—¡Estoy a tope! —Grito, con el ánimo por las nubes y llena de energía—Enserio siento mucho haber sonado tan emo en las notas de autor del último capítulo, pero ¡Hoy estoy que ardo!
Prometo que este será el último capítulo tan… ¿Depresivo? No, se, pero como dije para responder un comentario, en el siguiente cap ya salen el resto de la pandilla.
Disclaimer:
Ni la serie Wakfu ni el universo del krosmoz son de mi auditoria, pertenecen a la compañía francesa Ankama quien espero no se entere nunca de lo que hago con sus personajes sin ánimo de lucro.
Palabras: 2522
Capítulo V: Despedida
El don de la palabra es una táctica para evitar que nos percatemos de las verdaderas intenciones de nuestro hablante.
Valentina Amore
—Entonces ¿Te-te vas?
Yugi se sintió culpable al ver como en los ojos de Chibi comenzaban a acumularse las lágrimas, Grigal, a su lado, mantenía la boca cerrada y con los ojos abiertos por la noticia.
Su hermana mayor ¿Se iba?
La rubia notó como el corazón se le oprimía al escuchar un gimoteó, era más difícil que con Iz.
—¿Nos abandonas? —Preguntó la dragona con la voz agrietada y la mirada gacha, sus manos apretaban fuertemente la tela negra de sus pantalones, deseaba haberse dejado el pelo suelto en vez de permitir que Chibi le hiciese una coleta.
Las dragonas valientes no lloran.
Se dijo en su mente.
Yugi sintió como una suave brisa le acariciaba el rostro, la sombra de los arboles era un buen refugio donde pararse a descansar, o donde jugar, ese claro en el bosque era un lugar bastante frecuentado por las gemelas, era perfecto, en invierno los robustos vegetales cortaban el gélido viento y en verano sus hojas filtraban los rayos de sol.
Además el rumor del rio cercano creaba una melodía relajante y natural.
La selatrop mayor decidió centrar en eso su mente, en el ruido del rio y de las hojas de los árboles, era mejor que fijarse en los cuerpos destrozados y los rostros desencajos de en frente suyo.
—No—Respondió de forma suave, agachándose para quedar a la altura de las gemelas, quienes permanecían sentadas en los tocones de dos árboles cortados semanas atrás para proporcionar leña que avivase el fuego del hostal—. Yo nunca os haría eso.
—Pero lo estás haciendo ahora—Dijo de forma dolida y mordaz Grigal, sintiéndose traicionada por segunda vez en su vida—. Nos estas dejando atrás porque somos débiles—Alzó el rostro, revelando dos hilos de lágrimas que bajaban por sus mejillas—. ¿No es eso?
Para ella tenía sentido, ella solo sabía volar y lanzar fuego, la única forma la cual podía adoptar era la de un humano, comparada con los dragones de las historias no era nada, un insulto de criatura, ni cazar un dragopavo podía.
Recordó todo lo que le habían contado de su vida anterior, de cómo era: grande, voluptuosa, voraz, fuerte, sabía…
Por la Gran Dragona. En ese momento era tan…
Insignificante.
Yugi iba a hablar, a decirle que no era cierto, iba a negar lo que había dicho, cuando Chibi comenzó a sollozar.
El cuerpo de la pequeña temblaba, se estremecía y pequeños espasmos sacudían su espalda.
—Te vas porque no soy fuerte, te vas porque aún no tengo poderes ¿Verdad?
—No, no es eso.
—¿¡Entonces porque!?—Gritó Grigal, levantándose enfadada y sin comprender del todo la situación.
Para ella lo único que estaba pasando era que su hermana mayor se iba.
De nuevo.
—¡¿Por qué te vas?! —Quiso saber Chibi, levantándose como su hermana.
Yugi bajó la mirada, sintiéndose cada vez más culpable.
—Porque hay gente que me necesita.
—Y nosotras que ¿No te necesitamos?
Yugi se alzó, pero aun así se sintió pequeña, las gemelas la miraban de forma inquisidora y claramente se sentían engañadas, traicionadas.
Las orejeras de los sombreros estaban gachas, concordando con el estado de ánimo de las selatropes.
—Vosotras ya no—Dijo, entendiendo perfectamente el porque del estado tan alterado y descompuesto de las hermanas—, sois mayores y aún tenéis a Aliana para cuidaros.
Esa respuesta pareció calmar algo el temperamento de Grigal, pero Chibi se tuvo que morder el labio inferior para no chillar por la rabia.
—Pero yo te quiero a ti—Fue su respuesta mientras se sentía impotente viendo como Yugi la miraba de forma maternal.
La selatrop mayor se sintió conmovida por aquellas palabras.
—Y yo a vosotras—Colocó sus manos sobre las cabezas de las niñas, sintiendo la suavidad de la tela negra y del cabello blanco respectivamente—, prometo que volveré ¿Vale?
Frente aquellas palabras las gemelas la abrazaron, mojando sus hombros cubiertos con saladas lágrimas, Grigal se estaba recriminando el parecer tan débil y frágil, todo lo contrario a como quería ser ¿Pero qué otra reacción podía tener?
En cambio Chibi en ese momento no pensaba en nada, ella tan solo se desahogaba en aquellos cálidos y reconfortantes brazos que la abrazaban con un cariño maternal único.
—¿Podemos ir contigo?—Preguntó la peli-blanca una vez su cuerpo dejó de tambalearse.
Yugi acurrucó su mejilla contra la tela negra del sombrero. Paseando su mirada por el verde de los árboles, cuyas hojas habían sobrevivido al crudo invierno.
—Ahora no. Más tarde, cuando ya lo tenga todo listo.
Yugi notó como la tela amarilla de su túnica era apretada con fuerza por cierta mano de color canela. Grigal había recostado su barbilla en su hombro y había dejado de llorar, aunque su mente seguía exigiendo respuestas.
—Seré más fuerte—Prometió con un hilo de voz, pues sentía que de subir el tono se quebraría—, así podrás llevarme contigo y podré protegerte a ti y a Chibi.
La selatrop rubia sonrió enternecida por aquellas palabras, pero no debía dejar a la pequeña con aquel pensamiento.
—No pienses así Grigal—Separó a las gemelas de su cuerpo, aunque Chibi se resistió, acabó cediendo, Yugi las cogía por los hombros, mirándolas y sintiéndose renovada—, una persona me dijo una vez, que comparado con el intelecto la fuerza no es nada.
—Así que no tenemos que hacernos más fuertes, sino más listas ¿No?
Yugi se alegró frente al razonamiento de Chibi.
—Si quieres verlo así.
Grigal se sintió aliviada al ver como su hermana dejaba se estar sumergida en un estado depresivo, ella solo quería su bienestar. Y si eso significaba dejar de jugar para pasarse la tarde entre libros, lo haría.
Total, su reciente pasión por la lectura ayudaría a que fuera más llevadero.
Y tras otro abrazo y una despedida entre susurros, Yugi se separó de las gemelas, levantándose y abriendo un portal que la llevaría a la terraza del hostal, donde había dejado a Rachel cuidando de su equipaje.
—Yugi—La nombrada se giró, encarando los ojos negros de la dragona—¿Quién te dijo eso?
Al instante supo que se refería a lo de la fuerza y la inteligencia. Una sonrisa nostálgica ocupó su rostro.
—Una traidora.
Saltó sobre el portal, dejando aquellas palabras en el aire y a unas hermanas intentando encontrar a alguien en su memoria que concordaran con la escueta descripción de la selatrop mayor.
—¿Tú crees que se refería a Adameï?
Grigal gruñó.
—No menciones su nombre.
Des de ese día, Adameï pasó a ser llamada "la traidora" por las gemelas, con tal de no pronunciar ni escuchar su nombre.
OOO
Cuando Yugi salió del portal, esperaba encontrarse de nuevo el paisaje esmeralda de los campos de Emelka, circundados por los árboles de frondosas hojas o aquellos despojados de ellas y alguna que otra mesa de la cercana terraza de "El jalató crujiente", incluso había pensado en observar a Rachel excavando o buscando algún indicio de oro o minas subterráneas.
Pero lo que no esperaba encontrarse era a la anutrof con medio cuerpo dentro de su mochila más grande, rebuscando con esmero mientras murmuraba cosas que no llegaba a entender, ajena al hecho de que ella se encontraba ahí.
—Mmmm… ¿Rachel?
La nombrada al fin se percató de su presencia y sacó la cabeza, pero no los brazos, que seguían dentro de la bolsa, removiéndose.
—Hola Yugi ¿Qué tal?
La selatrop se movió hacía un lado para ver como Peque tenía el morro dentro de su bolsa de mano, oliendo el interior y empujándose dentro. La situación cada vez se hacía más confusa.
—Bien.
La de pelo canoso se encogió de hombros y volvió a meter la cabeza dentro de la mochila, como si aquella mirada de completa confusión no fuera con ella.
—Rachel.
La mencionada bufó, al parecer molesta, sacó de nuevo su cabeza del saco, mirando con el entrecejo fruncido a Yugi, quien cada vez entendía menos la actitud de su amiga.
—¿Y ahora qué pasa?
—Nada, nada, solo… ¿Qué haces?
—¿No es obvio? —Sin meter la cabeza en la maleta volvió su vista al interior de la bolsa y siguió buscando aquello que Yugi desconocía—Busco kamas.
La rubia arqueó una ceja y se acercó donde Rachel, asomando su cabeza por dentro de su equipaje, viendo como la anutrof había revuelto todos los objetos y materiales que llevaba.
—¿Por qué?
—Hoy estas preguntona.
La perforatroz sacó su hocico del bolso con una pequeña bolsa de tela, la tenía cogida de una cuerda por los dientes y parecía feliz por el hallazgo, llegó contenta hasta el lado de su dueña y dio un pequeño toque en la huesuda pierna con su morro, esperando que le prestara atención.
Rachel miró hacia abajo, viendo a su mascota y sonriendo al ver el objeto que portaba.
—Veo que lo has encontrado, buena chica—Alagó mientras se agachaba y palmeaba el lomo peludo de Peque, quien dejó caer la bolsa en la mano que le tendía Rachel.
—Rachel, los necesito para mi viaje—Dijo Yugi entendiendo ya la situación—¿Cómo conseguiré un barco sino?
Ella no era materialista, para ella esos kamas eran tan solo objetos, pero a lo largo de sus aventuras comprendió que, si quería llegar lejos, debía al menos tener una cantidad considerable de ellos, pues al resto del mundo (fueran o no anutrofs) parecía gustarles esas moneditas doradas.
Y se había planteado la opción de cruzar el mar a base de portales, que aunque económica no le pareció la opción más…
Coherente.
—Pensé que habíamos acordado que en los viajes yo me encargaba de guardar el dinero.
Vale, todo el sentido que había adquirido aquella situación acababa de perderse.
—Eso era cuando viajábamos todos juntos—Dijo Yugi, mirando como su amiga arqueaba una ceja—, con la Hermandad del Tofu, pero…—Su tono de voz bajó, sintiendo y pensando que ya había repetido esa conversación demasiadas veces ese día—Ahora viajo yo sola.
Las orejas de su sombrero bajaron, perdiendo toda confianza, la anutrof, en cambio, pareció sufrir un cambio en su carácter, pues de confusión y molestia, su rostro pasó a mostrar una mueca de entendimiento.
—Ya entiendo—Se limpió una lagrima imaginaria, intentando con todas sus fuerzas hacer un puchero creíble, pero con los años (y las arrugas) cada vez era más difícil aparentar una falsa emoción de tristeza—, como soy vieja y escuálida no me quieres en tu equipo.
Yugi notó como se le encogía el corazón al ver a la de pelo canoso tan afligida por sus palabras, no era su intención hacerle daño, no era su intención hacerle daño a alguien: ni a su madre, ni a sus hermanas, ni tampoco a su amiga.
No creía importarles tanto.
—No es eso Rachel, solo-
—No hace falta que me pongas excusas—Interrumpió, dándole la espalda de forma dolida, riéndose por debajo de la nariz al ver por el rabillo del ojo rasgos de duda en la expresión de las más joven. Su plan iba sobre ruedas—. Ya veo lo fácil que te es deshacerte de tu viejo equipo en cuanto te surge la más mínima oportunidad.
Peque ladeó la cabeza en la confusión que le creaba ver tal comportamiento bipolar en su dueña, aunque rápidamente decidió ignorarlo, prefiriendo buscar a aquella cría de tofu con la que estaba jugando a las escondidas.
Yugi sin embargo se reprochó su poco tacto, nunca fue buena en aquellas situaciones ni creía llegar a serlo algún día.
—No me deshago de vosotros, nunca lo haría—La honestidad de sus palabras casi hicieron dudar a la manipuladora Rachel de seguir con su escena, casi—. Al fin y al cabo… sois mi familia.
Y ale, cuanto odiaba la vieja anutrof el don de la palabra de la joven selatrop. A la porra con su admirable actuación de víctima.
Rachel se volteó y arrodillando la rodilla derecha se posicionó al lado de Yugi, colocando de forma amistosa su brazo derecho alrededor de los estrechos hombros, su rostro volvía a ser alegre, mostrando una sonrisa donde faltaba algún que otro diente.
—Entonces que no se hable más, pongámonos en marcha.
—Pero—Fue cortada por el dedo índice de la Stroud, quien la mandó callar con un siseo.
—Ahora vamos a poner rumbo al Reino Sadida, recogemos a Pan-Pin, a Evongel, los niños y a ese noviecito tuyo—Terminó con picardía mientras le giñaba un ojo con complicidad. Ante aquellas palabras las orejas del sombrero celeste se alzaron al tiempo que el rostro juvenil y femenino se teñía de rojo por la vergüenza al ver su secreto descubierto.
¿Cómo lo hacía esa vieja anutrof para estar al tanto de todos los chismes?
—Amaël no es mí-
—Cuanto más lo niegues más se nota—Volvió a interrumpir—, y no acepto un no por respuesta.
Y un sentimiento de calidez abarcó el pecho de Yugi, haciéndola sonreír y olvidar sus penas durante aquellos instantes. Viendo con cariño como siempre su amiga conseguía sacarle una sonrisa y hacerla cambiar de opinión.
Los pensamientos en su cabeza dejaron de revolverse, dejó de sentir un peso sobre sus hombros, su mente se aclaró y nuevas ideas y perspectivas del viaje que tenía por delante fluyeron como las corrientes de wakfu por su cuerpo.
En ese instante la idea que tenía de efectuar el viaje en solitario se le hizo sombría y fúnebre, antojándosele una locura. Y la imagen de la Hermandad del Tofu reunida de nuevo se abrió camino rápidamente hasta su cerebro, pareciéndole la opción más correcta y sensata.
Asintió con la cabeza, teniendo de vuelta aquella deslumbrante y contagiosa sonrisa en su rostro, la cual llevaba días sin poder sacar.
—Vamos—Dijo y las pupilas negras de la anutrof se iluminaron como dos monedas bajo el reflejo del sol, contenta con la respuesta de su amiga y de al fin haberla convencido de no realizar tal locura sin ellos—. Y si, puedes quedarte con los kamas.
Como adoraba a esa niña.
OOO
—¡La he encontrado! ¡La he encontrado!
—¿Qué sucede?
—La-uf-he-encontrado.
—Espera, tranquilo, respira, relájate y después me cuentas lo que te ha pasado.
—Uf…
—¿Mejor?
—Si…
—Bien, ahora ya puedes decirme a quien has encontrado.
—A ella, a la Reina-Diosa.
OOO
—¿Feliz?
—Más de lo que crees.
—Bien, porque yo también lo estoy ¿Ves cómo Yugi ha vuelto a sonreír sin nuestra ayuda?
—Sigo creyendo que podríamos-
—No, basta de planes estúpidos e infantiles.
—Hey, eso duele.
—Como sea, espero que hayas aprendido que no debemos interferir en el mundo terrenal. No fuimos por lo de Ograste, no vamos a ir por esto de los selotropes.
—Por favor no me recuerdes lo de Ograste, me sigo sintiendo fatal por no haber ayudado a nuestros hijos a luchar contra ella.
—Era por su bien, debían aprender que sus actos tienen consecuencias.
—Pero murió tanta gente…
—No se puede hacer una tortilla sin romper algunos dofus.
—…
—¿Qué?
—Haz el favor, no vuelvas a hacer eso.
—¿El qué?
—Intentar ser graciosa.
000
—Tengo la sensación de que los personajes me quedan algo OOC—Digo pensativa, más para mí misma que para mí oyente—. ¿No lo crees Adamaï?
—Yo tengo una pregunta mejor ¿Por qué me pintas como el malo del cuento? —Pregunta indignado.
—Ai~, Adamaï, yo solo le doy al público lo que quiere.
El próximo día de actualización será publicado en mi perfil.
