La verdadera historia de Candy White

(Capitulo 28)

Michigan, 'en la casita del bosque', diciembre 1917.

Albert sale de la casa golpeando la puerta, y dirigiéndose al bosque a pasos rápidos se pone a caminar sin parar hasta llegar delante del lago azul cristalino de Michigan, que en este momento estaba casi congelado por el frio invernal. Lagrimas inadvertidas resbalan por sus mejillas, y llorando como un niño ve desfilar delante del todos sus encuentros con la rubia pecosa: cuando la vio por vez 1era vez casi recién nacida, aquella terrible noche de verano en que su hermana la abandono en una colina para darla en adopción; Su 2do cara a cara, aquella tarde de otoño mágica en que se quedó deslumbrado por la criatura de 6 años de edad que estaba llorando amargamente en 'la colina de Pony'; En el siguiente, la niña, ya más grande se acababa de mudar en la 'mansión de los Leagans' a donde conoció a su sobrino Anthony que sufriría una muerte trágica… Luego en Londres y siendo una adolescente hermosa, la rubia pecosa se enamoraría de Terry Grand chéster, hijo de un duque Ingles quien se convertiría en su amigo y mayor rival; Y finalmente el ultimo, ya toda una enfermera en el 'hospital Santa Bárbara', la joven había capturado nuevamente su corazón mientras los 2 vivían juntos cuando el sufría de amnesia. No cabía duda de que Candy era la 'niña de sus ojos', y sabía que cuando ella se casara con Terry la perdería para siempre. Sintiéndose completamente indefenso, se pone a sollozar incontrolablemente:

'Dios mío, ayúdeme a soportar este dolor…'

Tierno de corazón por naturaleza pero también testarudo, Albert se pone a reflexionar sobre su situación: que ganaba el con arrojarse a los pies de Candy y declararle su amor? Por otro lado le provocaba arrebatársela de los brazos de Terry y secuestrarla de una vez por todas para no dejarla más nunca irse de su lado; Sin embargo su sentido común le recordaba que no él no tenía ningún derecho a exigir nada de ella, pues al abandonarla le había dejado el camino libre y ahora era demasiado tarde para recuperarla. Suspirando se queda mirando el lago como si este tuviese la respuesta que él esperaba, pero lo único que ve desfilar por su mente son gratos recuerdos de todos los momentos vividos con la rubia pecosa en cada etapa de su vida, y como la había visto crecer y desarrollarse lentamente, desde que él era tan solo tan solo un niño de 8 años de edad.

'la he estado cuidando en secreto desde entonces, pero cuando realmente empecé a amarla fue después de nuestro inolvidable encuentro en 'la colina de Pony'…'

Tomando una respiración profunda, el hombre rubio de cabellos largos se encamina lentamente de regreso a la 'casita del bosque': la temperatura había bajado considerablemente y no estaba vestido lo suficientemente bien para protegerse del invierno; Todavía tenía los pensamientos confusos con respecto a Candy y por más que intentara no lograba imaginarse un futuro sin ella.

'Sin embargo tengo que dejarla ir… Por lo menos sé que está en buenas manos junto a Terry aunque me duela admitirlo… Es un buen muchacho y cuidara muy bien de mi rubia pecosa…'

Secándose las lágrimas que están resbalando incontrolablemente por sus mejillas, Albert abre la puerta de la entrada principal y sube a refugiarse a su habitación pero al entrar en ella su mirada cae en la de un sobre depositado en su cama, y avanzando con curiosidad lo abre para leer lo que contiene la carta:

Querido Albert,

Te extrañara recibir una carta mía, pero no pude contenerme: he decidido venirme a vivir a América con la intención de estar a tu lado, después de varios años viviendo en África. He estado pensando mucho en nuestra bella relación amical mientras trabajabas conmigo, y he añorado tanto estos tiempos de aquel entonces…

Espero que te alegre aquella noticia pues yo a ti nunca te olvide y siempre guarde la ilusión dentro de mí de que nuestros caminos se cruzaran nuevamente; Pienso tomarme el 1er barco transatlántico esta misma manana y con un poco de suerte estaré llegando a los Estados Unidos a finales del mes. Ojala te llegue mi carta a tiempo y puedas recibirme con los brazos abiertos después de casi 1 año y medio que no nos vemos. Con estas palabras me despido de ti afectuosamente, y muy feliz de volver a verte!

Con mucho cariño,

Rose Wood.

Cerrando el sobre cuidadosamente, Albert se queda reflexionando sobre aquella carta: Rose Wood era una veterinaria Británica que había conocido mientras trabajaba como voluntario antes de que estallara la guerra y los 2 se habían hecho muy buenos amigos, y a pesar de que él siempre tuvo el presentimiento de que ella quería que llegaran más lejos su corazón ya pertenecía a Candy. El repentino toque de su puerta lo saca de su ensueño, y al ver entrar al mayordomo, exclama:

"George! Acaso fuiste tú el que me dejo este sobre en mi cama?"

"Acaso vive alguien más con nosotros? Claro que fui yo: la trajo el hombre del correo esta mañana, pero como estaba haciendo diligencias para la señora Elroy no pude entregártela antes, pero porque te has puesto tan pálido? Acaso se trata de una carta de la señorita Candy White Andry?

"No se trata de ella sino de una mujer que conocí mientras trabaje en África: su nombre es Rose Wood y es una veterinaria Británica muy amiga mía. En la carta que me escribe dice que viene a trasladarse a los Estados Unidos y quiere verme absolutamente."

"Entiendo y perdona mi curiosidad, pero y que pasara ahora con Candy si se entera de que andas con otra?" Continúa el mayordomo clavándole la mirada.

"Pues esto a Candy no tiene por qué importarle ya que ella se decidió por otro hombre." Declara Albert fríamente.

"No entiendo a qué te refieres."

"Pues acá tienes la respuesta." Le dice el hombre rubio de cabellos largos entregándole el periódico del día.

Al leer el contenido del artículo a George se le va todo el color de la cara: "no lo puedo creer! Pero si parecía tan enamorada de ti!"

"Pues como puedes ver las apariencias engañan!" Explota Albert exasperado.

"Debe de haber una confusión en todo esto." Continúa el mayordomo sin darse por vencido.

"Los periódicos no mienten George! Candy eligió a Terry y la boda entre ellos se realizara a finales de mes."

"Que terrible debes sentirte amigo! Lo siento muchísimo por ti, y si hay algo que pueda hacer dímelo."

"No hay nada que puedas hacer. Acepte mi destino y seguiré mi camino sin ella sea como sea aunque me resulte difícil."

"Ya verás que con el tiempo las heridas se curan: yo soy testigo de ello pues tengo la experiencia suficiente después de haber perdido a 2 mujeres." Declara George con tristeza.

"A Patty todavía la tienes ya que ella está sola y no se casa con nadie. Sin embargo yo a Candy la perdí para siempre."

"No necesariamente. Puede que ella cambie de parecer en el último momento y se suspenda la boda: he oído de casos en donde a la novia le da pánico y desiste en el último momento." Insiste el mayordomo.

"Por favor George no me vengas con bobadas! Estas cosas solo ocurren en las novelas pero la realidad es otra." Le contesta Albert con terquedad.

"Pues yo en tu lugar impediría esta boda a toda costa: presiento que Candy te ama profundamente y que solo se decidió por Terry por desesperación."

"Esto mismo dijo la tía abuela pero no lo creo. Una mujer que de verdad ama no se comporta de esa manera."

"Y que sabes tú de lo que pasa por la cabeza de una mujer? Somos hombres y es evidente de que actuamos de manera bien distinta a ellas."

"Y desde cuando te has vuelto un experto con las mujeres?" Le pregunta Albert arqueando las cejas.

"Soy mayor que tú y tengo más experiencia." Le contesta George cortante.

"Pues que yo sepa no has estado con nadie más que con Patty ya que mi hermana nunca te correspondió, o me equivoco?"

"Estas en todo lo correcto. Sin embargo mientras Doris y yo éramos amigos íntimos aprendí muchas cosas sobre los sentimientos de una mujer, y por esto se de lo que estoy hablando." Y aclarándose la garganta, el mayordomo prosigue: "una vez tu hermana me pidió que me hiciera pasar por novio suyo para darle celos al que se convertiría en su esposo y acepte; En aquella época ella se sentía muy insegura sobre los sentimientos de Marlon pues no lo conocía bien, y el coqueteaba bastante con las mujeres."

"En serio?! Pero si Marlon y mi hermana eran la pareja ideal!" Exclama Albert confuso.

"Marlon Brown termino eventualmente enamorándose como un loco de Doris cuando creyó que ella y yo éramos una pareja, y cada vez que nos veía juntos se moría de celos: se le notaba en la manera que nos miraba, así que vez como el plan funciono?"

"Todavía no llego a creer que te prestaras para semejante farsa, tu que amaste tanto a mi hermana!" Exclama el hombre rubio de cabellos largos incrédulo.

"Y justamente por esto lo hice: siempre supe que con Doris no tenía ningún chance, ya que ella solo me veía como a un tierno amigo mientras que mi corazón latía por ella; Tu ventaja es que Candy te ama de verdad, y si acepto su boda de compromiso con Terry fue para que reaccionaras y la busques una vez por todas en vez de esconderte todo el tiempo."

"Pues a mí me parece una manera muy baja de actuar y no caeré en semejante juego!" Exclama Albert enfurecido.

"Que necio eres por dios! Compórtate ya como un hombre y dale la cara a Candy, que por lo menos esto se merece ella después de haberla abandonado como lo hiciste, desapareciendo de su vida sin siquiera despedirte de ella!" Le grita el mayordomo exasperado.

"Le deje una carta escrita antes de marcharme explicándole todo."

"Es la manera más cómoda y conveniente de actuar y deberías avergonzarte de ello. Por favor recapacita ya y vete a verla antes de que sea demasiado tarde, y no eches a perder tu vida de esta manera." Le suplica George desesperado.

A Albert se le forma un nudo en la garganta al ver al mayordomo tan afligido, y acercándose a él le dice: "por favor no te pongas así amigo que no era mi intención traerte tristes recuerdos. Se lo mucho que sufriste en silencio por mi única hermana y entiendo tu dolor. " Y tomando una respiración profunda continua: "Estoy pensando en ir a la boda después de todo lo que me dijiste, pero por ahora no puedo prometerte nada.

"Acepto tu palabra pues no me queda otra. Solo te suplico de que no cometas otras de tus locuras y que pienses bien antes de actuar."

"Te lo prometo George. Siempre te considere como el hermano mayor que nunca tuve, y por esto tus palabras son tan sagradas como la biblia para mí."

"Gracias Albert. Me alegra saber que tengo cierta influencia sobre ti."

"No es de extrañarse que la tía abuela te tenga una confianza absoluta: los 2 piensan de la misma manera en lo que se refiere a mí."

"Y qué piensas hacer con respeto a esa mujer que ahora apareció en tu vida?" Le pregunta el mayordomo, volviendo repentinamente al tema.

"Recibirla como mi invitada especial por un tiempo hasta que encuentre donde alojarse, y luego ya veremos."

"Espero que no estés tramando nada raro Albert?"

"Como qué? Acaso piensas que le quiera dar celos a Candy? Ganas no me faltarían pero no es mi estilo. Rose es solo una buena amiga y nada más."

"Así empezamos tu hermana y yo, hasta que termine enamorándome como un tonto de ella." Insiste George con preocupación.

"Esto no pasara con Rose, tenlo por asegurado. Ella es una mujer muy trabajadora y tiene su encanto pero no es nada romántica y no hay atracción mutual, así que por favor quítame esa cara de sospecha."

"Así lo espero y que dios te escuche." Murmura el mayordomo con poca convicción: presentía que una nube negra se estaba por acercar, y que aquella nueva mujer tenía mucho que ver en ello…

Michigan, 'Hogar de Pony', 23 de diciembre 1917 en la tarde.

Candy y Terry bajan del tren después de un largo viaje desde Chicago, y agarrados de la mano se encaminan hacia el 'Hogar de Pony': hacía ya un buen tiempo que la rubia pecosa no había vuelto al hogar de su infancia, y antes de mandar las invitaciones de su boda con Terry les había escrito una carta larga a la señorita Pony y la hermana María explicándoles todo sobre su noviazgo y el compromiso tan apurados de ellos.

Al ver su colina favorita aproximarse Candy siente su corazón latirle fuertemente, y apretando la mano Terry, exclama con emoción: "por fin llegamos los 2 juntos, tal como lo habíamos soñado unos años atrás!"

"Yo ya vine una vez para buscarte, después de mi largo viaje de Londres sin saber que tú también estabas en América." Recuerda Terry con melancolía.

"Casi nos cruzamos, pero desgraciadamente llegue tarde y tú ya te habías marchado."

"Pero ahora es diferente: por fin podremos vivir juntos y amarnos libremente." Continúa Terry, levantándole el mentón para depositarle un beso en la boca.

"En efecto, pero mejor caminemos rápido que todos deben estar esperándonos." Declara la rubia pecosa, apartándose del abruptamente.

"Tienes razón. Lo que pasa es que me siento tan feliz de que por fin esta noche nos casemos: he añorado tanto este momento, y tan pronto estemos solos para nuestra luna de miel te juro que más nunca te soltare…" Continúa el hombre de cabellos largos oscuros con intensidad.

Candy se siente repentinamente incomoda ante aquella declaración de amor y la posesividad con la cual Terry se expresaba:

'Albert nunca me hubiera hablado de esta manera…'

"Me parece que ya veo a los niños desde abajo. Corramos!" Exclama la rubia pecosa tratando de alejar sus pensamientos oscuros, y acto seguido se echa a correr.

"Espera Candy que vas demasiado rápido para mí!" Grita Terry, tratando en vano de alcanzarla.

"Señorita Pony! Hermana María! Finalmente regrese después de tanto tiempo!" Grita la rubia pecosa con todas sus fuerzas, mientras ve desde lejos a sus 2 mujeres favoritas.

"Candy regreso!" Gritan los niños, reconociendo la larga cabellera rubia de su ídolo, y sin esperar la respuesta de la monja y la anciana se echan a correr hacia la colina.

"Esperen niños!" Gritan las 2 mujeres corriendo detrás de ellos.

La rubia pecosa abraza a los niños a la misma vez mientras estos la bombardean de preguntas, y después de reírse con ellos un rato los deja para correr hacia sus 2 madres postizas.

"Señorita Pony! Hermana María!" Exclama Candy, abrazándolas efusivamente.

"Te has puesto más hermosa que nunca, Candy!" Exclama la anciana, observándola con orgullo.

"Es verdad: estas hecha toda una mujer con tus curvas femeninas y has crecido un poco más." Declara la monja sonriéndole tiernamente.

"Por favor no me hagan sonrojar!"

"Y tu prometido, dónde está?" Continúa la hermana María mirando hacia atrás, y al poco rato ven aparecer al joven de cabellos oscuros largos.

"Acá estoy y con la lengua afuera!" Exclama Terry avanzando hacia las 3 mujeres con las maletas en las manos.

"La maletas! Se me olvidaron con lo emocionada que estaba en volver al 'Hogar de Pony'!" Exclama la rubia pecosa con remordimiento.

"No te preocupes que te entiendo perfectamente. Este sitio tiene un encanto particular y a mí me impacto muchísimo la 1era vez que vine."

"Bienvenido Terry Grand chéster, y felicidades!" Exclama la hermana María estrechándole la mano.

"Nos sentimos muy felices de que nuestra pequeña pecosa lo haya elegido a usted para casarse." Añade la señorita Pony con alegría.

"El que se siente dichoso soy yo, y les juro cuidar muy bien de Candy y hacerla feliz." Declara Terry, pasando su brazo posesivamente alrededor del hombro de la rubia pecosa.

"Hurra! Nuestro jefe se casa!" Gritan los niños en unisón.

"Jefe? Candy?!" Exclama Terry riéndose a carcajadas.

"No te burles, que ellos me toman muy en serio!" Declara la rubia pecosa guiñándole el ojo, y esta vez se ríen todos en unisón.

"Porque no entran a descansar un poco antes de que empiece la ceremonia? Deben de estar agotados." Les sugiere la señorita Pony, haciéndolos pasar.

"Entren ya que la habitación está preparada." Insiste la hermana María, mientras todos se encaminan hasta la puerta de entrada principal.

"Realmente que este es un lugar encantador!" Exclama Terry, admirando cada rincón de la casa.

"Nos alegra saber que se siente tan a gusto en un hogar que muy pronto será también el suyo." Le dice la monja con amabilidad.

"Porque mejor no me tutea? Lo de usted me parece muy distanciado si muy pronto seremos una familia, no cree?"

"El joven tiene razón. Entonces te llamaremos Terry, te parece?" Añade la señorita Pony sonriéndole.

"Me parece muy bien. Quiero agradecerles a ustedes 2 por toda las molestias que se dan, y ya me siento como en mi casa."

"El placer es nuestro, ya que a partir de mañana te convertirás en el esposo de Candy y nos sentimos muy orgullosas de ello." Declara la hermana María, notando lo callada que ha estado la rubia pecosa todo este tiempo; Presentía que algo le ocultaba y estaba esperando el momento oportuno para hablar a solas con ella.

"Les ensenare la habitación ahora mismo para que dejen sus maletas y se refresquen un poco." Les dice la señorita Pony, señalándoles hacia el pasillo trasero.

"Candy se queda conmigo que ella y yo tenemos que hablar." Declara la monja, clavándole una mirada penetrante a la rubia pecosa.

"Entonces te esperare arriba, mi amor." Le dice Terry a Candy, dándole un beso rápido en la mejilla.

"Venga conmigo entonces joven, que esta será un día inolvidable para los 2 y deben de estar bien preparados para la boda." Le dice la señorita Pony guiándolo hacia el pasillo largo.

La hermana María espera pacientemente hasta verlos desaparecer, y volteando la cabeza hacia la rubia pecosa exclama: "ahora quiero que me expliques que clase de circo te traes con Terry, y como es que te vas a casar con el si no lo amas?!"

"Como que yo no lo amo?! Pregunta la rubia pecosa en voz temblorosa.

"La mirada no miente Candy. Podemos fingir con palabras y gestos pero los ojos siempre nos delatan, y tú a este hombre no lo amas." Continúa la monja sin piedad.

"Hermana María, las cosas son más complicadas de lo que se imagina."

"Y por esto estoy esperando que me lo cuentes todo."

Tomando una respiración profunda, Candy comienza: "Terry volvió a parecer en mi vida en un momento en que estaba vulnerable. Después que Albert me abandono me sentí desamparada y ya no me podía concentrar ni en mi propia carrera; Mis notas bajaron considerablemente y ya la vida no daba ningún sentido. Afortunadamente tuve a mi lado a Flanny y a la señorita Marchen para salir adelante, pero el que realmente me devolvió las fuerzas y alegría fue Terry quien estuvo a mi lado todo el tiempo esperando pacientemente a que me recupere de mi dolor, así que no es verdad que ahora yo lo voy a dejar, tal como lo hizo Albert conmigo."

"Comprendo perfectamente tu rencor, sin embargo le harías aún más daño a este joven si te casaras con él por venganza: tu corazón claramente late por Albert y yo siempre lo supe, ya tus ojos brillaban cada vez que lo mencionabas aun cuando me lo negabas. Te conozco como la palma de mi mano Candy y ya sabes que eres la hija que siempre anhele tener, y por esto te pido que por favor me escuches una vez por todas y reflexiones bien antes de dar un paso tan importante. Casarse es algo sagrado y no se puede tomar a la ligera. Eres muy joven todavía y por esto quiero evitar que caigas en desgracia, tal como me paso a mi cuando tenía tu edad…" Le dice la monja al borde de las lágrimas.

"Por favor no se ponga así hermana María. No quise traerle malos recuerdos sobre lo de su hijo, pero mi caso muy diferente al suyo: si Albert realmente me amara hubiera hecho todo por impedir mi boda con Terry pero no lo hizo. El prefirió seguir su camino, sea donde este, así que ahora es mi turno de ser feliz." Le contesta la rubia pecosa con subordinación.

"Y tu tampoco has pensado en cómo se debe de haber sentido Albert al leer los periódicos y enterarse de tu boda con el joven actor Inglés? Acaso removiste cielo y tierra para buscarlo si tanto lo amas? Lo que pasa por la cabeza de cada individuo es bien complejo, y a veces el orgullo puede impedirnos de tomar la decisión adecuada para actuar."

"Entonces que quiere que haga? Acaso pretende que me quede llorando por alguien a quien el orgullo le impidió de luchar por la mujer que supuestamente ama? Pues no lo hare! Yo también tengo mi carácter y si hay alguien que merece mi amor más que nadie es Terry, así que le plazca o no, me convertiré en su esposa." Declara Candy con desafío.

"Si de verdad tienes algo de consciencia no le harías un daño tan grande a Terry. No es justo para nadie pasar a segundo lugar, y si insistes tanto en hacer lo que te plazca prométeme aunque sea hablarlo con el antes de tomar un paso tan drástico como el que estas a punto de hacer: con el amor no se juega Candy, y estoy segura de que Albert, sea donde este, debe sentirse bien herido por la noticia de tu boda con otro."

Candy se queda reflexionando largamente sobre lo que le dice su madre postiza. Para ella había resultado una decisión muy difícil de tomar, y sabía que una vez daba el paso no podía volver atrás. Finalmente agotada de tantas emociones le contesta:

Está bien. Hablare con Terry cuando antes. Gracias por sus consejos hermana María, y ahora me voy a mi habitación a descansar que tengo mucho sueno y quiero dormir un poco antes de tomar mi decisión final."

Y acto seguido, Candy se encamina hacia la habitación que estaría compartiendo con el que sería su futuro esposo si se llegaba a casar.

"Ojala dios te escuche Candy…" Murmura la hermana María a voz baja, mientras se pone a rezar silenciosamente para que el señor guie a su chica favorita.

Michigan, 'en la casita del bosque', 24 de diciembre en la mañana.

Albert ha estado caminando por los alrededores del lago toda la mañana pensando en la manera de impedir a toda costa la boda de Candy con Terry; El 'Hogar de Pony' apenas quedaba a 30 minutos andando, y él conocía el camino de su casa hasta allá hasta con los ojos cerrados: eran tantas las veces que había observado a la rubia pecosa mientras la cuidaba en secreto, y ahora que estaba tan cerca de ella le resultaba casi imposible dar el paso final para rescatarla de las garras de Terry y llevársela junto a él. El ruido fuerte de una bocina de auto lo saca de su ensueño, y desviando su mirada del lago ve correr hacia él a una mujer rubia de cabellos largos y sonrisa radiante. Por un momento piensa que se trata de Candy, pero al verla de cerca, reconoce la cara familiar de Rose Wood.

"Por fin te encontré!" Exclama la mujer rubia tirándose al cuello de Albert.

"Rose! Como hiciste para llegar si yo estaba supuesto buscarte?"

"No pude resistir más y decidí venirme cuanto antes! Te he extrañado tanto!"

"Y cómo es que supiste que estaba en el lago?"

"Fue pura casualidad. Estaba admirando el hermoso paisaje desde la ventana del auto del taxista cuando mi mirada cayo hacia ti, y aquí estoy!"

"Te esperaba bien a finales de este mes. Tenía otros planes y tu llegada súbita me lo ha estropeado todo." Le dice Albert confuso.

"Cualquiera que te oyera hablar diría más bien que mi visita te desagrada muchísimo. Pensé que estarías feliz de verme pero me equivoque. Está bien, entonces me marcho para no molestarte más…"

"Espera Rose, por favor no te vayas así! " Exclama Albert agarrándole el brazo, y con mirada suplicante continua: "perdona por haberte hablado tan friamente, lo que pasa es que yo quería tener la casa bien acomodada para tu llegada, sin embargo ahora la encontraras más bien desordenada para el gusto femenino."

"Que poco me conoces si piensas que me interesan las cosas materiales. He viajado en tantos países diferentes y dormido en tienda de campanas mientras curaba heridos, y tu vienes a hablarme de cosas tan superficiales como lo de la decoración de una casa? Este no es el Albert que conozco: de espíritu aventurero y valiente que no le teme a nada; Aquel hombre que me lleno de valor en los momentos más difíciles de mi vida y al cual llegue a querer mucho en el poco tiempo que nos conocemos, y al que yo vine a buscar con la intención de reanudar la bonita amistad que dejamos atrás…" Declara Rose con lágrimas en los ojos.

"Y esta también es la razón por la cual los 2 siempre nos hemos llevamos tan bien." Le dice Albert limpiándole las lágrimas con los dedos. Y lanzándole una mirada llena de ternura continua: "te suplico que no te marches. He estado esperándote con mucha ilusión y no quisiera que todo se echara a perder por un mal entendido. Te estimo mucho Rose, y nuestra amistad es demasiado importante para mí."

"Si me lo suplicas de esta manera, entonces me quedare." Le contesta Rose, acercándose a él con una mirada llena de anhelo, pero la exclamación repentina de alguien los hace sobresaltar.

"George! Que haces acá?!" Exclama Albert, alejándose abruptamente de Rose.

"Escuche voces y por esto me acerque…" Contesta el mayordomo, como hipnotizado por la aparición de aquella mujer rubia que esta parada junto a Albert.

"Te presento a Rose Wood: ella es la famosa invitada que esperábamos a finales del mes."

"Encantado de conocerle George. Albert me hablo mucho de usted mientras trabajábamos en África y me alegra mucho poder por fin verlo!" Exclama la mujer rubia, caminando hacia el mayordomo para estrecharle las manos.

"El placer es mío." Le contesta George, todavía hipnotizado por ella.

"Pues que les parece si entramos a la casa ya, que hace muchísimo frio y no quisiera que nuestra invitada especial se resfriara." Declara Albert, agarrando a Rose del brazo para guiarla.

"Me parece una idea estupenda!" Exclama Rose entusiasmada.

"Nos puedes preparar te, mientras le enseno su habitación a Rose?" Le ordena Albert a George, confuso por la falta de entusiasmo de su amigo.

"Como deseen." Y sin esperarlos, George se dirige en dirección hacia la 'casita del bosque'.

"Es un poco raro tu mayordomo, no?"

"George es un poco tímido, pero normalmente es más cordial." Murmura Albert frunciendo el ceño.

"No importa. Ya se acostumbrara a mí." Declara Rose meneando la cabeza.

"Mejor apurémonos que oscurece."

Y tratando de alcanzar al mayordomo, Albert y Rose se encaminan detrás del a pasos rápidos.

"Que preciosa y autentica es tu casa Albert!" Exclama Rose al entrar.

"En verdad es muy antigua y perteneció a mis antecedentes Escoceses que llegaron a América el siglo pasado."

"Así que tú también tienes antecedentes Británicos?"

"Como la mayoría de los Norteamericanos."

"Uno de estos días quiero que me cuentes todo sobre tu árbol familiar." Declara Rose entusiasmada.

"Él te ya está listo." Les interrumpe el mayordomo.

"Gracias George. Porque no te unes a nosotros y te tomas también una taza?"

"Muy bien, gracias."

Y agarrando la tetera, George rellena 3 vasos de té y los instala en la tableta que está en la mesa.

"Debes estar bien cansada después de un viaje tan largo en barco. Pienso que deberías dormir un par de horas antes de la cena." Sugiere Albert, señalándole el sofá a Rose.

"Efectivamente estoy bien agotada pero al mismo tiempo súper emocionada de estar en América! Siempre soné con venir a los Estados Unidos."

"Usted es Británica, verdad?" Le pregunta George con curiosidad.

"Soy Inglesa, pero al igual que Albert tengo antecedentes Escoceses. Usted también, me imagino o?" Le pregunta Rose al mayordomo intrigada.

"Mis abuelos maternos eran Franceses, y los paternos Irlandeses."

"Vaya mezcla la suya, pero me imagino que es lo habitual en este continente tan vasto!"

"Así es querida amiga, pero que te parece si te enseno tu habitación mientras George sube tu maleta?"

"Gracias Albert. Creo que te hare caso pues sino me dormiré parada." Murmura Rose bostezando.

"Tu habitación queda en el piso de arriba, justo al lado de la mía." Declara Albert, tomándole el brazo galantemente mientras los 2 suben las escaleras.

"Que hermosa es, y que vista tan estupenda!" Exclama Rose al entrar en la habitación de invitados.

"Era la habitación de mi difunta hermana." Murmura Albert con tristeza.

"Lo siento tanto Albert, y si te causa tristeza puedo dormir en el sofá?"

"Nada de eso amiga. Te quedaras acá pues además te le pareces en mucho sentidos."

"A tu hermana?"

"Doris Brown era rubia y alta como usted." Les interrumpe el mayordomo, apareciendo súbitamente con la maleta.

"Así es, pero lo físico no es el único parentesco: mi hermana era también de espíritu aventurero, y aunque nunca ejercito ninguna profesión, ya que estaba mal visto para la gente de la alta sociedad, sé que le hubiera gustado ser veterinaria o enfermera."

"Recuerdo que me la mencionaste una vez. Es una tragedia que muriera tan joven…" Murmura Rose con simpatía.

"Porque mejor no dejamos dormir a tu amiga y te vienes abajo conmigo Albert, que tú y yo tenemos mucho de qué hablar." Termina George, dirigiéndole una mirada penetrante al hombre rubio de cabellos largos.

"Está bien. Que descanses Rose, y hasta más tarde."

"Gracias a los 2, y prométanme despertarme en un par de horas."

"Se lo prometemos." Le contesta el mayordomo, cerrando la puerta detrás de ella.

"Se puede saber qué es lo que me tienes que decir de tan importante, y porque has estado actuando de manera tan rara desde que llego mi amiga?" Le pregunta Albert al mayordomo, mientras los 2 bajan las escaleras.

"El que exige una explicación soy yo: que te traes tú con esa mujer que es la copia exacta de Candy en unos 10 años?!" Explota George.

"Pero que cosas dices George?! Rose no tiene nada de Candy sino de mi hermana: tú mismo lo dijiste."

" Y los 2 sabemos lo mucho que te recuerda Candy a tu difunta hermana: acaso no te enamoraste de ella por sus mismos ojos verdes?"

"Basta ya de tonterías George, que lo que dices es absurdo!" Exclama Albert exasperado.

"Sabes muy bien que digo la verdad, y por eso quiero que tengas mucho cuidado y no confundas tus sentimientos hacia aquella mujer por el parentesco tan fuerte que le ves con Candy."

"Descuida que eso no pasara. Rose es una mujer hecha y derecha mientras que Candy es solo una adolescente." Declara el hombre rubio de cabellos largos con arrogancia.

"Entonces esto quiere decir que no harás nada para impedir la boda?" Intuye el mayordomo.

"Así es y ya tome mi decisión: Candy White Andy ya es parte de mi pasado, y Rose Wood de mi presente." Declara Albert con firmeza.

"Y no hay nada que pueda hacer yo para que cambies de opinión?"

"No George, y gracias por siempre querer ayudarme, pero yo también soy un hombre hecho y derecho y no pienso volver atrás."

"Ojala sepa lo que haces amigo, pues no quisiera verte sufrir como lo hice yo por tu hermana cuando era joven." Murmura el mayordomo con tristeza.

"Descuida que eso no pasara. Siento que a partir de hoy empieza una nueva etapa de mi vida y para mejor, así que mejor tomémonos otra taza de té mientras preparamos la cena, no te parece?" Le dice Albert, dirigiéndose a la cocina.

"Como quieras amigo." Murmura George, tratando de ignorar las campanas de advertencia que no dejaban de resonar por su cabeza: Albert William Andry, jefe de cabeza de la familia y parte de su responsabilidad en cierto modo, estaba por cometer el error más grave de su vida, y no había nada que el pudiera hacer para impedírselo.

Michigan, 'Hogar de Pony', 24 de diciembre en la tarde.

El cielo ya había oscurecido a pesar de ser solo las 4 de la tarde, y mientras Candy se prueba el vestido de boda siente un gran remordimiento de consciencia. No podía seguir con aquella farsa: Terry no se merecía a una esposa sumita, que por más afecto que le tuviese no lo amaba. Tomando una respiración profunda camina hacia la ventana para abrirla, pero al hacerlo su mirada cae sobre la de Terry elegantemente vestido con su traje de boda, charlando alegremente con los primeros invitados que ya habían llegado.

'Como le digo que no podemos seguir con la boda?'

Como si leyera su pensamiento, el joven de cabellos oscuros largos levanta la cabeza y le dirige una sonrisa llena de ternura. Cerrando la ventana abruptamente, Candy estalla en llantos y se sienta en la cama para pensar; Sabía que tenía que hablar con él cuanto antes y que su noticia le partiría el corazón. Los golpes repentinos de la puerta la hacen sobresaltar, y al ver a Terry entrar a la habitación exclama:

"Como se te ocurrió entrar sin tocar?! Acaso no sabes que trae mala suerte que el novio vea a su prometida con el traje de boda antes de casarse?"

"Estos son solo falsas supersticiones en las que yo no creo." Y mirándola detenidamente continua: "estas más hermosa que nunca, y me siento tan orgulloso de que pronto serás mía…"

"Lo siento mucho Terry, pero yo nunca seré tuya."

"De que estas hablando Candy?"

"Debí ser sincera contigo antes y reconozco que actué mal al dejar que esta farsa llegara tan lejos. No te amo Terry y nunca lo hare por más que pase el tiempo. Perdóname por ser tan franca contigo, pero me parecería cruel convertirme en tu esposa por conveniencia."

"Que es lo que estás diciendo y como te atreves a hacerme esto?!" Grita Terry agarrándola fuertemente.

"Suéltame que me haces daño… Por favor trata de comprenderme Terry. Acaso tú te casarías con Susana amando a otra?"

"Susana nunca hubiera hecho algo tan bajo como tu: ella es demasiado sincera para esto y me ama de verdad… Dios mío, que ciego he sido durante todo este tiempo! Y decir que la abandone por ti, creyendo que todavía tenías algún sentimiento para mí pero me equivoque."

"Yo a ti te estimo muchísimo…"

"Son puras mentiras!" Grita Terry enrabiado.

"Por favor compréndeme…"

"Lo único que comprendo es que te burlaste de mi durante todo este tiempo sin ni siquiera importarte todo lo que deje atrás para ti, y sabes una cosa querida? Albert hizo muy bien en abandonarte, porque eres muy poca mujer para cualquier hombre y solo lo hubieras hecho infeliz y lo que realmente mereces es quedarte sola para el resto de tu vida."

"Por favor no metas a Albert en esto…" Gime Candy al borde de las lágrimas.

"Yo solo digo lo que yo pienso de ti, pues no eres digna de ser feliz." Le responde Terry con crueldad.

"Entiendo tu dolor, y por esto te pido perdón nuevamente."

"No hay perdón que valga con semejante traición, pero por lo menos he finalmente abierto los ojos y siento como si me hubiera despertado después de un largo sueño…Tengo tantas cosas que hacer y ojala no sea demasiado tarde para recuperar a Susana: ella sí que es una mujer bella y noble de sentimientos." Y hablando consigo mismo, Terry continua: "cogeré el tren esta misma noche… No aguanto ni un minuto más tu presencia, y me quiero marchar cuanto antes."

"Por favor no te vayas así..." Gime Candy en voz entrecortada.

"Tú y yo no tenemos nada más que decirnos, así que por favor te pido que te quites de mi camino que quiero empaquetar todas mis cosas." Le dice Terry, apartándola abruptamente del.

Candy se mueve a un lado sintiéndose completamente desamparada: su vida había cambiado para peor y le dolía ver el odio que sentía ahora Terry hacia ella. Llorando silenciosamente se da cuenta de que no solo había perdido al amor de su vida, sino que ahora también a su fiel amigo de adolescencia: Albert y Terry ya no eran parte de su presente, y mucho menos de su futuro…

"Te ayudare a hacer la maleta."

"No es necesario. Y ve a ver cómo le explicas a tus invitados que se cancela la boda."

Tragándose las lágrimas que están por resbalar, la rubia pecosa se arma de valor y abre la puerta para dirigirse hacia la habitación de la hermana María: solo ella entendería su fracaso y sabría cómo consolarla.

Solo en la habitación, Terry se echa a llorar amargamente: había perdido a su gran amor para siempre, y a pesar de odiar a la rubia pecosa en este momento sentía también un gran dolor dentro del: que había hecho el para merecerse tal traición? Él le había regalado su corazón y ella lo había roto en miles de pedazos, y esto era algo que él nunca le perdonaría. Terminando de hacer su maleta, abre la puerta de la habitación, y aprovechando que nadie se encuentra en el pasillo baja las escaleras lentamente y sale por la puerta trasera de la casa sin siquiera voltearse una última vez.

Mientras tanto, Candy que ha entrado en la habitación de la monja sin tocarle se arroja al cuello de esta llorando amargamente.

"Que es lo que paso Candy?" Le pregunta la hermana María, acariciándole los cabellos con dulzura.

"Pasa que soy la mujer más infeliz del mundo…Le he dicho a Terry toda la verdad y que no podía casarme con él sin amarle, pero lo único que hice fue empeorar la situación y él ahora me odia y quiere marcharse hoy mismo… No se imagina lo horrible que fue la discusión que tuvimos y yo me quería morir!" Gime la rubia pecosa, temblando en los brazos de la monja.

"Imagine que algo así ocurriría…" Murmura la monja frunciendo el ceño.

"Entonces porque me aconsejo que lo hiciera?"

"Porque de nada vale vivir en una mentira, por más desagradables que sean las consecuencias."

"Pero lo único que conseguí fue perderlos a los 2, y ahora Terry me odia…" Murmura la rubia pecosa inconsolable.

"Tal vez Terry te odie ahora, pero ya se le pasara. En cuanto a Albert: ya llegara el momento en que tengas que enfrentarlo de una vez por todas para dejar atrás tus dudas sobre lo que realmente sienten el uno por el otro."

"De mi parte no hay duda alguna: Albert es mi gran amor y nunca habrá otro!"

"Eres tan joven y a veces la vida nos lleva por caminos inesperados."

"Que quiere decir con esto hermana María? Acaso piensa que cambie de parecer?"

"No necesariamente, pero solo el destino decide si los 2 están predestinados a reunirse, o si cada uno se enamorara de otra persona."

"Por favor ni lo piense!" Exclama la rubia pecosa sintiendo un escalofrió recorrerle por todo el cuerpo al imaginarse a Albert en brazos de otra mujer.

"Pues puede muy bien pasar. Acaso Albert no es un hombre joven y buenmozo?"

"Por supuesto que lo es y por esto tiemblo de miedo de solo pensarlo!" Exclama la rubia pecosa alarmada.

"Cálmate Candy que tampoco es el fin del mundo y no digo que necesariamente llegue a ocurrir, pero quiero que seas fuerte y estés preparada para cualquier acontecimiento: lo sabré yo más que nadie…" Murmura la monja tristemente.

"Lo dice porque el padre de su bebe nunca la quiso y se aprovechó de usted, verdad?"

"Así es. Tú por lo menos tuviste el amor de Albert en algún momento de tu vida, mientras que a mí nunca me quiso ningún hombre."

"Sin embargo esto no me sirve de ningún consuelo, porque si Albert ya no me ama me convertiré en la mujer más desdichada de por vida…" Murmura la rubia pecosa bajando la cabeza.

Al ver a su chica favorita tan abatida a la hermana María se le hace un nudo en la garganta, sin embargo sabía que tenía que sacar las fuerzas de alguna parte y levantándole el mentón de un golpe le dice: "escúchame bien Candy, quiero que dejes tu lloradera de una vez por todas y empieces a comportarte como una adulta. La vida es solo una, y no es verdad que voy a permitir que desperdicies la tuya sufriendo por un amor imposible, así que quiero que a partir de hoy mismo vuelvas a ser la misma joven alegre de antes y te concentres plenamente en tu carrera. Ya llegara el momento adecuado en que te cases por amor, pero ahora debes alzar la cabeza y seguir tu camino, me oíste?"

"Si hermana María. Pero como darle la cara a todos y decirle que la boda se suspendió?"

"No te preocupes que yo me ocupare de esto. Regresa a tu habitación y ve a ver si logras despedirte de Terry en buenos términos."

"Así lo hare, y gracias por siempre darme las fuerzas cuando la necesito, hermana María."

"Yo siempre te las daré Candy."

"Lo sé, y por esto me siento tan dichosa de tenerla."

Y saliendo de la habitación de la monja, Candy se dirige hacia la suya, ansiosa de encontrarse nuevamente frente a Terry. Sin embargo al abrir su puerta se da cuenta de que ya es demasiado tarde: el joven de cabellos oscuros largos se ha marchado ya, sin siquiera despedirse de ella ni de nadie, y sintiendo un nudo formársele en la garganta se tira en la cama a llorar nuevamente:

'Adiós para siempre mi tierno amor de adolescencia, y ojala me puedas perdonar alguna vez…'

Michigan, 'en la casita del bosque', 25 de diciembre en la tarde.

Albert, George y Rose están reunidos en el salón entregándose regalos de navidad, y mientras todos comentan sobre lo hermoso que esta el árbol de navidad este ano oyen a alguien tocar la puerta.

"Iré a ver quién es." Declara el mayordomo levantándose del sofá para abrir."

"Buenas tardes George y feliz navidad."

"Señora Elroy!"

"Sé que no esperaban mi visita tan inoportuna, pero vengo a hablar con mi sobrino." Continúa la anciana, entrando apresuradamente.

"Tía abuela! Que alegría verla, y perdone que no la haya invitado antes, pero es que he tenido una visita inesperada." Declara Albert, presentándole a la mujer rubia que esta parada junto a él.

"Me puedes explicar que significa esto Albert?!" Exclama la señora Elroy sin quitarle la mirada de encima a la extraña.

"Te presento a Rose Wood. Ella trabajo conmigo mientras estuve en África y siempre quiso venir a los Estados Unidos."

"Encantada de conocerla señora. Albert me ha hablado mucho de usted." Le dice la desconocida, acercándose hacia la anciana para estrecharle las manos.

"El placer es el mío." Y volteando la cabeza hacia el hombre rubio de cabellos largos, continua: "necesito hablar contigo urgentemente, y a solas."

"Subamos entonces a mi habitación."

"volveré en un par de minutos." Les dice Albert a George y Rose antes de alejarse.

Subiendo las escaleras a pasos rápidos, Albert y la señora Elroy se encaminan hacia la habitación más lejana, y haciéndola pasar, el hombre de cabellos rubio le pregunta:

"Que es de tan importante que tiene que decirme?"

Sacando un periódico de su bolsillo, la anciana se lo entrega y espera su reacción.

Albert abre los ojos en grande al leer la página principal del periódico:

Ha sido anulada la boda de TERRY GRANDCHESTER, estrella Inglesa más destacada del país, después de que su prometida, CANDY WHITE ANDRY lo abandono en el altar. Se rumora de que la joven novia este en un romance prohibido con algún admirador secreto. La terrible noticia ha dejado a toda la comunidad del 'Hogar de Pony' tristes y sorprendidos y como conclusión la reclusión total del joven actor de la compañía de 'Strahtford'; Por otro lado, otra estrella de teatro que ha estado brillando últimamente es la joven SUSANA MARLOWE, junto a su nueva pareja, un nuevo actor apuesto llamado MARCOS ROBLES.

"No puedo creer lo que estoy leyendo…" Murmura Albert confuso.

"Pues más obvio no podía ser: Candy dejo plantado a Terry por ti!" Declara la anciana con triunfo.

"No necesariamente. Puede simplemente haberse arrepentido de una boda tan precipitada."

"Deja ya de ser tan testarudo y escúchame: Candy se dio cuenta de que no podía seguir con la boda ya que su corazón solo te pertenece a ti."

"Pues en este caso lo siento mucho por ella porque ya es demasiado tarde. Yo ya empecé otro capítulo de mi vida y no pienso volver atrás."

"Con quién? Acaso con esa mujer que está en tu casa?"

"Y porque no? Rose es una buena amiga mía y le tengo mucho aprecio."

"Es demasiado vieja para ti." Insiste la señora Elroy frunciendo el ceño.

"Rose acaba de cumplir los 30 años y yo voy para los 28."

"Y todos sabemos que las mujeres maduran antes que los hombres."

"Con mayor razón para tener el cambio que tanto he buscado."

"No te engañes a ti mismo Albert: lo único que te atrae de aquella mujer es su parecido asombroso con Candy."

"Rose Wood no tiene nada de ella."

"Es la versión madura de Candy y por esto tienes esa fijación con ella." Insiste la anciana.

"Y si así lo fuera qué? Dios me ha dado una segunda oportunidad y no pienso desperdiciarla. Y si me disculpa, tengo una invitada especial esperándome para celebrar la navidad conmigo y con George, así que porque mejor no se une a nosotros?"

"Gracias por tu invitación Albert pero ya tengo otros compromisos familiares. Yo solo vine a abrirte los ojos pero veo que es demasiado tarde, y que el que terminara perjudicado eres tú por testarudo. Feliz navidad y ya sabes dónde encontrarme si cambias de opinión."

"Gracias tía abuela, pero mi decisión ya está tomada: Candy White Andry es parte de mi pasado, y Rose Wood de mi presente."

"No cuentes conmigo para felicitarte: tú ya sabes lo que yo pienso sobre tu relación con esta mujer y lo ridícula que es."

"Mi relación con Rose Wood no tiene nada de ridículo: es pura y amigable."

"Y desprovista de pasión."

"Basta ya, tía abuela! Rose Wood es lo que a mí me conviene por ahora y que no se hable más del asunto!" Exclama Albert exasperado.

"No te preocupes por esto que ya me voy. Dale mis saludos a George, y hasta pronto."

Y sin esperar la respuesta de su sobrino, la señora Elroy sale de 'la casita del bosque' con el alma más abrumada que cuando llego.

Tomando una respiración profunda, Albert se encamina de regreso al salón.

"Donde está la señora Elroy?" Le pregunta George al verlo llegar solo.

"Prefirió regresar a la mansión."

"Que pena, pues yo le tenía un regalito preparado!" Exclama Rose decepcionada.

"Se lo podrás entregar en otra ocasión. Porque mejor no continuamos con la entrega de regalos, pues yo todavía no te he dado el tuyo."

Y dirigiéndose al árbol de navidad, Albert saca una cajita envuelta con papel de regalo rojo y se la entrega a Rose: "feliz navidad querida amiga!"

"Gracias Albert. Yo también te traje algo de África y espero que te guste." Le contesta Rose, sacando un paquete envuelto que está escondido detrás del árbol.

Abriendo los regalos al mismo tiempo, Albert descubre un retrato de los 2 tomado en África, y Rose un broche rojo brillante.

"Que hermoso broche me has regalado y pega muy bien con mi abrigo negro!" Exclama ella, estudiando la joya.

"Tu regalo es aún más hermoso que el mío y me trae recuerdos muy gratos de nuestro tiempo en África…" Murmura Albert, lanzándole una mirada profunda.

"Te lo hice con todo mi amor y para que veas lo importante que eres para mí." Le contesta Rose bajando la mirada para esconder su cara colorada.

"Tú también siempre fuiste importante para mí." Le dice Albert, levantándole el mentón dulcemente.

"Lo dices en serio?"

"Por supuesto, y uno de estos días te lo demostrare." Continúa Albert sin quitarle la mirada de encima.

La toz repentina del mayordomo los interrumpe, y desviando la mirada lo ven parado a unos metros de ellos.

"No era mi intención interrumpirles. Prosigan sin mi si prefieren." Declara George, dirigiendo su mirada hacia Rose que sigue sonrojada.

"Nada de eso amigo. Hemos decido pasar las navidades juntos los 3 y así será." Insiste Albert, entregándole el último paquete que sigue escondido detrás del árbol, y guiñándole el ojo continua: "para que puedas seducir a la dama de tu corazón."

George abre el paquete grande envuelto en papel navideño, y al descubrir un traje elegante de azul oscuro exclama: "dios mío esto es demasiado para mí!"

"Te lo mereces amigo, y espero que te sea de buen provecho."

"Albert eres increíble… Muchísimas gracias y casi me avergüenza el regalito tan significante que estoy a punto de entregarte." Y sacando una pequeña caja dorada de su bolsillo, George se la entrega a su amigo humildemente.

"Nada de lo que tú me regalas es insignificante George." Le dice Albert abriendo la caja con curiosidad, y al descubrir un pequeño reloj de cuello con la foto diminutiva de Candy en él, se le llenan los ojos de lágrimas.

"Espero no haberte ofendido?" Le pregunta el mayordomo sin poder contenerse.

"Nada de eso George y es todo lo contrario: me has hecho el hombre más feliz, y nunca olvidare ese gesto tan hermoso."

"Quien es la que está la foto tan diminuta?" Pregunta Rose, tomando el reloj de sus manos para inspeccionarlo mejor.

"Es mi difunta hermana." Le miente Albert, lanzándole una mirada cómplice al mayordomo.

"Así es. Doris siempre fue especial para los 2." Añade George siguiéndole la corriente.

"En este caso debo admitir que es un regalo muy hermoso y particular." Murmura Rose, acercándose a Albert con una mirada llena de intensidad.

"Si me permiten, voy a empezar a servir la cena navideña, y les avisare cuando todo esté listo." Declara el mayordomo dirigiéndose a la cocina.

"Te ayudaremos George. Rose y yo pondremos la mesa, y también el sonógrafo para tener un poco de música navideña."

"Es una excelente idea y así podremos bailar!" Exclama Rose entusiasmada.

"Voy a buscar una botella de vino para el aperitivo." Declara Albert, alejándose súbitamente de ella para dirigirse a la cocina.

"Debes tener cuidado con esta mujer Albert." Le dice el mayordomo al verlo entrar.

"Porque lo dices George?"

"Es obvio de que le gustas: no te ha quitado la mirada de encima desde su llegada, y hace todo por mantenerse cerca de ti."

"Rose es una amiga muy especial para mí por ahora y nada más."

"Que quieres decir con eso?" Le pregunta el mayordomo frunciendo el ceño.

"Que debiste tener más cuidado con tu regalo. Rose es muy intuitiva y no debiste entregármelo delante de ella."

"Era mi manera de decirte que estoy de acuerdo con la señora Elroy y que pienso que tu relación íntima con aquella mujer es ridícula."

"Acaso estuviste espiándonos?"

"Nada de esto pero lo presentí: la señora Elroy y yo pensamos de la misma manera en lo que se refiere a ti, y recuerda que te he visto crecer. Te conozco como la palma de mi mano y se lo mucho que amas a Candy."

"Por esto me regalaste el reloj con el retrato tan diminuto de ella, para que siempre la mantenga presente en mi corazón." Adivina Albert, sintiendo un nudo formársele en la garganta: nunca amaría a otra mujer con la misma intensidad que a Candy, sin embargo había llegado Rose Wood de nuevo en su vida en el momento más inesperado y ya era tiempo que dejara los fantasmas de su pasado atrás.

"Lo hice para que recapacites una vez por todas y termines con esta farsa antes de que sea demasiado tarde. Ten coraje y vete a buscarla ya!" Exclama el mayordomo, sacándolo de su ensueño.

"Lo siento pero yo ya elegí mi camino". Y sacando una botella de vino del armario, Albert sale de la cocina para dirigirse al salón.

"Pensé que te habías olvidado de mí!" Exclama Rose al verlo regresar.

"Veo que ya te ocupaste de la música." Le dice Albert al escuchar el ruido del sonógrafo.

"Tardaste tanto que me canse de esperarte, pero antes de brindar quiero que me dediques un baile." Y acercando sus labios a los del hombre rubio de cabellos largos, Rose lo besa tentativamente tomándolo completamente por sorpresa.

"Disculpa." Continúa ella, bajando la cabeza avergonzada.

"No tienes por qué disculparte si yo también lo quise." Le contesta Albert alargando el beso, pero al escuchar el 'Vals' familiar que tantos recuerdos le traía se aparta abruptamente de ella.

"Discúlpame. Lo que pasa es que aquel 'Vals' me recuerda mucho a mi difunta hermana."

"Porque no eres franco conmigo de una vez por todas y me dices la verdad?"

"Que verdad?" Le Pregunta Albert perplejo.

"Sé perfectamente que la foto diminuta de tu reloj no es tu difunta hermana. Se trata de una antigua novia, verdad?" Continua Rose clavándole una mirada intensa.

"Porque lo dices?"

"No soy ninguna tonta ni nací ayer Albert. Pude intuir que yo no le caigo bien a tu mayordomo que digamos, y que su intención al regalarte aquel retrato era lanzarme una indirecta: él quiere que me marche para así dejarte el camino libre con otra mujer, o te atreverás a negármelo?"

"Y si así lo fuera qué? No tengo ninguna intención en juntarme con otra mujer que no seas tú. Me gustas muchísimo Rose, y si en África fuimos solo amigos las cosas cambiaron desde tu llegada."

"Yo en cambio siempre estuve enamorada de ti." Le confiesa Rose bajando la cabeza.

"Pues ya llego el momento para mí de corresponderte."

Y levantándole el mentón dulcemente, Albert le deposita un beso suave en los labios. Sin embargo al cerrar los ojos lo único que ve es la imagen penetrante de la rubia pecosa a los 6 años de edad, llorando en la colina de Pony una tarde de otoño.

'Podre algún día borrarla de mi corazón? No creo que sea posible pues la tengo tan impregnada dentro de mí ser desde que era un adolescente y nunca hubo otra que ella: aquella niña pecosa de 6 años que vi llorar amargamente una tarde de otoño se convirtió en el ser más importante desde entonces y es la que le ha dado sentido a mi vida. Dios mío, deme fuerzas para continuar mi camino sin ella y quíteme este dolor tan fuerte que siento cada vez que pienso en lo que hubiese podido ser y no pudo ser….'

Y alargando el beso, el hombre rubio de cabellos largos concentra toda su atención a la mujer rubia que tenía delante del, tan parecida a Candy y al mismo tiempo tan diferente.

Michigan, 'Mansión de los Leagans', 26 de diciembre en la mañana.

Sentada en el gran salón principal, la señora Elroy no ha podido pegar el ojo en toda la noche, y por más que se esforzara no veía ninguna salida para los 2 seres más importantes de su vida: Candy y Albert. La felicidad de ellos era lo más sagrado para ella y sabía que tenía que tomar la rienda en sus manos antes de que fuera demasiado tarde. Desafortunadamente no era ninguna tarea fácil, ya que su sobrino era un adulto y Candy acaba de cumplir la mayoría de edad. Suspirando se pone a reflexionar sobre como ejercer un plan, pero por más que se esforzara no se le ocurría nada.

'Me estaré poniendo vieja?'

El ruido repentino de la puerta la saca de su ensueño, y caminando hacia ella para abrirla descubre al mayordomo parado delante de ella:

"George! Que hace acá tan temprano?"

"Usted sabe bien que soy madrugador, y además me quede muy preocupado por usted anoche."

"Y si así fuese porque vino a verme justamente ahora?"

"Porque sé que los Leagans nunca bajan antes de las 8 de la mañana y ahora son solo las 6."

Observándolo detenidamente, la señora Elroy le pregunta: "me imagino que adivinara porque me fui tan repentinamente ayer?"

"Así es, y por esto le vengo a proponer un plan."

"Un plan? Y para qué?" Le pregunta la anciana abriendo en grande los ojos.

"Para juntar a su sobrino con Candy por supuesto. Usted y yo pensamos muy parecidamente, y se lo mucho que le desagrada Rose Wood…"

"Por favor no me menciones a esa mujer! Su aparición súbita en la vida de mi sobrino es lo último que me faltaba!" Exclama la señora Elroy enfurecida.

"A mí tampoco me agrada mucho que digamos, y por esto vengo a proponerle que estoy a toda su disposición en lo que concierne a Candy y Albert."

"Porque no me dices que te traes en mente, George?" Continúa la señora Elroy sin poder contener su curiosidad.

"Si me permite usted, quiero que me dé permiso para ir a buscar a Candy al 'Hogar de Pony' y traerla a tiempo para la fiesta del ano nuevo que usted organiza cada año."

"No está nada mala su idea George, de hecho es genial y quiero que la traigas a la mansión mañana mismo, para así darle tiempo de tener una charla intima conmigo." Y mirando al mayordomo con un nuevo interés, continua: "definitivamente usted y yo pensamos igual en lo que concierne Albert. Tienes mi permiso y mi confianza absoluta como siempre y eso sí, ni una palabra de esto a mi sobrino pues es capaz de estropear nuestro plan, y quiero que sea una sorpresa inolvidable para él."

"No se preocupe por esto que soy muy discreto. Sin embargo que haremos con Rose Wood para apartarla del camino?"

"Estoy segura de que cuando Candy reaparezca en su vida, aquella mujer desaparecerá tan pronto como llego."

"Entonces iré al 'Hogar de Pony' temprano en la tarde después de que todos hayan almorzado."

"Me parece muy bien. Así tendré tiempo de tener una charla seria con los Leagans para prepararlos sobre la llegada de Candy White Andry." Declara la señora Elroy, pensando en Ruth y de lo mal que había tratado a su protegida la última vez.

"Me retiro entonces."

"Gracias George. Ahora me siento más tranquila, y de verdad que usted es todo un genio!" Exclama la señora Elroy guiñándole el ojo.

"Que pase un buen día, y gracias por su elogio." Le dice el mayordomo antes de salir.

Después de verlo marchar, la señora Elroy se pone a reflexionar de cómo enfrentaría a su nuera para pedirle su discreción. Justamente como si leyera su mente, Ruth Leagan baja las escaleras en este mismo instante, y al ver a su suegra parada en el salón estremece: era la 1era vez que se encontraba a solas con ella desde aquella pelea del año pasado, y a pesar de haberla evitado a toda costa, sabía que llegaría el momento en que tendría que confrontarla.

"Justamente contigo quería hablar Ruth."

"Que quiere de mi señora Elroy? Acaso tiene alguna queja que darme sobre mi comportamiento?"

"En lo contrario. Tu comportamiento ha sido impecable en lo que se refiere a mi hijo y por esto quiero que sigua así."

"Entonces cual es el problema? Espero que no sea para pelear pues no estoy de humor."

"Yo tampoco quiero pelear contigo. Vengo a hablarte de Candy White Andry."

"Oh? Que pasa con Candy?" Le pregunta Ruth, arqueando las cejas.

"El año pasado la trataste muy mal y no quiero que esto vuelva a ocurrir. Ella también es miembro de esta familia desde que el abuelo Williams decidió adoptarla y la he invitado a pasarse los últimos días navideños en la mansión, así que te advierto Ruth: si llego a enterarme de que la lastimas te la veras conmigo, me oíste?! Esa muchacha es lo más sagrado que tengo y por nada del mundo permitiré que la hagas sentir fuera de lugar, entendido?!" Exclama la señora Elroy, lanzándole una mirada de advertencia.

"No se preocupe que esto no ocurrirá. Se perfectamente lo mal que me comporte con ella en todos estos años, así que le doy mi palabra de honor de hacerla sentir a gusto mientras este en la mansión."

"Espero que estés diciéndome la verdad y que no sea otra de tus trampas Ruth."

"Sé que tiene una muy baja opinión de mí y por esto no me sorprende su desconfianza. Sin embargo vivimos bajo el mismo techo y aunque nunca lleguemos a ser amigas o a querernos como nuera y suegra que somos, por lo menos podríamos tratarnos cordialmente en vez de odiarnos, no cree?"

La sorpresa en la cara de la señora Elroy es evidente y por un momento no sabe que decir. Aquella mujer que tenía delante de ella había sido el objeto de su desprecio en tantos años, y su transformación obvia la desconcertaba. Nuera y suegra se miran largamente en total silencio, cada una incómoda en cierta forma. Finalmente es Ruth leagan la que da el 1er paso, y sonriendo tristemente termina: "no se preocupe por Candy, que mantendré mi distancia y hare todo para que se sienta en casa."

"Gracias Ruth."

Por un momento las 2 mujeres titubean sin saber cómo proseguir. Afortunadamente en este preciso instante Robert Leagan baja las escaleras sorprendido, pues era la 1era vez que presenciaba tanta paz entre su esposa y su madre. Encogiéndose de los hombros se acerca a ellas y exclama:

"Buenos días mama!"

"Buenas días hijo. Justamente Ruth y yo estábamos hablando de una invitada muy especial que vendrá a pasarse el resto de las navidades con nosotras."

"Ah sí? Y de quien se trata?"

"De Candy White Andry."

"Candy vendrá? Qué bien!" Exclama Robert, dirigiéndole una mirada interrogativa a su esposa.

"Los dejare solos pues quiero recostarme un poco a descansar ya que anoche dormí muy mal." Declara la señora Elroy alejándose de ellos.

"Acaso te sientes mal, mama?"

"Solo tengo sueno no te preocupes."

Robert espera hasta ver su madre desaparecer antes de proseguir con su esposa: "se puede saber qué es lo que está pasando entre mi madre y tú? Acaso han hecho las paces?"

Riéndose amargamente Ruth le contesta: "esto nunca ocurrirá mientras yo viva. Tu madre no puede ni verme en pintura, y si fue cordial conmigo hoy era para asegurarse de que no le haga daño a su protegida."

"Qué pena pues mama siempre quiso tener una hija, y yo siempre tuve la ilusión de que al casarme contigo te convertirías automáticamente en la hija que nunca tuvo."

"Puede que sea así, pero tu madre me desprecio desde el 1er día en que me vio llegar a la mansión y nunca me dio un chance para redimirme." Le dice Ruth tristemente.

"Nunca es demasiado tarde para ello, y ahora que has madurado tanto estoy seguro de que te dará un chance para conocerte mejor." Le contesta Robert tratando de alentarla.

"Hablas como si tuviera 15 años de edad, y sin embargo ya pase los 40ta."

"Nunca es demasiado tarde para madurar, y tú eres el ejemplo ideal cariño!" Exclama Robert guiñándole el ojo.

"Por favor, no me hagas sonrojar!"

"A veces pareces la misma jovencita de la que me enamore como un loco años atrás!"

Y levantándole el mentón, Robert le planta un beso suave en la boca a su esposa.

"Debo de admitir que tú tampoco has cambiado nada cariño!" Exclama Ruth, guiñándole el ojo de vuelta a su marido.

"Que te parece si desayunamos ya, que me está dando hambre?"

Y acto seguido, los 2 se dirigen a la cocina en busca de comida.

Michigan, 'Hogar de Pony', 27 de diciembre en la mañana.

George baja del auto y se dirige hacia la casa grande de orfanato donde había visto a Candy por 1era vez años atrás, cuando tan solo era una niña de 12 años de edad: ya habían pasado 7 años desde entonces y la joven era toda una mujer. Mientras se dirige hacia el 'Hogar de Pony' siente las miradas curiosas de los niños, y acto seguido los pequeños corren hacia el gritando: "viene usted a buscar nuestro jefe?"

'Jefe?!'

Como si leyera su pensamiento, en este preciso instante ven a la rubia pecosa abrir la puerta del hogar, y al notar al mayordomo parado, exclama sorprendida: "George! Que hace acá?!"

"Perdone mi indiscreción señorita White pero la señora Elroy me mando a buscarla pues la extraña muchísimo y quiere invitarla a pasarse el resto de las navidades junto a ella."

"Acaso la tía abuela está mal de salud?" Pregunta Candy alarmada.

"En lo contrario: a pesar de sus 65 años de edad es más sólida que nunca."

"Entonces cual es el problema?"

"Simplemente quiere tener a su lado a la persona más cercana a ella, y aunque esta no sea la mejor ocasión, dado a su compromiso de boda anulada, la señora Elroy la necesita más que nunca."

"Está bien, acepto por ella aunque este no sea el mejor momento ya que me siento más desamparada que nunca desde que Terry me abandono."

"Acaso tiene sentimientos hacia el?" Le pregunta George, arqueando las cejas.

"No sentimentales, pero lo último que deseaba era lastimar a un amigo íntimo mío." Replica la rubia pecosa tristemente.

"En este caso me parece que lo que usted necesita es desahogarse con la persona más cercana, que es inevitablemente la señora Elroy."

"Pienso que tiene toda la razón George. Por favor deme unos minutos para empaquetar todo, y mientras tanto puede charlar con la señorita Pony y la hermana María."

"El placer será mío. Gracias por aceptar la invitación pues le aseguro que es de mayor importancia para la señora Elroy: ella la quiere más de lo que se imagina."

"Lo sé, y yo también. Por favor pase y siéntase como en su casa."

Y abriendo la puerta de entrada principal, Candy hace pasar al mayordomo.

Al verlo entrar, la hermana María y la señorita Pony exclaman mutuamente: "George que hace usted acá?!"

"Disculpen, que no era mi intención alarmarlas. He venido simplemente a buscar a Candy para pasarse las últimas fiestas navideñas en compañía de la señora Elroy.

"Que le pasa a la señora Elroy? Acaso está enferma?" Pregunta la monja, arqueando las cejas.

"En lo contrario: mi jefa está más saludable que nunca, y por eso requiere la compañía de Candy para las fiestas navideñas."

"Me imagino que habrá leído los periódicos, para darse cuenta de que la boda de Candy fue anulada?"

"Lo sé y lo siento."

"Pienso que la compañía de la señora Elroy le será muy favorable efectivamente: Candy necesita respirar aire fresco y ver otras caras, y mientras permanezca en el 'Hogar de Pony' no se le pasara la tristeza, ni el gran vacío que siente desde que Terry se marchó."

"Me alegra saber que están de acuerdo conmigo. Para Candy, ustedes 2 son las personas más importantes de su infancia y siempre tendrán la última palabra."

"Y usted George es el mayordomo más eficaz e influyente que nuestra rubia pecosa haya tenido!" Exclaman las 2 mujeres en unisón.

20 minutos más tarde, la rubia pecosa aparece con una maleta, y abrazando a sus 2 madres postizas al mismo tiempo les dice: "gracias por siempre estar conmigo en las buenas y en las malas. Adiós y hasta pronto."

"Diviértete un poco que eres demasiado joven para tanta tristeza!" Exclama la señorita Pony guiñándole el ojo.

"Feliz navidad Candy y te queremos mucho!" Exclama la hermana María tratando de contenerse para no llorar. Su chica favorita se marchaba una vez más, dejando un gran vacío en su corazón y como si leyera su pensamiento, la señorita Pony le pasa el brazo en la espalda mientras le murmura suavemente en el oído: "nuestra chica traviesa ya creció y es toda una mujer."

Caminando lentamente, Candy se sube al auto del mayordomo y desde su ventana le dedica una última mirada al hogar de su infancia. El trayecto hacia la mansión se hace más largo que nunca, y cuando finalmente bajan del auto lo 1ero que ven es a la señora Leagan parada delante del portal. Al sentir la mirada de aquella mujer tan odiosa la rubia pecosa siente aprehensión, pero armándose de valor se acerca hacia ella preparándose para lo peor.

"Buenas tardes Candy y bienvenida a la mansión. Buenas tardes a ti también George y por favor pasen." Declara Ruth al verlos llegar y la sorpresa de los 2 es evidente ante la cordialidad de aquella mujer.

"Buenas tardes señora." Balbucea Candy desconcertada.

"Buenas tardes a usted señora Leagan. Se encuentra la señora Elroy?" Le pregunta el mayordomo en voz cortante.

"Por supuesto que sí. Ella está en su habitación descansando y muy ansiosa por ver a Candy." Le contesta Ruth, dirigiendo una mirada amable a la rubia pecosa.

"Muy bien pues subiremos ahora mismo a verla." Le dice George, tomando la maleta de Candy quien lo sigue sintiéndose incomoda ante la repentina amabilidad de la señora Leagan. Se preguntaba si su cordialidad era fingida o ingenua, y como si presintiera su incertitud Ruth declara:

"Candy subirá después de que hable con ella."

George está a punto de argumentar, pero antes la mirada suplicante de Ruth, asiente: "la esperare arriba, señorita White."

Al ver al mayordomo alejarse de ella, la rubia pecosa se queda parada sintiéndose completamente fuera de lugar y sin saber cómo proseguir.

"Por favor relájate Candy que no muerdo."

Y aclarándose la garganta, Ruth continua: "Sé que fui muy injusta contigo en todos esos años y que mi maldad no tiene perdón, y por esto vengo a pedirte disculpas; Obre con crueldad desde que te conocí, haciéndote pasar malos momentos y acusándote injustamente cuando en realidad eras inocente. Mi odio hacia la vida me ciego y me desquite contigo por lo pura que eras, humillándote antes todos y tomando el lado de mis hijos a pesar de las maldades que ellos te hacían pero esto ya termino. Puedes estar tranquila que yo más nunca me cruzare por tu camino, y espero que vengas todas las veces que quieras a visitar a la señora Elroy a la mansión, ya que tu presencia es lo más sagrado para ella, así que por favor sube a verla y disfruta de tus vacaciones de fin de año."

Candy todavía sigue en choque antes aquel cambio inesperado de aquella mujer que le había hecho la vida imposible desde la 1era vez que había puesto los pies en la mansión, y temblando ligeramente le contesta en voz entrecortada: "le agradezco por sus palabras señora Leagan y me siento muy aliviada de oírla hablar así. Sé que debe haberle costado un esfuerzo inhumano pedirme disculpas y enfrentarse a mí de esta manera, así que descuide que yo no le guardo ningún rencor y al contrario la perdono con todo mí ser. Todos cometemos errores, y por esto antes de subir quiero pedirle un favor."

"Un favor? A mí?" Pregunta Ruth sin entender.

"Quiero que me prometa cuidar de Eliza. Ella la necesita más que nunca en este momento de su vida pues está creciendo y se siente muy indecisa sobre su prometido."

"Me avergüenzo de mi misma antes tu bondad Candy, y decir que justamente te preocupas por mi hija quien te ha hecho pasar tantos malos momentos."

"Eliza ya no es la misma de antes y las 2 hemos hecho las paces, así que descuide que yo solo quiero lo mejor para ella y nada más." Insiste la rubia pecosa.

"Te doy mi palabra de honor de que nunca abandonare a ninguno de mis hijos, y que siempre estaré con ellos en las malas y en las buenas. Y por favor ve a reunirte con la señora Elroy, que ella ya debe estar preguntándose porque tardas tanto."

Y alejándose de la rubia pecosa, Ruth se dirige hacia la cocina para empezar con los preparativos de fin de año.

Subiendo las escaleras tentativamente, Candy siente como se le quita un peso de encima: a lo mejor las cosas se resolverían, y el 2018 resultaría más exitoso que el anterior.

"Pensé que nunca vendrías!" Exclama la señora Elroy al verla entrar.

"Perdone mi tardanza, pero es que estaba con la señora Leagan."

"Que quería ella de ti? Acaso te trato mal?"

"En lo contrario: me pidió disculpas por lo cruel que fue conmigo en todos estos años."

"El cambio de Ruth Leagan me ha dejado muy asombrado." Murmura George, que ha estado haciéndole compañía a la anciana hasta que llegara Candy.

"El comportamiento de mi nuera me tiene bastante intrigada." Declara la señora Elroy frunciendo el ceño. Y volteando la cabeza hacia el mayordomo continúa:

"Ya puede retirarse George, y gracias por todo."

"Hasta luego señora Elroy, y bienvenida Candy."

Y acto seguido, George sale de la habitación discretamente.

"Ahora que estamos finalmente a solas quisiera decirte lo feliz que me siento de tenerte de regreso mi querida Candy y lo mucho que me apeno la anulación de tu boda con el joven actor Inglés, aunque era de esperarse."

"Que quiere decir con esto tía abuela?"

"Que es obvio que tu corazón pertenece a otro hombre, o es que me lo vas a negar?"

A Candy se le va todo el color de la cara al oír las palabras verídicas de la anciana, sin embargo no quiere darse por vencida: "no sé a qué se refiere si Terry y yo fuimos novios."

"Durante tu adolescencia, o es que te has olvidado ya de tu pareja del año pasado?"

"Mi pareja del año pasado?" Repite la rubia pecosa fingiendo inocencia.

"El hombre enmascarado que te cautivo tanto y con quien bailaste toda la noche." Le recuerda la anciana clavándole la mirada.

"Ha pasado tanto tiempo que ya casi ni lo recuerdo." Miente la rubia pecosa sonrojando levemente.

"Pues este ano organizare otro baile enmascarado, y quiero que te vuelvas disfrazar de Bella durmiente."

"Otra vez?" Balbucea Candy abriendo en grande los ojos.

"Y porque no? Me divertí muchísimo el año anterior, y algo me dice que tu hombre enmascarado volverá."

La rubia pecosa se pone a temblar ligeramente al recordar su pareja misteriosa de las navidades pasadas por la cual se había sentido tan atraída sin saber porque: que pasaría cuando se encontrara otra vez delante del? Acaso volvería a sentir su corazón latir fuertemente con el mero contacto de su piel?

"No pareces muy entusiasmada con mi propuesta de baile de disfraz." La interrumpe la señora Elroy sacándola de su ensueño.

"Por supuesto que me alegro. Lo que pasa es que me siento un poco angustiada."

"Y eso porque?"

"De volver a verlo sin saber quién es."

"Justamente esto es lo divertido de los bailes enmascarados."

"Supongo que Annie, Archie y Patty también vendrán?" Le pregunta Candy desviando el tema.

"Por supuesto que sí, al igual que los demás invitados del año pasado. Ya verás lo mucho que te divertirás!" Exclama la señora Elroy con un brillo en los ojos, mientras se le formaba un plan en la cabeza de como reunir a su sobrino y su chica favorita: esta vez no fracasaría, y cuando llegara el gran día seria la mujer más feliz del mundo!

Michigan, 'Casita del bosque', 28 de diciembre en la mañana.

Albert abre la puerta de la entrada principal al oír unos golpes repentinos, y al ver a la señora Elroy delante del frunce el ceño: "otra vez usted tía abuela? Si viene a hablarme de Candy no pierda el tiempo conmigo!"

"Es esa la manera de recibir a tu tía?" Le pregunta la anciana cerrando la puerta detrás de ella para que no entre el frio invernal en la casa.

"Buenos días tía abuela y perdone mi brusquedad pero es que no estoy de buen humor."

"Acaso estas solo?" Continua la anciana mirando a su alrededor con curiosidad.

"George salió con Doris a pasear mientras yo trabajaba un poco."

"Pues menos mal porque quería estar a solas contigo."

"Que es lo que está tramando ahora?" Le pregunta el hombre rubio de cabellos largos arqueando las cejas.

"Vine para informarte que este mismo 31 voy a dar una fiesta de disfraz exactamente igual a la del año pasado a la que tú, George y aquella mujer están invitados, y exijo que vengas vestido de hombre enmascarado."

"Ah sí? Y con cual propósito?" Continúa Albert sin quitarle la mirada de encima.

"Porque no hay nada que le cause más placer a una vieja como yo que de ver la juventud bailar con lo romántica que soy, y porque me divertí muchísimo el año pasado."

"Solo por eso?"

"Por supuesto que sí, así que los espero a los 3 para el ano viejo a las 7 de la noche, a cada uno con un disfraz adecuado, y por favor no me defraudas hombre enmascarado." Termina la señora Elroy, lanzándole una mirada penetrante.

"Descuide tía abuela que no la defraudare." Le contesta Albert sonriéndole misteriosamente: presentía de que no era ninguna coincidencia su visita, y algo le decía que tenía todo que ver con Candy White Andry.

'Le seguiré la corriente en su jueguito si esto la complace, y tarde o temprano averiguare que es lo que se trae entre manos….'

Michigan, 'Casita del bosque', 29 de diciembre en la mañana.

Albert abre la puerta de su casa tentativamente, y subiendo las escaleras a pasos lentos se dirige a su habitación cerrando la puerta detrás del cuidadosamente. Se había levantado temprano mientras Rose dormía y George hacia una diligencia para la señora Elroy, y se había ido de compras secretamente. Caminando hacia su cama deposita el paquete que llevaba entre sus manos, y desempaquetándolo se pone a contemplarlo con satisfacción: dentro del se encontraba un traje de Bella durmiente que él había comprado especialmente para Doris Wood, con la intención de que ella pudiera lucirlo para la famosa fiesta del 31 de diciembre organizada en la 'mansión de los Leagans'; Para George había elegido un traje de Robin Hood, que indudablemente lo haría atractivo con sus cabellos negros y el traje azul marino que le había regalado para las navidades. Sonriendo con un nuevo brillo en los ojos se prueba su famoso traje del año pasado, y mientras observa su imagen en el espejo piensa con melancolía en cierta joven rubia pecosa por la cual su corazón no había dejado de latir, y a quien él esperaba volver a ver con gran ansiedad.

'Ojala mi sexto sentido no me falle esta vez….'

Quitándose su traje lo guarda cuidadosamente en el armario, mientras espera con ansiedad la llegada del gran día…

Michigan, 'Mansión de los Leagans', 31 de diciembre en la noche.

Candy baja las escaleras tentativamente al escuchar los músicos tocar 'Vals', y observando a los 1eros invitados que acaban de llegar siente su corazón palpitar con anticipación: acaso en algunos de los disfrazados se encontraría su misterioso hombre enmascarado? Buscándolo con la mirada se dirige hacia la pista de baile, pero al sentir unas manos acariciarle la espalda se queda congelada.

"Buenas noches Bella durmiente… Hace mucho que no nos vemos…."

Volteando la cabeza tentativamente, Candy se queda paralizada al encontrarse frente a frente a su misterioso hombre enmascarado y por un momentole falta la respiración: se veía más alto y atractivo de lo que recordaba a pesar de no verle el rostro, y al sentir su mirada penetrante posarse en todo su cuerpo se pone a temblar.

"Acaso no piensas saludarme, o es que te has olvidado de mí?" Continúa el hombre enmascarado en voz seductora.

"Por supuesto que me acuerdo de usted. Lo que pasa es que estoy sorprendida eso es todo."

"Te he extrañado muchísimo Bella durmiente y quiero que me dediques un baile."

Y sin esperar su respuesta, el hombre enmascarado se la lleva a la pista de baile, y al igual que el año pasado los 2son el centro de atención entre los invitados.

"Te ves más hermosa de lo que te recuerdo."

"Usted también." Murmura la rubia pecosa, apoyando su cabeza en el hombro del y deseando que la noche nunca termine.

La música se vuelve cada vez más lenta, y sin poder contenerse más, el misterioso hombre enmascarado le levanta el mentón a Candy y la besa con toda la fuerza de su ser.

'Esta noche serás mía Candy White Andry, aunque sea por última vez….'

Albert prolonga el beso incapaz de apartarse de la rubia pecosa, pues a pesar del rencor que le tenía su amor por ella era mucho más fuerte; Anhelaba tenerla en sus brazos y acariciar su piel suave. Observándola mejor puede notar lo mucho que ha crecido la niña de sus ojos y que ya era toda una mujer: sus curvas eran más visibles que ano anterior, y sus hermosos bucles brillaban aún más.

'Porque me mirara con tanta intensidad?'

Candy baja la cabeza sintiéndose repentinamente tímida después de aquel beso tan apasionado entre los 2 mientras su corazón late a toda velocidad. Sentía una atracción inexplicable hacia aquel individuo del que desconocía plenamente además de nunca haber visto su rostro, y sin embargo el contacto de su boca en la de ella la había enloquecido por completo. Se preguntaba hasta donde conduciría todo aquello y como terminaría la noche, cuando de repente escucha una voz femenina chillar:

"Que significa esto y porque está usted bailando con mi novio?!" Exclama otra Bella durmiente exactamente igual de rubia como ella, lanzándole una mirada llena de reproche a Candy.

Sin esperar la respuesta de la rubia pecosa, el misterioso hombre enmascarado agarra el brazo de la otra Bella durmiente y se la lleva precipitadamente hacia la puerta principal, desapareciendo en la noche oscura, tal como lo había hecho exactamente un año atrás….

"Espere no se marche otra vez que esta vez me debe una explicación a mí también!" Grita Candy corriendo detrás de ellos para ver si los puede alcanzar, pero al salir con lo único que se encuentra es con la noche helada de invierno y la cruel realidad: el hombre enmascarado ya estaba comprometido, y a pesar de no tener ni la menor idea de quien era aquel individuo se había enamorado como una tonta del.

'Dios mío, como es que pudo ocurrirme esto si yo al único hombre que amo es a Albert?!'

Confusa y dolida de haber sido abandonada otra vez, Candy camina de regreso a la mansión con una nueva determinación: el 1918 sería un buen año para ella pase lo que pase y no permitiría más nunca que alguien le partiera el corazón. A partir de hoy concentraría toda su energía en lo que realmente importaba, su carrera y nada más, y tomando una respiración profunda abre la puerta de entrada principal, y entra decidida a festejar la noche del último día del año 1917….

Por fin otro capítulo terminado después de 3 meses de espera queridos lectores y gracias por toda la paciencia que han tenido en no abandonar esta historia. Me he tardado mucho, y aunque este resulte más largo que los demás espero que lo aprovechen pues ahora si de verdad que se van complicando cada vez más las cosas, como la introducción de un nuevo personaje en mi historia: ROSE WOOD, quien indudablemente se convertirá en la mayor rival de nuestra protagonista quien no solo perdió a TERRY, pero que además está enamorada de 2 hombres a la vez sin saber que se tratan de la misma persona…

En cuanto a ti querida JOSIE, debes haber pensado que abandone mi historia pero no era el caso: he tenido tantos cambios y problemas que ni te imaginas, pero siempre espere el momento adecuado y con gran ansiedad para continuar escribiendo. Te agradezco como siempre por tus largos reviews y espero poder leerte pronto. Adiós y hasta pronto y avísame por favor cuanto te apuntes al FANFICTION lol!

Gracias también a NINA, GUADALUPE, SHEYLLA, MAT, LES y todos los que la leen!

Hasta la próxima!

PS: sé que hoy en día tener 65 años de edad no es nada (piensen solo en HELEN MIRREN o MERRYL STREEP que parecen más bien de 50ta lol!), pero a principios del siglo 20te era considerado mayor, y por esto en mi historia siempre me refiero a la señora ELROY de 'anciana' por más robusta que sea.