WARNING: Este fic es AU y con mucho OOC, pero con los personajes del universo Bleach del gran Kubo Tite, y obviamente las situaciones vertidas aquí son 99% improbables e irreales, a veces algo extravagantes, pero me divierto escribiéndolas aunque no siempre respete las reglas de gramática jojojojojo XD
Este es el segundo capítulo del pasado, lean bajo su propio riesgo.
Repito, lean bajo su propio riesgo.
"No todo tiempo pasado fue mejor"
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Corría raudamente cruzando las calles de suelo empedrado, esquivando a algunas personas, sin devolver el saludo a quienes le reconocían, pasando por alto el agradable clima y el despejado cielo de media tarde. Era inevitable que hubiera muchas personas aquel día, bueno, no era de extrañar, era el festival des Grans Crus de Borgoña, así que la pequeña villa de Noyers rebosaba de gente festiva por todos lados. El niño decidió correr un poco más. Ver tanta gente feliz empezaba a causarle envidia. Dobló una esquina sin notar una pequeña presencia, casi invisible, con la que tropezó para terminar en una aparatosa caída. "Genial" pensó mientras notaba a la pequeña niña que cayó sentada a escasos pasos de él, esperó que se echara a llorar o gritara llamando a su mamá, pero pasaron varios segundos y nada pasó. Algo alarmado se puso de pie y se acercó a ella, algunas personas empezaron a acercarse, con curiosidad.
– Oye, ¿Te encuentras bien? – Observó mejor a la niña, tenía varios raspones, los de las rodillas se veían bastante feos, pero ella parecía hacer esfuerzos sobrehumanos por aguantar los sollozos y contener las lágrimas.
– ¡Vamos, el festival terminará con un concierto en la plaza principal, no hay nada que ver aquí! – Habló un hombre mayor, de aspecto bonachón quien ayudó a la niña a ponerse de pie. Los curiosos empezaron a retirarse – Tú, deberías ser más cuidadoso – Dirigiéndose con tono de regaño al niño de oscuros cabellos y piel clara – A tu madre no le hará nada de gracia.
– Fue un accidente – El niño se justificó mientras seguía al hombre que daba suaves empujones en el hombro de la niña para guiarla hasta una pequeña botica. Si antes las heridas en las rodillas de la niña le parecieron feas después de ver al boticario limpiarlas le parecieron horribles, curiosamente la niña seguía sin decir una palabra – ¿Estará bien?
– Sanará – Respondió el boticario, colocando algo de gasa para cubrir las rodillas de la niña – Eres una niña muy valiente, si me dices tu nombre mandaré a este pequeño bribón a buscar a tus padres, seguro vinieron a ver el festival – El hombre sonrió pero la niña no respondió. Volvió a intentar ofreciéndole dulces, pero nada. Tras varios intentos decidió cambiar de estrategia – Muchacho, ¿Te quedaría con ella un momento? Iré a una estación de seguridad a reportar a la pequeña, seguramente sus padres son turistas y han de estarla buscando – Antes de que el niño protestara – Vuelvo en un rato, no me tardo – El boticario salió dejando a los dos niños solos.
– Menudo lío – El niño no estaba teniendo una buena tarde y el incidente solo empeoró la situación – No te recuerdo de ninguna parte – Observando nuevamente a la niña, cabellos oscuros, de uno años, ojos grises y rasgados… decidió intentar preguntarle cuál era su nombre en japonés, aún estaba aprendiendo ese idioma pero tal vez el boticario tenía razón y era de alguna familia de turistas, pero nuevamente no hubo respuesta – ¿Acaso no sabes hablar? ¿Eres muda o qué? – Dijo cruzando los brazos, malhumorado.
– No debo hablar con extraños – Finalmente la niña habló, en un impecable francés. El niño sintió un escalofrío, ella lo miraba acusadoramente.
– L–lo lamento, fue un accidente, iba distraído, peleé con mi padre y… ¿Hablas francés? – Pasaron varios segundos y la niña no respondía. Decidió analizar la breve respuesta que ella le dio "No debo hablar con extraños" – Me llamo Byakuya La Fer… Kuchiki – Emitiendo un breve suspiro – Ahora que sabes mi nombre ya no soy un extraño ¿Vale? – La niña asintió con la cabeza – Entonces puedes decirme dónde vives, puedo acompañarte a tu casa – Ofreció diligentemente.
– No vivo aquí – La niña le respondió con mucha naturalidad, a Byakuya le dio un tic en un ojo.
– Entonces ¿Vienes de París?
– No.
– ¿Al menos sabes dónde están tus padres?
– En casa.
– Si no eres de París ni de Noyers y tus padres están en tu casa… ¿Viniste sola o qué? – La paciencia no era precisamente una virtud de Byakuya.
– Con mis abuelos… gritas mucho cuando hablas, eres un enojón – La cara de Byakuya se desencajó un poco, de pronto estaba enfrascado en un duelo de miradas con una niñita varios años menor que él. Las puertas se abrieron mostrando al boticario y una pareja de adultos con rasgos asiáticos.
– ¡Mifeng! – La mujer corrió a abrazar a la niña – ¿Pero qué te pasó, que son todos esos raspones? ¡Mira como traes las rodillas! – Mientras la mujer exclamaba, Byakuya intentaba escabullirse sigilosamente, faltaban un par de pasos para alcanzar la puerta cuando sintió que alguien tiraba suavemente de su chaqueta. Se giró encontrando una extraña flor a la altura de sus ojos, la niña la sostenía.
– Toma, es del color de tus ojos – La niña sonrió mientras Byakuya aceptaba la flor – Aunque eres enojón haces caras muy graciosas – Byakuya dudó en considerar aquello como un cumplido.
Salió de la botica para emprender el camino de regreso a casa, con paso lento, recordando lo que precipitó su repentina carrera de la tarde. Kuchiki Soujun, su padre, había llegado sorpresivamente y no precisamente para mejorar los vínculos familiares, sino para anunciarle que sería la última vez que podría pasar las vacaciones con su madre. Aunque sus calificaciones eran buenas su padre deseaba que obtuviera "excelente" y había decidido que contrataría tutores privados para el verano. A Byakuya la idea le desagradaba muchísimo, no solo le estaban quitando el poco tiempo que tenía para estar con su madre, también le obligaban a permanecer más tiempo con la odiosa familia de su padre, en Japón… mientras caminaba volvió a contemplar aquella flor, mezcla de gris con lila, verla le hacía sentir un poco reconfortado… "También es del color de tus ojos".
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BRISA DE VERANO
By Maryeli
Con cariño para Paulina, Haibara20, Any–chan15, Anime Love, BrendNara, Brithannie
Bienvenida Shali33
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Cuatro años después, cuando la rama principal de los Kuchiki se dirigía a visitar a unos parientes en París, un adolescente Byakuya se las ingenió para escabullirse y visitar Noyers. Cualquier sentimiento negativo o amarga experiencia se disipó en cuanto llegó a la villa. Se sintió inmensamente feliz al ver a su madre otra vez, en verdad extrañaba aquella casa de estilo tradicional algo alejada del centro de la pequeña villa. Conversaron animadamente por horas, incluso su madre tocó el chelo para él, la música envolvía cálidamente todo el lugar, se sentía tan tranquilo y confortable, después de todo, estaba en casa otra vez. Lástima que las cosas buenas duren tan poco. Al día siguiente despertó a media mañana, nadie podría culparlo considerando que se fue a la cama de madrugada, bajó muy contento a la sala esperando encontrar a su madre, cuando oyó voces de dos personas discutiendo, sigilosamente se acercó a una puerta entreabierta, no tardó en reconocer a los dueños de aquellas voces:
– Por favor, deja que se quede unos días… lo cuidaré bien, si tanto dudas de mí puedes dejar a alguno de tus guardaespaldas o quedarte…
– Eleonore, ya te lo dije, Byakuya es un Kuchiki, venir aquí solo hará que los rumores y habladurías que tanto trabajo me costó acallar se aviven nuevamente y eso puede perjudicarlo.
– Pero Soujun…
– Byakuya tiene la oportunidad de convertirse en líder del grupo familiar algún día, para eso debe dejar su pasado atrás, venir aquí no es bueno para él – Soujun suavizó un poco el tono de su voz – ¿Acaso no leíste las cartas que envié? Sus calificaciones son excelentes, su habilidad en esgrima y kendo son sobresalientes e incluso su japonés es más fluido y está empezando a aprender inglés.
– ¿Y su curso favorito? ¿Los nombres de sus amigos? ¿Ha tenido alguna novia? – Eleonore no se daría por vencida fácilmente.
– Esos temas no son relevantes – Soujun intentaba terminar aquella conversación.
– Parece que Byakuya se siente solo, me preocupa – Eleonore intentó apelar al lado humano de Soujun.
– Byakuya debe ser capaz de lidiar con eso, él tiene que convertirse en alguien fuerte para poder batallar con cualquier situación que se le presente, de lo contrario no será capaz de dirigir a la familia – Soujun parecía estar perdiendo la paciencia.
– ¿Eso es lo único que te importa? Que se convierta en el siguiente líder de tu familia – La voz de Eleonore se quebró – Hablas como si no te importara la felicidad de tu hijo…
– Byakuya tiene todo lo que necesita, y si algo le falta solo tiene que pedírmelo – Soujun notó que la conversación se estaba dilatando demasiado, Eleonore parecía tener intención de tocar un tema que ya estaba zanjado hace mucho tiempo.
– El dinero no lo es todo, Soujun – Eleonore se armó de valor para lanzar la pregunta que le atormentaba por años – ¿Alguna vez te importamos Byakuya y yo? – El lugar se quedó en silencio, Soujun parecía estar eligiendo con cuidado las palabras con las que iba a responder – ¡Soujun! – Exclamó Eleonore, necesitaba una respuesta.
– Byakuya es mi hijo y…
– ¡No te estoy preguntando eso! Ten algo de dignidad y contéstame.
– Solo me importa el futuro de Byakuya – Las palabras de Soujun se hundieron como puñales en el corazón de Eleonore – Eleonore, tienes la oportunidad de rehacer tu vida, retomar la música, deja a Byakuya en mis manos y olvida, deja el pasado atrás.
– ¡Jamás podría olvidar a mi hijo! – El grito de Eleonore se apagó lentamente mientras se echaba a llorar, unas palabras se ahogaron en su garganta, unas que palabras que no alcanzó a pronunciar, "Porque olvidar a mi hijo sería olvidarte a ti, y no puedo".
Un adolescente Byakuya caminaba confundido por las silenciosas calles de Noyers. Era tiempo de cosecha así que la mayoría de las personas se encontraban en el campo, y las pocas que quedaban en la villa estaban abocadas a las labores domésticas, así que la villa parecía más una ciudad fantasma. Quería pensar que había escuchado o entendido mal. Sus pasos lo guiaron a una pequeña laguna, algo alejada de la villa, la conversación de sus padres seguí vívida, en su mente, y se repetía una y otra vez, algo frustrado, recogió algunas piedras y empezó a lanzarlas hacia el agua sin mucho cuidado, varias aves volaron espantadas.
– Si las lanzas así no llegarán muy lejos – Una voz interrumpió su momento de desahogo. Byakuya levantó la mirada y buscó alrededor – Deberías elegir las piedras más planas, inclinar un poco el antebrazo antes de lanzar podría ayudar – Una niña le observaba desde la rama de un árbol.
– No te he pedido consejos, además ¿Acaso nadie te dijo que es de mala educación espiar a las personas? – Byakuya definitivamente no estaba de humor ese día.
– Estaba observando las aves y las flores alrededor de la laguna, hasta que alguien rompió la tranquilidad del paisaje – Bajando hábilmente del árbol – No te estaba espiando "señor enojón".
– Has lo que quieras – Byakuya recogió más piedras y continuó lanzándolas, estaba demasiado ofuscado y sin ánimos para discutir con una niña, consideró que ignorarla sería lo mejor. De pronto, una piedra golpeó la que acababa de lanzar, hundiéndola mientras continuaba avanzando varios metros para finalmente hundirse también en la laguna.
– Te lo dije, una piedra aplanada puede rebotar en el agua y avanzar mucho si la lanzas con la técnica adecuada – La niña estaba a un par de metros de él, por un instante le pareció ver un breve destello lila en aquellos ojos grises, sacudió la cabeza, seguramente fue su imaginación – Ten, prueba con esta – La niña le ofreció una piedra. Dudó un poco pero finalmente la tomó y la lanzó, ciertamente pareció como si la piedra rebotara sobre la superficie de la laguna, pero no fue tan lejos como esperaba.
– Fallé – Dijo más para sí mismo.
– Solo te faltó inclinar un poco más el antebrazo, si practicas serás un buen lanzador de piedras – La niña no parecía para nada incómoda hablando con él.
– Supongo que lanzar piedras no es lo mío, me agradan más el esgrima y el kendo – Byakuya se inclinó para recoger una piedra aplanada y de superficie lisa.
– ¿Kendo?
– Es un deporte japonés, parecido al esgrima, usas unas espadas de madera para enfrentarte a alguien, requiere de fuerza, técnica y concentración – Explicó Byakuya – Por cada golpe que aciertes recibes puntos y al final el que obtiene más puntos gana.
– ¿Y has ganado muchas veces?
– No tantas veces como quisiera, pero estoy mejorando – Las aguas de la laguna volvieron a la calma y algunas aves empezaron a aterrizar. Byakuya dejó caer la piedra que había recogido.
– Si ganaras todo el tiempo no podrías ver las cosas que puedes mejorar y al final el kendo te parecería aburrido – Una suave brisa movió sutilmente la larga cabellera de la niña, Byakuya notó que el adorno que llevaba la niña en el cabello era en realidad una flor.
– Esa flor – Señalando el lado derecho de la cabeza de la niña – Tengo la impresión de haberla visto antes.
– ¿Esta? – Deslizando la flor para sujetarla con las manos – Es una rosa de mayo – Ofreciéndola a Byakuya – Te la regalo – Byakuya parpadeó desconcertado. Tomó la flor y volvió a contemplar a la niña.
– ¡Mifeng! – Un niño llamó desde la zona de los árboles.
– ¡Ya voy, Ggio! – Observando con cierta curiosidad al dueño de aquellos ojos grises – Al principio me pareció algo desaliñado, pero ahora que te veo de cerca creo que el cabello largo te queda bien, nos vemos – Dijo antes de echarse a correr para encontrarse con el niño que le esperaba entre los árboles.
A Byakuya por un instante le pareció que el niño le observaba fijamente, a lo lejos, y casi podría asegurar que le mostró la lengua, antes de desaparecer con la misteriosa niña en el bosque. Después de echar un último vistazo a la laguna decidió que era hora de volver a casa. Supuso que las cosas no estarían muy bien, pero no imaginó que se complicarían tanto. Apenas tuvo unos minutos para despedirse de su madre, y en lugar de intercambiar palabras dulces y de consuelo, terminó reclamándole por ponerlos a su padre y a él en el mismo lugar, como si fueran iguales, haría lo que fuera para no parecerse a su padre, o al menos eso creía, su padre los había abandonado y vuelto solo porque necesitaba un heredero varón, aun así sentía como si Eleonore quisiera que Soujun se quedara con ellos, a jugar a la familia feliz, su madre se aferraba a un imposible, algo así jamás sucedería. Lamentablemente las respuestas de su madre no pudieron tranquilizar su corazón, todo lo contrario, sintió como si para su madre, Soujun fuera lo más importante, incluso más importante que él.
"Byakuya, existen diferentes formas de amor, un día lo comprenderás"... "Uno no elige de quien se enamora, pero al menos prométeme que si algún te casas será por amor".
Los días transcurrían monótonos y rutinarios, durante la época estudiantil en el internado, clases por las mañanas, actividades deportivas o largas horas de estudio en la biblioteca por las tardes, podía dejar el internado durante las fiestas navideñas y las vacaciones de verano para viajar a Japón y "fingir" que disfrutaba de la compañía familiar. Con los años había aprendido a llevar las apariencias, a ocultar sus sentimientos, incluso había empezado a mostrarse algo rebelde con su abuelo cuando un día, a mitad de verano, se le acercó sigilosamente para comentarle sobre cierta joven que deseaba que conociera… "prometida" le oyó decir. Byakuya llevaba años dejando ir cosas, alejándose de las personas y lugares que en verdad adoraba, sacrificando tanto… después del incidente con sus padres en Francia decidió que pondría un límite a las decisiones que los Kuchiki tomaran por él, y esa era una de esas situaciones. Utilizando el mayor tacto posible eludió todo intento de su abuelo de hablarle sobre la misteriosa joven, y vaya que su abuelo se la ponía difícil, era bastante insistente.
El último año en el internado, mientras se encontraba en medio de un ejercicio de equitación, notó un movimiento inusual en el área donde los tutores vigilaban atentamente que las prácticas se realizaran sin ningún contratiempo, un mensajero se acercó con paso presuroso para comentar algo a los tutores, el ambiente pareció tensarse pero a los pocos segundos el mensajero dejó el lugar y los tutores parecían debatir algo entre ellos. Intrigado por el extraño suceso, optó por completar los saltos y cuando se disponía a dejar el caballo con uno de los peones para que lo traslade al establo, uno de los tutores se le acercó. Si era algún otro intento de su abuelo para que acudiera a otra cita prenupcial tendría que utilizar un lenguaje poco usual en él, porque en verdad se le estaba agotando la paciencia, para su sorpresa, ése no fue el tema de la breve conversación. Su rostro perdió toda expresión en cuanto recibió la noticia. Incrédulo caminó a pasos acelerados hasta la dirección, aunque eso implicaba que atravesara medio internado con el traje de montar puesto. Ignoró los comentarios y "grititos" que emitieron algunas de las estudiantes femeninas que lo veían pasar, era demasiado consciente del efecto que tenía en las féminas pero en aquel momento necesitaba asimilar la noticia que acababa de recibir.
Al llegar a la oficina del Director encontró al mensajero de los Kuchiki quién pareció ponerse un poco nervioso al verle, ya no era el niño que su padre hacía llevar a rastras con sus guardaespaldas, esos días quedaron atrás, se había convertido en un hombre. Tras tensos segundos el mensajero finalmente le confirmó lo sucedido: Eleonore la Ferrec, su madre, había muerto.
Le resultó imposible conciliar el sueño, así que se sintió adormilado durante todo el viaje. De pronto la villa Noyers con su ambiente tranquilo y feliz parecía un lugar lúgubre y gris. Antoine y Paulette corrieron a recibirlo con un paraguas para protegerlo de la lluvia mientras bajaba del coche. Al parecer intentaban darle el pésame pero apenas y alcanzaba a oírles hablar. La iglesia de la villa estaba casi vacía, tal vez el mal tiempo, o la rapidez con que se programaron los actos fúnebres a pedido de los Kuchiki, o el hecho que su madre hubiera… aun cuando se esmeraron en ocultar las marcas en su cuello con un vestido alto, él fue capaz de verlas. Se quedó quieto al lado del féretro, perdiendo la noción del tiempo, contemplando a su madre. Tres años y medio sin ningún tipo de contacto con ella, por una actitud egoísta e infantil, sintiéndose víctima de algo, cuando la verdadera víctima era otra, ahora no volvería a oír su voz ni el sonido del chelo en la vieja casa de estilo tradicional, no le envolverían sus brazos ni sentiría otra vez la calidez de sus manos, se había marchado sin despedirse, en medio de un abismal dolor.
En cuanto la lluvia cesó los trasladaron al cementerio de Noyers. Esperar que le dieran un lugar en la sepultura familiar de los Kuchiki era pedir demasiado. Todo era demasiado discreto y rápido, no fue hasta que echaron el primer puñado de tierra que se dio cuenta de la magnitud de las cosas: Su madre no estaba ni estaría nunca más. Una repentina lluvia se precipitó sobre los pocos concurrentes que se apresuraron a abrir sus paraguas para protegerse, y pasaron algunos minutos antes que notaran su ausencia. En medio de la lluvia aceleró el paso, como tratando de negar lo sucedido, las gruesas gotas de lluvia disimularon sus lágrimas de dolor. Se sentía tan frustrado. Tomó un sendero empedrado que llevaba hasta un grupo de árboles, el lugar estaba tan calmo que podía oír el sonido de las gotas de lluvia cayendo y los latidos de su propio corazón. Se había convertido en el mejor estudiante del internado, sobresalía en todo, era el orgullo de su padre, pero ahora sentía que fue el peor hijo, egoísta e ingrato. Golpeó el tronco de un árbol para terminar apoyando la frente en él, sollozando como un niño pequeño, esperando palabras de consuelo de su madre, que no llegarían nunca.
– ¿Duele mucho? – Le pareció oír una voz, por un momento pensó que tal vez se estaba volviendo loco, pero la voz dijo algo más – ¿Como si quisieras que alguien te arrancara el corazón y lo tirara lejos?
– Quiero estar solo – Supo que la dueña de aquella voz no hablaba de su puño recientemente lastimado, pero lo último que deseaba era que alguien lo viera llorando.
– La muerte es parte de la vida – La lluvia continuaba cayendo inclemente – No debemos lamentarnos por quienes no están más en este mundo…
– Lo que dices no tiene sentido… – Se volvió para confrontar a la misteriosa joven pero su vista estaba algo nublada, tal vez por las lágrimas, tal vez por la lluvia, o ambas.
– Debemos aprender a recordarlos con alegría – Era una joven delgada de baja estatura, al parecer con el cabello oscuro y corto, Byakuya no estaba seguro pues ella estaba tan empapada como él. La joven le entregó un ramo de flores y por un segundo, pudo ver unos hermosos ojos grises, algo opacados, quizás por la lluvia – Nacimos libres, así que no pertenecemos a nadie, no dejemos que nadie decida por nosotros.
Byakuya estuvo a punto de preguntarle quién era, pero se oyeron pasos y gritos de personas llamándolo, era el personal de seguridad que le envió su padre, dudó en responder pero recordó que Antoine y Paulette también podrían estar preocupado por él y tuvo que asomarse por el sendero para que vieran donde se encontraba. Cuando quiso conversar con la muchacha fue como si ella se hubiera desvanecido. Su turbación aminoró al notar que aún tenía el ramo de flores en sus manos, no lo había imaginado, alguien habló con él ese día y le transmitió reconfortantes palabras, como adivinando como se sentía.
Se quedó unos días en París, su abuelo consideró que tal vez necesitaba un respiro antes de volver al internado e incluso estaban deliberando en si debía ir al internado o realizar los exámenes finales desde Japón. La residencia de los Kuchiki en Francia tenía un estilo más moderno, muy espaciosa, con un sendero que podía utilizarse para pasear a caballo o incluso en coche. Aunque era invierno salió temprano esa mañana, las flores que le había regalado la misteriosa joven en el cementerio empezaban a sufrir los estragos del paso de los días, y como un intento de salvar al menos una, decidió buscar un terreno bueno para cultivarlas. Había descubierto que eran rosas de mayo, flores raras de encontrar en Francia, y el color (no estaba seguro si eran grises con matices lila o era porque se estaban marchitando) era una rareza también. Caminó un buen rato, pero ningún terreno le parecía lo suficientemente bueno para las flores, después de vagar por aquí y por allá decidió que buscaría un lugar bajo la protección de un árbol. Iba distraído buscando un buen árbol que no vio el coche venir, de pronto todo se tornó oscuro y pareció sumergirse en un profundo sueño.
Decir que aquello le molestaba sería mentir. Se sentía en calma, en medio de todo aquel silencio y oscuridad, el dolor no existía, no tenía ni miedo, ni hambre. Una pequeña pero brillante luz interrumpió la tranquilidad del lugar, de pronto estaba en Noyers chocando con una niña pequeña… luego a la altura de la laguna, lanzando piedras para finalmente revivir borrosamente la escena del cementerio… oyó una melodía de piano y lentamente abrió los ojos. Si hubiera sabido que el despertar sería tan doloroso hubiera esperado un poco más, estaba en una cama de hospital con muchos artefactos extraños que emitían molestos pitidos, y entonces divisó a una joven delgada y de baja estatura, quien, apenas notó que había abierto los ojos salió por la puerta y volvió a los pocos segundos con un médico y dos enfermeras, se acercó a él y le tomó la mano, mientras el resto de las personas hablaban entre ellos, revisaban las máquinas y le preguntaban cosas que no entendía del todo, sus sentidos estaban fijos en la joven, cabellos oscuros y cortos y unos hermosos ojos grises:
"Estás aquí… eres tú".
Con el paso de los días empezó a recordar algunas cosas, pero no eran del todo claras, según le comentaron sufrió un accidente de coche y además de lastimarse un hombro recibió un golpe tan fuerte en la cabeza que tuvieron que operarle así que ahora tenía el cabello casi al ras. Su lamentación por la pérdida de su cabello y la molesta cicatriz, que los médicos aseguraban que sería imperceptible con el paso de los meses y el crecimiento del cabello, fue interrumpida por la llegada de una joven:
– Buenas tardes, Kuchiki–sama – Saludó con mucho respeto y una elegante reverencia.
– No tienes que ser tan formal, resulta incómodo, además tenemos la misma edad – Dijo mientras se cubría la cabeza con una boina.
– No podría, Ud. pertenece a la rama principal y…
– Hisana – Pronunció sereno y con ternura – Somos familia, deberíamos guardar las formalidades para los aburridos eventos de los conservadores ancianos, me gustaría que me llamaras por mi nombre.
– P–pero fui yo quien conducía.
– No quiero que vuelvas a disculparte, fue un accidente, yo iba distraído – bajándose de la cama para dar un par de pasos y quedar de pie frente a Hisana – En un par de días me darán el alta, así que todo está bien.
– También siento mucho lo de las flores, Byakuya–sama – Hisana hizo una pequeña reverencia para disgusto de Byakuya, al hacerlo había perdido de vista sus hermosos ojos grises.
"No te preocupes por eso, de ahora en adelante me encargaré de regalarte muchas flores como esas".
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Estoy viva… aunque tenía mis dudas sobre publicar este capítulo, por diversas razones, para ser sincera aún tengo dudas pero saber que falta tan poquito para terminar el fic ayudó un poco a convencerme con intentarlo. Quiero agradecer infinitamente a Paulina, Haibara20, Any–chan15, Anime Love, BrendNara, Brithannie y Shali33 por acompañarme a lo largo del fic y motivarme a no rendirme y abandonar el fic (los que me leen saben a que me refiero jojojojo )
La primera parte de esta capítulo pertenece al pasado de Byakuya (obviamente ya lo notaron), la segunda al pasado de Sui que es más breve pues ya conté varias cosas de su pasado en capítulos regulares ejemmm el último capítulo será un colofón/epílogo (un relato puesto en perspectiva futura, estimo que unos diez años después de dónde queda el capítulo anterior), una vez muchas gracias a todos y todas.
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Dos adolescentes se escabulleron para visitar la villa Noyers–sur–Serein. Encontrar la casa de la chelista no fue tan difícil, al parecer la familia Ferrec era muy querida en la villa. Llamaron al portón de la casa de estilo antiguo y un hombre algo mayor pero de aspecto amable les abrió.
– Buenas tardes, venimos a visitar a la señora Ferrec – Anunció Shaolin. Ggio miraba a todos lados, temiendo que alguien los descubriera.
– Pasen – El señor les dejó entrar – Soy Antoine, ustedes son de la villa Feng, ¿Verdad?
– Si – Respondió Shaolin.
– La señora Eleonore nos ha contado que son una familia muy grande, sabíamos que un clan de descendientes chinos viven por el castillo pero no es usual verles por aquí – Antoine les guio hasta un salón donde Eleonore se encontraba bebiendo una copa de vino.
– Señora Eleonore, tiene visitas – Dijo tras aclararse la garganta – Le pediré a Paulette que les traiga algo, siéntanse como en su casa – Comentó Antoine antes de retirarse.
– Petite abeille, viniste con tu novio – Eleonore dejó su copa sobre la mesa.
– Ggio no es mi novio – Shaolin ignoró el terrible y marcado sonrojo que asomó en el rostro de su amigo.
– Bueno, supongo que algunas cosas toman tiempo – Eleonore le lanzó una mirada inquisitiva a Ggio – Es extraño tener visitas.
– Le traje estas flores – Shaolin le entregó un pequeño ramo de rosas de mayo grises – Dijo que le parecían bonitas.
– Lo son – Eleonore las recibió, un atisbo de esperanza resplandeció en sus apagados ojos azules.
– Mi abuela estaba muy contenta por el concierto, Ud. toca muy bien, señora Ferrec – Shaolin sonrió, sintió que había hecho algo bueno.
– Tu también tocas muy bien… ¿Podrías tocar un poco más conmigo? – Pidió repentinamente, después de dejar las flores sobre un viejo piano – No está muy afinado, pero debería sonar bien.
– Claro – Respondió Shaolin muy animada. Ggio se sentó para observarlas en su improvisado concierto y quedó fascinado. Era la misma pieza con la que abrieron la presentación en el aniversario de los abuelos de Shaolin, pero se oía tan diferente. Al concluir se oyeron aplausos, el señor Antoine y su esposa estaban emocionados hasta las lágrimas. Ggio sintió lo mismo, como si una mezcla de alegría y tristeza lo envolvieran al mismo tiempo. Compartieron un pequeño lonche y la señora Ferrec le habló a Shaolin de sus días en el conservatorio de música en París, le ofreció contactarla con gente de allí pero Shaolin rechazó la oferta – Voy a convertirme en la asistente de la señorita Yoruichi – Dijo muy convencida.
– Tu abuela comentó que deseaba que te convirtieras en pianista profesional – Eleonore se quedó un buen rato observando a Shaolin.
– Mi abuela también me dijo que no debo dejar que los demás decidan por mí – Se escudó Shaolin, sintiéndose algo incómoda por el repentino escrutinio al que estaba siendo sometida.
– Tus ojos… son grises – Susurró Eleonore – Recuerdo que en la fiesta todos tenían ojos ambarinos, como los de tu novio.
– Ggio es mi amigo, no mi novio – Volvió a negar Shaolin – Heredé los ojos de mi abuela, tal vez no lo notó, pero ella también tiene ojos grises.
– Ya veo – Eleonore sonrió con amargura – Mi hijo también tenía ojos grises, aquellas flores me los recordaron – Shaolin sintió un repentino escalofrío, la mirada de la señora La Ferrec pareció nublarse, así que decidió cambiar la conversación.
– ¿Va a tener alguna presentación estos días? Es que me gustaría oírla tocar nuevamente.
– Me temo que no… en realidad he rechazado todas las presentaciones – Eleonore se puso de pie y empezó a acariciar las flores – Creo que me tomaré un descanso.
– Es una pena, toca tan bonito – Shaolin notó que Ggio hacía una mueca, se hacía tarde y tenían que volver a casa – Creo que es hora de irnos.
– ¿Tan pronto? – Paulette volvía con más postres y panecillos.
– Podemos volver otro día – Ofreció Shaolin, a Ggio no le hizo mucho gracia el comentario.
– Siempre serán bienvenidos – Respondió Paulette. Antoine se ofreció a llevarlos pero Ggio rechazó la propuesta, dijo que si los veían llegar con él seguramente les castigarían, al final se fueron ocultos en un camión y llegaron llenos de heno.
– Tú y tus grandes ideas – Protestó Shaolin mientras se escabullían por uno de los jardines laterales del castillo.
– Solo me preocupo por nosotros, para empezar no debimos ir hasta Noyers – Ggio miraba alrededor como temiendo que alguien los descubriera.
– Aquella señora estaba muy triste – Comentó Shaolin – Creo que su hijo murió o algo así, por eso se siente tan sola, trataré de visitarla otro día, no tienes que acompañarme si no quieres.
– Te acompañaré aunque no quieras – Replicó Ggio – No puedo dejar que vayas sola por ahí, metiéndote en problemas – Shaolin sonrió. Se escabulleron a la cada principal de la villa Feng, notaron que había demasiado movimiento y aún no era la hora de la cena.
– Ustedes dos, ¿En dónde estaban? – Les regañó su tío Wei, Ggio dio un brinco del susto.
– Fuimos a dar un paseo por las colinas y no nos dimos cuenta lo tarde que era – Shaolin se apresuró a responder, realmente sonó convincente.
– La señora Sui se puso muy mal a media mañana, los médicos sugirieron llevarla a un hospital pero el señor Hao se opuso, todos estamos preocupados por su salud… – Shaolin no se quedó a escuchar, se echó a correr esquivando a los demás miembros de la familia hasta llegar a la habitación de su abuela, la encontró muy pálida, recostada en la cama, con los ojos cerrados.
– Esta dormida – La voz de su abuelo la sacó de su estado de conmoción – Ella ha estado bastante enferma pero trataba de aparentar que todo estaba bien para no preocuparnos – Dando suaves palmaditas en uno de los hombros de su nieta – Creo que debemos dejarla descansar.
– Si estaba tan enferma… ¿Por qué no me di cuenta? – Shaolin sollozó, ella de las pocas personas que pasaban más tiempo con su abuela.
– Sui era muy hábil, si ella no quería que supiéramos algo simplemente lo ocultaría, no te culpes por no notarlo – El abuelo Hao lucía cansado, en ese momento Shaolin notó las arrugas que surcaban su rostro – Ve a comer algo, mañana podrás conversar con tu abuela. Shaolin asintió con la cabeza y dejó la habitación. Ver a tantas personas susurrando le ponía los nervios de punta. Aun cuando la comida era buena su apetito se había esfumado así que apenas probó bocado. Dormir tampoco fue sencillo, en sueños veía a su abuela desaparecer en medio de una multitud, dejándola sola. A la mañana el cielo gris no era buena señal. Permaneció de pie por varios minutos frente a la puerta de la habitación, dudando en llamar o no.
– ¿Shaolin? – El abuelo Hao se disponía a salir llevando la bandeja del desayuno – Te ves cansada, pasa, tu abuela quiere conversar contigo – Saliendo de la habitación – Regreso en un rato, Sui.
– Estoy bien, Hao – La abuela Sui estaba semi–sentada en la cama, aún tenía el semblante pálido – Acércate Shaolin – Llamó a su nieta – Pareces triste – Dijo al notar que Shaolin no parecía animarse a decir nada.
– Lo estoy – Dijo Shaolin, en un susurro.
– No me gusta que susurren, aún estoy viva – Bromeó su abuela, mientras le hacía una señal para invitarla a sentarse – Sé que ayer dejaste la villa, ¿Fuiste a pasear con Ggio?
– Fuimos a Noyers, quería visitar a la señora Eleonore – Tomando asiento a un lado de la cama en donde descansaba su abuela.
– ¿Y cómo está todo por allá?
– Como siempre, supongo – Shaolin levantó los hombros, dudaba en contarle lo triste que parecía la señora Eleonore.
– Tal vez deba regañar a Ggio, ustedes son tan jóvenes que deberían ir a la aventura, no pasar días aburridos, siguiendo las normas.
– Ggio me convenció de volver, es muy responsable, soy yo la que a veces toma riesgos innecesarios – Shaolin agachó la cabeza.
– A veces tenemos que tomar decisiones y correr riesgos, no todo en la vida es a lo seguro – La abuela Sui acarició la cabeza de su nieta – Mi pequeña Shaolin, eres como una flor que empieza a desplegar sus pétalos, el viento, la lluvia, el tiempo, sentirán envidia y querrán arrancártelos, incluso algunos se marchitarán en algún momento, pero siempre serás mi adorada Shaolin.
– Abuela…
– Shhh… necesito que me escuches – Suavizando un poco el tono de su voz – Hay alguien que tendrás que conocer, en realidad se suponía que lo conocerías hace mucho pero pasaron algunas cosas, y yo decidí que no te contaría nada hasta que realmente hubiera una fecha exacta pero supongo que me estoy quedando sin tiempo… Shaolin, le pedí a tu abuelo que te dejara decidir y el me prometió que lo haría – Notando la confusión en la mirada de su nieta – Un viejo amigo insistió en fijar un compromiso entre mi única nieta con uno de sus nietos y aunque no estuve del todo de acuerdo tu abuelo aceptó. Es solo una propuesta, si después de conocerlo no te agrada no estás obligada a continuar.
– ¿Quieres que deje mi sueño de convertirme en asistente de la señorita Yoruichi para convertirme en la esposa de alguien? – Shaolin se sentía un poco confundida y molesta.
– El mundo en que se mueven los Shihôn, los Louisenbarn, y muchos otros es muy complicado sobre todo para una mujer, el joven en cuestión no solo tiene buen porte y es bastante apuesto, también tiene un apellido respetable y eso te dará protección, no digo que sea perfecto, es bastante orgulloso y reservado, como su abuelo, pero me gustaría que al menos intentaras conocerlo, ¿Lo harías por mí?
Shaolin permaneció en silencio. Estaba tratando de procesar la información. Las puertas se abrieron y el abuelo Hao entró acompañado de un médico, ella tuvo que salir. Pasó parte de la tarde contemplando la colina de rosas de mayo, sin saber qué hacer. Quiso hablar más con su abuela, pero al parecer su salud estaba muy deteriorada y no le permitieron verla. Fue otra larga noche, cargada de pesadillas. La mañana siguiente volvió a ser gris, mientras recorría los pasillos notó que lucían más vacíos, pero a medida que se acercaba a la habitación de sus abuelos encontraba a más miembros del clan, y pronto notó que estaban llorando: la abuela Sui había muerto mientras dormía, al parecer no sufrió.
Es paradójico como pueden cambiar las personas cuando se enteran de la muerte de alguien más. De pronto, aquellos que solían tener un trato distante con su abuela o incluso aquellos que el algún momento le dijeron cosas hirientes acudieron al velorio y se desvivieron en comentarios melancólicos y sentidos, resaltando las virtudes de Feng Sui, por alguna razón, Shaolin no derramó ni una sola lágrima, ni al recibir la noticia, ni en el velorio ni en el sepelio… así era, la esposa del líder del clan Feng no fue cremada ni sus cenizas llevadas a China, donde reposaban los antiguos líderes del clan familiar, por alguna extraña circunstancia, ella fue sepultada en el camposanto de Noyers. El líder del clan Vega llegó desde China a darle el pésame a su abuelo, incluso los Shihôn enviaron un hermoso arreglo floral y un par de emisarios que estuvieron pendientes por si algo faltara. Feng Hao estuvo bastante reservado y distante, eludió por varios días las reuniones que exigía el líder del clan Vega, el abuelo de Ggio, y los demás miembros del clan Feng, incluso corría el rumor que alguien intentaba contactar a su abuelo desde Japón… a Shaolin todo eso le parecía absurdo, su abuelo sufría, debían darle al menos algo de tiempo para asimilar la pérdida.
Los Vega estaban atrincherados en el lado este de la villa Feng, así que pasarían varios días sin ver a Ggio. Shaolin, al igual que la mayoría de moradores de la villa, dejaba que los días transcurrieran en silencio, a veces contemplaba las rosas de mayo por horas, en los días lluviosos se encerraba en su habitación a intentar leer algo, o hacía excursiones a escondidas al castillo Châteauneuf–en–Auxois hasta una de las torres donde tocaba el piano… a su abuela le gustaba que tocara el piano, así que tocaba deseando que la música llegara hasta el lejano lugar donde ella se encontraba ahora.
"Mi pequeña Shaolin, eres como una flor que empieza a desplegar sus pétalos, el viento, la lluvia, el tiempo, sentirán envidia y querrán arrancártelos".
Aquella tarde el cielo se cargó más de lo normal, las nubes estaban muy densas e incluso se oyeron algunos truenos haciendo estruendo en la distancia. Un joven alto de rasgos asiáticos recorría el castillo, fastidiado por el mal tiempo, hasta que distinguió una silueta femenina escabulléndose a una de las torres. Tras contemplar desde la ventana por varios minutos recordó algo y decidió ir hacia la torre también. Pronto confirmó sus sospechas, mezcladas entre el sonido de los truenos, las gotas de lluvia cayendo, se colaban las melancólicas notas del piano. Con mucho sigilo se acercó hacia aquella puerta entreabierta y miró al interior del salón del piano, quien tocaba era una joven de larga y oscura cabellera, y unos profundos ojos grises. Ciertamente habían pasado algunos años, cuando llegó al castillo con varicela y todos le temían como si tuviera la peste, todos, menos ella. Permaneció oculto, disfrutando de la melodía del piano, recordando las múltiples ocasiones en que ella tocó para él, ese verano fue distinto y único, por eso pidió que le dejaran llevarla con él a China, cuando no estuviera saturado de tutores privados y las exigencias académicas de su padre, podría disfrutar de su compañía y ella tocaría el piano para él, ya no estaría solo… pero las cosas no ocurrieron así. Los Feng se opusieron. Ni siquiera su padre con todo su poder pudo concederle un deseo tan simple.
Volvió a contemplar a la joven. "En las nueve generaciones del clan Feng solo han nacido tres mujeres", le había explicado su padre un día, "Por alguna razón en ese clan predominan los hombres, así que las mujeres Feng son una rareza, hace ya un tiempo atrás, cuando los Shihôn no tenían el liderazgo de la Familia sino los Louisenbarn, un Shihôn desposó a una de las Feng, y su descendencia fue de puros hijos varones, por tres generaciones, nosotros perdimos a los poco herederos varones Louisenbarn en los conflictos bélicos de la época y fue así como los Shihôn se hicieron del liderazgo relegándonos a ser rama secundaria y quitándonos todo lo que nos pertenecía, como este castillo". Las notas del piano se hicieron agudas, como un lamento, una idea empezó a rondar en la cabeza de Cang Du:
"¿Por qué no puedo tenerla?"
Con pasos silenciosos se acercó hasta quedar detrás de la pianista, quien parecía tan sumergida en la música que no se había percatado de su presencia. Percibió una sutil fragancia, como cerezos, y acarició aquella larga cabellera, la música se detuvo súbitamente y la pianista se giró desconcertada, Cang Du percibió el miedo en aquellos ojos grises y dibujó una sonrisa maliciosa en su rostro. Lo que siguió fue un forcejeo seguido de una lucha, donde, como ha ocurrido muchas veces a lo largo de la historia, el grande y fuerte vence al débil y pequeño, se impone la fuerza y la brutalidad sobre la inocencia y pureza. La lluvia caía con intensidad y las gotas de lluvia golpeaban los vidrios de las ventanas, aun cuando ella intentó gritar los truenos y las manos de Cang Du apagaron su voz, hasta que solo se oían los jadeos de aquel ser despreciable que invadía su cuerpo, una y otra vez… extravió la mirada en el techo del salón del piano, y sus ojos se nublaron mientras una lluvia de lágrimas descendía a través de ellos…
"Si esto es lo que los adultos llaman amor, entonces no lo quiero".
Aquella noche y por varias más le fue imposible conciliar el sueño. Ya no eran solo la pesadillas de su abuela alejándose y dejándola sola, ahora aquel monstruo también le atormentaba en sueños. Salió por la mañana a ayudar a las mujeres del clan, esposas todas, con las labores de limpieza de los canales que llevaban agua a los sembríos y la colina de rosas de mayo, las fuertes lluvias habían llevado lodo y maleza y fue realmente agotador limpiarlos. Algunas mujeres conversaban y hacían bromas, pero Shaolin simplemente se sentía incapaz de hablar con alguien o sonreír. Al volver al final del día, estaban todas cubiertas de maleza y lodo y encima empapadas pues una fuerte lluvia las sorprendió en la entrada de la villa. La mayoría de mujeres se echó a correr hacia la seguridad de sus casas, pero Shaolin continuó caminando, lentamente, para cuando llegó a la casa de su abuelo era un completo desastre. Una de sus tías se apiadó de ella y le preparó el baño, al salir se sentó frente al espejo y solo entonces notó su terrible aspecto. Profundas ojeras resaltaban más su mirada entristecida, la palidez de su piel le daban un aire fantasmal y su largo cabello… el recuerdo de lo ocurrido días atrás le asaltó, dejó de peinar su cabello y buscó con desesperación en los cajones de su habitación hasta que finalmente encontró unas tijeras y sin dudar cortó por mechones lo que fuera la envidia de muchas mujeres en la villa, y mientras se iba deshaciendo de cada mechón, una sensación de liberación la invadió: era hora de dejar el pasado y las lamentaciones atrás, su yo débil tenía que irse, era hora de empezar a tomar sus propias decisiones.
Su repentino cambio generó algo de revuelo en la villa, empezó a entrenar con los miembros masculinos de clan y a pedir que dejaran de llamarle "Shaolin", la mayoría asumió que tal vez el dolor de haber perdido a su abuela estaba causando estragos pero que tarde o temprano se cansaría de todo aquel absurdo y volvería a ser la misma joven entusiasta que tocaba el piano y estudiaba cosas.
Una mañana, mientras ayudaba a recoger la mesa tras el desayuno oyó una conversación en la cocina:
– ¿Es en serio? – Preguntaba la encargada de lavar los trastos.
– Si, me lo comentó el panadero, la señora La Ferrec, la chelista, se suicidó – Respondió otra mujer, que estaba acomodando las verduras traídas del mercado.
– ¡Qué horror! – Se persignó la mujer antes de volver la mirada al fregadero – Supe que un hombre le quitó a su hijo y desde entonces pasaba muchas horas ebria la pobre.
– No era cualquier hombre, al parecer ella era amante de un millonario japonés… creo que se apellidaba Kuchiski o algo así – Bajando un poco el tono de voz – El panadero también me dijo que la entierran hoy en el camposanto de Noyers…
– ¡Dejen de parlotear! – La esposa del tío Wei entró a la cocina a poner orden – Ese tipo de cosas ocurren cuando las mujeres no respetan las reglas, las mujeres deberían casarse antes de pensar en traer hijos al mundo, nuestro clan nunca ha tenido ese tipo de problemas, así que dejen de esparcir chismes innecesarios y vuelvan a sus labores.
La cocina quedó en silencio y cada una se avocó a lo suyo. Shaolin se escabulló hasta su habitación para tomar una capa para protegerse de la lluvia y salió rumbo a la colina de rosas de mayo. Tardó un poco en encontrar las de tono gris, a la señora Eleonore le gustaban las de ese color, justo al final de la colina había un desfiladero, notó que algunas rosas de mayo estaban brotando en aquel agreste lugar, seguramente el viento y la lluvia habrían llevado las semillas hasta allí. Una vez armado el ramo emprendió el camino, a pesar de la distancia sintió que podría llegar a pie. Tuvo que hacer un pausa a unos kilómetros por la lluvia, una vez amainó reanudó el camino, es curioso la poca gente que se anima a salir de sus casas en días lluviosos. El camposanto parecía más lúgubre de lo habitual, con el cielo nublado y todo el silencio, se preguntó si tal vez el cortejo fúnebre se habría marchado ya, sería más difícil para ella dar con la tumba de la señora Eleonore. Estaba pensando en ello cuando la lluvia empezó a caer nuevamente, con bastante fuerza, aceleró el paso por un sendero empedrado que llevaba a un sendero de árboles, buscaría refugio bajo alguno de ellos, cuando vio a un hombre joven vestido de negro correr hasta quedar bajo un gran roble, se acercó asumiendo que tal vez sabría dónde estaba la tumba de la señora La Ferrec, pero se detuvo al notar que él estaba sollozando como un niño pequeño, con la frente apoyada en el tronco de aquel árbol, su corazón le dio un vuelco en el pecho.
– ¿Duele mucho? – Finalmente se animó a hablarle, en cierto modo el dolor de aquel joven le recordaba su propio dolor – ¿Como si quisieras que alguien te arrancara el corazón y lo tirara lejos?
– Quiero estar solo – Respondió él, y su tono de voz se le hizo familiar.
"Me llamo Byakuya La Fer… Kuchiki. Ahora que sabes mi nombre ya no soy un extraño ¿Vale?"
"No te estaba espiando, señor enojón"
– La muerte es parte de la vida – Le dijo, de pronto sintió pena, así que él era el hijo de Eleonore, qué pequeño es el mundo – No debemos lamentarnos por quienes no están más en este mundo…
– Lo que dices no tiene sentido… – El joven se volvió para confrontarla, el gris de sus ojos confirmó lo que ya suponía, tenía la mirada tan apagada y triste, tanto como la suya.
– Debemos aprender a recordarlos con alegría – Era paradójico, pero sintió que debía ayudarlo o al menos tratar de consolarlo. Se acercó un poco más para entregarle las rosas de mayo – Nacimos libres, así que no pertenecemos a nadie, no dejemos que nadie decida por nosotros.
Parecía como si el joven intentara decirle algo cuando se oyeron voces de personas acercándose. El joven le dio la espalda para asomarse por el sendero y ella optó por escabullirse para ocultarse tras el tronco de otro roble, escuchó perfectamente cuando los recién llegados pronunciaban "Kuchiki–sama" en un limpio japonés. Pronto se marcharon y ella esperó a que la lluvia terminara de limpiar sus lágrimas.
"Toma, esta flor es del color de tus ojos… Aunque eres enojón haces caras muy graciosas"
– Adiós, Byakuya.
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Si llegaron hasta aquí entenderán porque dudaba tanto en subir el cap.
Muchas gracias a todas :) nos queda un capitulo que como ya saben, será un epílogo/colofón, gracias por acompañarme todos estos meses/años :*
Milly–chan / Maryeli
PD: Empezó una nueva temporada de skating awwww
Subido temporalmente 26/07/2018, resubido definitivamente el 12/08/2018 (epa, que el epílogo creo que lo subiré en mi cumpleaños para aprovechar y recibir sus saludos jijijijiji)
:P
