La verdadera historia de Candy White

(Capitulo 24)

Chicago, 'Hospital Santa Bárbara', Septiembre 1916.

Candy sigue llorando desamparada, aquella mañana gris de Septiembre en que su amigo íntimo, confidente y amor de la vida se había marchado sin siquiera despedirse de ella…

'Porque me duele tanto perderte Albert? No te das cuenta de que me has partido el alma más que a nadie al marcharte así, sin ni siquiera darme la oportunidad de declarar mi amor por ti? Acaso te importo tan poco que preferiste tu soledad a compartir el resto de tu vida conmigo? Dios mío, como es posible sufrir tanto por alguien?'

Levantándose penosamente del suelo, la rubia pecosa se seca las lágrimas con la remanga de su bata de dormir, y se encamina de regreso a la casa. Mirando a su alrededor, se da cuenta de lo vacío que se veía su hogar sin la presencia de su tierno amigo, y cerrando los ojos recuerda todos sus encuentros con Albert: la 1era vez que lo vio en la 'mansión de los Leagans' ella se había sentido tan bien junto a la presencia del hombre rubio de cabellos largos (con gafas oscuras en aquel entonces); El 2do (ya toda una adolescente en Londres) se había impresionado muchísimo al darse cuenta de que en realidad él era mucho más joven de lo que pensaba y ya empezaba a sentir cierta atracción hacia él; Finalmente el ultimo cuando fue traído por emergencia al 'hospital Santa Bárbara' (inconsciente y sin memoria) y como fue enamorándose del, poco a poco.

'Dios mío, como es que no me di cuenta antes de que lo he amado todo este tiempo?'

Lagrimas frescas resbalan por sus mejillas, y sintiéndose completamente inconsolable, Candy se pone a llorar nuevamente hasta que se le ocurre una idea: buscaría a Albert por donde sea, y no descansaría hasta encontrarlo!

'Pero no tengo ni la más mínima idea por dónde ir? Y si se regresó a África o decidió explorar otro continente?

Encogiéndose los hombros, la rubia pecosa se pone a reflexionar sobre su nueva situación, pues a partir de hoy estaría completamente sola y sin nadie para alegrarle la vida: Stear siempre la había hecho reír con sus inventos locos pero había muerto trágicamente en la guerra, y Albert, con su naturaleza alegre y compasiva la había ayudado y aconsejado en los momentos más difíciles de su vida, también se había marchado sin siquiera dejar un rastro…

'Donde estas Albert ahora que te necesito más que nunca?'

Acordándose repentinamente de Terry, Candy está más convencida que nunca de que el joven apuesto de cabellos oscuros largos solo había sido una infatuación de su adolescencia, sin embargo el amor que resentía por Albert era el verdadero: el de una mujer por un hombre.

Michigan, temprano en la tarde este mismo día de Septiembre.

Albert, que ha estado escondido durante varias horas en el bosque cerca de la casita que habitualmente compartía con George, observa la escena interesante desarrollarse delante del el: Patty O'Brien iba agarrada del brazo del mayordomo y lo miraba con pura adoración mientras los 2 paseaban.

'Si no lo supiera diría que los 2 tienen algo…'

Frunciendo el ceño, el hombre rubio de cabellos largos espera pacientemente el momento de ver el mayordomo solo antes de confrontarlo, y tomando una respiración profunda piensa en Candy y la manera tan abrupta de su partida, sin siquiera despedirse de ella:

'Es mejor así, pues odio las despedidas y no quería confundirla más en sus sentimientos hacia mí, pues es evidente que ella todavía ama a Terry…'

El repentino ruido de risas saca a Albert de su ensueño, y agachándose para no ser descubierto observa desde su escondite al mayordomo dirigirle a Patty una mirada llena de ternura:

'Dios mío, esto es mucho más serio de lo que me había imaginado si estos 2 llegan a enamorarse de verdad!'

"Gracias por el lindo paseo George, pero me siento un poco cansada y si no le importa me iré a mi habitación a recostarme un poco, y en un par de horas me juntare con usted para él te de la tarde, que le parece?"

"Por supuesto que si señorita O'Brien. Descanse todo lo que quiera pues entiendo perfectamente que tomar mucho sol pueda ser un poco fatigoso."

Lanzándole otra mirada de adoración, la joven de anteojos gruesos se encamina lentamente hacia la casita y Albert aprovecha la ocasión para salir de su escondite.

"Albert!" Grita el mayordomo en choque ante la aparición de su amigo, e instantáneamente lo abraza efusivamente.

"Si supieras como te hemos extrañado y lo mucho que nos angustio tu desaparición súbita!" Exclama George tuteándolo repentinamente, pues a pesar de ser el heredero de esta familia, Albert siempre había sido como un hermanito para él, y después de la muerte de Doris, el mayordomo se había convertido en un tío protector hacia él.

"Perdona por no haberte contactado antes George, pero tengo razones y te las contare cuanto antes." Le contesta Albert tuteándolo de vuelta mientras le devuelve el abrazo efusivo.

Observándolo atentamente, el mayordomo nota las ojeras que tiene Albert, y si no lo supiera juraría de que había pasado la noche llorando.

"Porque no me cuentas todo con lujo de detalles mientras caminamos hacia el lago?" Le sugiere el mayordomo, pasando su brazo por el hombro de su amigo.

"Nunca te dije lo mucho que te aprecio George, y que para mí siempre fuiste el hermano mayor que nunca tuve." Le dice Albert en voz emotiva.

"Lo se Albert. Y no debes agradecerme nada pues era mi deber como mayordomo de confianza de la familia, además que jure cuidar de ti después de la muerte de tu hermana, que en paz descanse." Le contesta George tristemente.

"Antes de relatarte mi desaparición, quiero que me expliques que te traes con Patty O'Brien?" Le exige Albert, cambiando súbitamente de tema.

Sonrojando levemente, el mayordomo desvía la mirada para esconder su vergüenza y le dice con seriedad: "no es nada de lo que te imaginas amigo."

"Acaso me tomas por un imbécil o qué?! Para mi es bien obvio que te has enamorado de aquella jovencita que podría ser tu hija!" Exclama Albert furioso.

Poniéndose pálido, George balbucea: "Se perfectamente que le llevo el doble de la edad a la señorita O'Brien y por esto he mantenido cierta distancia con ella, y déjame asegurarte que ella me ve como a un padre nada más."

"Mírame a los ojos y ya no mientas más George! Admite que te has enamorado como un tonto de aquella chiquilla que es demasiado joven para ti!" Continúa Albert sin piedad.

"Está bien me confieso culpable! Amo a Patty O'Brien con todas mis fuerzas, pero sé que lo nuestro es imposible, pues sería un pecado tener una relación amorosa con una adolescente."

Meneando la cabeza tristemente, el hombre rubio de cabellos largos le dice: "Sé que siempre estuviste enamorado de mi hermana, y por esto me duele mucho verte tan solo y desamparado amigo, pues si hay alguien en este mundo que merece ser feliz eres tú, y créeme que desearía verte al lado de una mujer hecha y derecha como tú, y no una jovencita que solo está empezando a vivir."

Suspirando, el mayordomo continua: "no sé exactamente cuándo paso, pero cuando la traje a vivir conmigo a la 'casita del bosque' la vi tan frágil y necesitada de amor que decidí protegerla, sin sospechar que terminaría enamorándome de ella. Sin embargo lo que no entiendo, es como supiste que siempre ame a tu hermana si yo era tan discreto y nunca se lo conté a nadie?

"Lo supe desde que te vi llegar a esta mansión, pues a pesar de haber sido un niño en aquel entonces, hube de observar la manera en que mirabas a Doris cuando pensabas que nadie te veía, y créeme que si Marlon Brown no hubiese aparecido en su vida estoy convencido de que ella también te hubiera correspondido: mi hermana me confeso unos meses antes de su muerte, que para ella tú eras su alma gemela y que la comprendías mucho más que su esposo, sin embargo tu habías llegado tarde en su vida, y su corazón ya pertenecía a otro hombre."

Asintiendo tristemente, George le contesta: "fue amor a primera vista para mí, y a pesar de los años que han pasado desde su muerte, el dolor es tan grande como si hubiera sido ayer."

"Para mí también. Doris fue mi única hermana y su muerte ha dejado un gran vacío en mí."

"Es por esto que te enamoraste de Candy White, verdad? Por su gran parecido a tu hermana." Intuye el mayordomo.

A Albert se le va todo el color de la cara al oír las palabras tan verídicas de su amigo, y hasta el día de hoy recuerda con perfección aquella terrible noche, en la que había visto a su hermana abandonar un bebe en una colina, la promesa de cuidar de la criatura en el leño de muerte de Doris y su 1er encuentro con la niña en la colina de 'Pony': nunca olvidaría aquella mañana de otoño, en la que había decidido pasearse en su colina favorita con su nuevo instrumento Escoces la gaita para practicar, y como al oír unos lloriqueos infantiles se encamino lentamente hacia el ruido. Su sorpresa fue inmensa al encontrase frente a frente a la criatura que había estado cuidando en secreto durante 6 años, y para el adolescente de 14 años en aquel entonces había sido amor a primera vista, pues se sintió instantemente atraído de aquellos pares de ojos verdes y la cara llena de pecas que lo observaban con una mezcla de curiosidad y admiración, y para devolverle la sonrisa a la niña, decide tocarle una pieza alegre con su instrumento.

"Tu traje parece de caracoles!"

La franqueza e inocencia de la pequeña pecosa lo hacen reírse a carcajadas, y para que no deje de sonreír le dice la frase que siempre quedaría impregnada en su corazón: "eres mucho más linda cuando te ríes que cuando lloras…"

"Estas en las nubes o que Albert?"

"Disculpa George, pero es que me vinieron recuerdos muy gratas en la mente y he estado reviviendo momentos intensos."

"Supongo que estos momentos intensos tienen mucho que ver con Candy White?"

Al ver que Albert se ha quedado callado George continua: "te conozco como la palma de mi mano y sé que la quieres desde que ella era tan solo una niña, y que tu amor por ella fue creciendo con los anos, verdad?"

"Me enamore de ella la 1era vez que la vi en la 'colina de Pony': fue el mismo día en que me convertí en el heredero de esta familia, y mientras me paseaba con mi instrumento Escoces de mis antepasados, me encontré frente a frente a los ojos más verdosos que había visto después de los de mi hermana."

"Tanto tiempo ya?! Pero si en aquel entonces tu solo tenías 14 años y ella era todavía casi un bebe!"

"Candy tenía 6 años de edad y aunque seguramente ella apenas sabía leer y escribir, me sentí inmediatamente atraído por ella; Sin embargo decidí desaparecer de su vista y seguir cuidando de ella en secreto."

"Porque en secreto?" Le pregunta George, perplejo.

Aclarándose la garganta, el hombre rubio de cabellos largos decide confiarle a su amigo todo el secreto que solo el, compartía con su difunta hermana: el embarazo de su mejor amiga Carolyn Constable, el nacimiento de Candy yla muerte de su madre, y finalmente el juramento que le hizo a Doris, de siempre cuidar de la criatura.

El mayordomo lo escucha con una mezcla de horror y fascinación:

"Dios mío… Pero si Candy es la hija de Carolyn Constable y la nieta de Adam Constable, esto quiere decir que ella pertenece a la alta sociedad, y en verdad no es la huérfana pobre que todos habíamos pensado."

"Huérfana quedo al morirse su verdadera madre, sin embargo queda claro que es de alta sociedad, pero nadie debe saber nada hasta que llegue el momento adecuado, así que confió en tu discreción absoluta George." Le dice Albert, dirigiéndole una mirada de advertencia

"Y yo siempre creí que llevabas una infatuación secreta por Candy y que te habías enamorado de ella cuando se vino a vivir a la 'mansión de los Leagans' a los 12 años de edad, sin sospechar siquiera que ustedes 2 ya se conocían antes." Murmura George, sin poder salir del asombro.

"En realidad ella no sabe, que el adolescente que ella vio en la colina de 'Pony' años atrás y yo somos la misma persona y es lógico: ya habían pasado 6 años desde nuestro 1er encuentro, y yo ya era un hombre adulto cuando nos volvimos a ver.

Suspirando, Albert continua en voz emotiva: "yo le debo la vida a ella…"

Y comienza a relatarle al mayordomo todo lo sucedido desde su desaparición: su decisión de regresar a los Estados Unidos al estallar la guerra, su amnesia provocada por una súbita explosión en uno de los vagones del tren en donde se encontraba (dada la suerte de que él estaba en la parte trasera y no delantera donde ocurrió, sobrevivió), su llegada al 'hospital Santa Bárbara' y su reencuentro con Candy, con quien estuvo viviendo bajo su cuidados durante casi 2 años, y finalmente su decisión de marcharse antes de que las cosas llegaran demasiado lejos entre ellos 2.

"Y porque te marchaste si ustedes 2 se aman?" Le pregunta George, adivinando que entre Candy y Albert había pasado algo importante.

"Porque su corazón todavía pertenece a Terry." Le contesta Albert con resignación.

"Al joven Grandchester? Qué pena pues ustedes 2 hacen una linda pareja." Le contesta el mayordomo con sinceridad. Y frunciendo el ceño, continua: "sin embargo solo una mujer enamorada cuida tanto por un hombre."

"Candy es enfermera, y es su deber cuidar de sus pacientes." Le dice Albert con firmeza.

Viendo lo testarudo que se ha puesto su amigo, el mayordomo decide cambiar de tema: "ahora que has regresado, tendremos que avisarle a la señora Elroy de tu llegada sin alterarla demasiado, pues a pesar de su salud robusta ya no es la más joven, y quiero evitar que sufra un choque."

"Veo lo mucho que aprecias a la tía abuela."

"Por supuesto que la aprecio: ella ha sido la persona más bondadosa conmigo en todos estos años que he vivido en la mansión. Yo le debo mucho, por esto es mi deber proteger su bienestar." Le contesta el mayordomo con fidelidad.

"Me alegra tanto oírte hablar así George, y esta es una de las razones que te has convertido en mi mejor amigo, y confidente."

"Yo también te tengo mucho aprecio Albert y quisiera verte feliz, pues mi intuición me dice que Candy White te ama profundamente y que deberían darse un chance para estar juntos."

"No lo creo. Lo que Candy siente por mí es una infatuación de adolescente y nada más." Le contesta el hombre rubio de cabellos largos con sumisión.

"Y porque estas tan seguro? O es que acaso sabes leer lo que se oculta en el corazón de las personas?" Insiste el mayordomo.

"Lo sé porque ella me dejo una vez por Terry."

Y tomando una respiración profunda, Albert le relata la fracasada fiesta de cumpleaños de Candy del año pasado cuando Terry se apareció súbitamente arrebatándole a la rubia pecosa de sus brazos, y a pesar de la simpatía fraternal que sentía por él, Albert también le tenía celos pues sabía que Terry y Candy eran casi mente de la misma edad, mientras que él les llevaba varios años a los 2 adolescentes.

"Entiendo. El amor puede ser muy complicado cuando hay 3 personas envueltas en él." Le contesta George con seriedad.

"Y que pasara con el tuyo y el de Patty, y cuánto tiempo la tendrás viviendo bajo tú mismo techo?" Le pregunta Albert desviando el tema.

"La señorita O'Brien ha mejorado tanto desde la muerte de Alistair Cornwell y me temo otra recaída emocional si la abandono ahora."

"Porque no empiezas a titubearla si la quieres tanto?"

"Porque quiero mantener cierta distancia entre los 2 por su propio bien. La cuidare hasta verla recuperada por completo, y luego la entregare a los brazos del 1er pretendiente joven que aparezca en su vida." Le contesta el mayordomo con firmeza.

"Si tan solo la diferencia de edad no fuese tan grande entre ustedes 2 les daría mi bendición y hasta les ayudaría a convertirles en una pareja solida..." Le dice Albert con tristeza, pues le dolía ver a su amigo sufrir.

'Al parecer los 2 estamos predestinados a permanecer solos por el resto de nuestra vida…'

"Esperaremos hasta que oscurezca para ir a la mansión. Será mejor, y quiero estar completamente seguro de que los Leagans se hayan retirado a sus respectivas habitaciones antes de llevarte a la recama de la señora Elroy." Declara George súbitamente.

"Me gusta la idea, pero que hare yo mientras tanto?"

"Supongo que tienes hambre, verdad?"

Asintiendo, Albert se da cuenta de que no ha comido nada caliente desde anoche y siente lo vacío que esta su estómago.

"Te preparare una buena sopa de legumbres, pero debes mantenerte escondido y comértela en el bosque pues Patty no debe verte por nada del mundo."

"Gracias George, y perdona por las molestias que te he causado."

"Para esto están los buenos amigos: para ayudarse el uno al otro." Y acto seguido, el mayordomo se dirige a la cocina a calentarle el resto de la sopa que había preparado para él y Patty.

Unos minutos más tarde y escondido bajo un árbol, Albert devora la sopa como si no hubiese comido en varios días, mientras observa con interés la interacción entre el mayordomo y la joven de anteojos gruesos: no cabía duda de el gran aprecio que se tenían el uno por el otro y de lo mucho que se parecían, y a pesar de la gran diferencia de edad, tenía que reconocer que los 2 hacían una bonita pareja.

"Lo noto un poco ausente George. Acaso sucede algo?" le pregunta Patty con inquietud.

"Descuide, que nada pasa señorita O'Brien."

"Porque no vuelve a titubearme como antes? Lo noto tan frio y distante cada vez que me llama señorita O'Brien, como si yo fuese alguien con quien hace negocios." Le dice la joven de anteojos gruesos con reproche.

"Patty… Es un nombre tan dulce y hermoso como lo eres tú." Le contesta el mayordomo lanzándole una mirada profunda.

Armándose de valor al oírlo expresarse de esta manera hacia ella, la joven de anteojos gruesos le dice: "en estos meses que hemos estado viviendo juntos he llegado a conocerle mucho mejor, y me temo que me he enamorado de usted."

Al mayordomo se le va todo el color de la cara al oírla hablar de esa manera, y levantándose de la mesa en el acto, exclama con furia: "déjese ya de decir tonterías señorita O'Brien que usted no es más que una chiquilla para mí, y el amor que dice sentir por mí, no es más que una infatuación de una adolescente en busca de una figura paterna."

"Se equivoca, pues lo que yo siento por usted es mucho más fuerte de lo que sentí por Stear!" Insiste Patty con pasión.

George se queda atónito al oírla hablar con tanta convicción, y acercándose a ella, le levanta la barbilla y la besa con toda la pasión que llevaba escondido por dentro.

Para la joven de anteojos gruesos aquel beso es lo único que importa, y se siente renacer como una flor de primavera: George despertaba en ella el fuego y la pasión que Stear nunca había podido darle, y ahora que tenía una segunda oportunidad en el amor, no la desperdiciaría.

Profundizando el beso, el mayordomo finalmente se aparta de ella, y acariciándole la cara le dice con ternura: "para que no me olvides…." Y sin esperar la respuesta de Patty, se encamina dentro de la casa.

"George…" Murmura Patty acercando sus manos hacia los labios.

Solo en su habitación, George se pone a reflexionar y sabe que actuó mal. Sin embargo se siente más solo que nunca y daría todo por ser joven otra vez, pues de haber tenido 20 años de edad hubiese podido corresponderle a Patty, pero le faltaba muy poco para llegar a los 40ta y esto lo perturbaba.

'Es increíble lo cruel que es el destino de ponerme en el camino a un angelito tan joven como Patty en vez de elegir a una mujer madura para mí. Nunca pensé que podría enamorarme como un adolescente otra vez desde que perdí a Doris, y sin embargo paso: amo a Patty con toda la fuerza de mí ser, y mi máximo deseo es pasar el resto de mi vida con ella….'

Albert se ha quedado atónito ante aquel beso entre su mayordomo y la joven de anteojos gruesos, y de no haberlo visto con sus propios ojos no lo hubiese creído….Sin perder tiempo se dirige a pasos rápidos hacia la parte trasera de la casa, asegurándose de no ser visto por Patty, y sacando la cuerda que siempre llevaba en sus bolsillos (para casos de emergencias) sube rápidamente por la pared, hasta llegar hasta la ventana.

George sobresalta al ver Albert brincar en su habitación, y desviando la mirada le dice con derrota: "supongo que viniste a darme un sermón por mi mala conducta."

Acercándose al mayordomo, el hombre rubio de cabellos largos trata de razonar con el: "se puede saber qué es lo que te propones con esto George? O es que acaso no acabamos tener una charla sobre tu relación imposible con esta pobre muchacha?"

"Mi beso solo fue una despedida. He tomado una decisión, y mañana mismo llevare a la señorita O'Brien de regreso a su casa, y no le dejare ninguna nota escrita como hiciste tú con Candy: se Lo comunicare esta misma noche durante la cena."

"Le partirás el corazón. Sin embargo me alegra saber que has recapacitado."

Tomando una respiración profunda, el mayordomo continua: "iremos a la 'mansión de los Leagans' después de la cena, y tomaremos la parte trasera de la casa que da acceso a la recamara de la señora Elroy."

"Muy bien. Mientras tanto iré a explorar mis lugares favoritos de este bosque, pues he estado ausentado durante mucho tiempo y quiero volver a familiarizarme con mi hogar." Y saliendo por la ventana, Albert toma la cuerda que sigue guindada, y baja rápidamente hasta abajo.

George lo ve desaparecer en el bosque, y meneando la cabeza piensa con asombro lo humilde que era su amigo y el alma de aventurero que poseía, a pesar de ser el heredero y el jefe de la familia.

'Como hare para decirle a Patty que he tomado la decisión de llevarla de regreso a su hogar mañana?'

Patty sigue parada en la terraza, sonando con el beso que había compartido con George y ya no tenía más dudas: estaba locamente enamorada del mayordomo, y quería gritarle al mundo lo feliz que se encontraba! Caminando perdida en sus propios pensamientos, recuerda su 1er encuentro con él, y lo frio e distante que siempre le había parecido aquel hombre de mediana edad.

'Nunca me fije en lo alto y atractivo que es el, con sus hombros anchos y sus cabellos negros, ni lo bien que besa...'

Sonrojando levemente, la joven de anteojos gruesos se pone a temblar de anticipación al imaginarse en los brazos de George, deseando con toda su alma tenerlo cerca de ella, y cerrando sus ojos analiza un posible futuro con el mayordomo sin importarle la diferente clase social a la que pertenece o que tenga poco dinero: justamente lo que le había atraído de Stear era su alma humilde y generosa, al igual que su capacidad de hacerla reír.

'Perdóname Stear... Pero me temo que me he enamorado como nunca, y ya no puedo volver atrás…'

George la ve parada desde su ventana, y se muere de ganas de tomarla en sus brazos y decirle que la ama; Sin embargo sabe que su deber es comportarse como el hombre maduro que es, y que lo mejor es alejarla del cuanto antes.

'Adiós mi querida Patty, y espero que encuentres muy pronto la felicidad que te mereces junto a un hombre joven.'

Suspirando tristemente, el mayordomo sale de su habitación, y bajando las escaleras se dirige a la cocina para empezar con los preparativos de la cena.

No muy lejos de la 'casita del bosque', Albert se ha quedado contemplando el lago azul brilloso mientras recuerda su feliz infancia junto a Doris, el nacimiento de su sobrino Anthony y de lo fácil que era la vida en aquel entonces.

'Aquí es donde te vi por 2da vez mi pequeña pecosa, y este día llorabas porque te habías fugado de la mansión y creíste que no volverías a ver a Anthony: temías ser expulsada por los Leagans, y yo te consolé…'

Respirando el aire puro del bosque, el hombre rubio de cabellos largos se pregunta cómo será su vida ahora que había recuperado la memoria, y si debería seguir llevando una doble vida: la del vagabundo Albert y la del abuelo Williams.

'Esta misma tarde tomare mi decisión, y se la informare a la señora Elroy.'

A las 5 de la tarde empieza a bajar el sol lentamente, y sintiendo el 1er viento otoñal de septiembre, Patty decide regresar adentro: empezaba a tener hambre, y quería ver lo que el mayordomo estaba preparando para la cena de hoy.

"Que bien huele George!" Exclama Patty entrando en la cocina apresuradamente.

El mayordomo sobresalta al verla entrar repentinamente tan radiante y sonriente, y fingiendo alegría le dice: "quiero cocinar algo especial para hoy, y decirte que me alegra muchísimo verte tan contenta y llena de energía."

"Me siento feliz como nunca, y quiero agradecerte por haberte ocupado tan bien de mi George… Y a propósito del beso que me diste…"

"Porque mejor no me ayudas con los preparativos de la cena?" le dice el mayordomo desviando el tema, y tomándolo como un acto de su timidez, la joven de anteojos gruesos obedece y se ocupa de cortar la legumbre. Los 2 trabajan en silencio absoluto, cada uno perdido en sus pensamientos y sin atreverse a mirar a los ojos.

Finalmente después de una eternidad ya está lista la cena, y aclarándose la garganta, George le sugiere: "que te parece si esta noche cenamos adentro? Ya está empezando a refrescar cada día más, y muy pronto llegara el otoño."

"Me parece una muy buena idea, y prenderé unas velitas para darle un ambiente romántico!" Exclama Patty guiñándole el ojo.

'Se ve tan feliz, y me duele tener que decirle que se desilusione conmigo y que no hay futuro posible entre los 2…'

"Que pasa que has puesto una cara George?"

"Porque no ponemos la mesa, y tu buscas las velas y un mantel que pegue mientras yo llevo la comida?" Le contesta el mayordomo desviando la pregunta.

"Como quieras." Le dice la joven de anteojos gruesos frunciendo el ceño.

'Si no lo supiera, diría que George me está evadiendo.'

1 hora más tarde los 2 están sentados en la mesa, y la joven de anteojos gruesos se siente repentinamente tímida en la presencia del mayordomo; George por su lado está triste, y espera el momento adecuado para hablar con ella sobre su decisión tomada.

"Que rico esta la cena!" Exclama Patty nerviosamente, mientras prueba un pedazo del guiso de pollo con las legumbres.

El mayordomo la observa mientras come y siente un nudo formársele en la garganta: hoy compartirían su última cena junta, y se le había quitado el apetito de solo pensar que ya más nunca volverían a pasear juntos por el bosque, ni que oiría la linda risa de la joven de anteojos gruesos resonar en sus oídos.

"Porque no come George, o es que no tiene hambre todavía?"

"Tenemos que hablar, señorita O'Brien."

A Patty le da un vuelco el corazón al oírlo expresarse hacia ella de manera formal pues lo hacía cada vez que estaba en la defensiva, y presiente que algo malo va a ocurrir.

"Que pasa George?" Le pregunta ella con una vocecita.

Tomando la mano de la joven de anteojos gruesos en la del, el mayordomo le dice: "me temo que esta será nuestra última noche juntos Patty. Lo que paso hoy entre nosotros fue una locura y soy demasiado viejo para ti, así que he tomado una decisión y mañana mismo te regresare a tu casa."

"Como se atreve a seducirme para luego alejarme de usted!" Le grita Patty apartando su mano de la del.

Y levantándose de la mesa, le grita furiosa: "Acaso ya se divirtió conmigo, y ahora quiere desprenderse de mí porque se cansó de jugar con una adolescente?!"

"Patty no es así, te equivocas… Lo hago porque te amo y quiero verte feliz junto a un joven de tu edad…"

"Basta ya de mentiras que usted solo se aprovechó de mi ingenuidad! Me iré mañana, pero no tiene por qué molestarse en acompañarme, pues yo a usted no lo quiero volver a ver más nunca en mi vida, lo oye?! Más nunca!"

Y sin esperar la respuesta del mayordomo, la joven de anteojos gruesos sube rápidamente las escaleras que la conducen a su habitación, y se tira a la cama a llorar.

George se ha quedado paralizado ante la explosión emocional de Patty, y levantándose de la mesa, decide salir afuera para ir a reunirse con Albert.

'Es mejor que me odies Patty… Ya verás que muy pronto te olvidaras de mí… Desgraciadamente vivimos en una sociedad de muchos perjuicios y no podemos amarnos libremente mientras esto no cambie… A lo mejor en el futuro sea posible, pero no en estos tiempos.'

Mansión de los Leagans, esta misma noche de Septiembre.

George y Albert entran por la parte trasera de la mansión, y sacándose la cuerda del bolsillo, el hombre rubio de cabellos largos trepa la pared sin dificultad hasta llegar hacia la ventana de la señora Elroy, y alzando la cabeza, ve a la anciana sentada en su cama leyendo un libro.

"Ya está George. Vete por la parte delantera y avísale que tiene visita." Le susurra Albert al mayordomo.

Dirigiéndose hacia la entrada principal, George toca la puerta, y espera pacientemente. Su alivio es mayor al encontrarse frente a frente a un doméstico en vez de los Leagans, y aclarándose la garganta le pregunta: "están los señores de la casa?"

"Los señores salieron con la hija a un concierto de música clásica, y no regresaran hasta tarde. Quien es usted y que quiere?" Le pregunta el joven, mirándolo con curiosidad.

"Soy el mayordomo de la familia, y me imagino que usted es nuevo?"

"Este es mi segundo día, y soy un ayudante del cocinero."

"Vine a ver a la señora Elroy. Soy su mano derecha, y ella me cito aquí para esta noche." Le miente George.

"Pase que ella está en su recamara descansando." Le dice el doméstico joven, invitándolo a entrar.

"Gracias."

Y subiendo las escaleras rápidamente, el mayordomo se dirige hacia la habitación de la señora Elroy, y golpea la puerta suavemente.

"Adelante!" Ruge la voz autoritaria de la anciana.

Sin hacerse rogar 2 veces, el mayordomo abre la puerta, y al verlo entrar, la señora Elroy exclama asombrada: "George!"

"Disculpe que la moleste a estas horas de la noche señora Elroy, pero es que le tengo una sorpresa."

"Qué clase de sorpresa?" Le pregunta la anciana frunciendo el ceno.

Caminando hacia la cama de la señora Elroy que sigue sentada con un libro en las manos, el mayordomo continua: "le tengo una visita inesperada."

En este preciso momento se abre la ventana de la habitación, y al ver entrar de ella al hombre rubio de cabellos largos, la anciana se lleva las manos a la garganta, y abriendo grande los ojos exclama: "Albert dios mío! Si esto es una aparición no quiero que desaparezcas!"

"No es ninguna aparición tía abuela. Acá me tiene delante de usted."

Y caminando hacia ella, el hombre rubio de cabellos largos se detiene a unos metros de la cama, sus miradas se cruzan, y finalmente reponiéndose del choque, la señora Elroy corre hacia el para abrazarlo.

"Albert! Hijo! Que alegría tenerte en mis brazos y poder decirte lo mucho que te quiero, y como te extrañe!" Exclama la anciana apretándolo fuertemente.

George observa la escena tierna entre Albert y la señora Elroy, y siente cierta melancolía pensando en Patty:

'Adiós mi amor… No fuiste más que una ilusión, y siempre estarás presente en mi corazón.'

Y sin hacer ruido, el mayordomo sale de la habitación, para dejarles a los 2 un poco de privacidad.

"Porque no me cuentas todo desde el principio?" Le pregunta la señora Elroy a Albert, mientras le acaricia los cabellos.

Aclarándose la garganta, el hombre rubio de cabellos largos empieza con su relato: su viaje a África, su decisión de regresar a los Estados Unidos, su amnesia causada por la explosión de dos vagones en el tren que iba, como fue traído al hospital en que trabajaba Candy como enfermera, y su reencuentro con ella.

La señora Elroy lo escucha atentamente sacando su propia conclusión, y esperando pacientemente a que su sobrino termine le dice: "y antes de que la relación tuya con la de Candy se pusiera más seria, decidiste regresarte."

"De que está hablando?"

"No nací ayer Albert, y sé que la infatuación que tuviste por Candy, cuando ella todavía era tan solo una chiquilla se ha convertido en amor a través de los anos."

Suspirando, el hombre rubio de cabellos largos le contesta: "lo 1er que me vino a la memoria cuando la recupere, fueron todos los encuentros con ella."

"Sin embargo Candy ya creció, y me gustaría que los 2 formaran una pareja."

"Ella ama a otro." Le contesta Albert en derrota.

"A otro?" Le pregunta la anciana, arqueando las cejas.

Tomando una respiración profunda, Albert también le relata la reaparición súbita de Terry en la vida de Candy.

La anciana lo escucha pensativa, y finalmente le dice: "no sé porque, pero algo me dice que es a ti quien esta muchacha quiere, y no al joven actor."

"Ojala así fuera, pero usted no estaba aquí para ver la manera tan fácil como me ignoro Candy, para ir a correr en los brazos de Terry: y esto justamente el día en que le declare mi amor por ella." Le dice Albert con amargura.

"Todos cometemos errores y Candy demostró su amor por ti, cuando dejo que se marchara con la otra actriz, no crees?"

"No lo creo. Candy tiene los sentimientos confundidos ya que soy el único hombre a su alrededor, y solo siente atracción física hacia mí, y cierta infatuación."

"Ya veo lo testarudo que eres y que no vale la pena razonar contigo, así que cambiando de tema me gustaría saber qué piensas hacer con tu vida ahora que regresaste." Le pregunta la anciana sin quitarle la mirada de encima.

Aclarándose la garganta, Albert le contesta: "he decidido terminar con mi doble vida y dejar de esconderme. Les diré a todos quien soy yo en realidad, y asumiré mi papel de patriarcal de esta familia."

"Veo que has madurado mucho en estos últimos anos así que te apoyo en tu decisión, pero antes de lanzarte quiero pedirte que todavía esperes un poco hasta que esta familia se normalice. Los Leagans me tienen un tanto preocupada, sobre todo los hijos: Neil acaba de marcharse a estudiar a Nueva York, y Eliza anhela irse algún día a Londres a ejercer la profesión como profesora en el internado en donde estuvo viviendo."

"George me informo de los progresos de mis sobrinos, y debo reconocer que me siento orgulloso de ellos, pues no ha debido de ser fácil para 2 seres tan mimados por sus padres durante años."

"Entonces esperaras antes de anunciarles a todos que eres el abuelo Williams?" Le pregunta la anciana ansiosa.

"La que realmente manda es usted tía abuela, así que se hará como diga."

"Me siento muy orgullosa de ti Albert, y mi deseo más grande es verte feliz."

"Desgraciadamente la felicidad no se compra tía abuela." Le dice Albert sombríamente.

"Lo sé querido, pero eres bien joven y tienes toda una vida por delante." Le contesta la anciana pensando en Candy.

"Sera mejor que me marche ya. Buenas noches tía abuela y hasta pronto." Le dice Albert depositándole un beso en la frente.

"Y donde piensas pasar la noche si George está viviendo con Patty? O es que acaso piensas dormir bajo un árbol?" Le pregunta la señora Elroy frunciendo el ceño.

"Ya veo lo bien que me conoce tía abuela." Y guiñándole el ojo, el hombre rubio de cabellos largos se dirige hacia la ventana, y baja por ella tan rápido como se vino.

'Que chico tan travieso, y de verdad que él y Candy están hechos tal para cual!'

Y meneando la cabeza, la señora Elroy regresa a su cama para continuar con su lectura.

Temprano en la mañana del día siguiente, en la 'casita del bosque'.

Patty no ha pegado un ojo en toda la noche, y aprovechando de lo oscuro que es todavía, decide marcharse cuanto antes; Ya tenía su maleta hecha, y no había razón porque alargar su estadía en esta casa que le había traído tantas alegrías y sufrimientos.

Bajando la escalera a pasos lentos, se dirige hacia la puerta de la entrada.

"A donde piensa ir a estas horas de la madrugada, jovencita?"

La voz inesperada del mayordomo la hace sobresaltar, y volteando la cabeza en asombro, lo ve parado en la oscuridad.

"Sorprendida? Yo también soy madrugador, y si piensas que voy a dejarte marcharte cuando todavía esta oscuro afuera te equivocas." Le dice George con autoridad.

"Usted no es nadie para darme ordenes, así que mejor olvídese de que existo y vuelva a acostarse que todavía es bien temprano." Le contesta Patty desafiándolo.

"Eres una muchacha bien testaruda pero yo también lo soy, y si de verdad quieres marcharte yo te llevare en mi auto, pero tú de aquí no sales sola me oíste?" Le ordena el mayordomo, lanzándole una mirada de advertencia.

"De acuerdo. Pero solo acepto porque es muy oscuro afuera y usted es una persona de confianza." Le contesta la joven de anteojos gruesos obstinada.

"Permita entonces que le lleve su maleta, señorita O'Brien." Le dice George volviendo a su tono formal, y a Patty le da un vuelco el corazón al escuchar la frialdad en su voz.

El trayecto de regreso al hogar en el auto pasa en un silencio absoluto, y cuando finalmente llegan a su hogar, a la joven de anteojos gruesos se le llenan los ojos de lágrimas.

"No llores Patty, que ya verás que todo saldrá bien." Le dice el mayordomo tratando de alentarla.

Bajándose del auto con un nudo en la garganta, la joven de anteojos gruesos le contesta en voz entrecortada: "gracias por todos sus cuidados George y le deseo mucha suerte en todo. Adiós, y que sea muy feliz." Y sin voltearse hacia atrás, se encamina apresuradamente hacia la casa, mientras lágrimas gruesas resbalan por sus mejillas.

George siente que se le derrumbe el mundo al verla marcharse tan desamparada, y desearía más que nada tomarla en sus brazos y consolarla. Sin embargo, ya es demasiado tarde para volver atrás.

'Adiós para siempre, mi angelito…'

Nueva York, 'Universidad de derecho', Octubre 1916.

Neil ya tenía un mes estudiando en la universidad más prestigiosa de Nueva York, y a pesar de haberse esforzado por conocer gente en su alrededor, su carácter vanidoso y presumido lo habían convertido en un estudiante impopular: sus notas sin embargo eran brillantes, y aspiraba terminar cuanto antes y convertirse en un abogado profesional. Esta había sido una semana muy agitada y llena de exámenes, y ya los alumnos estaban impacientes porque llegara el fin de semana para poder irse a pasear por la ciudad y disfrutar del teatro de Broadway, o de las óperas que les ofrecía Nueva York.

Una tarde soleada de domingo en que el paseaba solo por Broadway para distraerse un poco y aprovechar del clima antes de que empezara a enfriar de verdad, Neil tropieza con alguien, y levantando la cabeza para disculparse, se queda paralizado del terror al ver que la persona que se encontraba delante del no era ni más ni menos que su peor enemigo: TERRY GRANDCHESTER!

"Terry!" Exclama el joven mezquino en choque, y retrocediendo hacia atrás se prepara a escaparse antes de que su adversario lo ataque.

"A donde crees que vas? A ver si me ensenas de una vez por todas que eres un hombre de verdad y no el títere de Eliza!" Exclama el joven de cabellos oscuros largos agarrándolo por el cuello.

Y antes de que Neil pueda reaccionar, Terry le administra un puñetazo en la cara, y el impacto es tan fuerte que cae al suelo de espaldas.

"Levántate ya, y pelea conmigo que esto no se ha acabado y tienes que pagar por todo el daño que le causaron tú y tu hermanita a Candy! Afortunadamente, como Eliza es mujer no le toca castigo pues yo a las damas no les pego, pero tu si recibirás tu merecido!" Y agarrándole otra vez del cuello, Terry lo abofetea repetidamente.

"Basta ya que lo mata!" Oyen a alguien gritar, y al ver una joven correr hacia ellos, Terry suelta abruptamente a Neil para confrontarla:

"no se meta en esto señorita, que este hombre y yo tenemos un asunto pendiente."

"Es usted un cobarde si se atreve a pegarle a alguien de manera tan brutal!" Exclama la joven, agachándose para ayudar al joven mezquino a levantarse.

Neil siente una manos suaves tocarle, y todavía mareado por el impacto tan fuerte de los golpes administrados por Terry, abre lentamente los ojos y ve delante del, a una joven de cabellos rojizos y ojos grises que lo mira consternada.

"Te encuentras bien? Me llamo Jessica Burns, y vi como tu amigo te golpeaba." Le dice la joven de cabellos rojizos preocupada.

"Este actor mediocre no es amigo mío, sino un sinvergüenza que no ha hecho más que amargarme la existencia!" Exclama el joven mezquino, lanzándole una mirada llena de odio a Terry.

"Retira tus palabras, o quieres que te administre más golpes?" Le amenaza el joven de cabellos oscuros largos, avanzando hacia él.

"Ya dejen de comportarse como niños y maduren!" Grita Jessica exasperada.

"Ya deje de proteger a este cobarde, que él es el ser más bajo que conozco, y mejor haría dejándolo tirado en el suelo como la basura que es!" Exclama Terry, mirando a Neil con repugnancia.

"Sea cual sea la razón de sus problemas, nada se resuelve con la brutalidad, sino hablando." Insiste la joven de cabellos rojizos.

"Neil solo entiende a golpes, y yo jure vengarme del el día que lo tuviese frente a frente! Así que levántate ya lagartija, y demuéstrame que eres un hombre y no un títere!" Le grita Terry, avanzando hacia el con el puno cerrado.

"Porque mejor no olvidamos el pasado?" Le ruega el joven mezquino, sintiendo temor de verse con la cara rota.

"Te equivocas si piensas que voy a dejarte marchar tranquilamente como si nada! Demuéstrame que tienes coraje, y ya deja de actuar como un cobarde!" Exclama Terry enfurecido.

"Si te atreves a tocarlo otra vez te las veras conmigo!" Exclama Jessica desafiante.

"Ya veo que tienes un angelito guardián para protegerte Neil, así que desaparece de mi vista ya, y no te cruces más nunca en mi camino si quieres seguir viviendo!"Le advierte el joven de cabellos oscuros, alejándose rápidamente de ellos.

"Que ser tan brutal, y que maleducado es!" Exclama la joven de cabellos rojizos meneando la cabeza.

"Terry no es más que un delincuente, y ni todo su dinero pudo impedir que lo echaran de las escuelas como a un callejero!" Exclama el joven mezquino con repugnancia.

"Ustedes 2 se estaban peleando por una chica, verdad?" Le pregunta Jessica con curiosidad.

"Candy no es ninguna chica, sino otra delincuente como él a quien deportaron del país por ladrona, y además tuvo la desventaja de ser una huérfana sin nombre ni dinero." Le dice Neil con satisfacción.

"Esto que me dice es horrible!" Exclama Jessica con espanto.

"Olvidémonos de ellos y mejor hablemos de nosotros. Mi nombre es Neil Leagan, y todavía no le he dado las gracias por salvarme la vida."

"No es nada…"

"Insisto." Y sacando un cheque de su bolsillo, Neil continua: "cuanto quiere que le pague por su amabilidad?"

La joven de cabellos rojizos se queda estupefacta al oírlo hablar de manera tan arrogante, y exclama furiosa: "yo no necesito dinero suyo pues no estoy a la venta! Y déjeme decirle que su amiguito tiene toda la razón en referirse a usted como ser bajo, así que mejor mire por donde camina la próxima vez pues no pienso salvarle la vida una segunda vez!" Y caminando con la cabeza erguida, Jessica se aleja rápidamente del.

'Que chica tan presumida!'

Pasándose las manos por sus cabellos despeinados y ajustándose la corbata, el joven mezquino se encamina de regreso a la universidad y decide olvidarse del incidente. Después de todo, era de esperarse que tarde o temprano se encontraría a Terry Grandchester: el actor vivía en Nueva York desde hacía varios años, y sabía que todavía le guardaba rencor por todas las maldades que le había hecho Candy.

Pasa repentinamente la imagen de la joven de cabellos rojizos, y ojos grises por su mente:

'Porque se habrá ofendido tanto cuando le ofrecí el cheque? Cualquier otra chica se hubiese alegrado en recibir dinero mío, y sin embargo ella lo rechazo… Debe de ser bien orgullosa para perder una oportunidad como aquella…'

Encogiéndose de los hombros, Neil prefiere no darle más vuelta al asunto: este había sido un día muy agitado para él, y todavía no se reponía del choque de haberse tropezado con Terry Grandchester.

'Este maldito perverso casi me destruye la cara!'

Retrocediendo el camino, el joven mezquino cambia de opinión y se dirige al parque central de la ciudad: el día estaba demasiado soleado para encerrarse en un edificio!

Es ya casi de noche cuando Neil regresa a la universidad, y al ver surgir el majestuoso edificio escrito en letras grandes, 'Universidad de derecho' se siente súbitamente orgulloso de ser parte del: este era su nuevo hogar, y en un par de años saldría de ahí convertido en abogado.

"He Neil! Tenemos una nueva alumna que acaba de ingresar a nuestra universidad!" Grita uno de los estudiantes al verlo llegar.

"Y a mí esto que me importa si tenemos gente nueva cada semana!" Exclama el joven mezquino desinteresado.

"Pero es una chica!" insiste el estudiante.

Al oír la palabra chica, el joven mezquino levanta la mirada, y su sorpresa es inmensa al ver parada delante de la entrada, a Jessica Burns.

"Jessica!" Exclama Neil en choque.

"Mi nombre completo es Jessica Burns, y si hubiese sabido que ingresamos en la misma universidad le habría pedido a mis padres de cambiarme a otra, para no tener que verle más nunca la cara, engreído ricachón!" Exclama la joven de cabellos rojizos, lanzándole una mirada llena odio.

Al notar todas las miradas curiosas, dirigida hacia ellos, el joven mezquino intenta disculparse: "no era mi intención ofenderla, créame. Yo solo quise agradecerle el haberme salvado la vida hoy, eso es todo."

"Ahórrese sus explicaciones que usted no es más que un niñito mimado, y mientras yo permanezca viviendo y estudiando aquí, le sugiero que se cruce lo menos posible en mi camino pues aborrezco los seres vanidosos y mezquinos como usted!" Exclama Jessica mirándolo con despecho, mientras se oyen los aplausos triunfantes de los demás estudiantes:

"Muy bien dicho señorita, pues ya era tiempo que alguien lo pusiera en su lugar!"

Neil se pone completamente pálido al escuchar las palabras duras de Jessica Burns, y siente como si le hubiesen atravesado una puñalada en el corazón: era la primera vez que lo humillaban de esta manera, y lo único que deseaba en este mismo instante era desaparecer, y que se lo tragara la tierra…

Michigan, en la casita de bosque, Noviembre 1916.

Albert estaba viviendo de vuelta con George en la 'casita del bosque', y los 2 amigos compartían todas sus preocupaciones y dudas: cada uno de ellos sufría de mal de amor, y a pesar de haber recuperado la memoria, el hombre rubio de cabellos largos no lograba olvidarse de Candy; Por otro lado, el mayordomo se la pasaba vigilando a Patty a escondidas para asegurarse de que le iba bien, y de que no pasara necesidades. La llegada del invierno este año se hacía cada vez más cruda, y ya habían tenido la primera caída de nieve.

'El mes próximo ya será navidad, y esta vez no estaré junto a Candy…'

"Cuando piensas revelar tu identidad a los demás?" Le pregunta el mayordomo, sacándolo de su ensueño.

"La señora Elroy quiere que espere un poco más, antes de que salga a la luz del día."

"Me parece muy apropiado, pero que harás mientras tanto?"

Tomando una respiración profunda, el hombre rubio de cabellos largos le contesta: "seguiré administrando los negocios de la familia con la ayuda de la señora Elroy, como siempre lo he hecho, y tú?"

"Para mí no hay cambios: seguiré siendo el mayordomo fiel de la familia hasta el final."

"Y qué harás con este amor que llevas por dentro, y que te va consumiendo poco a poco?"

"Porque te importa de repente mi vida sentimental, si siempre estuviste en contra de mi relación con la señorita O'Brien?" Le pregunta George molesto.

"Tal vez me apresure en juzgarlos y no debí entrometerme."

"Porque lo dices?"

"Porque desde que Patty salió de tu vida te has vuelto más sombrío que nunca, y en cierta forma me siento culpable de haberlos apartado. Sé que sufriste mucho con la muerte de mi hermana, y que mereces una segunda oportunidad." Le dice Albert con remordimiento.

Suspirando, el mayordomo le contesta: "es verdad que ame a Doris con locura, y cuando ella murió creí que había enterrado mi corazón junto a ella… Hasta que apareció Patty en mi vida, y entonces me sentí renacer de nuevo."

"Y es por esta misma razón que no debí precipitarme, y juzgarlos tan pronto. Desgraciadamente vivimos en una sociedad muy prejuiciada, y yo también me deje llevar por ella."

"Entonces que me sugieres que haga?"

"Por ahora sigue cuidándola de lejos, y dale tiempo a que madure un poco más, antes de buscarla."

"De acuerdo."

Y tomando una respiración profunda, el mayordomo continua: "y que pasa si se olvida de mí y se vuelve a enamorar otra vez?"

"Entonces el destino lo habrá querido así." Le responde Albert con resignación.

"Y que harás tu a propósito de Candy? dejaras también que el destino decida por ti?"

"Así es." Y cerrando los ojos, el hombre rubio de cabellos largos murmura: "me pregunto que estará haciendo en estos momentos mi pequeña pecosa…"

Chicago, 'Hospital Santa Bárbara', Diciembre 1916.

Candy ya llevaba 3 meses sola en el apartamento que había alquilado con Albert, y a pesar de su soledad, no había perdido su alegría habitual: su trabajo le ocupaba la mayoría del tiempo, y progresaba cada vez más en su carrera. Con la llegada de la navidad, también venían los recuerdos de su amigo pues esta vez la pasaría sin él, y recordando todos los momentos vividos juntos, se le llenan los ojos de lágrimas.

"Candy! Ha llegado una carta para ti!" Exclama una de las enfermeras, sacándola de su ensueño.

'Sera de Albert?'

"Gracias Margaret." Le dice la rubia pecosa agarrando el sobre con anticipación, y abriéndolo, exclama sorprendida:

"Es de Patty!"

Querida Candy,

Te escribo porque ya no puedo callar más este secreto que me ha está comiendo por dentro durante todo este tiempo: me he enamorado perdidamente de George, y pienso que él me quiere también. Nuestra relación fue aumentando cada vez más, mientras vivíamos en la 'casita del bosque', al igual que la tuya con Albert; Desgraciadamente el decidió terminar con todo esto por la diferencia de edad entre nosotros 2, y desde entonces he estado más infeliz que nunca… Me imagino que aquella noticia debe ser un choque para ti ya que yo fui la novia de Stear durante varios años, sin embargo lo que yo siento por George es mucho más fuerte... Es un amor real y apasionado, y a pesar de lo que diga la gente no me daré por vencida, y luchare por combatir los perjuicios de esta clase social en la que vivimos. Llevo 2 meses viviendo sola, ya que George y yo partimos en malos términos, pero por lo menos espero que todo siga igual de bien entre tú y Albert.

Te extraño tanto amiga, y me gustaría volver a verte muy pronto.

Adiós por ahora, y que siguas siendo la misma chica feliz y traviesa de siempre!

Patty.

La rubia pecosa estalla en llantos al terminar de leer la carta de su amiga, y suspira desamparada: "Oh Patty, si supieras lo infeliz que he estado desde que Albert me abandono…"

Y sin poder contenerse más, Candy se echa a correr hacia el primer árbol que ve, y al llegar hasta arriba, recuerda todas las veces en que su amigo y ella habían hecho apuestas sobre quien ganaría:

'Todavía siento tus labios en los míos cuando me diste el último beso antes de marcharte, y oigo nuestro 'Vals' favorito (que era el de Anthony originalmente), el que bailaste conmigo tantas veces mientras yo apoyaba mi cabeza en tus hombros… Albert…Eres mi dulce amor, el verdadero y el más profundo de todos, y por esto me duele tanto tu partida.'

La rubia pecosa intenta en vano detener las lágrimas que resbalan por sus mejillas, y apoyando su cabeza sobre el tronco del árbol, se pone a llorar amargamente.

"Quiero que bajes de este árbol inmediatamente torpe, y que empieces a comportarte una vez por todas como una enfermera!" Ruge una voz familiar.

Candy se queda petrificada al oír aquella voz autoritaria tan querida, y secándose las lágrimas exclama: "Señorita Marchen! Pero qué hace usted por aquí?!"

"Me vine aquí para visitarlas y traerte una sorpresa." Y empujando a la joven de anteojos oscuros delante de ella exclama: "acá la tienes!"

"Flanny!" Exclama la rubia pecosa con alegría, y bajando del árbol a toda prisa, se tira al cuello de su amiga, abrazándola efusivamente.

"Cuando es que llegaste de Europa, y como te ha ido allá?"

"Llegue a los Estados Unidos el mes pasado, después de 2 años de ausencia, y lo primero que hice fue buscar Marchen."

"Has crecido mucho Flanny, y te ves muy mujer!" Exclama la rubia pecosa asombrada.

"Tú también Candy, y algo me dice que estas enamorada, verdad?"

Candy se pone roja como un tomate, y observándola atentamente, la señorita Marchen intuye: "Candy se ha enamorado del paciente al que cuidaba."

"Como lo sabe?!" Exclama la rubia pecosa poniéndose pálida.

"No soy vieja por nada, y pude notar desde el primer día en que trajeron a tu amigo al hospital, que no te quitaba los ojos de encima."

Candy se queda atónita al oír la señorita Marchen, y recuerda súbitamente la manera en que el hombre rubio de cabellos largos la miraba cuando pensaba que ella no lo estaba viendo, de lo tierno que siempre había sido con ella, y de cómo brillaban sus ojos cada vez que se encontraban:

'dios mío, será posible que Albert me haya amado desde que tengo 12 años de edad?'

Aquel pensamiento la excitaba y la atormentaba al mismo tiempo: Albert siempre la había amado en secreto, pero sabía que mientras Anthony y Terry estaban en la vida de Candy, no habría espacio para él.

'Por esto siempre mantuvo cierta distancia, y nunca llego a sospechar, que la que terminaría enamorándose del seria yo…'

El súbito ruido de la campana la hace sobresaltar, y corriendo hacia el edificio exclama: "me temo que se terminó el recreo!"

"Regresa acá torpe, que le pedí a la directora de esta escuela un permiso especial para que pases un poco de tiempo conmigo y con Flanny!" Exclama la señorita Marchen con su habitual voz severa.

"Qué bien, pues así podre charlar con las 2, pues hace tanto tiempo que no nos vemos y tengo tantas cosas que contarles!" Exclama la rubia pecosa excitada.

"Me entere de tus progresos como enfermera, y que has trabajado muy duro en los 2 últimos anos que no nos vemos. Sin embargo he notado que no eres la misma chica alegre y risueña de antes, y algo me dice que tiene mucho que ver con este amigo tuyo verdad?" Continúa la señorita Marchen sin quitarle la mirada de encima.

Candy desvía la mirada sintiéndose repentinamente incomoda, y su silencio confirma lo que la anciana sospechaba.

"Lo sabía. Porque no nos cuenta a Flanny y a mí lo que paso exactamente?"

"Te hará bien desahogarte con nosotras amiga." Interviene Flanny, tratando de alentarla.

Sin poder contener toda la tristeza que había sembrado en su corazón en estos 3 meses, la rubia pecosa estalla en lágrimas: "Albert me abandono tan pronto recupero la memoria sin ni siquiera despedirse, y yo me quede completamente sola!"

"Era de esperarse que lo haría Candy. Cada uno de nosotros debe encontrar su camino, y probablemente el necesitaba marcharse para lograrlo, tal como lo hiciste tú al venir a Chicago." Le dice la anciana suavemente.

"Pero yo era tan feliz de tenerlo a mi lado… Hemos compartido tantas cosas en los 2 años que vivimos juntos, y yo nunca pensé que las cosas cambiarían." Le dice la rubia pecosa tristemente.

"Nada es para siempre amiga. En la vida hay que saber aprovechar de los buenos momentos, y aunque nos duela a veces no nos queda otra que aceptar ver marcharse a las personas que más queremos." Añade la joven de anteojos oscuros dulcemente.

"Flanny tiene razón: si de verdad amas a este hombre debes ser paciente y esperar, pues solo el destino decidirá si los 2 están hecho el uno para el otro." Concluye la señorita Marchen.

Respirando hondo, Candy les dice con una vocecita: "me temo que las 2 tienen razón. Desafortunadamente Albert se marchó pensando que yo todavía seguía enamorada de Terry, pues hasta hace poco ni yo estaba segura de mis propios sentimientos."

La señorita Marchen y Flanny la miran perpleja y exclaman: "porque no empiezas a contarnos todo desde el principio Candy, que ahora sí que estamos confundidas!"

Aclarándose la garganta, la rubia pecosa les narra todo lo vivido en los últimos anos.

"Entonces amaste a 2 hombres a la vez?" Le pregunta la joven de anteojos oscuros intrigada.

"Así es, y desgraciadamente me di cuenta demasiado tarde, que al que realmente siempre ame es a Albert." Les contesta Candy con sumisión.

"Entonces con más razón tendrás que aprender a esperarlo. Ten fe, y ya verás que al final todo se resolverá: Dios sabe porque hace las cosas, y estoy segura de que cuando se vuelven a ver podrás abrirle tu corazón." Le dice la señorita Marchen tratando de alentarla.

Acercándose a sus 2 amigas, la rubia pecosa les dice agradecida: "gracias por sus palabras reconfortantes. Las extrañe muchísimo, y espero que no pase demasiado tiempo hasta volver a vernos."

"Flanny y yo hemos decidido quedarnos en Chicago, pues ella ya cumplió con su deber de enfermera de 'cirugía plástica', y quiero que retome su puesto de enfermera en el 'hospital Santa Bárbara' junto a ti." Le contesta la anciana con firmeza.

"Es una idea estupenda! Y si te mudas en el apartamento conmigo no me sentiré tan sola!" Exclama la rubia pecosa guiñándole el ojo.

"Me encanta la idea, pues la verdad es que nunca me lleve bien con las demás chicas y tenemos que ponernos al día de los últimos tiempos." Le contesta la joven de anteojos oscuros con entusiasmo.

"Y cuánto tiempo durara todo este tramito?" Pregunta Candy preocupada.

"Ya he hablado con la directora general, y en unos días Flanny se trasladara aquí." Le asegura la señorita Marchen.

"Y me imagino que usted regresara al 'hospital Santa Juana', verdad?" Continúa la rubia pecosa.

"Así es. Cada día llegan más más alumnas nuevas, y mi deber como directora principal es prepararlas para el futuro."

"Pero vendrá a visitarnos más a menudo ahora que también esta Flanny acá, verdad?"

"Por supuesto que sí ahora que tengo a mis 2 chicas favoritas!" Exclama la anciana abrazándolas efusivamente.

"Y ahora quiero que vayamos todas adentro, pues Candy tiene clases que atender, y nosotras tramitos que hacer." Y caminando brazo a brazo con sus 2 chicas, la señorita Marchen entra al edificio.

Chicago, 'Hospital Santa Bárbara', unos días antes de navidad.

Candy y Flanny ya llevaban 2 semanas compartiendo el apartamento, y a pesar de lo feliz que se sentía la rubia pecosa al tener a su amiga de vuelta, el recuerdo de Albert le perseguía por todas partes: lo veía en la cocina mientras desayunaban, en el salón cuando solía leer el periódico, y sobre todo en la habitación que era donde habían compartido besos apasionados.

Una mañana mientras las 2 amigas están caminando en dirección al hospital, una de las enfermeras sale a recibirlas: "hay otra carta para ti, Candy.

"Gracias."

Al leer el contenido de la carta, Candy se queda perpleja.

"Que pasa amiga?" Le pregunta Flanny al notarla tan callada.

"Es una carta de la señora Elroy, invitándome a un baile que organizo para la noche del 24 de Diciembre en la 'mansión de los Leagans'."Le contesta la rubia pecosa frunciendo el ceño.

"En este caso deberías más bien alegrarte, en vez de poner esa cara."

"Hay algo muy extraño en todo esto, pues es la primera vez que me invitan a la mansión desde que me marche. La señora Elroy sabe muy bien que Los Leagans me odian, y por esto no nos vemos muy a menudo."

"Que dice exactamente la carta?" Insiste Flanny.

"Van a organizar un baile de disfraces, y la señora Elroy tiene un traje listo para mí, y escribe que es una sorpresa." Le contesta Candy pensativa.

"Que suerte la tuya pues no es todo los días que se recibe una invitación como aquella!" Exclama la joven de anteojos oscuros sin poder contener su envidia.

"Me gustaría llevarte, pero los 'Leagans' son gente muy estricta y quisquillosas. De todas maneras estarás mejor en compañía con la señorita Marchen." Le dice Candy guiñándole el ojo.

"Eso es verdad."

"Sin embargo debo confesarte que me siento un poco nerviosa, pues temo una confrontación con los 'Leagans'."

"No te preocupes que la señora Elroy te protegerá, y a lo mejor hasta encuentres a tu príncipe azul!" Exclama la joven de anteojos oscuros guiñándole el ojo de vuelta.

"Pero que cosas dices Flanny si mi único príncipe azul es Albert!"

"Estaba bromeando, pero recuerda lo que te dijo la señorita Marchen: tu suerte está en manos del destino."

'Flanny tiene razón. Sin embargo presiento que algo va a ocurrir… Porque me sentiré tan angustiada?'

Michigan, 'Mansión de los Leagans', 24 de Diciembre.

Finalmente ha llegado el gran día tan esperado, y después de haber sido recogida en carro por uno de los choferes de la familia, Candy se encamina hacia la mansión alegremente: seguramente la señora Elroy la estaría esperando a la puerta de la entrada, para recibirla y abrazarla. Para su desgracia, a la que ve al cruzar la entrada principal, es a la señora Leagan quien le lanza una mirada llena de veneno:

"Maldigo el día en que te cruzaste en nuestras vidas, pero le prometí a la señora Elroy ser cordial para la ocasión, así que te dejare en paz, por ahora. Cuanto tiempo piensas quedarte aquí?"

"La tía abuela quiere que me quede hasta el año nuevo." Le contesta la rubia pecosa tímidamente.

"Tanto tiempo?!" Y meneando la cabeza con desaprobación continua: "es obvio que supiste ganarte la confianza de la anciana pero tú a mí no me engañas! Sé muy bien qué clase de chica eres, y que lo único que quieres es quedarte algún día con la herencia de esta familia!"

"Pero que cosas dice?!" Exclama la rubia pecosa atónita.

"Te aborrezco desde el 1er día en que pusiste los pies en esta casa, pues no has hecho otra cosa que traernos a todos mala suerte!"

Y apuntando a Candy del dedo continua: "tu causaste la muerte de Anthony, y como si fuera poco, hiciste que te echaran del internado de Londres como una delincuente!"

Candy se pone pálida como la muerte al oír las palabras injustas de la señora Leagan, y temblando de rabia le dice: "como se atreve a acusarme de la muerte de Anthony si no estaba ahí cuando sucedió?! Usted ni tiene idea de lo que sufrí, y en lo que se refiere a la expulsión del internado de Londres, porque mejor no le pregunta a sus hijos lo que realmente sucedió?"

"No te atrevas a alzarme la voz que tú no eres más que una huérfana sin apellido!" Exclama Ruth Leagan avanzando hacia ella amenazante.

"Si te atreves a tocarla te la veras conmigo!" Oyen la súbita voz autoritaria de la señora Elroy rugir, y fulminando de la mirada a Ruth Leagan continua: "te ordene no meterte con mi visita, y la que manda aquí soy yo te guste o no, nuera."

Meneando la cabeza con disgusto, Ruth Leagan se aleja de ellas sin decir palabra: le causaba demasiada repugnancia presenciar el acto de cariño entre su suegra y la huérfana, y sabía que no podía hacer nada mientras no tuviese poder.

"Tía abuela! Que suerte tuve de que apareciera justo este el momento! Grita la rubia pecosa corriendo hacia la anciana para abrazarla.

"Te vi llegar desde mi ventana, y decidí bajar a recibirte antes de que Ruth Leagan lo hiciera pues me temí que te atacaría." Le dice la señora Elroy acariciándole los cabellos.

"Porque me invito, si sabe lo mucho que me odian los Leagans?" Le pregunta la rubia pecosa perpleja.

Aclarándose la garganta, la anciana le contesta: "quiero que seas mi invitada de honor esta noche, pues estoy harta de que los Leagans te menosprecie. Después de todo, llevas el apellido Andry y ya es tiempo de que comiencen a tratarte con el respeto que te mereces.

"Pero usted sabe lo poco que me importa este apellido, y que si decidí ser enfermera es para independizarme. Lo que si no entiendo, es porque insistió organizar un 'baile de disfraces?" Le pregunta Candy sorprendida.

"Decidí divertirme un poco pues a mi edad ya nada es excitante, y quien sabe: a lo mejor conoces a tu príncipe azul esta noche?" Añade la señora Elroy guiñándole el ojo.

"Tía abuela!" Exclama la rubia pecosa ruborizándose.

"Además estarán ahí presentes Archie, Annie y Patty entre los invitados y todos irán disfrazados."

"Que emoción, pues hace mucho tiempo ya que no los veo!" Exclama Candy con entusiasmo.

"Entonces voy a llevarte a tu habitación de huésped para que descanses, pues debes estar bien despierta para el baile de esta noche. Encontraras tu traje de disfraz sobre la cama, y te veré en un par de horas."

"Muchísimas gracias por todo tía abuela. Solo espero no causarle molestias a nadie con mi larga estadía."

"Eres una Andry te guste o no, y no quiero que te dejes intimidar más por Ruth Leagan, que ella no es quien para juzgarte: ella solo está por caridad en esta casa, y si no la he echado a la calle hasta ahora es por respeto a mi hijo, pues él siempre estuvo ciego de amor por ella." Le dice la señora Elroy meneando la cabeza con disgusto.

"De todas maneras intentare no cruzarme en su camino, y aprovechare el tiempo con usted en lo máximo." Le dice Candy con gratitud.

"Entonces vete a descansar ya querida, que quiero que seas la estrella esta noche y brilles mucho!" Y cerrando la puerta de la habitación, la señora Elroy se encamina a su propia recamara.

'Mansión de los Leagans', temprano en la noche.

A las 7 de la noche, Candy baja las escaleras de la mansión con su nuevo disfraz: iba vestida de Bella durmiente, y su traje rosado oscuro hacía sobresaltar más el verde de sus ojos, mientras sus cabellos rubios ondulados le caían en forma de cascada sobre la espalda.

Mirando a su alrededor, ve a sus 3 amigos sentados en el salón: Archie iba de Romeo conAnnieen sus brazos disfrazada Julieta, mientras que Patty iba de Blanca Nieves; Desviando la mirada, descubre al otro lado del gran salón a Eliza sentada junto a Neil, y los 2 hermanos iban disfrazados de Hada madrina, y Rey de la edad media.

"Estas hermosísima Candy!" Exclama la señora Elroy apareciendo súbitamente.

"Usted también tía abuela, pero porque no se disfrazó?"

"Esto se lo dejo a ustedes los jóvenes." Le contesta la anciana guiñándole el ojo.

Empieza a tocar la música, y al ver la cantidad de personas moverse hacia la pista de baile, la rubia pecosa exclama:

"Es increíble toda la multitud de gente a la que invito!"

"Hacia muchísimo tiempo que no organizaba una fiesta de este estilo, y por esto quiero que esta noche se diviertan todos."

"Me iré a saludar a saludar a Annie, Archie y Patty." Le dice Candy alejándose de ella, y al caminar en dirección hacia sus 3 amigos, su mirada cae repentinamente sobre la de un hombre enmascarado de cabellos rojizos largos que la estaba observando: era difícil juzgar si era atractivo o no, pues llevaba puesto una 'máscara de Venecia' que le cubría casi toda la cara, sin embargo ella sentía la mirada penetrante de aquel individuo.

'Quien será?'

Encogiéndose de los hombros, la rubia pecosa decide ignorarlo, y camina en dirección hacia sus amigos. Sin embargo al pasar cerca del, siente un escalofrió recorrerle por toda la espalda y se pone a temblar ligeramente.

"Candy te ves lindísima con tu traje!" Exclaman Archie, Annie y Patty en unisón, sacándola de su ensueño.

"Ustedes también amigos, y que alegría verlos!" Exclama la rubia pecosa abrazándolos fuertemente.

"Cuidado con los disfraces Candy que nos aplastas!" Exclama Patty, y los 4 se ríen a carcajadas.

A cierta distancia de ellos, Neil los observa con cierta envidia y amargura, sintiéndose más solo que nunca a pesar de ir disfrazado como rey: aun no lograba olvidar la humillación que le había hecho pasar Jessica Burns delante de todos en la universidad, y le guardaba rencor.

"Bailamos Neil?"

La voz inesperada de una muchacha lo saca de su ensueño, y levantando la mirada ve parado delante del, a una de las hijas de las amigas de su madre quien iba disfrazada de Reina. Sonriéndole cortésmente, el joven mezquino se levanta de su asiento y la saca a bailar. Su mirada cae sobre la de Julieta en los brazos de su Romeo, y gruñendo decide concentrarse en su pareja, y olvidarse de lo infeliz que se sentía en compañía de aquella muchacha tan insignificante.

'Si tan solo tuviera una Julieta también para mí?

Por alguna razón inexplicable, cruza por su mente la imagen de una joven de cabellos rojizos, y estremeciéndose de asco jura más nunca dirigirle la palabra a Jessica Burns: era el ser más despreciable que había conocido, y no merecía su atención!

Eliza que ha estado sentada toda la noche sobresalta al oír la voz inesperada de Philip Morgan: "hola preciosa que tal has estado? Me dedicas un baile?" Y sin esperar su respuesta, la toma en sus brazos.

"Suéltame que no quiero bailar contigo!" Exclama la joven de cabellos castaños claros tratando de apartarse del.

"Que piensas hacer con tu barita mágica? Acaso convertirme en un sapo?"

"Te vendría muy bien pues así me dejarías tranquila una vez por todas."

"Te queda muy bien tu traje de hada madrina, aunque pensándolo bien te verías mejor de Cenicienta, para que así una vez por todas se te quite los aires de princesa que tienes."

"Y tú de que se supone que vas disfrazado? De Payaso? Le pregunta Eliza sarcásticamente.

"De Robin Hood, y si no te portas bien te secuestrare esta misma noche." Le contesta el joven de cabellos oscuros risos levantándole la barbilla.

"No te atrevas a besarme, que soy capaz de armar un escándalo!" Exclama la joven de cabellos castaños claros con desafío.

"Es esta acaso la manera de hablarle a tu futuro esposo, cariño?" Le murmura Philip en el oído suavemente.

"Tú nunca serás mi esposo, así que sácate esta ridiculez de la cabeza una vez por todas y vete a buscar a otra tonta!" Exclama Eliza apartándose del.

Sujetándola fuertemente, el joven de cabellos oscuros risos le murmura en el oído: "relájate ya, y baila conmigo hada madrina."

El ritmo de la música se vuelve repentinamente lento, y clavando su mirada en la de Philip Morgan, a Eliza le resulta difícil despegar sus ojos de los suyos, pues a pesar de su arrogancia absoluta, sentía una gran atracción física hacia el joven apuesto de cabellos oscuros risos, y le atormentaba la idea llegar a enamorarse su cabeza en el hombro de Robín Hood, la hada madrina tiene un solo deseo: que no termine nunca la noche, para así poder quedarse en los brazos de su príncipe azul…

Candy que ha estado sentada junto a Patty desde que empezó la fiesta, sobresalta al oír una voz desconocida:

"Me dedica este baile, bella durmiente?"

Levantando la mirada, la rubia pecosa ve parado delante de ella al hombre enmascarado de cabellos rojizos largos, y observándolo de cerca, nota que es bastante alto de estatura y que parece muy seguro de sí mismo. Incapaz de despegar su mirada de la del, Candy se levanta de su asiento como hipnotizada, y se deja guiar hasta la pista de baile.

"Eres una hermosa bella durmiente, y tu vestido hace sobresaltar tus ojos verdes." Le dice el desconocido, sin quitarle la mirada de encima.

"Gracias, y usted quién es?" Balbucea la rubia pecosa, incapaz de desviar su mirada de la del.

"Lo que llevo puesto es una máscara de baile Veneciano: estaba muy de moda en Italia durante la edad media, y luego se fue expandiendo en el resto del mundo."

"Es usted acaso Italiano?" Le pregunta Candy fascinada.

"Por supuesto que no. Lo que pasa es que siempre me ha fascinado la historia y leo mucho."

Y tomándola en sus brazos, el hombre enmascarado de cabellos rojizos largos la guía al ritmo de la música que se vuelve cada vez más lenta. Al tenerlo tan cerca del, Candy siente su corazón latir fuertemente y le falta el aire. De repente cambia la música, y al oír su 'Vals' favorito, la rubia pecosa exclama:

"esta es mi pieza favorita!"

"La mía también, así que espero que me dediques un segundo baile, bella durmiente." Le murmura el desconocido en el oído, y sin esperar la respuesta de Candy, la toma en sus brazos otra vez, guiándola con agilidad.

La rubia pecosa y el hombre enmascarado de cabellos rojizos largos se han vuelto el centro de atención de la noche, y mirándolos con cierta envidia, los invitados empiezan a murmurar entre ellos: quien sera aquel galante misterioso que solo tiene ojos para la bella durmiente y baila tan bien?

La música se detiene abruptamente, y levantándole la barbilla a la rubia pecosa, el hombre enmascarado de cabellos rojizos largos le deposita un beso lleno de dulzura y amor.

"Buenas noches bella durmiente, y encantado haber tenido el honor de ser tu pareja de hoy."

Y antes de que Candy pueda reaccionar, el misterioso hombre enmascarado corre hacia la puerta de entrada principal a toda prisa, como si tuviese el temor de convertirse en una calabaza, como cenicienta cuando pierde el zapato. Y desaparece en la noche oscura.

"Espera no te vayas, que no sé quién eres ni como encontrarte!" Exclama la bella durmiente corriendo detrás del hombre enmascarado de cabellos rojizos largos, pero al salir afuera, con lo único que se encuentra es con la noche fría y helada de invierno…

Otro capítulo terminado y más largo que los anteriores. Tantos cambios en la vida de cada uno de los personajes del animé, y aún falta bastante para terminar con el enigma de esta historia: que pasara entre PATTY y GEORGE, NEIL y ELISA, y sobre todo, quien es el misterioso hombre enmascarado que ha capturado el corazón de CANDY?

Un saludo grande a mi fan favorita JOSIE (guest), y muchísimas gracias por los largos 'Reviews' que siempre me dejas! PS: sé que estas apuntada como 'Guest' en el FANFICTION SITE, pero si por si acaso también escribes y publicas historias me gustaría leerlas, o si acaso tienes otro SITE avísame que me apunto. Ciao y hasta la próxima!