La verdadera historia de Candy White
(Capitulo 23)
Michigan, tarde en la noche de Junio después del entierro de Stear.
George está parado, mirando a Patty que aún sigue dormida en el sofá, mientras piensa con melancolía:
'Se lo mucho que debe de sufrir aquella pobre muchacha, pues no hay nada peor que perder al ser que uno más quiere…'
Y cerrando los ojos, recuerda muchos años atrás cuando él también era un joven de 18 años de edad, y su 1er día con los Leagans. Mientras él estaba en el jardín admirando la naturaleza, su mirada cayó sobre la joven más hermosa que había visto: con sus cabellos rubio largos y ojos verdosos, Doris Andry había captivado su corazón y sabía que no amaría a ninguna otra mujer con la misma intensidad; Desgraciadamente muy pronto se enteró, de que aquella joven de 19 años de edad ya estaba comprometida con Marlon Brown, que con sus 26 años de edadera mucho más hombre que él para competir, y a partir de este momento decidió amarla en silencio. Pasaron los años, y al morir Doris (después de una larga enfermedad) su dolor fue tan inmenso que se refugió en el 'pequeño castillo del bosque' (construido por el clan de los Leagans a mediados del siglo 19) en donde se pasaba horas llorando su muerte y saliendo solo para trabajar y cumplir las órdenes de la señora Elroy; En aquel entonces Albert era tan solo un niño, y al perder a su única hermana busco la compañía del mayordomo, y con el tiempo decidió también irse a vivir a la casita del bosque. La relación entre los 2 se fue estrechando cada vez más, hasta que George se convirtió en el único amigo y confidente que tenía, y desde entonces, cada vez que Albert tenía problemas consultaba al mayordomo, hasta el día en que decidió irse a África para no regresar nunca más…
Observando a la joven de cabellos marrón oscuros dormida en el sofá, George siente una súbita conexión hacia ella y promete cuidarla hasta que se recupere:
'Se ve muy frágil y necesita de una persona mayor para devolverle las fuerzas que la muerte de su novio le quito…'
Patty abre los ojos lentamente, y al notar al mayordomo en su casa exclama asustada:
"Que hace usted aquí George, y porque estoy acostada en el sofá?!"
"No era mi intención asustarla señorita O'Brien. Usted se desmayó durante el entierro del señorito Stear Cornwell, y como la señorita White fue invitada a la mansión de los Leagans por orden de la señora Elroy, yo decidí quedarme con usted por si necesita algo."
Observando al mayordomo de los Leagans con curiosidad, Patty nota lo sincero que es aquel hombre tímido de mediana edad, y se da cuenta que su fidelidad por aquella familia es excepcional.
"Gracias por traerme aquí George, y perdone la molestia que le cause al desmayarme así, pero es que el dolor de perder a la única persona que he amado en este mundo era demasiado fuerte, y yo solo quería morirme…" Gime la joven tímida de anteojos gruesos al borde de las lágrimas.
"No se preocupe que la entiendo perfectamente señorita O'Brien, pues yo también perdí a una persona muy querida en mi juventud." Le contesta el mayordomo con melancolía.
Abriendo los ojos en grande, Patty exclama intrigada: "ah sí, y a quién?"
"Esto ya no tiene ninguna importancia pues yo ya soy un hombre mayor, mientras que usted es solo una jovencita y todavía tiene toda una vida por delante." Le contesta el mayordomo con firmeza.
Mirándolo con un nuevo interés, Patty continua: "pero si usted aun es joven y todavía no llega a los 40ta. Yo pienso que debería darle chance a un amor nuevo no cree?"
Sonriéndole con amargura, George solo le contesta: "para mí solo existió una mujer, y al morirse ella se llevó mi corazón…"
'Y quién será esa mujer?' Se pregunta la joven tímida de anteojos gruesos intrigada.
"Porque mejor no se acuesta a dormir a su cama, que debe de estar muy cansada de tantas emociones vividas en un día." Le sugiere el mayordomo, cambiando de tema.
A Patty se le llenan los ojos de lágrimas al acordarse de su difunto novio, y sin poder contenerse más, estalla en llantos.
"Por favor no vuelva a desmayarse, señorita O'Brien." Exclama George alarmado, y sin perder tiempo la toma en sus brazos para sostenerla.
"Lo siento mucho pero es que yo a Stear lo ame como a nadie, y nunca habrá otro hombre para mi…" Gime la joven de anteojos gruesos, llorando en su espalda.
"No se preocupe que la entiendo perfectamente, pues para mí solo hubo una mujer y esto nunca cambiara." Le responde el mayordomo tristemente, mientras espera pacientemente a que se calme.
Patty llora hasta que siente su corazón vaciarse por completo, y acordándose súbitamente que aún sigue en los brazos del mayordomo, se despega de él avergonzada:
"Perdone mi comportamiento, pero normalmente no soy tan débil."
"No tiene por qué pedirme disculpa señorita O'Brien, que yo en su lugar estaría destrozado."
"Porque no deja de lado la formalidad y mejor me llama Patty?"
"Bueno, lo que pasa es que ya estoy acostumbrado a llamar a todo el mundo por su apellido." Le contesta George con timidez.
"Como quiera. En todo caso quiero agradecerle por todo, y decirle que su compañía me ha hecho mucho bien y…" Patty se pone a bostezar repentinamente, y finalmente cae nuevamente rendida en los brazos del mayordomo.
George la lleva hacia su habitación, y al depositarla en su cama se queda mirándola largamente hasta que finalmente decide irse a dormir también. Después de todo, mañana empezaría una nueva vida para aquella jovencita, pues a pesar de haber perdido su ser más querido, volvería a amar de nuevo: las heridas se curaban muy rápidamente a esta edad, y tarde o temprano Patty O'Brien conocería a algún joven de buena familia, se casarían y tendrían muchos hijos, y el resto sería historia…
Mansión de los leagans, esta misma noche, Junio 1916.
Después de una larga misa para el entierro de Stear, Candy y la señora Elroy deciden regresar a la mansión, pero al abrir la puerta de la entrada principal y encender la luz, se encuentran frente a frente a Neil que lleva agarrado una botella de whisky entre sus manos.
"Neil Leagan! Exijo una explicación hora mismo!" Exclama la señora Elroy con voz alarmada.
"Cálmese tía abuela, que este ha sido un día demasiado doloroso para todos nosotros, no cree?" Le contesta el joven mezquino de cabellos castaños, dirigiendo su mirada hacia la rubia pecosa.
Candy está demasiado asombrada ante aquel comportamiento radical de Neil, y aclarándose la garganta decide intervenir: "que es lo que te pasa Neil, y en que te podemos ayudar?"
"No te hagas la inocente Candy que esto no es más que culpa tuya, pues gracias a ti Archie me arrebato a Annie y yo siempre tuve ojos para ella!" Exclama el joven mezquino de cabellos castaños con pasión.
A la rubia pecosa se le va todo el color de la cara al oírlo hablar así, y se da cuenta de que a pesar de su maldad, Neil tenía un corazón:
'Neil enamorado de mi mejor amiga de infancia? Quien lo hubiera creído?'
"Estas completamente borracho!" Exclama la señora Elroy con disgusto, al notar lo semivacía que estaba ya la botella de whisky.
"Y si fuese así que? Yo ya soy un adulto hecho y derecho y puedo decidir cómo manejar mi vida, no cree?" Le contesta Neil desafiándola.
"Eres un adulto, y sin embargo todavía te comportas como un niño. Es obvio que mi hijo no supo educarte, y me arrepiento tanto no haberme dado cuenta antes lo malcriado que eres, pues lo que a ti te faltaron fueron unas buenas palizas!" Exclama la anciana hirviendo de rabia.
"Cálmese tía abuela que no le hace bien alterarse." Interrumpe Candy pasándole el brazo por hombro, y dirigiéndole una mirada de reproche a Neil, continua:
"mejor harías de marcharte a tu habitación y reflexionar sobre tu mala conducta, pues si de verdad amas a Annie con toda la pasión que acabas de expresar debes cambiar tu forma de ser, pues si hay algo que mi amiga odia son a las personas malvadas y mezquinas como tú!"
Neil siente un remordimiento de conciencia al oír las palabras verídicas de la rubia pecosa, y a pesar de su profundo desprecio hacia ella, se da cuenta de que efectivamente ya había llegado el momento de madurar, y que para conquistar a Annie o a cualquier chica que sea, tenía que dejar de lado su comportamiento malcriado y comportarse como un hombre de verdad; Sin embargo su orgullo era demasiado fuerte, y en vez de agradecerle se encoge los hombros, e ignorándola sube las escaleras del salón para dirigirse a su habitación.
Candy respira aliviada al verlo marcharse, y dirigiendo su mirada hacia la tía abuela exclam: "menos mal que no nos almo un escándalo!"
Frunciendo el ceño, la señora Elroy le contesta: "me preocupa mucho sus cambios de humores y el hecho de que tenga este hábito de beber cuando le plazca."
"Para mi es obvio que Neil bebe por desdicha, pues a pesar de toda la riqueza de los Leagans, él es infeliz ya que no tiene a nadie que lo quiera, y mucho menos el amor de una mujer." Le dice la rubia pecosa con tristeza.
"Tienes toda la razón: mi nieto ha sido mimado por sus padres toda su vida, y desgraciadamente ellos nunca supieron ensenarle los valores humanos que lo hubieran convertido en un hombre hecho y derecho, y ahora no es más que un joven malcriado,a pesar de haber cumplido los 20 años de edad."
Neil, que ha estado escuchando toda la conversación intercambiada entre las 2 mujeres siente una tremenda vergüenza, y por primera vez en su vida se pone a reflexionar sobre sus actos: que había hecho el para la humanidad? Nada en absoluto, solo causarle daño a todo ser que se cruzara en su camino, y acordándose de su difunto primo siente una tristeza profunda, pues en su vida había conocido a un ser más dulce y leal que él, y sin embargo nunca supo ser su amigo, y ahora era demasiado tarde…
'Perdóname por los malos momentos que te he hecho pasar Stear, y ojala descanses en paz.'
Sin embargo al que siempre odiaría seria a Archie: su rival de toda la vida que no había hecho más que ridiculizarlo y quitarle a la chica de sus ojos, Annie…
'No me importa que sea una huérfana y que haya crecido en el Hogar de Pony, pues aunque no sea de mi categoría tiene mucho más clase que todas las chicas que he visto hasta ahora y es hermosa como una princesa… Daria cualquier cosa por tener su amor, y me duele tanto ver el desprecio que siente ella hacia mí cuando nuestras miradas se cruzan…
El joven mezquino de cabellos castaños se siente más desdichado que nunca, pues se da cuenta que en realidad ya no tiene a mas nadie en este mundo: su única hermana lo había desertado, y sus propios padres lo ignoraban.
'Nadie me quiere en este mundo, y lo mejor sería que me desahogue en el alcohol…'
Candy nota lo pensativa que se ha quedado la señora Elroy, y aclarándose la garganta le pregunta: "que es lo que le pasa tía abuela que se ha quedado tan pensativa? Acaso se siente mal?"
"Es que me preocupa mucho Neil, pues a pesar de su carácter mezquino siento que sufre internamente por la falta de amor que sus padres nunca le dieron, y en mi opinión, el solo se comporta de esta manera para llamar la atención pues en realidad está completamente solo, y su desdicha es evidente."
"Yo pienso que lo que a él le falta es a una persona de carácter fuerte y que lo ponga en su lugar: una mujer probablemente, pues estoy convencida de que tarde o temprano todo ser cambia cuando le llega el amor, y su nieto Neil no es excepción."
"Gracias por tus palabras tan sabias Candy, pues tu más que nadie tendrías toda la razón para odiarlo y sin embargo lo compadeces. Eres tan buena y pura que no es de extrañar que todo el mundo te quiera tanto." Le dice la señora Elroy abrazándola efusivamente.
Neil que ha estado parado delante de la puerta de su habitación y no ha perdido ni un detalle de la conversación se siente más desamparado que nunca, y encogiéndose de los hombros piensa con amargura:
'como me gustaría desaparecer y que me tragara la tierra…'
Cambiando súbitamente de tema, la rubia pecosa le pregunta: "Y que pasara con Patty ahora que está completamente destrozada por la muerte de Stear?"
"George se quedara cuidándola hasta que sea necesario, y si hace falta incluso sería mejor para ella mudarse con él, al pequeño castillo del bosque en donde el reside."
"Sola con el mayordomo?" Le pregunta Candy atónita.
"George es mi completo hombre de confianza y sé que estará en muy buenas manos con él."
"Pero no se sentirá ella incomoda al vivir sola con un hombre?" Insiste la rubia pecosa.
"George será como un padre para Patty (por las diferencias de edades) y a lo que ella más le conviene en este momento, es respirar aire puro y distraerse para no caer la soledad." Le responde la anciana en voz firme.
"Esto es verdad. Además que ya muy pronto me tocara regresar al hospital pues solo me dieron unos días de vacaciones." Le contesta Candy.
"Cuando te tienes que marchar?"
"Mañana."
"En este caso me gustaría que te quedaras conmigo, pues hace tanto tiempo que no nos vemos y extraño nuestras charlas de antaño." Le dice la señora Elroy en voz emotiva.
"Me encanta la idea pero me preocupa Patty: se ha puesto tan frágil desde la muerte de Stear, y prometí quedarme a su lado hasta que me marchara." Le contesta la rubia pecosa tristemente.
"Te diré lo que haremos: mañana después del desayuno nos iremos directamente a verla, y ahí le propondré a George trasladarla al pequeño castillo del bosque por un tiempo y hasta que tome un poco de color y peso, pues efectivamente Patty está bien frágil." Le dice la señora Elroy con determinación.
"Porque se mota tantas molestias por Patty?" Le pregunta Candy con interés.
Tomando una respiración profunda, la anciana le dice gravemente: "porque yo nunca supe darle a Stear el amor que él se merecía, y de todos mis nietos siempre favorecí a Anthony. Desgraciadamente tampoco me ocupe de Eliza y Neil y sé que en gran parte soy culpable de que ellos se hayan convertido en unos seres crueles y mezquinos, al que mi propio hijo y su mujer nunca supieron educar; Afortunadamente Eliza se corrigió pero Neil sigue igual, y es por esto que ahora quiero rectificarme y ayudar a la que fue la prometida de mi querido nieto Stear, porque aunque nunca se lo haya dicho, yo lo quise mucho y me parte el alma no haberme despedido del…"
Candy abraza efusivamente a la anciana que está ahora al borde de las lágrimas, y le murmura suavemente en el oído: "no llore tía abuela, que yo estoy segura de que Stear supo que usted lo quería, pues él era una persona tan intuitiva y la admiraba mucho, tal como lo hacen los demás nietos suyos. Y no se preocupe por Neil, que si se comporta siempre de manera tan grosera es porque todavía no ha conocido a la persona que lo desafié y lo ponga en su lugar."
"Y tampoco lo encontrara mientras su madre sigua a su lado para envenenarle el alma."
Y frunciendo el ceño, la señora Elroy continúa: desde el 1er día en que Ruth puso los pies en esta casa supe que nos traería problemas; Nunca entendí que es lo que mi hijo le vio a esta víspera de mujer, pero desgraciadamente el amor es ciego y Robert siempre fue débil de carácter y no supo darse cuenta, que la mujer a quien eligió para compartir su vida no es más que una manipuladora que siempre estuvo detrás de su fortuna."
Candy se queda atónita al oírla referirse así de su nuera de esta manera y exclama: "yo siempre pensé que se llevaban bien!"
"Apariencias: si hay algo que debemos aprender en la alta sociedad, es saber fingir."
"Pues esto me parece deshonesto."
Acariciándole tiernamente la cara a la rubia pecosa, la anciana le contesta: "lo que pasa es que tú eres bien pura y bondadosa de alma. Dios mío, y pensar que por culpa mía fuiste a parar a Méjico, y todo por creerle a Eliza y Neil…."
"No se torture más tía abuela, que ya hace mucho tiempo de esto y todos cometemos errores." Le dice la rubia pecosa con ternura.
"Porque eres tan buena y perdonas tan fácilmente Candy?"
"Porque en el 'Hogar de Pony' nos ensenaron a perdonar a los prójimos por más crueles que fuesen, y estoy segura de que todo ser que hace daño, es porque se siente infeliz con su vida y no conoce otro placer que amargar la existencia de los demás."
"Puede que tengas razón querida. Sin embargo este ha sido un día muy largo y que te parece si nos acostamos? Dormirás en la recamara de los invitados, que es la habitación más amplia de la mansión, te parece?" Le dice la señora Elroy sonriéndole con ternura.
"Le agradezco su gentileza tía abuela, pero porque mejor no deja que me quede con usted en su recamara? Me gustaría cuidarla, y no quiero causarle molestias a los Leagans."
"Acaso se te olvido que todavía eres una Andry, y aunque te plazca o no, esta también es tu casa pues así lo decidió el abuelo Williams, y él es el patriarcal de esta familia." Le contesta la anciana con autoridad.
"Pues en este caso quiero ir a hablar con el cuanto antes, y pedirle una vez por todas que me quite el apellido suyo y me deje volver a ser la Candy White, huérfana del 'Hogar de Pony'. Le contesta la rubia pecosa desafiándola.
Meneando la cabeza exasperada, la señora Elroy exclama: "pero como vas a ir a hablarle si está desaparecido?! O es que acaso se te olvido que hace ya casi 2 años que estallo esta terrible guerra y que son muchas las familias que han perdido seres queridos?!"
Abriendo grande los ojos, Candy exclama: "que todavía no ha aparecido el abuelo Williams?! Dios mío, pero quien tendría interés en secuestrar a un anciano y porque?"
"Por el simple hecho de que tiene una inmensa fortuna y mucho poder en el país. Desgraciadamente, George, que es mi único hombre de confianza no ha podido localizarlo, y solo espero de que este sano y salvo, sea donde este." Declara la señora Elroy pensativa:
'Albert, donde estás? Dios mío, por favor dígame que todavía vive, pues si algo malo le llegara a pasar yo me muero!'
Chicago, 'Hospital Santa Bárbara', tarde en la noche, junio.
Albert está acostado en su cama pero no puede concebir el sueño. Había sido un día muy intenso para él, y al recobrar finalmente la memoria veía como los rompecabezas desfilaban por su mente: la muerte de su hermana Doris, su 1er encuentro con Candy, cara a cara en la 'colina Pony', la muerte de Anthony, Londres y el encuentro con una Candy toda adolescente y enamorada de Terry, su último encuentro con ella cuando había perdido la memoria, y como fue enamorándose poco a poco, y sin darse cuenta de su amor de toda la vida, y ahora la muerte de Stear…
Levantándose de la cama, Albert se dirige a la ventana de su habitación, y abriéndola para respirar un poco de aire fresco se pone a pensar en Stear, y siente una lagrima resbalar por su mejilla:
"Stear, eras mi sobrino favorito, pues al igual que yo amaste a Candy profundamente, y con tu carácter alegre y optimista supiste ganarte la amistad de muchas personas, y ni quiero imaginarme el vacío que has dejado en la vida de tu único hermano Archie…"
Cerrando la ventana abruptamente, el hombre rubio de cabellos largos se encamina de regreso a su cama, y acostándose en ella cierra los ojos y trata de dormirse: mañana seria otro día y ya era hora de que empezara a pensar en su futuro, y cuál sería el próximo pasó que daría.
Mansión de los Leagans, a la mañana siguiente.
Después del desayuno, Candy y la señora Elroy le piden al chofer que las lleve a la casa de Patty, y bajando el auto a toda prisa se encaminan hacia la puerta de entrada y tocan.
Segundos más tarde esta se abre y se encuentran frente a frente al mayordomo:
"George!" Exclama la anciana con alegría.
"Buenos días señora Elroy, señorita White Andry." Les contesta el mayordomo, invitándolas a pasar.
"Buenos días George, y por cierto como esta mi amiga?" Le pregunta Candy.
"La señorita O'Brien se encuentra un poco mejor, aunque todavía esta increíblemente pálida y casi no tiene apetito." Les contesta el mayordomo amablemente.
"Justamente quería hablarte de esto, pues se me ha ocurrido una idea para ayudar a esta pobre muchacha a recobrar la alegría de vivir." Le dice la señora Elroy con seriedad.
"Y cual es esta idea suya?" Le pregunta el mayordomo sin comprender.
"Quiero que te lleves a Patty a vivir contigo durante un tiempo a la cabaña del bosque donde resides." Continúa la anciana en voz firme.
Abriendo grande los ojos, George balbucea: "conmigo?! Pero porque?"
"Porque estoy convencida, de que respirando el aire puro del bosque y con sus ayuda, Patty recuperara un poco de peso y color."
"Con mi ayuda? No entiendo nada." Le dice el mayordomo meneando la cabeza.
"Te conozco desde que eras un adolescente George: se el alma noble y bondadosa que tienes, y si hay alguien que puede ayudar a esta muchacha eres tú." Declara la señora Elroy con convicción.
Respirando profundamente, el mayordomo se queda pensativo durante unos momentos y finalmente les contesta: "haré todo lo posible por ayudar a la señorita O'Brien a recuperarse, pero acaso esta ella de acuerdo con todo esto?"
"Estoy segura de que a Patty le encantara la idea!" Exclama la rubia pecosa alegremente.
Justo como si oyera que la llamaran, la joven de anteojos gruesos aparece súbitamente, y al ver a su amiga exclama alegremente: "Candy has vuelto a verme!"
"Te desmayaste en mis brazos anoche Patty, pero fue George el que te trajo a tu casa."
Sonrojando levemente, la joven de anteojos gruesos le dirige la mirada al mayordomo y murmura suavemente: "muchas gracias George, y disculpe por la molestia."
"Le aseguro que no es ninguna molestia, señorita O'Brien."
Aclarándose la garganta, la señora Elroy procede: "hemos venido a verte para proponerte que te mudes a la casa del bosque donde reside George, temporalmente Patty."
Abriendo grande los ojos, la joven de anteojos gruesos balbucea: "irme a vivir con George? Y eso porque?"
"George se ocupara de ti hasta que te recuperes por completo, pues tu apariencia frágil y descompuesta me preocupa mucho al igual que a Candy. Quiero que comas todo lo que él te cocine durante tu estadía, que camines y tomes aire fresco, en fin que aproveches este tiempo y lo veas como vacaciones." Le contesta la señora Elroy, lanzándole una mirada penetrante.
"Porque hace todo esto por mí, si yo a usted a penas la he tratado?" Le pregunta Patty, perpleja.
"Porque fuiste la prometida de mi nieto Stear, y desgraciadamente mientras él vivía nunca le dije ni una sola vez que lo quería y lo orgullosa que me sentía de él." Le contesta la anciana con voz emotiva.
Patty se queda atónita al oír a la señora Elroy expresarse de esta manera: habitualmente era una persona más bien dura y seca, mientras que ahora se comportaba de manera mucho más humana, y mirándola de cerca se da cuenta de que en realidad se encontraba frente a frente a una anciana y no la figura autoritaria por la cual siempre se había sentido intimidada.
"De acuerdo, acepto su propuesta."
"Gracias Patty! No sabes lo feliz que me haces!"
"Ya verás lo bien que te ira amiga!" Exclama la rubia pecosa con entusiasmo.
"Quiere que le ayude a empaquetar sus cosas, señorita O'Brien?" Le pregunta el mayordomo con cortesía.
"Gracias George, pero no se preocupe que puedo hacerlo sola." Le contesta Patty tímidamente.
"Yo la ayudare." Se ofrece Candy, y pasándole el brazo en la espalda a su amiga, se la lleva a la habitación para empezar con los preparativos.
La señora Elroy espera a que las 2 jóvenes se alejen, y mirándole al mayordomo a los ojos continua en voz profunda: "quiero que sepas lo mucho que te aprecio George, y te agradezco por cooperar una vez más. Tu fidelidad hacia esta familia es infinita y por esta es la razón por la cual deposito toda mi confianza sobre ti."
"No tiene por qué agradecerme señora Elroy, que el placer es mío poder ayudarle en lo que sea."
"Gracias de todos modos. Me marcho ahora, pero antes quiero despedirme de Candy."
Y encaminándose hacia la habitación de Patty, la señora Elroy se acerca lentamente a la rubia pecosa y la toma en sus brazos, depositándole un beso maternal en la frente.
"Se va, tía abuela?" Le pregunta Candy aceptando su abrazo.
"Tengo que irme. Adiós cariño y por favor no dejes pasar tanto tiempo para ir a verme."
"Adiós tía abuela. Voy a extrañarla mucho y quiero que sepa que siempre la querré." Le contesta la rubia pecosa al borde de las lágrimas.
"Adiós Candy…" Y sin poder contener las lágrimas que están por resbalar en sus mejillas, la señora Elroy sale de la casa a toda prisa y sube rápidamente al auto del chofer.
George que ha observado toda la escena desde el salón se queda mirando por la ventana hasta ver el coche desparecer, y volteando la cabeza ve a las 2 amigas paradas silenciosamente.
"Ya están listas las señoritas?" Les pregunta el, amablemente.
'George es siempre tan cortes y correcto…' Piensa la rubia pecosa, mirándolo con curiosidad.
"Ya estamos listas." Le contesta Patty, sacando a la rubia pecosa de su ensueño.
"Debo marcharme ya amiga, pues solo me dieron unos días libres y ya mañana tengo que volver al hospital."
"Que pena me da, y me harás muchísima falta Candy."
"Y tu a mí, querida Patty!" Exclama la rubia pecosa, abrazándola efusivamente.
"La llevare hasta la estación de tren, señorita White Andry."
"Gracias George. Adiós Patty y por favor cuídateme mucho." Le dice Candy dulcemente.
"No te preocupes por mi amiga que tengo a George, y por favor no tardes tanto en volver!" Exclama Patty, y sin poder contenerse más estalla en llantos.
"No llores Patty por favor, que sino no podre marcharme." Le murmura la rubia pecosa tomándola nuevamente en sus brazos.
George se queda parado durante un largo rato sin saber que hacer: para él era muy duro expresar sus sentimientos y sin embargo los tenia, y sumamente profundos. Desgraciadamente las circunstancias de la vida lo habían obligado a ocultarlos y ya era muy tarde para cambiar. Aclarándose la garganta las interrumpe:
"discúlpenme, pero acaso ya tiene su maleta empaquetada, señorita White?"
"La verdad es que ni siquiera la desempaquete!" Exclama la rubia pecosa guiñándole el ojo.
"Porque no acompaña a su amiga, señorita O'Brien?" Le pregunta George súbitamente a Patty.
"Por supuesto que sí. Espera Candy que me cambio de zapatos!" Exclama la joven de anteojos gruesos alegremente.
El trayecto de camino a la estación de tren se hace más corto de lo que quisieran las 2 amigas, y cuando llega la hora de despedirse, cada una trata de contener sus lágrimas para no estallar en llantos.
"Adiós Patty y prométeme cuidarte bien, lo harás?"
"No se preocupe por la señorita O'Brien que yo la cuidare, y cuando vuelvan a verse la encontrara más sana y nuevamente alegre." Le promete el mayordomo en voz firme.
"Adiós Candy, y muchísimas gracias por haber estado a mi lado durante el entierro de Stear…"
"Adiós Patty…"
El silbido del tren las interrumpe, y la voz firme de George las devuelve a le realidad:
"Sera mejor que se suba ya al tren, señorita White."
"Gracias George, y por favor cuídela bien."
Y sin esperar su respuesta, Candy se sube al tren, rumbo a Chicago…
Chicago, 'Hospital Santa Bárbara', en la tarde.
Después de un largo viaje de 4 horas y medias, Candy baja finalmente del tren y se encamina a pasos apresurados hacia el hogar que compartía con Albert: por fin volvería a ver a su querido amigo, y aunque solo había estado 2 días ausentes a ella se le hacía una eternidad desde la última vez que lo había tenido, frente a frente.
'Por fin voy a poder hablar con él y oír su voz… He anhelado tanto su presencia…'
Corriendo hacia la puerta de entrada principal, la rubia pecosa saca las llaves del apartamento, y abriéndola apresuradamente exclama: "ya estoy de regreso Albert!"
Como una sumita visión, la rubia pecosa ve al hombre rubio de cabellos largos caminar lentamente hacia ella, y sin poder contenerse se tira en sus brazos, abrazándolo fuertemente: "si supieras como te extrañe Albert!"
"Y yo a ti, pequeña…"
'mi pequeña pecosa…'
Albert le acaricia los cabellos con ternura tratando de contenerse para no besarla, mientras su perfume florar inunda sus narices: "que rico hueles amiga."
Sonrojando levemente ante tal halago, Candy le contesta tímidamente: "gracias Albert, y tú también hueles muy rico."
"Que modesta te has puesto amiga!" Exclama el hombre rubio de cabellos largos, riéndose a carcajadas.
"No te burles de mi Albert!" Le contesta la rubia pecosa guiñándole el ojo.
"Como está tu amiga?" Le pregunta Albert, poniéndose súbitamente serio.
"Para Patty ha sido un dolor muy grande el perder Stear, pero afortunadamente la señora Elroy ha tenido la brillante idea para que George se ocupe de mi amiga, y se decidió que los 2 vivirían juntos en la casita del bosque hasta que ella se recupere de la muerte de su único amor…"
'Que es lo que estará tramando la señora Elroy?'
Tratando de contenerse para no delatarse, Albert continua, fingiendo curiosidad: "porque no empiezas a contarme todo desde el principio Candy?"
La rubia pecosa le narra todo lo sucedido hasta ahora, y después de escucharla atentamente, Albert exclama: "vaya drama familiar aquel!"
'Pobre Archie… Y George tan fiel como siempre pensando en los demás en vez del… Neil tomando para matar su soledad?'
"Albert me estas escuchando? Te pregunte algo, pero he de notar que tu mente está ausente. Que te pasa?" Lo interrumpe la rubia pecosa frunciendo el ceño.
"Lo siento Candy, lo que pasa es que estaba pensando en todo lo que me relataste de tu visita."
"Y cómo te has sentido tú en mi ausencia? Algún otro desmayo?"
"Me he sentido muy bien, gracias." Le miente el hombre rubio de cabellos largos.
'Debo de tener más cuidado con lo que digo, o sino sospechara de que escondo algo, y por nada del mundo quiero que sepa de que recupere la memoria... No mientras permanezca acá…'
"Me imagino que debes de tener hambre después de un viaje tan largo, o me equivoco?" le pregunta Albert cambiando de tema.
"Que bien me conoces Albert, pues la verdad es que no he comido nada desde el desayuno y me muero de hambre!"
"Pues menos mal que hoy cocine bastante legumbre con diferente tipos de carne, así que ya solo me falta calentar todo y podremos comer en unos 20 minutos."
"Gracias amigo, y la verdad es que no sé qué haría sin ti."
'Ya es tiempo de que regrese a la mansión de los Leagans para poner orden en la vida de los miembros de mi familia, pero antes quiero quedarme un poco más de tiempo con Candy…'
"Albert en que estás pensando?" Le pregunta la rubia pecosa, sacándolo otra vez de su ensueño.
"En nada especial. Bienvenida otra vez, y me siento muy feliz de tu regreso." Le contesta Albert, sonriéndole con ternura.
'Porque será que tengo la impresión de que Albert me mira como si no me hubiese visto en años?'
Demasiada hambrienta para darle vuelta al asunto, Candy se encoje los hombros y decide irse a poner la mesa.
Michigan, en la 'casita del bosque', julio 1916.
Patty y George llevaban ya un mes viviendo en la 'casita del bosque', y para la joven de anteojos gruesos, aquel hombre del doble de su edad todavía resultaba ser un enigma: con su carácter tranquilo y callado era el polo opuesto de Stear, y sin embargo se sentía intrigada por él.
"Quisiera saber quién es la mujer que perdió cuando tenía mi edad." Le pregunta Patty una mañana, incapaz de contener su curiosidad.
Mirándola con curiosidad, el mayordomo se aclara la garganta y empieza a relatar: al cumplir los 18 años de edad, mis padres me mandaron a la 'Mansión de los Leagans' para empezar a ganarme la vida. Desafortunadamente al llegar, mis ojos se fijaron en la señorita del hogar: su nombre era Doris Andry en aquel entonces, y era lo más hermoso que había visto, pero ella ya estaba comprometida con Robert Brown, mi rival de 8 años mayor. Sin embargo Doris y yo llegamos a tratarnos y a convertirnos en buenos amigos; Ella confiaba en mí, y unas cuantas veces se desahogó cuando tenía problemas amorosos, hasta el día en que se murió de una grave enfermedad llamada cáncer…
"Qué horror!" Exclama Patty, sintiendo una tremenda compasión por aquel hombre solitario.
"Ya esto quedo en el pasado, y ha pasado tantos años desde entonces." Le contesta George con sequedad.
'ANDRY… Así se llamaba ella. Porque me resultara aquel apellido tan familiar?'
Patty se acuerda repentinamente de donde proviene aquel apellido, y continua triunfante: "Andry es el apellido de adopción que el abuelo William le puso a Candy, no es así?"
"Doris Andry fue sobrina suya." Le miente George cautivamente.
'Debo de tener más cuidado en proteger la identidad de Albert…'
"Porque no salimos a caminar un poco? Es una linda mañana soleada." Le propone el mayordomo desviando el tema.
"Es una muy buena idea, pero antes le ayudare a recoger la mesa del desayuno." Le contesta Patty, levantándose rápidamente de la mesa para dirigirse a la cocina.
"No es necesario, señorita O'Brien." Le dice el mayordomo con cortesía.
"Cuando va a empezar a llamarme por mi nombre, George? Tenemos un mes viviendo bajo el mismo techo, y sin embargo todavía es tan cortes y distante conmigo." Le reprocha Patty.
"Lo siento. No era mi intención pues la verdad es que le tengo mucho aprecio, señorita Patty."
"Deje lo de señorita de lado y llámeme solo Patty, de acuerdo?" Insiste ella.
"Está bien, Patty." Le responde el mayordomo tímidamente.
"Así está mucho mejor. Pues salgamos ya!" Exclama la joven de anteojos gruesos, tomando uno de sus sombreros para protegerse del sol fuerte vera nial.
Los 2 caminan en silencio durante un largo rato, cada uno perdido en sus propios pensamientos. Mirándolo de reojo, la joven de anteojos gruesos se da cuenta de que el mayordomo era mucho más atractivo de lo que parecía: George se movía con una elegancia natural, y con sus cabellos negros lizos, su estatura alta y sus ojos penetrantes hubiese podido pasar por un actor, y sin embargo eran mucho los años que le llevaba a ella.
'Dios mío, pero en que estoy pensando si George podría ser mi padre!'
"Se siente usted bien Patty? Se ha puesto roja como un tomate." Le dice el mayordomo sacándola de su ensueño.
"La verdad es que me pongo roja fácilmente en verano, debe ser por el calor." Le miente la joven de anteojos gruesos, ruborizando.
Mirándola con interés durante un largo rato, el mayordomo le dice: "pues se le ve muy bien con un poco de color en la cara, y me alegra notar que ha tomado un poco de peso."
"No demasiado espero?" Le pregunta Patty con una vocecita.
"Lo justo para su figura, pues la verdad es que el mes pasado usted estaba demasiado frágil y flaca." Le contesta George con cortesía.
"Hábleme más de Doris Andry: como era físicamente?" Le pregunta Patty intrigada.
"Porque le interesa tanto mi vida romántica?"
"Quiero saber un poco sobre su pasado, pues la verdad es que nos conocemos muy poco y me siento tan agradecida de todos sus cuidados George… Usted se ha ocupado más de mí que mis propios padres." Le contesta la joven de anteojos gruesos bajando la cabeza.
Levantándole la barbilla, el mayordomo le dice dulcemente: "gracias por sus bellas palabras Patty. Yo la cuido con mucho gusto, pues para mi usted es una persona muy grata."
"En serio George?"
"Por supuesto que sí. Después de todo, usted fue la prometida del señorito Cornwell, y para mi todos los miembros de esta familia son importantes."
"Solo por esto?" Le pregunta Patty decepcionada.
"No. También porque en el poco tiempo que nos hemos tratado he llegado a conocerla más, y me doy cuenta de que es una persona muy buenas de sentimientos y con buen sentido de humor."
Y aclarándose la garganta, el mayordomo continúa: Doris ella era hermosa rubia de ojos verdes y bastante alta de estatura, y aunque su físico fue lo que me atrajo a primera vista, su carácter fuerte e independiente fue lo que hizo que me enamorara locamente de ella… Sin embargo para ella no fui más que un amigo íntimo, y se murió sin llegar a saber los verdaderos sentimientos que estaban ocultos dentro de mí."
"Que historia de amor tan hermosa y triste a la vez…" Murmura la joven de anteojos gruesos con recelo, pues con su estatura baja y sus cabellos lacios oscuros no se consideraba lo bastante atractiva para llamar la atención de cualquier hombre; Stear había sido el único chico que se había fijado en ella durante todos sus años de adolescencia, pero ahora estaba muerto y ella ya no contaba más en que el amor volvería a parecer en su vida: las mujeres sencillas como ella estaban predestinabas a los estudios o al trabajo, y si por si acaso el amor cruzaba por sus caminos solo se daba una vez, y ella ya había perdido su oportunidad.
"No se ponga triste Patty que esto ya paso hace muchísimos años, y de todos modos ya me acostumbre a estar solo y no me imagino nunca poder llegar a vivir con alguien."
"No se desanime, que usted aun es joven y bastante atractivo." Le dice la joven de anteojos gruesos sonrojando levemente.
"Gracias por sus elogios, pero yo ya no soy un muchacho de 18 años para perder tiempo con romanticismo, sino un hombre hecho y derecho de 38 años de edad, y ya a estas alturas soy muy viejo para pensar en tener hijos." Le contesta el mayordomo con frialdad.
Y mirándola atentamente continúa: sin embargo usted sí que es joven y tiene toda una vida por delante para tener pretendientes."
"Se equivoca. Seré joven pero con mi físico simple es bien difícil que alguien se fije en mí: la mayoría de los hombres buscan a mujeres extravagantes y bellas, mientras que yo soy más bien tímida, y no muy linda que digamos." Le contesta Patty con una vocecita.
"La que se equivoca es usted, y es una lástima que tenga tan poca autoestima, pues déjeme decirle que es una joven muy bella (por dentro y por fuera) y Stear tuvo muy buen gusto en elegirla como pareja para poder compartir el resto de su vida juntos." Le dice George, en voz emotiva.
"Stear se ha muerto!" Exclama Patty sin poder contener las lágrimas que están desbordando por sus mejillas, y acercándose a ella, el mayordomo la toma en sus brazos murmurándole suavemente en el oído:
"llora todo lo que quieras jovencita, que estoy aquí para cuidarte y protegerte."
Para Patty sentir los brazos fuertes de aquel hombre hecho y derecho es un alivio grande, y al mismo tiempo se da cuenta de la diferencia que es estar abrazada de un adolescente, que estarlo de un adulto. Le gustaba la cercanía de George, y no deseaba por nada del mundo despegarse de él.
'Me siento tan bien y protegida a su lado…'
Para el mayordomo, tener aquella adolescente entre sus brazos lo hacía rejuvenecer, y solo por un momento se sentía aquel muchacho lleno de vida y expectativas amorosas que había sido 20 años atrás…
'Huele tan rico, y la siento tan necesitada de amor…'
Levantándole la barbilla espontáneamente, George le deposita un beso profundo a Patty, dejándola casi sin aliento.
Al sentir aquel beso tan hambriento del mayordomo, Patty se queda completamente atónita y se da cuenta que era la primera vez en su vida que la besaban con tanta pasión: Stear nunca la había besado más que en la mejilla un par de veces, y solo antes de marcharse como 'soldado voluntario' para Europa, le había dado un beso rápido en la boca, nada más.
'Y yo que pensaba morirme sin haber sido besada…'
Al darse cuenta de lo que hizo, George se despega de Patty abruptamente y exclama horrorizado: "le pido perdón por haberme puesto tan grosero con usted señorita O'Brien, y le prometo que más nunca ocurrirá… Dios mío! No sé qué paso por mi cabeza por un instante pero me comporte como un adolescente inconsciente, y le doy mi palabra de honor que más nunca le pondré la mano encima! Si la señora Elroy se llegara a enterar me despediría en el acto por adulterio!"
"No se preocupe que yo no le diré nada. Después de todo usted es demasiado hombre para una chica tan sencilla como yo, y ya me doy cuenta de que volvió a mantener su distancia llamándome otra vez señorita O'Brien." Le contesta Patty, sintiéndose completamente dolida por su rechazo, y antes de que las lágrimas vuelvan a resbalar por sus mejillas, se echa a correr de camino regreso a la casita del bosque.
George no hace nada por detenerla, y sin embargo siente un vacío tremendo dentro del el…
'Por un momento me sentí renacer de nuevo junto a ella, pero no soy más que un viejo tonto que todavía cree en el amor…'
Y caminando lentamente de regreso a la casita del bosque, George se pregunta si no sería mejor regresar a Patty a su respectivo hogar antes de que las cosas de compliquen demasiado entre ellos: la diferencia de edad entre los 2 era muy grande para que fuese más que una relación, como padre e hija.
Mansión de los Leagans, tarde en la noche.
Neil abre la puerta principal del salón, y cerrándola suavemente detrás de él decide no encender la luz para no despertar a nadie. Había pasado otra noche metido en un bar de mala muerte y apestaba a alcohol; Sin embargo como era fin de semana, él sabía que sus padres no regresarían hasta la madrugada: los únicos que estaban en la mansión era su hermana y la tía abuela, y a estas alturas seguramente estaban profundamente dormidas.
'Que noche tan terrible y me siento tan solo, que ahora mi único consuelo es el alcohol… Me pregunto si todavía quedara una botella de whiskey en el armario de papa?'
Y caminando con dificultad por todo el alcohol que había consumido, el joven mezquino se dirige a pasos lentos hacia el armario en cuestión, y al sentir la botella gruesa familiar entre sus manos respira aliviado: sabía que tan pronto saboreara el aroma del whiskey, reviviría…
Se encienden repentinamente las luces del salón, y parpadeando con dificultad, Neil se queda boca abierta al descubrir a la señora Elroy, parada majestuosamente a unos metros de él…
"Tía abuela!" Exclama Neil atontado.
"Veo que has estado bebiendo otra vez!" Exclama la señora Elroy, meneando la cabeza con disgusto.
"Esto no es lo que parece. Lo que pasa es que me sentía un poco solo, y decidí que un traguito me caería bien." Le contesta el joven mezquino nerviosamente.
"Eres el ser más descarado y maleducado que he visto, y desde que eras un niño no has hecho más que maldades a todos los que se cruzaron en tu camino! Dios mío, cuando pienso en cómo casi arruinaste la vida de Candy siento una tremenda vergüenza de tener un nieto tan bajo como tú!" Exclama la señora Elroy con rabia.
A pesar de su estado borracho, al escuchar a su tía abuela referirse a él con tanto desprecio, Neil siente como si una espada le atravesara el corazón y desea en este mismo que se lo trague la tierra.
Desafortunadamente, la señora Elroy continúa sin compasión: "tus padres tienen una gran parte de culpa por no haber sabido educarte pero esto ya se acabó! Te iras a estudiar una carrera en Nueva York en septiembre, y hasta entonces te contratare un profesor particular que te prepare en estos 2 meses que te queda."
"Solo?" Balbucea el joven mezquino, sintiéndose repentinamente pequeño.
"Por supuesto que sí. Eliza ya tiene otras metas, y ya es gran tiempo de que dejes de ser su sombra."
Al oír las palabras verídicas de la anciana, Neil se pone pálido como el papel y le pregunta con una vocecita: "como lo sabe?"
"Se desde siempre que has necesitado de tu hermana para hacer de las tuyas, pues a 2 uno se siente más fuerte. Afortunadamente Eliza ya maduro pero tú te quedaste atrás, y ya es gran hora de que dejes de ser un niño malcriado y te comportes como un hombre de 20 años de edad, no crees?" Le dice la señora Elroy con dureza.
Neil está demasiado avergonzado para hablar y guardia el silencio durante un largo rato, pero finalmente responde sumiso: "hare lo que usted me ordene tía abuela. Me iré a Nueva York a estudiar una carrera y hacer algo digno de mi vida."
"Me alegra saber que por lo menos tienes dignidad. He notado que siempre has sido un alumno aplicado, y pienso que te vendría bien estudiar para convertirte en un abogado."
"Abogado yo?" Exclama Neil perplejo.
"Lo sé. La ironía de la vida, pues ahora en vez de meterte en más líos ayudaras a sacar a los demás de ellos, y esto te servirá de lección por todos los anos de malcriadezas que has llevado." Le contesta la señora Elroy con victoria.
"Y qué dirán mis padres?" Le pregunta Neil con derrota.
"Yo hablare con ellos esta misma noche pues deben estar por llegar, y de todas maneras aquí la que manda soy yo."
"Está bien. Iré a acostarme pues estoy bien cansado. Buenas noches tía abuela y le agradezco mucho por haberme abierto los ojos. Le prometo no causarle más disgustos, y estudiare mucho para que algún día se sienta tan orgulloso de mi, como lo estuvo de Stear." Le contesta Neil tristemente, y sin esperar su respuesta sube las escaleras a toda prisa para refugiarse en su habitación.
'Buenas noches Neil… Y si fui tan dura contigo es porque me duele verte destruirte así, y deseo con toda mi alma que encuentres la felicidad en tu vida…'
La puerta principal de la entrada principal saca a la señora Elroy de su ensueño, y al encontrarse frente a frente a Ruth y Robert Leagans los pelos se le ponen de punta, pues sabe que de un momento a otro estallara una batalla entre los 3.
"Que haces despierta a estas horas madre?" Le pregunta Robert Leagan con su cortesía habitual.
"Se le ve diferente esta noche. Acaso ocurre algo?" Continúa Ruth Leagan con su ironía habitual.
"Ahórrense la pretensión y escuchen lo que les voy a decir: he decidido mandar a Neil a estudiar a Nueva York para hacer una carrera como abogado, y así darle la educación que ustedes 2 le negaron." Les contesta la anciana, apuntándoles del dedo.
Se hace un gran momento de silencio en el salón, y poniéndose colorada de la rabia, Ruth Leagan explota: "como se atreve a manejarnos de esta manera, vieja manipuladora!"
"Pues déjame decirte que aquí la única manipuladora has sido tú!"
"Mama por favor! Ruth! Dejen de pelearse ya!" Exclama Robert Leagan asustado.
"No te metas en esto, que no eres más que un títere que se deja manejar por su madre, y me arrepiento hasta el día de hoy haberme casado contigo!" Le grita su esposa con despecho.
"Finalmente muestras tu verdadero carácter Ruth! Ves lo que has elegido como esposa en todos estos años hijo? Si supieras lo triste que me siento de que hayas estado tan ciego y no te hayas dado cuenta de la clase de mujer que es esta víspera, que no supo ni ser una madre ejemplar para tus hijos!" Exclama la señora Elroy enfurecida.
"Basta ya mama que esto es asunto mío! Y tú a Ruth le debes más respeto, pues te guste o no, es mi esposa y la madre de mis hijos!" Exclama Robert leagan molesto.
Sonriéndole con victoria, Ruth Leagan sabía que había ganado la batalla por ahora. Sin embargo al ver la mirada helada que le dirige la señora Elroy se pone a temblar de aprehensión.
"Pues serás la esposa de Robert y la madre de Eliza y Neil, pero la dueña de esta mansión soy yo y se hará lo que yo ordene: "Neil se ira a estudiar a Nueva York en septiembre, y que no se hable más del asunto."
"Acaso está el de acuerdo con su decisión, suegra?" Le pregunta Ruth con despecho.
"Neil está de acuerdo e incluso me dio las gracias por ayudarlo a despabilarse." Le contesta la anciana triunfante.
"Vaya, veo la gran influencia que usted tiene con mis hijos y mi esposo. Sin embargo no cante todavía victoria, pues que a usted le plazca o no, mi hija Eliza se casara con Philip Morgan."
"Esto ya lo veremos." Le contesta la anciana desafiante.
"Mejor acostémonos Robert, que este ha sido una noche muy larga, y yo ya tengo sueno." Bosteza Ruth Leagan, devolviéndole la mirada desafiante a su suegra.
"Como digas cariño. Buenas noches mama y por favor hagan las paces, que Ruth solo desea lo mejor para todos nosotros." Le contesta Robert Leagan, y antes de abandonar el salón se dirige hacia su madre para depositarle un beso rápido en la frente.
'Dios mío, como es posible que haya podido fallar tanto como madre para que mi hijo se convirtiera en el títere de aquella mujer malvada? Si es verdad lo que dice el refrán: "el amor es ciego", pues maldigo el momento en que mi único hijo haya puesto los ojos en Ruth O'Connor!'
Chicago, 'Hospital Santa Bárbara', agosto 1916.
Candy estaba tomando sol un sábado en la mañana en el jardín y pensaba en Patty y como le iría, se preguntaba si todavía seguía en la casita del bosque junto a George, y si ya se habría repuesto de la muerte de Stear; También pensaba mucho en su último encuentro con la señora Elroy, y de lo preocupada que había estado ella respeto a Neil, y a pesar de la gran antipatía que sentía hacia él, a la rubia pecosa le preocupaba demasiado la salud de la anciana y deseaba con toda su alma que el joven mezquino se estabilizara, y dejara de crear tantas angustias a los miembros Leagan.
"Que hace una enfermera tan bonita afuera sin la compañía de su paciente favorito?" Le pregunta Albert, apareciendo súbitamente.
"Acaso estuviste mucho tiempo observándome?!" Exclama la rubia pecosa ruborizando.
"Un buen rato. Mi intención no era invadir tu privacidad amiga, pero te veías tan contenta tomando el sol que no me pude contener." Le contesta el hombre rubio de cabellos largos riéndose a carcajadas.
"Albert eres imposible!" Exclama Candy poniéndose roja como un tomate.
"Quería proponerte de irnos nuevamente a la famosa colina donde te lleve el día de tu cumpleaños, lo recuerdas?" Le pregunta Albert suavemente.
"Como olvidarlo si era uno de los días más felices de mi vida!" Exclama Candy con emoción.
'Para mí también lo fue pequeña, a pesar de que en aquel entonces todavía no te recordaba.' Piensa Albert, mirándola con ternura.
"Y entonces que planes tienes, o es que acaso el propietario del apartamento que alquilamos te volvió a prestar su auto?" Le pregunta la rubia pecosa con picardía.
"Así es. El auto esta parqueado en la esquina y esperando ser usado." Le contesta el hombre rubio de cabellos largos guiñándole el ojo.
Sin hacerse rogar 2 veces, la rubia pecosa se precipita hacia afuera, y al ver el auto blanco en la esquina se sube en el rápidamente.
"Debería haber esperado que un caballero la es corte, señorita." Oye la voz suave de Albert murmurarle en el oído.
"Lo que pasa es que estaba tan emocionada!" Exclama Candy, sonrojando levemente al sentir el contacto de su piel brotar en la de ella.
Riéndose a carcajadas, el hombre rubio de cabellos largos se sube en la parte delantera del vehículo y empieza a manejar durante un buen rato, hasta que finalmente ven surgir la famosa colina tan parecida a la del 'Hogar de Pony.'
'Ya paso un año y medio desde la última vez que vi a la señorita Pony y a la hermana María, y a pesar de la promesa que les hice de no tardar tanto en volver, con todo lo que ha pasado desde la muerte de Stear no he podido…'
"Te sucede algo amiga?" Le pregunta Albert, al notar la expresión triste en su cara.
"Lo que pasa es que estaba recordando el 'Hogar de Pony', y me preguntaba cómo le iba a las 2 mujeres que fueron como madres para mí." Le contesta la rubia pecosa melancólicamente.
"Que te parece si trepamos en los árboles, tal como lo hicimos la última vez?" Le dice propone Albert tratando de alentarla.
"Está bien, pero si gano hoy estarás a mi merced y harás todo lo que te ordene, de acuerdo?" Le dice Candy desafiándolo.
"Acepto tu propuesta, pero si pierdes la que estará a mi merced serás tú." Le contesta el hombre rubio de cabellos largos, lanzándole una mirada profunda.
Sin perder el tiempo, la rubia pecosa se echa a correr a toda prisa hasta llegar al primer árbol que ve y se pone a trepar en el rápidamente, sin siquiera sospechar que ya subido en la última rama del árbol se encuentra su amigo.
"Albert no es posible que ya me hayas ganado! Como lo hiciste, si no hay nadie que trepe los arboles tan bien como yo!" Exclama la rubia pecosa sin salir de su asombro.
Riéndose a carcajadas, el hombre rubio de cabellos largos le contesta con picardía: "quiero que me dediques un baile, pero antes exijo que te sientes a mi lado a mirar el paisaje hermoso que se ve desde arriba."
"Esto es todo?" Le pregunta Candy perpleja.
"Por ahora sí. Pero a lo mejor te toque preparar la cena esta noche, quien sabe." Exclama Albert riéndose nuevamente.
"Ni lo digas en broma, que bien sabes lo pésima que soy en la cocina, y si me dejas intentarlo puede que te envenene!" Le responde la rubia pecosa guiñándole el ojo.
"Me parece que pensare en otra alternativa para ti pequeña, pero ahora exijo que te sientes junto a mí, así que obedéceme."
"Ya voy mi general!" Exclama la rubia pecosa acercándose a él, y sentándose a su lado vuelve a respirar su perfume tan familiar de siempre.
Albert le pone la mano en el hombro automáticamente, y atrayéndola hacia él le murmura en el oído: "desde aquí puedes ver tu 'Hogar de Pony' si abres bien los ojos."
'En la famosa 'colina de Pony' es donde me enamore de ti, pequeña pecosa…'
"Que te pasa que te has quedado callado tan súbitamente?" Le pregunta Candy, sacándolo de su ensueño.
"No pasa nada. Lo único es que me perdí durante unos minutos en este hermoso paisaje, esto es todo." Le miente Albert.
"Acaso te has acordado de algo amigo?"
"No. Pero qué te parece si bajamos ya, que hoy también traje el fonógrafo y deseo que me dediques un baile." Le propone el hombre rubio de cabellos largos, lanzándole una mirada penetrante.
"A sus órdenes mi general!" Exclama la rubia pecosa riéndose a carcajadas, y acto seguido baja del árbol apresuradamente, pero una vez más, Albert le ha ganado la batalla.
"Nunca me imaginé que fueses tan ágil Albert! Me pregunto dónde habrás aprendido a trepar tan bien a los arboles?" Le pregunta Candy atónita.
'Si supieras todas las veces que trepe los arboles de la 'colina de Pony' mucho más antes que tú, pequeña pecosa…'
"La verdad es que no recuerdo donde lo aprendí, pero si como dices haberme conocido en la naturaleza rodeado de animales, me imagino que me viene naturalmente, no?"
"Es verdad, así te conocí yo, y nunca te agradecí lo mucho que me consolaste el día en que pensé que los Leagans me despedirían: pensé que más nunca volvería a ver a Anthony, y estaba completamente inconsolable…"
"quisiste mucho a Anthony verdad?" Le pregunta Albert, sin quitarle la mirada de encima.
"El me recordaba mucho a mi príncipe de la colina y solo por esto me fije en él; Sin embargo cuando llegue a conocerlo mejor me enamore de verdad de él, y me imagino que él fue el 1er novio que tuve, realmente." Le contesta la rubia pecosa con tristeza, pues a pesar de todos los años que habían pasado, todavía recordaba con horror la forma en que Anthony había muerto: caído de un caballo a los 15 años de edad.
"Y tu que sientes realmente por el príncipe de la colina?" Le pregunta Albert tentativamente.
"Mi príncipe de la colina fue el primer chico que vi y el que despertó el amor en mi desde que tenía 6 años de edad… Es al que más quise y si lo tuviese delante de mí me arrojaría a sus brazos y lo besaría con toda la fuerza que llevo por dentro…." Declara Candy en voz emotiva.
Para Albert, aquella declaración de amor es suficiente, y dirigiéndose al fonógrafo pone el 'Vals' favorito de Candy.
"Me dedica este baile señorita?" le pregunta el, acercándose a ella, y tomándola entre sus brazos la guía al ritmo de la música.
"Que bien me siento contigo Albert…" Le dice Candy mirándolo con ternura, mientras inhala el perfume tan querido de su amigo.
Para toda respuesta, el hombre rubio de cabellos largos le lanza una mirada intensa, y antes de que ella pueda darse cuenta de lo que está pasando, Candy se ve apoderada de los labios hambrientos de su amigo que la estaba besando como si fuese el fin del mundo. Albert profundiza el beso pues sabe que este será el último. Ya había tomado su decisión, y antes de que terminara el verano, él se marcharía para siempre y regresaría a la mansión de los Leagans a asumir el papel que le estaba predestinado desde siempre: continuar a ser el abuelo Williams, y asumir como tal su responsabilidad.
Michigan, 'Mansión de los Leagans', septiembre 1916.
Finalmente ya había llegado el día de la partida de Neil, y bajando las escaleras por última vez siente un nudo formársele en la garganta: después de todo este había sido su único hogar, y ahora que se marchaba a su nuevo mundo se sentía más solo que nunca y tenía cierta aprehensión de lo que el futuro le tendría preservado.
'He sido tan malvado con todos, que ya ni me extrañaría si algo malo me sucediera…'
"Quiero que sepas que me siento muy orgullosa de tu decisión hermano." Le dice Eliza, apareciendo súbitamente.
"Eliza! Exclama Neil asombrado. Y mirándola con tristeza continua: te pido perdón por todos los malos momentos que te he hecho pasar."
Acercándose a su hermano, Eliza lo abraza efusivamente, y plantándole un beso en la mejilla le dice: "animo Neil, que ya vas por el buen camino y estoy segura que triunfaras en tus estudios y encontraras eventualmente la felicidad."
"Y qué pasa con la tuya y con la famosa boda entre Philip Morgan y tú? Presiento que lo amas aunque no me lo hayas confesado, y sin embargo sé que no eres feliz." le pregunta Neil tentativamente.
"Mejor no hablemos de mí pues estoy predestinada a estar sola. A mí lo único que me interesa es convertirme en una profesora y reunirme con la hermana Gray a Inglaterra lo antes posible." Le responde Eliza con firmeza.
"Y tu boda?" Insiste Neil sin darse por vencido.
"Al diablo con Philip, pues lo odio con todas mis fuerzas y no me casaría con él ni que fuese el último hombre de esta tierra!" Exclama Eliza con furia.
Observándola atentamente, Neil se da cuenta que las emociones de su hermana se contradicen, y que a pesar de todo el odio que ella juraba tener por Philip Morgan sentía un profundo amor por él. Sin embargo él sabía lo testaruda que podía ser Eliza cuando se lo proponía, y que de nada serviría razonar con ella.
"Adiós hermanita, y cuídate mucho! Y por favor despídete de mí parte de nuestros padres, y de la tía abuela."
"Lo hare Neil, y por favor se fuerte y aprende todo lo que la vida te ofrece, me lo prometes?"
"Te lo prometo Eliza. Adiós y hasta pronto!"
Y abriendo la puerta de la entrada principal, Neil se encamina hacia el taxi que lo está esperando, pero antes de subirse en el levanta le mirada hacia arriba y descubre a la señora Elroy mirándolo desde su ventana: "adiós tía abuela…" Murmura el, haciéndole seña con la mano.
"Adiós mi querido nieto… Perdóname por no haber bajado, pero odio las despedidas…" murmura la anciana desde arriba, y espera hasta ver el taxi desaparecer.
Chicago, 'Hospital Santa Bárbara', una mañana gris de septiembre.
Son las 5 de la mañana, y después de pasarse la noche escribiéndole una carta de despedida a Candy, Albert decide que ha llegado el momento de marcharse, y a pesar de la melancolía que sentía al tener que abandonar a la niña de sus ojos, ya no podía volver atrás pues le tocaba comportarse como el hombre maduro que todo el mundo se esperaba de él. Caminando tentativamente hacia la habitación de la rubia pecosa, Albert abre la puerta y la ve dormida profundamente:
'Adiós mi pequeña Candy y perdóname por nunca haberte confesado quien soy yo en realidad… Te amare hasta la eternidad, y espero que siempre conserves esta sonrisa hermosa y alegre que te hace única…'
Acercándose a la cama de Candy, el hombre rubio de cabellos largos le deposita un beso leve en su mejilla y se marcha sin voltearse.
Un par de horas más tarde Candy abre los ojos lentamente, y acordándose de que hoy es domingo decide quedarse un rato más en su cama: Albert seguramente ya estaría en la cocina preparando el desayuno grande del fin de semana. Sus ojos advierten repentinamente el pedazo de papel que está encima de su escritorio, y levantándose apresuradamente de la cama con un mal presentimiento, la rubia pecosa toma el papel, pero al leer su contenido el color se le va de la cara…
"Albert!"
Sin importarle que solo lleva una bata puesta encima, Candy corre hacia la puerta de entrada, y saliendo a la calle se pone a gritar con todas sus fuerzas: "porque me abandonaste otra vez Albert!"
Echándose a llorar amargamente, Candy vuelve a leer el pedazo de papel que aun lleva entre sus manos:
Quiero agradecerte todo lo que has hecho por mí querida amiga, y perdona que no te lo haya dicho hasta ahora: sufrí otro desmayo mientras estabas con Patty y a partir de este momento recupere la memoria. Si te lo oculte es porque quería estar más tiempo contigo, sin embargo ya ha llegado el momento de marcharme a mi rumbo de 'aventurero' y redescubrir la naturaleza, y como tu bien sabes soy un ser demasiado independiente para ser atado a nadie. Adiós mi pequeña Candy y espero que volvamos a vernos algún día…
Para Candy es un momento de revelación y ya no puede negarlo más: se había enamorado perdidamente de Albert, y sabía que más nunca amaría a otro hombre de esta manera…
"Te fuiste sin saber lo mucho que te amo Albert, y que para mí nunca hubo otro pero tú! Dios mío, como es posible que no me haya dado cuenta hasta ahora que todo este tiempo tenía el verdadero amor delante de mis ojos?! Todavía siento tus labios hambrientos en los míos, y no puedo olvidarme del último beso apasionado que recibí de ti... Regresa por favor Albert, que para mí Terry no fue más que una infatuación, mientras que tú eres al que yo amo de verdad!" Gime la rubia pecosa llorando amargamente en vano, mientras el viento del otoño sopla fuertemente…
Un agradecimiento especial a JOSIE (guest): tú eres la que realmente me anima a seguir con esta historia, pues tus reviews son únicos!
A los demás lectores les agradezco también del tiempo que le han dedicado a leer mi historia y esperar pacientemente cada capítulo que envió online. Espero que les haya gustado a todos ustedes aquel capitulo tan largo que escribí; Después de todo ha habido tantos cambios sorprendentes, como la relación entre PATTY y GEORGE, la transformación absoluta de NEIL, y finalmente la más importante de todas: CANDY se da cuenta demasiado tarde de que al que ama en realidad es a ALBERT, sin ni siquiera sospechar de que él es nada más ni nada menos que su adorado PRINCIPE DE LA COLINA…
