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Levi sabía, a través de su variada experiencia con la vida, que a las mujeres hay que tratarlas con delicadeza. En base a eso, también sabía que él era rudo y jamás podría satisfacer a una fémina en ese aspecto tan trivial. Sabía, que él era directo con las palabras y solía desviar el tema si no le apetecía adentrarse en algo.
Sabía, lo sabía. Porque siempre fue una persona autocritica y, por ende, sabía muy en el fondo de su conciencia, que le atraía de alguna manera Eren; a él podía tratarle rudamente y no se quejaba, contrario a sus expectativas, sonreía con júbilo al saberse ganador de un poco de su atención.
Y había algunas personas, como Hanji, que le parecía divertida la actitud arisca de otras. Era como su entretenimiento, "observar" el comportamiento humano, según sus propias palabras.
Y por eso mismo se atrevió a citarla ese día.
Porque a ella le puede tratar de la manera que sea y sabrá entender las razones y porque claro, tienen un amigo en común.
Le dijo a Hanji que quería hablar con ella después del trabajo, en el pequeño local de bebidas que estaba cerca para poder hablar sobre el estado de salud de su amigo, ya que una rubia no le permitía visitarlo.
—Lamento que no puedas verle, pero Annie es algo… especial —dicho esto, la mujer sonrió con gesto amable tratando de quitarle seriedad al asunto.
—Lo sé.
—¿De verdad? Ella por lo regular no es así de arisca. Tiene que ser esa edad rebelde —dio un gran suspiró cansado—. Tiene dieciséis, pero se comporta como un adulto amargado.
—¿Es menor de edad? —preguntó, era un pensamiento que salió en voz alta. No es que a él le interesará saber sobre ella.
—¡Si! Antes era súper linda, muy apegada a su hermano y a su papá. Pero mucho más a Eren, era cómo si fueran novios —sonrió traviesa—. Ah, pero tú no debes de conocer al pequeño renegado de la familia.
—Lo hago —gruñó la respuesta—. Para mi desgracia.
—En mi ausencia han sucedido muchas cosas —musitó para si misma—. ¿Y de qué le conoces?
—Es mi estúpido jefe de mierda.
Hanji le miró con una ceja alzada. La mueca de molestia de Levi era la misma que hace cuando ve a Irvin.
Quería preguntar más, pero el interrogatorio no era algo que su amigo pudiese tolerar.
—Eren es una persona muy apegada a sus principios e ideales, se la pasa defendiendo su punto de vista pero esta abierto a el diálogo, cuando esta de buenas, claro —sorbió un poco del té helado que pidió antes de volver a hablar—. Me gusta su actitud. Antes era un niño que desconfiaba del mundo y tenia serios problemas de personalidad, pero la última vez que le vi parecía una persona más centrada.
—Es un grano en el culo, uno muy grande.
—Me imagino —rió ante el comentario.
Levi no era de las personas que se quejan abiertamente de alguien, de cosas si, pero no de personas. Tiene una idea general del mundo, que abarcan por separado los grupos sociales, pero no de alguien en especifico.
—Se la pasa a mi alrededor, no tiene control de si mismo, no piensa las cosas antes de actuar y tiene esa boca que solo sirve para decir estupideces.
—Claro.
Ella no quería hablar de Eren, pero su amigo parece tener muchas cosas que decir.
—Es un acosador.
—Tiene un pecho musculoso, si.
—Si, ¿qué se cree?
—Oh, ¿también lo has visto?
Levi abrió los ojos con sorpresa, reprimiéndose el error, había caído en la trampa de esa tonta cuatro ojos.
—No —murmuró, recordando de pronto su sueño húmedo con él y la mañana en la que dejó expuesto su cuerpo. Enrojeció momentáneamente, no había pensando en ese día y ahora que sabe que Eren gusta de él, le había dado material para su deleite personal—. Cállate, eres igual, solo dices mierdas.
Zoe volvió a sonreír, fingiendo inocencia.
Ahora comprendía unas cosas. Cómo por ejemplo, que al parecer Levi era la manzana de la discordia entre padre e hijo.
…
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Los días pasaron lentos, Eren casi no se había dado cuenta del tiempo y al parecer el comercial se había pospuesto, cosa que agradecía enormemente.
Llegó a la oficina temprano como era costumbre. Dejó su maletín en una mesita en la esquina, a lado de la ventana y comenzó a hojear algunos documentos, ignorando la pila de carpetas de color azul que indicaban urgencia.
Pasó alrededor de una hora o dos, cuando creyó conveniente asomó la cabeza por la puerta esperando encontrar a Connie en su puesto, pero frunció el ceño al ver el escritorio vacio. Miró su reloj de mano que indicaban las nueve y media.
Suspiró cansado, se masajeó el puente de la nariz tratando de calmarse. Una hora tarde, de nuevo.
Salió por completo de su oficina y al ver bien, el maletín de Connie estaba sobre el mueble.
Pero, ¿dónde estaba él?
Cogió un post it y un lápiz, escribió un recado y se dirigió por el pasillo hacía las escaleras de emergencia, subió unos cuantos escalones para luego abrir la puerta que daba al área de fumadores.
Una pequeña terraza al aire libre. Esperaba que por ser tan temprano nadie estuviese ahí, pero se equivocó.
Recargado en la barda se encontraba Levi, con un cigarro en los labios, mirando hacia el estacionamiento.
Al escucharle entrar se giró y le miró con gesto indiferente para volver a su postura original.
Eren observó el piso, pensando. ¿Irse o quedarse? No contaba con ánimos para acercársele ni bromear. Decidió con algo de pesar volver, aunque deseara mucho estar con Levi él no parecía estar de acuerdo.
—No has ido a ver a Irvin —le dijo. Girándose por completo para verle, ignorando lo que Eren había estado pensando.
Hanji a parte de mantenerle al tanto acerca del estado de salud de su amigo, también lo hacia de los asuntos familiares. "Chismosa", le decía constantemente a lo que su amiga respondía con un muy brillante "Podrías callarme, pero me sigues escuchando". Si, lo aceptaba, cualquier cosa que tuviera que ver con Eren le llamaba la atención.
—No está grave —se excusó entrando y cerrando la puerta tras él—. Tuvo una recaída pero no un infarto, si fuera así no estaría en la casa si no en el hospital.
—Eso no es excusa.
—¿Crees que me necesita ahí? —contestó airado. Pensando de manera brusca que alguien ajeno a su "familia" no podía reprocharle nada—. ¿Acaso se ha quejado de que no he ido a verle? Él sabe que no soy necesario, sólo requiere a su médico y ya.
Levi le evaluó, el rostro de Eren últimamente mantenía una mueca de molestia constante.
—¿No será que te sientes culpable?
Eren no le respondió y se mantuvo en silencio un largo rato hasta que por fin decidió hablar.
—No me necesita —respondió de manera cortante.
—No es que te "necesite". Es tu padre y punto.
—Mi verdadero padre se llama Grisha Jaeger. Fue medico de la familia Smith por muchos años hasta que falleció —su voz sonó monótona, como si estuviera acostumbrado a decirlo.
Levi recordó lo que le dijo sobre eso…
—¿De verdad mataste al asesino? —cuestionó, tan directo al punto como solía ser. No importándole ser rudo, a fin de cuentas, Eren fue quien le dijo eso.
—No, fue broma —una sonrisa afloró de su moreno rostro, no era de travesura.
—Ya veo —A Levi no le parecía buena idea indagar, quizá si estaba bromeando, quizá no.
Lo único que sabia es que ese mocoso de aparente sonrisa fingida no era tan mala persona como se hacia ver y por lo tanto, no era su deber juzgarle.
—Papá iba muy seguido, casi no me llevaba —el de cabello azabache no le miró, se dedico a escuchar su relato. Al parecer, el mocoso tenía muchas cosas que contar—. Pero el día que lo hizo y mientras estaba entretenido con el papá de Irvin, yo me escabullí para explorar esa casa. Era muy grande, lo recuerdo bien. No es la casa en la que ahora vive, esa estaba en el campo, lejos de los suburbios por el cuidado de la salud del primogénito.
"¿Sabías que Irvin siempre ha estado enfermo? No lo creo, nadie lo sabe exceptuando a su medico y familiares cercanos. Ni si quiera Annie lo sabía hasta ahora, pero yo si, porque en ese entonces yo no era su hijo".
Hizo una pausa, tratando de recordar los acontecimientos destacables y no hacer larga la historia. Se llevó una mano a la barbilla y luego se dejó caer al suelo, recargándose en la pared cercana a la puerta; hecho su cabeza hacia atrás, admirando el cielo. Después de pensarlo, se acomodo con sus brazos cruzados en el pecho.
"Le vi por primera vez en la biblioteca de su casa, rodeado de pilas de libros, sentado cerca de la ventana. Parecía feliz, pero yo pensé que se veía muy solo, era un niño que no comprendía la vida.
Me asusté cuando le vi, no esperaba encontrarme a alguien antes de si quiera poder explorar el jardín y cuando se percató de mi presencia sólo me sonrió. Creí que me correría como los niños ricos y mimados suelen hacer, pero no, me invitó a pasar el rato con él y cuando me di cuenta de la hora salí corriendo en busca de papá.
Ese día Grisha estaba asustado, era la primera vez que le veía así. Me regañó por desaparecer, pero le expliqué que estaba con ese muchacho alto de ojos azules.
Me dijo que no me acercara, que no me encariñará y siempre desconfiara.
En ese entonces yo no entendía lo que mi padre me quiso decir, y él no me cuido lo suficiente".
Eren dejó de hablar, sentado en el piso parecía un niño desamparado. Sus piernas habían dejado la posición despreocupada y ahora estaban recogidas con sus manos, recordando algo que tenia muy guardado en su memoria.
La puerta se abrió haciendo sobresaltar a Eren, Connie ingresó viendo a su jefe en el piso.
—¿Qué hace ahí? ¡Tiene junta de trimestre en veinte minutos!
—Lo olvidé —le guiñó un ojo. Se puso de pie al mismo tiempo que se sacudía el poco polvo que tenia el suelo y que se había quedado en su pantalón color negro de vestir.
—No me haga salir así, me asusté cuando me dijeron que no le vieron irse.
—Lo lamento, Connie —le quitó importancia con una mano—. Te dejé un recado. ¿Compraste mi café?
—No lo vi…
—No importa —suspiró con desgano—. Vamos.
El de cabello rapado salió primero y cuando el castaño iba a ser lo mismo la voz de Levi le detuvo.
—¿A qué te refieres con el que no te cuido lo suficiente?
—A que era un niño rebelde y no le hice caso a sus advertencias, quizá si lo hubiese hecho, papá seguiría vivo —no le miró mientras hablaba. No quería hacerlo.
—Eso no responde mi pregunta.
—No dejes que Irvin se entrometa de más en tu vida, Levi —advirtió con un tono grave que hizo estremecer a Levi, y luego, reanudando su camino hacia la salida.
…
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La junta básicamente trató que la productividad había sido suficiente, que el comercial se pospondría hasta nuevo aviso y un nuevo accionista se sumó a la empresa pero mas no asistió por lo ocupado que estaba. Nadie dijo nombres y para él era suficiente con eso, no era asunto suyo, al menos no directamente.
Un directivo le alcanzó al terminar. Puso sus papeles bajo el brazo hasta que Connie apareció, se los entregó y le dijo que lo esperara en la oficina.
—Supe que tu padre se encuentra delicado de salud.
Pixis, era uno de los fundadores, alguien mayor pero rebozaba de una energía envidiable. Intimidante cuando era necesario, un experto convenciéndote con palabras que tenían base y fundamento; un gran hombre.
Es el único que sabe quien es su padre, porque frecuentemente iba a su casa cuando era más joven, antes le daba más miedo esa confianza de la que siempre contó.
—Está mucho mejor, gracias.
No quería recordarle, pero al parecer ese día las personas pensaban distinto.
—Me alegro, no sé que haríamos sin él. Recuerdo cuando era un joven emprendedor con grandes ideas —carcajeó y luego de entre el saco de su traje, sustrajo una sospechosa botella de un sospechoso líquido. Bebió de ella y luego suspiró, confirmándole a Eren que si, era lo que creía—. Hoy, está empresa es una de ellas.
—¿Disculpe? —indagó, no creyendo la tremenda indirecta que le acababa de decir.
—Ya sabes —le guiñó un ojo—. Mándale mis saludos, dile que iré cuando este viejo cuerpo se desintoxique lo suficiente.
Se retiró con rumbo al elevador.
Y Eren se mantuvo en su sitio, incapaz de moverse. Sentía a las personas pasarle por un lado, hablar entre sí; escuchaba los pasos, el murmullo de algunas secretarias y el sonido de algo retumbando en su cabeza.
Nile.
Fue su primer pensamiento coherente.
Recorrió con la vista el lugar, ya pocas personas quedaba y entre ellas no se encontraba su tío.
Abandonó la estancia y se dirigió al elevador, esperando por el comenzó a divagar observando la pared. Donde un especie de escudo con un cazador en ella se encontraba. Jäeger.
Se sorprendió un poco y después de eso las puertas fueron abiertas llevándole al piso que quería.
—Nile —gritó. El nombrado se giró para verle algo desconcertado—. ¿Legión?
—Alas de la libertad —respondió de inmediato. Pensando el por qué de la pregunta. Se supone que es un tipo de saludo que solo una parte de los accionistas saben—. ¿Qué pasa?
—Alas de la libertad —repitió. Miró de nueva cuenta al elevador y vio el escudo, esta vez diferente. Eran unas especies de alas, de un lado blanco y del otro negro—. ¿Lo sabias?
—No sé de que me hablas, Eren. Respira profundo y cálmate.
—No —murmuró.
Tomó su celular y envió un mensaje.
"Legión"
Espero, según su perspectiva, demasiado. Hasta que el móvil vibró en sus manos, indicándole que su mensaje había sido contestado.
"Alas de la libertad".
No, no. No puede ser.
—¿Eren?
Y él que pensó que seria libre.
—El escudo de la familia, tío. ¿Qué son?
—Alas —dijo y luego palideció, igual que el castaño—. Alas…
—Creo que nos las han cortado —rió irónico.
Se apoyó en una pared, algo fría. Escondiendo la cara entre sus palmas.
La libertad era algo que no se le tenía permitido experimentar.
…
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Cuando dejo de auto lamentarse, Eren fue a su oficina, donde duro toda la maña y parte de la tarde. Se dio el lujo de salir a la hora normal establecida y se encontró con Armin en el elevador.
Al verle tan decaído, el rubio intentó conversar con él.
—¿Mal día? —preguntó, haciendo parar a Eren que iba para la salida.
—Un asco de día —respondió algo divertido. No le quedaba de otra más que burlarse de su situación.
—Quería preguntarte algo, pero no sé si sea el momento adecuado.
—Apunta y dispara, Armin. Nada más puede matarme.
—¿Por qué le contaste a Levi de…? Ya sabes.
—No me creyó —dijo lo más rápido que pudo, arrugando la nariz con molestia. Negó para si mismo y luego se alejó del elevador.
—Pero…
—Sólo lo hice, me enojé por lo que me dijo y… salió —acotó.
—Entiendo —la mueca molesta de Eren nunca desapareció, al contrario. Parecía incrementar a casa segundo. Le vio suspirar, acomodarse la corbata y emprender la marcha—. ¿Quieres venir a mi casa?
Los ojos color esmeralda del castaño brillaron expectantes, meditó unos segundos la respuesta y luego asintió.
Ambos se dirigieron juntos al auto del más alto.
—Eren.
—Dime.
—Aléjate de Levi.
—Ya hemos discutido eso muchas veces, Armin.
—Sé que es egoísta de mi parte pedirte algo que no quieres, pero has estado vulnerable sentimentalmente a causa de ello. ¿Has visto a tu psicólogo?
—Si, mamá Armin. Lo veo una vez por mes.
—Creo que seria conveniente volver a tus terapias de…
—Oye —le calló—. No he vuelto a tener episodios de nada, deja de…
—No dije eso, era por lo del estrés…
—Ah, bueno.
—Así que, ¿han vuelto las pesadillas?
—No… —se rascó la nuca avergonzado—. Ataques de ira, creo. Pero los controlo.
Mientras, Levi iba hacia su propio auto cuando les vio. Al parecer estaba discutiendo de algo, no le importó. Abrió la puerta del maletero para poner algunas cosas y cuando volvió a levantar la mirada ellos se estaban dirigiendo al automóvil del castaño.
Frunció el ceño con molestia, creía que esos dos se la vivían enojados.
El rubio le apuntó con el dedo índice, seguían discutiendo mientras caminaban y Eren negó muchas veces con la cabeza.
—¡No lo haré! —gritó de pronto Eren, haciendo eco en el lugar, sobresaltando a Armin.
Acto seguido, el rubio le abrazó. Se podía ver la fuerza que ejercía sobre el agarre, los brazos estaban tensos alrededor de Eren.
Escuchó murmullos y una voz suave diciendo: "Vamos a tu casa" que provenía del de mirada verde, si, reconocía su voz. Arlert se alejó asintiendo en silencio.
La alarma del auto color negro sonó y después les vio subir e irse del subterráneo.
Levi endureció sus facciones, tensando la mandíbula. Cerró con un fuerte portazo el maletero y arrastró los pies hacia la puerta delantera.
"Estúpidos mocosos".
Y él también se dirigió a su hogar.
…
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Una vez en casa del rubio, este le ofreció una lata de cerveza, pensando que Eren la rechazaría. Pero la aceptó de inmediato, abriéndola y sorbiendo demasiado rápido el líquido.
Se dejó caer en el sofá marrón que tenía en el living, familiarizado con la casa no tardó en acostumbrarse.
—Perdón —dijo de pronto Armin, sentándose a su lado con una lata de cerveza igual a la de Eren.
—Perdóname tú a mi, no debí gritarte. Sé que mi familia es importante para ti.
—No es tanto ellos, eres mucho más importante tú y por eso mismo debo entenderte mejor, eres mi mejor amigo.
—Está bien, no te preocupes.
—¿Te sientes culpable por lo de tu papá?
—Eres la segunda persona que me pregunta eso. ¿Tanto se me nota? —Rió sin ganas—. Si, siento que de no ser por mis arranques temperamentales él estaría mucho mejor.
—No, el señor Irvin ha estado estresado últimamente, tarde o temprano habría pasado eso. Tu fuiste solo el detonante, si no eras tú, hubiese sido otra persona.
—No entiendo porque tuve que ser yo, de todas formas —murmuró abatido. Se irguió, mirando sus pies y sosteniendo la lata entre sus manos—. Supongo que Annie te mantiene informado.
—Más bien se queja sutilmente —sonrió nervioso. Recordando como la rubia le acorraló un día afuera de su casa.—. Creo que me considera tu reemplazo o lo más cercano que puede estar de ti. No le dije que estábamos peleados.
—Lo sabe, me vigila. Todos lo hacen, supongo.
—Lo siento.
—No quise… decir…
—Lo sé.
Se formó un silencio que de ninguna manera resultó incómodo para ninguno de los dos.
Era como camarería que extrañaban, de esa que siente que se comprende si hablar.
—Ahora yo tengo una pregunta —miró a Armin, quien asintió algo intrigado—. ¿Tú sabias que la empresa es de Irvin?
Arlert procesó la respuesta que daría, esperando que Eren no reaccionara de mala manera.
—Algo así —dijo, ganando algo de tiempo.
—¿Lo sabias? —insistió, ahora con algo de molestia impregnada en su voz pero no hizo ademan de querer hacer algo.
—No a ciencia cierta, Eren. Fueron sospechas, alguno de los escudos que tiene la empresa en cada piso me recordaban a tu casa, la mayor de mis sospechas era el escudo del piso de juntas "Cazador" y el de la presidencia que tiene unas alas.
—¡Lo sabía! —bramó enfurecido en su sitio.
—¿Cómo lo supiste tu?
—Sospechas, le mandé un mensaje a Irvin con el saludo y me respondió correctamente.
—Creí que era como un mito de la oficina, en todo caso, puede ser coincidencia.
—Sabes que no —susurró. Le dio otro gran trago a su lata, dejándola vacía y colocándola en la mesita de centro que tenia enfrente.
Armin veía a su amigo, al parecer toleraba algo de alcohol en su cuerpo.
Y volvieron a quedarse callados.
El rubio se quedó pensando. Eren parecía demasiado calmado sabiendo eso, él siempre quiso una independencia que su padre jamás le dio, no del todo.
Y ahora que sabía que básicamente estaba siendo mandando por él, pues, esperaba una reacción algo violenta.
—¿Cómo te sientes?
—¿Recuerdas aquella vez en la que unos idiotas te molestaron por ser inteligente, yo les golpee y luego les demostraste que eras mejor que ellos?
—Si…
—Pues yo me siento como los idiotas. Mi orgullo herido es el mismo que mantiene de pie.
Sus ojos se aguaron, estaba lleno de impotencia, rabia; molestia y avergonzado. Todo se le juntó y arremolinó para darle de lleno en la cara con forma de puño. Miraba al piso desanimado, jugueteando con sus dedos.
—No creo que…
—Estoy tan frustrado, Armin —dijo con voz ahogada, reprimiendo las lagrimas de impotencia que amenazaban con salir—. Quiero volver el tiempo atrás, quiero volver a ese día cuando le conocí para no hacerlo.
—Eren…
—Déjame hablar. Tú y todos los demás me tienen lastima, no soy un niño que esta protegiéndose. Soy un adulto con demasiadas mentiras en su vida. Todos dicen "Él no tuvo la culpa, fue defensa propia". Si, lo hice, maté a ese hombre. No por miedo, fue por rabia. Sabía lo que hacia, Armin. No intentó matarme, intentaron secuestrarme y papá fue el que me defendió.
—¿Qué?
—Fue Irvin.
—¿Cómo?
—Él lo mandó. Cuando papá murió él padre de Irvin pidió mi custodia. Yo no sabía nada en ese entonces. Era un niño, un niño lleno de rencor hacia el asesino de su padre, un niño que admiraba a su nuevo "hermano mayor", un niño que mantenía terapias hasta que superó las pesadillas que no le dejaban dormir en las noches. En ese entonces te conocí y ya sabes el resto. Sé que dirás "son paranoias" pero no lo son, Nile me lo dijo y me lo confirmó mas tarde mi "abuelo" en su lecho de muerte.
—Te creo —dijo, mirándole con expresión sería, mostrándole apoyo.
Le cree, de verdad le cree. Siempre ha tenido la sensación que el señor Smith esconde algo. Y si Eren tiene sospechas y dudas justificadas, no podía contradecirle. Debe confiar en él.
—¿De verdad? —su rostro se iluminó por completo.
—Lo hago y lo haré siempre, ¿no son para eso los amigos? —le sonrió, tratando de amenizar el tenso ambiente que se había formado.
—Gracias —susurró aliviado.
Armin sabe que su amigo le tiene algo de miedo a su padre. Por razones que le ha contado como secreto y porque, ¿quién no le tiene miedo a su progenitor? Aunque no haya sido el biológico, le crió como propio.
—Eren…
El nombrado miró a quien lo llamaba, encontrando a Mikasa parada en la entrada. Se veía pálida, demasiado demacrada.
—Mikasa… —susurró, agachando la mirada. Se sentía tan culpable—. Perdón.
Le pedía perdón por hacerla sentir mal, pero no por romper su relación. Ella lo sabía y eso le hacia más daño, pero aun así se acercó hasta él, abrazándole protectoramente contra su pecho.
—Te perdono, Eren.
La mujer no le guardaba rencor, sea como fuera eran amigos antes que novios, antes que prometidos siempre fueron cómo hermanos.
Aun en las peores adversidades ella velaría por su bien.
—Perdón —volvió a susurrar, aferrándose al agarre maternal de la chica.
Entre sus brazos sollozó y Armin se acercó tomándole del hombro como apoyo.
Su amigo necesitaba desahogarse, necesitaba un abrazo, palabras de aliento y saber que no estaba solo. Y para eso estaban ellos.
Son sus amigos, mejores amigos.
…
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—¿Papá? —indagó una chica rubia sentada en una silla de madera cerca de una cama donde Irvin reposaba mientras leía su celular.
—Creo que tendremos a Eren muy pronto de visita, Annie —sonrió con cautela.
Observó los ojos de su hija abrirse con sorpresa para luego fingir indiferencia. Por más que lo ocultará, sabia lo mucho que Annie extrañaba a Eren.
—¿Ah, si? Bien por él.
El rubio dejó su móvil en el buró a lado de su cama y aguardó pacientemente la llegada de su hijo.
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Eren se estaba despidiendo de sus amigos, algo mareado por las latas de alcohol que consumió y ahora se encontraban en su organismo. Había durado mucho tiempo con ellos, recordando buenos como malos momentos, disculpándose a medias por todo el daño que sin querer causó.
No quería incomodarles, ya era tarde y su casa estaba algo lejos.
Al parecer Mikasa se estaba quedando en casa de su rubio amigo por cuestiones sentimentales, si, era su culpa por romperle el corazón.
Subió a su auto y cuando estuvo en marcha, pensó lo mucho que le hubiera gustado que los brazos que le rodearon conciliadores toda la tarde hubieran sido unos más pequeños pero con musculo suficiente, como los de Levi…
Pero desafortunadamente esa acción estaba muy lejos de lograrse, y aunque había perdido parte de las esperanzas, estaba consiente de que sus acercamientos no le eran del todo indiferentes al pequeño hombre que le movía todo su mundo, y eso mantenía algo de interés por demostrarle que tomaría la responsabilidad.
Esa responsabilidad que no era bien recibida…
Eran adultos con problemas de adolescentes, se sentía algo humillado mentalmente.
Y hablando de eso, al parecer los problemas con su padre quedaban en segundo plano cuando recordaba a Levi. Al menos servía como distracción para si mismo, aunque el hombre en cuestión no quiera aceptar las reacciones que su cuerpo experimenta cuando él esta cerca.
No lo culpa, al parecer se creía heterosexual antes de conocerle.
O no, pues su padre esta en medio de la situación.
Cuando Levi menciona su nombre, una rabia se apodera de su cuerpo. ¿Por qué tiene que nombrarle? Que él sepa no habían mantenido contacto desde que su madre adoptiva murió, quizá mucho antes.
Giró repentinamente el volante tratando de no chocar contra un tráiler.
Al parecer pensar en Levi ocasionaba muchas distracciones…
Mantuvo su mente en blanco hasta que estuviera en casa, al llegar, observó algo sorprendido que un automóvil estaba estacionado frente a la reja, impidiéndole el paso.
Suspiró algo abrumado, reconocía el color llamativo rojo que tanto le gustaba usar a Jean por el egocentrismo del que contaba.
Aparcó su discreto auto color negro detrás del de su amigo, dándole un suave golpe que hizo estallar en cólera al de cabellos claros.
—¡Un raspón y estas muerto!
—No le hice nada, no seas niña.
—¡Tienes toda una maldita hectárea para estacionarte y vienes y te pones detrás mío!
—¿No te gusta que te de por detrás?
—Oh, cállate. Señor experiencias borrosas de su primera actividad sexual.
Eren rió entre dientes, le gustaba molestar a Jean, pero él se había pasado con lo ultimo; a fin de cuentas le causó gracia.
—¿Necesitas algo?
—No contestas tu teléfono, genio. ¿Dónde más puedo encontrarte?
—En mi trabajo, tengo un teléfono ahí.
—¿Y yo me lo sé?
—Dime tú, te has encargado de vigilarme desde hace tiempo.
—No creas que todo, eh —rió entre dientes—, solo los movimientos que hacías fuera de tu trabajo y eso no es privado, si alguien le preguntara a tu comunicativo secretario por tus llamadas le diría santo y seña.
—Ah, Connie. Él es algo despistado, pero muy eficiente, no dejes que te confunda su apariencia.
—Claro, a lo que venia —carraspeó mirando avergonzado la reja—. Es algo que quería tratar personalmente de todas formas. Es sobre Armin, no me habla.
—¿No te habla desde cuándo? —curioseó. Se imaginaba mas o menos la fecha. Se acercó a la reja para abrir el candado.
—Desde que abrí la boca sin querer… —declaró en voz baja.
—Ah, ya veo. Merecido te lo tienes, pero bueno. ¿Has intentado llamarle después de eso? —se dio la media vuelta para verle, inquisidor—. Al que no habla nadie lo escucha.
—No…
—Idiota —le acusó—. Discúlpate y ya, Armin no es rencoroso. Hasta pareces nuevo en esto.
Terminó por abrir la reja y le indicó a Jean que quitara su carro para poder entrar.
El otro hombre le miró irritado, pero sabia que tenia razón.
—Una última cosa antes de irme y ya no ver tu fea cara —el castaño asintió y Jean continúo—. Cuando estuve investigando descubrí que ese tal Levi antes era una especie de delincuente.
Eren frunció las cejas y desvió la mirada con gesto enfadado.
—¿Y?
—Cuídate, Eren. No sabes que clase de persona es en realidad.
—Sé que es un hombre eficiente y una persona confiable. No lo conoces.
—Ni tú, loco suicida —refutó con desgano—. Podría ser un asesino y tu revoloteando a su alrededor como colegiala enamorada.
Se despidió con la mano alzada e ingreso de vuelta a su vehículo.
Eren le miró irse por el sendero de árboles, con gesto pensativo.
¿Tan malo era enamorarse como para que todo el mundo te lo advirtiera?
O tan sólo su error fue que precisamente él se enamorara…
A veces creía que todo ese asunto quedaría en el olvido para ellos, se supone que ese tipo de cosas es de dos.
Pero el otro involucrado no da señales de ceder.
De igual manera no les dio el derecho a entrometerse en su vida.
Miró al cielo ya oscurecido, el negro le recordaba el cabello de Levi…
Imágenes del día que tanto desea recordar rondaron su mente, hasta que se hicieron escenas nítidas.
Eren entro al departamento, era algo pequeño pero todo se encontraba en orden.
—No toques nada que yo no te indique que puedas tocar, ¿escuchaste?
—¡Puedo contenerme! ¿Sabes?
—No te creo, niño.
Levi fue a la cocina y sacó del refrigerados unas cuantas latas de cerveza, se acercó a Eren y le dio una.
—¿Cuánto alcohol tiene?
—¿Eres idiota? Bébelo y ya.
—Si tu dices…
Unas cuantas de cerveza más y ya se encontraba algo ebrio.
El calor comenzaba a sofocarle, ¿o era el frio? ¿Era Levi?
El saco de su traje quedo perdido por ahí junto a su corbata, le quedaba la camisa que también abandono en algún rincón.
Quedó con una playera de tirantes, pero parecía que el calor se iba intensificando.
Miró hacia Levi, quien sentado en el sillón contrario a él, se dedicaba a mirarle con fastidio.
Sonrió ladino y se acercó, tratando de robarle algo de verdadera atención.
—¿Muy caliente? —fue lo primero que se le ocurrió. ¿No podía prender el clima? Se estaba ahogando ahí dentro.
—¿Qué?
La cara de desconcierto de Levi le hizo reír, pero, ¿por qué la cara?
—¿Te lo hago? —preguntó. Sí él necesitaba aire, Levi también, ¿no? Así que le estaba ofreciendo algo de viento gratis.
—Mocoso depravado —masculló alejándose tambaleante.
—Oye —llamó, tomando la mano de Levi antes de que se fuera lejos.
El mayor cayo encima del castaño sobre el sillón, Eren se sonrojó por la cercanía y trató de alejarse antes de recibir una patada que dado su estado, no esquivaría.
Pero en vez de eso, unos labios húmedos se cernieron con los suyos, olía a alcohol, sabia a alcohol. Pero era Levi, su Levi.
Estaba desconcertado, lo admitía, mas que por estar medio ebrio era porque el otro se estaba apegando más a él.
Creyó que el primer acercamiento lo haría él, no el de cabello azabache, no.
Estaba muy feliz, tanto que vomitaría de felicidad. Espera, si era vomito de verdad…
..
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Los recuerdos cesaron y Eren contuvo las ganas de llorar de frustración.
Oh, no. ¿Le había vomitado a…?
Se golpeó contra el techo de su auto repetidas veces.
¿Entonces cómo carajo llegaron a hacerlo?
Eran incógnitas de la vida que su dignidad estaba dispuesto a ignorar…
—Estas abollando tu auto.
—Me lo merezco.
—Si, tienes razón. Sigue así.
Eren pareció reaccionar lento a la voz, se alejó unos cuantos pasos de su carro y vio con desconcierto a Levi que era iluminado por la poca luz que proporcionaba la luna. Instintivamente se alejo recordando lo sucedido.
—¿Qué haces aquí? —balbuceó tapándose sus partes nobles.
—Vine a comprobar que estuvieras en casa.
—¿Por qué no lo estaría? —cuestionó confundido, alejando sus manos de donde no deberían estar, el otro podría tomárselo a mal.
Levi no respondió a eso.
—Quiero pedirte un favor —desvió el tema.
—¿Un favor? ¿Tú? Oh, claro. Dime —se acercó un poco más a él.
—Acompáñame a ver a Irvin.
—No —su cara se ensombreció, alejándose todo lo que había avanzado.
—Tu hermana no me deja entrar y tú tienes la autoridad suficiente en esa casa para pasar de sus órdenes.
—No, ya te dije que no.
—¿Por qué no?
—¿Por qué si? —rebatió con el mismo cuestionamiento. Se cruzó de brazos con enfado—. No voy a ir y punto.
—Prometo tener una cita contigo como recompensa.
Eren dejó caer sus brazos a los costados algo incrédulo. Era una oportunidad que había deseado desde hace mucho. Salieron como amigos a tomar y terminó mal. Esta vez era una cita, ¡una cita! Podía acabar de diferentes maneras y no necesariamente con ellos envueltos en la cama, ebrios.
—¿Tanto quieres verle? —preguntó, tratando de parecer indiferente ante una respuesta que podía no gustarle.
—Si —fue su seca respuesta.
Su corazón pareció oprimirse, lenta y dolorosamente en su pecho cuando le escuchó. La tentadora oferta de la cita ya no le parecía tan buena idea.
¿Para que Levi deseaba ver a Irvin? ¿Lo deseaba tanto como para ofrecerle algo que evidentemente no quería?
Era tan molesto, era tan irritante, era tan doloroso…
El amor es un sentimiento de incertidumbre constante.
—Está bien —accedió algo decaído—. Pero sin cita.
—¿Estás seguro?
—Si, ya sabes. Prefiero ganarte con meritos propios a tenerlo fácil, sé que tu eres mucho más que eso.
—No seas cursi conmigo, no lo necesito y no me gusta.
—No estoy siendo cursi. ¡No soy cursi! —gritoneó ruborizado, se había abierto a Levi de manera infantil. El hombre frente a él pareció fruncir el ceño por el gritó y de inmediato se retractó—. No quise gritar…
—Mañana a las cuatro en el subterráneo, sé puntual —dijo, casi como una orden.
—Si, señor.
—¿Señor?
—¡Quise decir si!
Era tan intimidante que se le salió contestarle de esa forma. Otra cosa más a su lista de cosas de las que avergonzarse cuando estuviese a solas en su habitación.
—Muy bien, soldado. Descanse —se burló. Dio la vuelta y se dirigió a su vehículo, que al parecer estaba un poco más lejos.
Con razón no le escuchó llegar.
Cuando ya no le vio cerca soltó un gruñido inconforme.
—Que tengas buena noche, Levi —susurró.
Le observó irse, la brisa fresca de la noche le meció su cabello y su silueta se iba perdiendo poco a poco por la arboleada, donde la luna no alcanzaba a iluminar del todo.
Al menos a la última persona que vio fue a Levi.
Un timbre proveniente de su celular le hizo apartar la vista y rebusco en su pantalón hasta dar con e aparato.
Era Armin por Whatsapp.
"Mikasa hizo muchoKnödel, te mando las sobras mañana. No hagas planes para almorzar".
Junto a una foto de ellos comiendo las bolas de carne.
Contuvo las ganas de mandarle algún insulto y en vez de eso le mandó una carita enfurecida y luego apagó el celular.
Su última imagen del día se había ido por el caño.
…
..
.
Eren no era muy puntual, se decía Levi, no lo era.
Estaba esperando a lado del auto del castaño cuando por fin le vio llegar.
—Es tarde.
—Mi hora de salida no son las cuatro, no puedo hacer mi voluntad todo el tiempo.
El de cabello castaño bufó con molestia cuando el otro hombre no le contestó. Abrió su auto y ambos subieron.
Eren realmente no estaba feliz, no lo estaba de ninguna manera. Todavía no se encontraba preparado para ir a casa de Irvin, se sentía mucho más culpable que con lo de Mikasa y eso era mucho decir. Tampoco quería pedir un perdón, no deseaba una reconciliación e ir a su antigua casa no hacia más que deprimirle.
Pero se lo había prometido a Levi y no se echaría para atrás.
Fue lo más rápido que pudo, tratando de terminar con eso pronto.
Al llegar, las rejas de la casa se abrieron cuando reconocieron su auto y a su persona.
Saludó amablemente por la ventanilla al guardia y se estacionó frente a la entrada, no iría directo a la cochera. Ese ya no era su hogar.
Una empleada abrió la puerta antes de que él pudiese hacerlo, le sonrió amablemente pero se puso nerviosa cuando reconoció a Levi.
—Disculpe, pero él no tiene permitido la entrada —apuntó a su acompañante, quien bufó con fastidio.
—¿Quién dio esa orden?
—La señorita Annie…
—Ah, pues yo le permito la entrada. ¿Algún problema?
—Pero…
—Papá no es una persona descortés, seguramente se enojara sí se entera que no le dejaste pasar. ¿Quieres que se entere?
"¿Papá? Claro, papá". Pensaba irónico Levi al escucharle. Ahora sí era su padre.
—Señor Smith, ella se puede enojar…
"¿Smith?" El hombre ya se estaba perdiendo en esa conversación.
Eren rió secamente y apartó con suavidad a la mujer.
—Te prometo que contigo no lo hará —aun tenia la mano como separación entre Levi y ella, como temiendo que le toque sin consentimiento.
La empleada estaba nerviosa y con un leve asentimiento les guió hasta la habitación.
Levi veía con algo de desconfianza las escaleras, el estudio de Irvin estaba en la la planta baja y no tuvo oportunidad de mirar mucho. Una vez que subieron, dio una pequeña vuelta a la izquierda, el corredor se pudo apreciar, donde unos cuantos cuadros con fotos estaba colgados. Reconoció en una de esas a Eren.
Un niño melancólico en una fotografía no era lo que se esperaba, sus ojos no reflejaban la inocencia infantil y su semblante decaído era lo que más podría destacar. Sintió empatía por primera vez con el castaño. Miró de reojo a su acompañante, no veía nada que no fuera al frente y parecía que ignoraba a su alrededor de manera consciente.
La mujer paró de repente frente a una puerta amplia de madera cobriza, tocó un par de veces y ella anunció que tenía visitas.
Detrás de la puerta, el rubio sonrió. Esperaba a su hijo, pero no tan pronto.
—Pase —las personas escucharon.
Eren le sonrió a la pequeña mujer y esta se retiro con una reverencia.
—Entra, te esperare cerca.
—Ah, no. ¿Qué tal si la rubiecilla esta ahí dentro? Te usare de escudo humano, mocoso.
—No lo está, si fuera así Hannah no habría aceptado que entraras. Le hubiese llamado a Annie, discutiríamos y entonces tu te escabullirías para ver a Irvin.
—No estoy muy seguro de ello.
—Solo entra, no vine aquí para nada.
Levi le mando una mirada furibunda y abrió la puerta. El castaño se hizo a un lado bajo la atenta mirada color oliva y luego el pequeño hombre entró.
Cuando Eren le perdió de vista, suspiró con desgano.
Caminó de vuelta sobre sus pasos, porque Annie si estaba en casa…
…
..
.
Annie bajaba las escaleras muy lentamente con desgano, se aburrió de estar en el cuarto e iría por algo de comer a la cocina. Cuando iba pasando por el pequeño salón de estar sus ojos azules se posaron en la figura conocida de su hermano.
Ahí, sentado, mirando hacia el exterior donde unas pequeñas flores comenzaban a frotar cerca de la ventana, estaba su hermano. Con una pierna elegantemente cruzada sobre la otra y su mano derecha sobre su rodilla. Mientras su cabeza era sostenida por su mano libre.
—Te ves triste.
Eren ladeó la cabeza, observando como su hermana se dirigía hasta él.
—Estoy pensativo —respondió y volvió a mirar las flores que tanto le recordaban a su madre—. Son orquídeas, a mamá le gustaban.
—¿Viniste a visitar a papá? —desvió el tema.
No le gustaba que Eren recordará a los muertos.
—No.
La rubia afiló la mirada y miró a una de las empleadas que estaba cerca con sospecha, la castaña estaba nerviosa en su sitio.
—¿Tenemos más visita, Hannah?
—Si… —respondió con miedo—. El señor Levi esta en el cuarto de su padre.
Tras la aclaración, Annie le pidió que se retirara y tuvo el impulsó de ir a la planta alta y…
—¿A qué vino? —musitó, tratando de calmarse.
—Son amigos, supongo que van a charlar y pasar buenos momentos.
—¿Y no te importa?
—¿Qué es lo que debe importarme?
Annie observó como su hermano rascó su rodilla con fuerza.
Sonrió con desdén, no estaba de más molestarle con la verdad.
—¿No te da vergüenza hacer todo esto por una persona? Yo, la verdad, no creo que valga la pena —Eren no le miró y ella siguió con su monologo—. Estas haciendo tiempo por él. No creas que no me doy cuenta, no soy tonta y tú no eres así de paciente.
El castaño siguió en su mutismo, viendo indiferente las flores y la ventana, no encontrando nada que decir.
Levi apareció unos segundos después sin hacer ruido, veía la escena extraña del salón.
Eren estaba de espaldas ignorando a la rubia y eso le pareció divertido, se quedó mirando sin que ninguno de los dos se percatase de su presencia.
—Mírame cuando te hablo —le exigió.
—Estoy ocupado.
Levi ahogó una risa nasal.
—No es divertido, Eren.
—No sé que quieres, sólo estas parloteando cosas sin sentido.
La joven se acercó lo suficiente como para entrar en su rango de visión, solo hasta ese momento el castaño se permitió mirarle.
Su hermana pequeña se mantuvo de pie frente a él con una mueca indescifrable en el rostro. ¿Había crecido? Bueno, nadie puede crecer en tan poco tiempo, pero ella era una adolescente en desarrollo y…
—Vuelve a casa.
—¿Para qué?
—Eres el sucesor. Sí yo pudiese tomar tu lugar lo haría, pero no podemos hacerlo sin ti, lo sabes; deja de jugar, no puedes huir lejos.
—Lo sé —acotó con molestia, desviando la mirada—. No puedo librarme de ustedes por más que lo intento —La rubia sofrió triunfal, un punto a su favor—. ¿Pero sabes qué? No me importa ya, mientras tenga cerca a…
—Eren —le interrumpió antes de que terminará su frase sentimental que no quería escuchar—. No cuenta, tu put-
El castaño por fin se irguió y la rubia tuvo que alejarse algunos pasos pues Eren la empujó con el cuerpo.
—Estas siendo una molestia, Annie —negó, mirándole severamente, acercándose algunos pasos mientras la rubia retrocedía intimidada—. Me molesta mucho que mi hermana pequeña hablé con palabras altisonantes y me molesta mucho más que esas palabras despectivas sean dirigidas hacía una persona importante para mi. La verdad, creí que Levi estaba exagerando cuando mencionó que le insultaste.
—Se lo merecía —contestó y miró la pared donde había topado mientras retrocedía.
—No pedí tu opinión —le calló con esa sola frase, previniendo el monologo—. Mantente alejada, no vuelvas a interferir con su trabajo o me veras realmente enojado. ¿Estamos?
—No puedes impedir que le diga la verdad —repuso firme. Poco le importaba lo que le pasará a la puta de su hermano, ella sólo le quería de vuelta.
—Annie —alzó la voz, golpeando la pared detrás de ella. Tuvo que inclinarse para mirarla a los ojos. Ella se perturbó, Eren jamás le había hablado así—. Te lo diré una vez más para que te quede claro: Aléjate de Levi.
—¿Estas seguro de que quieres hablarme así? Me estas amenazando —enfrentó su mirada indiferente con la furiosa de Eren—, a mí.
Eren pareció calmarse, alejándose unos centímetros. ¿Qué le pasaba? Era su hermana pequeña, debía protegerle…
—No te amenazo.
—Lo haces y por alguien a quien le das igual. ¿Cómo puedes parecer tan seguro de esa persona? —aseveró, ahora ella estaba teniendo el control. Se hizo a un lado ante la repentina lucha mental de su hermano, alejándose del rincón donde le tenía presa—. Tarde o temprano él se cansara de ti, o tú de él.
El hombre seguía en su sitio, luego negó.
—No dejare que suceda —dio la media vuelta y encaró una vez más a la rubia—. ¡Levi es…!
La figura que reconocería en cualquiera sitio estaba de pie junto a la entrada de la sala, viéndole con indiferencia.
De pronto Eren enrojeció, tapándose la cara con ambas palmas de la mano, se puso de cuclillas en el piso negando muchas veces con la cabeza.
¡Casi se declara con Levi tan cerca! Le daba tanta vergüenza…
—Oye… —le llamó la chica algo extrañada por el comportamiento tan repentino de su hermano. Se giró para y vio a ese tal Levi, mirándoles. Frunció la nariz con molestia.
—Vámonos, Eren.
El castaño asintió en su sitio, se paró y mecánicamente se dirigió a la salida, pasando por un lado del mayor sin mirarle.
Annie reaccionó sólo para ir en dirección de Levi, pero antes de que pudiese hacer algo, Eren le detuvo sosteniendo la mano que amenazaba con golpearle.
—No lo toques —siseó furioso—. Sí lo tocas, olvidaré que eres mi hermana.
—¡No lo soy!
—Tienes razón —sonrió y después tomo la mano de Levi arrastrándolo hasta la salida.
Cuando estaban bajando las escaleras hacia el auto, vio como Reiner estaba subiendo.
—Qué tal, Eren —saludó. Y antes de que el rubio pudiese tocarlo, la mirada intimidante del hombre de pelo negro le taladró, haciéndolo desistir de tal acto.
—Luego hablamos —le dijo sin mirarle—. Sube, Levi, no tiene seguro.
Antes de que pudiese meter la llave para encender el vehículo, vio a Annie salir de la casa.
—¡Eren!
—¡Hasta nunca! —gritó, para luego arrancar con un furioso rugido del auto e irse.
Estaba satisfecho consigo mismo, se había estado reprimiendo porque siempre le tuvo cierta consideración a Annie. Pero al parecer, lo único que necesitaba era que ella le dijera lo que siempre había pensando; aún así, le consideraba importante dentro de los límites, todos los años que habían convivido como hermanos no eran en balde.
La sensación de libertad emocional era tan grande que olvidó por un minuto quien estaba a su lado, sólo cuando sintió que la emisora del radio era cambiada se atrevió a mirar a su acompañante.
La adrenalina se esfumó por completo dando paso a la vergüenza.
Por primera vez, el mutismo de Levi no le incómodo.
—Tu casa queda cerca —el hombre mayor comentó y le observó unos momentos para luego desviar su mirada de vuelta a la carretera.
—Si… —Que Levi le hablase le ponía nervioso.
—Aún no es tarde, podemos ir.
—Ah… —frenó de golpe y le miró sorprendido.
—¿No querías plantar un árbol? Te ayudaré, eres tan incompetente que podrías matarle. Arranca, maldito, casi me golpeo contra…
Y Eren ya no le escuchó.
Que maravillosa sensación era el amor.
"¿Estas escuchando alguna mierda de lo qué te digo, Jaeger?"
Plantarían un árbol juntos, sería como su hijito. Lo regaría todos los días.
—¡Arranca! —gritó golpeando el volante.
Sólo así el castaño pareció reaccionar, se disculpó con Levi y miró al frente de nuevo.
Levi le miró, sus orejas completamente rojas junto a su expresión avergonzada.
Esa sensación le agradó, esa de control.
Por fin tenía el control.
Notas finales:
Sí llegaste aquí, te lo agradezco.
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