Hola, he vuelto, no os librareis de mi *Risa siniestra*
Ok, no, aquí está el siguiente capítulo, aún no se inicia la trama, pero lo encuentro necesario para presentar a los personajes.
Ahora el disclaimer.
—Wakfu ni sus personajes son de mi auditoria, yo tan solo les cambio el sexo para utilizarlos como personajes de una historia llevada a cabo sin ánimo de lucro, pertenecen a Ankama, quien cada día me sorprende más con lo que es capaz de lograr.
Palabras: 2162
Nos creemos sin dudar la mentira que nos consuela y nos rehusamos a aceptar la verdad que nos quiebra.
Valentina Amore
Los fogones de la cocina encendidos conjunto al horno irradiaban el suficiente calor como para permitirse cocinar sin más prendas que sus pijamas, por ello era que habían ido directamente a esa estancia en vez de pasar por su dormitorio primero para ponerse algo más abrigado.
Chibi observaba embelesada como la mayor preparaba el desayuno, la joven cocinaba utilizando sus poderes, haciendo aparecer pequeños portales cuando tan solo pensaba pasar una de sus extremidades y creando de más grandes cuando iba a utilizarlos para desplazarse por el cuarto.
Verla era todo un espectáculo de lo más entretenido.
La pequeña la miraba con admiración, examinando sus movimientos y, por razones que desconocía, a su mente llegaba la idea de construir artefactos de lo más estrafalarios como hacía la abuela Rachel, utilizando la magia que Yugi poseía como combustible.
Un día le pediría su caja de herramientas a la vieja anutrof.
OOO
En una habitación del hostal, reposando en un lecho de sabanas marrones y cálidas, se encontraba una mujer alta, corpulenta y cuyo largo cabello castaño se esparcía libremente por la almohada, pues ella, a diferencia de sus hijas adoptivas, no dormía con su sombrero.
Su voluptuoso pecho subía y bajaba tan exageradamente debido a sus ronquidos que bien podría decirse que hiperventilaba por haber corrido una maratón. La ventana del cuarto estaba cubierta por una anaranjada cortina dejando a la habitación en la reconfortante penumbra.
Y aquella mujer hubiera seguido en su estado de letargo, sino fuera por el aroma que, travieso, se coló por debajo de la puerta, inundando la habitación con un dulzón olor a pan y especias variadas.
La nariz de la castaña se agitó, abriendo sus fosas nasales para poder captar más de esa esencia. Sus ojos se fueron abriendo de forma parsimoniosa y lenta, tan solo impulsados por el apetito que se había formado en el estómago al haber captado el suculento olor.
Aún adormilada se incorporó en la cama, bostezando de forma sonora y rascándose la parte trasera de la cabeza con la mano derecha mientras estiraba el brazo izquierdo para poner a trabajar sus aletargadas articulaciones.
—Que bien huele—Pensó—. Que hambre me ha entrado.
Pero entonces su cerebro terminó de procesar un detalle que se le había pasado por alto al analizar la situación por primera vez.
—¿Por qué huele a pan?—Colocó una mano en su barbilla, mientras se aguantaba el codo flexionado con la otra, obligando a su cansada mente a trabajar—Yo no he hecho pan…
La imagen de los fogones encendidos llegó a su mente de forma tan brusca que su cuerpo a punto estuvo de caer de la cama. Se sintió tonta por tardar tanto en llegar a una respuesta tan simple.
—¡Me dejé el horno encendido!
Y tras ese alarido, que bien podría haberse hecho pasar perfectamente por un grito de guerra yopuka, Aliana emprendió su desesperada carrera hacía la cocina, para ella cada segundo que pudiese trascurrir mientras esforzaba a sus piernas para correr más rápido, era la diferencia entre la ruina y la supervivencia de su negocio.
OOO
—Y así Chibi, es como se prepara un-
El estruendo de la puerta siendo azotada con demasiada fuerza interrumpió a Yugi y la hizo voltear algo desconcertada hacía la entrada de la cocina. Donde una consternada y claramente alterada Aliana hiperventilaba y movía frenéticamente la cabeza, obviamente buscando algo por la estancia.
Las selatropes la miraron con caras interrogativas mientras la mayor de ellas alzaba una ceja por la confusión que había causado la repentina entrada de su madre adoptiva. Al tiempo que se preguntaba que podría haber causado tal estado de agitación en la castaña.
Aliana recorrió la cocina sin reparar en la presencia de las confusas chicas, y si las había notado no parecía serle de mucha importancia.
La anutrof llegó hasta el horno, al lado opuesto de donde se encontraban las selatropes. Revisó, miró y verificó al menos cinco veces que el aparato permaneciera apagado, más al poner las manos sobre las brasas notó un atisbo de calidez que indicaban que no hace mucho ahí se había prendido fuego.
Una vez fuera de peligro suspiró y relajó sus músculos, apoyándose en la pared más cercana y dejándose caer poco a poco, sintiendo la agradable sensación de la fría superficie contra sus sobre esforzados miembros.
Una vez su rostro se hubo apaciguado, Yugi se acercó hasta ella, mirando hacia abajo para poder mantener contacto visual.
—¿Ha pasado algo?—La respuesta a la pregunta era obvia, pero no encontraba otra forma de averiguar el porqué de aquel extraño comportamiento.
Chibi se acercó hasta ellas, con un trozo de pan a medio comer en su mano, mientras en su boca masticaba la parte faltante del alimento. Parecía ajena al hecho de que hace menos de un minuto, Aliana corría por la cocina como un jalató al que le habían prendido fuego.
—Nada… Tranquila—Respondió la mujer entre respiraciones profundas—. Solo que pensé que me había dejado el horno encendido.
Yugi agarró el brazo derecho de la castaña para ayudarla a incorporarse, más al hacerlo vio como el rostro de la anutrof se contorsionaba hasta formar una mueca de dolor. La selatrop la miró y negó con la cabeza.
—¿Te has hecho daño?—Una vez completamente de pie, Yugi soltó la extremidad de la cocinera y dio un paso hacia delante, un acto instintivo fruto de la preocupación por quien la educó.
Aliana negó, frotándose la parte baja de la espalda.
—No, tan solo que a mi edad ya no estoy para estos trotes—Enarcó los hombros y colocó sus manos en su espalda baja, ejerciendo presión.
Frente al movimiento los huesos que formaban la columna vertebral chocaron entre sí, provocando un sonido parecido a un chasquido que provocó un escalofrío en las portadoras de sombrero. Nunca les había agradado ese ruido.
—No digas esas cosas, mamá—Le dijo Yugi una vez se hubo recompuesto.
Chibi siguió comiendo, con una sonrisa infantil y actitud despreocupada.
—Y decidme chicas—Aliana estiró sus brazos, desperezándose—. ¿Qué estabais haciendo?
Yugi sonrió, volviendo al lugar donde estaban ella y Chibi antes de la alocada intrusión de su madre adoptiva.
—Le enseñaba a Chibi como preparar un buen plato de comida.
La morena miró a la nombrada, la cual mordía su último bocado de pan, dando pequeños mordiscos en los cuales apenas clavaba los dientes. Al notar que estaba siendo observada asintió con vigor sin soltar el alimento.
—Entonces yo me ocupo de las bebidas ¿Un poco de leche?
Aliana no pudo evitar reírse al ver como las orejeras de los gorros de sus hijas se agitaban al son de sus movimientos de cabeza cuando dieron una confirmación muda. Es que por mucho que lo negara la genética, para ella, las dos eran sus hijas.
Aunque esperó que ese pensamiento no enfadará a la verdadera madre, la cual, por lo que recordaba, era una dragona gigantesca echa de stasis que se movía deliberadamente por el krosmoz.
OOO
Por segunda vez en las pocas horas que llevaban de mañana, la puerta de la cocina fue abatida y prácticamente tirada abajo. Pero esa vez tras ella no apareció una anutrof en camisón con ojos de loca, no.
Lo que se vio una vez la pieza de madera había recibido el brusco golpe, fue una sombra negra que se precipitó dentro de la sala, tan veloz que las presentes tan solo avistaron un borrón oscuro.
La misteriosa sombra se lanzó sobre la peli-blanca, tirándola al suelo y haciéndola soltar un grito de sorpresa. Chibi aterrizó detrás de la mesa sobre la que segundos antes permanecía sentada, sintiendo el peso de alguien, que reconoció a la perfección, sobre su pequeño cuerpo.
Cuando la de orbes oscuros quiso abrir los parpados lo primero que sintió fue una caliente respiración sobre su rostro, después sus ojos se encontraron con una mirada oscura y penetrante que la observaba con enfado mientras por la habitación comenzaba a extenderse un aroma a hollín y cenizas.
La de pelo blanco tardó unos segundos en procesar la situación. Sus ojos estaban exageradamente abiertos y su boca cerrada, creando un gracioso contraste que hizo reír a Yugi y Aliana, quienes tras comprobar que las hermanas se encontraban en perfecto estado, volvieron a sus actividades anteriores.
Total, eso tan solo era otro de los múltiples berrinches de la dragona.
Chibi observó a su hermana, quien estaba en la forma humana que hace unos meses había aprendido a realizar, con su ceño fruncido y los dientes apretados daba la apariencia de que en cualquier momento iba a saltar sobre la selatrop para comérsela de un bocado.
Un gruñido se escapó de la boca de la dragona, haciendo que la selatrop saliera de su estado de parálisis para al fin poder reaccionar.
—Buenos días Grigal—Saludó Chibi con una gran sonrisa, ignorando el estado de enfado en el que se encontraba la nombrada.
Grigal se incorporó, aún sin levantarse de encima de la peli-blanca, aprisionando su cintura entre sus piernas con las rodillas. Se puso las manos en la cadera y se sopló el largo mechón blanco que se había interpuesto en su visión. Mirando con el entrecejo fruncido a su alegre hermana.
—Te he dicho que odio que no estés en la cama cuando despierto. ¿¡Tanto te cuesta levantarme!? —Le recriminó con un grito Grigal a Chibi—¿Sabes los sustos que me llevo? Claro que no, eres una desconsiderada que ni siquiera se merece que me preocupe por ella ¡Pero aquí estoy, de buena mañana! Recordándole a mi buena hermanita que tiene una dragona que despertar—Un gutural gruñido se oyó salir de su garganta.
Una pequeña alarma se encendió en la cabeza de la selatrop, quien al fin se había percatado del estado de su hermana. Sabía que la dragona podía llegar a tener un comportamiento muy temperamental y era consciente del enfado que normalmente tenía por cosas como aquellas que a ella le parecían puras nimiedades, es decir ¿Qué podía pasar porque no despertaran juntas un día? Y en su mente se formuló una estrategia que, estaba segura, iba a hacer desaparecer ese ceño fruncido del moreno rostro de Grigal.
Sus pupilas se agrandaron y le comenzaron a temblar los labios mientras la humedad de las lágrimas se hacía presente en sus ojos. Emitió un quejido lastimero al tiempo que encogía los hombros e intentaba esconder la cabeza evitando la mirada de la dragona.
Si, era un puchero en toda regla.
Con lágrimas de cocodrail.
Ojitos de wauwau.
Y…
Grigal no pudo resistirse.
Dejó su postura rígida y tras soltar un gruñido de exasperación se rindió, relajó su espalda y se dejó caer hacía atrás, liberando a Chibi del agarre al que la había tenido sometida. La pequeña, una vez se vio libre, con la ayuda de sus codos se medio incorporó, mirando con inocencia y una sonrisa a su hermana, quien como ella, vestía un camisón negro que le llegaba por los tobillos, salvo que el de Grigal tenía unas largas mangas que cubrían aquellas escamas negras que a pesar de practicar día tras día no conseguía eliminar de su transformación.
—Si ya habéis dejado de jugar niñas, podéis venir a comer. La comida está lista.
Y como si aquella simple oración fuera un conjuro, las hermanas se levantaron, olvidando aparentemente la razón que las había llevado a acabar en el suelo. Y se dirigieron con las mayores, esperando ansiosas aquellos manjares que se encontraban sobre la mesa.
Y Yugi sonrió, porque todo estaba bien, porque no tenía preocupaciones, problemas o dilemas emocionales, ni responsabilidades fuera del hostal, no era nada más que una simple chica de Emelka.
Cuanto le gustaría que eso fuera verdad.
OOO
—¿Has dado con algo?
—Nada.
—Puede que este no sea el lugar adecuado, después de todo.
—Por tus palabras deduzco que tú tampoco has tenido éxito.
—Da igual, dame el mapa por favor, quiero ver cuál es el siguiente destino.
—Tranquila, lo he mirado yo antes de venir.
—¿Está muy lejos? No me queda mucho wakfu después de la lucha en las cavernas.
—No debes preocuparte, el próximo destino es Emelka, no queda muy lejos y tan solo hay que atravesar un bosque.
—Emelka… Ese nombre… Me crea una sensación cálida en el pecho.
OOO
—¿A dónde crees que vas?
—¿Quién? ¿Yo? A ninguna parte… ¿Por qué lo dices?
—Por nada, tan solo porque hayas abierto un portal o te hayas disfrazado de mortal no significa que fueras a alguna parte, no.
—¿Lo ves?
—…
—¿Qué?
—¿Me crees idiota? No soy tonta ¿¡Pensabas irte y desobedecerme!? Mejor no respondas, además pensabas negarlo, eres-
—¡No! ¡No soy nada! Ahora no soy un dios, no soy un ser inmortal con un poder descomunal, ahora mismo tan solo soy un padre preocupado por el bienestar de sus hijas.
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—Wow ¿Aún sigues leyendo esto? Pues parece que mi historia no es tan mala como creía.
—No entiendo porque sigues haciendo esto, no has recibido un solo review.
—¡Cállate, Adamaï! —Escondo mi cara detrás de mi libreta—No me deprimas—Dejo la libreta sobre mi regazo—. Además, hay una persona que le ha dado a seguir y favoritos ¿Eso es que le ha gustado? ¿No?
—Qué pena me das.
—Calla anda—Le doy un golpe en la cabeza con la libreta—. Te vamos a buscar novia ¿Qué te parece?
—¡Ni se te ocurra!
—Que decidan los lectores—Digo giñando un ojo.
El próximo día que actualizaré será publicado en mi perfil cuando lo decida.
