WARNING: Este fic es AU y con mucho OOC, pero con los personajes del universo Bleach del gran Kubo Tite, y obviamente las situaciones vertidas aquí son 99% improbables e irreales pero a que les van a gustar mucho jijijiji XD

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Brillante. Eran poco más de las cinco de la mañana y el sol se encontraba iluminando el día, como recordándoles a los mortales que era el rey y por ende decretaba que por ser verano estaría presente la mayor parte del día reduciendo las noches a su mínima expresión. Sui continuó su habitual recorrido por calles poco transitadas a paso ligero. Cada mañana corría una distancia de 5km para mantenerse en forma, lamentablemente desde que se convirtió en asistente de Yoruichi–sama casi no tenía tiempo para entrenar y necesitaba estar preparada para cualquier situación que pudiera presentarse. Llegó a un parque con una pequeña laguna artificial y un puente de diseño tradicional en el medio, a esas horas estaba prácticamente vacío, por lo que podía disfrutar del paisaje, aquel escenario le recordaba mucho a las pinturas de la era edo que había visto en algunas de sus visitas a los museos.

– "Buenos días" – Sui dio un pequeño brinco de la sorpresa, se giró un poco a la defensiva y recuperó el aliento al ver un rostro conocido… solo por un segundo.

– "Buenos días, Kuchiki–sama" – Dijo bastante contrariada. "¿Qué rayos hace el heredero de una de las más importantes familias de Japón en un parque de una zona de clase media a las 5 de la mañana?" – "Qué sorpresa encontrarlo por aquí" – Haciendo una venia algo exagerada.

– "¿Podrías dejar los formalismos?" – Byakuya se apoyó en el puente, a su lado. Llevaba puesto un traje deportivo, cualquiera que los viera pensaría que eran una pareja que había salido a trotar un poco.

– "Lo intentaré, Kuchiki–sama" – Sui miró alrededor solo para confirmar que no había otro ser humano a la vista… "¡En que rayos está pensando el asistente de Kuchiki–sama! Se supone que parte de su labor es asegurarse que no esté en alguna situación potencialmente peligrosa". Por su parte, Byakuya suspiró resignado.

– "Dejé de enviar los regalos como me pediste" – Byakuya se veía bastante tranquilo – "También dejé de escribirte al móvil, porque lo pediste" – Sui asentía, pues todo aquello era cierto, después de encuentro en la playa intercambiaron números de móvil y él tenía la extraña costumbre de escribirle hasta tres veces al día, Yoruichi–sama empezó a fastidiarla por el supuesto "admirador secreto" y no tuvo más remedio que pedirle que dejara de escribirle – "Y hace una semana que no tengo noticias tuyas, ¿Podrías explicarme como se supone que vamos a conocernos, Shaolin?".

Un repentino escalofrío le hizo tensarse un poco. "Shaolin", hace muchísimo tiempo que nadie la llamaba así.

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BRISA DE VERANO

By Maryeli

Con cariño para Frany H.Q, Solo un saludo, anime love, Black Angel N, pixiedream2, Toriyama Z :)

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Yoruichi entreabrió los ojos y observó un trozo del celeste cielo por la cortina entreabierta de su habitación, aún adormecida se giró al otro lado de la cama para luego ponerse de pie de un brinco y mirar fijamente el gran reloj que Sui había colocado en su habitación, faltaban diez minutos para las siete, y ese día tenían un pequeño viaje a Kyoto por lo que debían estar en la estación del tren antes de las siete y media. Corrió al baño e hizo algo que hasta ese momento creía imposible, se dio una ducha, se vistió y arregló en menos de 20 minutos. Solo entonces se preguntó en donde estaba su responsable y puntual asistente.

– "Buenos días, Yoruichi–sama" – Sui entraba a pasos rápidos y suspiró aliviada al ver que su jefa estaba lista, por lo que se limitó a recoger sus cosas y apurarla a salir, indicando que había dejado el coche estacionado en la entrada de la casa.

– "¿Ocurrió algo, Sui Feng?" – Yoruichi tomaba asiento en el lugar del copiloto y se ajustaba e cinturón de seguridad.

– "Le pido disculpas, Yoruichi–sama" – Encendiendo el coche y poniéndolo en movimiento – "Creí que podría correr un par de kilómetros más y no me di cuenta del tiempo".

Yoruichi enarcó una ceja. Si fuera otra persona dudaría de semejante excusa, pero Sui siempre fue algo competitiva y podía ser bastante obsesiva cuando se proponía algo, pero obviar el tiempo… ahí había algo que no encajaba del todo. Apenas estacionó el coche ambas bajaron a pasos rápidos, pasaron el control de la boletería y lograron abordar el vagón de primera clase, hubo un pequeño derrumbe a medio kilómetro antes de llegar a la estación por lo que el tren tenía un retraso de diez minutos, que fueron salvadores para ellas.

– "Por un momento pensé que te había secuestrado tu admirador secreto" – Comentó Yoruichi en tono pícaro, el tren se ponía en marcha.

– "No tengo ningún admirador, Yoruichi–sama" – Sui desvió la mirada la paisaje, "En realidad es el hijo de un viejo aristócrata que necesita casarse conmigo para heredar la fortuna familiar", definitivamente aquello sonaba demasiado surrealista para que alguien le creyera.

– "¡No puedo creerlo! Acabas de sonreír" – los gritos de emoción de Yoruichi la sacaron de sus pensamientos – "¡Tienes que presentármelo!".

– "Está confundiendo las cosas, Yoruichi–sama" – Sacando la portátil para colocarla en la mesita – "Mejor aprovechemos el tiempo y revisemos las propuestas de la junta de hoy, conseguí algunos borradores de los resúmenes ejecutivos".

– "Está bien" – Yoruichi se puso lo más cómoda que pudo pues tenían un largo día por delante. Apenas llegaron a Kyoto abordaron el coche de la compañía Ishida que los estaba esperando. Las textileras de los Shihôn habían crecido muchísimo en los últimos cinco años, no solo en acciones, también en la calidad de sus productos, por lo que no era de extrañarse que el dueño de una cadena de clínicas y hospitales estuviera interesado en iniciar negociaciones con ellos. Ishida Ryuken era como había investigado, frío, calculador, todo un hombre de negocios, aun cuando la propuesta de los Shihôn era más que tentadora frente a sus competidores más cercanos, él buscaba reducir aún más los costos. La situación se tensó un poco por lo que se acordó reanudar la reunión en la tarde, después de almuerzo.

– "Hay un restaurante bastante discreto cerca de aquí" – Sui extendió la mano para detener un taxi, pasando por alto al chofer de la compañía Ishida. Yoruichi no pudo evitar sonreír.

– "De vez en cuando deberías permitir que alguien te abra la puerta del coche" – Comentó después de hacer una venia a modo de disculpa al confundido conductor de la compañía Ishida y abordar el taxi.

– "Después de la forma en que la están tratando, considero de mal gusto movilizarnos en uno de sus coches" – Sui se sentó a su lado y cerró la puerta para darle indicaciones la taxista.

– "El pobre chofer no tiene la culpa de nada, sólo hace su trabajo" – Yoruichi empezó a mover el cuello de un lado a otro. Casi de inmediato Sui extendió las manos y empezó a hacerle un masaje. Se sentía confortable.

– "Tal vez deberíamos retirar la propuesta y volver a Tokyo, Yoruichi–sama" – Notando lo contracturado que tenía el cuello su jefa.

– "¿Qué otras opciones tenemos?" – Yoruichi también había pensado en esa posibilidad.

– "Podemos ofrecer productos de menor calidad, eso nos permitiría dar una oferta por debajo de la competencia, pero podría afectar la imagen global de la compañía" – Sui buscó en su bolso un pequeño frasco con óleos anti–estrés que solía llevar para situaciones como esa – "También podemos tercerizar con alguno de nuestros asociados, de ésa forma el nombre de los Shihôn quedaría fuera del negocio, o proponer un contrato conjunto".

– "Eres bastante hábil, Sui Feng" – Yoruichi se sentía más aliviada ahora, el taxi empezaba a detenerse – "¿Qué harías tú, qué opción elegirías?"

– "Sólo soy su asistente, Yoruichi–sama" – Ambas bajaron del taxi e ingresaron al restaurante. Sui no tenía que decirlo dos veces, Yoruichi había oído su opinión apenas subieron al taxi. El almuerzo transcurrió en silencio, Yoruichi tenía una decisión difícil que tomar y Sui sentía que se había tomado demasiadas atribuciones. Abrió su maletín y sacó la agenda, se supone que ya deberían estar de regreso en Tokyo, tomó nota de dos números telefónicos, se excusó con Yoruichi y fue al recibidor a realizar las llamadas. Como era de esperarse, a los socios de la compañía de diseños y moda no les hizo nada de gracia la postergación, estaban a puertas de lanzar la campaña de otoño y sin insumos eso era imposible, tuvo que hacer malabares para conseguirles un encuentro antes del almuerzo del día siguiente, y solo por esa vez, se tomó el atrevimiento de cambiar la fecha de visita de supervisión a una de las filiales y posponerla para el mismo día en que se reuniría con los miembros del sindicato, matarían dos pájaros de un mismo tiro.

– "¡Hola Sui! Qué sorpresa encontrarte aquí" – Ggio acababa de entrar en el restaurante y se acercó de inmediato a la pelinegra.

– "Lo mismo digo, Ggio" – Sui colgó el móvil y lo guardó en el bolsillo de su pantalón. Era verano y el intenso calor hacía que llevar puesto un saco fuera incómodo. Miró alrededor, buscando a alguien.

– "Estoy solo" – Ggio lucía un poco incómodo – "Baraggan–sama está en una reunión personal y me dio el día libre".

– "Tu jefe se trae algo" – Sui sonrió de medio lado, su instinto rara vez le fallaba.

– "Te sugiero que vigiles mejor a tu jefa" – Susurró Ggio muy cerca su oído, demasiado. A Sui le dio un escalofrío. Casi de inmediato regresó a la mesa en donde había dejado a Yoruichi, la encontró conversando por el móvil, se veía más tranquila.

– "Ya volvió Sui, así que tengo que cortar, nos vemos, Kisuke" – A Sui le dio un tic en el ojo, tal vez Ggio tenía razón y tenía que vigilar mejor a Yoruichi–sama – "Sui, quiero que redactes una carta, nos vamos a casa".

– "¿Está segura, Yoruichi–sama?" – Sui dudó, después de todo su jefa acababa de hablar con el inadaptado de Urahara Kisuke.

– "Sí, y lo he decidido por mí misma" – Yoruichi levantó la mano y pidió la cuenta. Ya no hubo necesidad de volver al edificio de la compañía Ishida, enviaron la carta de retiro vía email desde la estación del tren. El viaje de retorno pareció más corto. Sui se ofreció a repetir el masaje pero Yoruichi le dijo que iba a dormir un poco, lo más probable era que los otros accionistas Shihôn dieran el grito al cielo cuando se enteraran de la decisión de retirarse y empezaran a molestar a Yoruichi–sama.

Al llegar la presencia de cierto rubio malpeinado en la estación del tren le crispó los nervios.

– "Vamos a dar un paseo por la playa, Sui" – Yoruichi sonreía y no había forma de negarlo, su sonrisa resplandecía, mientras estaba colgada del cuello de despreciable rubio de sonrisa boba.

– "Yoruichi–sama…"

– "No me salgas con que quedan actividades en la agenda, estoy segura que las pospusiste todas" – Yoruichi depositó un beso en la mejilla de Kisuke y deshizo el abrazo para sujetar a Sui por los hombros – "Hemos estado tensas toda la mañana, nos lo merecemos".

Sui no pudo replicar a eso, se venían varios problemas, así que, sólo por esta vez, haría de la vista gorda.

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La semana fue catastrófica. El retiro de los Shihôn de un negocio a todas luces conveniente generó que no sólo los demás miembros de la familia desfilaran cada día por la oficina para exigir explicaciones a Yoruichi, incluso Baraggan tuvo la osadía de convocar a una junta de urgencia e involucró a varios accionistas de Seretei Corp. en el asunto. Para Sui ver a tantos Shihôn empezó a resultar cansino, en especial por que cada uno de sus hermanos y primos eran asistentes de los Shihôn, sin excepción. Le trajo algo de alivio el notar que ellos aún no estaban enterados del matrimonio arreglado, de lo contrario le estarían bombardeando de preguntas o repitiendo una de las frases de la familia Feng: "Tienes que cumplir con tu deber".

Lo curioso ocurrió el sábado, entre los visitantes del día apareció cierto pelinegro de fría mirada, Kuchiki Byakuya, acompañado de su pelirrojo asistente. Sui actuó como mandaba el protocolo, les invitó a pasar a la sala de juntas, les ofreció algo de beber, y estuvo de pie, al lado de Yoruichi durante los treinta minutos que duró la reunión. Cualquiera que los viera pensaría que no tenían mayor relación, es más, actuaron como dos completos extraños, lo cual pasmó al pelirrojo asistente que de rato en rato se balanceaba nervioso. Al concluir el encuentro, luego de la despedida y cumpliendo el protocolo, acompañó a los invitados al recibidor mientras esperaban el ascensor. Los tres se mantuvieron en silencio y solo cuando ingresaron al ascensor Byakuya se tomó la libertad de lanzarle un vistazo, como estudiándola, su mirada era profunda e intensa, Sui inclinó la cabeza a modo de despedida, las puertas del ascensor se cerraron y solo entonces volvió a respirar. Kuchiki daba miedo, más aún después de oírlo hablar con Yoruichi–sama, lástima que ella no se inmutara tan fácilmente. Después de dos reuniones más por fin pudieron dar por finalizadas las actividades del día. De mala gana tuvo que dejar a Yoruichi en medio de un almuerzo con el indeseable de Urahara Kisuke, tenía algunas cosas que hacer y tenía que aprovechar el tiempo. Lo primero que hizo fue entrar en un salón de belleza, ya no soportaba llevar el cabello tan largo. Había bastante afluencia de clientas, bueno, era sábado por la tarde, así que tuvo que esperar cerca de una hora antes de que un estilista la llamara para llevarla al área donde realizaban el lavado de cabello.

– "¿Qué deseas que haga con tu cabello, reina?" – Dijo el tipo de contextura robusta, que tenía un solapin con el nombre "Charlotte".

– "Quiero un corte de cabello" – Sui empezaba a deshacer sus trenzas, mostrando el largo de su cabello en todo su esplendor. El afeminado estilista dio un pequeño grito.

– "Este cabello es magnífico" – Sujetando la larga cabellera con ambas manos – "Y luce tan saludable, podemos darle algo de forma y un leve entresacado para que tenga más cuerpo".

– "Quisiera que sea corto, por favor" – Sui quería terminar lo antes posible, aún tenía que hacer muchas cosas.

– "Bueno, tal vez haya que rebajarle unos cinco o diez centímetros" – El estilista empezó a lavarle el cabello.

– "Lo quiero corto" – Sui empezaba a inquietarse, ¿Acaso el tipo ese no entendía lo que significaba corto?

– "Pero querida, ¿Estás segura?" – El tal Charlotte parpadeó exageradamente. Sui afiló la mirada, estaba a punto de enviarlo a volar cuando sintió una presencia sentarse a su lado y oyó claramente una voz:

– "Cinco o diez centímetros está bien, ¿Podría hacerle un peinado también?" – Sui parpadeó desconcertada, Kuchiki Byakuya acababa de sentarse a su lado.

– "De inmediato, guapo" – El estilista empezó a dar saltitos e invitó a Sui a salir al área donde se realizaban los cortes y peinados, sólo que estaba vez ya no había nadie.

– "Hablé con el dueño para que se deshiciera de las demás clientas" – Byakuya volvió a hablar al notar la expresión de desconcierto en el rostro de Sui. Ella respiró hondo, no una, sino tres veces, y lo miró fijamente. De pronto ambos estaban envueltos en una pelea de miradas.

– "Oh, el amor el amor" – Charlotte cepillaba la larga cabellera de la chica.

– "Está malinterpretando todo, por favor, manténgase al margen, Charlotte" – Dijo secamente Sui.

– "Parecía que te incomodaba que nos vieran juntos, por eso le pedí al dueño que reservara el local solo para ti" – Habló Byakuya, como si fuera lo más natural del mundo. Se encontraba sentado en la silla de al lado, observando al estilista trabajando en su cabello.

– "Supongo que eso fue acertado" – Sui tenía que reconocer que aunque fue una medida exagerada, era bastante práctica – "Con respecto a mi cabello…".

– "Es muy lindo, sería una lástima recortarlo" – Una imagen fugaz del día de su encuentro en la playa cruzó por su mente, la larga cabellera y el adorno azul… se lamentó por no haberle comprado otro adorno para el cabello.

– "Es incómodo y poco práctico" – Alegó Sui.

– "He cumplido cada cosa que me has pedido, por más extraña que fuera, ¿Podrías al menos darme ese gusto, Shaolin?" – Sui oprimió los puños, ahí estaba él, pronunciando su nombre de nuevo, como si nada, con esa mirada impasible.

– "Si eso es lo que quiere, lo haré, Kuchiki–sama" – Respondió a regañadientes. Si estuvieran hablando de negocios él tendría las de ganar, además, había sido tan amable que en su situación actual era prácticamente imposible decirle que no. Era un zorro astuto, no había duda. Cuando el peinado estuvo listo tuvo que resignarse a dejarle pagar la cuenta porque sus uñas aún estaban frescas.

– "Mi auto está en el estacionamiento" – Byakuya caminaba tranquilamente, ignorando la forma en que los y las demás estilistas prácticamente lo devoraban con la mirada – "¿Hay algo más que debas hacer antes de ir a tu departamento?".

– "Tengo que recoger el vestido y quería comprar un bolso" – Sui esperaba que él se fuera y la dejara tranquila, después de todo aún quedaban noventa minutos para la dichosa reunión, aún tenían tiempo.

– "Te acompaño" – Byakuya se puso lentes oscuros y ató las mangas del suéter que traía en manos a la altura de su cuello, "genial, ahora luce como un modelo de pasarela" pensó Sui.

– "Me daré prisa, Kuchiki–sama, ¿No podrías esperar en el parque, como acordamos?" – Sui no estaba acostumbrada a la compañía, exceptuando a Yoruichi y Ggio, y más aún si se trataba de alguien demasiado importante como Kuchiki Byakuya.

– "Le di a Renji la tarde libre, después del encuentro de ésta mañana creí que necesitábamos pasar algo de tiempo juntos, Shaolin" – Sui estaba casi segura de que él la miraba fijamente a través de sus lentes oscuros, como estudiando sus movimientos, acechando.

– "Y vamos a hacerlo, en la cena con tu familia, esta noche, ¿No es así, Kuchiki–sama?" – Sui empezó a caminar hacia la boutique donde había pedido que le arreglaran el vestido. Si algo estaba aprendiendo es que Kuchiki Byakuya no era fácil de contradecir y era muy difícil decirle que no, además no estaba de humor para discutir con nadie, solo quería que la dichosa cena llegara y terminara pronto. Mientras recorrían el camino de la boutique hacia una tienda de bolsos, recordó el difícil momento que pasó intentando convencer a Byakuya de que aún no era tiempo de conocer a su familia el día en que se encontraron en el parque, incluso casi pierden el tren a Kyoto por su descuido, y todo fue en vano, allí estaban los dos, caminando hacia el estacionamiento, ni bien llegaron él se apresuró a abrirle la puerta del auto, Sui le miró perpleja y recordó las palabras de Yoruichi–sama: "De vez en cuando deberías permitir que alguien te abra la puerta del coche", así que hizo una venia de agradecimiento y subió al coche. Tanta amabilidad de Kuchiki la estaba matando.

No le sorprendió ver que Byakuya conocía donde vivía, el tal Renji era sin duda un asistente eficiente, lo que si le extrañó fue que, con lo autoritario que estaba resultando, prefiriera quedarse en el estacionamiento mientras ella se cambiaba. Tal vez su departamento era demasiado sencillo para alguien tan importante, o bueno, tal vez solo debía dejar de darle tantas vueltas al asunto. Luego de unos minutos vio su reflejo en el espejo, no era una cena de gala así que un vestido de cocktail le pareció suficiente, abrió el joyero y sacó un collar con un dije con una flor azul de lapislázuli y se lo puso, listo, pensó, tomó el bolso recién comprado y regresó al estacionamiento, grande fue su sorpresa al encontrar el auto vacío, miró alrededor y caminó con sigilo hacia la salida, allí estaba él, hablando por su móvil, se veía muy concentrado y tenía el ceño un poco fruncido, su timbre de voz sonaba imponente, completamente distinto al Byakuya que la acompañó parte de la tarde. Se giró y al verla su mirada se suavizó, se excusó con quien quiera que estuviera del otro lado de la línea y colgó.

– "¿Nos vamos?" – Preguntó mientras la sujetaba suavemente del brazo y la guiaba hacia su auto.

– "Supongo que no tengo más opciones" – Dijo Sui, resignada. Byakuya le lanzó una mirada de extrañeza y luego de ayudarla a subir puso el coche en marcha. Poco a poco las casas y edificios se fueron alejando, el paisaje se tornó más silencioso y con mostró más áreas verdes. En medio de todo aquello, después de cruzar un largo sendero de árboles, llegaron a una mansión enorme… si, no había otra palabra para describirla, y la edificación era tradicional, era como retroceder en el tiempo. Byakuya estacionó el auto en medio de otros, realmente lujosos, Sui titubeó un poco antes de bajar del auto, empezaba a dudar.

– "Todo va a estar bien" – Byakuya tomó su mano y la guió a través de la gran mansión – "Sólo sé tú misma, Shaolin".

– "Pero…"

– "Vaya, miren quien llegó" – Un hombre joven de oscura cabellera, con una copa de vino en la mano se acercó a ellos – "Primo Byakuya, que milagro verte por aquí, ¿Quién esa la pequeña que te acompaña?" – Byakuya oprimió ligeramente la mano de Sui, era consciente que ella saltaría sobre su primo si no lo hacía.

– "Buenas noches, Soujiro" – Respondió Byakuya, con mucha cortesía, ignorando la sonrisa sarcástica de su primo – "La señorita que me acompaña es Sui Feng, mi prometida" – Sui palideció de inmediato. Se suponía que la presentaría como una acompañante, no como su prometida.

– "Maravillosas noticias" – Un nombre algo mayor y apuesto se acercó a ellos – "me siento feliz por ti, hijo" – Sui se quedó boquiabierta, si alguien le dijera que ese hombre con mirada angelical había engañado a su esposa le costaría trabajo creerlo – "Soy Kuchiki Soujun, el padre de Byakuya" – Estrechando con delicadeza la mano de Sui que Byakuya no sujetaba. Por los siguientes quince minutos tuvo que lidiar con saludos similares, algunos más hipócritas que otros, se sentía en medio de una jauría de perros hambrientos.

– "Tranquila" – Susurró Byakuya cuando el mayordomo los invitó a pasar al gran comedor – "Ellos aún no lo saben".

Sui estaba por preguntar las razones pero se quedó callada al ver al hombre que los esperaba en el comedor, en ese momento sintió como cuando tenía siete años y regresaba de jugar con Yoruichi, en medio del gran comedor se encontraba Kuchiki Ginrei. Todos se inclinaron respetuosamente ante él y sigilosamente tomaron asiento, de pronto todo se sumió en un profundo silencio, como si tuvieran miedo hasta de respirar.

– "Me alegro que hayan venido todos" – Ginrei recorrió con la mirada a cada uno de los presentes sentados a la mesa y se detuvo para observarla fijamente – "Sui Feng, que grata sorpresa, cuando mi nieto dijo que traería una acompañante no imaginé que se trataba de ti" – casi de inmediato la mesa se llenó de murmuraciones. Sui se apresuró a ponerse de pie y hacer una elegante venia.

– "Es un honor, Kuchiki–sama" – Se sentó casi de inmediato y casi pudo asegurar que una sonrisa fugaz se dibujó en el rostro de Byakuya.

– "Como ustedes sabrán" – Kuchiki Ginrei continuó, acaparando nuevamente la atención de todos los presentes – "Estamos reunidos esta noche para celebrar la llegada de un nuevo miembro a la familia" – Dos personas se pusieron de pie, cada una a un lado del cabeza de los Kuchiki, Sui no tardó en notar que la muchacha de peculiar color de ojos estaba embarazada mientras el joven, que aparentemente era su esposo, tenía el ceño fruncido y un cabello de color algo chocante, naranja – "Nuestra querida Rukia y su esposo Ichigo van a anunciar el sexo de su bebé" – si antes el lugar estaba en silencio ahora casi se podría escuchar los latidos de los corazones de los que los tuvieran,claro. La joven pareja intercambió miradas y la joven finalmente habló:

– "Estamos felices porque hemos sido bendecidos con una saludable bebé, será una niña" – Y casi de inmediato el lugar se llenó de hipócritas felicitaciones, mientras otros murmuraban complacidos, después de todo, aún no había heredero varón que atentara contra la línea sucesoria. Sui se tensó, así que se trataba de eso, no era una celebración por la pronta llegada del bebé, sino una reunión para restregarse en la cara quien era más digno de heredar la fortuna del patriarca de la familia. Empezaron a servir la comida pero el apetito se le había ido.

– "¿La comida no es de tu agrado?" – preguntó Byakuya en voz baja pues notó lo pensativa que estaba.

– "No tengo apetito, eso es todo" – Sui le respondió en chino, como cuando hablaba en complicidad con Ggio. Byakuya frunció un poco el ceño pero ella no lo notó.

– "Disculpa, no entendí" – Habló un poco más alto. Sui intentó ponerse de pie, pero él la detuvo – "¿Qué ocurre. Sui?"

– "No tengo hambre, quisiera salir a tomar un poco de aire, por favor, Kuchiki–sama" – Se desconcertó al ver que Byakuya negaba con la cabeza.

– "Lo siento, Sui, no podemos dejar la mesa antes que Ginrei–sama" – Byakuya tomó su mano por debajo de la mesa y la acarició con ternura.

– "¿Ocurrió algo? Te ves pálida, Sui–san" – Kuchiki Soujun se encontraba sentado frente a ellos y notó la peculiar conversación.

– "No es nada, no tiene por qué preocuparse, Kuchiki–sama" – Se apresuró a responder Sui mientras se liberaba de la mano de Byakuya, empezaba a ponerse nerviosa y eso no era típico en ella.

– "Por favor, dime Soujun, después de todo vas a ser parte de la familia muy pronto, ¿No es cierto, Byakuya?"

– "Eso espero, padre" – Byakuya volvió a su actitud estoica.

– "Por favor, ella tendría que ser estúpida para rechazar la propuesta de un Kuchiki" – Soujiro se entrometió en medio de la conversación sin ser invitado. A Sui le dieron ganas de estrangularlo, no se explicaba como un tipo con tan pocos modales pudiera ser un Kuchiki.

– "Soy de las personas que se toman su tiempo para decidir las cosas, tanto en la vida como en los negocios" – Sui extendió la mano y bebió un poco de agua, con demasiada elegancia – "Gracias por su preocupación, Kuchiki Soujiro–sama".

– "Entonces es cierto que ya conocías al viejo patriarca, Ginrei–sama" – Soujiro se veía algo pensativo – "Casi podría jurar que es la primera vez que te veo, Sui Feng–san".

Los mozos empezaron a retirar los platos para servir el postre, Sui agradeció en su interior por ello. Al poco rato todos pasaron a un salón y se agruparon por afinidad. Algunos se acercaron a la joven pareja para felicitarles. Ginrei envió por Byakuya y Sui se quedó inevitablemente sola.

– "Estoy seguro que terminarás apreciándolos, al menos un poco" – Soujun se acercó a ella y le ofreció una copa de vino. Sui la aceptó por mera cortesía, no tenía ánimos para beber.

– "¿Era todo esto necesario?" – Preguntó y al momento se arrepintió de semejante imprudencia – "Disculpe, no quise…"

– "Es una tradición, los primogénitos varones son muy valorados, así que cuando alguna de las mujeres o esposas de potenciales herederos de línea directa están embarazadas se hace una pequeña ceremonia, antes se esperaba al nacimiento del bebé pero hoy en día, con la tecnología es fácil saberlo antes" – Soujun sonrió con melancolía.

– "¿Y si se tratase de una niña?" – Sui no pudo evitar recordar la expresión de júbilo en el rostro de los Kuchikis cuando la muchacha, Rukia, anunció que esperaba una niña.

– "Es una potencial futura esposa del hijo de algún magnate acaudalado" – Soujun sonrió – "Tengo cinco hijas, que no tienen que preocuparse por estudiar finanzas, solo tienen que verse lindas y conseguir un buen marido".

– "Eso se oye desagradable" – Sui dejó la copa sobre una repisa – "Si mi padre dijera algo así huiría de casa… un momento, eso quiere decir que Byakuya no tuvo que pasar por esta ceremonia, ¿Verdad?" – Tan pronto como lo dijo Sui deseó que se la tragara la tierra, Soujun palideció y sus manos empezaron a temblar sutilmente.

– "Así que él te lo dijo" – Soujun bebió un par de sorbos de su copa antes de continuar – "Supongo que ese tipo de heridas no sanan fácilmente".

– "Kuchiki Soujun–sama, no es lo que imagina…" – Sui intentó disculparse.

– "Y aun así sales con él" – Soujun la miró con admiración – "Realmente eres una caja de sorpresas, Sui Feng–san, compermiso".

Apenas Soujun le dio la espalda, Sui abandonó aquel salón a pasos rápidos a pesar de sus tacones once, se sentía sumamente avergonzada, había incomodado al único Kuchiki que había sido amable con ella, todo aquello era demasiado raro y no le gustaba para nada. Se detuvo en un pasillo silencioso, la brisa nocturna refrescaba y llenó sus pulmones con ella… se sintió libre.

– "Disculpe" – Una voz femenina habló a sus espaldas, lamentó haber perdido su precioso momento de libertad y se giró lentamente, sus ojos se toparon con otros lila, de mirada serena y maternal, la joven embarazada estaba frente a ella – "¿En verdad eres la prometida de nii–sama?".

– "Bueno… algo así" – Sui levantó los hombros resignada, consideró que no era conveniente negar lo que Byakuya había comentado, aunque no fuera verdad.

– "¡Qué alegría!" – Abrazando a Sui con demasiada efusividad – "Me alegro tanto".

– "G–gracias" – Sui intentó apartar a Rukia, con delicadeza dada su situación – "Así que Kuchiki–sama es tu hermano".

– "En realidad es mi primo" – Rukia deshizo el abrazo, para alivio de Sui, y se mantuvo pensativa – "Tal vez aún no sea el momento".

– "Rukia" – Byakuya se acercó a ellas, parecía preocupado.

– "Felicidades, ni–sama, tu prometida es muy linda" – Rukia hizo una reverencia y sonrió.

– "Gracias" – Byakuya observó a Sui, se veía bastante bien considerando que la dejó sola en medio de la jauría salvaje Kuchiki – "Felicidades por el pronto nacimiento de tu hija, Rukia, por cierto, ¿Por qué estás sola? ¿Dónde está ese Kurosaki?".

– "Ichigo tuvo que salir un momento, ya sabes, antojos" – Rukia trató de restarle importancia al tema – "Bueno, los dejo, tío Soujun dijo que quería ver las fotos del ultrasonido, fue un gusto conocerte, Sui–san, espero que seamos amigas".

– "El gusto es mío" – Sui observó cómo Rukia desaparecía por el largo corredor, al entrar al salón.

– "¿Estás bien?" – Byakuya la observó detenidamente.

– "Fui un desastre, en especial con tu padre, ¿Puedo irme a casa?".

– "Está bien, nos vamos" – Byakuya la guio a través de algunos pasillos hasta que llegaron al recibidor, escribió una nota y la entregó al mayordomo antes de salir de la mansión. El camino de regreso se sintió largo. Sui le contó lo sucedido con Soujun y Rukia, a Byakuya no pareció molestarle, es más, Sui casi podía jurar, por el inusual brillo en sus ojos, que lo estaba disfrutando. Apenas estacionó el auto frente al edificio de departamentos Sui se bajó sin esperar a que le abriera la puerta, esas cosas empezaban a crisparle los nervios, se despidió y entró raudamente, solo deseaba quitarse esos incómodos zapatos, darse un baño y dormir.

Se quedó sumergida en la tina más tiempo de lo acostumbrado, reflexionando sobre lo que estaba haciendo, solo para concluir que aquello era demasiado confuso y poco práctico, era como si estuviera entrando a un campo minado, como si en cualquier momento algo podría estallar y herirla… no, definitivamente ella no quería eso. Tomó su secadora de mano y al poco rato recordó lo largo que estaba su cabello, lo molesto que resultaba y decidió que debía cortarlo lo más pronto posible. Algo más relajada salió del baño dispuesta a tumbarse sobre su cama cuando oyó el sonido de su móvil. Quiso ignorarlo pero al existir la pequeña posibilidad de que fuera Yoruichi–sama lo recogió de la mesa en donde lo había dejado solo para leer "?" en la pantalla. Suspiró, no tenía ganas de hablar así que esperó a que cesara el sonido, solo entonces pudo ver que tenía tres llamadas perdidas, todas del mismo interlocutor. Estaba rumbo a su habitación cuando oyó el timbre de la puerta. Extrañada caminó hacia la puerta y observó por el ojo de buey… "Esto no puede estar pasando", casi de inmediato abrió la puerta y de un tirón metió a Byakuya a su departamento.

– "¿Qué hace aquí, Kuchiki–sama?" – Mirando alrededor para asegurarse que nadie más lo hubiera visto.

– "Huiste de mi" – Byakuya observó el interior, era normal, nada elaborado ni exageradamente femenino, le pareció un lugar agradable.

– "Tuve una semana difícil, y hoy no mejoró la situación, solo quiero descansar" – Llevándose una mano a la frente, sentía como si estuviese a punto de padecer un ataque de migraña.

– "¿Me consideras una carga, Shaolin?" – Allí estaba de nuevo, atento a lo que ella hacía, observándola, estudiándola.

– "¿Puedes dejar de decirme así?" – Caminando hacia la sala y sentándose en el sofá con los brazos cruzados.

– "¿Por qué?" – Byakuya caminó lentamente, mezcla de curiosidad e impaciencia.

– "Sólo hay tres personas que me dicen así, Shaolin es un nombre débil, prefiero que me digan Sui".

– "Comprendo" – Byakuya posó la mano sobre uno de sus hombros, Sui se giró hacia él desconcertada, esos ojos usualmente fríos se veían diferentes, como si el tono de gris hubiera cambiado, él por su parte la contemplaba, ella era un enigma, sabía de sus intenciones y aun así se negaba a ser conquistada, como si él no le interesase en lo absoluto, como si fuera inmune a él y eso empezaba a gustarle.

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¡Hola! No es un capitulo meloso, es más, no pensaba actulizar ningún fic pero bueno, lo prometí en algún momento de lapsus terrificus así que aquí está, ¿Qué creen que pasará? ¿Este par se casará? ¿Surgirán más problemas? ¿Qué pasará cuando los demás Kuchiki se enteren de la verdad?

Kisses

Milly–chan / Maryeli

:P

14 de febrero 2016