La verdadera historia de Candy White
(capitulo 12)
Escuela de monjas de Londres, octubre 1912.
Candy se ha desmayado en los brazos de Terry, y este se ha quedado paralizado del horror al oír el ultimátum que acaba de ordenar la hermana Gray….. Finalmente reponiéndose, el chico rebelde exclama:
"usted no puede hacer esto que Candy y yo somos inocentes, alguien nos tendió una trampa!" Y apuntando del dedo a la chica mezquina, Terry continua: "esto es obra de Eliza, y juro por dios de que me las pagaras, zorra malvada!"
"Mide tu lenguaje Terry Graham Grandchester, y te exijo que te vayas inmediatamente a tu habitación pues estas castigado por una semana!" Le grita la monja anciana con severidad.
Esta vez, es Terry quien se arrodilla delante de la hermana Gray suplicándole: "le ruego en este caso que me expulse a mí y deje a Candy encerrada en su habitación por una semana, después de todo ella vino de muy lejos para estudiar aquí y convertirse en una señorita de alta clase, por favor no le arrebate esta oportunidad y piense que el señor siempre premia al que ayuda al desamparado."
Viendo a la monja anciana aflojarse, Eliza decide intervenir: "no le haga caso a Terry, el solo habla así porque está enamorado de Candy, piense más bien en la reputación de esta escuela tan prestigiosa si se llega a saber que aquí estudia una pecadora!"
"Cállate ya Eliza o si no me olvidare de ser un caballero!" Explota el chico rebelde al borde de la desesperación, e intentando una última vez le dice a la monja anciana: "por favor le suplico que reconsidere la situación y se dé cuenta que está actuando muy mal en expulsar una alumna que fue objeto de venganza."
Aclarándose la garganta, la hermana Gray declara: "está bien lo pensare, pero por ahora Candy White Andry pasara la noche en 'la celda del castigo', y que no se hable más del asunto!"
"Pero Candy sigue desmayada, y no creo que una pasar la noche en una celda fría sea la solución!" Insiste Terry, preocupado al ver que su tarsana con pecas seguía sin moverse.
"Ya se despertara en cualquier momento, así que sugiero que ustedes 3 regresen a sus respectivas habitaciones y me dejen a solas con ella!" Exige la hermana Gray con autoridad.
"Como usted ordene señora!" Exclaman Eliza, Luisa y Terry al mismo tiempo, y sin perder un minuto más, cada cual se va a su respectiva habitación.
Observando a la rubia pecosa por largo tiempo, la anciana monja se pregunta cuál es aquella verdad: 'le ruego que me guie señor, y que me diga que camino debo yo de tomar, pues por nada del mundo quisiera yo cometer una injusticia...Confió en que me iluminara para tomar aquella decisión tan difícil…'
Y suspirando, la hermana Gray observa a Candy y decide que mañana será otro día, y que no le queda más remedio a la rubia pecosa pero pasar la noche en la celda fría, y armándose de valor decide despertarla a la fuerza: "Candy abre los ojos ya, que yo no puedo cargarte hasta la 'celda de castigo'!"
Abriendo los ojos, la rubia pecosa parpadea y mirando a la monja atónita exclama: "es usted hermana Gray, y que piensa hacer conmigo?"
"Lo siento muchísimo Candy, pero te iras directamente a la 'celda del castigo' hasta que yo decida qué hacer con tu comportamiento, y te advierto que no te hagas muchas ilusiones, pues lo más probable es que te mande de regreso a América."
Suspirando con sumisión, Candy intenta una vez más de ablandar el corazón de la monja, y bajando la cabeza declara: "como quisiera yo que usted me creyera cuando le digo que todo fue una trampa de Eliza."
"Lo único que creo yo, es lo que mis ojos vieron, y fue más que suficiente verles abrazados a los 2 en el establo!" Responde la hermana Gray con vehemencia.
Al sentir las repentinas gotas de agua caer, la monja anciana agarra a Candy a la fuerza y declara: "me temo que esta noche te quedaras en la 'celda de castigo', así que más vale que te acostumbres ya a tu nuevo hogar."
Y sin esperar que la rubia pecosa conteste, la hermana Gray la arrastra hasta la 'celda de castigo', y una vez adentro cierra la puerta con candado detrás de ella.
Temblando de miedo al ver aquella habitación oscura, Candy golpea con todas sus fuerzas gritando desesperadamente: "sáqueme de aquí hermana Gray que yo no me merezco tal castigo!"
Ignorándola, la anciana monja se encamina hacia su habitación pensando todo el tiempo: 'habré obrado bien en encerrarla sin darle una oportunidad de defenderse? Claro que sí, pues no hay perdón para pecar así a tan temprana edad!'
Terry esta solo en su habitación, sufriendo por todo el daño que el siente le ha causado a Candy: 'todo aquello que sucedió es mi culpa, yo nunca hubiese tenido que poner mis ojos en aquella chica tan valiente y llena de bondad…. Que feliz me sentí sin embargo durante estos 10 meses que pasamos juntos, y si no fuese por los celos de Eliza a lo mejor todavía tendría a mi tarsana con pecas en mis brazos, acariciándola…. Dios mío, que cruel puede resultar el destino a veces y como daría yo por volver atrás!'
"Terry porque me abandonaste!" Llora Candy amargamente en su 'celda de castigo', y por primera vez se da cuenta de la falta que le hace aquel chico rebelde y complicado, y en este mismo instante removería cielo y tierra por estar junto a él, mirando las estrellas en el cielo o incluso peleándose: 'dios mío, cómo pudiste ser tan cruel conmigo…. Primero me quitaste a Anthony y ahora a Terry!' Y no pudiendo aguantar más, la rubia pecosa derrama más lágrimas y cuando ya no le sobran fuerzas se duerme agotada.
La hermana Gray esta acostada en su cama, pensando en lo intenso que fue este día y repasando todo con detalle en su cabeza, sigue indecisa en tomar la decisión exacta: 'dios mío pero si mañana tengo que actuar sin la menor duda, pero aun no me cabe en la cabeza de que esto fue una trampa creada por Eliza y Luisa…. Pero si así lo fuera, el colegio sufriría las consecuencias y yo no puedo permitir un escándalo!' Y su decisión tomada, la anciana se duerme en el acto.
A la mañana siguiente, Terry se despierta con una nueva resolución: la de salir de su habitación sin permiso. 'De esta manera tendrán que expulsarme a mi si ven lo desobediente que soy, pero intentare una última vez de hablar con la vieja zorra esta de monja que tenemos!' Y sin perder ni un minuto, el chico rebelde se lava, y después de vestirse con su uniforme escolar sale de su habitación cerrando la puerta con cuidado.
Eliza, Luisa y su grupito están en plena conversación comentando la expulsión de la rubia pecosa: "por si no fuese poco, Candy tuvo la descares de negar sus actos cuando la misma Luisa y yo lo vimos todo con nuestro propios ojos!" Exclama la chica mezquina con satisfacción.
"En mi vida había visto una desvergonzada como aquella huerfanita, además Terry intento defenderla y cuando esto no funciono, fingió desmayarse y no hubo más remedio que regresarnos a nuestras habitaciones y perdernos lo que seguía!" Continúa Luisa, añadiendo más fuego a la leña.
"Y acaso ustedes 2 los vieron besarse?" Pregunta alguien con curiosidad.
"Besarse?! Pues como si fuera poco, si la hermana Gray no entraba a tiempo, creo que estarían haciendo el amor a estas horas!"
"Cállate ya Eliza y déjate de inventar canalladas que aquí la única culpable de todo este lio eres tú, y si no fueras mujer te daría tu buen merecido y estarías en un hospital recuperándote en este momento!" Le grita el chico rebelde sin poder contenerse al oír tantas mentiras salir de la boca de aquella chica malvada.
"Terry de donde sales, y acaso has estado ahí todo este tiempo escuchando sin qué nos diéramos cuenta? Siento mucho haberte causado disgusto con la hermana Gray." Le dice Eliza acercándose a él para darle un beso en la mejilla, pero al sentir los labios secos de aquella chica mezquina, el chico rebelde se aparta de ella con repulsión, y le contesta con frialdad:
"No te atrevas a tocarme jamás en tu vida que eres un ser muy indeseable, y a pesar de tu belleza exterior lo interno deja mucho que desear, eres incapaz de hacer feliz a nadie y menos a un hombre!" Y mirándola con despecho prosigue:
"Siento muchísima lastima por tu alma envenenada y nunca tendrás mi amistad, y mucho menos mi amor!" Y sin esperar la repuesta de Eliza, Terry se encamina hacia la oficina de la hermana Gray.
Lo que siente Eliza en este momento es algo muy nuevo para ella y muy doloroso: 'humillación y autocompasión', y el poder que normalmente ella posee, se va desvaneciendo poco a poco hasta dejarla completamente vacía.
'Dios mío, que será de mi de ahora en adelante si ya no tengo la mínima fuerza para seguir siendo el leader del grupo…. Terry me desnudo por completo con su discurso y yo no tengo a nadie para apoyarme, y sin mi poder estoy completamente sola…..'
Luisa la está observando como si la viera por primera vez, y lo que ve no le gusta en absoluto: 'Eliza ha perdido por completo su encanto, y ahora mismo parece más bien un ratoncito asustado…. Hare bien en seguirla tratando, o mejor me busco a alguien más fuerte y determinado?'
Titubeando, pone el brazo en el hombro de su amiga y le murmura al oído: "no dejes que un chico tan malvado como él te convierta en un ser débil, que sino el saldrá ganando y tu perdiendo."
Secándose las lágrimas que están a punto de brotar en sus mejillas, Eliza grita al borde de la histeria: "Esto nunca te lo perdonare Terry Graham Grandchester que nadie se burla así de una Leagan y nuestro apellido vale mucho más que el tuyo, yo te juro que me las pagaras!"
Todas las miradas del grupito están centradas en aquella chica mezquina que sigue temblando de rabia, y sin saber bien cómo actuar ante aquel espectáculo, cada uno de ellos se aleja murmurando a voz baja.
"Viste lo que paso amiga? Ahora ni mi grupito quiere saber de mí!" Exclama Eliza inquieta.
"Lo que pasa es que están un poco confundidos con la situación, pero ya verás que en un par de días todo volverá a la normalidad." Le dice Luisa, tratando de reconfortarla.
"Ojala así sea, o sino la próxima que se ira del internado soy yo!" Responde Eliza con determinación.
Al llegar delante de la puerta de la hermana Gray, Terry se aclara la garganta, y después de dudar unos momentos, toca la puerta suavemente.
"Adelante!" Ruge la inconfundible voz de la anciana monja.
Al ver entrar en su oficina al chico rebelde, los ojos se le abren en grande y exclama atónita: "Se puede saber qué haces aquí si estas castigado por una semana en tu habitación, y deberías estar más bien asistiendo a las clases!"
"Perdone mi descares pero le suplico que por nada del mundo expulse a Candy, ella no tiene ninguna de las ventajas que yo poseo, siendo el hijo heredero de un Lord, y si la echa se quedara en la calle sin apellido y dinero; En cambio yo no perdería nada: después de todo no es la primera vez que me fugo de una escuela, sin embargo usted si perdería la generosa donación que mi estimado padre le deposita cada mes, y si esto llegara a pasar, usted saldría perjudicada primero ya que se verían obligados a cerrar la escuela, y entonces a donde iría usted a estas alturas de la vida? Acaso a un convento o qué?"
Poniéndose pálida, la hermana Gray siente sus anos pesarle por primera vez, y bajando la cabeza con sumisión le dice suavemente a Terry: "de acuerdo tu ganas, pero quédate tú también por favor, o sino si es verdad que me veré en la calle si el Lord Grandchester se entera que te expulse."
"No se preocupe por esto y déjelo por mi cuenta que con este gesto bondadoso que me demuestra, no solo conseguiré que se quede, sino que también le aumentare la suma mensual.
Suspirando, la anciana monja se sienta en su escritorio, y agarrándose la cabeza, abatida le pregunta: "y como piensas organizar tu expulsión?"
"Muy fácil: mañana mismo me marchare temprano antes de que los alumnos y las otras monjas se despierten y comiencen a hacerme preguntas, y esta misma noche empaquetare mis cosas, y por esto le suplico que espere mi partida antes de soltar a Candy se su 'celda de castigo', odio las despedidas y no quiero verla llorar más, me entiende?"
"Entiendo y no te preocupes que le hare traer comida y una sábana caliente para que no pase frio en la 'celda de castigo', sin embargo mi pregunta es: como pretendes irte?"
"Tal como llegue: en barco, lo único que esta vez cogeré el que parte rumbo a América….." Murmura Terry con voz sonadora.
"Así que vas a reunirte con tu madre?" Declara la hermana Gray pensativa.
"A usted esto no le importa, ni lo que haga con mi vida privada: solo ocúpese de que traten bien a Candy y manténgala fuera del alcance de Eliza y Luisa, de acuerdo?" Le contesta Terry con firmeza.
"Cumpliré tus órdenes."
Y mirándolo con curiosidad continua: "a ti te importa mucho la felicidad de Candy verdad? Veo que la quieres, y empiezo a darme cuenta de que los juzgue mal a ustedes 2…..Actué injustamente al castigarlos, cuando en realidad las que merecen ser expulsadas son Luisa y Eliza."
"Le ruego que no lo haga pues solo complicaría la situación, y piense en la reputación de este colegio tan famoso, mejor haría vigilar y mantener a estas 2 par de zorras lejos de Candy."
La hermana Gray asiente, y tendiéndole la mano de repente le dice: "buen viaje Terry, y avísame mañana a qué hora quieres que llame al taxi para que te lleve al puerto de Southampton."
"Por favor no se moleste hermana que prefiero irme solo."
Y estrechándole la mano a la monja anciana, el chico rebelde continua: "adiós y gracias por todo." Y sin mirar más atrás, se encamina hacia la puerta rápidamente.
"Adiós Terry y cuídate mucho…" Y sintiendo una lagrima resbalar por su mejilla, la hermana Gray se repone en el acto: ella era la figura dura y autoritaria de este internado y tenía una imagen que mantener.
"Celda de castigo", temprano en la noche.
Candy está agotada de tanto llorar, y a pesar de sentir hambre no ha tocado la comida que las hermanas le trajeron, y que sigue intacta en el plato; Estaba demasiado deprimida, y el hecho de no volver a ver a su adorado Terry le quitaba las pocas fuerzas que le quedaban…
Unos golpes repentinos la sacan de su estado de tristeza, y mirando hacia la puerta de hierro, la rubia pecosa se levanta en el acto: "quien anda ahí? Acaso se le olvido las llaves a una de ustedes?" Pregunta sorprendida.
"Soy yo, tarsana con pecas…" Al oír la voz tan querida de su chico rebelde, a Candy se le congela el corazón por un par de minutos, y cuando finalmente recupera la voz exclama aturdida: "Terry eres tú!"
"Hasta que por fin hablas, y yo que pensé que te habías quedado muda del susto!" Le dice Terry riéndose a carcajadas.
"No te burles de mi o si no te pegare!" Le grita Candy ruborizándose, pero siente su corazón llenarse de felicidad."
"Que miedo tengo, y sobre todo sabiendo que puedes salir en cualquier momento!" Exclama el chico rebelde silbando.
"Terry que haces aquí si te castigaron? Acaso le desobedeciste a la hermana Gray y te escapaste? Dios mío si te pillan te expulsaran!" Exclama Candy preocupada.
""No lo creo pues soy el hijo de un Lord, y mi padre es el que mantiene el colegio en cierto modo, pero me alegra muchísimo saber que te preocupas tanto por mí, tarsana con pecas y si pudiera te besaría con pasión ahora mismo…" Le dice Terry con voz seductora.
"No te burles de mí!" Exclama Candy sonrojando levemente, y de repente sus oídos percatan una melodía musical.
"Espero que te guste la pieza que te compuse: se titula mi otra alma gemela pero si prefieres mi tarsana con pecas lo cambio." Le dice Terry suavemente, entrando su harmónica nuevamente en sus bolsillos, y con voz sonadora continua:
"Esta pequeña harmónica roja me la dio mi madre al yo cumplir mis 5 años de edad, antes de que mi padre la echara de nuestras vidas…"
Candy siente una inmensa felicidad, y se da cuenta en este mismo instante que el amor apasionadoy profundoque tiene por Terry es mucho más fuerte del dulce y tranquilo que le tenía a Anthony: 'será porque ya deje de ser una niña, o más bien porque es la primera vez que amo al alguien de verdad…'
Finalmente reponiéndose de tantas emociones, la rubia pecosa contesta: "no sabía que tocabas algún instrumento musical Terry, y déjame decirte que esta es la pieza más hermosa que he escuchado en mi vida…."
"Es como me siento yo ahora Candy: solo y triste sin tu compañía, y daría todo por tenerte otra vez en mis brazos y poder acariciarte tus bucles rizados…"
"Basta ya Terry, que no aguanto estar encerrada sin poder ni verte!" Llora Candy amargamente.
"No llores más mi amor, y quiero que me prometas algo." Le dice Terry dulcemente.
"Que cosa?" Le pregunta Candy, pensando en lo tierno que su chico rebelde se había expresado al llamarla su amor…
"Quiero que me prometas seguir siendo la chica fuerte y alegre que conozco, y que nunca te dejes vencer por las maldades de la gente que tu vales mucho Candy, y quiero seguir oyendo en mis oídos tu dulce risa musical…"
'Porque hablara Terry así?' Se pregunta la rubia pecosa alarmada, pero llenándose de valor le responde: "te lo prometo, pero exijo que te marches a tu habitación ahora mismo, que si la hermana Gray se llega a enterar que te escapaste, es capaz de ordenar tu ejecución!"
"No seas tan dura con ella que no es tan mala persona!" Le dice Terry riéndose a carcajadas, y con voz emotiva continua: "buenas noches tarsana con pecas, y ahora me regreso a mi habitación, contento de haber oído tu dulce voz….."
"Espera Terry! Quiero que me toques una última vez la melodía melancólica, pues se lo mucho que significa aquel instrumento para ti! Sabes, nunca conocí a mi madre, pues me abandono en un orfanato cuando apenas era un bebe, y como daría todo por saber quién es ella y donde esta….."
El ruido de la harmónica interrumpe su dialogo, y cerrando los ojos, la rubia pecosa suena en el día en que finalmente la dejen salir libremente para abrazar a su amor, aunque sea solo una vez, ya que de un momento a otro se marcharía rumbo a América….
Escuela de monjas de Londres, una triste mañana de Octubre.
Son las 6 de la mañana y Terry ya está listo con su maleta, parado delante de aquel edificio majestuoso en donde paso los mejores 10 meses de su vida: 'adiós mi juventud…. Adiós Candy…. Siente las lágrimas recorrer por sus mejillas pero poco le importa, ya que perdió a su alma gemela para siempre.
La hermana Gray ya se levantó y está observando a Terry desde su ventana: 'pobre chico, y me imagino lo mucho que debe de sufrir al marcharse para salvar el honor de Candy...' Y frunciendo el ceño conaprehensión, piensa en el momento en que el Lord se encuentre frente a frente a ella….'Dios mío, que le diré al señor Grandchester cuando me pregunte por su hijo mayor?"
Al sentir los primeros rayos de sol, Candy abre los ojos, y mirando a su alrededor recuerda que sigue encerrada en la 'celda del castigo': 'Terry estuvo tocando música para mi anoche y que feliz me sentí yo al oírlo!' El repentino ruido de una llave abriendo la puerta de hierro la vuelve a la realidad, y estrujándose los ojos, la rubia pecosa exclama:
"Quien anda por ahí, y es que acaso ya salgo en libertad?"
"Levántate Candy que ya puedes salir!" Exclama una de las monjas alegremente.
"Que alegría tan grande, y espero poder finalmente comer algo decente, y respirar aire fresco!" Contesta la rubia pecosa brincando de alegría.
"Podrás desayunar todo lo que tu corazón desee, así que apúrate ya!"
Sin esperar ni un minuto más, la rubia pecosa recoge todas sus pertenencias, y encaminándose hacia la monja la abraza efusivamente: "gracias por ser siempre tan dulce conmigo hermana María, y quiero que sepa que nunca la olvidare!"
"Yo también te aprecio mucho Candy, pero más vale que te des prisa o sino la hermana Gray se enojara!"
"Con mucho gusto!" Le dice la rubia pecosa guiñándole del ojo, y acto seguido, las 2 salen de la 'celda de castigo' a toda prisa.
Lo primero que ve Candy al caminar por los pasillos del internado, es el silencio total en aquellas tempranas horas de la mañana, y sin embargo al oír los llantos de Luisa, su corazón se congela:
"Esto no puede estar pasándome a mí! Yo soy una señorita de la alta sociedad y cómo es posible que mi padre ande en la quiebra?! Nunca le perdonare todo el daño que su desempleo me ha causado, y por favor no me eche del único hogar que conozco!"
"Lamento decirle esto, señorita Luisa Garland, pero su padre tiene unas deudas inmensa, y me temo que tendrá que marcharse lo antes posible!" Le dice la hermana Gray, con su voz apacible.
Arrodillándose delante de la monja mayor, Luisa aún no se da por vencida: "le ruego por lo que más quiero, que reconsidere mi situación y que no me eche!"
Lo que siente Candy al escuchar aquellas palabras suplicantes la vuelve triste, a pesar de la antipatía que siempre ha tenido por aquella chica malvada, cómplice de Eliza, no obstante se arma de valor y le pregunta a la monja María: "Que está pasando con Luisa que está al borde del llanto?"
Aclarándose la garganta, la monja le responde: "me temo que los días de Luisa están contados, pues su padre ha quedado en la quiebra….."
"Como es posible si ella creció en una familia prestigiosa?" Exige la rubia pecosa.
"Bueno a lo que oí decir su padre es un jugador, y es la primera vez que pierde, y lo más doloroso de todo, es que Luisa nunca sospecho de lo fácil que es perder toda una fortuna apostada, entiendes Candy?"
Antes de que la rubia pecosa pueda contestar, oyen la inaudible voz de Luisa rogar de nuevo: "Yo siempre soné en convertirme en una señorita de alta sociedad, y ahora ya no podre…"
'No hay que pertenecer a un colegio o club caro para convertirse en una señorita Luisa, y si hubieras permitido que entrara un poco en tu vida, tu y yo hubiésemos sido amigas, pero tu preferiste la compañía de Eliza, y ahí tienes las consecuencias…' Piensa Candy, lamentado no poder ayudar a una de sus enemigas número uno.
"Ya deja de sonar Candy que la clase ya empieza!" Exclama la hermana María arrastrando a la rubia pecosa hacia la cocina.
"Que rico huele y que hambre tengo!" Grita Candy, pensando en el desayuno que le espera en la cocina, y sin perder más tiempo come con apetito, como si nunca hubiese visto comida en su vida, mientras que la hermana espera pacientemente.
Finalmente después de 20 minutos, las 2 se encaminan hacia la primera clase del día, y al entrar al aula, lo primero que oye Candy, son los murmuro de cierto alumno:
"Terry ha sido expulsado por culpa de Candy y nadie sabe a dónde se ha ido!"
"Como es esto que Terry ha sido expulsado, y donde se encuentra ahora mismo?" Pregunta la rubia pecosa alarmada.
Lanzándole una mirada llena de odio, Eliza le apunta del dedo y le responde: "por tu culpa Terry ha sido expulsado del internado y esto nunca te lo perdonare!"
Abriendo los ojos en grande, la rubia pecosa exclama: "que es lo que quieres decir con esto Eliza, y si esto es una trampa, más vale que me avises!"
"Ninguna trampa, y si quieres saber la única verdad: Terry se fue del país para salvar tu honor y dejar que permanecieras aquí en su lugar, como lo ves?!"
Al oír aquellas palabras la rubia pecosa se pone pálida, y sin importarle las consecuencias se marcha de las clases y se echa a correr hasta llegar a la colina favorita, en donde el chico rebelde pasaba sus recreos, y echándose a llorar inconsolablemente oye de repente una voz familiar:
"Porque lloras Candy?"
Levantando la mirada lentamente, Candy ve a Albert parado a unos metros de ella sonriéndole tiernamente, y corriendo hacia el exclama: "que alegría verte, querido amigo y como te extrañe!"
Abrazándola fuertemente, el hombre joven de cabellos rubio le acaricia el cabello y le murmura al oído: "sabes que no me gusta verte llorar Candy, seca ya esas lágrimas y cuéntame más bien que paso?"
La rubia pecosa permanece en los brazos de Albert por mucho tiempo, respirando su rico perfume floral, y por alguna razón no quiere despegarse de el: 'que bien me siento en sus brazos reconfortantes…'
Sin dejar de acariciarla, el joven de cabellos rubio le pregunta suavemente: "por favor confía en mi amiga que soy un poco mayor que tú y seguro pueda aconsejarte." Y levantándole la barbilla le lanza una mirada tan profunda, que durante unos instantes a Candy le falta el aire: 'dios mío que ojos tan expresivos!'
Aclarándose la garganta, la rubia pecosa exclama tristemente: "Terry se ha marchado del internado y todo esto es culpa mía….." Y mirándolo curiosamente continua: "pero como es que estas aquí, o es que acaso te despidieron del zoológico?"
"Hoy me tome el día libre y decidí venir a verte pues algo me decía que te encontrabas mal, así que quiero que me cuentes todo desde el principio Candy."
Contenta de poder finalmente desahogarse, la rubia pecosa le narra lo sucedido…
Después de media hora de charla, Albert ya sabe la historia completa y se da cuenta de la triste situación en que se encuentra su grata amiga: no solo porque amaba a Terry con toda su alma, pero también porque de ahora en adelante, los alumnos del internado le harían probablemente la vida imposible y le dañarían su reputación.
Tomándole las manos le dice firmemente: "Pase lo que pase, quiero que me prometas seguir adelante con tus metas Candy y no dejar de estudiar por nada del mundo que en esta vida solo los fuertes salen adelante, y mi único deseo es verte convertida en una mujer libre e independiente."
Mirándolo con curiosidad, la rubia pecosa le pregunta: "me gustaría saber porque te preocupas tanto por mi Albert si solo soy una amiga para ti, y nada más."
"Y es por esta misma razón que quiero verte feliz Candy, me importas muchísimo y todavía estas creciendo, me apenaría verte tirar tu futuro en el aire: la vida da solo una oportunidad, y si no la aprovechas puede que te arrepientes toda tu vida."
"Gracias por tus palabras tan sabias Albert, reflexionare en todo lo que me acabas de decir, y te prometo seguir en el buen camino."
"Ahora me voy más tranquilo!"
Y abriendo los ojos en grande, el hombre rubio de cabellos largo le pregunta a la rubia pecosa de repente: "pero acaso no deberías ya estar en clases a esta hora Candy?"
Sonrojando levemente, la rubia pecosa le dice: "bueno si, lo que pasa es que me escape de clases cuando Eliza me conto lo de Terry pues no quería que nadie me viera llorar….." Y lanzándole una mirada suplicante a Albert, continua: "por favor no te enojes conmigo ni me hagas el sermón que por hoy mis nervios no aguantan más."
"Está bien no lo hare, pero quiero que me veas como a un hermano mayor que se preocupa por ti y solo desea lo mejor para ti, de acuerdo?" Le dice Albert con firmeza.
"Eres el hermano que nunca tuve y además mi mejor amigo, y así lo serás siempre pues eres la voz de mi consciencia…"
Y secándose las lágrimas que están brotando por sus mejillas, la rubia pecosa continua:
"No sé porque te quiero tanto Albert, pero lo hago…."
El rubio de cabellos largos abraza a Candy tiernamente, y antes de irse le murmura en el oído dulcemente: "yo también te quiero, mi pequeña pecosa y esto nunca cambiara…." Y acto seguido se marcha, dejando a la rubia pecosa atónita:
'Que habrá querido decir Albert con aquellas palabras?'
El súbito ruido de la campana escolar vuelve Candy a la realidad, y sin perder más tiempo, esta se echa a correr hasta llegar a tiempo para su próxima clase.
Lo primero que ve la rubia pecosa al abrir la puerta del aula es la mirada venenosa de Eliza, reunida con su grupito y sin Luisa: 'es que acaso no le hace falta su mejor amiga?' Piensa Candy, pero las palabras agrias de la chica malvada congelan su corazón:
"Hay que ver lo descaradas que son cierta gente al no asistir a la primera clase y aparecerse cuando les conviene!"
La voz repentina de la hermana Gray los toma a todos por sorpresa, y sobre todo a la chica mezquina: "Eliza Leagan! Exijo que te vayas inmediatamente a tu habitación que estas castigadas por 2 semanas, y quiero que reflexiones en tu mala conducta! Eres una alborotadora y hablas demasiado, y esto son defectos que yo no tolero!"
Arrodillándose, la chica malvada le ruega: "le suplico que no me encierre que no soporto la soledad y además solo dije la verdad, Candy es una embustera y por su culpa Terry tuvo que marcharse!"
"Vete a tu habitación inmediatamente, o sino prolongare tu castigo!" Le ordena la hermana Gray temblando de rabia.
Sollozando, Eliza se marcha lentamente pero no sin antes apuntar del dedo a la rubia pecosa: "esto me las pagaras Candy y te juro que no descansare hasta verte sufrir de verdad!"
Después de ver a su peor enemiga marcharse en llantos a Candy se le suaviza el corazón: 'Eliza debe estar sufriendo por la ausencia de Luisa y no merece tal castigo, por más malvada que sea….' Y dirigiéndose a la hermana Gray le dice:
"Le ruego que reconsidere el castigo de Eliza y la mantenga en su habitación solo por una semana, ella acaba de perder a su mejor amiga Luisa y debe de sentirse muy sola, por favor?"
Mirando a la rubia pecosa atónita, la monja mayor se ablanda y le contesta: "lo hare solo en nombre de la amistad Candy, y quiero que sepas que me siento muy orgullosa de ti, y como quisiera que todas las chicas fueran tan bondadosas como tú."
"Gracias hermana Gray, usted es más dulce de lo que parece!" Y guiñándole del ojo a la monja mayor, Candy se sienta en su escritorio.
Annie y Patty aprovechan la ocasión para cuestionarla: "te has vuelto loca amiga o qué? Acaso se te olvida que la hermana Gray es la que manda acá y puede echarte en cualquier momento?!"
"No lo creo pues sino lo hubiera hecho ya, y juzgándola bien pienso que esta de mi lado." Les contesta la rubia pecosa con confidencia.
Escuela de monjas, Londres esta misma noche de Octubre.
Candy esta acostada en su cama pero no puede dormir, y mirando a su alrededor, ve a su amiga Patty roncando con placer: 'como quisiera yo poder tener un sueño tan ligero, pero con todos los problemas que se me presentan cada día es imposible…..'
No pudiendo aguantar más, la rubia pecosa se levanta y camina hacia la ventana para observar la luna llena: 'dios mío, acláreme por favor y dígame que debo hacer?'
En aquel instante, ve recorrer por su mente la imagen de Albert rogándole que no desperdicie su futuro, y al mismo tiempo la mirada llena de dolor de Luisa, al enterarse de que tenía que marcharse del internado por causas financieras…De repente es como si su cerebro se le aclarara, y sin dudar más, Candy camina hacia su escritorio, saca un pedazo de papel y un lápiz y se pone a escribir en el acto:
Estimado señor Williams,
Perdone mi atrevimiento y le ruego que me entienda cuando lea lo que le tenga que escribir, pero ya tome una decisión respecto a mi futuro y espero me entienda: yo, su hija adoptiva Candy White Andry ha decidido marcharse del internado para regresar a su patria, América y empezar una nueva vida; Quiero agradecerle de todo corazón la oportunidad que me dio de asistir a un colegio tan prestigioso como aquel, pero han pasado tantas cosas en mi vida, estos últimos meses y sé que mi camino se está en el 'Hogar de Pony', el único hogar donde fui feliz y sin defraude, y por eso le devuelvo el apellido y exijo que de ahora en adelante renuncie a mí, como su hija adoptiva: a partir de hoy, mi nuevo nombre es Candy White y nada más me ata a la familia Andry…
Sinceramente,
Candy White, su ex hija adoptiva.
Al terminar el resumen de aquella carta, la rubia pecosa se siente exhausta pero cierra el sobre y lo deposita rápidamente al buzón del pasillo donde el cartero pasaba todos los días, y sin hacer el menor ruido se pone a empaquetar su maleta planeando irse a las primeras horas del amanecer: 'adiós mi querida Patty y te agradezco por toda tu ayuda con los estudios…..Adiós a ti también, querida Annie, y les deseo toda la felicidad del mundo junto a Stear y Archie…'
La imagen repentina de Albert la perturba, y temblando de emoción piensa en la falta que le hará su chico favorito después de Terry: 'adiós mi ángel de la guardia, mi amigo del alma y espero volver a verte algún día…..'
A las 5 de la mañana del día siguiente, Candy se despierta en el acto, y sin hacer ni el menor ruido se viste y sale de la habitación silenciosamente….
Puerto de Southampton, finales de Octubre 1912.
Candy acaba de llegar al puerto que la llevara rumbo a su hogar América y se siente como si por fin renaciera después de tanto tiempo: 'señorita Pony y hermana María, ni se imaginan ustedes cuanta falta me hacen!' Y viendo el barco finalmente partir, la rubia pecosa exclama alegremente:
"Adiós Inglaterra y por fin me voy a mi continente adorado América…
Lamento decirles a todos los fanes de Terry, que aquí terminan las aventuras de los 2, pues Candy se marchó y ojala el camino de ellos se cruce de nuevo, pero quien sabe?
