WARNING: Este fic es AU y con mucho OOC, pero con los personajes del universo Bleach del gran Kubo Tite, y obviamente las situaciones vertidas aquí son 99% improbables e irreales pero me divierto escribiéndolas jijijiji XD

Saludos para Frany Fanny Tsuki, Gracias por el saludo, aquí también el 6 es bajada de reyes, dije que la historia daría giros y giros, más que una noria, así que cuidado de marearse jejejeje, lo de Byakuya y Senjumaru es más algo del pasado, tras la boda de Hisana, pero nunca fue algo serio, solo flirteo, lo de UraYoru se va a arreglar, ya lo verán muhahahaha… Black Angel N, Yo también estuve fuera de la ciudad en año nuevo, fue una experiencia muy bonita :D volviendo al fic, la intriga sigue, "las papas van a quemar" como dicen por aquí, como habrás notado hay muchas frivolidades en las altas esferas el repentino interés de Senjumaru en revivir el pasado con Byakuya es solo interés, va a ser el nuevo líder familiar, lástima que ella no sepa lo de Sui :3 ; Haibara20, El alejamiento de Yoruichi y Kisuke es más por malentendidos, que se arreglan pronto, Cang Du y Barragan tendrán perfil bajo por el momento, pero de que traman algo, siempre jejejeje creo que sólo será un capítulo del pasado, lo demás lo iré dejando en viñetas extras al final de algunos capítulos, feliz año :D

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Pudo oír el sonido de un piano a lo lejos y trató de ignorarlo, pero el sonido se acentuó y por costumbre extendió un brazo buscando la mesa de noche donde solía poner su móvil para apagar la alarma solo que no encontró ni la mesa de noche ni su móvil. Es más, tomó conciencia de que unos fuertes brazos la envolvían y sus ojos de abrieron de par en par: Se había quedado dormida, sobre el futuro líder de los Kuchiki. Sus mejillas ardieron como nunca antes en su vida, agradeció que su móvil cesó de emitir la melodía de piano, si no apagaba la alarma en un minuto se posponía y volvería a sonar en 5 minutos. Vaya, de pronto sintió que eran los cinco minutos más valiosos de su vida, tenía que encontrar la manera de "liberarse" y subir a su habitación a cambiarse, no podía permitirse llegar tarde. Intentó hacer un movimiento para bajar un pie pero su carcelero emitió un gruñido y ajustó un poco el agarre. Sui hizo un esfuerzo sobrehumano para no emitir un grito de la sorpresa. Sabía que Byakuya practicaba kendo, pero no sabía que estaba en tan buena forma, sin querer había descubierto que su masa muscular era bastante generosa. Respiró hondo y tras unos segundos intentó otra estrategia: giraría y se dejaría caer en la alfombra, la distancia no era mucha así que era poco probable que se hiciera algún daño, lo intentaría al estilo "ninja". Cuando estuvo dispuesta relajó el cuerpo lo más que pudo, y giró lentamente pero no contó con que su móvil, que estaba en su cartera, a un extremo del sofá, volviera a sonar, ni que los ágiles reflejos de Byakuya lo pusieran en alerta y se giró tan rápido que no sólo evitó que Sui cayera, además la tenía bastante sujeta y ahora la contemplaba, también sorprendido.

– B–buenos días… – Dijo finalmente Sui, para romper la tensión. El móvil dejó de sonar nuevamente. Con la mayor delicadeza posible extendió los brazos para poner distancia entre ellos y sentarse. Byakuya pareció captar el mensaje y la soltó casi de inmediato. Recuerdos fugaces de la noche anterior bombardearon su mente, entonces tomó conciencia de lo estaba pasando.

– Sui, lo lamento – Dijo realmente avergonzado. Intentó sentarse y Sui de inmediato se puso de pie y tomó su bolso. Aquella reacción no le gustó para nada. Es más, todo lo que ocurrió durante y después de la reunión era en parte culpa de Sui, aunque ella no lo supiera. Algo incómodo, se sentó y se llevó una mano a la frente.

– ¿Desea que le prepare un café? – Sui asumió que por la borrachera del día anterior, Byakuya estaba con resaca.

– Gracias – Respondió secamente, mientras la veía entrar en la cocina. ¿Tanto deseas estar lejos de mí? Pensó mientras se ponía de pie. Sui era tan distinta a las mujeres que había conocido, tenía esa capacidad de mantener la serenidad y la compostura, mentía con demasiada facilidad si la situación lo ameritaba, y eso le disgustaba, a veces era muy directa con sus comentarios, hábil en los negocios, su café era excelente, brillaba cuando estaba sentada frente al piano, muy responsable con su trabajo, inteligente… bueno, Senjumaru también era inteligente pero… volvió a llevarse las manos a la cabeza de nuevo: El motivo por el cual se había embriagado la noche anterior vino claramente a su mente, era porque en el momento en que cruzó miradas con Sui en la sala de juntas, cuando tenía a Shutara sentada en su regazo, en una situación comprometedora, una parte de él deseaba que Sui le reclamara o hiciera algo. Sabía que Sui no era ese tipo de persona, pero es su esposa después de todo, y no hizo nada, es más, se disculpó como si en verdad lamentara haberlos interrumpido… ¿Acaso él no le importaba? Antes de darse cuenta ya estaba de pie en la puerta de la cocina, observándola preparar el café.

– ¿Ocurre algo, Kuchiki–sama? – Preguntó algo incómoda, al descubrir que era observada.

– Lo que viste ayer en la sala de juntas… – Empezó él, pero fue rápidamente interrumpido.

– Lamento que Yoruichi–sama y yo interrumpiéramos el inicio de sesión, tuvimos un percance en el tráfico, no volverá a suceder – Sui terminó de pasar el café y abrió un estante para sacar dos tazas.

– No me refería a eso – Esta vez, Byakuya no estaba dispuesto a dejar pasar la situación, como en otras oportunidades – Hablo de...

– Como dije, no fue intencional, no quise interrumpir, Yoruichi–sama olvidó un file con información confidencial de Ukitake–sama – Sui se lo dijo mirándolo a la cara para luego desviar la mirada en busca del azúcar y agua hirviendo. Byakuya volvió a sentir aquella molesta sensación en el pecho, por un momento había abrigado la esperanza de que Sui dejara el file a propósito para tener una excusa para estar a solas con él… que equivocado estaba… que molesta sensación era aquella – ¿Está bien si es un expreso corto? No dispongo de mucho tiempo, debo ir a cambiarme para salir a trabajar – Ahí estaba ella de nuevo, actuando como si fuera su asistente, creando esa muralla entre ellos.

– Está bien, gracias – Se limitó a decirle. Sui acomodó una taza en la mesa de diario y pasó por su lado con la otra taza de café humeante en las manos, para subir las escaleras, rumbo a su habitación. Que tonto, por un momento creyó que se quedaría a acompañarlo a tomar el café. Era Sui, su esposa, pero de un matrimonio arreglado.

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BRISA DE VERANO

By Maryeli

Con cariño para Haibara20, Black Angel N y Frany Fanny Tsuki

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Tardó más de la cuenta en encender el coche, bueno, lo había dejado estacionado como una semana así que era obvio que percances como ese ocurrieran, pero tenía que salir de allí y alejarse del dúplex, no solo porque se le hacía tarde y no quería dejar esperando a su jefa, estaba además la extraña conducta de su… su mente colapsó un instante, pero solo un instante, para luego retomar las ideas, le preocupaba el extraño comportamiento de Byakuya, su falso esposo, porque aunque legalmente estuvieran casados, ellos no tenían un matrimonio real, todo era un farsa, y prefería estar lejos, solo por seguridad. Estaba a mitad de camino cuando tras detenerse en un semáforo el coche se apagó. "Maldición", pensó mientras intentaba encenderlo, sin éxito, "Genial" justo ahora. Buscó su móvil y marcó a la aseguradora, tendrían que enviar una grúa o algo, ignoró las quejas de un par de conductores que estaban estacionados detrás de su coche, cerró las puertas y miró alrededor, estaba cerca de una avenida principal, podría buscarse un taxi o tal vez, tomar el metro. Mientras daba la información a la aseguradora bajó a la estación del metro, compró una tarjeta y se dirigió al área de embarque. No esperó que hubiera tanta gente, se tensó un poco, seguramente se le estaba haciendo tarde. Caminó hacia un extremo, generalmente la gente se queda en las zonas donde están las escaleras de ingreso y los ascensores, así que tendría más suerte si intentaba abordar uno de los vagones del final. Estaba pensando en ello cuando algo llamó su atención. A varios metros de donde se supone se instala el último vagón, por delante de la línea amarilla, de encontraba un hombre alto y delgado, muy pálido, y cabizbajo. Sui miró alrededor, inquieta, ¿Cómo era posible que no hubiera un trabajador de la línea del metro cerca? ¿Cómo era posible que nadie más notara la extraña situación?

– ¿Es la primera vez que utiliza el metro? – Sin darse cuenta ya estaba de pie, a un lado de aquel hombre, haciéndola tan extraña pregunta. Por unos segundos creyó que no la había escuchado, pero cuando estaba por preguntarle algo más se vio escrutada por unos ojos marrones, carentes de brillo o emoción alguna.

– ¿Nos conocemos? – Preguntó el extraño, obviamente ignorando su pregunta. Sui decidió ser más astuta.

– No sé si lo sepa, pero está prohibido pararse por delante de la línea amarilla, creo que ambos deberíamos retroceder – Dijo con la mayor naturalidad posible. El hombre bajó la mirada y notó que ella se había puesto también por delante de la línea amarilla.

– Creo que tiene razón – Dijo él, como restándole importancia al asunto. Casi de inmediato retrocedió unos pasos, Sui lo siguió – Aún no ha respondido mi pregunta, ¿Nos conocemos?

– No, nunca lo había visto – Sui estaba más tranquila – ¿Qué tren está esperando?

– Uno que me lleve al este de la ciudad – Respondió él tras una pausa de varios segundos, observándola con curiosidad.

– Entonces está del lado equivocado, los trenes que pasan por aquí van al oeste – Sujetando con suavidad una de las mangas del abrigo del desconocido, notando que él sostenía un libro en una de sus manos – Sígame – El extraño se dejó guiar obedientemente y en silencio, Sui se tensó un poco cuando al estar del otro lado vio pasar el tren que esperaba, pero trató de disimular para no alarmar a su acompañante – Es frecuente equivocarse cuando no está acostumbrado a tomar el metro, listo, en este lado pasará el metro que necesita.

– Gracias, por cierto… – El extraño no pudo continuar pues a gran velocidad el tren se detuvo y varias personas se arremolinaron hacia las puertas, ansiosas por presionar el botón verde para subir.

– Apresúrese o perderá el tren – Sui prácticamente le dio un pequeño empujón y lo ayudó a entrar.

– Chica del metro… – La llamó él, antes de que las puertas se cerrarán – Tienes unos ojos muy lindos – Las mejillas de Sui se tiñeron de carmesí, el metro se alejó tan rápido como llegó y entonces ella recordó que tenía que ir a la oficina, palideció al ver la hora, tendría que llamar a su jefa y disculparse porque definitivamente llegaría tarde.

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El pobre asistente pelirrojo iba de un lado a otro, de una oficina a otra, pero nada parecía satisfacer a su jefe. Renji había notado que su jefe estaba muy pensativo la tarde anterior, tras la junta, pero todo había salido de las mil maravillas, y esa mañana apareció bastante serio y hasta parecía molesto y no entendía por qué. "Abarai" se oyó un grito desde la oficina que ocupaban en Seretei Corp. y tuvo que correr nuevamente para ver que se le ofrecía ahora.

– Dígame, Kuchiki–sama – Ni bien hubo pronunciado estas palabras vio una especie de turbación en el rostro de su jefe quien pareció enfadarse aún más.

– Ve y trae tres juegos de copias de estos expedientes – Señalando una pila de al menos 7 files de más de 30 páginas cada uno – Y no tardes, aún quedan muchos pendientes.

– Como ordene – Renji tomó los files y tras hacer una venia salió pensando en cómo volvería cargando tantas hojas, sería imposible hacerlo en un solo viaje.

– Hola Abarai – Un saludo amistoso lo distrajo de su momento de estrés, levantó la mirada y se encontró con Kuchiki Soujun.

– Buenos días, Kuchiki–sama – Intentó hacer una reverencia pero no fue tan elegante como esperaba debido a su pesada carga.

– Por lo visto mi hijo te tiene bastante ocupado – hasta Soujun sentía pena por el pobre asistente – ¿Crees que tenga tiempo para recibir a su padre?

– Le sugeriría que volviera en otro momento – Comentó Renji, tratando de mantener la serenidad – Al parecer Kuchiki–sama está con bastantes ocupaciones el día de hoy.

– Precisamente vengo a liberarlo de dichas ocupaciones para darle otras, no te entretengo más, nos vemos Abarai – Soujun continuó su camino, conocía donde quedaba la oficina que Yamamoto le había dado a Byakuya dentro de su empresa. Cuando Ginrei le dijo que Byakuya pasaría una temporada bajo las órdenes de Yamamoto se enojó un poco, su hijo era fuerte candidato a convertirse en el futuro líder de la familia, oportunidad que por cosas de la vida él había perdido, alejarlo de las empresas Kuchiki era como un exilio, pero luego comprendió que lo que buscaba Ginrei era protegerlo, las cosas estaban muy tensas en el círculo familiar de los Kuchiki, bastaba con ver lo que ocurrió en el cumpleaños de Ginrei para darse cuenta de eso. Llamó a la puerta para luego entrar sin esperar autorización. Byakuya levantó la mirada y no hizo nada para ocultar su disgusto por verlo allí, Soujun empezaba a acostumbrarse a ello – Buenos días, Byakuya – Saludó para luego tomar asiento.

– Buen día, padre – Dijo, mientras retomaba la lectura que había sido interrumpida. Soujun parpadeó algo desconcertado, por unos segundos le dio la impresión que los ojos grises de su hijo mostraron un resplandor lila, pero luego se reprochó mentalmente, Byakuya era un Kuchiki, ese efecto temporal de cambio de tonalidad en sus ojos era prueba innegable de ello.

– Byakuya, Ginrei me envió a hablar con Yamamoto – Soujun decidió ser directo – Queremos que vayas a Londres y Francia para las negociaciones con las aduanas por el tema de las exportaciones – Byakuya interrumpió nuevamente su lectura, para intercambiar miradas con su padre. Definitivamente no era una broma, pero un viaje así implicaba estar lejos de Japón al menos por un mes. Soujun no tardó en notar la angustia en la mirada de su hijo, Byakuya podría disfrazar sus sentimientos aparentando frivolidad e indiferencia, pero después de todo él era su padre y lo conocía bastante bien – ¿Acaso tienes alguna objeción? – Preguntó pues Byakuya se estaba tardando demasiado en responder.

– Ninguna – Respondió mientras se colocaba otra vez la careta de frío aristócrata – ¿Cuándo debo partir?

– Esta misma noche, si fuera posible – Soujun pudo ver otra vez ese brillo de preocupación en los ojos de su hijo – Tenemos información sobre Barragan, al parecer viajó a Francia hace unos días, lo de su hijo en la reunión de ayer era solo un pantalla y para confirmar información sobre el estada de nuestras navieras.

– ¿Quién irá a Taiwán? – Byakuya tuvo la fugaz esperanza de tomar el viaje a Taiwán, que era un lugar más cercano lo que implicaba que el viaje sería más corto.

– Yo me estoy encargando de esas negociaciones y las de China, junto a Shihôn Yoruichi, como se acordó en la reunión –Soujun intentó entender lo que le pasaba a su hijo, había salido antes en viaje de negocios de varios días sin objetar nada, pero ahora... parecía no querer marcharse.

– Entiendo, le diré a Abarai cuando termine la diligencia que le encargué – Byakuya prefirió dar por zanjado el asunto y retomar la lectura que había interrumpido.

– Le pediré a mi asistente que se encargue de los pasajes y la reservación del hotel – Dijo Soujun, mientras se ponía de pie – De lo contrario me temo que al pobre Abarai le dará un infarto de tanto estrés – Comentó logrando hacer que Byakuya enarcara una ceja – Buena suerte, Byakuya – Si todo salía bien, pronto su hijo sería proclamado como el nuevo líder de la familia.

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Aunque Yoruichi le dijera que todo estaba bien y dejara de preocuparse por la tardanza de la mañana, Sui siguió haciéndolo, cada vez que tenía oportunidad, por supuesto. Para después del almuerzo Yoruichi estaba algo cansada de ello:

– Ya es suficiente, para con eso Sui o de verdad voy a enfadarme – Regañó a su asistente. Ambas habían ido a almorzar a un restaurante cercano, Sui parecía algo animada pues después de varios días había visto comer en generosa cantidad a su jefa, estaban de camino a la salida.

– Lo siento, Yoruichi–sama – Dijo Sui, por enésima vez. Yoruichi estuvo a punto de regañarla cuando frunció el ceño al notar la llegada de dos personas.

– Buenas tardes, Yoruichi, Sui – Saludó amistosamente Urahara Kisuke. Su asistente repitió el mismo saludo.

– Buenas tardes – Respondió fríamente Yoruichi – Vámonos Sui, aún tenemos muchos pendientes – Sui apenas alcanzó a hacer una reverencia pues Yoruichi aceleró el paso y salió del restaurante. Le pareció extraño pues en otros tiempos su jefa le habría hecho rabiar pues seguramente se habría puesto a conversar largo y tendido o incluso hubiera repetido el postre o algo así para quedarse con Kisuke, pero ahora… incluso Sui sintió lástima por el tipo ese, se veía pálido y con ojeras, definitivamente no la estaba pasando para nada bien – Sui, dame la llaves, tengo ganas de conducir – Aquellas palabras de su jefa la pusieron en alerta.

– Yo puedo conducir, Yoruichi–sama – Sui se llevó una de sus manos al bolso donde había guardado las llaves del coche que había tomado de la compañía de los Shihôn.

– ¿No dijiste que el coche que te di se estropeó? No quiero que se arruine otro coche, así que dame las llaves – Comentó Yoruichi con sarcasmo y un tono ligeramente autoritario.

– Como ordene, Yoruichi–sama – Sui le entregó las llaves. Después del accidente algunas cosas habían cambiado, a veces Yoruichi se mostraba fría y autoritaria, como los demás aristócratas que conocía, trabajaban hasta muy entrada la noche, y se negaba a hablar con los demás Shihôn de temas que no estuvieran relacionados con los negocios. Urahara Kisuke había manejado el tema del bebé con mucha discreción de forma que la noticia nunca se divulgó, simplemente pasó como si nunca hubiera existido. Una inexplicable tristeza la invadió súbitamente. Desvió la mirada al camino, Yoruichi era buena conduciendo así que tenía que aprender a no preocuparse, pero nunca estaba demás vigilar los alrededores, solo por precaución. Aquella repentina tristeza les acompañó durante el resto de la tarde. Después de dejar a Yoruichi en casa, Sui decidió conducir hasta el dúplex. Era bastante tarde así que casi no había tráfico, aceleró un poco, era mejor conductora de lo que la mayoría suponía, solo que evitaba exceder el límite de velocidad para no exponer a Yoruichi, pero ahora estaba sola y por alguna inexplicable razón sentía que necesitaba ese "poquito de adrenalina". Las ruedas chirriaron cuando estacionó el coche. Sonrió. Tal vez su jefa tendría razón y terminara estropeándolo también. Se quitó el cinturón, tomó su bolso y las llaves y caminó rumbo al elevador. Hacía frío pero apenas lo sentía, la adrenalina de manejar excediendo los límites de velocidad le había dejado una placentera sensación. Invierno. Aquella extraña situación empezó en verano, ya habían pasado varios meses, abrió las puertas de dúplex y se quitó los zapatos para cruzar rápidamente hacia las escaleras para entrar en su habitación. Ni siquiera encendió las luces. El lugar estaba en sepulcral silencio y quería que así permaneciera.

La suave melodía de un piano le obligó a abrir los ojos. Estaba oscuro pero era un hecho que era hora de iniciar su rutina. No muy animada se puso un chándal y bajo las escaleras, al menos correría por los alrededores para no perder la costumbre. El frío de la madrugada no disminuyó su entusiasmo. La vida continúa, y ella tenía que ser el apoyo de Yoruichi, al menos hasta que superara el tremendo bache en que el accidente y la pérdida de su bebé le habían hundido. Después de 15 minutos volvió al dúplex. Era consciente que se estaba exigiendo demasiado, pero era necesario. Entró sigilosamente para ir a la cocina a poner a hervir agua y encender la máquina de café, quería preparar el desayuno antes de subir a cambiarse, ya varios le habían comentado que se veía más delgada y no quería darle otra preocupación a su jefa. Llevaba una taza de café y un par de tostadas hacia su habitación cuando notó que había una nota en la mesa del comedor. Por la impecable caligrafía supo que era de Byakuya. Mientras comía la extendió y leyó:

"Sui:

Me envían a Inglaterra y luego Francia para arreglar unos asuntos, estaré fuera alrededor de un mes, dejé todo previsto para que no tengas inconvenientes con los pagos de los recibos, la señora de la limpieza va los martes y los viernes pero dudo mucho que la encuentres, es muy discreta, cuando vuelva hay algo de lo que quisiera conversar contigo, cualquier eventualidad siéntete libre de escribir o llamar.

Atentamente,

Kuchiki Byakuya".

Sui dejó la nota sobre la mesa. Respiró hondo, analizando la situación. De pronto los confusos sentimientos que la acechaban empezaron a disiparse. Byakuya estaría lejos, no tendría que visitar a ninguno de los Kuchiki, no tendría que aparentar nada… volvería a ser libre. Una sensación de tranquilidad la envolvió, un asunto menos del que preocuparse, ahora podría centrarse en lo que realmente importaba: su trabajo y su estimada jefa, Yoruichi. El camino a la oficina se le hizo corto. Estaba de excelente humor ese día, incluso pensó en la posibilidad de volver por unos días a su departamento, sería como "si nada hubiera pasado". La mañana transcurrió con normalidad. Ordenaron para almorzar en la oficina y por la tarde volvieron a tener una videoconferencia con los rusos, una vez más, sin resultados positivos.

– Esos rusos son de lo peor – Yoruichi se llevó una mano a la frente. Al parecer no lograría hacerse de las acciones que su tío Barragan y su primo Cang Du vendieron.

– Creo que deberíamos dejar el asunto por un tiempo – Comentó Sui, mientras se acercaba para hacerle un masaje en los hombros – Si los hacemos ellos pueden convencerse que las acciones ya no nos interesan y ponerlas en venta, tal vez Ukitake–sama o alguien cercano podría ayudarnos con la transacción.

– Tienes buenas ideas, como siempre Mifeng – Yoruichi cerró los ojos, los masajes de Sui eran excelentes – Esperaba poder recuperar esas acciones antes del siguiente verano, ya sabes, Yuushiro entrará a formar parte de la junta directiva y quería dárselas como regalo.

– Es muy amable, Yoruichi–sama – Sui sintió más admiración por su jefa, no deseaba las acciones para convertirse en mayoritaria absoluta, al contrario, al cederle un porcentaje de las acciones a su hermano menor le daba más peso y por lo tanto los demás accionistas tratarían a Yuushiro con respeto.

– Ya es tarde, vámonos a casa, Sui.

– Como ordene, Yoruichi–sama – Después de dejar a Yoruichi en la mansión condujo hasta su departamento. Se sintió irremediablemente feliz al entrar sabiendo que se quedaría varios días allí, y sin pensar en nada más que en la tranquilidad recuperada durmió profundamente. Al día siguiente retomó la rutina de salir a correr hasta el parque a un par de kilómetros, se sintió más cansada de lo que recordaba pero asumió que se debía al hecho de haber dejado de hacer ejercicios con regularidad. Se preparó un desayuno ligero haciendo una nota mental de hacer compras al volver de la oficina y salió a recoger a Yoruichi. La mañana iba casi perfecta hasta que recibió un mail del asistente de Kuchiki Soujun informando de la fecha pactada para las reuniones con los responsables de las aduanas de Taiwán y China. Bueno, no había podido sacudirse a todos los Kuchiki de encima pero al menos el primer viaje era todavía en diez días y sería corto. El viaje a China sería en primavera. La noticia no agradó para nada a Yoruichi, estaba contando los días para viajar a Francia en primavera. Salieron a almorzar a un restaurante de comida italiana cercano, todo iba de las mil maravillas hasta que una familia ocupó la mesa contigua, tenían dos niños pequeños y un bebé, la expresión de Youichi cambió. Sui se apresuró a pedir la cuenta para salir lo antes posible, pero eso pareció empeorar el estado de ánimo de su jefa. Estaban de salida cuando algo inesperado sucedió:

– ¡Chica del metro! – Un hombre alto y apuesto, aunque de aspecto algo sombrío se acercó a ellas – Sabía que eras tú – Suavizando la mirada al observar a Sui y sonriendo – No tuve oportunidad de darte las gracias el otro día.

– ¿Sui quién es el apuesto caballero que nunca me has hablado de él? – Yoruichi cambió completamente la expresión desolada en su rostro –Mi nombre es Shihôn Yoruichi, mucho gusto – Extendiendo la mano al desconocido que obviamente estaba intentando coquetear con su asistente y amiga, aunque Sui era tan torpe que ni cuenta se estaba dando.

– Mucho gusto – Devolviendo el saludo a Yoruichi para luego intercambiar un apretón de manos – ¿Así que tú nombre es Sui? – Volviendo a sonreír mientras miraba fijamente a Sui – Shukuru Tsukishima, creo que no alcancé a decirte mi nombre tampoco – Sui se limitó a hacer una venia, algo confundida por la situación.

– En realidad se llama Shaolin Feng – Volvió a intervenir Yoruichi, parece que estar en plan de celestina le entusiasmaba mucho.

– ¿Feng? ¿De los Feng de China? – Preguntó intrigado el extraño.

– Sí – respondió secamente Sui, miró al extraño con algo de desconfianza.

– ¿Pero qué te ocurre Sui? – Yoruichi le dio una fuerte palmada en la espalda – Al menos intercambia números de móvil con Tsukishima.

– Eso me encantaría – Tsukishima se apresuró a sacar su móvil de entre los bolsillos de su abrigo.

– Pero Yoruichi–sama…

– Hazlo Sui, apresúrate que tenemos que volver al trabajo – Le apuró Yoruichi. Al rato estaban de camino a la oficina, pero Sui notó que Yoruichi iba más animada, incluso tarareaba alguna canción.

– Yoruichi–sama…

– Sui, ¡Por qué nunca me hablaste del tal Tsukishima! – Yoruichi le tomó del brazo – Es muy apuesto, creo que su apellido me suena de algún lado... ¿Era él quien te enviaba los regalos?

– ¡No! – notando que había alarmado a su jefa por la enérgica respuesta, por lo que suavizó u poco el tono de voz – A Tsukishima–san lo conocí hace unos días en la estación del metro, al parecer estaba perdido.

– ¿En serio? – Yoruichi no pareció muy convencida con la explicación – Parece que lo flechaste, te estuvo coqueteando todo el rato.

– Se está confundiendo, Yoruichi–sama – Sui decidió que era mejor dejar aquel tema de lado.

– Te aseguro que no, Sui, solo que eres muy distraída y algo torpe cuando se trata de los sentimientos amorosos – Yoruichi parecía empezar a recobrar su entusiasmo de siempre – Así que yo voy a ayudarte.

A Sui aquello le dio mala espina, pero ver a su jefa tan animada le hizo reconsiderar la situación, si el tal Tsukishima era un tipo raro o desagradable simplemente lo ignoraría y cortaría toda comunicación con él, así que nadie saldría perjudicado, o al menos eso quería creer.

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Estaba en proceso de revisión de unos contratos cuando su mente se distrajo. Byakuya llamó la noche anterior para avisar que había llegado a Inglaterra sin inconvenientes, pero él seguía sin poder quitarse la mirada de preocupación que vio en su hijo… era como si Byakuya no quisiera salir de Japón, la pregunta era ¿Por qué? Su asistente entró a la oficina para informar que ya había enviado el mail a Shihôn Yoruichi avisando de las fechas para las reuniones con los responsables de las aduanas de Taiwán y China. Almorzó con Ginrei y unos empresarios canadienses para luego volver a la oficina. Faltaba poco para que termine el invierno pero el frío se negaba a irse. Salió al balcón a fumar un par de cigarrillos. No fumaba con frecuencia, pero a veces le ayudaba a relajarse y acomodar sus ideas.

– Sabía que te encontraría aquí, Soujun – Una voz interrumpió su tranquilidad. Soujun le devolvió una fría mirada que cambió de inmediato a una de asombro.

– Tsukishima… no sabía que estabas en Japón – Dijo, aún desconcertado.

– Llegué hace 3 días – Mostrando una media sonrisa – Y esta vez Japón me recibió con los brazos abiertos, por decirlo de algún modo.

– ¿A qué te refieres? – Soujun dio una de las bocanadas finales al segundo cigarrillo.

– Conocí a una joven bastante interesante en el metro, espero verla pronto, tenía unos ojos hermosos – Tsukishima se apoyó en el barandal del balcón y contempló el horizonte, su mirada había perdido un poco de ese aspecto sombrío.

– Me alegra oír eso, procura traerla algún día, a Ginrei le dará mucho gusto – Soujun dejó la colilla en un cenicero.

– Si las cosas van bien ten por seguro que la traeré, por ahora te pediría que lo mantuvieras en secreto, Soujun.

– Pues además que la conociste en el metro no tengo más información de la joven en cuestión – Soujun levantó los hombros, algo sorprendido por el repentino entusiasmo de Tsukishima.

– Y que tiene unos ojos hermosos – Tsukishima sonrió, nos vemos, Soujun.

– Nos vemos – Soujun volvió a entrar a su oficina. Su asistente lo esperaba con algunos reportes – Qué curioso… – Comentó.

– ¿Hay algo malo en los informes? – Preguntó su asistente, preocupado.

– No, todo es correcto, pensaba en voz alta, es raro ver a Tsukishima por aquí, normalmente está en Estados Unidos, exiliado y con poco contacto con la familia Kuchiki por decisión propia.

– Es normal que esté en Japón, después de todo en dos semanas se recuerda el aniversario de la difunta esposa del señor Tsukishima – Respondió diligentemente su asistente. Soujun sintió como si algo hubiera hecho "click" dentro de su cabeza… de pronto todo parecía tener sentido: Byakuya no quería irse de Japón por el mismo motivo por el que Tsukishima había venido, porque se acercaba el aniversario de la muerte de Hisana.

Lástima que Soujun estuviera equivocado en sus suposiciones, porque la vida a veces es como las manecillas del reloj, giran y giran hasta que finalmente se encuentran, si el destino fuera un camino tendría demasiadas curvas y baches que irremediablemente guiarían a nuestros protagonistas a los lugares menos pensados.

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Vaya que dudé mucho antes de decidirme a publicar este capítulo, pero creo que quedó mejor de lo que esperaba, hay algo que he omitido temporalmente, ya lo verán más adelante. Por ahora debo conformarme con los nacionales de skating (Rusia, Korea) mientras espero el 4C… awwww que pasará.

Volviendo al fic, ¿A qué les ha sorprendido el rumbo que está tomando? Solo les pido que "no juzguen antes de tiempo" se acercan muchas sorpresas y algo importante, Sui no tiene idea de quién es Tsukishima y él no sabe que ella es la "prometida" de Byakuya muhahahaha Dejó otra viñeta Ginrei–Sui (abuela de Sui) espero que les ayude a entender mejor que sucedió

Feliz Año 2017, lleno de animes, fics, sueños y más sueños

:P

Kisses

Milly–chan / Maryeli

Subido 12 Enero 2017, imaginando que el cielo es una enorme pista de skating (se acercan los nacionales chinos y norteamericanos).

:P

El camino se le hizo extremadamente largo. Había partido apenas recibió la noticia, quería ser el primero en decirle, el primero en ver su reacción. ¿Se alegraría? ¿Se sorprendería? Mientras pensaba en ello abrigaba una esperanza, tal vez ahora podría cambiar algunas cosas. Apenas el chofer estacionó el coche se bajó sin esperar que le abrieran la puerta. Tendría años para los formalismos, pero ese día no. El mayordomo abrió la puerta principal al oír el repetino y exagera sonido del timbre:

– Buenos tardes, Kuchiki–sama – Dijo con mucha solemnidad.

– Hola Sebastian, ¿En dónde se encuentra la señorita Sui? – El joven Kuchiki parecía estar a punto de echarse a correr en cualquier momento.

– En la sala de piano, practicando, ¿Desea que lo anun…? – El mayordomo no pudo completar su ofrecimiento, el recién llegado cruzó la sala y subió las escaleras corriendo. No era la primera vez que visitaba aquella casa. Era grande y acogedora, no tan grande como la mansión de los Kuchiki, pero se sentía un ambiente de armonía bastante agradable. Estuvo tentado de abrir de golpe las puertas de la sala de piano pero una suave y bella melodía llegó a sus oídos. Cerró los ojos y dejó que la música inundara sus sentidos. Lo primero que haría sería ordenar que se cultivaran cerezos en la mansión, todo un sendero de ellos, para que Sui pudiera disfrutar de ellos las veces que quisiera. Le obsequiaría un gato, sabía cuánto adoraba ella aquellos animales y aunque no fueran de su agrado si era para verla feliz, estaría bien. La música se detuvo y esa fue su señal para abrir las puertas, casi de inmediato la joven de unos 20 años, de larga cabellera negra y ojos rasgados de un hermoso tono de gris se puso de pie, sorprendida.

– ¡Ginrei! Me has dado un buen susto – Se llevó una mano al pecho, para luego sonreír – Un día de estos vas a darle un infarto al pobre Sebastian, nunca lo dejas anunciarte – El recién llegado caminó hasta quedar frente a la joven.

– Hola Sui – Saludó animadamente – Tengo increíbles noticias – Sin poder ocultar su emoción.

– Yo también, tengo algo que decirte, Ginrei – Soyâ Sui parecía más radiante ese día – Pero ya que te tomaste la molestia de venir hasta aquí, sé el primero en contarme, Ginrei.

– Eso sería una descortesía, Sui, tu primero – Trató de mantener las formas, aunque en el fondo se moría por contarle.

– Ginrei, te conozco lo suficiente como para saber que siempre quieres tener la última palabra, pero esta vez no te daré el gusto – Tomando asiento en la banca del piano – Te escucho.

– Bueno – Ginrei adoptó posición solemne – Esta mañana he sido proclamado como el nuevo líder de la familia Kuchiki – Hinchando el pecho de orgullo, irguiéndose a más no poder.

– Felicidades, Ginrei… o debería decir "Kuchiki–sama" – la joven se puso de pie para abrazarlo – De ahora en delante te esperan muchas responsabilidades, imagino que tus primos deben estar verdes de envidia – Sin poder ocultar una risita burlona – Pero tú lo mereces más que ellos – Dejando de abrazar a su amigo, quien no pareció muy contento por la breve felicitación.

– Gracias Sui, tengo pensado cambiar muchas cosas, ya verás – Mirándole a los ojos – Ahora dime Sui, ¿Qué noticias tienes para mí?

– Pues Ginrei, tú también vas a tener que felicitarme – Un ligero tono carmesí asomó en las mejillas de la joven – Ayer me comprometí con Feng Hao.

– ¿Qué? – La expresión de felicidad desapareció del rostro de Ginrei. Se formó una breve pausa, al parecer él pensaba que la joven le estaba bromeando, pero verla confundida le confirmó que ella no mentía – ¿Pero el tal Feng no es el asistente de Shihôn Fudo? – El tono de desprecio con el que Ginrei mencionó las palabras "Feng" y "asistente" indignaron a la joven.

– Así es – Respondió, mostrando el velo de diplomacia que le habían enseñado desde niña – Es un hombre maravilloso, muy fuerte, valiente e inteligente, salvó mi vida, mi padre puso esa misma expresión que tu cuando Hao vino a pedir mi mano, pero luego de hablar con él cambió y accedió.

– P–pero si te casas con un asistente perderás estatus y toda posibilidad de ingresar a un círculo familiar importante… nadie te invitará a un evento social y…

– Estoy cansada de vivir en medio de hipócritas apariencias – Sui contempló a su amigo, después de todo no era más que otro engreído Kuchiki – Creí que te alegrarías por mí, porque eres mi amigo, per acabo de darme cuenta que no eres más que otro egoísta aristócrata, menosprecias a Hao porque no tiene una gran fortuna ni desciende de una familia de alcurnia, estoy realmente decepcionada de ti, Ginrei – Muy indignada Sui caminó hacia las puertas de la sala de piano y las abrió, haciendo una exagerada reverencia – Debo felicitarle como merece, Kuchiki Ginrei–sama, nuevo líder de la honorable familia Kuchiki, espero que su futura esposa le dé una gran descendencia y le permita continuar con su tradición familiar, por favor, no pierda tiempo con una mujer humilde como yo, pues solo soy la prometida de un simple asistente.

– Sui, espera… – Ginrei se dio cuenta de su error. Era cierto que estaba comprometido, pero no estaba enamorado de la muchacha que sus padres habían elegido, estaba pensando en anular el compromiso ahora que era el nuevo líder familiar – Sui…

– No voy a empañar su trascendental paso, me retiro, Kuchiki–sama – Sui lo dejó solo, de pie en medio del ahora silencioso salón de piano. Una honda herida se formó en su pecho, una herida que no sanaría nunca.

:P