son maravillosos si los educas con amor. Pero no te hablaba para eso, ¿quisieras almorzar y recordar viejos tiempos?
—No sé, tengo cosas que hacer.
—Sé que es tu día libre.
—Lo acosador no se te quita —dijo con una sonrisa pero fue borrada inmediatamente pues la imagen mental de Eren apareció de pronto—. Bien, ¿a qué hora?
—¿Las doce te parece bien?
—Supongo —miró el reloj cerca de la mesita de noche y vio que eran cerca de las diez de la mañana.
—En mi casa, ya sabes.
—Ahí estaré, Irvin.
Colgó y se dirigió al baño, tenia que darse una ducha anti estrés, se lo merecía.
…
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—¿Quién era?
—Un viejo amigo de la escuela.
—¿Por eso tan feliz?
—Digamos que fue alguien importante para mí.
—Tengo curiosidad por saber quien es, papá. No sueles tener interés por casi nadie —exceptuando a Eren, quizo decir.
—Es alguien interesante, Annie. Luego lo conocerás, ¿podrías hacer unas diligencias?
—Claro, de pasó iré a molestar a Eren —Al escuchar ese nombre el rubio se tensó pero al final sonrió a su hija—. Lo siento, olvide que…
—Se te hará tarde —interrumpió dándole una hoja con lo que necesitaba que hiciera—. Te veo en unas horas.
—Si, con permiso.
Al ver salir a la rubia, el hombre de ojos azules suspiró.
Extrañaba un poco el carácter rebelde que su hijo tenía, Annie era la hija perfecta que obedece en todo y de la que nunca tiene quejas.
Pero Eren es…
—¿Podemos hablar?
Como si fuera una invocación, la figura de su hijo apareció de pronto frente a él. Sonrió complacido, no esperaba verle tan pronto.
—Hijo.
—Nada de hijo, ¿qué es esto? —Y sobre la mesa esparció una carpeta llena de papeles con datos sobre él, fotos de su nueva casa y de él mismo en diversos lugares—. Apareció hace unos días en el correo de mi apartamento.
—No sé de qué —cayó al ver una fotografía de su hijo y Levi—; hablas.
Ahora recuerda que Annie le había dicho que quería investigar a un sujeto que estaba demasiado cerca de Eren y a quien le tuvo interés. Le dijo que eso se lo dejara a Mike, su investigador. Pero ahora se arrepiente un poco de no preguntarle bien las cosas, creyó que era un capricho que podía cumplirle a su hija y que no había ningún problema.
Pero se equivocó, había provocado un interés obsesivo en su hija. Bastaba con ver las fotografías y datos que eran fueron enviadas a su hijo cómo una declaración de "te estoy vigilando".
Pero la mayor pregunta de ese día era. ¿Qué hacía Levi con su hijo?
—¿Y bien?
Pero no podía delatarle, y tampoco culparse a si mismo. Debía haber una solución.
—Eren, creo que estas confundiendo. Yo no…
Y una nueva carpeta con fotos de Mike, su subordinado rubio cerca de su casa y trabajo le hicieron callar.
—¿Sabes quién es él? Porque yo si.
Ahora no podía negar nada.
—Señor, su invitado está aquí.
Irvin palideció y miró su reloj, las 11:45. ¿Por qué Levi tenia la manía de llegar demasiado temprano?
—Hazlo esperar en el salón.
—Si señor.
—Pero qué dices, Irvin —una voz conocida se hizo presente, dejando a un lado a la empleada y entrando al despacho—. No voy a esperar en ningún… lado
Eren parpadeo muchas veces al reconocer la voz y la figura conocida de Levi, luego miró a su padre siguiendo igual de confundido y por ultimo volvió a mirara a Levi.
—¿Qué haces aquí? —cuestionó para dispersar las dudas. ¿Su padre estaba intentando algo en su contra?
—¿Qué hago yo aquí? Qué haces tú aquí, mocoso —su voz sonó irritada, pensando que Eren le seguía o lo mantenía vigilado.
— ¿En tu días libres visitas a mi padre? —los evidentes celos salieron a relucir e Irvin negó pero Eren no pudo verlo.
—¿Padre? Ya sabia yo que lo raro te venia de familia —chasqueó la lengua—. Me voy.
—Espera
—Suéltame —ordenó cabreado, soltándose fácilmente por la confusión del menor y se fue por el pasillo.
Eren se quedó inmóvil en su sitio, dándole la espalda al hombre de rubios cabellos.
—¿Le harás daño? —susurró Eren lo suficientemente audible para ser escuchado.
—¿Daño? No sé por quien me tomas, jamás le haría daño a alguien a quien quiero.
"A quien quiero". La palabra sonó en su mente muchas veces, repitiéndose, haciéndole daño.
Se giró para dar con él.
—Levi es mío —soltó de forma brusca, mirándole fríamente.
—Creo que tenemos los mismos gustos, hijo.
—No te lo dejare tan fácil, Irvin —dio la media vuelta para ir tras Levi, abriendo la puerta y azotándola al cerrar.
Que deprimente y equivocada declaración de guerra contra su propio hijo.
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—¡Mikasa! —gritó un rubio entrando de improvisto al departamento sencillo de su amiga, la encontró sentada en un sillón.
Los ojos rojos producto del llanto, los labios resecos, y envuelta en una bufanda roja conocida.
Armin se entristeció por la deprimente escena y lo hizo aun mas al saber al causante del estado de su amiga.
—Me lo dijo, Armin —habló con un hilo de voz—. Pude vivir sin escucharle decir eso.
—Lo lamento mucho, Mikasa —se acercó hasta ella, cobijándola en un abrazo protector.
Pero el daño estaba hecho.
—¿Te asuste mucho con mi mensaje?
—"Me quiero morir" —repitió lo que había leído—. Si, mucho.
Ella soltó una risita que asustó al rubio, era sin ganas.
—Le perdone, aun así no me aceptó.
—Lo sé —sabia que lo haría, Mikasa no puede estar enojada con su amigo por mucho que éste sea cruel con ella—. Pero me tienes a mi y a Jean.
—Yo quiero a Eren —musitó—. No le guardes rencor. Eren nunca me amó.
Arlert le sonrió afable.
Las traiciones son algo imperdonable.
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Eren se encontraba realizando trabajo, perdió a Levi de vista y no le pudo contactar.
Recibió el proyecto que su tío Nile con unos cuantos gritos de por medio.
Que si Oscar era un incompetente, que si se estaba burlando de él, que si el proyecto era sólo para callarle. Cosas así.
Bueno, había de todo un poco. ¿Acaso no era lo que quería? Estaba exasperado y no podía sacarse sus problemas de la cabeza y Connie, su disque secretario estaba de galán de telenovela con alguna mujer de ventas.
Hoy también era su día libre, debería estar arreglando su jardín o viendo la construcción de un apartado para su auto.
Desde que perdió su motocicleta tratando de perder al horroroso investigador de Jean o algún sujeto con órdenes de Annie se ha estado lamentando. Era un regalo preciado de cumpleaños destruido.
Y luego Levi le repelé como a una enfermedad.
Sí se acordase de él todo sería más fácil…
No sabía que la persona que les presentó en el pasado sería también el que intentará separarles.
Porque a pesar de lo que Armin piense o Mikasa diga, Levi no era una obsesión.
Fue su primer amor.
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Notas: Este capítulo seguía, y seguía y seguía y no supe como cortarlo y luego sucedieron acontecimientos que no eran cómo para que abarcara el fina del capítulo y asdasdas puras cosas raras de la vida.
Han sido puras dudas pero ya pronto se aclararan :3
¿Qué quería Irvin de Levi? ¿Por qué nuestro pequeño hombre no se deja querer? ¿Los recuerdos de Eren saldrán a pronto a la luz? *voz de narrador*
