—Hola…—Balanceo mi peso de un pie a otro, nerviosa—No creo que pueda justificar mi falta con una excusa digna así que…—Salgo corriendo.
Disclaimer:
Por muy obvio que resulte volveré a hacer hincapié en la aplastante verdad de que ni los personajes ni el universo del krosmoz me pertenecen, estos son de la auditoria de la empresa francesa Ankama. Esta es una actividad no lucrativa.
Palabras: 5194
Capítulo XV: Caminante no hay camino, se hace camino al cavar
—Él me quiere—. —Te quiere matar—. —Bueno, al menos me quiere hacer algo ¡Eso ya es un avance!
Hay muchas formas de mirar las cosas, tú decides des de que punto hacerlo y como asimilarlo. Pero recuerda, el optimismo y la idiotez están separados por una línea muy fina; abstente de cruzarla, nos harás un favor a todos.
Valentina Amore
No pasó ni un segundo hasta que los más pequeños se vieron cubiertos por las sombras de los adultos, los cuales, presurosos, se habían reunido a su alrededor.
Amaël dejó caer el cuerpo de Ca-Zurro, este aterrizó de forma brusca y con las extremidades yendo en direcciones para las cuales no estaban preparadas para señalar. El príncipe no tuvo que acercarse, tan solo inclinarse e intentar descifrar aquello que habían llamado mapa.
—¿Qué dices que habéis encontrado?—Preguntó Rachel, acomodando el merkasako sobre su hombro, gesto que solía hacer al estar nerviosa.
—¡Un mapa!—Los ojos de Evole centellearon con ilusión y señaló el objeto.
Flapén asintió, confirmando que las palabras de su hermano eran ciertas.
Evongel se arrodilló entre sus hijos y observó el papel, tenía los bordes desgastados y era de un sucio marrón que indicaba que su dueño no lo trataba con mucho cariño. Algún que otro pequeño corte en los laterales amenazaba con agrandarse y romperlo por la mitad, pero a pesar de todo eso, lo dibujado en él se distinguía con claridad.
—Un mapa de las galerías—Murmuró el rubio, aunque todo el mundo fue capaz de escucharlo por la cercanía que mantenían.
En el papel se veían una red de pasillos que se entrelazaban, juntaban, separaban o desembocaban en una especie de cruces donde se comunicaban con otros pasadizos. Era un tanto difícil de descifrar.
Pero había algo que llamaba la atención por encima de todo aquello.
Unas líneas de colores que cruzaban diferentes grutas eran visibles para todos.
—¿Qué significan?—Preguntó Tristepain, sentada al lado de Evole y resiguiendo con su dedo el camino que trazaba la única línea roja.
Casi podían oírse los engranajes trabajando en la cabeza del ocra.
—Puede que se le hubiera acabado la tinta negra—Dijo Evole, pero su teoría fue rechazada con una negación de cabeza por parte de todos.
—Es para recordar los caminos—Habló Rachel con seguridad, captando la mirada de los presentes, que la observaron, instándola a hablar con sus miradas—. Los anutrofs más jóvenes suelen marcar con colores los caminos más importantes de sus minas—Explicó, de tal forma que todos la entendieron—, es lo más fácil para ubicarse cuando se es primerizo.
—Entonces estos trazados tienes un significado—Evongel le dio un vistazo general al mapa, no sabiendo muy bien que estaba buscando. Pero entonces la respuesta le llegó tan bruscamente que a punto estuvo de caer de espaldas—. Uno de ellos tiene que llevarnos con Yugi.
Amaël sintió como el corazón le golpeaba la caja torácica con violencia.
—¿Cómo estás tan seguro?—Preguntó Rubilix, quien Evole había quitado del cinturón de su madre cuando esta se distrajo.
—Tú misma nos lo contaste antes—El ocra no apartó la mirada del mapa, escrutándolo más meticulosamente—, la osamodas dijo que hacía tiempo que no tenían prisioneros y el encapuchado reveló que capturar a Yugi había sido un gran logro. Seguro que ha marcado el camino para llegar a ella.
Un silencio se estableció en el grupo, donde Amaël juró que podía escucharse el latido de su asustado corazón intentando salir del pecho para saltar al mapa e intentar adivinar donde encarcelaron a la rubia que lo estaba poniendo al borde de un ataque cardiaco.
Pero debía calmarse, estar nervioso no sacaría a Yugi de su prisión.
—La cosa es…—Entrecerró sus ojos esmeraldas y con su dedo índice resiguió una línea verde, cuyo color ya opaco y desgastado indicaba que había sido una de las primeras en colocarse en el mapa—¿Cuál nos llevará hasta ella?
—Este.
Todas las cabezas se orientaron hasta la pequeña ocra, cuya mirada decidida no se separaba del mapa, donde estaba firmemente señalando la única línea azul.
—¿Cómo lo sabes?—Preguntó Evole, prácticamente saltando para dirigirse al lado de su hermana.
—Miradlo—Indicó, todos lo hicieron, era claro y de trazado muy recto, su color no había sido mancillado por el paso del tiempo—, se distingue muy bien, además—Pasó sus pálidos dedos por encima de la zona pintada hasta acariciar el papel, después se puso la mano a la altura de la cara y frotó el índice y el pulgar—la tinta aún está húmeda.
Tras sus palabras les mostró su extremidad, las yemas de los dedos habían sido manchadas y eran del mismo azul que la línea del mapa.
—Entonces no cabe duda—Evongel sonrió y le acarició con cariño la cabeza a su hija, felicitándola por la inteligente deducción, la pequeña aceptó gustosa la "recompensa" e imitó la expresión de su padre.
—Aún hay un problema—Rachel resopló y se puso recta, reafirmando el agarre sobre su pala—. Sabemos qué camino seguir ¿Pero de que nos sirve si no hay manera de llegar al camino?
—Creo que eso ya no es un problema.
La gutural voz de Rubilix interrumpió cualquier pensamiento que se pudiera estar formando en las mentes de los demás, quienes instintivamente giraron sus cabezas allí donde estaba la fab'hurito, que sostenida todavía por Evole, miraba un punto fijo en la lejanía al igual que el yopuka.
—Venid todos—Llamó el de pelo anaranjado con aparente estupefacción—, tenéis que ver esto.
OOO
—Bien, ya esstamoss aquí—Sus palabras resonaron por la estancia y su tono tembloroso se hizo evidente, pese a que aquella gruta estaba mejor iluminada en la parte central, los laterales, allí donde se ubicaban las celdas, estaban cubiertos por la penumbra y tenebrosas sombras, donde de vez en cuando un débil destello de los minerales en las paredes daba la impresión de que alguien la observaba, y no con muy buenos ojos—¿Ahora qué?
La sram no le respondió, si no que comenzó a inspeccionar las celdas más cercanas. La osamodas intercambió una mirada de nerviosismo con su jamajam para después coger aire y soltarlo lentamente, intentando relajarse.
La de piel pálida se detuvo delante de un cubículo en particular y se acercó, echando un vistazo más meticuloso al interior de este.
—La he encontrado—Anunció, indicándole después a la osamodas con un gesto de su mano que la imitase.
La de pelo cortó acató la muda orden y se aproximó, apretando a la criatura azul contra su pecho cuando fue capaz de distinguir una silueta en el centro de la celda a la que tanto ella como su amiga estaban mirando.
—Ya la hemoss vissto ¿Noss podemoss ir?
—¿Y perder ezta oportunidad única? Ni en broma.
La osamodas la miró de forma alterada, intentando desviar su atención de la prisionera, pues la ponía nerviosa la respiración tan irregular que tenía.
—No tengo ni idea de lo que esstass hablando—Bajó su mirada, conectándola con la de su jamajam, quien la observaba con preocupación—, ni quiero ssaberlo—Añadió con un hilo de voz que para la sram no fue nada más que un extraño suspiro.
—Digo que puede que no tenga el pelo de oro—Su expresión se volvió picara y sus ojos adquirieron un brillo malicioso, observando aún a la chica inconsciente y sin darse cuenta del estado perturbado de su acompañante—, pero zuz dientez, zean de plata o no, zeguro que valen algo.
La osamodas abrió sus ojos de forma desmesurada y se llevó una mano a la boca para ahogar un grito, la criatura azul que descansaba en sus brazos se alteró también y comenzó a recorrer la estancia dando algún que otro chillido, una reacción que a la sram le pareció sobreactuada, pero no dijo nada al respecto.
—¿Quie-ress des-ssir qué-
—¡Oh, vamoz!—Exclamó, indicando a su amiga con un gesto que estaba exagerando—Nadie ze dará cuenta zi le falta algún que otro diente.
OOO
Todos, de nuevo, miraron al portal, con respiraciones acompasadas compartieron una mirada, haciéndose la muda pregunta de cuál sería su siguiente movimiento.
Después de descifrar el mapa, Evole les indicó su hallazgo, un portal que se abría y cerraba en las lejanías, como luchando por permanecer abierto frente a una fuerza que lo obligaba a cerrarse.
No dudaron en acercarse, pero al hacerlo, la imagen del anterior portal vino a sus mentes, recordándoles que la única forma de conectar con Yugi podía desaparecer en cualquier momento.
Debían ser más cuidadosos.
Tristepain se apretó fuertemente las manos en puños al tiempo que torpemente se balanceaba sin moverse de su lugar, odiaba la sensación de impotencia que la embargaba, no poder hacer nada por temor a cometer alguna imprudencia.
En su mente se preguntó, si no era mejor antes, cuando no le importaban absolutamente nada las consecuencias de sus actos.
Todo era más sencillo.
Rachel rebuscó en su merkasako y al sacar su mano fueron visibles para todos los pequeños potes de vidrio que contenían la medicina para contrarrestar los efectos de los portales. Extendió el brazo, tendiéndoles los frascos.
No hizo falta nada más.
OOO
Un sonido chirriante y agudo la despertó, dejándola consciente, pero desconcertada y confundida, con la mente demasiado nublada como para concebir pensamiento coherente alguno.
A sus oídos llegó el sonido de unos pasos, que se le antojaban lejanos, pero sabía que aquella persona estaba cerca.
Sentía su presencia.
De repente el dolor sacudió sus entumecidos músculos, de su garganta quiso escapar un grito pero tan solo llegó a ser un apagado quejido.
Sus ojos, apenas siendo dos finas rendijas no distinguían nada más que un borrón blanco y azul distorsionado y deforme que apenas se veía capaz de catalogar como figura humana, pero allí estaba, fusionado con las sombras.
Quiso levantarse, chillar, correr, volar.
Pero sus músculos no respondieron, al hacer si quiera el intento sintió como miles de dagas se clavaban en sus extremidades, le oprimían el corazón y los pulmones, dejándola sin aliento durante unos momentos donde entró en pánico.
Sus parpados cayeron, sumida de nuevo al borde de la inconsciencia, su cuerpo le pedía que se rindiese, su nublada mente le rogaba algo de descanso y su voluntad, férrea e incansable, era la única que luchaba por mantenerla aún fuera del mundo de las sombras.
Sintió como algo la agarraba por los hombros, su tacto gélido no hizo más que empeorar su estado, de repente notó como la parte superior de su cuerpo dejó de estar conectada con el suelo, quedando sujeto nada más que por aquella extremidad que rodeaba su espalda.
Quiso rehusar el contacto, pero su cuerpo, colgando como muñeco de trapo, sin vida, no respondió a sus mandatos.
Todo se volvía confuso.
Le colocaron una mano en el mentón, otra en el labio superior.
Le abrieron la boca.
Y algo frio se deslizó dentro.
OOO
El silencio de la oscura ruta fue roto un zumbido, seguido por unas pisadas.
La Hermandad del Tofu se encontraba dentro de las galerías, guardando silencio e inspeccionado el terreno.
—Este no es el mismo lugar de antes—Habló Rubilix, percatándose de la falta de la acumulación de piedras donde se escondió la primera vez.
Estaban en una intersección de cinco caminos, donde estos salían en distintas direcciones cada uno, la estancia era circular y estaba bastante iluminada por múltiples antorchas colgadas a cado lado de las distintas oberturas.
—Oh, no…—Murmuró Evongel, un deje de pánico notándose en su voz.
Sus ojos se dirigieron al mapa que aún sostenía, notando como los nervios comenzaban a hacer que sudor bajase por su frente al darse cuenta de aquel detalle, que, quien sabe si por el desconcierto de haber visto el portal o la esperanza arraigando sin permiso en su ser, había pasado por alto.
—¿Cómo vamos a orientarnos?—Preguntó, de forma seria—Estamos en el centro, no hay forma de saber que túnel elegir.
—No, papá—Flapén captó la atención del grupo, estaba en frente de una de las entradas a aquel intrincado laberinto, mirando muy fijamente al dorado objeto que descansaba en su palma—. Hay una forma.
—¿Cual?
La rubia les mostró a todos la brújula.
—Seguir el norte.
OOO
Le acomodó la cabeza sobre su pecho, para que tuviera mayor comodidad, no deseando que al despertar sufriera más dolores que los que ya tenía asegurados.
Yugi era bastante liviana y el llevarla en brazos no suponía ninguna molestia, menos para alguien que contaba con su musculatura.
La cargaba como si se tratase de un recién nacido, la chica encajaba perfectamente en el hueco entre sus extremidades y su torso.
OOO
—¿Estas segura de qué es por aquí?
—¡Si!
Todos corrían por lo pasadizos, dejando a Flapén y a Evole en la delantera, ella con la brújula y él con el mapa, siendo los encargados de guiar al grupo, dejando la labor de protección a los adultos, también sobre los que recaía la responsabilidad de detectar cualquier indicio de que alguien se acercase.
Se aproximaban a una bifurcación.
—¿Por dónde?
Evole miró el mapa, no estando muy seguro de su posición.
La rubia bufó hastiada al ver esto y le arrebató el papel, ignorando la queja que inmediatamente después le dirigió el de ojos claros.
—¡La derecha!—Exclamó, comenzando a correr más rápido al ver por el rabillo del ojo como el yopuka se le abalanzaba, con intenciones de recuperar lo que le fue quitado.
OOO
Caminaba con calma y cuidado de no hacer movimientos bruscos, su vista fija al frente y el cuerpo totalmente recto, no queriendo encorvarlo por la posibilidad de incomodar a la rubia.
Se dirigía de forma silenciosa a su destino, no queriendo alertar a nadie de su presencia, ni si quería imaginarse la posibilidad de que alguien descubriese que pensaba liberar a la prisionera.
Aunque claro, tan solo era cuestión de tiempo, pues, en cuanto Anira volviera de su descanso y retomase su función como protectora de las celdas, de seguro se daría la voz de alarma por todas las galerías y la labor de búsqueda no tardaría en llevarse a cabo.
OOO
—¡Devuélveme el mapa!
Flapén esquivó con un ágil salto el cuerpo de su hermano, quien, con la intención de derribarla, había hecho el intento de propinarle un placaje, fallando y tropezando, teniendo que agarrarse a la pared de la gruta para no caer al suelo.
Los adultos les seguían, algo más atrás, deseando decirles que dejasen sus infantiles riñas y se comportasen de acuerdo a la seria situación, pero temiendo ser escuchados al alzar la voz.
Evole le dirigió una mirada de desdén a su hermana, quien al no detenerse había conseguido poner unos cuantos kametros de separación, cosa que al yopuka no le gustó nada y, dispuesto a atrapar a la rubia (ya teniendo olvidado su anterior objetivo) se lanzó en la persecución de la escurridiza ocra.
La de ojos vino centró su oído en averiguar la distancia a la que se encontraba el chico, sorprendiéndose de lo rápido que avanzaba.
Se dio la vuelta para encararlo y así poder visualizar con mayor precisión cual sería el siguiente movimiento de su hermano, no esperando que al fin quedar cara a cara, este se le lanzase encima.
Tal fuerza fue aplicada en aquel acto que sin poder evitarlo ambos cuerpos acabaron rodando por el suelo, desplazando algunas piedras y alzando una nube de polvo y tierra que les entró en los ojos y les hizo imposible el simple hecho de abrirlos.
Ambos niños tosieron y con movimientos torpes intentaron orientarse, algo difícil en su estado de ceguera. Flapén hizo el ademán de incorporarse, no pudiendo por el peso en la espalda que la obligaba a seguir contra la algo húmeda superficie. Pronto notó una mano en su mejilla y después una fuerte opresión, seguido de unos gruñidos y un golpe en su pierna, la cual, dedujo, se encontraba enredada con el cuerpo del yopuka.
Las quejas no tardaron en hacer acto de presencia, Evole le exigía a la rubia que lo soltase, haciendo bruscos movimientos que, al contrario de lo que quería, no hacían más que dejarlos cada vez más en una posición más incómoda y dolorosa. Mientras, la de ojos vino le replicaba que, si quería quedar libre, primero debía salírsele de encima.
El sonido de unos pasos acercándose, los detuvo, ambos con las esperanzas de que sus padres pudieran ayudarlos a separarse, tarea que, cada vez, se les antojaba más difícil.
Un grito ahogado llegó hasta sus oídos.
—¡Intrusos!
Poco más de un segundo tardaron en darse cuenta de que, aquellas pisadas, no pertenecían a miembros de la Hermandad del Tofu.
OOO
El eco lejano de la alarma resonó por sus orejas, haciendo que se girara inconscientemente en dirección al ruido.
Habían tardado menos de lo que se esperaba.
Volvió su vista a la chica entre sus brazos antes de alzar la mirada al frente y acelerar su marcha, pese a que hubiesen descubierto su presencia, debía seguir en el mismo estado de calma, poco faltaba para su destino y con total seguridad podía decir que no lograrían hallar su paradero.
OOO
Corrían, corrían como llevaban tiempo sin hacer, era una carrera desesperada y descontrolada por despistar al enemigo.
Las pisadas de sus adversarios se escuchaban más cerca de lo que les gustaría o, al menos, lo harían si no fuese por los gritos de protesta que salían de sus gargantas sin consideración alguna por los agudos oídos de los ocras, los cuales, se los cubrirían si pudieran.
Los regaños y protestas iban y venían, perdiéndose todos en la inmensidad de los túneles y su eco, siendo poco importantes en aquel momento, pero eso no impedía que Rachel y Amaël (sobre todo este último) los siguiesen soltando como si su vida dependiera de ello. Las instrucciones que Flapén (puesta en los hombros de su padre) daba, aun guiándose con el mapa y su brújula, eran poco escuchadas, aunque obedecidas.
—¡Izquierda!
Todos siguieron la orden de la menor, eligiendo el indicado túnel en vez de alguno de los otros dos que se les presentaban como opciones.
Pero se detuvieron abruptamente al observar cómo, a lo lejos en la gruta, medio escondidos por la penumbra, más enemigos se acercaban, sus pasos y gritos haciendo retumbar el pasadizo, ocasionando el desprendimiento de alguna pequeña roca.
—¿¡Y ahora qué hacemos!?—Gritó Amaël, más frustrado que enfadado con la situación.
Tristepain como respuesta comenzó a desenvainar a Rubilix, siendo detenida por la mano de Evongel, a quien después miró confusa. El rubio negó con la cabeza y le indicó el techo alzando la barbilla.
—No creo que esto aguante una batalla.
Ciertamente el balanceo de las estalagmitas era algo intimidante, parecía que en cualquier momento se unirían al enfrentamiento cayendo y perforando sin piedad el cráneo de quien se hallase debajo, sin discriminar entre enemigos y aliados.
Rachel notó como una vena comenzaba a latir con más intensidad de la necesaria en su frente, sintiéndose acorralada y avergonzada por estarlo dentro de unos pasillos subterráneos. Se suponía que ese era su territorio, su especialidad. Ella era Rachel, una anutrof, la reina de las cavernas. Y sin embargo estaba allí, a escasos segundos de sufrir la emboscada de aquellos enemigos que ni si quiera podían memorizar los caminos de su propia guarida, sin ayuda de un mapa, era realmente humillante.
—¡Flapén!—Llamó, comenzando a rebuscar en su merkasako con la mano que tenía libre—¿¡Que hay al otro lado de esta pared!?
La ocra, presurosa, comenzó a revisar en el mapa que sostenía.
—Un pasillo que… ¡Esta justo al lado de las celdas!—Exclamó, sin llegar a creérselo del todo, pero al instante su rostro decayó, dándose cuenta de la hiriente realidad—Pero tendríamos que-
Nadie, ni la Hermandad del Tofu ni sus contrincantes se imaginaron los siguientes movimientos de la anciana que, con una fuerza y energía anormales en ella, sacó a Peque de la bolsa, agarrándola por la piel de la nuca antes de lanzarla contra el muro de piedra antes señalado, el cual rápidamente comenzó a reducirse a escombros en cuanto las filosas, gruesas y duras garras de la perforatroz empezaron a escarbar, haciendo que una nube de polvo y tierra se alzase y llenase por completo el pasillo, envolviendo las siluetas del grupo y haciéndolos invisibles para los que, segundos antes, pretendían lanzarse sobre ellos.
—¡¿A qué estáis esperando, una alfombra roja?!—Habló con fastidio y urgencia, al ver que era la única que avanzaba por el recién creado túnel.
Su nueva (por no decir única) vía de escape.
Evongel y Tristepain se buscaron entre la suciedad que flotaba en el aire, cruzando miradas y asintiendo, con leves sonrisas al ver que se habían comprendido a la perfección, de nuevo, sin palabras.
La yopuka bajó a Evole de sus hombros y antes de que este pudiera preguntar nada, lo lanzó hacia el rubio, quien lo atrapó contra su pecho para después empezar a correr detrás de Amaël, escuchando las voces de sus hijos que, alterados, exigían saber que estaba pasando.
La de intensa cabellera naranja dobló sus rodillas e irguió su espalda, inclinándose levemente hacia delante, una sonrisa combativa en los labios, sintiendo ya la energía de su fab'hurito cuando su palma entró en contacto con el mango.
Saltó, con la potencia y energía necesaria para alcanzar el techo de la gruta, dispersando a su vez la nube de polvo que la había mantenido escondida, no preocupándole quedarse sin escudo de las miradas de sus enemigos, no lo necesitaba.
Desenvainó a Rubilix, ya en su forma más filosa.
Aún ascendiendo movió a la espada demoniaca con fuerza, cortando el aire con ese movimiento.
Y también las estalactitas.
Cayó, al igual que lo hicieron los picos de roca que había llegado a cortar (que no eran pocos), echando a correr al segundo de aterrizar, tropezando cuando sintió un tirón en su capa, pero decidida a no perder más tiempo, volvió a correr notando como la tela se rasgaba y volvía a dejarle la libertad de marchar hacia su escapatoria, dejando atrás lo que se había convertido en un conjunto de gritos agónicos y airadas maldiciones entrelazadas con el estruendo del techo desmoronándose.
—Eso estuvo bastante bien—Comentó con simpleza Rubilix, observando como la entrada a aquella improvisada vía de escape era bloqueada, asegurando que no serían perseguidas, al menos, no por ese camino.
OOO
Llegaron al otro lado, entre respiraciones forzosas y movimientos fatigados.
Tristepain bufó al llegar, una sonrisa alegre y victoriosa alumbrando sus facciones.
—¿Cuánto tiempo hacía que no corríamos por nuestras vidas?—Preguntó, estirando los músculos de sus piernas, sintiéndose revitalizada y mucho más relajada después de semejante descarga de adrenalina—Ya me había olvidado de cómo se sentía.
—A mí no me importaría no haberlo recordado—Farfulló por lo bajo el sadida, con la boca demasiado ocupado en la captación de aire como para emitir mayores quejas.
—Eso es verdad—Reconoció el rubio, quien había terminado de comprobar el estado de sus hijos; estaban sin un rasguño (la garganta un poco seca por parte de Evole y los ojos de Flapén un tanto irritados, pero no es como si fueran a ser un problema) —, nos hemos ido aburguesando con el tiempo.
Esta es la vida de héroe.
Se giró hacia su esposa, quien parecía comentar la jugada con la fab'hurito, viéndola jovial y entusiasta como hacía tiempo que no la presenciaba.
Y apenas acabamos de empezar.
La de cabello canoso dejó de acariciar el lomo de Peque y la mandó de vuelta al merkasako, con la futura promesa de un gran bol de comida a modo de agradecimiento por su excelente trabajo.
—Al parecer iban contra nosotros con todo lo que tenían—Evongel habló, el habitual tono analítico presente en sus palabras—, seguramente habremos conseguido noquear a la mayoría, pero el resto estarán viniendo ya hacia aquí. Debemos darnos prisa.
El pasillo donde estaban tenía una anchura considerable, con antorchas colgadas de las paredes para alumbrar la zona, pero tan solo les daba dos opciones, avanzar o retroceder.
—Tenemos que seguir adelante—Guió la rubia, mapa en mano.
—¿Cuánto queda?
—Doblar dos esquinas y continuar recto hasta las celdas.
OOO
Frunció el rostro en una mueca desconcierto, haciendo el vano intento de abrir los ojos. Mandó órdenes a sus músculos de moverse, uno por uno.
Sus parpados: sin reacción, demasiado pesados.
Sus brazos: sin respuesta, ni si quiera podía sentirlos, como si nos los tuviese, al igual que sus piernas.
Una sensación de alarma le recorrió el cuerpo al percatarse de ello, el fantasma de una probabilidad que le hizo emitir un ahogado y débil quejido.
¿Y si ya no los tenía?
La idea de sus miembros amputados emergió de su cerebro con tal fuerza que logró dejar de lado el aturdimiento, pudiendo sentir su entorno con más claridad, porque en el fondo le halló el sentido a su falta de dolor muscular o molestia.
Aguantó la respiración cuando se dio cuenta de que esta se había comenzado a alterar, decidiendo que para calmarse, debía regularla. Comenzó con suspiros suaves hasta que ya notó como esta era acompasada y rítmica, al igual que los latidos que, dedujo, provenían de su propio corazón.
Ya más calmada volvió a intentar moverse, logrando esta vez un simple y débil aleteo de alas.
Se consoló a si misma diciéndose, que al menos el gorro continuaba sobre su cabeza, pues había sentido la fricción del wakfu contra la tela.
OOO
Observó el movimiento de las orejas del sombrero azul con ojos tranquilos y expresión serena, alegrándose de ver reacción en el cuerpo más pequeño.
Con cuidado la dejó recostada en una roca, procurando que estuviese en una postura cómoda. Una vez terminó de colocarla se quedó observándola, de rodillas para poder estar lo más cerca posible sin llegar a invadir su espacio personal.
Y la vio igual que la recordaba: pequeña, bajita, delgada, morena.
Frágil.
Con su alborotado cabello rubio cobrizo saliendo de debajo del sombrero, sin orden alguno. Sus mejillas igual de redondas y los labios tan finos como la última vez que estos le besaron la frente.
Suspiró y colocó una mano sobre la cubierta cabeza ajena.
Cerró los ojos y se concentró, notando al wakfu dándole calambrazos en el brazo que tenía extendido a medida que lo recorría, sintiendo como poco a poco lograba concentrarlo en la palma, todo para transferirlo al cuerpo sumergido en la seminconsciencia.
Era doloroso, aunque era lógico que lo fuera, después de todo estaba pasando su energía vital a otro ser vivo que la chupaba como si le estuviesen ofreciendo la más afrodisiaca de las leches de bambú.
Cuando consideró que era suficiente para restablecer más de la mitad de la salud de la selatrop se dio cuenta de algo.
No podía parar.
Por mucho que se esforzara por detener el corriente de wakfu le era imposible cesar el drenaje.
Con confusión y preocupación por la rápida perdida de energía actuó por instinto.
Se colocó la mano izquierda sobre la muñeca derecha, aprisionándola y sintiendo como el flujo de sangre se iba ralentizando en aquella zona. Una vez notó la mano dormida no dudó al hacer estallar una pequeña porción de éxtasis que se ocupó de cesar la salida descontrolada de wakfu.
Suspiró con alivio cuando pudo al fin doblar el brazo, notando como el wakfu volvía (con lentitud) a restablecer su normal ritmo.
El tintineo del cristal de éxtasis chocando contra el suelo hizo que volviese a la realidad. En verdad no se había esperado algo como eso.
Recogió el mineral y se lo guardó en un bolsillo, revisando después la zona de forma meticulosa, no quería dejar rastro alguno de su presencia. Al corroborar que ni las paredes de roca ni el suelo terroso albergaban vestigio de que hubiese estado allí, se permitió lanzarle una última mirada a la chica, cuya expresión se mostraba más calmada que anteriormente.
Dudó un segundo y aun estando completamente consciente de que se reprendería más tarde aquel acto imprudente, la tentación fue mayor.
Cogió una de las plumas guardadas entre sus prendas y, susurrándole las palabras adecuadas, se aseguró de que el mensaje a transmitir sería el deseado, cuando, una vez aparecieron las runas, las leyó para asegurarse.
Deslizó el ligero y azulado objeto debajo del sombrero, enredándolo entre las hebras rubias.
Después de eso se fue por un pasadizo, no volviéndose a dar la vuelta.
OOO
—Ahora a la izquierda.
Todos acataron la orden dada por la de pecas. Parándose en seco cuando se encontraron con la sorpresiva e inesperada imagen.
Pues Yugi estaba frente a ellos, con la espalda recostada en una roca, los ojos cerrados y la boca entreabierta, viéndose sumergida en un sueño tan apacible que parecía mentira que hace unos segundos la considerasen secuestrada.
Pero estaba bien, sin un solo corte visible ni sangre manchando su piel, con todos las partes de su cuerpo en sus respectivos lugares.
No hicieron falta palabras, todos corrieron hacia ella, llamando su nombre como si esperasen que esta se despertara sobresaltada y les preguntase el motivo de tanto alboroto.
Nada de eso pasó, pero ellos se complacieron con recogerla del suelo y comprobar, que su corazón seguía latiendo dentro del pecho.
OOO
Amaël la abrazó contra él, sus brazos rodeando el cuerpo más pequeño de forma protectora y enterrando la cabeza en el hueco del cuello, aspirando el olor a húmedo y tierra que había logrado enmascarar el aroma propio de Yugi.
Apretó más el agarre, sabiendo que no estaría contento hasta poder sentir contra su piel el cuerpo ajeno todo lo posible.
Le colocó una mano detrás de la cabeza para sujetársela y hacer que se apoyase en su hombro, queriendo acomodar a la selatrop lo máximo posible, nunca habiendo deseado tanto como en ese momento resultar alguien confortable sobre el cual descansar.
Sentía el aliento de Yugi acariciar su clavícula, no pudiendo parecerle más reconfortante, pues significaba que estaba viva, que estaba bien.
Que estaba con él.
Y Amaël abrazó la estrecha cintura con posesión mientras con el brazo libre recogía el resto del pequeño cuerpo, observándola y pensando en muchas cosas, al verla allí, durmiendo en su pecho mientras era acunada cual infante.
Pensó en muchas cosas.
Realmente, en muchas cosas.
OOO
—Me tiemblan las rodillas.
—A mí también.
—Pero puedo hacerlo.
—Yo también.
—Vamos, si es por ti, puedo aguantar.
—No lo hagas por mí, hazlo por la Reina-Diosa, ella es la única por la que deberías vivir.
—… Es la única por la que vivo.
OOO
—Aw~ que tiernos.
—¿Quiénes?
—¡Todos! Son tan adorables, preocupándose tanto por Yugi. Nuestra hija ha hecho grandes amigos.
—No sé si considerar a los selotropes como amigos, son más bien adoradores.
—Bueno, todo culto los tiene y ahora Yugi es la deidad de toda una raza que, quieras o no, es mucho más que un culto.
—Me pregunto cómo acabará todo esto.
—Oh, vamos, si apenas acaba de empezar.
OOO
—Echaba de menos esto—Paso los brazos por detrás de la cabeza, apoyándome en el respaldo de la silla.
—¿Se puede saber que acabas de escribir?—Pregunta Adamaï, indignado.
—A ti podía seguir sin verte.
Vuelvo a estar aquí, sin ni una sola idea de cuándo saldrá el próximo capítulo.
Si hay algo que queráis ver ponedlo en los comentarios, me encantaría agregar vuestras ideas.
