—¡Me siento avergonzada!—Exclamo, con las manos hechas puños y pegadas al pecho—Lamento haberme demorado tanto…

Me levanto de la silla, aún con pose arrepentida.

—Debo agradecer al alma caritativa, que, con su humilde review, me recordó que tenía este fic a mi cargo—Sonrío levemente—¡Muchas gracias por hacer despertar de su letargo la escritora empedernida que llevo dentro!

Disclaimer:

Ni los personajes de Wakfu ni el universo del krosmoz me pertenecen, estos son de la auditoria de Ankama, impresionante empresa francesa que rezo para que nunca se percate de lo que hago con sus obras.

Comentarios: (¡Al fin puedo añadir la s!)

Gasp 1808: Muchas gracias por seguir comentando, me llenas de alegría. Es por lectores como tú que siento que esto tiene sentido hacerlo. Me ha gustado tu pregunta, por cierto. ¡Si yo te contara! Por mi cabeza han pasado muchas ideas, cada una más loca que la otra y la gran mayoría ha sido trasladada de mi cerebro al ordenador, la verdad es que esta humilde historia que hoy lees es lo último que escribí, creí haber alcanzado cierta calidad en mis trabajos y lo publiqué.

También pensé en hacer un AU donde los selatropes del consejo (léase: Baltazar, Glip, Efrim, Nora, Mina y los demás…) vivían en la época actual y debían afrontar la realidad de no saber quiénes eran sus padres, pues todos ellos fueron abandonados en la casa de Alibert cuando apenas eran más que unos bebés lactantes.

Night dragon: Te agradezco la molestia de comentar, digo en serio eso de que tú me recordaste que debía subir este chapter, estaba absorta con otros temas y descuidé el fic. Me agrada saber que te gusta la pareja, yo soy fan de la ship Yugo x Amalia y el saber que te encanta mi obra es algo que me hace feliz.

Palabras: 3527

Capítulo XII: Hija del viento

¿Por qué intentar algo si un día todo desaparecerá? ¿Por qué esforzarse? ¿Por qué luchar? ¿Por qué tener objetivos o sueños? ¿Por qué seguir viviendo? —Dijo frustrado. —Porque si no todo sería muy aburrido, la vida es un regalo que nos han dado por algo, con el cual podemos jugar, podemos tirarla, hacerla votar, lanzarla, deslizarla, morderla, aplastarla, morderla otra vez… Incluso podemos romperla y utilizar los pedazos para hacer lo que queramos. Dime, con tantas opciones ¿Cómo resistirte a disfrutarla?

Valentina Amore

El motor de la furgoneta fue apagado, haciendo que su ronroneo cesara y el silencio volviera a instalarse en aquel lugar a las afueras del bosque, donde bruscamente dejaba de haber árboles, dando paso a un verde campo que se extendía hasta más allá del rio cercano y que cesaba solo al pie de la cordillera de montañas, donde con un corte limpio desaparecía en el paisaje rocoso.

Rachel des de su asiento frente al volante podía observar la gran y fértil llanura, aunque no le dio mucha importancia a las vistas privilegiadas, teniendo su mente más ocupada en las próximas horas que se pasaría abrazada al cubo de metal que descansaba al lado de su pierna derecha.

Con paso cansado y sintiéndose obligada, abandonó su puesto, dirigiéndose al otro compartimento de la caravana, donde lejos de ser un cubículo como la cabina del piloto, era un espacio mucho más amplio, con dos o tres ventanas a los laterales que aportaban amplitud y muebles distribuidos por la sala, todos y cada uno de ellos empotrados en el suelo o las paredes, necesario para que no salieran volando en el mínimo bache o frenazo violento.

Localizó a sus amigos sentados, en unos asientos bastante pequeños pero donde se habían apañado para caber, la forma en la que Evongel había sido capaz de hacer encajar a su familia de cuatro miembros (contándole a él) en un solo sillón era un signo de su calculadora maestría intelectual.

Se acercó a ellos, escuchándolos hablar animadamente sobre un tema desconocido, donde Yugi y el ocra parecían participar de forma más activa que Amaël, quien permanecía algo ausente, con aquella atmosfera de mal humor tan típica en él rodeándole.

No pudo evitar sonreír de forma burlona frente a ese comportamiento.

—¿Y ahora qué? —Preguntó, metiendo las manos en los grandes bolsillos de su peto, cambiando su peso de un pie a otro.

Los presentes conscientes se percataron de su presencia, cesando su charla al instante y centrando toda su atención en ella.

La rubia selatrop fue la primera en hablar, con una sonrisa y actitud jovial.

—Estamos listos y Evongel tiene algo que nos podrá ayudar.

El nombrado asintió, comenzando a agitar por la espalda a su hija, haciéndolo con suavidad para no despertarla bruscamente.

Rachel levantó una ceja con curiosidad.

—¿Algo que nos puede ayudar? —Sus ojos se centraron en el padre de familia, quien le hablaba en susurros a la aún adormilada Flapén—¿Qué tipo de ayuda?

La selatrop levantó las manos de su regazo, donde le era imposible a la anutrof verlas, la chica mostraba con una gran sonrisa unos frascos de cristal que contenían en su interior un líquido azul oscuro, muy opaco y de apariencia viscosa. Más parecido a un ungüento que a una bebida.

—Son pócimas para evitar los efectos de los portales—Explicó Yugi, tendiéndole un frasco y dejando el resto sobre la mesa.

Rachel lo tomó y lo examinó con curiosidad, sujetándolo solo con su arrugada mano derecha, haciendo que la izquierda permaneciera en su bolsillo, lo hizo girar en sus dedos, solo por instinto decidió ponerlo a tras luz, observando algo consternada como el líquido se volvía pálido y casi transparente, revelando que al contrario de lo que pensaba al principio, el fluido no era para nada espeso.

—Pues no sé si es peor el remedio que la enfermedad—Se quejó el sadida, transformando su cara en una mueca de asco y repulsión.

La de pelo canoso lo miró con intriga, sin entender muy bien el comentario.

—Amaël ya se lo ha tomado—Dijo Yugi con voz nerviosa, sacando de uno de los pequeños bolsillos de su pantalón un frasco vacío.

—Si—Confirmó Evongel, para después adquirir una mirada de reproche, dirigida hacía el príncipe—. El muy bruto se lo tomó todo de golpe.

—¿Bruto? —La voz suave y adormilada de Flapén hizo callar a todos, la pequeña se frotaba un ojo de forma perezosa y parecía no poder sostener su cuerpo—¿Quién es Bruto?

—Nadie, cielo, nadie—Le dijo en un tono bajo y calmado Evongel, lleno de cariño paternal al tiempo que le acariciaba la espalda.

—Entonces no hay que bebérselo entero—Dedujo la anutrof, aunque esas palabras eran más para sí misma que para el resto.

—No—El rubio confirmó sus sospechas—. Es un pequeño sorbo antes de cada teleportación.

Evongel hablaba en susurros con su hija, diciéndole las cosas en voz baja para no alterarla, le comunicaba donde estaban y le pedía que le ayudara a despertar a los yopukas.

—¿Y yo qué sabía? —El sadida se hizo notar, sujetándose el estómago que comenzó a emitir extraños rugidos mientras de su boca salía un quejido lastimero—Esa poción es horrible.

—Pero necesaria—Puntualizó el ocra, deteniendo su labor de sacudir a Tristepain por los hombros.

La selatrop dio una vista general al grupo, percatándose de como Flapén despertaba a Evole sin ninguna delicadeza, es más, lo hizo atizándole en la cabeza con el mango de Rubilix (la pobre chica se cobraba venganza del golpe que le dio su hermano el día anterior). A diferencia de Evongel, que balanceaba a su esposa mientras repetía su nombre, dándole algún eventual grito.

—Iré viendo donde puedo hacer el portal—La rubia se levantó, deslizándose fuera de su asiento—. Cuanto más lejos mejor ¿No?

—No tardes mucho, pequeñaja—Fueron las únicas palabras que le dirigió Rachel antes de verla desaparecer por un recién abierto portal, cuyo compañero no lograron ver, suponiendo que Yugi lo habría abierto a una cierta distancia.

OOO

Como era costumbre salió disparada del portal, sintiendo con violencia el aire agitando bruscamente su gorro, zarandeando toscamente su cuerpo, dejando su ser a merced de las embestidas del viento.

Sensaciones que la llenaban de vida y que amaba, las disfrutaba y atesoraba sabiendo que era una de las pocas afortunadas capaces de poder sentir tal subidón de adrenalina recorriendo su cuerpo, en esos momentos temía que sus alas, debido a la emoción, desgarrasen la tela de su sombrero y decidiesen tomar el control.

Siguió cayendo, atravesando las vaporosas nubes y sintiendo la humedad que dejaban en su piel, conjunto a las cosquillas que causaban, se permitió reír, soltó una fuerte carcajada que fue llevada por el viento debido a la velocidad a la que caía.

Las palmas de las manos se iluminaron en un fosforescente azul, acumulando allí una gran cantidad de wakfu, listo para ser liberado.

Cruzó sus brazos y encogió sus piernas, haciendo que su caída se acelerara, la cola de su sombrero ondeó fuertemente y el resto de sus prendas amenazaban con desgarrarse bajo la violencia del viento.

Con un rápido movimiento separó sus brazos, haciendo aparecer al instante un portal frente a ella, se precipitó sobre él, desapareciendo a vista del ojo humano.

Instantes después reapareció por otro que la trasladó a más metros de altura, alzándola por sobre las nubes que antes había atravesado, decidida y con sus manos emitiendo un fulgor celeste, repitió el movimiento varias veces, atravesando de nuevo otros portales convocados.

Repetidas veces, cada vez más lejos, cada vez más fuerte, cada vez más rápido, con más energía, con más ímpetu, con más poder hasta que su cuerpo no fue nada más que una luz azulada, que atravesaba el cielo a una velocidad vertiginosa, dispersando a las nubes cercanas debido a su descomunal liberación de wakfu. Y siguió así, recorriendo en una milésima de segundo lo que la caravana tardaría una hora.

Poco a poco fue dejando el paisaje montañoso atrás, sobrevolando una zona árida y seca, agrietada y por donde de vez en cuando se veía salir disparado un rayo de vapor o un geiser entraba en erupción. La tierra era de un triste gris y parecía recubierta de polvo, aunque Yugi no se fijó demasiado, ocupada en alcanzar su máximo potencial.

Hasta que se vio interrumpida por un silbido que la desorientó y desconcertó, paró sus acciones y se vio suspendida en el aire, habiéndose caído de no ser por los esfuerzos de sus alas, que se movieron de forma frenética aun estando bajo su gorro. Aunque era difícil, pues sus alas, debido a su tamaño siempre permanecían plegadas en el pequeño espacio que tenían.

—¿Pero qué-

Un nuevo silbido la hizo guardar silencio, girando rápidamente en el aire logró ver como una flecha pasaba a pocos centímetros de su brazo derecho, casi rozándola, ahí fue cuando descubrió que el agudo sonido que antes escuchó había sido el de una flecha cortando el viento.

El proyectil subió un metro más y después comenzó su descenso, convirtiéndose en nada más que un pequeño punto marrón cuando hubo alcanzado cierta distancia.

El cerebro cargado de adrenalina trabajó a alta velocidad para avisar a la selatrop de que estaba en peligro, no dejando ni un segundo para respirar cuando una nueva flecha entró en su campo de visión. Esquivándola de milagro pudo observar que estaba hecha de hielo.

No querían herirla.

Querían derribarla.

El ruido de tela rompiéndose la hizo sobresaltarse, casi perdiendo el equilibrio que había conseguido, sus alas se vieron durante un segundo sacudidas por un espasmo, lo que la hizo perder un poco de altura.

Alarmada se giró, viendo en su descenso a una flecha con una cortante y afilada punta de metal.

Vale, quizás sí que querían herirla.

Rápidamente registró su vestimenta, no viendo ningún rasguño, hasta que…

Sus manos, de forma temblorosa se agarraron a la larga cola de su sombrero, observando el agujero que había dejado la flecha al atravesar de lleno la prenda.

Suspiró, al menos era pequeño.

Pero no se permitió relajarse, estaba en el punto de mira de lo que parecían ser varios individuos maestros en la arquería, o eso era lo que habían dejado ver al poder lanzar a tanta altura sus proyectiles.

El agujero estaba a la altura de los omoplatos, si no se hubiera movido previamente le hubiera atravesado el pecho.

Un escalofrío le recorrió la espalda.

Cuando una flecha volvió a aparecer decidió que ya era hora de salir de allí, cruzando sus brazos inició su rutina, dejando a sus palmas brillar con la energía del wakfu.

A la flecha se la tragó un portal y salió por otro que la mandó allá desde donde había sido lanzada.

La rubia se fijó en el terreno a sus pies, no pudiendo localizar la posición de sus atacantes, decidiendo que simplemente saldría de allí lo antes posible. Utilizando sus portales quiso llegar a subir más allá de las nubes de nuevo, pero para su desgracia descubrió que el cielo estaba completamente vacío, ella, inconscientemente, lo había despejado cuando usó sus poderes.

Una lluvia de flechas aproximándose la alertó, metiéndose de lleno en un portal para aparecer a una gran distancia de donde habían llegado los proyectiles, viendo que las flechas eran de diversos materiales, creando una nube de gran variedad de colores que nunca le pudieron parecer más macabros.

Yugi volvió a convocar portales a gran velocidad, convirtiéndose de nuevo en nada más que un llamativo haz de luz surcando el cielo.

Las flechas no tardaron en aparecer, pues, por lo que parecía, los arqueros se habían percatado de sus intenciones de escapar y, muy lejos de querer rendirse, disparaban con más ímpetu y puntería, cada vez llegando más cerca de lo que era la figura de la joven. Incluso una flecha logró acercarse lo suficiente como para rozar el aura celeste que la rodeaba, pero fue repelida y desviada por el fuerte poder que desprendía.

La selatrop creyó que conseguía librarse de sus atacantes, viendo ya en su campo visual el final de aquel paraje desolado. Pero su visión fue obstruida por un borrón blanco que no pudo distinguir que era.

Debido a su velocidad no pudo parar y por instinto lo único que hizo fue cruzar sus brazos delante de su cabeza para protegerse del impacto, dándose cuenta de que podía crear un portal para evitar el obstáculo. Algo que hizo, al salir por el segundo portal invocado, después de ser atizada de nuevo por las ráfagas de viento se giró, logrando ver que aquello que antes la bloqueaba era un ave huesuda, de plumaje blanco con un jinete vestido con ropajes harapientos y un arco tensado con el cual la apuntaba.

Alarmada se volteó, inclinándose hacia abajo para caer en picado y apartarse del punto de mira del arquero, pero en medio de su caída algo la detuvo, su cuerpo súbitamente se vio paralizado, suspendido en medio del aire sin que ella tuviera que mover sus alas, las cuales sufrían tirones violentos y zarandeos bruscos, no de forma directa, sino que era su gorro el que se agitaba.

Con miedo y nervios levantó la vista, fijándose en que otra ave cadavérica, de plumas rojas, la sostenía con sus garras del sombrero. Y las pobres alas de Yugi, para que el gorro no fuese arrebatado de su posición, se habían agarrado con fuerza a la tela azul que las cubría.

Dejándola así, colgando desesperada, con las uñas firmemente agarradas a la prenda que era maltratada por el animal que la sostenía, pensando en qué demonios estaba pasando pero con la mente demasiado nublada y consternada como para concebir respuesta coherente alguna.

—¡¿Qué queréis de mí?! —Gritó, desconcertada al tiempo que se agitaba de forma violenta, sobretodo moviendo hacia delante y atrás sus piernas, ocasionando que se balanceara—¡Soltadme!

—Sí, claro—Escuchó la gruesa voz del jinete del ave de plumaje carmesí, masculina y cargada de un sarcasmo que hizo que a Yugi se le secara la garganta—. Con lo que nos ha costao' cogerte y ahora quieres que te soltemos. No vas lista tú ni na'.

—¡¿Por qué hacéis esto?!

Un nudo se hizo en su estómago y sintió entumecidas sus manos por la fuerza que aplicaba en el agarre de su sombrero.

Sus ojos alarmados intentaban examinar el entorno lo más rápido posible para buscar la vía de escape más eficaz, actitud que había adquirido de Evongel y a la que su cerebro se estaba acostumbrando.

Pero no le dio tiempo.

—¡Ca-Zurro! —Gritó él jinete del ave que la sostenía, alarmándola y deteniendo sus razonamientos sobre lo arriesgado que era disparar o no un rayo de wakfu a sus atacantes—¿¡La tienes a tiro!?

¿A tiro? ¡¿Se referían a ella?!

—¡Si!

Decidida a no dejarse ganar por aquellos individuos soltó su sombrero, confiando en que sus alas aguantaran su peso, alzó sus manos en dirección al ave roja que la sostenía y disparó un rayo de wakfu que no llegó a darle al animal, pero consiguió que la soltara justo cuando una flecha cruzó a gran velocidad el lugar donde antes estaba su pecho, atravesando de nuevo la cola del gorro y haciendo un agujero más grande que el anterior.

Ella fácilmente podría haber acertado al pájaro, pero no quiso, eran sus jinetes los que la atacaban y el animal no tenía por qué sufrir las consecuencias de los actos de su dueño.

En esos momentos el ave de pelaje carmesí aleteaba confuso y asustado, claramente alarmado, sin hacer caso de los alaridos de su enfadado jinete, quien lo mandaba callar y atrapar a Yugi, quien para ese entonces había vuelto a ser un haz de luz celeste en la lejanía.

—¡Ca-Zurro! ¡Ve a por ella!

—Ta' mu' lejos, jefe.

El jinete del ave cadavérica blanca, cuyo nombre era Ca-Zurro, se acercó allá donde estaba su compañero, mirando a lo lejos la figura luminosa de su presa, la cual, se había escapado de sus garras.

—¿¡Y a qué esperas pa' avisar a lo' demás!? —Bramó el jefe, logrando al fin estabilizar a su montura—¡Están detrá' de esa colina! Aún pueden alcanzarla.

Ca-Zurro se encogió de hombros, haciendo que sus desdeñosos ropajes se arrugaran con el movimiento.

—Como mande.

Cogió su arco y una flecha del carcaj a su espalda y sin demora la disparó en dirección a la colina anteriormente mencionada por su compañero.

El proyectil no llegó tan lejos, pero un disparo que se escuchó y el petardo que posteriormente estalló en el cielo fueron las únicas indicaciones que necesitaban para saber que sus aliados habían recibido el mensaje.

OOO

Un cohete que explotó peligrosamente cerca de ella la hizo detenerse en seco, con la respiración agitada y las articulaciones de sus brazos entumecidas por el esfuerzo al que las sometía decidió que debía encontrar la forma de neutralizar a sus enemigos sin exponerse a ellos.

Quería huir, volar lejos y rápido hasta dejarlos atrás y que esa experiencia fuera después una divertida historia que contar a Chibi y Grigal antes de irse a dormir.

Pero el destino es travieso y alocado, nunca nos da lo que deseamos.

Repetidos disparos resonaron en sus oídos y ella misma se asombró de su velocidad de reacción al crear un portal que se tragase las balas para devolverlas posteriormente a sus atacantes.

Y antes de que se diera cuenta había sido rodeada por diversas aves cadavéricas surgidas de grutas ocultas en los múltiples montes que delimitaban la zona.

Alarmada y cansada de la situación, se dejó caer en un portal recién abierto, apareciendo por otro creado a cierta distancia, pero justo cuando la mitad de su cuerpo hubo salido se vio obligada a esquivar una flecha.

Pues al parecer sus atacantes se habían dado cuenta de que allí donde apareciese un portal, sería por donde saldría Yugi.

Las aves y sus jinetes rápidamente se dispersaron por el espacio aéreo, claramente con el objetivo de cubrir toda la zona posible. Se habían multiplicado considerablemente y Yugi no podía permitirse el intentar observar a todo el grupo, por temor de que al despistarse la atacaran.

Suspiró y con el cuerpo comenzando a estar recubierta por una fina capa de sudor debido al esfuerzo, decidió utilizar las últimas energías que le quedaban para crear diversos portales a su alrededor que comenzaron a disparar. A sus oídos llegó el revuelo y el sonido del caos y desconcierto de los jinetes, como también los graznidos alarmados de sus aves, claramente no gustándoles ser atacadas.

Aprovechando aquello como distracción se deslizó por un portal creado, saliendo por otro colocado a una distancia prudente de sus atacantes, con su mente solo ocupada por encontrar contestación a una duda.

¿Se habrían dado cuenta de su huida?

La respuesta a su pregunta llegó a modo de una fuerte sensación de pinchazo en el muslo, de algo atravesando y desquebrajando su piel para después sentir un líquido resbalando por la zona y adentrándose por la herida en su organismo.

Lo siguiente que supo era que su cuerpo fue vencido bajo la fuerza de la gravedad y el repentino cansancio que la embargó. Solo fue consciente entre largos parpadeos del viento atizando su rostro y enmarañándose en su cabello, del tosco golpe que recibió en el vientre al chocar contra algo y de cómo repentinamente las ráfagas de aire parecían haber desaparecido, dejando paso a una sensación que le creó retortijones en el estómago, un incesante balanceo donde sabía que alguien la llevaba.

Pero no tenía ni idea de adonde.

Solo pudo soltar un lastimero gimoteo, al tiempo que quería encogerse y no podía, dejando que sus ojos se cerrasen bajo el peso del cansancio y el dolor que sentía recorrer y paralizar su costado.

Lo único que logró pensar antes de dejarse llevar por aquel veneno que le habían introducido, fue si sus amigos conseguirían saber lo que le había pasado.

Porque, hacía tiempo, que perdió la esperanza de que lo supiera su hermana.

OOO

—Creo que ya estamos a salvo.

—Sí, no sospechará que nos escondemos aquí.

—Cierto, este lugar es inhabitable.

—Siento decir que te equivocas.

—¿A qué se deben esas palabras?

—Mira al cielo.

—… No son más que aves carroñeras, de esas hay en todas partes.

—Pero no todas llevan jinetes.

—¿Enserio quieres que me crea qué…

—¿Qué decías?

—Bueno, todos podemos equivocarnos alguna vez.

—Y además de eso este lugar desprende una cantidad inédita de wakfu, aunque no sé decirte de donde provienen tales ráfagas de poder.

—Yo sí que lo sé.

—¿Qué?

—¡Yo sí que sé de donde vienen! ¡Mira!

—¡No puede ser! ¿Eso es? O, no ¡La han abatido! No no no no no no.

—¿¡Qué hacemos!? ¡Debemos hacer algo!

—¡Y rápido! Su wakfu… L-a la luz de su wakfu se está a-a-apagando

OOO

—Bueno…

—Menos mal, esto empezaba a ponerse aburrido.

—¡Pe-pe-pero! ¡¿Cómo se te ocurre decir tal idiotez?! ¡Nuestra hija está en peligro!

—Hey, es su aventura, su leyenda, sus peligros, sus problemas.

—… Te odio.

—Ahora estamos a mano.

000

—Gracias por leer el nuevo cap—Digo, con una sonrisa sincera en los labios.

—No puedo creer que alguien apoye que mi hermano sea abusado por esa lechuga con patas—Dice Adamaï, frustrado.

Le miró con una ceja alzada, algo desconcertada.

—¿Eso es todo lo que tiene que decir?

—¿A qué te refieres?

Me encojo de hombros.

—Creí que te enfadarías porque te había vuelto a pintar como el malo de la película.

Sus ojos se agrandan y no puedo evitar mirarle extrañada.

—¿De qué estás hablando?

—Del nuevo chapter.

—¡As colgado un nuevo chapter!

Corre hacía el aparato electrónico más cercano, directo a saber cómo de verde lo he puesto.

¿Qué será aquello que observan alarmados los selotrops?

¿Quiénes son el grupo que han asaltado a Yugi?

¿Lograran sus amigos descubrir lo que le ha ocurrido o nuestra heroína deberá salir de ese problema por su cuenta?

¡Nos vemos en el siguiente capítulo!