Holaaa, personas. Yo sé que se suponía que esto era un oneshot, pero dado que la canción viene de un musical, pensé que podía darle otras dos parte a esta historia, así que, aparte de este capítulo, habrá otro.

Esta segunda canción de Hamilton se llama "Say No To This" (tal como el capítulo).

Espero lo disfruten mucho, esta vez las cosas son narradas por Marceline y esto sucede tiempo después de su boda con Gumball.

Nos leemos pronto con el tercer y último capítulo.


Llevaba días sin dormir, trabajando a todas horas en una nueva estrategia para que el gobierno apruebe mi plan, lo consideraba un trabajo normal para alguien en mi puesto, casi una obligación el contribuir una mejora al país. No voy a negar que estoy cansada, los ojos me pesan, a pesar de que tomó siestas cada vez que ya me siento desfallecer.

Mi esposo se había ido de viaje junto a su hermana, dijeron algo sobre pasar las vacaciones en casa de su padre, pero yo no puedo tomarme un descanso ahora, estamos en un punto crucial de la historia. Aunque la casa sola se siente más grande haciéndome pensar en Bonnibel, vino hace unos días antes de partir con Gumball, le escribo cartas siempre que puedo, pero nunca es suficiente, es la única persona capaz de entender qué tan alto quiero llegar y lo que para mí eso representa.

Extraño a mi esposo y ese constante ir y venir siempre que está en casa, paseando por las habitaciones y tratando de hacer que pare de trabajar un momento y disfrute la vida, sin embargo, eso es algo que todavía no puedo hacer. Escribo como si el mundo se fuera a acabar porque quizá el tiempo vaya más rápido que yo, no puedo saberlo y necesito tener mi trabajo terminado. Darle un mejor legado a mi país es lo que verdaderamente me importa.

Desde que era joven soñé con ser parte de algo grande, un cambio en el que pudiera participar, primero fue la guerra y ahora tengo el honor de ayudar a estabilizar la nación. Ir a pasear a un lago no entra dentro de mis prioridades. No importa que estuviéramos en pleno verano y fuera la mejor época del año para visitarlo. Pero no podía negar que en la ciudad se sentía con mucha fuerza el calor.

Cabeceé y volví a enderezarme en mi silla sin soltar la pluma en ningún momento, ya el tintero estaba bajo y seguramente tendría que cambiarlo en cualquier momento. Si Gumball estuviera aquí él lo haría por mí, eso me evitaría perder tiempo en cosas tan triviales, quizá ese mismo pensamiento es el que me ha impedido dormir.

Estaba tan ensimismada que por poco ignoro los leves golpes en la puerta, definitivamente necesitaba con urgencia un descanso. Me enderecé en mi asiento prestando mayor atención, como seguían insistiendo me levanté a abrir masajeando mi cuello por el camino, me topé con los ojos más azules que hubiera visto en mi vida. Se trataba de una mujer rubia con un largo vestido color rojo. Mi color favorito.

Estaba muy ocupada, pero aun así decidí atenderla. La dejé pasar viéndola un poco contrariada, aunque su andar era seguro y resuelto. Una mujer muy atractiva cabe declarar.

—Yo sé que es una mujer honorable —dijo—. Y lamento molestarla a estas horas de la noche en su propia casa, pero no tengo a donde ir y vine sola hasta aquí.

Para ese entonces yo ya había decidido que la ayudaría sin importar lo que me costara, pero ella continuó con su historia.

—Mi esposo me está haciendo daño, me golpea, me engaña, me maltrata y de repente me abandona, no tengo los medios para seguir adelante.

Inmediatamente saqué mi billetera de uno de los cajones de mi escritorio y le entregué una cantidad de dinero suficiente como para subsistir por un tiempo, su situación me había conmovido y no quería dejarla sola.

—Aquí tienes, acéptalo por favor.

—Muchas gracias.

—La acompañaré a casa, podría ser peligroso salir sola.

—Es usted muy amable, señora.

Salimos de mi hogar no sin antes cerrar la puerta con llave, después de todo, lo que tengo yo ahí dentro vale más que mi propia vida.

No fuimos muy lejos, pero si habíamos avanzado una cuadra de distancia conversando de cosas triviales por el camino cuando por fin llegamos a una casa no muy grande y me indicó que era el lugar donde vivía. Nos detuvimos en la puerta y ella abrió la cerradura.

—Esta es mía, señora —comentó mostrándome el interior.

Yo asentí y le dediqué una sonrisa.

—Debería volver a casa.

Ella se sonrojó y me tomó de la mano, podría decir que me resistí y que quise dar media vuelta, pero no sería verdad, intuía por donde iba todo y no me quejé al llevarme por los pasillos hasta su habitación. Me arrojó a la cama y quedé apoyada en mis antebrazos viendo cómo se montaba encima de mí con las piernas a ambos lados de mi cuerpo, el vestido se había alzado y me daba una vista perfecta de sus piernas blancas como la leche.

—Quédate —dijo, casi rogó.

—Eh…

Fue entonces cuando comencé a rezar: señor, muéstrame cómo decir que no, yo nunca me he negado a nada y no sé cómo hacerlo. Pero se ve tan indefensa, a pesar de estar ella arriba su expresión es la de alguien que quiere ser tomada y su cuerpo me está diciendo "oh sí", me incita a que lo haga y yo no sé cómo decir que no. Por favor, señor muéstrame cómo hacerlo antes de que cometa una locura entre estas piernas.

Juro que en mi mente intento irme. ¡Vete, vete, vete! Por favor no hagas esto, me pido a mí misma, pero estamos en tal posición, puedo sentir sus manos tocando mi abdomen y me desabrocha el pantalón. Trató de negarme, de decir algo, pero entonces su boca se encuentra con la mía y no puedo decir que no.

Mientras me besa apasionadamente mi subconsciente no deja de gritar "di no a esto. Di no, por favor, tienes que decir que no", sin embargo, esta mujer es muy hábil y me hace elevarme a un nivel de excitación donde ya no me puedo controlar. De inmediato invierto nuestras posiciones, ahora ella se encuentra abajo y me extiende los brazos pidiéndome que la tome, sobra decir que no planeaba hacerme del rogar.

Esa noche entre las sabanas de su cama la hago mía, quitarle la ropa fue lo más complicado que se presentó durante nuestro encuentro, sus labios gritaron mi nombre toda la noche mientras yo me encargaba de darle lo que quería. Quise decir que no, pero su cuerpo estaba tan caliente gritándome "Oh sí".

Desearía poder decir que esa fue la primera y última vez que engañaba a mi esposo, pero Fionna Reynolds y yo tuvimos muchos encuentros más, en especial durante la temporada que Gumball se fue con su padre. No puedo decir nada en mi defensa, siempre han podido más un par de piernas frente a mí que el sentido común. Dije que sería la última vez y no pude parar, se volvió un pasatiempo, el mejor que he tenido. Cielo santo, Fionna era tan atractiva, nadie podría decirle que no a una mujer como ella, y yo no fui la excepción.

Aprovechaba cada salida de mi esposo para meterla en mi cama y hacerla mía una y otra vez, tocar sus piernas de terciopelo y besar esos exquisitos labios. No diré que la culpa no era una constante en mi vida, pero cuando ella estaba presente era difícil recordar que estaba haciendo algo indebido.

Ni con todo eso disminuyeron mis pensamientos hacia Bonnibel, en los momentos en que más la necesitaba, más desesperadamente tomaba a Fionna. Nunca quise hablar sobre mis sentimientos o la compenetración que me une a la hermana de mi esposo, y éste tampoco era el momento para ello. No estando en los brazos de esta guapísima mujer que puede hacerme olvidar todo en segundos.

Después de un mes de iniciado el romance fue cuando llegó el verdadero problema, una carta dejada en mi puerta, por suerte fui yo quien la encontró y no Gumball. Estaba dirigida a mí específicamente y tenía grabado el nombre "Señor Marshall Reynolds", y las cosas se ponían mejor cuando comenzabas a leer.

"Estimada señora, espero que esta carta la encuentre con buena salud, y lo suficientemente prospera para poner dinero dentro de los bolsillos de gente como yo que pasa un mal momento, veras es mi esposa a la que decidiste cogerte…"

—Mierda… —musité molesta mientras continuaba leyendo sin poder creer cada palabra ahí escrita.

"¡Oh, no! Parece que volviste cornudo al tipo equivocado, así que ahora paga el precio por los pantalones que desabrochaste. Y no se preocupe señora, una vez que el dinero esté en mis manos podrá seguir viendo a la puta de mi esposa, mientras sea la cantidad correcta o de lo contrario me veré en la penosa necesidad de contarle a su esposo".

Maldición. ¿Cómo pudo pasar esto? ¿Cómo pude ser tan ciega? Estaba más que claro el maldito juego en el que me estaba metiendo. Quise tirar todo por la ventana, por poco perdí el control, pero me contuve, no podía dejar que Gumball supiera y para eso debía pensar con claridad lo que iba a hacer a continuación.

Lo primordial era esconder esa carta donde nadie pudiera encontrarla, de modo que, la metí en uno de los cajones de mi despacho, nadie entra ahí aparte de mí. Por el momento estoy a salvo, pero no será así por mucho tiempo si no hago algo al respecto.

Boté unas hojas que estaban sobre el escritorio al no saber qué más hacer y salí casi corriendo de la casa, llegar a la de Fionna no me tomó más de diez minutos y me dediqué a golpear su puerta insistentemente hasta que ésta se abrió dejando ver a Fionna Reynolds con un sencillo camisón de dormir que ni siquiera estaba bien sujeto, los tirantes resbalaban por sus hombros dejando a la vista su pronunciado pecho. Por poco olvido a qué había venido exactamente.

— ¿Cómo pudiste? —le grité a la cara entrando sin dudar a su casa.

Ella estaba pasmada y cerró lentamente la puerta, parecía asustada por mi comportamiento, pero no me detuve a pensar mucho en ello, el rencor de saber que me había traicionado era más fuerte que todo lo demás. Necesitaba escuchar su versión de la historia.

— ¡No, señora! —gimió echándose en mis brazos.

Era un desastre, se veía patética y seguramente yo igual al haber creído en ella, confiado en sus mentiras.

Me la saqué de encima y resbaló quedando de rodillas en el suelo, me tomó de la manga cuando pasaba por su lado dispuesta a salir de ahí y volví la vista a tiempo para ver lágrimas surcando sus mejillas.

—No se vaya, por favor —me rogó mirándome con una expresión derrotada.

— ¿Entonces toda tu historia fue una mentira? —le reclamé—. Sólo querías esperar para que tu esposo me enviara una carta sobornándome.

—Yo no sé de ninguna carta —dijo en medio del llanto.

No sabía si decía la verdad, pero sólo podía pensar en todo lo que podría perder si esa información llegaba a salir a la luz. Yo soy secretario de tesorería, puedo perder mi puesto, arruinaría a mi país. Nadie va a desempeñar el papel tan bien como yo.

—Deja de llorar maldita sea, ¡levántate!

Ella no me hizo caso, seguía tomando mi camisa y el camisón se zafaba cada vez más sin poder cubrir su torso en su totalidad.

— ¡No sabía lo que hacía! —gritó.

La confirmación estuvo clara, me arrodille frente a Fionna con el rostro desencajado. Estaba muy molesta por toda esta situación en la que me había metido. Bonnibel jamás habría cometido un acto como éste.

—Estoy arruinada —le grité.

—Por favor, no me deje con él, indefensa —me pidió a su vez.

—Yo estoy indefensa, ¿cómo pude hacer esto? —dije más para mí que para ella, pero seguía mirándola con rabia.

Me levanté pasándome la mano por el cabello en actitud contrariada, casi desesperada. La escuché hablar y giré a verla, quería escuchar lo que tenía que decir.

—Sólo dale lo que pide y podrás tenerme —dijo.

Le di la espalda de nuevo con los nervios a flor de piel.

—No te quiero —le dije alejándome de ella.

Pude escuchar cómo se levantaba, sus tacones resonaron en el suelo y su voz parecía titubear.

—Lo que sea que él quiera… Si le pagas…

—No te quiero, yo no… —le dije por segunda vez, interrumpiendo su discurso.

— ¡Podrás quedarte! —gritó ella.

Señor muéstrame cómo decir que no, supliqué. Si esto seguía así no podría contenerme por más tiempo.

La sentí acercarse y rodear mi cintura con sus brazos para luego recargar su barbilla en mi hombro y besarme el cuello… Maldición, esta mujer es una tramposa. No sé cómo decirle que no, no soy buena negándome a satisfacer a una bella dama. La situación es irremediable. Ella pasa a un lado de mí y quedamos frente a frente antes de darse vuelta y mostrarme su espalda, esa que tantas veces ya he acariciado.

Señor, por favor, muéstrame cómo decir que no.

—Indefensa —susurra.

Su cuerpo de nuevo me grita que sí. Me está tentando al acercarse tanto y tomar mis manos para dirigirlas hasta sus pechos, el camisón ya no los estaba cubriendo y no llevaba nada más debajo.

Enséñame cómo decir que no. Yo no sé cómo hacerlo, que alguien me diga cómo debo negarme a acariciar este cuerpo que me pide cada vez más. ¿Cómo puedo decir que no? No tengo a donde ir, estoy atrapada entre sus brazos, y su cuello huele tan bien que no puedo evitar morderlo.

Vete, vete, vete. Me dice mi mente, pero cuando se da vuelta y su cuerpo se encuentra sobre el mío no puedo decir que no. Nos movemos rápidamente a la habitación y la tomó como lo he hecho tantas otras veces.

Mi consciencia grita no, y yo, sin embargo, no puedo parar de decir:

—Sí…

La hago mía una vez más. Recorro su piel con mis manos y me abrazó a ella sintiendo cómo me corrompe la poca honra que me quedaba y encantaba sigo con su juego. Nunca he sido buena para decir que no, una vez que se empieza no se detiene hasta que termina.

—Sí.

No, debería estar diciendo que no, ¿pero qué estoy haciendo?

—Sí.

Yo no sé decir que no, así termino en su cama una vez más, tratando de no pensar mucho en lo que estoy haciendo porque me avergüenza saber que no debería. No importa que mi mente me grite que me vaya, no tengo a donde ir cuando estoy entre sus brazos.

Salgo de la recamara dejándola ahí, iba abrochándome los pantalones y me encuentro con un hombre de cabello oscuro y piel pálida, tan delgado como una espiga. Yo no digo nada, él me observa y sonríe.

— ¿Entonces? —me pregunta.

Me quedo callada por un momento antes de suspirar y sacar la billetera de donde saco una cifra de dinero al azar y se la entrego. Parece complacido al ver la cantidad que tiene ahora entre sus manos.

—Nadie necesita saber.

El señor Reynolds hace una seña de caballería levantando su sombrero y decido marcharme a mi propio hogar. Tal parece que podré estar viendo a Fionna Reynolds tal como antes, mientras siga pagando una considerable suma.

Todo porque yo no sé decir que no.


Respuesta de review.

LucyLoquilla: Será mejor que tengas pañuelos a la mano jaja en especial para el último.

Y bueno, en realidad Marceline sí quiere a Bonnie, pero su prioridad es salir adelante, entonces eso tiene mucho que ver también.

Espero que disfrutes igual de estos nuevos apartados que tendrá la historia :3