La verdadera historia de Candy White

(Capitulo 29)

Michigan, 'Mansión de los Leagans', 31 de diciembre en la noche.

Al ver a la rubia pecosa entrar nuevamente a la mansión, Albert sale del árbol en donde se había escondido con Rose, y sujetándola fuertemente se encamina con ella en dirección hacia la 'casita del bosque'.

"Suéltame ya que me haces daño y soy capaz de gritar!" Exclama Rose tratando en vano de deshacerse de las garras de Albert pero este la aprieta aún más.

"Lo hare cuando dejes de decir semejante mentiras: tú y yo no somos novios ni no seremos, así que no te atrevas nunca más a hacerme otro espectáculo delante de todos me oyes?!"

"Lo dices por la otra Bella durmientea quien besabas con tanto placer no es así? Los sorprendí a los 2, y ahora sé que aquella mujer es la del retrato que está en el pequeño reloj que tu mayordomo te regalo! Lo sé todo y no es verdad que me voy a quedar con los brazos cruzados me oíste?! De mí no se burla nadie, así que ahora mismo me iré a la fiesta a contarles a todos lo bajo que eres!" Grita Rose muriéndose de celos.

"No te atrevas Rose, o sino…"

"O sino qué? Te atreverías a pegarme?"

"A una mujer se le castiga de otra manera."

Y levantándole el mentón, Albert la besa con toda la rabia que siente por dentro hasta dejarla sin aliento. Para Rose sin embargo aquel beso tiene una importancia mayor pues presiente que es el último, y aferrándose a él lo alarga. Finalmente soltándola, el hombre rubio de cabellos largos le dice con victoria: "para que aprendas a no jugar con los hombres."

"Nunca pensé que fueras esta clase de hombre." Le dice Rose, dolida por aquel beso engendrado de la venganza.

"A veces la vida te lleva a circunstancias en la cual el más santo deja de serlo." Le contesta el hombre rubio de cabellos largos con frialdad.

"Porque eres tan cruel conmigo Albert, si yo solo quiero tu amor?"

"Porque no permitiré que le hagas daño a nadie con tus acciones."

"Te refieres a la otra Bella durmienteque besaste en la fiesta con tanta pasión, no es así?"

"A ella no la metas en esto."

"Acaso la amas tanto?"

El silencio de Albert se lo confirma, y sintiendo un nudo formársele en la garganta, Rose se traga su orgullo y continua: "no quisiera que nuestra linda amistad se terminara, pero si deseas que me marche lo hare."

"Pienso que será lo mejor para los 2, después de la manera tan baja en la que te comportaste."

"Me marchare mañana mismo, no te preocupes."

El camino de regreso a 'la casita del bosque' se realiza en pleno silencio: a Rose se le acababa de derrumbar el mundo al perder al único hombre que había amado, y sabía que de ahora en adelante solo le esperaba una vida desprovista de pasión; Albert por otro lado se sentía culpable de que su amiga haya desarrollado sentimientos románticos hacia él pues sabía que no podría corresponderle nunca. Suspirando, mira el cielo nublado que refleja su estado presente.

'Qué manera tan triste de terminar el ano…'

Mientras tanto en la mansión…

Candy que ha estado charlando con sus amigos y fingiendo alegría todo ese tiempo respira de alivio al ver Annie, vestida nuevamente de Julieta irse a la pista de baile con su Romeo Archie: estaba cansada de tantas emociones, y deseaba que la noche terminara ya; Aquella fiesta de disfraz había resultado ser un fracaso en lo que la concertaba, y todavía se sentía confusa por la aparición de la otra Bella durmiente,quien le había arrebatado al Hombre enmascarado antes de que ella pudiese verle el rostro.

"Ya deja de poner esa cara de angustia y mejor cuéntame que es lo que te tormenta amiga." La interrumpe Blanca nieves,sacándola de su ensueño.

"Patty, no sabía que me estabas observando!" Exclama Candy sonrojando levemente.

"Pues no me queda otra, ya que al igual que tú tampoco tengo pareja."

"Estoy segura de que pronto alguien nos sacara a bailar, así que no te preocupes."

"No finjas alegría conmigo Candy. Sé que lo que te atormenta es la aparición de la otra Bella durmiente,quien te arrebato al hombre enmascarado mientras los 2 estaban más encarame lisado que nunca."

"Qué clase de lenguaje es ese Patty por dios!" Exclama la rubia pecosa poniéndose roja como un tomate.

"Es la pura verdad: todo el mundo los vio besarse hasta que aquella mujer los aparto, y luego los 2 desaparecieron en la noche oscura." Continúa la joven de anteojos gruesos.

"Y se marchó sin yo poder verle la cara…" Murmura Candy desconsolada.

"Es una pena que no pudieras alcanzarlos a pesar de haber corrido detrás de ellos, pero con lo oscuro que es el bosque no ha de extrañarse."

"De todas maneras ya no importa pues he tomado una decisión: voy a concentrarme únicamente en terminar bien mis estudios antes de convertirme en una enferma profesional, y si me esfuerzo más, a lo mejor pueda aplicar para la medicina."

"Entonces tampoco no vas a hacer nada por recuperar a Albert, aun habiendo roto tu compromiso con Terry?"

"Estoy cansada de tanto sufrimiento en vano y la hermana María tiene razón: ya aparecerá alguien cuando menos me lo espere."

"Esto a mí me suena muy frio y yo nunca me conformaría con un matrimonio de conveniencia."

"Pues esta es la cruel realidad Patty: no se puede contar con nadie, y lo único importante es valerse por sí mismo en la vida."

"Desde cuando te has vuelto tan cínica Candy?"

"Desde que finalmente abrí los ojos y me di cuenta de que solo los fuertes sobreviven en este mundo, pues ahora soy yo la que no quiere saber de ningún hombre." Declara la rubia pecosa con desafío.

"Y qué pasaría si Albert volviera a reaparecer en tu vida?"

"Pues le diría que ya es demasiado tarde para él."

"No puedo creer lo que estoy oyendo! Tu que decías amarlo tanto!" Exclama Patty incrédula.

"Pues ya se me agoto todo el amor que le tenía y recuerda una cosa amiga: nada es para siempre." Le contesta Candy con amargura.

"Siento interrumpir a unas damas tan bellas como ustedes, pero podría concebirme un baile, Bella durmiente?" Les pregunta un desconocido disfrazado de Robín Hood,apareciendo del nada.

"Acepto el baile, ya que la noche es joven y quiero divertirme un poco!" Exclama la rubia pecosa alejándose de su amiga.

Patty frunce el ceño al ver Candy comportándose de manera tan rara, pero al mismo tiempo la voz del desconocido disfrazado de Robín Hood le resultaba bastante familiar:

'Pero si es George! Y porque estará bailando con Candy y no conmigo?'

Sintiéndose repentinamente celosa, los observa mientras los 2 se mueven al ritmo de la música.

"Quien es el extraño que está bailando con Candy? Acaso será el misterioso hombre enmascaradoque decidió regresar?" Pregunta Annie, apareciendo súbitamente.

"Pero que tonterías dices Annie! Este individuo es más robusto, y hasta diría un poco más alto que el hombre enmascarado que les ha dejado a ustedes las mujeres completamente fascinadas!" Exclama Archie sacudiendo la cabeza.

"En efecto, este no es el hombre enmascarado sino Robín Hood. Y por si no se habían dado cuenta está bailando muy apretadamente con Candy." Añade Patty con recelo.

"Y esto a ti porque te importa?" Le pregunta Archie, arqueando las cejas.

"Por nada. Era solo un comentario." Les miente la joven de anteojos gruesos ruborizando.

Candy observa a su nueva pareja con interés mientras bailan, y se pregunta quién es aquel Robín Hood y que querrá de ella, y como si leyera su pensamiento, este le murmura en el oído: "Candy soy yo, George."

"George?!" Exclama la rubia pecosa sin entender.

"No hable tan fuerte que no quiero que me descubran." Le implora el mayordomo.

"Pero que hace usted disfrazado, y porque está bailando conmigo y no con Patty?"

"Porque tengo algo muy importante que decirle y se trata del misterioso hombre enmascarado: sé quién es, y podría revelarle su identidad ahora mismo si me lo permite."

"Pues lo siento mucho pero esto a mí ya no me interesa, así que guárdese su secreto y mejor vállese a bailar con Patty, que la pobre se ve muy desamparada y ha de sentirse bien sola."

"Pero Candy, es que acaso ni siquiera siente curiosidad por saber quién es? Estoy seguro de que se alegrara cuando se entere." Continúa el mayordomo, perplejo por su indiferencia.

"Escuche bien lo que voy a decirle George: a mí ya no me importa ningún hombre. Lo único que es válido para mí es mi carrera y las buenas amistades que tengo, así que si quiere puede decirle al hombre enmascarado que el ya no me interesa, y mucho menos después de la escena que me hizo su noviecita."

Y apartándose del mayordomo, Candy se aleja del, para reunirse con sus amigos.

George está demasiado confuso para poder reaccionar, y se queda parado durante un largo rato: que era lo que estaba ocurriendo con Candy, y desde cuándo se había vuelto tan cínica? Sintiéndose completamente indeciso, se pone a pensar en cómo le hablaría a Albert sobre el cambio tan radical de la rubia pecosa.

'Acaso la señora Elroy habrá notado algo raro?'

Desviando su mirada, ve a Blanca nieves caminar hacia él: sus miradas se cruzan, y George se da cuenta de que Patty lo ha reconocido.

"Acaso no piensa dedicarme un baile a mí también, Robín Hood?"

"Por supuesto que sí, Blanca nieves."

Y tomándole de la cintura, el mayordomo se la lleva a la pista de baile.

"Que es lo que te traes con mi amiga, George?"

"Acaso estas celosa, jovencita?"

Sonrojando levemente, Patty le contesta desafiante: "y si así fuese qué? Si no te puedo tener, entonces tampoco serás de nadie más."

Riéndose a carcajadas, George le levanta el mentón acercando su cabeza dispuesto a besarla, pero al cruzarse con la mirada desaprobadora de la señora Elroy, que está parada a unos metros de ellos, estremece.

"Que te pasa que te has puesto tan pálido? Parecería como si hubieses visto un fantasma."

"Tengo que irme ya."

Y apartándose de Blanca nieves, Robín Hood corre hacia la puerta de la entrada principal y desaparece, tal como lo había hecho el hombre enmascarado una hora antes.

'No es justo que esto me pase a mí también…..'

Y dirigiéndose hacia donde sirven las bebidas, la joven de anteojos gruesos toma una copa de champagne que le ofrece el camarero, y se lo bebe de un golpe para matar su soledad.

'Esto no me gusta nada…' Observa la señora Elroy meneando la cabeza con inquietud: 1ero su sobrino había desaparecido con aquella mujer indeseable en la noche oscura dejando plantada a Candy, y ahora su mayordomo estaba de romance con Patricia O'Brien a quien le llevaba el doble de su edad.

'Qué manera de terminar el ano es esa? Hablare seriamente con los 2 mañana mismo y los retare severamente.'

Y satisfecha con su plan, se dirige hacia la rubia pecosa con la intención de charlar a solas con ella.

"Que tal esta, tía abuela?" Le pregunta Candy al verla llegar.

"Quisiera hablar contigo y saber cómo te sientes. Te ves más hermosa que nunca con tu traje de Bella durmiente."

"Gracias por el elogio, y también quiero agradecerle por toda la molestia que se dio en organizar la fiesta."

"Fue un placer enorme para mí, pero vengo a hablar de otra cosa contigo."

"Ah sí, y de qué se trata?" Le pregunta la rubia pecosa curiosamente.

"De tu fiasco esta noche con el misterioso hombre enmascarado." Continúa la anciana clavándole la mirada.

"Por favor ni me lo recuerde. Yo ya no quiero saber más nada del, ni de ningún hombre!" Exclama Candy enfurecida.

"Que quieres decir con eso?"

"Que a partir de hoy quiero concentrarme únicamente en mi carrera y nada más."

"Pues esta no es la Candy que conozco: apasionada y romántica en todos los sentidos."

"Lo siento mucho pero esa chica ya no existe. Ahora tiene delante de usted a una mujer hecha y derecha que se cansó de ser un títere para los hombres."

"Me asusta oírte hablar con tanto cinismo Candy y esto no puede seguir así. Te diré ahora mismo quien es el misterioso hombre enmascarado de una vez por todas para que termines con este circo. Su nombre es…"

"Basta ya que no pienso escucharla!" Exclama la rubia pecosa tapándose los oídos, y antes de que la anciana pueda proseguir, sube las escaleras rápidamente para encerrarse a su habitación.

"Candy espera!" Gritan Patty, Annie y Archie corriendo detrás de ella.

La señora Elroy se queda petrificada ante el comportamiento tan extraño de su chica favorita y siente un gran dolor: la culpa la tenía indudablemente Albert por haberla dejado plantada para escaparse con esa mujer, después del escándalo tan grande que había hecho, y más determinada que nunca decide irlos a ver mañana mismo. Ya era tiempo de que pusiera en su lugar a Rose Wood.

El resto de la noche pasa sin mayores eventos: Annie, Archie y Patty logran convencer a la rubia pecosa para que regrese a la fiesta, y finalmente al oír anunciar el sonido de las 12 de la noche los 4 amigos salen al balcón, para poder ver mejor los fuegos artificiales.

"Candy que es lo que te pasa?" Le pregunta Archie, al ver una lagrima resbalar sus mejillas.

"No lo sé. Me siento repentinamente melancólica porque tengo la intuición de que este año será muy diferente a los anteriores, y tengo miedo de lo que me espera."

"No te preocupes amiga que a ti nada malo te va a pasar, y nosotros siempre estaremos a tu lado para alentarte." Añade Annie dulcemente.

"Así es querida, y sabes que puedes contar conmigo para lo que sea." Insiste Patty tratando de alentarla.

"Gracias amigos por las palabras tan reconfortantes, y quiero que sepan que los estimo muchísimo!"

"Y nosotros a ti también te queremos muchísimo Candy!" Exclaman los 3 en unisón, abrazándola fuertemente.

"FELIZ 1918 amigos!"

Ruth y Robert Leagan que han estado bailando toda noche se quedan mirando desde la ventana, la escena encantadora que se estaba desarrollando en la terraza: la amistad de 4 jóvenes que tenían toda una vida por delante.

"Como quisiera tener 20 años otra vez…." Murmura Ruth con envidia.

"Pues físicamente lo pareces." Le dice Robert en voz seductora.

"Acá viene tu madre, así que será mejor que me vaya." Le dice Ruth, apartándose abruptamente del, al ver la señora Elroy caminar hacia ellos: todavía se sentía incomoda ante la presencia de la anciana, y sabía que su cordialidad era fingida.

"No pienso dejarte ir a ninguna parte: ya es hora de que mi madre y tu hagan las paces." Insiste Robert, agarrándole la mano.

"Que tal estas madre? Acaso vienes a desearnos el ano nuevo a mi mujer y a mí?"

"Vengo a desearte un feliz 1918 querido hijo, y a decirte lo orgullosa que me siento de ti!" Exclama la anciana ignorando a su nuera por completo.

"Y a Ruth no vas a desearle un feliz año nuevo acaso, madre?"

Dirigiéndole una mirada llena de frialdad a su nuera, la señora Elroy le dice cortésmente: "Feliz 1918 a ti también Ruth."

"Feliz año para usted también señora Elroy, y gracias por organizar nuevamente una fiesta de disfraz." Le contesta Ruth, abrazándola tentativamente sorprendiéndola, y acto seguido se aleja para reunirse con sus hijos.

"Hubieras podido ser más efusiva con Ruth, madre. Porque la odias tanto?"

"En realidad no la odio, lo que pasa es que hace tantos años que he deseado ponerla en su lugar por su crueldad y malcriadez, y si no lo he hecho es porque no soy su madre: lo que a Ruth le falto fue una mano dura, y solo ella es culpable de que mis nietos crecieron siendo tan malcriados, y ni hablar de lo mucho que maltrato a mi adorada Candy, y esto es algo que nunca le perdonare mientras yo viva." Declara la señora Elroy en voz firme.

"Me entristece mucho oírte hablar de mi esposa con tanto rencor madre, pues mi mayor deseo hubiese sido que la quisieras como la hija que nunca tuviste."

"Pues ve sacándote esa idea de la cabeza hijo que esto nunca ocurrirá: aborrezco la frivolidad, y Ruth no ha hecho otra cosa que pensar en ella y actuar con egoísmo desde que la conozco y si la tolero es por ti, así que siempre la tratare con cordialidad y nada más." Continúa la anciana con frialdad.

Ruth que ha estado más cerca de lo que deseaba escucha las palabras heladas de su suegra y siente una tristeza profunda: había hecho todo redimirse en este ultimo ano, pero la vida no le daba la oportunidad que tanto anhelaba. Tomando una respiración profunda, decide dedicar su atención a sus 2 hijos Eliza y Neil quienes la necesitaban más que nunca; Ella ya les había fallado durante toda su niñez, y por lo menos esperaba poder guiarlos antes de que fuese demasiado tarde.

"Que te pasa mama que estas tan triste?" Le pregunta Eliza, mirándola atentamente.

"Nada me pasa, solo que quiero que me perdonen por haber sido una mala madre en todos esos años." Gime Ruth en voz entrecortada.

"Nada de eso mama. Nosotros fuimos los que te causamos problemas con nuestro mal comportamiento." Continúa Neil cariñosamente.

"Me siento tan orgullosa de lo mucho que han madurado los 2 en tan poco tiempo, y me avergüenzo de lo mucho que tarde." Murmura Ruth bajando la cabeza.

"Algunas personas necesitan más tiempo para madurar mama así que no te aflijas más, y ve el año 1918 como algo positivo." Le dice Eliza tratando de alentarla.

"FELIZ 1918 mama y te queremos mucho!" Exclaman Neil y Eliza abrazándola efusivamente, y al ver a su padre y abuela acercarse continúan:

"FELIZ 1918 para ti también papa, y para usted, tía abuela!"

"FELIZ 1918 para ustedes también mis queridos nietos!"

Sintiéndose fuera de lugar, Ruth Leagan se aleja de ellos y camina hacia las escaleras.

"Ya te vas a acostar mama?" Les preguntan Eliza y Neil en unisón.

"Estoy agotada, así que les deseo a los 2 unas buenas noches y hasta mañana."

"Te alcanzare en unos minutos cariño." Añade Robert, dirigiéndose hacia el bar para servirse más champagne.

"Bueno pues yo también me iré a acostar." Declara la tía abuela bostezando.

"Buenas noches tía abuela y hasta mañana!" Exclaman los 2 hermanos al verla alejarse.

"Que rara esta mama hoy." Declara Eliza, cuando los 2 están solos.

"Es verdad que se veía muy melancólica." Le dice Neil, y frunciendo el ceño continua: "y por cierto donde esta Philip Morgan, que no lo veo por ninguna parte?"

"Se ha ido a viajes de negocios." Le contesta Eliza sonrojando levemente. Ella y su hermano iban disfrazados de príncipe y princesa de la edad media,pero ninguno de los 2 había conseguido pareja en toda la noche.

"Que pena pues estas muy bonita hoy, y Philip Morgan no sabe lo que se está perdiendo."

Al pensar en el apuesto joven de cabellos oscuros rizos a Eliza le da un vuelco el corazón. No había podido sacarlo de su cabeza y lo extrañaba más que nunca; Ella sabía que le era imposible continuar con aquella farsa: hablaría con Philip Morgan de una vez por todas a su llegada, y averiguaría cuáles eran sus verdaderas intenciones hacia ella. Satisfecha con su decisión, le pregunta a su hermano: "Y a ti, que tal te ha estado yendo en la universidad? Has conocido ya a alguna chica especial?"

"No." Le miente Neil, pensando en Jessica Burns a quien no lograba sacar de su cabeza. Desde aquel día en que el, la había salvado de la garras de los 3 estudiantes que querían abusar de ella, los 2 habían empezado a frecuentarse más y habían formado una amistad estrecha. Sin embargo ahora que estaba de vacaciones en su hogar, sentía la ausencia de su amiga más de lo que imaginaba, y aunque le costaba reconocerlo no cabía duda alguna: se había enamorado como un tonto de ella, y era la 1era vez que admiraba plenamente a alguien; Las chicas que había conocido en su pasado habían sido objetos de interés pasajero para él, mientras que la joven de cabellos rojizos y personalidad fuerte había capturado su corazón, y anhelaba estar a su lado y poder sentirla. Desgraciadamente él sabía que ella lo veía como a un amigo nada más, y si sus caminos se habían cruzado era por las circunstancias. Suspirando, se pregunta cómo actuaria la próxima vez que se verían.

'Tengo que comportarme como un hombre y dejar de ser el 'niño mimado' que ella aborrece.'

"Pues no te creo en absoluto, y algo me dice que la que capturo tu corazón debe ser alguien con mucho temperamento!" Exclama Eliza, mirándolo atentamente.

"Pero que cosas inventas ahora hermanita!"

"Te has puesto pálido y esto me lo confirma. Tú no sabes mentir hermanito, así que no me lo niegues pues te conozco bien!" Continúa la joven de cabellos castaños claros, triunfante.

"Está bien, si hay alguien pero ella no me ve como hombre sino como a un niño mimado a quien estuvo ayudando a establecer relaciones en la universidad."

"Pues deberías hacerla cambiar de opinión sobre ti. Es obvio que ya no eres el mismo de antes, y que has madurado muchísimo desde que te fuiste de la mansión."

"Ella no lo ve así: nuestro 1er encuentro empezó en muy malos términos, y ella nunca cambiara su opinión sobre mí." Murmura Neil con resignación.

"Yo en tu lugar lucharía por este amor hermano. Muéstrale tal como eres, y no te des por vencido que estoy segura que cuando te conozca de verdad, terminara también enamorándose de ti."

"Lo dudo mucho: a Jessica Burns le gustan los hombres de personalidad fuerte, y la mía es más bien débil."

"Eso era antes. Has cambiado para mejor en este ultimo ano, y también te has puesto bastante buenmozo." Insiste Eliza guiñándole el ojo.

"Gracias por tus elogios hermana, y ojala tú también encuentres tu camino junto a Philip Morgan."

"Ojala dios te escuche Neil, pues muy pronto tendré que decidirme si habrá boda con él o no."

"Y que paso con tu idea de irte a Inglaterra para ensenar en las escuelas?"

"Todavía sigue en pie, pero lo más importante ahora es ayudar a mama con la situación financiera, y si Philip Morgan es un buen partido, me casare con él."

"Me gustaría poder ayudarte hermana, pero no conozco a ninguna heredera que se quiera casar conmigo."

"No te preocupes Neil que para mí no es ningún sacrificio: amo a Philip con todo mi ser, y mi mayor ilusión es poder convertirme en su esposa cuanto antes, pero tengo mucho miedo de lo que me espera."

"A que te refieres Eliza?" Le pregunta Neil perplejo.

"Si tan solo estuviera segura de que él no está jugando con mis sentimientos me sentiría más tranquila." Murmura Eliza ansiosa.

"Pues averígualo cuanto antes. Debes hablar con él como lo estás haciendo conmigo, y solo así sabrás cuáles son sus verdaderos sentimientos."

"Estoy tan ansiosa de verlo que ya ni puedo dormir…" Suspira Eliza desesperada.

"Tranquila hermana, que algo me dice que este será nuestro ano de suerte." Le dice Neil, tratando de alentarla.

"Gracias hermano, y mi mayor deseo es que empieces bien el ano. Ahora me voy a la terraza para felicitar a mis primos y a Candy." Y agarrando uno de sus abrigos que está colgado en la puerta, Eliza sale afuera a reunirse con los 4 jóvenes que están admirando las estrellas mientras toman champagne.

"Que frio hace afuera, no creen?!" Exclama la joven de cabellos castaños claro, avanzando hacia Archie, Annie, Patty y Candy quienes se quedan estupefactos al notar su presencia.

"Eliza! Que sorpresa! Porque no te juntas a nosotros?" Le pregunta la rubia pecosa con calidez.

"No quisiera molestarlos…" Balbucea Eliza, notando la mirada fría que le dirige su primo.

"Pues ya que estas aquí, porque no te unes a nuestra celebración?" Continúa Archie con cortesía.

"Gracias primo. En verdad solo vine para desearles a todos ustedes un feliz año 1918 y mucho excito en todo. Buenas noches, y sigan celebrando!"

"Espera Eliza, no te vayas que quiero hablar contigo!" La retiene Candy corriendo hacia ella.

"Conmigo?" Le pregunta Eliza y su sorpresa es evidente.

"Volveré dentro de un rato!" Grita la rubia pecosa a sus 3 amigos, y tomando a Eliza de la mano continua: "tu madre al igual que tu está muy cambiada. Me pidió perdón el mismo día que llegue, y todavía estoy alumbrada."

"Ella no es feliz Candy, y creo saber qué es lo que la atormenta."

"Ah sí? Que cosa?" Le pregunta la rubia pecosa con curiosidad.

"Su relación con la tía abuela: las 2 nunca se llevaron bien a pesar de todos los años que han pasado, y pienso que mi madre no estará tranquila hasta hacer las paces con ella."

"Es asombroso todo lo que me dices, pues a tu madre nunca pareció importarle el bienestar de la tía abuela."

"Ella ya no es la misma de antes Candy, y aunque esta no sea una excusa valida: ella tuvo una infancia muy dura, ya que sus propios padres nunca la quisieron y la vendieron en matrimonio cuando todavía era una adolescente!" Exclama Eliza al borde de las lágrimas.

"No tenía ni la menor idea, qué horror!" Exclama Candy estupefacta.

"La única suerte que tuvo sin embargo, es que mi padre siempre la amo a pesar de su mezquindad, aunque pensándolo bien, creo que era todo una máscara de protección para que nadie le hiciera daño y lo logro: a través de los años se convirtió en la señora de la mansión, y en la rival de la tía abuela."

"Lo que me cuentas es alumbrante Eliza, y si hay algo que yo pueda hacer dímelo." Le dice Candy con simpatía.

"Justamente tu eres la persona menos indicada para ello después de todo el daño que te causamos mi madre y yo, así que olvídalo Candy. Yo seré la que hablara con la tía abuela." Y abrazándola efusivamente continua: " gracias por ser como eres Candy, y nunca cambies!"

Y sin esperar la respuesta de la rubia pecosa, Eliza se aleja a pasos rápidos.

'Pobre Eliza….Se veía tan infeliz, y solo quiso compartir sus problemas conmigo….'

"Que es lo que quería mi prima y porque se tardaron tanto?" Exclama Archie, acercándose a Candy.

"Cosas de mujeres." Le contesta la rubia pecosa guiñándole el ojo, y acercándose a Patty y a Annie exclama: "a continuar con el champagne!"

"No te vayas a emborrachar Candy!" Exclama Annie, riéndose a carcajadas.

"Que les parece si pedimos un deseo, tal como lo hicimos las navidades pasadas?" Declara Patty con entusiasmo.

"Excelente idea!" Exclaman todos en unisón, y cerrando los ojos, la rubia pecosa se pone a reflexionar sobre lo que realmente deseaba: encontrar su paz consigo misma una vez por todas, y olvidarse de todos los fantasmas de su pasado….

'Podre algún día sacar a Albert de mi corazón, y olvidar los besos apasionados del hombre enmascarado?'

Michigan, en 'la casita del bosque' tarde en la noche.

Ya eran casi las dos de la madrugada, y a pesar de lo tarde que era, Rose no lograba concebir el sueño: sabía que había perdido al hombre de su vida para siempre, y que mañana todo terminaría. Lagrimas inadvertidas resbalan por sus mejillas al recordar el último beso compartido con Albert, un beso brutal y posesivo, y todavía sentía sus labios calientes en los suyos. Sollozando, se pone a temblar incontrolablemente y se da cuenta de aquello no podía quedarse así: tenía que hablar con el cuanto antes para pedirle perdón y que le diera otra oportunidad, que sin él no podía vivir y que aceptaría ser su amante si él se lo proponía. Sabía que no podía darse el lujo de ser orgullosa si no quería perderlo, y estaba dispuesta a humillarse frente a él.

'Sera mejor que tenga coraje y me levante ya, pues si no lo hago ahora me arrepentiré toda la vida….'

Tomando una respiración profunda, Rose se arma de valor y sale de su habitación para dirigirse a la de Albert, pero al abrir la puerta lo 1ero que ve, es el cuerpo del hombre rubio de cabellos largos que está dormido, y por un momento le falta la respiración: con su torso descubierto parecía un dios griego, y su larga cabellera le daba un aire viril que la hacían temblar. Caminando tentativamente hacia él, siente su corazón latirle fuertemente y las piernas temblarle, y sin poder moverse se queda petrificada.

"Se puede saber qué haces acá, Rose?!" Exclama el hombre rubio de cabellos largos abriendo los ojos repentinamente.

"Por favor no me rechaces Albert y déjame quedarme contigo, te lo suplico."

"Vete a dormir Rose, que tú y yo no tenemos nada más que decirnos."

"Yo a ti te amo, y aunque nunca me correspondas esto a mí no me importa." Continua Rose al borde de las lágrimas.

"Por favor no te humilles más y vete a acostar, o es que quieres que te bese a la fuerza otra vez?!"

Y saltando de la cama de un golpe, Albert avanza hacia Rose y la toma de los hombros, acercando su boca hacia ella para castigarla.

Rose cierra los ojos sumisa y dispuesta a todo por el hombre rubio de cabellos largos. Sin embargo al verla tan vulnerable Albert cambia de parecer, y levantándole el mentón, deposita sus labios suavemente sobre los de ella.

"Porque eres tan dulce conmigo de repente?" Le pregunta Rose, abriendo los ojos.

"No lo sé. Sera porque me recuerdas mucho a mi hermana."

"O a la otra Bella durmientede esta noche no es así? Pues para tu información, no me iré aunque me saques a la fuerza me oíste?! Yo a ti te amo con todas mis fuerzas, y si tengo que compartirte con otra mujer lo hare!" Exclama Rose con pasión.

Albert se queda atónito ante aquella declaración de amor: era la 1era vez que alguien dedicaba tanta devoción hacia él, y sintiendo una repentina ternura hacia aquella mujer, la toma en sus brazos y la deposita en la cama.

"Entonces ya no estás enojado conmigo?" Le pregunta Rose tímidamente.

"No, y mi mayor deseo es que nos olvidemos de lo que paso esta noche, y que empecemos otra vez."

Y recostándose a su lado, Albert le toma la cara y la besa nuevamente: había desarrollado un repentino sentimiento protector hacia Rose, y a pesar de no llegar a amarla nunca con la misma intensidad que a Candy, estaba seguro de que con el tiempo llegaría a quererla lo suficientemente para formar una relación estable con ella. La vida le había dado una segunda oportunidad, y no tenía la intención de desperdiciarla. Después todo, las heridas siempre terminaban curándose.

"Soy la mujer más feliz del mundo a tu lado…" Murmura Rose, recostando su cabeza sobre el torso descubierto de Albert, y al sentir sus manos suaves acariciarle los cabellos se siente en completa éxtasis: su felicidad no podía ser más absoluta, mientras tuviese al hombre rubio de cabellos largos a su lado.

"Porque no tratamos de dormir un poco? Mañana empieza un nuevo año y tengo un día muy largo." Le dice Albert en tono cortante.

"Como quieras…" Le contesta Rose decepcionada: anhelaba tanto sentir su cuerpo en el de ella después del dulce beso compartido, y sin embargo ahora Albert le daba la espalda.

'Ya llegara el momento adecuado…Solo debo tener paciencia, y esperar…'

Michigan, 'mansión de los Leagans', 1ero de enero 1918.

Candy baja las escaleras de la mansión con un ligero dolor de cabeza: había bebido unas cuantas copas de champagne con sus amigos mientras celebraban el ano viejo, y ahora resentía las consecuencias. Caminando hacia el salón ve que todavía está vacío, y decide ir a la cocina en busca de café, pero al abrir la puerta oye voces y escucha el tono frío de la señora Elroy.

"Ya te dije que no me interesan tus disculpas Ruth. Yo a ti nunca te voy a aceptar en esta familia por más que pasen los años, y si te tolero es por mi hijo, así que no pierdas el tiempo conmigo que tu presencia me desagrada profundamente."

"Me entristece mucho ver que a pesar de todo lo que hago por redimirme, usted no me da ni un solo chance para que nos acerquemos. Yo pensé que con el nuevo ano las cosas cambiarían, pero me equivoque…" Murmura Ruth tristemente.

"Yo a ti nunca te voy a querer y para ti no hay perdón que valga, así que sal de mi vista y lárgate de una vez por todas, y déjanos a todos en paz!" Exclama la anciana enfurecida.

"Está bien, no se preocupe que le juro que más nunca me cruzare en su camino, pero tranquilícese que no quiero que por mi culpa se ponga mal. Que pase un buen día."

Y saliendo de la cocina rápidamente para que su suegra no vea las lágrimas que están por brotar de sus ojos, Ruth tropieza con Candy quien ha estado escuchando toda la conversación: sus miradas se cruzan, y al ver la tristeza reflejada en la cara de la señora Leagan, la rubia pecosa siente una profunda pena. Sin embargo antes de que pueda reaccionar, esta se echa a correr.

"Que haces acá Candy?!" Exclama la señora Elroy al verla parada en la entrada de la cocina.

"No pude evitar de escuchar la conversación, y creo que está siendo injusta con la señora Leagan."

"Esa mujer es insoportable, y no ha hecho más que traerme problemas desde que la conozco!" Exclama la anciana exasperada.

"Pues estaba al borde de las lágrimas cuando la vi salir, y se veía muy desconsolada." Insiste la rubia pecosa.

"Estas lagrimas que viste son seguramente fingidas créeme. La conozco bien, y sé que tiene el alma envenenada." Continúa la señora Elroy con rencor.

"Las personas cambian tía abuela, y yo siento que la señora Leagan se arrepiente profundamente de sus errores."

"Pues yo no lo creo, y nunca le perdonare toda la mala energía que trajo a la mansión desde su llegada." Insiste la anciana con subordinación, y Candy se da cuenta de que la relación entre la suegra y la nuera era mucho más compleja de lo que aparentaba.

"Está bien tía abuela, pero no se aflija así. Yo solo vine a desearle un feliz año nuevo, y a buscar café pues me duele un poco la cabeza."

"Me imagino que esto se debe a lo mucho que celebraste anoche con tus amigos verdad? Qué bello es ser joven, y que envidia te tengo mi querida Candy!" Exclama la señora Elroy guiñándole el ojo.

"Por favor no me haga sonrojar!"

"Feliz 1918 para ti cariño, y ojala no tengas que irte muy pronto!" Exclama la señora Elroy abrazándola efusivamente.

"Pues en realidad pensaba cogerme el tren de mañana. Tengo que regresar al hospital antes del 5 de Enero, y quisiera tener unos días para establecerme otra vez a mi rutina diaria."

"Pues en este caso pediré una cena especial para las 2."

"Sin los Leagans?" Pregunta la rubia pecosa asombrada.

"Ellos normalmente cenan afuera con mis nietos en algún restaurante lujoso, así que solo estaremos tu y yo."

"Pues en este caso me alegra tenerla tan solamente para mí, aunque sea una vez al año."

"Entonces que te parece si salimos las 2 ha coger un poco de aire fresco? Me parece que nevó mucho anoche, y quisiera poder visitar el 'jardín de las rosas': aquel lugar me trae tanto recuerdos…"

"Todavía piensa mucho en Anthony, verdad?"

"Era mi nieto favorito y Stear el siguiente, y nunca lograre reponerme de haberlos perdido a los 2…." Declara la anciana al borde de las lágrimas.

"Ni yo tampoco…" Murmura Candy tristemente.

"Pues que te parece si nos hacemos preparar un rico desayuno antes de salir?"

"Me parece una idea estupenda. Gracias tía abuela."

"No tienes por qué agradecerme Candy. Después de todo hoy es tu último día y quiero aprovecharlo a lo máximo contigo, pues a saber cuándo nos volvamos a ver."

"Tratare no dejar pasar mucho tiempo antes de volver, tía abuela. Y si me permite, yo le ayudare a preparar el desayuno."

"Nada de eso. Mejor busca tu abrigo grueso de invierno, y déjalo por mi cuenta."

Y sin perder más tiempo, la señora Elroy se dirige a la cocina para hacer los pedidos.

Después del desayuno que resulta ser bien copioso, Candy y la señora Elroy se encaminan con entusiasmo hacia el 'portal de las rosas': era un día bien soleado a pesar del frio invernal, y las rosas que Anthony había cultivado con tanto amor mientras vivía, estaban más resplandecientes que nunca.

"Las rosas eran toda la pasión de Anthony…" Murmura Candy en voz emotiva.

"Era tu 1er amor verdad?"

La rubia pecosa titubea antes de contestar: la señora Elroy desconocía la existencia del príncipe de la colina, y sin embargo le tenía lo suficientemente confianza para confiarle su secreto.

"En realidad mi 1er amor lo conocí a los 6 años de edad en la colina de Pony: era un adolescente rubio idéntico a Anthony, y por eso cuando lo vi en la 'mansión de los Leagans', 6 años después, me quede muy impresionada."

"Dices que igual a Anthony? Y cuantos años te llevaba aquel chico?"

"Me imagino que había por lo menos 8 años de diferencia entre nosotros, ya que en aquel entonces yo solo era una criatura. Lo que si recuerdo, es que tenía una 'gaita', y que llevaba una falda puesta."

"Gaita? Falda? Te refieres al vestimento Escoces, supongo?" Continúa la señora Elroy, mientras se le forma una idea en la cabeza de quien era el joven en cuestión.

"Así es. Lo que pasa es que en la época no sabía de qué se trataba, pero el príncipe de la colina me lo explico". Continúa Candy, reviviendo el pasado.

"Todavía no has podido olvidarte de tu príncipe de la colina, a pesar de todos los años que han pasado verdad?"

"A veces pienso que es al que más quise de todos."

"Interesante. Pero qué te parece si regresamos a la casa ya, que la temperatura ha bajado bastante y tengo un par de cositas para hacer antes de nuestra cena." Le dice la anciana con un brillo en los ojos.

"Me parece bien, pues yo también tengo que empaquetar mi maleta para mi viaje de mañana."

Y sin perder más tiempo, las 2 mujeres se encaminan brazo en brazo, de regreso a la mansión.

Michigan, 'casita del bosque', temprano en la tarde.

George baja las escaleras a pasos rápidos al oír los fuertes golpes de la puerta de entrada, y al encontrarse frente a frente a la señora Elroy, su sorpresa es evidente: "otra vez usted?"

"Buenas tardes George. Vine a ver a mi sobrino si es que está disponible?" Le dice la anciana entrando en la casa.

"Albert está en su habitación ocupado con…"

"Acaso con aquella mujer que no tiene nada que buscar en esta casa?" Adivina la señora Elroy.

"Así es. Lo siento muchísimo, pero me parece que nuestro plan fracaso."

"No hable tan alto George, que nadie debe de enterarse de nada.

"Discúlpeme."

"En realidad vine a hablar con mi sobrino sobre un tema totalmente diferente, pero usted y yo también tenemos una charla pendiente." Continúa la anciana, fulminándolo de la mirada.

"Entiendo. Si me permite lo buscare yo mismo, y luego estoy a su disposición para lo que me tenga que decir." Le contesta el mayordomo sonrojando levemente, pues tenía una idea de lo que se trataba.

"Me parece que es lo mejor si buscas a mi sobrino inmediatamente, pues si vuelvo a ver a esa mujer a lo mejor me falten modales y me vuelva grosera."

"No hace falta que me busquen ninguno de los 2, que escuche todo y aquí estoy!" Exclama Albert, bajando las escaleras súbitamente.

"Albert! Pero si yo pensé que estabas en tu habitación con Rose!" Exclama el mayordomo nervioso.

"Acaso escuchaste todo lo que hablábamos George y yo?" Continúa la señora Elroy, poniéndose pálida.

"Todo, y sé que usted es la que planeo la estadía de Candy a la mansión, tía abuela."

"La señora Elroy no tiene nada que ver en eso: la idea fue únicamente mía y yo asumo la responsabilidad." Declara el mayordomo en voz firme.

"Así que tú también estas metido en esto? Debí de imaginármelo!" Exclama el hombre rubio de cabellos largos, enfurecido.

"Por favor trata de entendernos sobrino: esa mujer que tienes viviendo contigo no te conviene."

"Su nombre es Rose, y exijo que la respeten y dejen de llamarla de esa manera tan despectiva que tienen!" Exclama Albert exasperado.

"Pues deberías terminar con ella lo antes posible y regresar con Candy que te conviene mucho más!" Le grita la señora Elroy desesperada.

"Usted no es quien para dirigir mi vida, tía abuela! No cree que ya soy un poco mayor para seguir tratándome como un niño!"

"Si lo fueras, no estarías escondiéndote detrás de una máscara!"

"Acaso vino a retarme?"

"Vine a hablar contigo sobre otro tema, pero quisiera estar contigo a solas." Le contesta la anciana, dirigiendo su mirada hacia las escaleras.

Rose, que ha estado escondida y escuchando la conversación se mueve de un lado para que nadie la vea, y caminando de puntilla de regreso a su habitación, abre la puerta cuidadosamente y se refugia en ella, mientras la invade la curiosidad: ya sabía cómo se llamaba ahora la mujer que tanto le fascinaba a Albert, y más decidida que nunca, empieza a formar un plan, de cómo hacerla desaparecer de la vida del hombre rubio de cabellos largos.

'Así que te llamas Candy, 'Bella durmiente'? Pues solo hay lugar para una mujer en la vida de Albert, y esa seré yo!'

Y satisfecha consigo misma, Rose sonríe con malicia y se dirige al baño para tomarse una ducha caliente y lavarse los cabellos: esta misma noche seduciría a Albert, y lo haría suya!

Albert, George y la señora Elroy siguen parados en el salón, hasta que finalmente es el hombre rubio de cabellos largos que rompe el silencio: "vayamos a la cocina entonces, que ahí tendremos más privacidad."

"Me iré a la mansión para ver si los Leagans me necesitan." Les dice el mayordomo, alejándose rápidamente.

"Gracias George." Le contesta la señora Elroy al verlo salir, y arqueando las cejas, le pregunta a su sobrino: "se puede saber porque nunca me dijiste que conociste a Candy cuando todavía eras un adolescente?"

"A los 20 años uno ya es mayor de edad, tía abuela."

"Porque mejor no me confiesas que tú eres el príncipe de la colina?" Le exige la anciana, clavándole de la mirada.

A Albert se le va todo el color de la cara al verse descubierto de esta manera, pero reponiéndose en el acto le pregunta: "se puede saber de qué me está hablando?"

"Esta mañana mientras estábamos caminando por el 'jardín de las rosas', Candy me hablo de un chico que ella conoció a los 6 años de edad: aquel joven venia vestido con una falda y tocaba la 'gaita'. Por supuesto supe de una vez de que se trataba de ti, ya que a los 14 años de edad recibiste tu 1er instrumento de música y vestimenta de nuestros antecedentes Escoceses, así que no te atrevas a negármelo."

"Veo que sería inútil."

Y tomando una respiración profunda, Albert comienza con su relato: "al morir mi hermana me quede completamente solo, y mi único consuelo lo encontré en la naturaleza; En aquel entonces recordé lo mucho que me hablaba Doris de nuestros antecedentes Escoceses, y para no olvidarme de ella decidí aprender a tocar 'gaita' y a vestirme como ellos. Necesitaba tanto sentirla cerca de mí. Sin embargo una mañana de otoño me aventure un poco más lejos de donde solía ir, y justamente ese día conocí a la niña pecosa más hermosa que había visto, Candy White, 'niña de mis ojos' y la que cambio mi vida por completo."

"Ahora entiendo tu devoción por aquella niña de 12 años que llego a la 'mansión de los Leagans' en aquel entonces, pero porque no le dijiste quien eras cuando se volvieron a ver?" Continúa la anciana perpleja.

"Porque ella ya se había enamorado de Anthony y no me reconoció cuando nos volvimos a cruzar."

"Pues es normal: ya habían pasado 6 años y tú ya eras todo un hombre, mientras que ella todavía no llegaba a la adolescencia."

"Luego me convertí en su amigo y confidente cuando ella tenía problemas."

"Hasta que termino enamorándose de ti." Concluye la señora Elroy.

"De todas maneras esto ya quedo en el pasado, pues a partir de hoy decidí rehacer mi vida con otra mujer."

"Supongo que no hay nada que pueda hacer yo para que cambies de opinión?"

"Lo siento tía abuela, pero como ya le dije: soy un hombre hecho y derecho, y puedo tomar mis decisiones por mí mismo."

"En este caso ya me voy, pero antes de dar el paso final, quiero que escuches lo que te dice tu corazón, y que no olvides que dentro del, se encuentra el recuerdo de una niña de 6 años de edad, a la que nunca olvidaras por más que pase el tiempo."

Y sin esperar la respuesta de su sobrino, la señora Elroy abre la puerta de la entrada principal, y sale precipitadamente, aquella fría tarde del 1er día del ano.

Al ver a la tía abuela salir tan repentinamente a Albert se le forma un nudo en la garganta: sabía que la anciana tenía razón, sin embargo su vida había tomado otra dirección, y ahora que tenía a Rose,no podía volver atrás….

Chicago, 'Hospital Santa Bárbara', febrero 1918.

Ya eran mediados de febrero, y desde su regreso de la mansión de los Leagans, Candy había vuelto a su rutina diaria de todos los días y con una nueva energía: sus notas habían subido considerablemente, y su dedicación en su profesión era absoluta, tanto así, que una mañana, la directora principal la hace llamar a su oficina; Su última visita en el despacho de la señora Stevenson había sido un fiasco, y sintiéndose repentinamente nerviosa, la rubia pecosa toca la puerta de la dirección, y espera ansiosa.

"Adelante!" Ruge la voz autoritaria de la directora.

"Buenos días, señora Stevenson. Acaso sucede algo?" Le pregunta Candy alarmada.

"En lo contrario: tus notas han subido tan radicalmente que tengo algo que proponerte."

"Oh?"

"Quisiera ofrecerte la oportunidad de trasladarte al hospital más grande Nueva York, y terminar tus estudios ahí."

"Me imagino que se refiere al 'Bellevue hospital center'?" Continúa Candy, perpleja.

"Exactamente, y quisiera que empezaras ahí cuanto antes."

"Pero y que pasara con el apartamento que comparto con Flanny? He estado viviendo tantos años allá."

"Ya tienes 4 años acá y en 2 años más te gradúas, así que no cambiara nada en que ciudad termines." Concluye la señora Stevenson con firmeza.

"Entiendo. Y cuándo es que pretende que me vaya?"

"Esta misma semana. Mañana hablare con la directora general del 'Bellevue hospital center', y arreglare todo para tu partida."

Y mirando atentamente a la rubia pecosa, la directora general añade: "me siento muy orgullosa de ti Candy. En menos de un ano has progresado considerablemente, y estoy segura de que la señorita Marchen se alegrara por ti también."

Al recordar a su directora general favorita, la rubia pecosa se pone melancólica:

'Las extrañare muchísimo a Flanny y a la señorita Marchen…'

"Que te pasa Candy? Acaso no te alegra la noticia?"

"Por supuesto que sí, y quiero agradecerle el tiempo que se tomó conmigo, señora Stevenson."

"Cuando veo potencial no me gusta desperdiciarlo, y tú te lo has ganado Candy."

"Gracias otra vez, y buen día, señora Stevenson."

Y sin esperar la respuesta de la directora general, la rubia pecosa sale de la oficina, para dirigirse a sus próximas clases.

"Que es lo que quería ahora la señora Stevenson de ti, amiga?" Le pregunta Flanny, esperándola del otro lado del pasillo.

"Quiere trasladarme para Nueva York esta misma semana."

"Que?! De que me estás hablando Candy?" Exclama la joven de anteojos oscuros en choque.

"Me apena muchísimo tener que dejarte querida amiga, pero como mis notas han subido considerablemente, la directora quiere darme una oportunidad para terminar mis estudios en el hospital más prestigioso de Nueva York?"

"Y porque no me manda a mí también si soy la alumna más destacada de este hospital?" Exclama Flanny dolida.

"Pues a lo mejor lo haga, quién sabe?"

"Me imagino que sabes lo que esto significa para ti amiga?" Continúa la joven de anteojos oscuros, desviando el tema.

" Que?" Le pregunta Candy, lanzándole una mirada interrogativa.

"Pues que volverás a ver a Terry. Y tarde o temprano tendrán que enfrentarse otra vez."

Al pensar en el joven de cabellos oscuros largos a Candy se le va todo el color de la cara: hacían ya casi 2 meses que había roto su boda de compromiso con él, y los 2 habían quedado en muy males términos desde entonces. Temblando ligeramente, la rubia pecosa se pregunta qué haría si volviera a tenerlo frente a frente; Todavía recordaba el odio en la cara de Terry al confesarle que amaba a otro hombre, y que este era ni más ni menos que su amigo y peor rival.

"Te has puesto toda pálida." Le dice Flanny, sacándola de su ensueño.

"Es que no había pensado en la posibilidad de encontrarme nuevamente con Terry." Murmura Candy, bajando la cabeza.

"Acaso se te olvido que el 'teatro Stratford' está en Nueva York?"

"No. Simplemente había tratado de borrar a Terry de mi mente, eso es todo."

"Tal como lo hiciste con Albert, verdad?"

"De que estás hablando Flanny?" Le pregunta la rubia pecosa ruborizando.

"Pues que desde que regresaste de tus vacaciones dedicaste toda tu energía en los estudios, y lo lograste: tus notas son sobresalientes, y te has convertido en la mejor alumna de la clase, olvidándote por completo de lo que realmente está dentro de tu corazón."

"Es mejor así y es lo único que importa: en la vida hay que progresar, y si quiero llegar a convertirme en una buena enfermera tengo que brillar." Declara Candy en voz firme.

"A este paso te convertirás más bien en la mejor doctora del país." Le dice la joven de anteojos oscuros con ironía.

"No exageres Flanny, que tampoco es para tanto!"

"Te echare mucho de menos cuando te marches."

"Yo también Flanny, pero nos mantendremos en contacto."

"Me sentiré sola en el apartamento tan grande que solíamos alquilar juntas."

"Igual como me paso con Albert cuando se marchó." Murmura Candy tristemente.

"Mejor regresemos a clases, que ya nos ausentamos demasiado tiempo." Le dice Flanny tratando de alentarla.

"Sí."

Y caminando en pleno silencio, las 2 amigas se dirigen hacia el final del pasillo, cada una absorta en sus propios pensamientos: qué clase de sorpresas les traería el 1918, y como terminaría?

Nueva York, 'Bellevue hospital center', marzo 1918.

Candy ya tenía un mes de haber ingresado al hospital más prestigioso del país, pero hasta ahora no le había dado tiempo de realmente ver la ciudad. Sin embargo, aquella mañana cálida de comienzo de primavera tenía el día libre y estaba dispuesta a aprovecharlo a lo máximo. Levantándose con alegría, la rubia pecosa se dirige al baño para tomarse una ducha rápida, y 20 minutos más tarde está lista para salir: compartía la habitación con una alumna, pero a pesar de llevarse bien con todo el mundo extrañaba a Flanny y a la señorita Marchen más de lo que se imaginaba. Al salir del hospital, la brisa fresca de marso la sorprende, y caminando hacia las calles de Nueva York, se queda deslumbrada al ver lo grande que era realmente aquella ciudad. Admirando cada rincón en el que pasa va tan distraída, que antes de que se dé cuenta de lo que está pasando choca con alguien fuertemente, y el golpe es tan brutal que cae al suelo.

"Estas herida?" Oye alguien preguntar, y reconociendo aquella voz familiar a la que hubiese querido borrar de su mente, Candy se queda petrificada al ver quién está parado a unos metros de ella, y se le va todo el color de la cara: Terry Grand chéster en carne y huesos! La sorpresa de los 2 es mutual, pero la miraba fría que le dirige el joven apuesto de cabellos oscuros largos le quita el aliento.

"Vaya sorpresa inesperada, pues tu eres la última persona del planeta que hubiese querido volver a ver!" Exclama Terry sin poder salir de su asombro.

"Terry…" Balbucea Candy con sentimientos contradictorios, y durante un largo rato los 2 se miran sin saber qué hacer. Finalmente es el joven de cabellos oscuros largos que da el 1er paso, y levantándola del suelo de un golpe continua: "debería haberte dejado tirada en el suelo, pero soy un caballero Ingles, y mis buenos modales me impiden ser grosero."

Candy desvía la mirada sintiéndose repentinamente incomoda, y levantándole el mentón, Terry le dice suavemente: "a pesar de guardarte un gran rencor por tu traición, debo reconocer que te has vuelto más hermosa que nunca."

"Tú también estas muy apuesto Terry, pero ahora debo marcharme."

"Tú no te iras a ninguna parte hasta que yo termine contigo!" Exclama el joven de cabellos oscuros largos agarrándola de los hombros.

"Por favor suéltame Terry que me haces daño…" Gime la rubia pecosa en voz entrecortada.

"1ero tendrás que pagar por todo el daño que me has hecho."

Y levantándole el mentón con rudeza, Terry la besa con toda la frustración que siente por dentro mientras Candy cierra los ojos, sumisa y esperando que todo termine. Finalmente después de una eternidad, el joven de cabellos oscuros largos la suelta con violencia: "Y ahora quiero que te marches pues no quiero volver a verte nunca más!"

Todavía aturdida por aquel beso tan brutal, Candy se queda mirándolo con tristeza.

"Acaso no me has escuchado? Lárgate ya de mí vista y no te cruces más nunca por mi camino!" Continúa Terry sin piedad, e incrédula, la rubia pecosa se echa a correr como si el diablo estuviese detrás de ella.

"Candy…" Murmura Terry cuando ya la rubia pecosa no está a su alcance.

'Porque volviste a aparecer en mi vida, cuando yo ya te había eliminado de mi corazón?'

Y caminando de regreso al 'teatro Stratford', el joven de cabellos oscuros largos descubre que todavía tiene sentimientos hacia la rubia pecosa: después de todo, 'donde hubo fuego cenizas quedan'…

Michigan, 'Mansión de los Leagans', abril 1918 en la mañana.

Finalmente ya ha llegado la primavera, y una mañana de abril Ruth Leagan decide irse a pasear por la mansión para despejar su cabeza y respirar aire fresco: el invierno había sido largo y duro, y ahora que había subido la temperatura estaba ansiosa por pasarse más tiempo fuera de la casa; Su mayor deseo era volverse invisible y olvidarse de todos los problemas diarios, y suspirando se pone a pensar en sus hijos y como ellos tenían toda su vida por delante mientras que ella ya había desperdiciado la suya.

'Daria cualquier cosa por tener una segunda oportunidad…'

Unos gritos inadvertidos la sacan de su ensueño, y corriendo hacia los chillidos, Ruth llega hasta el lago justo en el momento en que la señora Elroy se está hundiendo:

'Dios mío! Debo salvarla!'

Y sin perder el tiempo, se arroja al agua y nada hasta llegar a donde está el cuerpo inerte de la anciana, y arrastrándola con todas sus fuerzas se la lleva hacia la orilla con un solo propósito: Salvar a su suegra cueste lo que cueste!

Finalmente agotada de tantos esfuerzos, Ruth levanta el cuerpo pesado de la señora Elroy que sigue inerte, y cae inconsciente a su lado.

Michigan, 'Mansión de los Leagans', temprano en la noche.

Robert leagan que ha estado velando por su madre mientras el médico de familia esta con su esposa, respira de alivio al verla finalmente abrir los ojos.

"Dónde estoy?" Pregunta la señora Elroy mirando fijamente a su hijo.

"Que alegría verte despierta mama!" Exclama Robert tomándole las manos, y observándola atentamente continua: "acaso no recuerdas nada?"

"No, y por eso quisiera saber porque estoy acostada?"

Pero antes de que su hijo le pueda contestar aparece el médico súbitamente, y al ver a la señora Elroy despierta, exclama: "Que bien! Veo que ya se siente mejor?

"Y mi esposa?" Le pregunta Robert preocupado.

"Lo siento, pero la señora Leagan sigue inconsciente."

"Se puede saber qué es lo que está pasando acá?!"Exclama la señora Elroy exasperada.

"Ruth te rescato mientras te estabas ahogando mama: la encontramos desmayada junto a ti mientras tu seguías inerte."

"De que están hablando? No entiendo absolutamente nada." Continúa la anciana perpleja.

"La señora Leagan se arrojó al lago para evitar que usted se ahogara, pero ella también trago mucha agua, y supongo que el esfuerzo la agotó y por eso cayo inconsciente." Explica el médico.

"No lo puedo creer…" Murmura la señora Elroy incrédula: no era posible que aquella mujer malvada fuese capaz de hacer algo bueno por alguien.

"Y sin embargo es la pura verdad madre: Ruth te salvo la vida, y a lo mejor pierda la suya por ello." Declara Robert al borde de las lágrimas.

Al escuchar el relato de los 2 hombres a La señora Elroy le entran remordimientos de consciencia: su último encuentro con su nuera había terminado muy mal, y todavía recordaba la expresión de amargura en la cara de Ruth Leagan, cuando ella se había negado hacer las paces con ella. Sin embargo por su culpa ahora la que corría peligro de muerte era ella, y sabía que tenía que hacer algo por salvarla le guste o no.

"Y sus hijos cuando regresan?" Les pregunta el médico, desviando el tema.

"Neil estudia en la universidad de Nueva York, y Eliza se está pasando unos días en casa de unos parientes." Le contesta Robert.

Más determinada que nunca, la señora Elroy toma una decisión y les informa: "pues a partir de ahora me ocupare yo misma de Ruth."

La sorpresa en la cara de los 2 hombres es evidente: era la 1era vez que la anciana expresaba interés por el bienestar de su nuera, y por un momento se quedan sin reaccionar.

"Acaso hablas en serio mama?"

"Por supuesto que sí. Ruth me salvo la vida, y ahora es mi deber hacer todo porque se recupere."

"Pero si tú la odias y siempre se lo has hecho saber!" Exclama Robert atónito.

"No exageres hijo que tampoco las cosas son así. Mi relación con ella siempre fue difícil, pero ella ahora me necesita, y no pienso abandonarla hasta que este estable."

"Qué opina usted de esto doctor?" le pregunta Robert al médico, indeciso.

"Pienso que la presencia de su madre pueda ser favorable para su esposa."

"En serio?"

"En el estado en que se encuentra la señora Leagan todo es posible, así que cualquier ayuda interna puede influir."

"Entonces me permite cuidarla, doctor?"

"Por supuesto que sí. Pero quiero que se acueste temprano esta noche pues usted también sufrió un desmayo hoy."

"Descuide que me acostare ahora mismo pues este ha sido un día muy largo." Le contesta la anciana bostezando.

"Muy bien, pues ahora me voy y mañana volveré. La señora Leagan está estable por ahora y creo que dormirá bien, pero de todas maneras no duden en contactarme si notan un cambio."

"Buenas noches doctor, y gracias por todo." Añade Robert, acompañándolo hasta a la puerta.

Después de verlos salir de la habitación, la señora Elroy cierra los ojos sintiéndose repentinamente agotada, y cae en un sueño profundo en el que ve los hechos tal como fueron:

'Es una mañana soleada de comienzos de primavera, y cansada de haber estado encerrada durante todo el invierno, la señora Elroy sale a dar un paseo por los alrededores de la mansión: caminando en dirección del lago azul cristalino siente curiosidad por saber si el agua esta tibia, y quitándose los zapatos pone sus pies adentro. Sin embargo la corriente es tan fuerte, que antes de que pueda reaccionar se ve arrastrada por ella, y gritando con todas sus fuerzas ruega porque haya alguien por los alrededores:

"Auxilio! Ayúdenme que me ahogo!"

Sus ojos advierten la silueta de una mujer, y ante su sorpresa ve a su nuera arrojarse al agua para rescatarla, pero demasiado exhausta se desmaya en el acto…

La señora Elroy abre los ojos al sentir los primeros rayos de sol, y por un momento se queda pensativa: en la noche había tenido un sueño raro que la tenía perturbada y no sabía cómo interpretarlo; La imagen agonizante de Ruth Leagan pasa repentinamente por su mente, y levantándose de un golpe se dirige al baño para prepararse. La vida de su nuera dependía de ella, y sabía que su misión era salvarla, o si no se arrepentiría para siempre.

Robert Leagan que no ha pegado el ojo en toda la noche levanta su vista hacia las escaleras al ver a su madre bajar de ellas con su habitual porte autoritario, y caminando hacia ella al borde de la desesperación gime: "yo ya no sé qué hacer mama… Ruth sigue aún inconsciente y el medico ya está en camino."

"Iré a verla ahora mismo."

Y subiendo las escaleras de vuelta, la señora Elroy se dirige a la habitación de su nuera y la abre pero no está preparada para la cruel realidad que tiene delante de ella: acostada en la cama estaba Ruth, con una palidez enfermiza que la toma completamente por sorpresa, y acercándose a ella nota lo frágil y vulnerable que se ve aquella mujer normalmente mezquina, y sintiendo una profunda simpatía por ella le toma la mano.

"Dios mío Ruth… Como es posible que estés tan mal?"

Como si pudiese oírla, su nuera se pone a gemir repentinamente: "papa… mama… porque quieren obligarme a casarme con alguien que no conozco si yo solo quiero estar con ustedes…Porque insisten en alejarme del único hogar que conozco si mi mayor deseo es cuidarlos… Porque nunca me quisieron como a mis hermanas… Díganme por favor que hice yo para que insistan en deshacerse de mi…."

Al escuchar su nuera hablar incoherentemente de esta manera a la anciana se le ponen los pelos de punta, y sacudiéndola suavemente le dice: "despierta Ruth que estas sonando y me parece que tienes una pesadilla." Sin embargo al sentir su piel hirviente en la de ella, campanas de alarma la alertan y se pone a gritar como una histérica: "auxilio!"

La puerta de la habitación se abre abruptamente, y al ver al médico entrar, respira aliviada.

"Se puede saber porque está gritando así señora Elroy?"

"Es por mi nuera: creo que tiene fiebre pues está caliente."

Acercándose a Ruth Leagan el médico le toma el pulso, y frunciendo el ceño exclama alarmado: "dios mío, pero si está hirviendo y sigue en coma!"

"Acaso piensa que se pueda morir?" Le pregunta la anciana angustiada.

"No lo sé, pero por alguna razón la señora leagan se resiste y ha perdido las ganas de vivir, así que no hay tiempo que perder. Tráigame compresas frías mientras le coloco en el pecho un pañuelo impregnado de alcohol con hojas de romero: es para bajarle la fiebre, y cuando regrese con el trapo húmedo quiero que se lo ponga en la frente y que chequee su temperatura cada 20 minutos. Si mañana no hay mejoría le ruego que me llame cuanto antes, y en este caso nos tocara darle un baño tibio y obligarla a beber abundante líquido. Es la manera más efectiva de curarla, y con un poco de fe lo lograremos.

"Gracias doctor y despreocúpese, que cueste lo que cueste yo le devolveré a mi nuera las ganas de vivir nuevamente."

Y dirigiéndose al baño, la señora Elroy humedece una toalla de mano que está a su alcance, y regresa enseguida para colocárselo en la frente a su nuera.

"Lo hace muy bien, señora Elroy. Pero recuerde de humedecer la toalla cada 20 minutos con agua bien fría, e incluso le sugiero dormir en la misma habitación de su nuera esta noche y no abandonar su lado por mucho tiempo. Lo mejor será intercambiarse entre su hijo y usted, para que no se vaya a agotar."

"Así lo hare despreocúpese. Dormiré en el sofá grande que esta junto a su cama para así poder vigilarla mejor."

"Me parece muy bien, y otra cosa: "háblele, que créalo o no, el que esta inconsciente lo escucha todo."

Y acto seguido, el medico abre la puerta, y sale de la habitación.

El resto del día pasa sin mayores acontecimientos, y la señora Elroy se ocupa eficazmente de su nuera, colocándole una toalla húmeda en la frente cada 20 minutos mientras la observa para ver si hay alguna mejoría; Sin embargo Ruth seguía igual de pálida y aún estaba inconsciente. El ruido de la puerta la hace sobresaltar, y al ver a su hijo entrar en la habitación, exclama: "por dios, que susto me diste Robert!"

"Quería ver como se encontraba mi esposa, y agradecerte por haberte ofrecido a ayudarla mama: el doctor me conto que pasarías la noche con ella, y tu gesto me conmueve."

"Es lo menos que podía hacer después de ella haber sacrificado su vida por mí."

"Porque no dejas que me ocupe un poco de ella por un par de horas? Vete a descansar, que de todas maneras vas a dormir acá."

"Está bien, me iré a la cocina a prepararme un poco de té y a comer algo."

Robert espera hasta estar a solas con su esposa, y agarrando su mano en la del, murmura: "te amo tanto querida, y mi mayor deseo es verte abrir los ojos finalmente para decirte lo importante que eres para mí." La Palidez de Ruth lo desconcierta, y sintiéndose más desconsolado que nunca continua: "por favor regresa a mí, que yo sin ti no puedo vivir." Y más agotado que nunca se sienta un rato en el sofá, pero al cerrar los ojos cae en un sueño profundo.

Temprano en la noche, La señora Elroy sube las escaleras para regresar a la habitación de su nuera, y al abrir la puerta encuentra a su hijo dormido en el sofá grande. Acercándose a él, lo sacude suavemente, y estrujándose los ojos, Robert exclama: "dios mío, me quede dormido sin ni siquiera chequearle la temperatura! Pero porque no me despertaste mama?"

"Te veías tan agotado que preferí dejarte dormir, pero no te preocupes que yo ya le cheque la temperatura a Ruth y ella sigue estable."

"Qué hora es, mama?"

"Son las 8 de la noche y yo ya cene, así que mejor será que vayas abajo a comer algo antes de acostarte. Yo velare por ella hasta mañana, y rezare porque se recupere de una vez por todas."

"Está bien me iré, pero avísame si empeora, de acuerdo?"

"Te lo prometo, pero no te preocupes que ella está en buenas manos."

La señora Elroy espera hasta ver su hijo salir de la habitación, y tomándole de nuevo la temperatura a su nuera respira aliviada al ver que sigue estable desde que el medico se marchó. Observándola atentadamente, nota también que esta menos pálida que antes, y tomando su mano en la de ella, le dice con remordimiento: "Ruth, te pido perdón por haberte dado la espalda cuando más me necesitabas, y si puedes escucharme te ruego que por favor abras los ojos de una vez por todas, para decirte que mi mayor deseo es hacer las paces contigo y que nos olvidemos del pasado. Las 2 hemos sufrido ya bastante por nuestra terquedad, y ya es tiempo de que nos demos otro chance, y seamos amigas."

El pulso de su nuera la toma completamente de sorpresa, y al sentir su mano apretar la suya exclama: "Dios mío Ruth, te moviste por fin!"

Sin embargo su nuera sigue con los ojos cerrados, y vuelve a gemir: "mama…papa… no me abandonen por favor… no me vendan como a una mercancía o sino les hare la vida imposible a todos se lo juro…" Y acto seguido, vuelve a caer inconsciente.

"Ruth! Estas delirando otra vez!"

Y sin perder el tiempo, la señora Elroy se dirige al baño para mojar la toalla nuevamente con agua fría, mientras analiza las palabras incoherentes de su nuera: acaso sería posible que estuviese reviendo su pasado?

Entrando a la habitación nuevamente, le coloca la toalla sobre la frente y respira aliviada al ver que su pulso se ha normalizado. Sin embargo al observarla de cerca nota lo agitada que sigue su nuera, y tomando su mano en la de ella le dice: "pobre Ruth… no tenía idea que hubieras sufrido tanto en tu juventud."

Se le escapa un bostezo inesperado, y caminando hacia el sofá, la señora Elroy decide acostarse: había sido un día muy intenso para ella y estaba más agotada de lo que se imaginaba. Finalmente exhausta cierra los ojos y no los vuelve a abrir hasta el día siguiente. El sol resplandeciente de la mañana la despierta, y levantándose de un golpe se dirige hacia la cama de su nuera para ver cómo sigue su estado, pero al verla consciente se queda paralizada:

"Dios mío Ruth! Ya finalmente abriste los ojos!"

La mujer de cabellos castaños claros de mediana edad se queda mirando a la anciana perpleja:

'Que ojos tan fríos tiene aquella mujer…'

Y abriendo los ojos en grande, le pregunta: "quien es usted?"

A la señora Elroy se le va todo el color de la cara al oír la pregunta de su nuera, y se queda paralizada del terror sin saber cómo reaccionar….

Otro capítulo finalizado con sorpresas inesperadas como pueden ver: que pasara ahora entre ALBERT y la nueva mujer que llego tan repentinamente en su vida? Vaya encuentro tan brusco entre CANDY y TERRY? Y como si las cosas no fuesen lo suficientemente complicadas, la mala relación entre RUTH LEAGAN y la SENORA ELROY tendrá consecuencias trágicas para las 2, que las conducirán a caminos imprevistos…

Un agradecimiento caluroso a Glenda, Macu, Sheylla, guest y todos los demás que se toman el tiempo de leer mi historia: se les aprecia mucho por sus reviews!

En cuanto a ti querida JOSIE: ya por fin apareciste hurra! Te estuve esperando todo este tiempo antes de publicar mi siguiente capítulo online, pues ya sabes que tú eres mi lectora más fiel de 'Fanfiction' site y no podía mandarla sin antes tener noticias tuyas lol! Te agradezco un montón por tus 2 últimos reviews, y no sabes la alegría que me lleve al leerlos!

Con relación a ALBERT tienes toda la razón: solo tiene el valor de acercarse a CANDY cuando esta disfrazado, y para que la historia se volviera más interesante decidí añadir un nuevo personaje, ROSE WOOD, quien efectivamente solo tiene un propósito: robarse el corazón del HOMBRE RUBIO DE CABELLOS LARGOS que la tiene completamente embobada!

En lo que se refiere a la estadía de ALBERT en África: aunque aún él no se haya anunciado como el patriarca de los Andry, no es nada raro que al establecer una relación amical con ROSE haya decidido darle su dirección (después de todo, era la de 'la casita del bosque', y no la de la 'mansión Leagan').

Que felicidad que hayas regresado al 'Fanfiction' amiga, y debe ser terrible no tener internet (imagínate como haría yo para publicar mis historias online!), pero el día que por fin lo consigas ya verás lo fácil que te resultara apuntarte al site…

Que tengas una buena semana, y tú tampoco te pierdas eh!

Hasta la próxima, y gracias otra vez por estos largos reviews tan intensos que siempre me dejas! Ciao!