Los lazos que nos unen.
Capitulo 1. "Seth"
A decir verdad, no había mucho que decir sobre él. Simplemente era un perro guardián, entrenado para cazar y servir a la familia real; poseía un talento y una figura que rara vez se ve en ejemplares de su raza. Muchos lo confundían con una deidad: Anubis, patrono de los embalsamadores y guardián del inframundo. Claro que ninguna de estas características se apegaban a él, pues lo único que lo asemejaba al dios con cabeza de perro era su cuerpo. Alargado y delgado pero fuerte y resistente lo que le brindaba gran agilidad y velocidad; perfecto para la cacería. Su sentido del olfato 1000 veces más poderoso que el de un ser humano, perfecto para seguir el rastro de su presa. Desde su nacimiento tuvo que competir contra sus hermanos y hermanas, solo uno de ellos se convertiría en el guardián de la dinastía gobernante, el fue el mejor. Superó por mucho a los que se le enfrentaban, más tarde fue llevado al templo del dios Seth, para recibir el entrenamiento que debía seguir. Era un cachorro desobediente, rebelde y no le gustaba seguir órdenes, su comportamiento estuvo a punto de expulsarlo del templo y luego ser sacrificado. Era muy revoltoso le encantaba destrozar las cosas; los que lo tuvieron a su cargo decían que era el mismo Seth reencarnado, que había regresado para hacer caer su furia sobre Egipto y vengarse de su hermano Osiris. De allí que le llamaron Seth; como el señor del caos y la destrucción, padre de Anubis y tío de Horus. Seth, el dios que asesinó y mutiló a su hermano Osiris para tomar el control de Egipto en una época donde los dioses habitaban la tierra. El mismo Seth que fue derrotado por su sobrino Horus vengando a su padre y proclamándose como el rey de Egipto…A nuestro cachorro nunca se le pasó por la mente que su nombre era sinónimo de destrucción, a decir verdad no le importaba en lo más mínimo. Era un cachorro inmaduro y rebelde a quién el destino tenia preparada una jugada que cambiaría su vida para siempre…
Era una tarde calurosa, el entrenamiento de Seth llevaba ya tres años y medio. Su cuerpo era más ágil, fuerte y resistente. Se había convertido en un ávido cazador, sin embargo el dolor de cabeza de los sacerdotes que lo entrenaban no había disminuido en lo más mínimo. Al contrario, había aumentado; era cierto que Seth era el mejor cazador de esa camada y sin duda el más apto para cumplir con las exigencias del faraón Aknamkenón. PERO, era aún más rebelde y agresivo, su fuerza era tal, que de una mordida casi logra matar a uno de los sacerdotes. Si, Seth era fuerte y lo mejor de lo mejor, pero demasiado agresivo y posiblemente un asesino en potencia. Su sed de sangre quizá se debía a que ellos eran perros salvajes entrenados y criados en el seno humano, quizá sus instintos asesinos se habían despertado; sea cual sea la razón, si la situación no cambiaba no tendrían remedio: lo sacrificarían. La historia de Seth llegó a oídos del joven faraón Aknamenón; de inmediato se interesó y quiso ver al animal por sí mismo. Aquella tarde el faraón presenció una de las tan peligrosas sesiones de entrenamiento con Seth. El debía capturar una presa de tamaño considerable, el solo, si acaso era lo suficientemente agresivo y fuerte como para matar una vaca el solo. Sin la ayuda de un compañero humano o canino. Los sacerdotes tenían como verdadera intención acabar con el animal y hacerlo parecer como un accidente; ¿Por qué los sacerdotes no simplemente lo sacrificaban y ya? Era un perro difícil que incluso podría convertirse en amenaza para el Faraón, eso ya era motivo suficiente para acabar con el… ¿no es así?
No. No podían hacerlo. Órdenes del Faraón, el sentía un especial interés en ese animal agresivo, de cierta manera se identificaba con él…si, el poder lo era todo…
Soltaron a Seth, quién no vaciló ni por un solo instante en acorralar a la presa, asustarla y agotarla…si. Ése plan debía funcionar, de todas maneras debía hacerlo solo, y gastar sus energías tratando de matar a la vaca de un solo golpe sería mortal y estúpido. Estos seres humanos… ¿acaso creen que soy un estúpido? ¿Que simplemente porque no puedo hablar su lengua no soy capaz de razonar igual o mejor que ellos? Pensaba para sus adentros Seth mientras concretaba su plan de ataque. Desde el balcón superior, el Rey observaba con mucho interés el comportamiento del can, tuvo la sensación de que el perro estaba planeando su mejor estrategia…Seth se movía de un lado a otro, asechando, inquietando a su presa, mortificándola, haciéndole sentir su muerte mucho antes de que ocurriese, fatigándola…rodeándola. Hasta que finalmente la víctima cedió. El miedo y el terror eran incontrolables, Seth supo que era la hora y…atacó.
Poco a poco recuperaba la consciencia, su cuerpo entero estaba adolorido, la cabeza le daba vueltas, sintió como un poco de fluido cálido corrió por su frente. ¿D-donde…? Todo era confuso, no recordaba…nada. Espera, si…tal vez recordaba algo, se sentía muy lejano; casi como un sueño. ¿Dónde…estoy? ¿Estaré…vivo?... El dolor había sido calmado poco a poco y nuevamente sus párpados cedieron.
El Faraón se paseaba lentamente por los pasillos del castillo, buscando la habitación en donde el animal se encontraba. Cuando la hubo encontrado entró. No sabía que era lo que sentía, ¿Felicidad? ¿Emoción?... ¿Miedo? Solo lo sabría una vez estuviera dentro…
-FLASH BACK-
Seth lanzó su ataque dando en el blanco, la presa cayó al suelo propiciándole a Seth una fuerte caída, el tamaño de la vaca era por lo menos 5 veces mayor que el de nuestro can. El bovino no se dejaría vencer tan fácilmente y si debía morir, no lo haría sola. Con las fuerzas que le quedaban, le devolvió una fuerte embestida a Seth. Éste ya estaba debilitándose, morder el grueso cuello de la vaca le había consumido mucha energía, sabía que si no acababa con esto rápido el se convertiría en el cazador cazado. El enorme bovino también se debilitaba por la pérdida de sangre, pero no cedería. Reunió las fuerzas que le quedaban y embistió por segunda vez a Seth, muriendo en el momento y Seth quedando inconsciente y al borde de la muerte. Aknamkenón supo que ése era el perro audaz y capaz de enfrentar a la muerte que él necesitaba. La travesía para descubrir los artículos milenarios empezaría dentro de unos meses y este perro era el indicado para seguir los rastros y defenderlos, además de los guerreros de los que dispondría. Inmediatamente dio la orden de atender al animal y evitar que muriera, por surte las heridas eran curables en menos de lo que se imaginaban Seth estaría de nuevo en pie, cuando eso sucediese se marcharían a buscar los artículos.
-FIN FLASH BACK-
-No hay duda de que eres un animal muy tenazy valiente. Tienes todo mi respeto…Seth- Las palabras de un humano hacían eco en su mente, poco a poco recuperaba la consciencia de nuevo; esta vez el dolor de cuerpo se había calmado enormemente a lo que daba gracias, al recuperar la cordura completamente se percató de la presencia del humano al lado de él. En ese instante intentó ladrar amenazadoramente pero no lo consiguió. Los humanos son detestables…
-Guarda tus fuerzas, diste una gran batalla allá. Esos sacerdotes te han subestimado. Tienes toda la razón y el derecho de odiarlos, no ven que eres más que un guardián, mucho más que un simple perro…eres un guerrero. Ellos no te comprenden, vamos…sé que comprendes perfectamente lo que digo-
¿Acaso el humano…? ¿le estaba dando crédito? Esa fue la primera vez que alguien (humano por supuesto) le hablaba así. Como alguien más, con respeto y no como un simple animal…Por primera vez alguien lo trataba con respeto. El no podía simplemente ignorar ese gesto, ese "humano" era digno de su respeto también. Seth se relajó, dejó de gruñir y elevó su cabeza con su elegancia característica; observando al faraón con curiosidad.
-Perdona mi falta de cortesía. Mi nombre es Aknamkenón, soy el nuevo faraón de Egipto. Desde hace tres años me ha interesado mucho tu desempeño, eres el indicado para vivir en este palacio. Eres el guardián escogido, de ahora en adelante vivirás en mi palacio, comerás de mi plato y vivirás con las comodidades que desees… Siempre y cuando seas leal y obediente. No te obligare a hacer lo que no deseas, pero hay reglas que debes cumplir aunque no te agrade. Tu vida será diferente, ya no serás tratado como basura; de ahora en adelante recibirás lo que siempre has merecido.-
Estaba atónito. No podía creer lo que estaba escuchando. Había olvidado por completa cual era su propósito…su verdadero propósito: PROTEGER. No asesinar a sangre fría, sino salvar vidas. ¿Cómo fue posible que olvidara eso? Durante esos tres años se había dejado consumir por el odio, el resentimiento y el dolor; que los sacerdotes como parte del entrenamiento lo habían sometido. Él pudo haber muerto ese día, sin embargo se encontraba sano y salvo dentro de una fina recámara, con todas las atenciones que necesitaba e incluso que sobraban. Este hombre le había salvado la vida…
