Aparezco con una armadura de feca.
—Mmmm… Hola lectores—Esquivo un hacha—¡Oye, que me podría haber dado!
—¡Esa era la idea!
—Oh…
Bueno ya estoy de vuelta y cargada con esta pesada armadura de feca, dispuesta a encajar vuestros hachazos y espadazos por mi tardanza. Ya os dije que no tenía nada escrito (cosa que me ha vuelto a pasar) lo que significa que apenas hace cinco minutos que acabé esto, por lo tanto, no he tenido mucho tiempo de repasarlo como los anteriores.
Si encontráis algún fallo o incoherencia agradecería que me lo notifiquéis.
Disclaimer:
Como se podrá deducir, el universo del krosmoz no me pertenece y cualquier cosa que con él tenga conexión pertenece exclusivamente a la empresa francesa Ankama.
Comentarios: (Me he vuelto adicta a ti, s)
Gasp 1808: Lector fiel te doy mis enhorabuenas ¡Tienes nada más y nada menos que dos historias a tu cargo! ¡Un aplauso!
Bien, dejando de lado que me siento orgullosa de ti voy a comenzar diciendo que muchas gracias por responder a las preguntas que dejé en el cap anterior, de verdad que lo necesitaba. Ver una hoja en blanco me aterra, no me sale nada, gracias a tu comentario tuve algo en lo que fijarme para comenzar. Gracias por tu tiempo.
Night dragon: Gracias por comentar y dejar tu opinión, Yugi será rescatada en breve y, respecto a lo del romanticismo, siento que en este cap no haya mucho, pero en los próximos creo que haré estallar una bomba de azúcar.
Ok, puede que no tanto, pero las escenas románticas se irán haciendo más abundantes, piensa que, una de las cosas que me impulsó a escribir esto, fue la pareja Yugo x Amalia.
Palabras: 6070 (el más largo hasta ahora)
Capítulo X: Esperanza perdida, esperanza encontrada
Detrás de cada persona, hay una historia, una vida, unos sentimientos, unas plegarias, unos deseos… Detrás de cada persona hay un mundo, a cada cual más nefasto que el anterior.
Valentina Amore
Todos, entre gritos y exclamaciones fueron dirigiéndose hacia el portal, tomando lo más rápido posible la pócima para evitar sus efectos secundarios (menos Amaël, quien des de antes de meterse por el primero ya afirmó que había ingerido más que suficiente para el resto del viaje).
Sin embargo, había un miembro de la hermandad no muy dispuesto a cruzar, sus ojos se volvieron pequeñas rendijas en el momento en el que quiso examinar el terreno.
Su mente trabajaba, rápida, meticulosa, para entender mejor la situación.
Ahí había un portal.
Bien.
Pero no se veía por ningún lado la persona que había creado dicho portal.
Eso ya no estaba tan bien.
—Parad—Dijo con voz autoritaria, captando la atención de todos los presentes.
Las miradas interrogantes no tardaron en aparecer en los rostros ajenos, quienes, unos confusos y otros nerviosos, le observaban, esperando saber la razón de su mandato.
—¿Qué pasa ahora?—Preguntó un impaciente sadida acompañado de un gruñido de desesperación.
Él solo quería cruzar el portal, encontrarse con Yugi, abrazarla, regañarla y hacerle cosas indecentes detrás de un matorral.
¿Era tanto pedir?
—¿No os parece extraño?
Todos dirigieron sus miradas al portal, observando el halo celeste que parecía estar invitándoles a adentrarse en él, para después volver a clavar sus ojos en el ocra mientras (de una forma aterradoramente sincronizada) soltaban una negación:—No.
El rubio bufó, todavía formulando diferentes hipótesis en su mente que pudiesen dar respuesta a la incógnita que lo abrumaba, cerniéndose sobre su espíritu la sombra de hipotéticos y macabros futuros.
—Yugi no está aquí—Sus palabras fueron como siempre directas y certeras, justo como las flechas que disparaba—, y seguro que al otro lado de ese portal tampoco.
Tanto el sadida como la anutrof soltaron un bufido molesto, no entendiendo porque seguían escuchando la charla del rubio, algo que ellos consideraban puras habladurías, innecesarias y estorbosas.
—¿Y quién ha hecho el portal, entonces?—Inquirió Amaël, adoptando una actitud más hostil frente a su amigo, quien en ese momento solo veía como un estorbo que le impedía ir a sostener a su novia entre los brazos—¿Conoces a alguien capaz de hacerlo? ¡Oh! ¡Espera! No puedes conocer a alguien—Dijo, dramatizando la situación con gestos exagerados y bruscas muecas—¡Porque no existe otra persona que haga portales!
—Bueno… Está Qalby—Puntualizó Rachel.
—¡No cuenta, está encerrada!
—Y Chibi—Esa vez fue el turno de Evole, cuyos ojos brillaron al mencionar a su amiga.
—¡Ella aún no sabe!
—Ankarra también pudo—Añadió Tristepain, poniéndose pensativa tras meditarlo unos segundos—. Me pregunto si aún podrá.
—Ya llevamos tres—Habló Evongel—. Y son solo los que conocemos, hay demasiado a tener en cuenta como para arriesgarnos así porque así.
Amaël se cruzó de brazos, suspiró resignado y entrecerró los ojos con inconformidad, aceptando en silencio que las palabras de su amigo eran ciertas.
El viento volvió a soplar, recordándoles el calor del lugar donde estaban al tiempo que la afonía se establecía durante unos segundos en el grupo, todos considerando los peligros que podrían esperarlos (o no), al atravesar el portal. Un tiempo atrás eso no hubiera sido así, Tristepain hubiera sido la primera en arriesgarse y lanzarse de cabeza a lo desconocido, empuñando a Rubilix con valentía y soltando el más fuerte y poderoso grito yopuka que se hubiera escuchado salir de una garganta.
Pero en esos momentos era diferente, las cosas habían cambiado, antes, la única vida que ponía en peligro era la suya, solo ella sufría sus heridas, solo ella sentía el dolor de los golpes, solo ella necesitaba cuidados, solo ella debía permanecer en cama por haber sido incauta al precipitarse y realizar alguna locura.
En cambio…
En la actualidad, si ella cometía alguna metedura de pata, las repercusiones no solo llegarían a ella, también a su familia.
Sus hijos ya le habían dejado en claro que les gustaba verla luchar y ganar, observarla mientras, golpe a golpe, derrotaba al enemigo y lo hacía suplicar, pidiendo clemencia.
Pero también le habían dejado claro, que odiaban con todo su ser cuando era al revés, cuando era ella la que se volvía arrastrando hasta casa, con el cuerpo maullado y dejando a su paso un riachuelo de sangre, opaca sangre que poco a poco se secaba, marcando su morena piel con surcos del oscuro fluido, que recordaban a los siniestros tatuajes de los sacrogritos.
Era una imagen muy macabra.
Además, si ella se adentraba en un peligro, sus hijos la seguirían en su travesía, arrastrándolos a cualquier amenaza, haciéndolos vulnerables frente a males que pudieran acechar en cualquier lugar, todo porque la siguieron con la ciega convicción de que con ella estarían a salvo.
Ya había perdido un brazo, no pensaba perder también a su familia.
Y como si le estuviera leyendo el pensamiento, Rubilix dio un pequeño gruñido, donde murmuró algo que nadie llegó a escuchar, al tiempo que con su único ojo observaba el rostro pensativo de su guardiana, pocas veces la veía así, afligida y con la mirada ida.
La yopuka tampoco solía pensar mucho.
—Está bien—Dijo, en su voz un deje de resignación—. Yo me encargo.
Todos la observaron, sobre todo Evole, quien, siempre atento a todas las palabras de la fab'hurito, esperaba a que terminase de hablar.
—¿A qué te refieres?
Como no, Evongel volvía a desconfiar de la demonio.
—Tristepain—Llamó, ignorando descaradamente al ocra y haciendo que la nombrada asintiese con la cabeza, la confusión escrita en la cara—, cógeme del mango y asómame por el portal—Instruyó, o más bien, ordenó—, os avisaré si veo algo peligroso.
—¡Qué gran idea!—Exclamaron a coro los hermanos, siendo secundados alegremente por su madre y más discretamente por Amaël y Rachel, quienes asintieron, contentos con el plan de la fab'hurito, que aunque simple, sería eficaz.
Además, los yopukas siempre estarían a favor de los planes sencillos y fáciles de seguir.
Solían salir mejor.
OOO
—¿Aún no s'a despertao'?
Él aniripsa negó con la cabeza, meciendo sus oscuros mechones con el movimiento.
—Mmm… Ya veo.
El silencio de la sala, tan solo llenado por el ruido de las gotas de agua precipitándose al suelo des de las múltiples estalactitas le resultaba relajante y, ya acostumbrado a la humedad del ambiente, podía decir que hoy era un día agradable para pasearse por las grutas.
En aquella zona de los pasadizos predominaban sobre todo las piedras luminosas, por lo que las paredes del lugar donde se encontraban eran alumbradas por un fantasmagórico verde que hacía aparecer sombras de seres deformes y monstruosos en las irregulares superficies.
Aun así, el chico sabía que aquella visión era incluso relajante en comparación con otras partes de la guarida.
Decidió disfrutar de ella.
—Hablaré con Nancio despue', a sabe' lo que le ha metio' en el cuerpo a la chiquilla.
El aniripsa asintió.
—Cuando te lo diga ven a verme—Habló, sus orbes azules clavados en su interlocutor—, necesito saberlo para hacer la cura.
—¡Sin problema', macho!
Y tras darle un fuerte golpe en la espalda que lo dejó sin aire durante unos segundos, Ca-Zurro salió de la sala por una obertura en un lateral, canturreando en voz alta algo que el más joven no se molestó en descifrar.
OOO
—En tu pecho hay una flor. Flor que yo cortaré. Oooooh ¡Chiquilla zalamera! Déjame probar tu miel.
Cantando con una voz demasiado gruesa como para considerarla bonita, con un acento de analfabeto que tiraba para atrás y diciendo tales soeces palabras(por mucho que las dijera enteras), era imposible que a Ca-Zurro se le pudiera considerar, si quiera, algo cercano, parecido o conectado de la forma más remota e indirecta a un caballero.
—En las fiestas de mi pueblo~. Las chicas llevan bragas de hojalata~. Por suerte entre mis piernas~ ¡Yo tengo un abrelatas! ¡Ohé, ohé, ohé!
Y carcajeándose de sus propios canticos y de recuerdos que llenaron su mente, dejó que el sonido de su risa resonara por la gruta, por donde los minerales luminosos comenzaban a desaparecer, cambiando su fantasmagórica luz esmeralda por una naranja y cálida, aquella que emitían las antorchas colgadas en las paredes, creando un ambiente que a Ca-Zurro le resultó de lo más acogedor.
Todo era acostumbrarse.
Su risa fue decayendo, hasta que en sus secos labios se quedó una sonrisa melancólica y algo apenada, que no podía esconderse bajo su sucia mascara.
—En las fiestas de mi pueblo~. Todos se reían, del pobre niñito~. Que hablar no sabía…
OOO
Cerró su ojo, lista para cruzar el portal, sintió como poco a poco, de una forma que le pareció demasiado lenta, Tristepain la fue introduciendo y, tan solo cuando supo que estaba completamente al otro lado, levantó su parpado.
Frente a ella se desveló un pasadizo iluminado tan solo por antorchas, haciendo que apenas pudiera identificar algo más de aquella gruta, parpadeó un par de veces y en cuanto su vista se hubo adaptado a la oscuridad, fue capaz de identificar las paredes rocosas características de los pasadizos subterráneos.
Ordenó al brazo protésico que girara la muñeca para poder ver un poco más el entorno, el portal, al parecer, había sido invocado detrás de un conjunto de piedras, situadas en una especie de cruce donde se unían tres caminos.
Gruñendo por lo bajo por lo poco que podía observar mandó a su antigua extremidad que se alargara, sacándola lo suficiente fuera de su escondite como para observar algo más del lugar.
Las antorchas alumbraban lo suficiente como para distinguir el ancho de aquellos pasillos, cosa que la sorprendió, las cuevas solían ser estrechas, con un suelo irregular lleno de piedras y estalagmitas.
Sin embargo, aquella gruta no tenía nada de eso.
Del lejano techo colgaban, largas, gruesas e imponentes unas estalactitas que parecían amenazar con caer y perforar al pobre desgraciado que estuviera debajo. Pero, en el suelo, no había rastro alguno de estalagmitas, sus eternas compañeras. Las piedras que constituyan el terreno estaban lisas y aplanadas, signo inequívoco de que aquella especie de galería era muy transitada.
Y no por pocas personas.
La fab'hurito carraspeó, sospechando que aquel lugar no se había formado por simple capricho de la naturaleza.
—Oye ¿Te haz enterado?
Unos pasos se escucharon provenir de una de las aberturas que daban al pasadizo del lateral derecho más próximo a las piedras donde se resguardaba. Su ojo se movió, inquieto, por la zona, intentando ver si era capaz de observar algo de aquellos individuos que cada vez se le antojaban más cercanos.
—¿De qué?
Calculando que tardarían menos de medio minuto en llegar, Rubilix ordenó a la prótesis encogerse, volviendo a estar escondida tras la seguridad de las toscas rocas. Eso sí, maldiciendo en su mente que la luz celeste y el aura fulgurante del portal fuesen tan llamativas.
—Así no hay quien espíe—Pensó, molesta.
—Puez de la nueva prizionera, ez de lo que habla todo el mundo.
—Ssi, algo he oído, pero penssé que eran ssolo rumoress. Hasse tanto que no tenemoss una prissionera.
Las voces cada vez se fueron haciendo más audibles y claras, la demonio supo entonces que eran dos mujeres, y bastante jóvenes a decir verdad, sus agudos tonos resonaban por las rocosas superficies de las paredes y hacían que el sonido se amplificase y las palabras se alargasen a causa de un leve eco que se escuchaba en la lejanía.
—Dicen que tiene el pelo de oro y loz dientez de plata. ¡Imagínate cuanto noz pagarán para que la zoltemoz!
Si la fab'hurito tuviera un corazón en ese momento se le hubiera parado, pero como no lo tenía simplemente decidió centrar todos sus sentidos en seguir la conversación, algo en su mente le decía, que hablaban de cierta desaparecida rubia. Curiosa y simplemente por instinto, mandó a la prótesis que la apegara más a las rocas que la rodeaban, en un intento de captar mejor las voces.
—¡¿Ensserio?! Ssuena un poco impossible, ess dessir… ¡Una chica hecha de plata y oro!
—Ez que puede zer una princeza, anutrof zeguramente.
—¿Y porque pienssas esso?
—Ez que una chica azí tiene que zer de la realeza ¿No? Ademaz, por la taberna andan diciendo no ze que dé que lleva algo extraño en la cabeza ¿Qué puede zer máz que una corona?
Y allí a Rubilix no le quedó ninguna duda, de quien estaban hablando era de Yugi y la tenían prisionera en algún recóndito lugar de aquellas galerías, solo necesitaba escuchar un poco más, un poco más y podría averiguar su paradero, pero las dos jóvenes se estaban alejando, haciendo que poco a poco sus voces se apagasen.
La fab'hurito temió que se fueran.
Pero un cantico que hasta entonces había estado en segundo plano (pasando desapercibido) fue ganando fuerza he hizo que las dos chicas detuviesen su marcha, del pasadizo opuesto por el que se disponían a entrar apareció, alegre y enérgico, un joven encapuchado y vestido de forma andrajosa, cuya silueta Rubilix solo llegó a distinguir por el rabillo del ojo.
Llevada por la intriga y el suave sentimiento de desesperación que luchó por expulsar de su interior, la demonio hizo que la prótesis se alargara, al menos lo suficiente como para asomarla por encima de las rocas que conformaban su escondite, todo con el propósito de obtener una imagen de los sujetos presentes.
Observó que las chicas eran una sram y una osamodas, ambas cumpliendo las características básicas de sus respectivas clases. Las dos tenían el cabello blanco y sus vestimentas no eran diferentes de las habituales del resto de su raza, siendo blanca y azul en el caso de la sram y de diferentes tonos de café la de la osamodas.
Aunque Rubilix no se esperaba el jamajam que colgaba del brazo derecho de la chica de piel azul oscuro.
Sin embargo la raza del hombre no era identificable, cubierto por las harapientas y sucias prendas que portaba, solo dejando ver sus musculosas extremidades, recubiertas de polvo y suciedad que enmascaraban su verdadero color, la fab'hurito no podía asociarlo a ninguna clase, a parte la máscara que llevaba y le cubría todo el rostro y la cabeza tan solo empeoraba la situación.
El joven tenía agujeros para los ojos, la nariz y la boca en su capucha, pero aparte de eso su rostro era inescrutable.
Aquello no le gustó ni un pelo a Rubilix, quien comenzó a mirarlo con desconfianza.
—Hey, Ca-Zurro—Dijo a modo de saludo la sram, orientando su cuerpo al mencionado—¿De dónde vienez que eztaz tan contento?
Sin embargo, el nombrado en vez de responderle comenzó a balancear su cuerpo de forma descoordinada, con una gran sonrisa avistándose a través del agujero en su máscara.
—¿De dónde viene'? ¿A donde va'? Son preguntas que yo le hago al viento—Cantó, al tiempo que les guiñaba un ojo a las chicas frente a él y, Rubilix se quiso suicidar por admitirlo, pero la gruesa y profunda voz del hombre se le hizo atractiva—Voy donde quiero, donde no puedo, donde no me dejan estar~
Y tras esas palabras hizo una exagerada reverencia (o el intento de una) al tiempo que las jóvenes le aplaudían, risueñas.
Incluso el jamajam, hasta ese momento dormido, comenzó hacer pequeños sonidos de alegría y entusiasmo, imitando a su dueña.
—Puez zi que eztaz alegre—Habló de nuevo la sram, sonriendo detrás de la tela blanca que cubría sus labios, como era típico en los miembros de su clase—¿Hay algo que noz quieraz contar?—Preguntó, adquiriendo un tono de voz más malicioso.
El hombre asintió con la cabeza con energía.
—Es po' la nueva captura de esta mañana ¡Vaya prisionera no' hemo' llevao'!
Todas las féminas de la sala dieron un respingo, centrando su atención en el encapuchado, al parecer, ese tema era de interés para todas.
—¿Hablass de la chica de pelo dorado y dientess de plata?—Por primera vez des de que Ca-Zurro entró al lugar la osamodas se osó a decir algo. En sus ojos se reflejaba pura curiosidad.
El hombre soltó una fuerte y gutural carcajada que le creó espasmos por la fuerza que empraba en aquella acción, siendo eso un sonido ensordecedor para las más jóvenes, pero extrañamente tranquilizante y familiar para la fab'hurito.
—Diente' de plata no sé—Logró decir entre profundas respiraciones—, pero el pelo de oro no é'.
La expresión de la osamodas se entristeció, al parecer, le había hecho mucha ilusión la idea de que existiese alguien compuesto por metales preciosos.
La sram, percatándose de ello, decidió que encontraría la manera de que volver a divertirla.
—Ca-Zurro, dinoz en que mazmorra eztá.
Rubilix notó como una corriente de adrenalina la recorría. Se sintió nerviosa y expectante de escuchar la respuesta.
El hombre ladeó la cabeza, confuso, aunque asintió. No entendiendo que mal podía hacer que ellas supiesen de la localización de la prisionera. Total, se enterarían tarde o temprano por cualquier otro miembro ¿Qué más daba que fuera por él?
—Po' mira, vai' un poco má' pa'lante ¿Y sabei' donde se cayó la piedra? Ahí no, pa' l'otro la'o, en el cruce pa' la derecha y tre' má' pa'lante a la izquierda, entonces…
Y mientras hablaba gesticulaba con sus manos, en un vano intento de hacer su explicación más entendible, solo logrando confundir más a sus oyentes, quienes no sabían si hacer caso a sus palabras o mejor guiarse por los gestos para tener una imagen más visual. Además hablaba rápido y las palabras se chocaban unas con otras y las hacia imposibles de descifrar, un "id por la izquierda" se juntaba con un "tened cuidado con las piedras" y degeneraba en un "tened bien curado lo de las piedras izquierdas", que, dicho por el hombre, sonaba algo más a "tene'be curao' lo de la' piedrazquerdas".
Al final las tres féminas acabaron desconcertadas y cierta fab'hurito se hartó de soltar maldiciones en voz baja sobre cierto cazurro, paleto de pueblo con un analfabeto hablar.
—Bien…—Dijo la sram al ver que el encapuchado había acabado con su (algo patética) explicación—¿Quién dicez qué vigila eza celda?
—Pue', que yo sepa, é' la zona de Anira—Respondió después de pensarlo un momento—. Pero no os la encontrarei' allí—Añadió, creando desconcierto en las chicas frente a él—, está en su descanso.
Ni si quiera la blanca tela fue capaz de esconder la sonrisa de la de ojos celestes, los cuales, brillaron con astucia y eso, por experiencia de la osamodas, no auguraba nada bueno.
—Muy bien, graciaz—Se apresuró a decir antes de coger a la invocadora por la muñeca y arrastrarla, acción que sorprendió a todos los presentes, incluso el jamajam dejó escapar un chillido. Tanto Rubilix como Ca-Zurro siguieron a las jóvenes con la mirada, hasta que estas desaparecieron, siendo tragadas por la oscuridad del pasillo a espaldas del hombre.
Y la fab'hurito gruñó, enfadada, porque puede que ellas tuviesen la información suficiente como para encontrar la celda, pero ella no tenía ni idea de por dónde comenzar.
Así que se permitió maldecir, ya sin preocuparse de quien pudiera escucharla, a la idiota sram, a la imbécil osamodas, al cazurro Ca-Zurro y a la madre que los tubo, utilizando un vocabulario que hubiera hecho sentir orgullosa a la mismísima Dajaul.
Tan absorta estaba en ello, que no se percató hasta que fue demasiado tarde de unos orbes verdes que la observaban con sorpresa y confusión a través de los agujeros en su capucha.
Ella entrecerró su único ojo.
—Muy bien guapo, no deberías haberte asomado.
OOO
La Hermandad del Tofu contuvo la respiración cuando, atónitos, observaron como Tristepain sacaba del portal a un inconsciente encapuchado con más de un corte y signo de haberse resistido frente a su agresor. O, en este caso, agresora, que por cierto, se veía bastante complacida con el trabajo.
—¿Pero qué es esto?—La indignada voz de Evongel se hizo oír por sobre el de las demás, pues, todos parecían estar demandando una explicación.
La fab'hurito les dirigió una mirada altiva y si tuviera boca hasta les hubiera dedicado una sonrisa socarrona.
—Esto—Habló con un tono de superioridad—, es la manera de encontrar a la renacuaja.
Y en ese instante, todas las voces cesaron, todos callaron y se dedicaron a observar tanto a Rubilix como al desconocido que permanecía desmayado sobre el rocoso terreno.
—¿Por qué esto no me sorprende?—Se preguntó a si misma Rachel, preocupándose de su bienestar mental al sentir esa escena como algo corriente.
OOO
La afonía reinó en aquel desolado paraje, donde nuestros héroes permanecían estáticos, escuchando la narración de los hechos de la demonio, quien era la encargada de explicar lo sucedido, todos ellos se mantuvieron callados todo el tiempo, no atreviéndose a interrumpir por temor a perderse algún detalle de las palabras de la fab'hurito.
Y tan solo cuando terminó, los yopukas alzaron el grito al cielo.
—¡Tenemos que rescatarla!—Vociferaron al unísono, con actitud decidida y la llama de la determinación ardiendo en sus claros orbes.
—¿Pero cómo?—Preguntó la anutrof, con algo revolviéndole las entrañas al saber que Yugi permanecía presa—No sabemos dónde está y este tío no parece tener intención de despertarse—Con su pala señaló al inconsciente Ca-Zurro, que seguía en el mismo lugar que cuando lo sacaron por el portal.
—¡¿Y qué más da?!—Gritó Tristepain, sus manos convertidas en puños—¡Eso es una mazmorra!—Levantó su brazo izquierdo e indicó el portal con ferocidad—¡Las mazmorras no se exploran con mapas o guías! ¡Pienso averiguar por mi cuenta dónde está Yugi y voy a traerla!—Su pecho subió y bajó muy rápidamente, intentando recoger el aire suficiente como para poder continuar con ese tono de voz, sin conseguirlo—Aunque pierda mi otro brazo.
Y sin esperar palabra alguna de sus compañeros de hermandad, comenzó a dirigirse hacia el portal, importándole poco las llamadas de atención que le dirigían el resto, tanto si eran para detenerla como para unírsele. En su cabeza solo estaba el objetivo y la idea de saltar sobre cualquier enemigo que le obstaculizara el paso y hacerle pedir clemencia si no le desvelaban el paradero de su amiga. La parte racional de su cerebro se había apagado y ahora en él tan solo retumbaba una simple mantra.
Ve.
Ve.
Ve.
Ve.
Pero justo cuando se disponía a adentrarse en el portal, este desapareció, desvaneciéndose frente a los ojos incrédulos de todos. Su aura celeste, su fulgurante presencia… Todo ello se fue de un momento a otro. Dejándoles a nuestros héroes una extraña sensación de vacío, pues, aquel portal, era el único camino que conocían hacia Yugi.
Todos se quedaron sin habla.
Las orejas de los ocra se agacharon y en el rostro de ambos se vislumbró una expresión triste.
Evongel dejó de sostener a sus hijos, a los cuales había tenido que sujetar para que no siguieran a su madre en su camino al portal y los mil y un peligros a los que pudiera conducir. Razón por la cual, no pudo detener a Tristepain en su avance a lo desconocido.
Una vez los pies de los más pequeños tocaron el suelo sintieron como la gran energía que segundos antes los embargaba se evaporaba tan repentinamente como lo hizo portal, dejándolos estáticos en su lugar, sin saber muy bien que hacer o cómo reaccionar a la visión de su abatida madre, que se había dejado caer de rodillas.
Rachel, en su lugar, no apartó la mirada del sitio donde antes estaba el portal, en su mente formándose demasiadas preguntas sin respuesta. La culpa comenzó a carcomerle la conciencia y un recuerdo logró abrirse paso entre todas las cuestiones que reclamaban atención en su cabeza al mismo tiempo, creándole una insoportable jaqueca.
—Rachel, por favor, cuida mi único y gran tesoro.
Nunca esas palabras le habían parecido tener tanta importancia.
—Siento haberte fallado, Aliana—Murmuró, apretando el agarre que mantenía sobre su pala, hasta que sus nudillos se volvieron blancos por la fuerza.
Pero esa frustración, esa ira, esa decepción hacia sí mismos no era nada comparable con lo que en esos momentos sumía a Amaël en un estado catatónico, del cual no podía salir, sus ojos estaban vacíos y aún permanecía sentado en la misma posición des de la cual había escuchado el relato de la fab'hurito, con su mente negándose a aceptar la información, auto engañándose a sí mismo.
Porque si los demás sentían pinchazos de culpa, para Amaël eran dagas que se clavaban en su pecho y se retorcían una vez habían perforado la piel.
Pues todo aquello que les servía como garantía de que Yugi aún estaba bien, se había desvanecido con tanta facilidad que parecía más bien una burda broma de algún demonio más que algo real.
Sin ser muy consciente de sus actos se levantó, con los brazos colgando sin sustento alguno, se dirigió a paso pesado hasta el lugar donde reposaba el cuerpo del inconsciente encapuchado y, sin pena ni gloria, lo cogió del cuello de su sucia y vieja túnica y lo alzó hasta la altura de su rostro, donde ya eran visibles unos orbes furiosos capaces de hacer enmudecer hasta al más valiente.
Suerte tenía Ca-Zurro de estar desmayado, pues si no, se creería mirando directamente a los ojos de Rashat, la ex señora de los fab'hurito.
—¿Qué le pasa a tío Amaël?—Preguntó Flapén en voz baja, algo intimidada por el sadida.
—Déjale—Respondió Evongel, soltando un disimulado suspiro—, necesita desfogarse.
Evole alzó una ceja, mirando a su padre con expresión interrogativa. Los más pequeños, inocentes ellos, no eran plenamente conscientes de la gravedad de la situación y el ocra debía mantener la compostura, todo por el bien de sus hijos, para no alarmarlos.
Por mucho que por dentro quisiese gritar y demandar al cielo por otro portal.
—¿No vas a pararlo? Dices que desfigurse-
—Desfogarse.
—Lo que sea—Le dirigió una mala mirada a su hermana, quien lo había corregido—. Dices que hacerlo con otros está mal.
—Por una vez…—Sus ojos se clavaron en el príncipe, que había comenzado a agitar y a balancear al hombre inconsciente como si se tratara de una de sus muñecas—Confiemos en que sabrá controlarse.
Amaël no sabía si lo hacía por enfado o por frustración, pero allí estaba, desquitándose con aquel que había sido el culpable de que alejaran a Yugi de su lado, sus manos se morían por estrangular el escondido cuello del hombre pero… ¿Qué gracia tendría si no podía ver sus ojos asustados y su boca abierta, intentando coger aire inútilmente?
Mientras poco a poco la vida se iba escapando de su cuerpo…
Porque no le importaba admitirlo, le deseaba una muerte lenta y dolorosa.
Mientras eso pasaba, se conformaba con agitarlo, balancearlo y pensar que sus tripas se estarían revolviendo de forma violenta por las sacudidas.
Sin percatarse de un detalle, más bien varios.
Objetos comenzaron a caer de las holgadas ropas del encapuchado, chocándose contra el suelo y quedando descubiertos frente a los ojos curiosos de la Hermandad del Tofu.
Flapén y Evole, llevados por la curiosidad, se acercaron rápidamente a la pequeña acumulación que comenzaba a formarse alrededor de Ca-Zurro, que seguía siendo sostenido por Amaël, cuyos dientes escucharon rechinar cuando llegaron junto a él.
Evongel no los siguió, decidiendo que era mejor intentar sacar a Tristepain del shock en el que se hallaba.
Pasó por el lado de Rachel, quien sumida en sus pensamientos miraba al suelo con algo que pudo identificar como culpa inundándole los ojos.
Cuando se encontró de espaldas a su mujer fue consciente de que esta intercambiaba escuetos murmullos con su fab'hurito, aunque la yopuka no la miraba, su mirada firmemente clavada en la nada mientras Rubilix la intentaba hacer reaccionar con unas palabras nada amables que escondían un reconfortante significado.
Se preocupaba por ella.
El ocra se arrodilló a su lado izquierdo y le pasó un brazo por los hombros, dejando que la mujer se inclinara en su dirección y escondiera la cabeza en su cuello, soltando un suspiro que le erizó el vello de la nuca.
—Hemos salido de cosas peores—Habló, en un tono tranquilo al tiempo que le acariciaba la espalda por debajo de la capa—. Esto no es nada para nosotros.
Notó como Tristepain sonreía contra la piel de su cuello.
—Seguro que ahora Yugi está ahí dentro pateando un par de traseros—Apretó a su esposa contra su costado, intentando creerse sus propias palabras—, justo como tú le enseñaste, al más puro estilo yopuka.
Tristepain se separó de él para mirarlo a los ojos, sabiendo que la de pelo anaranjado escondía muchas inseguridades bajo esa sonrisa forzada, pero decidiendo que ese no era ni el momento ni el lugar para liberarlas. Así que se conformó con darle un cortó beso que confiaba en que fuera capaz de sellar durante un tiempo esos malos augurios que ambos tenían.
—Eso tendría que haberlo dicho yo—Dijo Tristepain cuando se separaron, una pequeña sonrisa luchando por permanecer en sus labios.
Evongel le dedicó una expresión divertida antes de volver a besarla.
—Digamos que era mi momento de ser optimista.
OOO
Sus manos se movían, veloces, por todos los objetos, intentando hallar algo que les resultase interesante.
Evole rozó un material frio que le envió un escalofrío por la espalda, sin pensarlo envolvió su mano alrededor del objeto y lo sacó de la ya considerable aglomeración de pertenencias del encapuchado, el cual, seguía siendo zarandeado violentamente por el príncipe de pelo verde.
—A este paso su cerebro ya tiene que estar hecho puré—Comentó el yopuka antes de dirigir su mirada a aquello que descansaba en su palma.
El brillo de una brújula dorada lo cegó un instante, la abrió pulsando un botón sobresaliente en el lateral, esperando hallar algo interesante, pero no encontró más que la flecha que indicaba el norte. Soltando un bufido de fastidio mientras la cerraba, la lanzó sobre su hombro, directa junto al resto de objetos que había catalogado como aburridos.
La brújula fue captada inmediatamente por Flapén, quien había ido recopilando lo que su hermano rechazaba, porque aquello que él consideraba inútil, para ella eran pequeños tesoros dignos de ser guardados.
Se tomó un momento para apreciar los grabados en la cubierta, delineando con su dedo el símbolo que no supo identificar. Ya preguntaría después que significaba aquella redonda con una división irregular en el centro.
Tuvo que apartar sus ojos de la brújula para poder coger a tiempo el otro objeto que el yopuka había decidido desechar, su pálida mano agarró el pergamino con firmeza y tras depositar cuidadosamente la brújula a su lado, junto al resto de cosas que había ido reuniendo, se permitió deshacer el nudo que mantenía enrollado el papel.
Sus ojos, primero curiosos de saber que estaba escrito en el sucio pergamino, terminaron expresando confusión cuando, al abrirlo, se percató de que en él no había palabras, sino un gran dibujo que abarcaba todo el papel.
Intentó observarlo, pero se le doblaba cada vez que lo soltaba, como si quisiera volver a estar enrollado y sujeto por la seguridad de la cuerda que antes estaba atada a su alrededor.
Cogiendo algunas piedras que estaban no muy lejos de su posición,colocó una en cada esquina del gran papel, para que permaneciera estirado y pudiera observarlo con el detenimiento que se merecía.
Sus ojos se abrieron y sus orbes de color vino demostraron sorpresa y sobrecogimiento, quedándose estática en su lugar y con las manos apretadas contra sus costillas, con temor de que al tocar el papel este se volviese polvo y fuese llevado por el viento lejos de ella.
Evole, dejando de percibir movimiento a su lado se giró, viendo como su hermana se había quedado sin aliento. Extrañado, siguió la dirección en la que miraban esos ojos temblorosos y su sorpresa no fue menor al percatarse (tras unos segundos) de lo que era ese gran trozo de papel.
—¡Mamá! ¡Papá!—Exclamó con fuerza, captando la atención no solo de los mencionados, sino también del resto, quienes se giraron en su dirección, incluso Amaël cesó su acción de zarandear al inconsciente hombre—¡Un mapa! ¡Un mapa!
Todos se sorprendieron y abrieron sus bocas, analizando las palabras del niño.
—¡Hemos encontrado un mapa!
OOO
La osamodas tragó de forma audible para intentar hacer desaparecer el nudo que se había formado en su garganta, el jamajam a su lado se frotaba contra su mejilla, en un intento de tranquilizarla, aunque él también estuviese asustado.
En aquella zona de las galerías la luz era muy escasa, el lugar era tan solo alumbrado por una solitaria seta luminosa que habían dejado atrás y su única guía era la silueta de su amiga sram, la cual, podía identificar unos pasos por delante, andando con seguridad.
Claro, después de todo, las sombras y la oscuridad eran su entorno natural.
—¿Sse-sse-sseguro qué ess por aquí?—Preguntó con voz temblorosa al tiempo que abrazaba al jamajam contra su pecho, la criatura le devolvió el gesto rodeando la cintura femenina con su larga cola.
—Puez claro—Le aseguró la sram, sin voltear a verla—conozco ezta gruta como la palma de mi mano.
La osamodas siguió caminando aún a sentir que las extremidades le fallarían en cualquier momento, no le gustaba la oscuridad y el suelo bajo sus pies desnudos estaba húmedo y resbaladizo, no quería caerse y sentirse desorientada.
La de traje blanco le dirigió una mirada por encima del hombro y suspiró con pesadez al darse cuenta de que la chica de piel azul tenía el rabo entre las piernas.
—¿No teníaz vizion nocturna de miaumiau?
La osamodas dio un respingo, no se esperaba que su amiga hablase tan de repente. Tras analizar sus palabras sintió como el ánimo le decaía aún más.
—De poco me ssirve ahora.
La sram giró la cabeza en su dirección, con una sonrisa amable que era escondida por la tela blanca.
—Inténtalo al menoz—La instó, con voz serena.
La de piel azul decidió hacerle caso y cerró sus ojos, concentrándose en activar aquel poder que poseía su clase, al levantar los parpados sus pupilas se habían vuelto a penas dos finas rendijas y sus orbes pasaron a brillar con una fantasmagórica luz verde.
Ladeó la cabeza y parpadeó un par de veces, dándose cuenta de que su visión había mejorado, era capaz de observar las figuras con más nitidez y, aunque lo único que podía distinguir eran siluetas, la ayudó a caminar con algo más de seguridad.
—Grassiass—No hubo respuesta, pero la sram sonrió, alegre—. Por ssierto ¿Para qué quieress ir con la prissionera?
—Para verla.
—¿Nada máss?
Hubo silencio durante unos segundos, en los cuales la sram se debatía en si contarle la verdad o no.
—Bueno—Habló, en su rostro una expresión maliciosa—, tengo un par de planez.
OOO
—¿Estas bien?
—Si… tan solo un poco… Agotada.
—Yo me ocuparé del resto, tú siéntate aquí y reposa.
—No deseo ser una carga.
—Nunca lo serás, pero has sobrepasado tus límites, deberías haberme dejado ayudar.
—Quería encargarme yo.
—¿Por qué?
—Para sentir que valgo que para algo.
OOO
—¿De dónde vienes? Échame el aliento.
—Calma, vengo del Horamundo, apenas he estado allí unos minutos.
—Pues me han parecido horas.
—Eso es porque me amas muchísimo.
—¿Qué ha ocurrido para que necesitasen de tu presencia?
—Ya estás otra vez cambiando de tema… No ha pasado nada, tan solo quería vigilar que lo hiciesen bien, sabes que allí el mínimo fallo puede desencadenar una catástrofe.
—Hmp, como cualquier cosa que ellos hagan ¡Es que no se pueden buscar un hobby tranquilito!
—El día en que lo hagan comenzaré a desconfiar de ellos.
—¿Y bien? ¿Ha habido alguna irregularidad?
—Nop, Xelor se ocupa de pararles el reloj cronológico y Pandawa de borrarles la memoria. Como siempre.
—No sé si emborracharles hasta el borde de un coma etílico se puede considerar "borrar la memoria".
—¿Cuándo vuelven al Mundo de los Doce se acuerdan de algo?
—No, pero-
—Pues ya está. Además, Aniripsa siempre está vigilándolos atentamente, no sufrirán ninguna daño una vez se hayan acabado las peleas.
—La confianza ciega que les tienes me desconcierta.
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Apuntes:
Se ha rebelado que el chico de cabello oscuro es un aniripsa.
El poder que utiliza la osamodas para tener visión nocturna de miaumiau es uno que creo que tiene, no es 100% seguro que exista.
No sé si lo habéis notado, pero la brújula que Flapén y Evole encuentran entre las pertenencias de Ca-Zurro es un guiño a la fiesta nacional que hoy se celebra en España: "El día de la hispanidad" o algo así…
Selatrop y la Gran Dragona hablan del Horamundo, el lugar donde se desarrolla el juego de Krosmater.
…
—Bien, hasta aquí. Un capitulo largo ¿No creéis?—Digo algo nerviosa—Por cierto, no he cometido fallos en los diálogos, es la forma que los personajes tienen de hablar.
—No son idiotas, se han dado cuenta—Me espeta Adamaï, con su habitual actitud arisca.
—¡Pero quería decirlo!
Él niega con la cabeza, dándose por vencido.
—Una cosa ¿No hace tiempo que echáis en falta un par de personajes que antes salían mucho, pero, ahora, ya no salen?
—Pues sí a—Le tapo la boca.
—Les preguntaba a ellos, no a ti, ya sé que lo sabes.
Ya que estamos aquí voy a preguntarlo ¿Alguien de aquí juega wakfu?
Bien, no sé si os habéis dado cuenta, pero he ido dejando algún que otro misterio por allí y me veo obligada a hacer recuento, esto podría considerarse spoiler por lo que, si no queréis spoilers no lo leáis.
Misterios:
¿Quién es el individuo que se coló en la posada?
¿Quién persigue a los selotropes?
¿Qué hicieron los selotropes para que alguien los persiguiera?
¿Qué planes tiene la sram para Yugi?
Y el brazo de Tristepain en sí es un misterio (o tema) que tocaré más adelante.
Curiosidades:
¿Sabéis que tenía planeado que Ca-Zurro se enamorase de Tristepain en este capítulo?
¿Sabéis que Nox también utilizo (si no me falla la memoria) portales para teleportar su reloj gigante? Pero como (repito, si no me falla la memoria) no lo vieron, nuestros héroes no le han tenido en cuenta.
