—¡Hola! Bienvenidos de nuevo lectores ninja ¡Si, vosotros!

Bueno aquí está el capítulo que mencioné, donde salía Tristepín versión gender bender. Espero que os guste son chapters que escribo con diversión y ganas de que otros también los disfruten.

Disclaimer: Wakfu ni sus personajes son de mi auditoria, yo tan solo les cambio el sexo para utilizarlos como personajes de una historia llevada a cabo sin ánimo de lucro, pertenecen a Ankama, quien cada día me sorprende más con lo que es capaz de lograr.

Palabras: 3591

Capítulo VI: Reunión

Si todos fueran perfectos poetas ¿Qué tendría de extraordinaria la poesía?

Valentina Amore

—Si como tofona, en tu cuerpo me pudiera posar, créeme amado mío, que te haría suspirar.

—Ojos salvajes, de ardiente mirada ¿Su poseedor me dejaría esta noche su cama? Para reposar en el lecho, hasta que llegue el alba, notando y sintiendo, su roce en mi alma.

—No deseo mil estrellas, ni puedo conceder deseos, no soy el genio de una lámpara, ni un célebre hechicero, solo una humilde noble, que le desea en sueños.

—Mil rosas he visto. Mil rosas he cortado. Mil espinas me han pinchado. Mil gotas de sangre he redamado. Pero ni una sola me ha enamorado. Tan solo su rostro. Verde y hermoso. Me ha hechizado para amarlo. Me ha sometido a sus mandatos. Y esperando estoy por sus halagos. Melancólica de sus labios. Aquellos que mi piel no han rozado. Pero con verlos me han cautivado.

—Me aaabuuurroooo—Pensó Amaël al tiempo que soltaba el suspiro número mil ochocientos treinta y dos de aquella tediosa tarde.

Estaba en su habitación des de que terminó la comida real, encerrado en su propio cuarto, con Renata y Patusa leyéndole los interminables y aburridos poemas o cartas de declaración enviadas desde todos los reinos del Mundo de los doce. Chillándole en la oreja cada vez que encontraban alguna narración o poesía que les llamara especialmente la atención (y por desgracia, ellos eran muy impresionables), lo que significaba sentir a cada segundo entre lectura y lectura un agudo y estridente grito que indicaba que le tocaba soportar otro desbarajuste sin sentido de palabras e intentos de poesía que a duras penas llegaban a rima.

Que duro era ser príncipe.

Odiaba aquello, no poder salir de un cuarto durante horas por tener que estar soportando declaraciones de amor escritas de personas que ni conocía ni quería conocer. Princesas de todas partes, de pequeñas islas que intentaban ganar tierras con un matrimonio arreglado, de reinos que querían afianzar su trato con los sadida y sus múltiples recursos naturales, de aquellas que solo querían echarle el guante a una buena fortuna o de padres desesperados que querían casar a sus hijas dentro del término establecido para la realeza.

Pero él lo entendía, con su gran atractivo era un blanco fácil para todo rey que quisiese un marido de buen ver para su hija.

Otro chillido cortó el hilo de sus pensamientos, del sobresalto se sentó en la cama donde segundos antes permanecía estirado.

Miró con ojos furiosos a sus acompañantes, quienes saltaban como wonejos alrededor de una montaña de sobres de cartas aún sin abrir, pues al parecer mientras estaba en su estado pensativo llegó el tercer saco del día.

A ese paso su madre tendría que subirle el sueldo al cartero real.

—¡Oh! ¡Mira este!

Suspiró, volviéndose a tumbar sobre la capa de hojas de papel que se habían ido acumulando sobre sus sabanas, sin importarle mucho si las arrugaba o no.

—Pues fíjate el que he encontrado ¡Por Sadida! Que atrevimientos.

Y al parecer las siguientes lecturas serían algo… explicitas. Tan solo esperaba que sus amigos se ahorrasen los comentarios.

OOO

Sus ojos observaron el paisaje verde y fértil, dejando que su vista paseara y se perdiera por el eterno y perpetuo vaivén de las hojas sometidas al viento, bailando una danza al ritmo de la flora, con los rayos de sol como espectadores de ese espectáculo llevado a cabo bajo las protectoras sombras que proporcionaban los arboles más altos.

Adoraba aquel paisaje selvático, siempre en constante cambio y evolución.

Pensó que, si lograba encontrar siquiera un lugar que se pareciera al Reino Sadida, sin duda sería allí donde establecería a su pueblo.

Quería que esos niños pudiesen correr entre las sobresalientes y robustas raíces de los árboles, teleportarse de rama en rama con sus portales o volar con sus alas por encima de las copas de los árboles.

Sin duda ese sería el paraíso, su paraíso.

O eso pensaba mientras observaba por la ventana redonda de la camioneta de Rachel, quien había insistido en aparcar lo más cerca posible del palacio, para efectuar el recorrido más rápido había permitido a Yugi usar sus portales para acortar la distancia varios miles de kametros. Y aunque después de cada teleportación tuvo que pararse a vomitar, valió la pena por no gastar kamas en los zaap.

El ronroneo del motor dejó de escucharse justo después de que un estallido resonara por el interior del vehículo, una columna de humo negro comenzó a salir de la parte delantera del transporte, segundos después el grito indignado de Rachel se impuso sobre el resto de sonidos que habían formado una molesta cacofonía que había sustituido al tranquilo ruido del viento removiendo el follaje.

—¡Estúpido trozo de chatarra!

Yugi usó sus portales para llegar a la cabina del conductor, donde Rachel permanecía, sentada al volante mientras agitaba los brazos y farfullaba maldiciones que no lograba entender.

—¿Rachel?

—¡¿QUÉ?!

Debido al grito las orejeras de su sombrero se agacharon, la imagen del rostro enrojecido de furia con los dientes apretados y los ojos inyectados en sangre era de todo menos tranquilizadora.

—Me voy adelantando.

Y antes de que Rachel pudiera responder, Yugi ya había abierto un portal y se había precipitado en él. Después de la huida de la chica el portal se cerró, como si nunca hubiera estado ahí.

Y Rachel suspiró, se levantó, aspiró el aire puro del bosque al abrir la puerta, salió al exterior, cogió fuertemente su pala y como persona madura que era.

Comenzó a darle palazos al motor de su vehículo.

OOO

El sol de la tarde en su espalda, reflejando sus rayos en el brillante filo de Rubilix, el viento del norte haciendo cabriolas en su anaranjada melena, la adrenalina del recién realizado combate recorriendo su cuerpo conjunto la impaciencia del siguiente a realizar extendiéndose por sus energéticos músculos. Notaba su acelerado latido y le encantaba, podía palpar la victoria y sentía por su piel caer perladas gotas de sudor.

Eso lo adoraba, la emocionaba, la llenaba de vida.

¡Así debería sentirse siempre una guerrera yopuka!

Agarrando fuertemente el mango de Rubilix, notó como ella también se agitaba, ansiosa de dar el siguiente golpe.

Otro guardia sadida se lanzó en su ataque, con una lanza hecha de hiedra venenosa que la paralizaría si la tocaba. Sin levantar los pies del suelo, giró su torso hasta encarar al hombre que la atacaba por el costado, moviendo rápidamente sus brazos para bloquear la estocada que tenía como objetivo sus costillas, la punta de la lanza se clavó en la hoja verde de Rubilix, quien soltó una carcajada cuando fue dirigida al brazo del sadida, sintiendo como lo había golpeado y, además, el guardia a parte del golpe se había llevado su lanza en la caída.

Sin un segundo para respirar dos guardias se posicionaron a espaldas de la yopuka, poniendo sus manos en el suelo para invocar conjuntamente una raíz con la que poder atrapar a su contrincante. Más cuando el vegetal salió de la tierra, fue cortado inmediatamente por el filo de Rubilix, quien había adquirido su estado de fuego, su hoja era de piedra con magma recorriéndola, no era muy filosa, pero era potente, rígida y creaba quemaduras al mínimo contacto, perfecto para carbonizar cualquier planta que le lanzarán aquellos cabeza de lechuga (como ella los llamaba "cariñosamente").

Una vez la parte fraccionada de la raíz cayó al suelo, Rubilix sintió como su guardiana la alzaba por sobre su cabeza, al tiempo que una corriente de wakfu recorría desde su mango hasta la punta de su filo.

O, esa parte la encantaba.

Su pupila se contrajo hasta no ser más que una fina linea y el magma de su hoja alcanzó una mayor temperatura, después sintió como era clavada con fuerza en el piso de madera, creando una gran onda expansiva en cuanto su "nariz" hizo contacto con la superficie, desquebrajando la madera y haciendo que grandes grietas comenzaran aparecer y ha fraccionar en partes el campo de batalla.

Los guardias sadida fueron expulsados por los aires por la onda expansiva, chocando contra las paredes de la arena, creando un gran estruendo que fue opacado por el crujir del suelo, que seguía rompiéndose.

El grito de guerra de la yopuka sonaba incluso por sobre de la sinfonía de golpes, caídas y la fricción de la madera.

Se sentían vivas, despiertas, llenas de una vitalidad envidiable, como auténticas guerreras.

Como diosas.

—¡Pan-Pin!

Tristepain dejó de gritar y de ejercer fuerza en el mango de su fab'hurito, sus ojos volvieron a tener los iris de un marrón claro y se detuvo unos segundos para parpadear y analizar la situación.

Giró su cabeza para mirar a su alrededor, observando la arena donde estaba situada en el centro, las murallas que delimitaban con el exterior estaban marcadas por hoyos y grietas provocadas por los cuerpos de sadidas que fueron lanzados sin compasión, el suelo estaba roto, quebrado con fisuras fraccionándolo empezando desde donde ella había clavado a Rubilix momentos antes hasta las paredes, donde se veía ascender a las grietas. Los cuerpos de guardias desfallecidos, cansados e inconscientes estaban repartidos por el terreno, algunos apilados entre sí, o enredados con algún que otro vegetal que hubieran invocado durante la batalla. En la superficie había esparcidos de forma aleatoria hoyos y pequeños cráteres, algunos provocados por golpes y otros por plantas que salieron de bajo tierra.

Era realmente un espectáculo.

—¡Pan-Pin!

De nuevo ese llamado la distrajo, esa voz, femenina, aguda, juvenil y cargada de energía le era profundamente familiar, se atrevería a decir que inconfundible. Pero era imposible que…

O quizás no.

Sus ojos, rápidos y ansiosos de confirmar sus sospechas se movieron frenéticamente por el lugar, buscando a aquella persona a la que tanto deseaba ver.

Y la vio, en lo alto de la muralla que rodeaba el campo de entrenamiento, con el sol que se filtraba por entre las hojas alumbrando su pequeña y delgada figura, la chica lo saludaba moviendo sus brazos y manos de forma animada, con una gran sonrisa plasmada en su rostro y sus ojos marrones centelleando de ilusión.

—¡Hola Yugi!

Y extendió sus brazos, mientras inflaba el pecho y esperaba a que su amiga captara el mensaje.

Y Yugi lo entendió, rápidamente creó un portal en frente suyo y otro delante de Tristepain, la selatrop saltó, precipitándose sobre el portal para después aparecer por el otro y acabar tirando a la yopuka al suelo por la velocidad tomada.

Y así ambas amigas acabaron en el suelo, abrazadas y carcajeándose, con risas sonoras y joviales, ajenas a los cuerpos inconscientes de los múltiples guardias que precisaban de cuidados médicos a su alrededor.

Rubilix rodó su ojo, notando como se le había acabado la diversión, aunque más bien estaba intentando reprimir la estúpida e irracional alegría que sentía al ver a la joven selatrop. No entendía el porque se alegraba al ver a esa pequeña sonriente y llena de vida.

—Si, si, muy enternecedor, ahora quitadme del suelo, no soy una antorcha.

Con un extraño sonido se encogió, su hoja dejó de ser de pierda y el magma desapareció, su tamaño se vio claramente reducido al de una daga grande o una espada pequeña. Su diseño había cambiado y volvía a estar en su forma habitual.

Tristepain al verla se medio incorporó, negando divertida con la cabeza, aún con la sonrisa en su rostro y a Yugi sobre su regazo, aunque esta también había dejado de abrazarla.

—Me alegro de verte Rubilix—La selatrop soltó una pequeña risa, mirando al único ojo de la fab´hurito—. No habéis cambiado nada—Comentó con una alegre sonrisa, aquella que tanto guardiana como demonio llevaban tiempo sin observar y tanto anhelaban.

—Pero tu si—Dijo Tristepain, levantándose y quitando a Yugi de su regazo, dejándola sentada en el suelo mientras ella iba hasta donde su fab'hurito seguía clavada. Cogiéndola del mango con la mano derecha estiró para quitarla, al lograrlo la puso en su cinturón, encajada en su lugar—. Al fin has empezado a crecer.

Yugi se sintió confusa, se examinó rápidamente, ella no se veía diferente desde la última vez que se habían encontrado, no sabía a qué se podía referir su amiga.

—Yo no veo que haya crecido.

—¿Cómo qué no?

Tristepain le indicó con un gesto de su mano que se levantara, indicación que Yugi siguió. La yopuka se colocó la mano izquierda en la barbilla mientras con la derecha se aguantaba el codo flexionado, pose que había adquirido para intentar parecer una analizadora experta.

—Estás más alta, ahora casi me llegas a la barbilla. Y tu pelo es más largo.

—¿Enserio? —Preguntó un tanto atónita, de soslayo se examinó la melena, le llegaba por la espalda baja ¿Cuándo había crecido? Y de su altura ni idea del cambio que su amiga mencionaba.

—Y no es lo único que ha crecido, no sé si me entendéis—Rubilix hizo un movimiento sugestivo con su ojo, al tiempo que su voz adquiría un tono pícaro y burlesco.

Y mientras Tristepain la miraba con confusión y sin entender el mensaje, Yugi se tapó el pecho con los brazos llena de una repentina vergüenza que le tiñó el rostro de un intenso rojo.

—No sé lo que dices Rubi.

—Porque no me extraña.

Las orejas del sombrero azul estaban tiesas en un primer momento antes de caer hacía abajo por la pena que cohibió a la selatrop, quería encontrar algo con lo que poder cambiar el tema de conversación, y lo encontró al fijarse mejor en la extremidad superior derecha de su amiga de cabello anaranjado.

—¿Qué tal la prótesis?

—¿La pro-qué?

Rubilix rodó el ojo ante el desconcierto de la guerrera yopuka, quien a pesar de los años seguía teniendo el mismo reducido vocabulario.

—Se refiere a mi brazo, idiota.

Los ojos marrones se abrieron en el entendimiento al tiempo que de su boca salía un "Ooo". Yugi no pudo evitar reírse levemente, en el fondo, se alegraba de que sus amigas no cambiasen a lo largo de los años.

—Va bien—Dijo mientras se ponía de perfil, mostrando su brazo derecho, el cual, parecía haber dejado de serlo—, me estoy acostumbrando.

Donde antes estaba un pequeño muñón, se le había adjuntado una prótesis que parecía hecha de algún material rocoso, la superficie era lisa y era de las mismas proporciones que el izquierdo, salvo que los dedos acababan de forma punta y levemente curvados hacía abajo, semejante a unas garras.

Yugi observó la nueva forma, pues, cuando se la habían puesto, la prótesis tenía unos pinchos filosos en el hombro, y si bien el comienzo era fino y delgado, el antebrazo estaba más voluminoso y sin muñeca. Creando un brazo deforme que descolocaba un tanto al verlo en el cuerpo de la yopuka.

Supuso que con el tiempo se había ido afilando y adaptando a su nueva dueña.

Yugi miró a su alrededor un instante, dándose cuenta de los cuerpos de sadidas repartidos por la zona. Una gota de sudor frio resbaló por su nuca, lo mejor sería llevar a ese pelotón a la enfermería donde se encargarían de ellos los aniripsas.

—¿No crees que te has pasado un poco?

Tristepain giró su cabeza, aunque pareció no sorprenderle mucho el panorama.

—Naaa, hoy era un entrenamiento especial.

Una risa gutural salió de la espada al tiempo que se movían las protuberancias que tenía a cada lado de su ojo.

—Tienen muy poco aguante las lechugas estas.

La selatrop negó con la cabeza antes de arrodillarse y colocar las manos en el piso, al hacer el contacto múltiples portales aparecieron en el suelo por debajo de los guardias que fueron tragados por ellos.

Yugi se concentró y visualizó en su mente la enfermería del castillo para así poder mandar ahí a los heridos sadidas. Cuando en su mente apareció la imagen lucida del lugar con un portal abierto y guardias saliendo de él, supo que habían llegado a su destino.

Abrió los ojos y miró a su amiga, quien la miraba con una sonrisa. La selatrop se la devolvió antes de abrir otro portal delante suyo y otro en la enfermería, asomó la cabeza y a ojos de Tristepain el portal había engullido la cabeza de su amiga.

Y en la enfermería de palacio, donde unos consternados aniripsas observaban atónitos la pila de guardias que se habían amontonado en una esquina de la sala, otro portal más pequeño que los anteriores se abrió, captando toda la atención del personal médico presente.

Del portal asomó una cabeza con un gorro azul que reconocieron a la perfección, y en la mente de todos, los cabos comenzaron a atarse.

—Hola ¿Han llegado todos bien? —Preguntó la rubia de ojos marrones al tiempo que miraba a los inconscientes guardias—Han tenido un duro entrenamiento.

—Eso veo—Comentó un aniripsa mientras daba un paso hacía la selatrop—. Espero que la próxima vez la capitana se contenga un poco.

—Gracias por traerlos Yugi—Dijo una aniripsa rubia con voz suave y calmada.

—Si, nos alegramos de verte Yugi.

—Siempre es un placer tu visita.

Frente a los comentarios de los curanderos Yugi se sonrojó un poco, decidiendo que ya llevaba suficiente tiempo allí. En aquel reino ella era un icono, la famosa heroína de la Hermandad del Tofu, la salvadora de los bosques y de más títulos que se le habían adjudicado con el tiempo, era normal que cuando fuera de visita le asaltaran los ciudadanos con múltiples halagos y comentarios amables y de admiración.

—Me ha gustado visitaros, nos vemos después.

—Adiós Yugi—Se despidieron a coro.

La mencionada se retiró del portal, el cual despareció, volviendo a estar en el destrozado campo de entrenamiento.

Des de hacía tiempo Tristepain se encargaba de entrenar a los guardias sadida, era su capitana, sobre ella recaía el peso de controlar al ejercito de aquel reino y sinceramente estaba llevando esa labor de forma responsable y savia.

Bueno, todo lo responsable y savia que puede ser una yopuka.

—Yugi he tenido una idea—Y antes de que pudiera reaccionar, la de pelo anaranjado la había cogido de un brazo y le estaba susurrando al oído.

La nombrada inmediatamente supo que algo iba a salir mal, porque cuando Tristepain decía que tenía una idea solo podía significar dos cosas: o bien los dioses se habían puesto de acuerdo para darle un momento de lucidez que no duraba más de un segundo, o no es que ella hubiera tenido la idea, sino que Rubilix, cual embaucador susurrador, la había convencido de participar en alguno de sus locos planes.

Para ambos casos la reacción era la misma: salir corriendo.

Por desgracia para Yugi era demasiado tarde y lo único que pudo hacer fue contorsionar su rostro en diversas muecas, de confusión, sorpresa, extrañeza y por ultimo una indescifrable.

Al separarse la selatrop miró con una ceja alzada a su amiga, no sabiendo si lo que le había dicho iba en serio.

—No creo que sea buena idea.

Tristepain hizo un puchero, inflando sus mofletes.

—Solo será una pequeña broma.

—Si—Secundo la fab'hurito—, ese ocra necesita soltarse un poco.

Yugi se lo pensó un instante, no le pareció tan mala la idea, además ¿Tan terrible era gastar una pequeña broma?

—De acuerdo—Dijo no muy convencida.

Y cuando Tristepain la cogió del brazo y comenzó a arrastrarla por el palacio, supo, que tendría que haber echado a correr.

OOO

—¿Entonces "El jalató crujiente" está encima de la colina?

Si, exactamente encima de esa colina.

—¿Y es ahí donde afirma haber visto selatropes?

No solo te lo puedo decir yo, te lo puede decir toda Emelka.

—Muchas gracias por su ayuda.

Es un placer, a mi edad es todo un privilegio tener una conversación con gente joven, a nadie suelen interesarle las viejas historias de carcamales como yo.

—¿Nos ha contado alguna historia?

—…

Oh, hola ¿Queréis algo?

—Nada, no se moleste.

De acuerdo, adiós jovenzuelos.

—La gente mayor se olvida antes.

—A la larga es beneficioso.

OOO

La aventura comienza ya, vamos todos al camino.

Senda de héroes donde comenzar, a construir tu destino.

Arriba hachas y lanzas va, es hora de luchar.

Dejemos atrás el miedo, solo buscamos la paz.

Un escudo encontrarás, para proteger al pueblerino.

Y una espada no va mal si te gusta el peligro.

La naturaleza ayudará y un muñeco servirá.

Tú solo cuida y sana que si no nadie ganará.

En las sombras busca hogar, que te hagan de cobijo.

Después ya atacarás sorprendiendo al enemigo.

Hay tierra, hay agua, aire y fuego.

Adelante, tu primero ¡No te tengo miedo!

Tu dolor es tu fuerza y tus gritos tú poder.

Todo lo que sientes tú luego lo siente él.

Lucha, gana, no temas el perder.

Porque, luego ¡Lo celebraremos bien!

Hay miles de aventuras que poder vivir.

Con infinitos tesoros solo para ti.

Al final todo, no lo decides tú, es trabajo de la suerte como el cara o cruz.

El tiempo, todo, lo puede gobernar. Porque controla tu principio y final.

Encuentra el punto, búscalo bien, confía en tus ojos y en tu arco también.

Somos aventureros y vamos a luchar.

Siguiendo el camino o yendo más allá.

No le temas al destino, no intentes pelear.

Pues al fin y al cabo todo acabará.

Vive el recorrido, no pienses en el final.

Ahí todo está oscuro y no volverás.

Pero es lo único que nos queda al terminar.

000

—Lamento que hayáis tenido que leer los poemas de la primera viñeta, intenté hacerlo algo deplorables por lo que en ocasiones hasta a mí me hicieron daño a la vista—Digo, soltando una leve risa—. Por cierto lo que aparece al final son leves y cortas… ¿Canciones? Las hice solo por diversión y si os fijáis hay una estrofa destinada a cada clase menos a los steamers, zobals, tymadores, hipermagos y selotropes. Por cierto, en el apartado que se habla de los selotropes aparece un tercer personaje que habla en cursiva, ese es un personaje ajeno a la historia que no volverá aparecer.

—Como si alguien se tomara el tiempo de leerlo.

—Me da igual—Le saco la lengua de forma burlona—, yo me divierto haciéndolo y ya es suficiente.

—¿Aunque la gente no comente?

Suspiro.

—Lamentablemente si.