Wow ¿Enserio has vuelto aquí? Me lo apuntaré como un logro personal.

No, ahora enserio, aunque tan solo haya comentado una persona la historia ha sido leída en diferentes parte del globo terráqueo.

Comentarios

Gasp1808: Muchas gracias por comentar y darle a seguir y favoritos, tu comentario es la gasolina para seguir escribiendo. Enserio, al leerlo empecé a saltar por la habitación llena de euforia. Me alegro de que pienses que es original, no había ninguna historia así por el fandom y me dije "Venga ¿Por qué no?"

Disclaimer:

Ni los personajes ni el krosmoz son de mi auditoria, pertenecen a la compañía francesa Ankama. Yo tan solo utilizo los personajes para cambiarlos de género, actividad que realizo sin ánimo de lucro.

Palabras: 2213

Capitulo III: El reflejo

El humano tan solo es una animal que lleva ropa por que se vergüenza de sí mismo.

Valentina Amore

—¡Ven aquí Chibi!

Tras el bramido, lo siguiente que azotó la habitación fue el estruendo de un cuerpo cayendo contra el suelo de madera, y segundos después la risa alegre y estridente de Chibi rebotaba por las paredes.

Estúpido cuerpo humano sin alas.

Yugi era tan solo una mera espectadora del gracioso espectáculo que se llevaba a cabo en el cuarto.

Des de después de comer Grigal había estado insistiendo en que la peli-blanca selatrop se pusiera algo más abrigado, pues el frio comenzaba a hacer acto de presencia en la posada, pero Chibi, siempre traviesa y alocada, decidió que sería el día de rebelarse frente a su sobreprotectora hermana.

Y tras varias persecuciones, caídas, golpes, risas y maldiciones en lenguas antiguas y complejas, habían acabado las tres en su dormitorio, con una Grigal sacada de quicio, una Chibi carcajeándose de la graciosa caída de la dragona y una Yugi sonriente, observando la carrera de las gemelas.

La de piel canela bufó, apoyando ambas manos en el suelo para incorporarse, su rostro estaba contraído por el enfado, con el entrecejo fruncido y los dientes crujiendo por la tensión de su mandíbula. Sus ojos se movieron ansiosos, paseándose rápidos por la habitación, localizando la muda que quería poner a Chibi cerca suyo y encontrando a su hermana sobre la cama que compartían, esta se carcajeaba y retorcía por la risa, rodando sobre las mantas y deshaciendo el lecho.

Yugi observó cómo poco a poco el cuerpo humano de la que permanecía en el suelo se iba cubriendo por una blanca niebla que la hizo desparecer unos breves instantes, antes de que la neblina se fuera dispersando, revelando que, la apariencia humana había sido sustituida por la dragonil.

La piel morena había sido recubierta por negras escamas y su camisón había desaparecido, dejando a la vista el torso donde unas escamas marrones y opacas cubrían el plano vientre y parcialmente el pecho. Las extremidades se habían vuelto más gruesas, sus piernas más cortas como los brazos y presentaba garras tanto en pies como manos, afiladas y de seguro peligrosas. Desde su cabeza sobresalían dos cuernos negros como el azabache y unas alas membranosas se ubicaban en su omoplato.

Su nariz se volvió un hocico, el cual se curvaba hacía arriba, de su boca salían dos colmillos puntiagudos de color níveo, los cuales causaban un contraste sobre las negras escamas, sus ojos también se habían vuelto más grandes y eran circundaos por un aro aún más oscuro que las escamas, aparte de que las marcas blancas en los laterales de sus mejillas detonaban más que en el otro cuerpo. Para finalizar una cola corta pero voluminosa terminaba de complementar su apariencia reptiliana.

Grigal gruñó y bufó, una nube de cenizas salió de sus fosas nasales y se dispersó unos segundos después. Agarró con los dientes las prendas que descansaban frente suyo y doblando las rodillas se impulsó, saltando y cayendo sobre la cama donde Chibi estaba. Quien dejó de reír para comenzar a forcejear fuera del agarre de su hermana, quien la había cogido por las muñecas y con sus cortas patas inferiores mantenía contra el colchón el cuerpo de la selatrop.

Yugi observó con una mirada nostálgica la escena tan infantil, no pensaba intervenir, era por la mañana, algo de cansancio aún se rehusaba a abandonar sus ojos y parpadeaba de forma lenta por las pocas horas de sueño que había tenido.

Además, Chibi se lo había buscado.

Esa era la excusa que se había puesto para justificar su falta de interés en el pleito de las gemelas.

Se giró, dando la espalda a la imagen de una peli-blanca retorciéndose y una dragona enfadándose, enfrentando al espejo que ahora tenía al frente.

De fondo escuchaba los gruñidos y gemidos tanto de la selatrop como de la de escamas azabache, pero prefirió ignorarlos para empezar a desvestirse.

Desató el gran botón que estaba unido a una cuerda que, puesta alrededor de su cuello, sostenía el holgado camisón, el que, al verse sin nada que lo uniera al cuerpo femenino, cayó bajo la fuerza de la gravedad.

La tela amarilla no hizo ningún ruido al aterrizar sobre la alfombra azul, revelando la figura delgada y juvenil, Yugi alcanzó la ropa que preparó minutos antes, pero cuando disponía a ponerse la camiseta, paró, se observó en el espejo y dejó que la prenda naranja se cayera de su agarre.

Llevando una mano al rostro se acarició la mejilla, más por sentir el contacto que por cualquier otra razón, pues necesitaba ver que la imagen que le devolvía la superficie reflectante era la suya y no una burda broma de alguna entidad omnipresente o un efecto óptico.

Suspiró, hacía tanto tiempo que no sentía ese cuerpo como suyo.

Tenía el mismo tono de piel, puede que un poco más oscuro por las veces que fue a pasear en verano bajo los rayos de sol, pero podía seguir reconociendo esas mejillas morenas, tenía los mismo ojos marrones, los mismos labios finos, el mismo pelo de un rubio opaco y a la misma longitud de siempre, la misma cara redonda de rasgos finos y juveniles.

Aniñados a su parecer.

Pero su cuerpo… Sus piernas, sus brazos, su torso…

Su estructura era en si fina, fibrosa y levemente tonificada por el entrenamiento al que se sometía. De espalda estrecha y hombros pequeños, sus piernas eran delgadas, suavemente contorneadas, al igual que su cadera, su vientre era plano, acompañado por una cintura acentuada de forma muy sutil.

Y su pecho…

Bueno, ahí estaba.

O así es como ella lo veía, el busto comenzaba a crecerle, de forma notable a ojos ajenos, pero imperceptible para los de Yugi.

Sentía que ese cuerpo no le pertenecía, hace tiempo atrás que había aceptado que su crecimiento se vería ralentizado por su condición de semi-diosa, incluso se había hecho a la idea de parecer una niña durante el resto de décadas.

Prefería pensar que no serían siglos.

Pero eso no impedía que esa extraña sensación de desconcierto la invadiera, abecés se sentía una adulta atrapada en el cuerpo de una niña y otras veces una niña en el cuerpo de una adulta.

Un cascarón vacío con un contenido cambiante a cada momento.

Y veía como el mundo a su alrededor cambiaba, crecía.

Moría…

La muerte era un tema del que prefería no hablar.

Y a su mente llegó la imagen de Evole y Flapén y recordó lo mucho que la aterraba que un día esos pequeños aparentaran más años que ella y también rememoró todos esos sueños en los cuales se celebraba el funeral de sus amigos.

De su familia.

Sintió un vacío en el estómago y una sensación húmeda en su mejilla, su mente salió del estado de trance en el que se había sumergido y fue consciente de nuevo de su entorno, los ruidos y voces chillonas de las mellizas volvieron a retumbar en sus oídos y sus ojos dejaron de estar clavados en la pared para volver al espejo, donde vio sus ojos enrojecidos y sus mofletes colorados, siendo surcados por ríos delgados de lágrimas. Con su antebrazo se limpió el rostro, respirando pausadamente para calmarse.

Se agachó y cogió un top celeste que había en el suelo junto al resto de sus ropas, dio una última mirada a su reflejo antes de quitarse el gorro con algo de recelo y rápidamente ponerse la prenda, una vez lo hubo hecho volvió a coger el sombrero y se lo volvió a poner, suspirando por la rapidez de sus movimientos.

Puede que estuviera en la habitación con nadie más que una dragona y otra de su raza, pero aun así no podía evitar ese miedo que la sacudía cuando estaba sin su preciado gorro.

Simplemente, eran costumbres.

Miró el resto de ropas que pensaba ponerse: un pantalón celeste, su túnica naranja y unos zapatos.

Nada especial.

Con tan solo la ropa interior y su acostumbrado top azul cubriendo solamente su prenda íntima superior, estaba empezando a notar el frio matutino de Emelka, por lo que cogió la túnica, deshaciendo el nudo que mantenía una corta cuerda unida a un gran botón cosido en el cuello de la ropa.

Pensó, divertida, que su madre debía comenzar a pensar otra forma de hacerle la ropa que no poniendo siempre un botón unido a una cuerda.

Tras ponerse la túnica, se acomodó las largas mangas de esta, estaban a finales de invierno al fin y al cabo, por lo que su ropa tenía que cubrir lo máximo posible sin llegar a ser molesta.

Su prenda le llegaba por debajo de los muslos, tenía un corte en la espalda (la razón por la que se puso el top) que dejaba pasar el aire, simplemente por la comodidad que sentía, las mangas actuaban al mismo tiempo como guantes, dejando tan solo la punta de sus dedos descubiertos, de alguna forma tenía que convocar los portales sin helarse las extremidades ¿no?

Aunque ese detalle era más bien estético, sus manos siempre solían mantenerse cálidas debido a que ahí se concentraba una considerable cantidad de potente wakfu.

Se puso los pantalones de la misma tonalidad que su gorro y top, eran largos y se pegaban a sus piernas, marcando las juveniles curvas. Después siguieron los zapatos.

Se miró al espejo, con algo de miedo a decir verdad, pero su cuerpo se relajó al ya no ver rastro de lágrimas en sus mofletes, sus ojos ya volviendo a su habitual color al igual que el resto de las facciones, ya libres del enfermizo rojo.

Se giró, observando a una ya vestida Chibi con una Grigal sonriendo con suficiencia a su lado.

La niña llevaba una camiseta sin mangas de cuello alto de un marrón oscuro, con la parte del cuello de un tono más claro. Sus pantalones del mismo tono de que la prenda mencionada, eran holgados y abombados, a diferencia de los de Yugi, siendo cortos, pero compensaba que la selatrop llevara unas medias negras debajo.

La selatrop mayor se acercó a las hermanas, acariciándole la cabeza por encima de la tela del sombrero, haciendo que el gorro bajara y tapara los ojos oscuros.

—Espero que Grigal no haya sido muy bruta.

La nombrada cambió su expresión de triunfo por una de indignación y molestia, se cruzó de brazos, dándole la espalda a las de la misma raza.

—Un poco, sobre todo al quitarme el gorro para ponerme la camiseta.

La dragona se volvió a girar, ofendida y malhumorada, bufó, haciendo que una pequeña nube de polvo y cenizas fuera expulsada por sus fosas nasales.

—Encima que te ayudo—Dijo entre dientes, dejándose cubrir de nuevo por la espesa neblina.

—Mala—Exclamó Chibi una vez vio aparecer de nuevo a su hermana en forma humana. Sus mofletes se habían inflado, creando una mueca infantil y cómica—. ¡Tú aún sigues con el pijama!

Y era cierto, el cuerpo humanoide era protegido por la negra tela del camisón.

Pero tras las palabras de la peli-blanca, la dragona se mostró bastante más indignada que antes.

—No es un camisón, es una túnica—Aclaró mientras extendía sus brazos, dejando que los múltiples pliegues de la holgada tela de las mangas se estiraran hasta desaparecer, en un intento de dar más fuerza a su argumento.

A Chibi pareció no bastarle.

—Si Grigal puede ir con pijama, entonces yo también—Declaró con la lógica típica de su edad, mientras se disponía a deshacerse de la camiseta que llevaba.

La dragona al ver aquello se lanzó sobre su hermana, agarrando sus manos y forcejeando para que no cumpliera su cometido.

—¡Ni se te ocurra! ¡Y no es un pijama, es una túnica!

Yugi parpadeó algo incrédula, sorprendida por la rapidez con la que esas dos conseguían aislarse en su propia burbuja, donde ignoraban la presencia de cualquier otra persona. Como si aún no hubiesen salido de su dofus y estuviesen dentro de ese cascarón que las aislaba del exterior.

Protegidas y juntas.

OOO

—Este… Es un bonito bosque.

—Sí, ciertamente es reconfortante este lugar.

—¿Tú también tienes de nuevo la sensación de deja vu?

—Sí.

—Eso es una buena señal.

—Me siento un tanto mal por ir por el mismo camino que nuestra Reina-Diosa.

—Es cierto, yo tampoco quiero deshonrar su memoria.

—Quizás deberíamos ir por otro camino.

—Sí, será lo mejor.

—Vamos, rodear el bosque tan solo nos llevará un par de horas más.

—Voy detrás de ti.

OOO

—¿Ya estas más calmado?

—Si…

—Bien, porque no encuentro razón para tu enfado, sabes perfectamente que las acciones de Adameï están justificadas por el más puro sentimiento de amor fraternal.

—Lo sé. Yo lo sé. Pero Yugi no y… Va a comenzar su leyenda pensando en su hermana como una vil traidora.

—Yo me preocuparía más por esas criaturas hijas de Yugi.

—A, sí.

—No comprendo el porqué de tu expresión.

—¿Tu no estas feliz por nuestros nietos?

—Creo que no eres consciente de la situación.

—Claro que lo soy. Hay~. Pensar que por un momento pude abrazar a mi hijita. Fue tan reconfortante.

—Sí, pero ahora ella deberá hacerse cargo de las consecuencias.

—No si nosotros-

—No. No intervendremos.

000

—¡Yay! —Exclamo llena de alegría—Al fin un review—Miro al dragón frente a mí, quien me mira con indiferencia y reproche—¡Chúpate esa Adamaï!

—Ya, ya. Muy maduro de tu parte—Me recrimina, con la misma pinta de amargado de siempre.

—Estoy empezando a cogerte un odio.

Me di cuenta de que la espera fue excesiva, ya tengo una gran cantidad de capítulos escritos y no creo que una semana sea el tiempo adecuado. ¿Qué tal si subo un capitulo cada miércoles y cada domingo?