La verdadera historia de Candy White

(capitulo 17)

Chicago, 'Hospital Santa Bárbara', agosto 1914.

Candy, Flanny, Margarita, Ingrid, Paola y las demás chicas han sido citadas a la oficina de la directora Stevenson, y esperan con curiosidad lo que ella les tiene que decir.

"Las cite hoy aquí, porque tenemos la visita de una persona muy importante, que todos ustedes conocen: la directora del 'Hospital Santa Juana', la señorita Merchen estará aquí con nosotros en unos instantes, pues ella tiene una noticia muy importante a anunciarnos."

Al oír el nombre de su ser más querido, el corazón de Flanny se pone a latir de alegría, y se da cuenta lo mucho que le hizo falta su antigua directora de antes, y que muy pronto la vería, después de más de medio año; Candy por otro lado está más bien asombrada, y se pregunta si la visita inesperada de la señorita Merchen tiene algo que ver con la 'guerra mundial' que acaba de estallar en Europa.

La aparición de la persona en cuestión las hace sobresaltar a todas, y al ver a la antigua directora caminar hacia ellas con seriedad, las alumnas se dan cuenta de que aquella no es una visita placentera, si no de negocios.

Mirando a cada una de las chicas, la señorita Merchen se pregunta cuál es la mejor manera de darles la noticia, y aclarándose la garganta les dice finalmente: "como sabrán ustedes, acaba de estallar una 'guerra mundial' en Europa el mes pasado, y como han habido muchos heridos y se necesitan enfermeras, el médico general del 'Hospital Santa Juana' me ha pedido que mande a una alumna de aquí, como 'misionaria' para Francia."

Al escuchar aquella terrible noticia, las alumnas se ponen pálidas, especialmente Flanny que siempre ha sonado en poder ejercer como enfermera en Europa, pero nunca en aquellas circunstancias.

"No quiero tener que elegir a alguien, solo necesito un voluntario y me llevare a esta persona conmigo; Sin embargo les pido que lo piensen bien antes de contestarme, pues se trata de una guerra después de todo, y corre en peligro la vida de muchas personas en los campos de batallas." Concluye la antigua directora.

Se hace un largo momento de silencio pues todos temen por sus vidas, y unas cuantas chicas murmuran: "somos demasiado jóvenes para que nos manden como 'misionaria', y además yo no quiero morirme en un campo de batalla….."

"Iré yo!" Anuncia Flanny repentinamente, y al oírla, a la señorita Merchen se le va el color de la cara y le grita furiosa:

"Es que acaso no me oíste muchacha?! Te dije que no se precipitara nadie, que todavía tienen un par de días para decidirlo."

"Ya tome mi decisión: iré sea como sea." Insiste la chica de los anteojos transparentes.

"Hay que ver lo testaruda que eres, pero luego hablamos." Le responde la antigua directora, fulminándola con la mirada.

Candy mira divertida el intercambio entre las 2, y se da cuenta, de que a pesar de no haberse visto durante 7 meses, ya están discutiendo: 'son realmente tal para cual, y se nota lo mucho que se quieren!'

"Esto es todo por hoy, así que ya todas pueden regresar a sus clases, que la señorita Merchen y yo tenemos muchas cosas que hablar!" Concluye la señora Stevenson.

Al salir todas de la oficina, la rubia pecosa aleja a su amiga del grupo y exclama: "te has vuelto loca o qué?! La señorita Merchen no dejara nunca que te marches como 'misionaria' ni muerta! Primero te amarra a una silla o algo!"

"No crees que soy lo suficientemente grande para decidir por mi futuro? Ya tengo 17 años y el año próximo seré mayor de edad." Le contesta Flanny firmemente.

"Mejor apurémonos que las siguientes clases ya van a empezar." Le dice Candy cambiando de tema, y al constatar que son las únicas en el pasillo, las 2 chicas se encaminan apresuradamente, para no llegar tarde.

El resto de la tarde pasa sin ningún evento, y después de la cena Flanny decide irse a pasear al jardín para coger un poco de aire fresco, y caminando hasta llegar a su árbol favorito, se apoya en él un momento, para reflexionar.

"Sabía que te encontraría acá, muchacha testaruda!" Oye la voz de la señorita Merchen exclamar.

"Merchen! Que susto me dio!"

"El susto me lo distes tú con tu decisión de irte de 'misionaria' a Francia: te has vuelto loca o qué?!" Exclama la antigua directora, lanzándole una mirada de furia a la chica de anteojos transparentes.

"Y porque no? Acaso no dijo usted que quería un voluntario para no tener que elegir? Pues le hago el favor y me ofrezco." Le contesta Flanny con determinación.

"Este no es un juego Flanny! El trabajo como 'misionaria' en un campo de batalla es muy arriesgado y se puede perder la vida, y si crees que voy a permitir que eches a perder tu futuro, piénsalo otra vez pues nunca dejare que te marches, ni sobre mi cadáver!" Ruge la señorita Merchen enfurecida.

"Ya soy casi mayor de edad y puedo tomar mis decisiones, y me iré, quiera o no!" Insiste la chica de los anteojos transparente con determinación.

"Todavía eres menor de edad y esto me da autoridad para mandarte, así que te prohíbo que arriesgues tu futuro así!" Le ordena la antigua directora con firmeza.

"Usted no es mi madre para mandarme así!" Exclama Flanny enfurecida.

"Si yo fuera tu madre no tendrías la boca tan grande, pues hace mucho tiempo que te hubiera disciplinado!" Declara la señorita Merchen, fulminándola con la mirada.

Ruborizándose, la chica de los anteojos transparente mira al suelo avergonzada, y acercándose a ella, la antigua directora la toma en sus brazos murmurándole: "te extrañe mucho pequeña, y te quiero demasiado para dejar que una guerra nos separe."

Apoyando su cabeza en el hombro de la señorita Merchen, Flanny le dice con voz emotiva: "y yo a usted la quiero más que a mi madre, y esto nunca cambiara."

"Entonces porque insistes tanto en irte a Francia, si ves lo peligroso que esta Europa en este momento de guerra?" Continúa la señorita Merchen, acariciándole la cabeza.

Apartándose de su ídolo por un momento, la chica de los anteojos transparentes le contesta: "porque siempre soñé con ir a Europa, y aunque no sea este el mejor momento, sé que elegí mi carrera como enfermera para curar a la humanidad, sea cual sea la circunstancia, y ahora que se me presenta la oportunidad de irme como 'misionaria', no quiero perderla por nada del mundo."

"Pero porque tú?" Insiste la señorita Merchen.

"Si se tratara de otra de las chicas, usted no se opondría." Le contesta Flanny calmamente.

"Es verdad. Pero tú no eres cualquiera de las chicas si no la persona que más quiero en este mundo, y si nuestros caminos no se cruzaron antes es porque el destino así lo quiso, pero ahora que te tengo conmigo, no quiero perderte nunca." Le dice la antigua directora, con lágrimas en los ojos.

Mirando a su ídolo durante un largo momento, la chica de los anteojos prosigue: "y yo tampoco a usted, pero si de verdad me quiere, deje que me vaya y haga algo por esta guerra, que de nada me sirve quedarme con los brazos cruzados cuando veo lo mucho que necesitan enfermeras, pues sin nosotras, los médicos tampoco pueden operar, y yo no estudie 'cirugía plástica' en vano, señorita Merchen."

Suspirando, la antigua directora menea la cabeza y le dice: "es increíble lo mucho que nos parecemos, pues yo también empecé mi carrera como 'misionaria' cuando tenía tu edad; Claro está que no hubo guerra entonces, y al igual que tú, supe siempre que mi destino era el de ayudar a la humanidad con mis conocimientos de medicina, y demostrar mi dedicación a la carrera como enfermera."

"Entonces me dejara ir?" Le pregunta Flanny con esperanza.

Tomando la cara de la chica entre sus manos, la señorita Merchen le contesta: "está bien, pero quiero que te pases los últimos días conmigo en el 'Hospital Santa Juana', para así prepararte bien, y si la cosa se pone feo en Francia, júrame que regresaras, de acuerdo?"

"No se preocupe que tendré muchísimo cuidado." Le dice Flanny, sonriéndole.

2 días más tarde, la chica de los anteojos transparentes tiene su maleta hecha y lista para partir con la señorita Merchen al 'Hospital Santa Juana', a pasarse una semana antes de marcharse a su destinación final, Francia.

Cuando llega el momento de despedirse, las 2 amigas se abrazan tiernamente:

"Cuanto voy a extrañarte, y por favor ten mucho cuidado!" Exclama la rubia pecosa con voz emotiva.

"Este fue un ano muy interesante y tumultuoso para nosotras, y te echare tanto de menos…." Le dice Flanny a Candy, con lágrimas en los ojos.

Candy las ve partir esta misma tarde cogidas del brazo, y se da cuenta de lo difícil que debe de ser para aquella mujer, dejar marcharse a la única hija de su alma, y que para quererse así, no hacía falta tener los mismos lazos de sangre.

Londres, 'Internado de monjas', septiembre 1914.

La hermana Gray está leyendo una carta escrita por Eliza dirigida a ella, y se da cuenta que no ha pasado un día en que haya dejado de pensar en su chica favorita; Se preguntaba si sería feliz de estar de regreso a su patria pero lo dudaba, pues a pesar de las apariencias, la chica de cabellos castaños claro era muy necesitada de afecto y más sensible de lo que la gente se imaginaba, y en los 4 meses que habían formado una relación estrecha, pudo comprobar de lo apegada que era la muchacha a ella y no era de extrañarse: en su hogar nadie la tomaba en serio, por esto le dolía tanto tenerla lejos, pues sabia lo sola que debía sentirse, sin el apoyo y los cuidados suyos.

"Está pensando en ella, verdad?" Le pregunta la hermana María, entrando súbitamente en la oficina.

"En Eliza? Permanentemente. Justo hoy recibí una carta de ella." Le dice la hermana Gray, ensenándosela a la otra monja.

Después de leerla rápidamente, la hermana María le dice: "parece ser feliz, por lo que escribe en la carta."

"Es solo para guardar las apariencias. Eliza no quiere preocuparme y por esto finge, pero la conozco muy bien y sé lo sola que esta desde que se marchó de aquí; Sin embargo en este momento su seguridad es más importante que su felicidad, y por lo menos su vida no corre riesgo." Declara la hermana Gray, al escuchar los bombardeos fuertes de afuera.

"Eso es verdad. Eliza esta salva en América, y quiera dios que esta guerra se termine pronto, pues cada día que pasa temo más y más por nuestra seguridad, y me pregunto si saldremos vivas de esta terrible 'guerra mundial'! Exclama la hermana María con preocupación.

'Ojala pueda volver a ver a mi chica, antes de morirme….' Piensa la directora, al sentir los ojos llenársele de lágrimas.

"Sigamos rezando." Continúa la hermana María, y al oír más bombardeos, las 2 monjas se arrodillan delante de la pequeña estatua de Jesucristo que tienen en la oficina.

Michigan, 'Mansión de los Leagan', octubre 1914.

Eliza ha estado de regreso a la mansión desde hacen 4 meses, y sin embargo nunca se ha sentido más fuera de lugar que ahora, pues a pesar de haber pasado su infancia aquí, el año y medio en Inglaterra la había cambiado por completo, y sabía que ya mas nunca volvería a ser la misma persona de antes: 'solo espero que la hermana Gray este a salvo en el internado, porque si algo le llegara a pasar yo me moriría…..'

Ruth Leagan también ha notado el cambio en su hija, y no le gusta para nada: no le quedaba ni un rasgo de la arrogancia de antaño en el rostro, y la malicia habitual que le daba el brillo a sus ojos había desaparecido, y por más que le preguntara a su hijo, Neil se negaba de hablar del asunto y se la pasaba saliendo todo el tiempo. Encogiéndose los hombros con irritación piensa, 'que le habrán hecho en aquel internado de Londres, y como es que me la transformaron tanto?'

Stear y Archie siguen aún estupefactos con la nueva Eliza y se dan cuenta de lo fuera de lugar que se debe sentir, sin embargo todavía no conseguían simpatizar con ella, pues a pesar de todo, no podían olvidar todas las maldades acumuladas entre ella y su hermano, durante casi 16 años, y mucho menos todo el daño que le habían hecho a Candy; Para Annie y Patty resultaba más fácil, ya que no vivían en la mansión y no tenían que pretender ser amable con ella todo el tiempo.

Eliza se pasaba ahora la mayoría del tiempo en su habitación estudiando y escribiéndole cartas a la hermana Gray; Pensaba mucho que sería de su futuro si se quedaba en la mansión. Ella sabía que sus primos fingían amabilidad forzada hacia ella y no los culpaba, pues a pesar de su cambio, ellos siempre habían estado enamorados de Candy, {aun teniendo novias}, y la rubia pecosa permanecería siendo una persona especial sus vidas. Suspirando, se pone a mirar la vista de afuera desde su ventana y se da cuenta de que no puede permanecer viviendo acá por mucho tiempo: 'cuando termine la guerra me regresare al internado de Londres, sea como sea, y luego que me gradué, le ayudare a la hermana Gray con la enseñanza en la escuela…..Ejercitare como profesora para secundaria, y mientras tanto, estudiare todo lo que pueda para estar preparada cuando llegue el momento.'

La señora Elroy, al igual que los demás ha notado el extremo cambio en su nieta y se da cuenta, que solo una persona con carácter fuerte puede lograr algo así; También sabía que las reglas de un internado eran muy estrictas, y que si en el pasado Eliza se había salido con la suya, lo que le había hecho falta en todos estos años, era una mano dura, alguien que la pusiera en su lugar, y finalmente había sucedió, pero quien sería esa persona y donde estaría?

Neil había dejado de asociarse con su hermana desde su transformación abrupta y odiaba con todas sus fuerzas a la hermana Gray, porque por su culpa, Eliza ya no era ni la sombra de lo que había sido, y cada vez que la miraba le daban ganas de gritar; Ahora se pasaba la mayoría del tiempo fuera de la mansión, y también para evitar las preguntas inevitables de su madre, pues en el fondo era un cobarde y lo sabía: él no quería confrontarse, y las salideras se lo facilitaban.

Una tarde en que los 'Leagans' están en sus respectivas habitaciones, la señora Elroy manda el chofer a buscar a George, y al llegar el mayordomo, lo hace pasar al salón.

"Te pedí que vinieras, porque hace mucho que no sé nada de Albert y me preocupa: sobre todo con esta terrible guerra que acaba de estallar! Por esto te ruego que me digas donde lo tienes escondido, y porque renuncio a continuar con sus obligaciones familiares."

Aclarándose la garganta, el mayordomo le contesta: "la verdad es que yo tampoco lo sé, pues la última vez que supe de él, fue cuando decidió marcharse a África por razones sentimentales."

Abriendo los ojos en grande, la anciana le pregunta: "quieres decirme que mi sobrino se fue del país por un amor no correspondido?"

"No exactamente, pues él siempre quiso viajar y explorar el mundo, y cuando se le dio la oportunidad con África, simplemente quiso aprovecharla, eso es todo." Le responde George, sonrojando levemente.

"No te creo, y algo me dice de que Candy tiene mucho que ver en esto, verdad?" Insiste la señora Elroy sin quitarle la mirada de encima.

"Todavía le guarda rencor a la señorita White por la muerte de Anthony?" Le pregunta el mayordomo con curiosidad.

Suspirando, la anciana le contesta: "Sé que fui muy injusta con Candy, y daría todo por verla otra vez pues nunca deje de quererla, {aun cuando la creí culpable de la muerte de Anthony}, por esto acepte mandarla a Inglaterra, para darle una educación y también porque Albert me lo pidió, y cuando el decidió marcharse allá, tampoco me sorprendí ya que sabía que él quería estar cerca de ella para protegerla. Sin embargo ahora que todos regresaron por lo de la guerra y que no lo veo, sé que algo grave debe de haber pasado, y por esto te ruego que me digas donde él se encuentra, que soy como una madre para él, y me preocupo."

"Si supiera se lo diría créame, pero desde que estalló la guerra no he vuelto a saber de él, y solo espero que no le haya pasado nada." Le dice George, con inquietud.

"Que dios lo oiga George, porque si algo llegara a pasarle, nunca me lo perdonaría….."

"No se preocupe que nada le pasara a Albert: es un hombre fuerte e independiente." Le contesta el mayordomo poniéndole la mano en el hombro para tranquilizarla.

"Búscalo como sea George y no por su título, sino porque lo quiero." Le ruega la anciana, al borde de las lágrimas.

"Se lo prometo, señora Elroy, téngalo por asegurado."

Caminando de regreso al pequeño castillo que normalmente comparte con Albert, George se pregunta si de verdad su amigo está bien, y piensa en aquella terrible guerra que no termina nunca.

Chicago, 'Hospital Santa Bárbara', noviembre 1914.

Los ruidos repentinos de las enfermeras corriendo por los pasillos llaman la atención de Candy, y saliendo de su habitación apresuradamente les pregunta: "que es lo que les pasa que están todas agitadas, chicas?"

"Pues pasa que acaban de internar a un extraño en este hospital, y se le ve muy sospechoso pues no trae ninguna documentación con él." Le responde Ingrid, frunciendo el ceño.

"A lo mejor la habrá perdido?"

Encogiéndose los hombros, la chica gordita le contesta: "pues hasta que no se despierte, no se sabrá pues lo trajeron inconsciente acá."

"Apártense a un lado, por favor!" Oyen de repente gritar al médico general, el doctor Stewart, circulando con una cama, y al caer la mirada de Candy sobre el paciente, se le va todo el color de la cara al reconocerlo, y exclama en choque:

"Dios mío, pero si este hombre es ALBERT!"

Mirándola atónita, Ingrid le pregunta: "acaso lo conoces?"

Acercándose al hombre que esta acostado en la cama movible del hospital, la rubia pecosa lo mira fijamente antes de contestar: "es Albert pero se le ve muy pálido y frágil…." Y al sentir las lágrimas recorrer por sus mejillas continúa: "Albert es el hombre que me salvo la vida un día que casi me ahogo, él que siempre aparecía cuando me sentía sola y su mera presencia alegraba mis días, pero yo nunca pensé volver a verlo en estas condiciones."

"Cálmate amiga." Le dice la chica gordita, pasándole el brazo en el hombro.

El médico, sorprendido por la reacción de Candy le pregunta: "si conoces a este individuo, me podrías como se llama y qué edad tiene? Como no llevaba documentación, pensábamos que se trataba de un espía."

Palideciendo, la rubia pecosa le contesta: "solo sé que se llama Albert, pero le aseguro que no es ningún espía."

"Apellido y domicilio?" Insiste el doctor Stewart, frunciendo el ceño.

"No lo sé, pero sí le puedo decir que es el hombre más noble y valiente que conozco, por esto quisiera saber qué es lo que le sucedió que esta tan pálido, y sigue inconsciente." Le contesta Candy.

Aclarándose la garganta el médico le dice: "lo encontraron desmayado en un campo cerca de acá y por esto lo trajeron a este hospital, pero si nadie lo reclama pronto, nos tocara mandarlo a la 'cruz roja', que es donde llevan a todos los indocumentados o exportados."

"Ni se le ocurra doctor!" Grita la rubia pecosa alarmada, y al notar la mirada sorprendida del médico, continua: "deje que me ocupe yo de él por favor, que yo me hago responsable."

El doctor Stewart la observa largamente antes de contestarle: "debe usted de querer mucho a este individuo para arriesgarse así, a pesar de no saber mucho de su vida."

"Lo quiero más de lo que usted se puede imaginar: Albert es mi roca sólida, mi alma gemela y mi amigo del alma." Le contesta la rubia pecosa con voz emotiva.

"Está bien, dejare que te ocupes del exclusivamente, pero antes deberás pasar una pequeña prueba." Le dice le médico con firmeza.

"Un examen?!" Exclama Candy alarmada.

"Sera uno bien corto y fácil: se trata de un examen de lógica que determinara, si de verdad estas capacitada para ser enfermera o no." Le explica el, tranquilamente.

Suspirando, la rubia pecosa le dice: "de acuerdo, pero cuando empezamos?"

"Ahora mismo, pero antes le buscare una habitación vacía a tu amigo." Y acto seguido, el médico se encamina hacia la recepción. La mirada de Candy vuelve a caer sobre el cuerpo del hombre acostado en la cama: Albert seguía inconsciente, y se le veía tan pálido y frágil… 'Dios mío, que fue lo que te hicieron mi querido amigo?'

"Encontré una habitación disponible para él, así que ven a mi oficina que podemos empezar con el examen ya." Le interrumpe el doctor Stewart apareciendo súbitamente, y después de dejar al paciente al cargo de una de las enfermeras, los 2 se encaminan hasta llegar al final de un pasillo.

Abriendo la puerta, le dice: "toma un asiento, por favor."

La rubia pecosa siente sus piernas temblarle un poco: los exámenes siempre la ponían nerviosa, pero por Albert haría cualquier cosa, y respirando hondo, espera.

Escudriñándola, el medico empieza:

"Pregunta número 1, que haría usted si se le acercara un criminal en este hospital, con un cuchillo en la mano pero herido?"

"Atenderlo, por supuesto! Es mi deber como enfermera." Le contesta Candy sin dudar.

"Excelente respuesta! Pregunta número 2, que pasaría, si alguien de su familia se enfermara y usted no pudiera ausentarse, por razones laborales?"

"Pediría vacaciones para ir yo misma a cuidarlo hasta que se sane, o lo traería a este hospital, dependiendo de la enfermedad." Prosigue la rubia pecosa.

"Muy bien, y pasando a la última pregunta: "qué pasaría si se enterara de que una de sus colegas de trabajo tiene una relación romántica con uno de los médicos? Que haría usted?"

Dudando esta vez, Candy piensa largamente antes de contestarle, y mirándole fijamente a los ojos le dice: "guardar el secreto, pues no es asunto mío lo que haga una persona fuera de sus horarios de trabajo, y además yo no reportaría nunca a nadie, ni a mi peor enemiga."

Clavándole la mirada por unos momentos, el doctor Stewart finalmente le sonríe: "haz aprobado el examen, pues una buena enfermera debe ser 'honesta, humana y solidaria', y esto lo fuiste tú contestando a las 3 preguntas. Felicitaciones, y puedes ocuparte de tu paciente hoy mismo si lo deseas!"

Respirando con alivio, la rubia pecosa exclama: "que felicidad, y el examen resulto mucho más fácil de lo que me imaginaba!"

"Tu nuevo paciente se encuentra en la habitación número 13." Le contesta el médico amablemente.

"Muchas gracias doctor!"

Candy sale de la oficina y camina hasta llegar delante de la puerta número 13, y respirando hondo la abre y encuentra a su amigo parado delante de la ventana, contemplando el paisaje de afuera, y corriendo hacia él, exclama alegremente: "te despertaste por fin Albert!"

La sorpresa del hombre rubio de cabellos largos es enorme al verse abrazado por aquella joven pecosa, y le pregunta atónito: "quien es usted señorita, y que quiere conmigo?"

Para Candy el choque es demasiado fuerte al oírlo hablar así, y se queda paralizada durante unos minutos: Albert su tierno amigo, su roca sólida y su hermano del alma había perdido la memoria!

Con el corazón latiendo aceleradamente, la rubia pecosa se encamina rápidamente hacia la oficina del doctor Stewart, y sin tocarle la puerta, exclama: "disculpe la molestia doctor, pero acaba de ocurrir algo terrible! Albert no me reconoció cuando me vio, y me pregunto quién era yo, y que quería del!"

Respirando hondo, el doctor Stewart le contesta con voz grave: me lo temía. Lo que sufre su amigo es una 'amnesia temporal', y esto normalmente se produce cuando uno sufre un accidente o un trauma psicológico."

"Amnesia temporal?! O sea que de verdad él ha perdido la memoria por completo?" Le pregunta Candy alarmada.

"El que sufre de 'amnesia temporal' normalmente pierde la memoria por completo, y en algunos casos cambia de personalidad, pero no se preocupe que esto es una condición temporal, y tarde o temprano, el volverá a acordarse de todo." Le explica el medico afablemente.

Se le hace un nudo en la garganta a la rubia pecosa, y sollozando continua: "y cuánto tiempo dura una amnesia?"

"Hay 2 tipos de amnesia: la permanente es la que dura toda la vida, y la temporal, entre un mes y un ano." Le explica el doctor Stewart.

"Pobre Albert….." Murmura Candy desconsolada.

"Y por esto su recuperación depende de ti, pues mientras más cuidados le des, más pronto le regresara la memoria." Concluye el médico.

"Gracias por la explicación doctor, y le prometo cuidar de Albert con todo mi amor." Le dice la rubia pecosa con emoción.

"Muy bien, entonces puedes empezar por traerle algo de comer pues de seguro tiene hambre." Le dice el doctor Stewart, sonriéndole.

"Lo hare, y gracias otra vez!" Exclama Candy al salir de la oficina, y encaminándose a la cocina, se pone a de lavar unas cuantas frutas, corta un pedazo de pan en 2 y le pone queso, jamón y tomates, y agarrando una botella grande de leche, camina hasta llegar a la habitación 13, pero al abrir la puerta, encuentra a Albert dormido en la cama.

'Se acostó otra vez….'

El hombre rubio de cabellos largos abre los ojos al sentir una presencia repentina, y se queda contemplando a la rubia pecosa con curiosidad: 'es la chica que me abrazo antes! Acaso me confundiría con alguien?'

Sonriéndole tiernamente, la rubia pecosa le dice: "te has despertado Albert! Me imagino que tendrás hambre, verdad?"

El hombre rubio de cabellos largos y ojos claros la mira largamente sin contestar, y a la rubia pecosa se le parte el alma al verlo así: 'tiene la mirada tan vacía y triste, el que era siempre tan alegre….'

Sonriéndole dulcemente, Candy insiste: "vamos Albert, come algo que debes ponerte fuerte!"

"Porque insiste tanto en llamarme por este nombre, si yo a usted no la conozco!" Exclama el hombre rubio de cabellos largos, con irritación.

La rubia pecosa lo mira sorprendida ante aquel arranque: 'Albert nunca me había hablado de esta manera antes…..'

Al notar la mirada dolida de la joven, el hombre rubio de cabellos largos, y ojos claros se rectifica: "discúlpeme, no quería ser grosero. Lo que pasa es que tengo un gran vacío en mi cabeza y no recuerdo absolutamente nada de mí, ni quien soy."

"No se preocupe que con todos los cuidados que le daré, se sanara en muy poco tiempo!" Le dice Candy, guiñándole el ojo."

"Y porque le intereso tanto yo a usted, o es que acaso le da cuidados exclusivos a todos los pacientes del hospital?" Insiste el.

"Lo que pasa es que me recuerda mucho a mi hermano mayor." Le contesta la rubia pecosa mirando al suelo: 'dios mío, pero que mentira más grande la mía, si yo ni siquiera tengo hermanos! Sin embargo esto fue lo único que se me ocurrió decirle…..'

Sonriéndole dulcemente, el hombre rubio de cabellos largos, y ojos claros le contesta: "llámeme Albert si es el nombre de su hermano, me gusta mucho y suena bien."

"Muy bien Albert, entonces ahora comerás, verdad?" Insiste Candy, depositándole la tableta de comida en la mesa que estaba cerca de la cama.

"Gracias por toda la comida que me trajo pues me muero de hambre, y por cierto, cómo se llama usted?" Le pregunta el hombre rubio de cabellos largos, con curiosidad.

"Mi nombre es Candy, pero por favor elimíname lo de usted, que tengo solo 16 años."

"Candy… Qué bonito suena, y le queda bien el nombre." Le dice Albert, mirándola con intensidad.

"Quiero salir a comprar un par de cosas pero volveré pronto, así que mientras tanto aprovecha tu comida y duerme un poco, que luego te sacare a pasear y coger aire fresco, de acuerdo?" Le dice Candy.

"No se preocupe por mí, y quédese todo el tiempo que desee afuera, que es muy joven y necesita divertirse." Le contesta Albert, concentrándose en la comida.

"Saldré a comprar alimentos pues quiero cocinarte algo rico esta noche, así que hasta más tarde!" y saliendo de la habitación, Candy se dirige hacia la salida del hospital, pero justo en este momento se acerca un hombre de aspecto raro con una barba espesa cojeando, y le pregunta: "disculpe señorita, pero me podría decir dónde están los baños?"

"Los baños se encuentran a mano derecha y…" Candy abre los ojos en grande al ver al individuo delante de ella quitarse una barba falsa, y en vez, descubre a su amigo tímido de cabellos negros, y anteojos gruesos sonriéndole.

" STEAR!" Grita la rubia pecosa atónita.

"Hola Candy, tenemos mucho tiempo sin vernos y la verdad es que te hemos echado todos de menos. Sabes, recibimos la única carta que nos mandaste al internado de Londres, y por esto supe más o menos, donde podía encontrarte, y aquí estoy." Le dice Stear dulcemente.

"Y yo que temía por la seguridad de ustedes en Inglaterra, con esta terrible guerra que nunca para, y ahora te tengo delante de mí!" Exclama la rubia pecosa, aliviada.

"Precisamente por esta guerra nos regresamos: tenemos 5 meses viviendo en la mansión, y espere a que nos instaláramos un poco antes de empezar a buscarte por todos los hospitales de Chicago, este es el último y pensé que no te encontraría, pero gracias a dios lo hice." Le dice el chico tímido de anteojos gruesos.

"Esto quiere decir que Annie, Patty, Archie, Eliza y Neil también están de regreso contigo, verdad?" Le pregunta Candy.

"Así es, pero si vine a buscarte, es porque hay una persona en especial que desea verte, pues te ha extrañado mucho en los 3 años que no se han visto." Continúa Stear.

"Se trata de la señora Elroy, verdad?" Adivina la rubia pecosa, sintiendo una repentina tristeza al pensar en la tía abuela, con quien había formado una relación estrecha durante su tiempo vivido en la mansión, y la cual se había alejado de ella, tras la muerte de su nieto favorito.

"Sí. Ella se arrepienta muchísimo de cómo te trato después de la muerte de Anthony, y por esto me pidió que te trajera cuando te encontrara, así que me vine con el auto pues quiero llevarte ahora mismo a la mansión, y me imagino que como hoy es sábado tendrás libre, verdad?"

"Sí que tengo libre, pero no puedo porque Albert… Albert….." Y sin poder evitar las lágrimas que están recorriendo por sus mejillas, Candy se pone a llorar silenciosamente.

"Que es lo que le pasa a Albert y porque te has puesto a llorar tan repentinamente?!" Exclama Stear, levantándole la barbilla a la rubia pecosa.

"A Albert lo trajeron inconsciente a este hospital: ha perdido la memoria por completo, y ni siquiera me reconoció cuando me vio….." Murmura Candy con una vocecita.

"Que será lo que le habrá pasado, si la última vez que lo vimos fue en Londres, cuando trabajaba en el 'zoológico'…. Se pregunta el chico tímido de anteojos gruesos, pensativo.

"Por esto entenderás que no puedo irme de aquí, pues Albert necesita de mis cuidados exclusivos, y yo solo iba a salir a comprar algo de comer rápidamente." Le dice la rubia pecosa, secándose las lágrimas.

"Entiendo, pero porque no le pides a alguien que te reemplace por el día entero, que te traigo de regreso esta misma noche." Insiste Stear, dulcemente.

Respirando hondo, Candy le contesta: "aunque encontrara alguien que se ocupe de Albert, ni loca volvería a la mansión de los 'Leagans', o es que acaso se te olvido todo el daño que me hizo Eliza?"

Suspirando, el chico tímido de anteojos gruesos, continua: "en lo que se refiere a Eliza, no debes de preocuparte por una confrontación con ella, pues aunque no lo creas, ella ya no es la misma de antes, y estos últimos meses en el internado, la hermana Gray la transformo por completo, tanto que hasta inseparables se han vuelto!"

"Eliza y la hermana Gray? Quien lo hubiera dicho!" Exclama la rubia pecosa asombrada.

"Candy te lo suplico, ven conmigo que la felicidad de la tía abuela depende de ti: ella ya no es la más joven y se siente muy sola, así que olvídate de Eliza, que ella ya no te molestara nunca más, por favor?" Le implora Stear, arrodillándose en el suelo.

"Y qué me dices de Neil?" Insiste Candy.

"Nuestro primito es la sombra de lo que era antes sin su hermana para apoyarle, y ahora pasa la mayoría del tiempo fuera de la mansión, y si tienes suerte, a lo mejor ni lo veras." Le contesta el chico tímido de anteojos gruesos.

"De acuerdo, dame solo unos minutos para buscar a un reemplazante para mi rápidamente." Le dice la rubia pecosa antes de dirigirse a la recepción.

Michigan, 'Mansión Leagan', temprano en la tarde.

Después de 3 horas y medias de viaje, Candy y Stear salen del auto y se dirigen hacia la mansión a pasos apresurados: "espérame afuera que voy por Annie, Patty y Archie para darles la sorpresa!" Exclama el chico tímido de anteojos gruesos, entrando en la casa.

Eliza, que ha estado paseándose por los jardines, decide regresar a la casa, y al verla desde lejos, se queda paralizada del horror: Candy estaba en la mansión, y ya era inevitable la confrontación! 'Dios mío, dame fuerzas para no desmayarme!'

Candy también la ve llegar desde lejos, con el corazón latiéndole de aprensión: Eliza venia caminando hacia ella a pasos lentos, y al cruzarse sus miradas, se mezclan varias emociones a la vez! 'Sabía que tarde o temprano nos encontraríamos, pero porque justamente hoy?'

Acercándose a la rubia pecosa tentativamente, la chica de cabellos castaños claros le dice suavemente: "ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos Candy."

Observando silenciosamente a Eliza, la rubia pecosa nota el cambio en ella: en vez de su arrogancia habitual tenía un aire dulce y humilde, y la sonrisa irónica de antes también había desparecido, para ser reemplazada por una sincera.

Otro largo silencio en el que la chica de cabellos castaños claros aprovecha para continuar: "sé que te he hecho un daño inmenso desde que nos conocemos, y dios es testigo de lo mucho que me arrepiento, y por más que pasen los años, esto nunca rectificara lo malvados que fuimos contigo Neil y yo, especialmente yo, pues por mi culpa perdiste a Terry, y tu única oportunidad de estudiar en el prestigioso internado de Londres, así que te pido perdón de rodillas."

Viendo a Eliza arrodillarse ante ella, a Candy se le va todo el color de la cara del choque, y permaneciendo muda durante unos minutos, finalmente exclama: "dios mío, esto nunca lo hubiera creído posible si no lo veo con mis propios ojos!"

Las 2 chicas siguen inmóviles durante un largo rato, y Candy continua: "estas perdonada Eliza, pues todos cometemos errores en la vida, y además éramos todavía unas niñas cuando te portabas mal, y me alegra mucho ver cómo has madurado, e intuyo que la hermana Gray ha tenido una gran influencia sobre ti."

"Entonces ya te contaron de mi experiencia en Londres los últimos 4 meses?" Le pregunta Eliza, levantándose.

"Stear me lo conto todo en el camino: tuviste mucha suerte de que alguien se tomara un interés especial en ti, y pude darme cuenta en los últimos días de mi estancia en el internado de Londres, que a pesar de ser dura, la hermana Gray tiene buen corazón." Le dice la rubia pecosa suavemente.

"Ella es lo único que tengo en este mundo, pues con mis padres nunca tuve una relación estrecha, ni siquiera con mi hermano que solo me usaba para hacer maldades." Le contesta Eliza tristemente.

Stear, Archie, Annie y Patty han estado observando aquella escena entre las 'archienemigas', y no pueden dar crédito a lo que ven sus ojos:

"Eliza arrodillada delante de Candy! Jamás creí que llegaría este día!" Exclama Archie boca abierta.

"Porque no me pellizcas hermano!" Continúa Stear, guiñándole el ojo.

"No se burlen, que para Eliza debe ser vergonzoso arrodillarse así delante de Candy." Les reprimenda Annie, meneando la cabeza.

"Es verdad, pero me alegra mucho de que ella y Candy finalmente hagan las paces, además Eliza debe sentirse aliviada de por dentro, pues no es saludable ser malo. También tengo que reconocer que la hermana Gray ha hecho un trabajo excelente al volverla humilde." Continúa Patty observándolas.

La mirada de la rubia pecosa cae sobre la de sus 4 amigos parados, y ayudando a Eliza a levantarse, se va corriendo hacia ellos: "que emoción tan grande verlos, chicos!"

La chica de cabellos castaños claro se queda mirándolos con tristeza durante un largo rato: 'nunca tendré amigos verdaderos….' Y acto seguido, entra a la casa.

"Donde está la señora Elroy?" Les pregunta Candy, después de abrazarlos a todos largamente.

"Está en su habitación: queríamos que tú misma subas arriba, y le des la sorpresa." Le contesta Stear, guiñándole el ojo.

Temblando de anticipación, la rubia pecosa entra a la casa, y al levantar la cabeza hacia las escaleras, la ve: la señora Elroy está parada observándola, sus miradas se cruzan, pero las 2 se quedan paralizadas durante un largo rato.

Caminando tentativamente hacia la anciana, Candy sube las escaleras corriendo, y se tira en sus brazos: "tía abuela, cuanto la extrañe!"

"Yo también a ti, mi niña….." Le murmura la señora Elroy acariciándole los cabellos a la rubia pecosa, y levantándole la barbilla continua: "pero me gustaría que habláramos a solas en mi habitación, así que ven conmigo."

Al entrar en la vasta habitación de la anciana, a Candy le vuelven los recuerdos melancólicos de antes, y piensa en la época inocente de sus 12 años: 'han pasado 4 años desde que vine a esta mansión por primera vez, y sin embargo me parece que fue solo hoy!'

"Siéntate por favor, Candy." La interrumpe la señora Elroy, y al notar el cambio repentino de su voz, obedece.

Mirándola severamente, la anciana le pregunta: "me podrías explicar porque le escribiste una carta renunciando a tu apellido de adopción al abuelo Williams, Candy? Me entere a través de George, y pensé que no querías saber más nada de nosotros. Es esta la forma de agradecernos por haberte mandado a un internado prestigioso de Inglaterra?"

Sonrojando levemente, Candy le contesta: "le estaré eternamente agradecida al abuelo Williams por haber tomado tanto interés en mi educación, pero yo ya había elegido otro camino y nunca me arrepentiré; Ahora estoy estudiando para ser enfermera, y a pesar de lo duro que es como carrera, lo único que yo siempre quise, fue ayudar a la humanidad."

"Me entere de tus estudios y me siento muy orgullosa de ti, pero antes quiero que seas sincera conmigo: tu decisión de abandonar el internado de Londres tiene mucho que ver con Eliza, verdad?" Le pregunta la anciana clavándole la mirada.

Respirando profundamente, la rubia pecosa le dice: "en parte si, pues fui víctima de una de sus trampas sucias; Sin embargo la otra razón era que añoraba mucho América, y sentía una necesidad profunda por regresar al 'Hogar de Pony', y ver a mis a 2 madres 'postizas' {la señorita Pony y la hermana María}."

"Entiendo, pero todavía sigues siendo una 'Andry' pues el abuelo Williams prefirió ignorar tu pedido en la carta, y me pidió que te dejara seguir con tu vida, que tú ya habías elegido tu camino, pero que con el apellido te quedabas." Declara la señora Elroy.

"Ya veo lo testarudo que es el abuelo, pero me gustaría hablar con él, si es posible." Le dice la rubia pecosa.

"Lo siento mucho Candy pero esto no va a ser posible: el abuelo Williams está desaparecido, y nadie sabe dónde está." Le contesta la anciana, tristemente.

"Como que desaparecido?!" Exclama Candy sin entender.

"No lo sé, esto es un misterio para toda la familia, y estamos incluso sospechando algún secuestro, pero con lo de la guerra es difícil saber: George lo está buscando por su lado y cuando sepa más, te informare. Mientras tanto, porque no bajamos al salón a comer algo?" Le sugiere la señora Elroy cambiando de tema, pues todavía la tenía afligida la desaparición de Albert.

Desafortunadamente al llegar al salón, la señora Elroy y Candy se encuentran con la desagradable sorpresa de ver a Neil, y se hace un silencio incomodo entre los 3.

'justo el que me faltaba!' Piensa la rubia pecosa rodando los ojos.

Lanzándole una mirada llena de veneno a Candy, el chico mezquino exclama: "no pensé que todavía vivieras!"

"Vete a tu habitación Neil y déjanos solas, quieres?!"Le grita la anciana con irritación.

"Usted es la que manda tía abuela!" Le contesta Neil con burla, y sin esperar la respuesta de ella, sube las escaleras a todas prisa.

"Ojala no me encuentre también a la señora Leagan, o si no me desmayo del susto!" Exclama Candy alarmada.

"Ruth y Robert se han ido en uno de sus viajes, sin embargo Eliza….."

"A Eliza ya la vi…. La encontré muy cambiada, e imagínese que hasta me pidió perdón a rodillas!" Exclama Candy, sin poder todavía dar crédito a sus ojos.

Abriendo los ojos en grande, la señora Elroy exclama: "dices que se arrodillo delante de ti?!"

"Así es, y a pesar de su transformación, pude notar lo sola que se siente sin nadie que la quiera, y la hermana Gray vive en Inglaterra." Le dice Candy tristemente.

"Quien es la hermana Gray?" Le pregunta la anciana.

"La hermana Gray es la responsable del cambio de Eliza: es la directora superior del internado de Londres, y la que la influencio a lo que me pude enterar de Stear, y por esto quiero pedirle a usted un favor, y es que le haga compañía a su nieta, pues todos necesitamos un confidente." Le implora la rubia pecosa.

Respirando profundamente, la señora Elroy le dice: "intente acercarme a ella, pero es como si me huyera, creo que siente vergüenza por la humillación que pasaron ella y su hermano, la vez del robo al que fuiste acusada."

"Inténtelo otra vez pues Eliza la necesita y con sus padres no puede contar, y su hermano aún menos, sin embargo usted tiene la misma fuerza de carácter que la hermana Gray." Le insiste Candy firmemente.

"Está bien, lo hare por ti."

"Muchas gracias, tía abuela."

El viaje de regreso al 'Hospital Santa Bárbara' se hace más largo que el de la ida para Candy, y despidiéndose rápidamente de Stear le dice: "gracias por un día tan intenso amigo, y hasta pronto!"

Lo primero que nota la rubia pecosa al entrar al hospital, es la tensión que hay en el aire, y al ver al doctor Stewart caminar hacia ella con la cara seria, se le ponen los pelos de punta: 'que habrá pasado?'

"Contigo mismo quería hablar Candy: me podrías explicar quién te dio permiso para delegar tu cargo a otra persona, justamente tú, que me habías rogado esta misma mañana de ocuparte exclusivamente de tu amigo?" Le exige el médico, enfadado.

"Es que tuve una visita inesperada, y tenía mucho tiempo sin ver a mis amigos." Le contesta Candy, bajando la cabeza.

"Sabes que con esto puedes quedar descalificada, verdad? Sin embargo ahora no hay tiempo para esto pues tu paciente se ha escapado: al parecer cuando entro Paola a su habitación, el ya no estaba ahí." Le explica el doctor Stewart.

Candy siente que le falta el aire al oír aquellas palabras, y abriendo los ojos en grande exclama: " Que Albert se escapó?! Como y porque?!" Y sin esperar la respuesta del médico, sale corriendo a la calle como loca.

"Espera Candy! A dónde vas?" Le grita el doctor Stewart pero ya no lo oye: para ella solo importaba encontrar a su querido amigo.

Candy corre por todos los posibles lugares donde piensa que Albert puede estar, gritando desesperada: "Regresa Albert y perdóname por dejarte solo tanto tiempo!"

'Dios mío, si a Albert le llegara a pasar algo yo me muero!'

Finalmente se le ocurre una idea: "el zoológico! Albert deba estar ahí pues ama la naturaleza!" Y cambiando de rumbo, la rubia pecosa corre hasta llegar delante de la entrada, pero la encuentra cerrada pues ya es de noche.

'Y como habrá entrado Albert entonces?' Sin embargo ella sabe la respuesta, y asegurándose de que no hay nadie por los alrededores, Candy trepa a uno de los árboles, y brinca al otro lado de la pared, aterrizando en la grama húmeda.

Ya ha oscurecido por completo y un hombre rubio de cabellos largos está caminando desorientado pues no conoce el lugar donde ha llegado, sin embargo los arboles gigantescos, y el olor a pino le recuerdan un sitio donde él ya ha estado antes: su cabeza comienza a girarle, y ve una imagen de un paisaje verde en una colina, hay una casa grande y muchos niños jugando….

"Albert dónde estás?! Albert por favor contesta! Albert!"

El hombre rubio de cabellos largos y ojos claros se detiene al escuchar a alguien gritar, y al darse la vuelta, descubre a la joven enfermera parada a unos metros de él.

Candy corre hacia Albert aliviada pero también enojada, no sabe si abrazarlo o caerle a golpes, finalmente se le tira encima pegándole y llorando: "cómo pudiste darme un susto como aquel! Acaso no prometiste esperarme?! Eres bien malo y no mereces mis cuidados!"

El hombre rubio de cabellos largos y ojos claros la mira estupefacto y no sabe que pensar, sin embargo nota su dolor, y le responde dulcemente: "perdóneme por causarle tantas molestias pero ya me siento mejor, y no aguanto estar encerrado más tiempo en un hospital. No sé porque, pero creo que me gusta mucho la naturaleza, y en este bosque me siento a paz."

"Esto no es un bosque Albert sino un zoológico, y aquí solo viven los animales." Le dice la rubia pecosa con lágrimas en los ojos.

Secándole las lágrimas a Candy, Albert le dice suavemente: "quiero agradecerle por todos sus cuidados, y le prometo que cuando recupere la memoria, usted será la primera persona a quien busque. Adiós, y espero que se reúna con su hermano pronto."

Candy lo ve marcharse y siente que le falta el aire, y corriendo hacia el desesperada, le agarra el brazo para detenerle, gritándole: "tu nombre es Albert y tú fuiste el hombre que me salvo la vida cuando todavía era una niña….Tú fuiste el que siempre estuvo a mi lado para consolarme en los momentos más difíciles… Eres el hombre que ama a los animales, y la naturaleza es tu hogar y está es razón suficiente para no dejar que te marches, porque yo a ti te quiero muchísimo Albert y esto nunca cambiara!"

Al escuchar aquella declaración de amor, al hombre rubio de cabellos largos se le llena el corazón de ternura, y mirando a la joven enfermera profundamente en los ojos, le dice: "ojala pudiera acordarme yo de ti Candy, pues eres una gran persona si fuiste capaz de arriesgar tu trabajo para venir hasta acá…"

Respirando aliviada, Candy le pregunta: "entonces ya no te escaparas más, Albert?"

"Y porque habría de hacerlo, teniendo a una enfermera tan bondadosa, como tú?" Le contesta Albert, secándole las lágrimas que siguen brotándole en la cara.

"Que feliz me haces Albert!" Exclama la rubia pecosa abrazándolo con fuerza.

'Me siento lleno de paz al lado de aquella chica…. Su nombre es Candy, y es dulce como una flor…..'

Michigan, 'Mansión de los Leagans', diciembre 1914.

La señora Elroy ha estado muy ocupada con los preparativos navideños durante estas últimas semanas, y todavía no ha conseguido un tiempo libre para hablar con su nieta: Eliza seguía evadiéndola, encerrándose en su habitación, o escondiéndose en el jardín, y ya le parecía absurdo aquella situación, hoy mismo la confrontaría!

Como si leyera sus pensamientos, la chica de cabellos castaños claros sale de su habitación completamente distraída, y aprovechando la oportunidad, la señora Elroy la llama: "espera Eliza, que quiero hablar contigo!"

Al oír aquella voz familiar tan austera llamarla por su nombre Eliza se queda paralizada, y acercándose a ella, la tía abuela la coge de la mano para llevársela a su habitación. Buscando la mirada de su nieta, la anciana se da cuenta de lo incomoda que se siente la muchacha, pues tiene la vista clavada al suelo, y no ha dicho ni una palabra.

"Quiero que me mires a los ojos Eliza, sé que no eres feliz y que te sientes fuera de lugar desde que regresaste de Inglaterra tan cambiada." Le dice la señora Elroy suavemente.

Levantando la mirada hacia la anciana, la chica de cabellos castaños claros le contesta con remordimiento: "tía abuela, quiero pedirle perdón por todas las joyas que le robe en el pasado, y por haber sido una nieta tan ingrata; Sé que usted no nos quiere a Neil y a mí, y no la culpo por esto pues me lo merezco."

"Te equivocas Eliza: los quiero a los 2, y si los mande a aquella escuela de verano a la fuerza, {cuando le tendieron la trampa a Candy} fue para darles una lección." Suspirando, la señora Elroy continua: "lamentablemente tus padres no han sabido educarles a tu hermano a ti, y me culpo por no haberme ocupado de ustedes antes, pues de haber sido así, Neil no sería la persona que es hoy en día, aunque debo reconocer que mandarlos al internado fue muy beneficiario, por lo menos para ti, y que has madurado muchísimo."

"Gracias tía abuela." Le contesta Eliza tímidamente.

"Quiero que seamos amigas Eliza, que me tengas confianza y me busques cuando me necesites, que estoy aquí para ti, y deseo verte feliz." Le dice la señora Elroy, tomándola en sus brazos.

"Tía abuela, me siento tan sola..." Le contesta la chica de cabellos castaños claros, apoyando su cabeza sobre el hombro de la anciana.

"Pues entonces, que te parece si me ayudas con los preparativos navideños, y así me cuentas de tu experiencia en Londres?"

"Con mucho gusto, tía abuela!" Exclama Eliza, sintiendo que se le quitaba un peso de encima: finalmente ya no estaría sola en la mansión, pues en la señora Elroy había encontrado una confidente!

Chicago, 'Hospital Santa Bárbara', enero 1915.

Albert ya tenía 2 meses viviendo en el hospital, y a pesar de haberse recuperado gracias a los cuidados de Candy, todavía no lograba recordar nada de su pasado; Sin embargo se daba cuenta de que se estaba enamorando lentamente de la rubia pecosa: 'sentirá Candy lo mismo por mí? Ella siempre habla de mi pasado con ternura, pero no sé si solo me vera como a un amigo y nada más…'

"Buen día Albert! Que tal dormiste?" Le pregunta Candy, interrumpiendo sus pensamientos al entrar con una bandeja de comida.

"Buenos días Candy! Que me trajiste de desayuno hoy? Huele bien rico y me muero de hambre!" Exclama el hombre rubio de cabellos largos, alegremente.

"Me alegra saber lo bien que te has recuperado, y por esto vengo a hacerte una propuesta." Le dice la rubia pecosa, guiñándole el ojo.

Albert la mira con curiosidad, y le pregunta: "que propuesta?"

"Quiero que te vengas a vivir conmigo a un apartamento para que sigamos con tu tratamiento, pues el hospital necesita espacio para los enfermos y tú ya estas físicamente sano." Le dice Candy, sonriéndole.

"Crees que te permitan mudarte conmigo?" Continúa él.

"Bueno todavía no he hablado con el doctor Stewart, pero no creo que se oponga, ya que tendrían una habitación vacía para cualquiera de las nuevas alumnas que llegue." Le contesta ella.

"Solo espero que no tengas problemas por mi culpa." Le dice Albert preocupado.

"Hablare con el medico hora mismo, y luego te aviso! Hasta luego!" Y cerrando la puerta detrás de ella, la rubia pecosa se encamina alegremente hacia la oficina del doctor Stewart.

Después de escuchar el discurso de la rubia pecosa, el doctor Stewart la interrumpe escandalizado: "estás loca si crees que voy a permitir que te mudes sola en una casa con un hombre, o es que acaso no sabes que para esto deben estar casados?!"

Poniéndose roja como un tomate, Candy le responde: "pero si yo a Albert no lo veo como a un hombre, sino como a un amigo."

"De tu parte a lo mejor, pero como crees que se sentirá este amigo tuyo al tenerte tan cerca del? Es un hombre después de todo, y he visto cómo sus ojos te persiguen: es la típica mirada de un hombre enamorado!" Exclama el médico.

A la rubia pecosa se le aceleran los latidos de su corazón al oírlo hablar así: 'Albert enamorado de mí?!'

Sin embargo, sabe que el futuro de su amigo depende de ella, e insiste: "le ruego que haga una excepción para él, Albert se siente muy confundido por lo de su amnesia, y en circunstancias normales no sentiría ninguna atracción hacia mí, créame por favor!"

"Puede ser, pero ahora sufre de amnesia y no está en su estado habitual." Le contesta el doctor Stewart frunciendo el ceño.

Arrodillándose ante el médico, Candy le suplica: "se lo ruego por lo que más quiero que lo deje a cargo mío, que no pasara nada."

Respirando hondo, el médico le dice: "de acuerdo, pero solo te advierto que estés consciente de que estarás viviendo sola con un hombre."

"Lo estoy, gracias doctor y ahora me voy a darle la buena noticia a Albert!" Y con él alma aliviada, la rubia pecosa sale de la oficina para reunirse con su amigo.

Albert está parado delante de la ventana cuando Candy entra a la habitación, y al verla sonreírle, le pregunta: "convenciste al médico?"

"Lo hice Albert, así que vístete ya, que nos vamos!" Exclama ella alegremente.

"Estas segura que quieres ocuparte de mí, y dejar tu habitación segura del hospital?" Insiste el.

"Por supuesto que sí! Ya verás lo rápido que recuperaras la memoria Albert, y para cuando llegue el momento, yo quiero estar a tu lado!" Exclama Candy entusiasmada.

"Gracias por todo lo que haces por mi amiga, y te prometo que cuando recupere la memoria te llevare al restaurante más lujoso del país para celebrarlo contigo." Le dice Albert, mirándola profundamente a los ojos.

Candy trata de leer su mirada para ver si puede detectar algo, pero es difícil: 'no creo que este enamorado de mí, Albert siempre me ha visto como a una hermanita nada más…'

Albert se mete en el baño para prepararse rápidamente, y 20 minutos más tarde regresa vestido con su ropa habitual: "estoy listo, así que podemos marcharnos cuando quieras Candy, y por cierto, acaso tienes ya el apartamento elegido?"

"Todavía no, pero es temprano y he visto un par de apartamentos vacíos por los alrededores."

"Bueno pues deja que te tome del brazo para escoltarte, y luego buscamos las maletas." Le dice Albert, acercándose a ella.

Candy obedece, y al ir sentir el contacto de su piel en la de ella, experimenta una sensación extraña recorrerle por las venas: 'que me pasa, si este es mi amigo de siempre y no un desconocido?'

Al tener a la rubia pecosa tan cerca de él, el hombre rubio de cabellos largos tiene que hacer un esfuerzo sobre humano para no besarla: 'tengo que controlarme ahora más que nunca si vamos a vivir bajo el mismo techo…'

Los 2 amigos recorren la ciudad entera en busca de un apartamento barato, pero a donde quiera que vayan reciben la misma repuesta: "solo alquilamos a parejas casadas."

Finalmente después de 3 horas de caminata deciden sentarse a comer algo rápidamente, y mientras están masticando, Albert le dice repentinamente: "se me acaba de ocurrir una idea estupenda! Y si nos hacemos pasar por una pareja de casados?"

Candy casi se atraganta con el sándwich que está masticando al oír la sugerencia de su amigo, y ruborizándose exclama: "estás loco o qué?! Yo a ti no te veo como a un hombre, y además tengo solo 16 años!"

"Esta es la única manera de que consigamos mudarnos juntos, o acaso quieres que me marche?" Le pregunta Albert, poniéndola a prueba.

"Claro que no, como se te ocurre?!" Exclama la rubia pecosa, sonrojando levemente.

"Entonces actúa y pretende ser mi esposa, y así podremos permanecer viviendo juntos." Insiste el hombre de cabellos rubios largos.

Candy siente su corazón latirle fuertemente al oír su propuesta, sin embargo sabe qué no le queda otra salida: "está bien lo hare, pero esto es solo un juego y nada más, verdad?"

"Por supuesto que sí: tú tampoco me interesas como mujer." Le contesta Albert, y al oírlo hablar así, el corazón le da un vuelco a Candy.

Los 2 terminan de comer en silencio, y parándose repentinamente, Albert le dice: "será mejor que empecemos con nuestro jueguito entonces, no crees?"

Candy se siente repentinamente tímida en su presencia, y desviando su mirada, le contesta: "muy bien, entonces presentémonos como casados, en el próximo lugar que encontremos."

Caminando lado a lado, los 2 se dirigen hacia el siguiente edificio, y antes de golpear a la puerta, Albert le coge a Candy de la mano, y le murmura en el oído: "es para fingir que nos amamos."

La rubia pecosa no responde, pues siente otra vez una sensación extraña recorrerle por las venas al sentir el contacto de su mano en la piel de ella. Se abre la puerta, y ven a un hombre de mediana edad mirarlos con sospecha: "quienes son ustedes y que quieren?"

"Mi esposa y yo estamos buscando un apartamento a donde vivir, y vimos su anuncio." Le contesta Albert, presionándole la mano a la rubia pecosa.

"Casados ustedes 2? Pero se le ve bien joven a la muchacha!" Exclama el hombre, frunciendo el ceño.

"Voy a cumplir los 18 muy pronto, y trabajo como enfermera en él 'Hospital Santa Bárbara'." Le dice la rubia pecosa.

"En el 'Hospital Santa Bárbara'?! Porque no me lo dijeron antes? Mi mujer fue operada ahí y la atendieron muy bien, así que pasen que están en su casa!" Exclama el hombre, cambiando por completo su actitud.

Los 2 amigos entran todavía cogidos de la mano, y se ponen a explorar las piezas del apartamento.

"Me gusta muchísimo, y es más grande de lo que me imaginaba!" Exclama la rubia pecosa excitada.

"Si les gusta a los 2, y tienen el dinero, pueden mudarse cuando quieran." Les dice el hombre amablemente.

"A mí también me gusta muchísimo!" Exclama Albert, sorprendido por la ampliad.

"Este apartamento pertenecía a un millonario que vivía aquí con su familia, y luego que se mudaron a otra ciudad me lo vendieron a buen precio, pero como yo ya tenía casa decidí alquilarla."

"Que piensas amor, alquilamos el apartamento o prefieres seguir mirando?" Le pregunta Albert a la rubia pecosa, acariciándole la cara.

"Alquilemos este ya y busquemos las maletas, que ya me duelen los pies de tanto caminar!" Exclama Candy, nerviosa al sentir su mano en la cara.

"Estaré aquí hasta las 5 de la tarde." Les dice el hombre, sonriéndoles divertido.

"Volveremos antes de las 4, hasta luego, y gracias!" Exclama la rubia pecosa, saliendo con Albert detrás de ella.

Una vez que están fuera del alcance del hombre, Albert exclama: "estuviste magnifica como actriz amiga!"

"Y tu como actor todavía mejor." Le contesta la rubia pecosa tímidamente.

Los 2 caminan de regreso al hospital en silencio, cada uno perdido en sus pensamientos:

'Porque me habrá perturbado tanto sentir el contacto de su piel en la mía? ' Piensa la rubia pecosa, sonrojando levemente al ver la quema de fuego en los ojos de Albert.

'Se habrá dado cuenta Candy, de mis sentimientos hacia ella?' Piensa el hombre rubio de cabellos largos, sin poder quitarle la mirada de encima.

"Ya hemos llegamos!" Exclama Candy aliviada, al ver el familiar edificio surgir, y agarrando a su amigo de la mano, le dice: "porque no me esperas en la habitación mientras hago mis maletas Albert?"

Asintiendo, Albert se dirige por última vez a la habitación número 13 con el corazón lleno de felicidad: finalmente tendría a la rubia pecosa a su lado!

Candy siente una felicidad inmensa al terminar de empaquetar sus maletas, y a pesar de haber compartidos muchas cosas con Flanny durante un periodo, hoy empezaba un nuevo capítulo de su vida: la de devolverle la memoria a su grato amigo!

La primera noche en el nuevo apartamento resulta ser un poco rara para los 2 amigos, pues nunca han estado a solas en un mismo techo: para el hombre rubio de cabellos largos, tener a la rubia pecosa tan cerca de él sin siquiera poder tocarla resulta una tortura, y un esfuerzo sobre humano; Para Candy por otro lado, sentir la mirada ardiente de Albert perseguirle a todo momento la incómoda, pero al mismo tiempo se siente halagada.

Pasan los días, y con la rutina diaria las cosas se acomodan: Candy se levanta temprano todas las mañanas para irse al hospital, mientras Albert se pasa los días de la semana errando por las calles en busca de recuerdos, pero nada; Los fines de semanas son más agradables pues los 2 se van de paseo o de picnic cuando salen, y últimamente van siempre agarrados de la mano como si fuera lo más normal entre amigos.

Una noche mientras Candy está durmiendo en la habitación vecina de Albert lo oye gritar, y brincando de su cama sale corriendo para ver lo que pasa, y al abrir la puerta lo encuentra tirado al suelo, agarrándose la cabeza.

"Albert que tienes!" Grita la rubia pecosa corriendo hacia él.

"Me duele mucho la cabeza…" Gime el, agarrando a Candy fuertemente.

"Buscare algo que te alivie!" Grita la rubia pecosa, pero Albert la sigue sujetando, y no la deja ir.

"Quédate conmigo esta noche, que tengo miedo de estar solo." Le ruega el, sin quitarle la vista de encima.

"Está bien, me quedare contigo hasta que te duermas de nuevo, pero deja que te ayude a levantarte primero." Le dice Candy, ayudándolo a parar.

"Eres siempre tan dulce conmigo amiga…." Le dice Albert acariciándole la cara.

La rubia pecosa estremece otra vez al sentir su mano en la mejilla, sus miradas se cruzan y ella se pone a temblar cuando Albert la atrae hacia ella: "solo deseo que recuestes tu cabeza sobre mi pecho hasta que me duerma Candy."

Obedeciendo, se acerca al hombre rubio de cabellos largos, y recostándose a su lado pone la cabeza sobre su pecho y cierra los ojos. Al poco rato siente sus manos acariciarle los cabellos, y experimenta otra vez aquella sensación extraña recorrerle por las venas: su corazón se pone a latir aceleradamente, y respirando hondo espera a que vuelva al ritmo normal, para finalmente dormirse.

Esta misma noche, Candy suena con Albert:

Los 2 están bailando un 'vals' en la colina del 'Hogar de Pony': él va vestido con un elegante traje Escoces y ella con su mejor vestido del domingo; Es una caliente tarde de verano y ella se siente tan bien en sus brazos, y al mismo tiempo mesmerizada por la mirada profunda de aquel hombre rubio tan atractivo. De repente cambia la música y se vuelve más lenta, y sin quitarle la mirada de encima, Albert acerca su cabeza a la de Candy, y la besa con toda la fuerza de su ser, y como nunca nadie lo había hecho antes: con amor, ternura y pasión!

Candy despierta sobresaltada, y asegurándose de que su amigo sigue dormido, regresa a su habitación para acostarse en su propia cama, pero ya no puede dormir:

'Que me es lo que me está pasando con Albert, y porque cada vez que me toca tiemblo?'

Un final esta vez romántico, y a medida que crecen los personajes, más apasionante e intrigante se vuelven su vidas…

Un agradecimiento especial a JOSIE (Guest) que es realmente mi lectora más fiel, y la que siempre me deja un review, así como a todos los demás GUESTS!

Hasta pronto y espero que siguán disfrutando de la historia!