La verdadera historia de Candy White

(Capitulo 30)

Michigan, 'Mansión de los Leagans', abril 1918.

"Quien es usted?" Vuelve a preguntar Ruth, mirando a la anciana con curiosidad.

La señora Elroy sigue parada con la boca abierta sin saber cómo interpretar la pregunta de su nuera: acaso estaría fingiendo?

Frunciendo el ceño se acerca a ella para tocarle la frente y ver si es que deliraba de la fiebre, pero al hacerlo Ruth le aparta la mano.

"No me toque que no la conozco. Lo que sí quiero saber es donde estoy y que hago acostada si no me siento mal? Esto a mí no me parece un hospital pues no veo médicos o enfermeras por ninguna parte. Qué raro, no cree?"

Demasiado estupefacta para contestarle, la señora Elroy la mira largamente tratando de analizar su comportamiento: ella sabía que su nuera era una manipuladora, pero de 'fingir' desconocerla?! Esto había llegado demasiado lejos para ella, y tenía que poner un fin a aquella 'farsa'.

"Escúchame bien lo que te voy a decir Ruth: si esta es tu manera de vengarte por negligencia de mi parte lo lograste. Sé que me porte mal contigo y te pido disculpas, pero ya déjate de bromas que no estoy de humor; Pase una noche pésima tratando de cuidarte para que te recuperes, así que lo menos que podrías hacer es darme las gracias en vez de manipular las personas a tu antojo, no crees?"

La mirada interrogativa que le dirige la mujer de castaños claro la deja desconcertada y por un momento no sabe cómo reaccionar. Afortunadamente en este mismo instante se abre la puerta de la habitación, y al ver a su esposa despierta, Robert corre hacia ella para abrazarla: "me pareció escuchar voces, y menos mal que no me equivoque!"

"Quite sus manos de mi cuerpo que no lo conozco!" Exclama Ruth alarmada.

Por un momento Robert piensa que escucho mal, y tomando sus manos nuevamente exclama: "no sabes la alegría que me da verte tan viva mi amor!"

"Le dije que no me toque o es que esta sordo?! Acaso no sabe que está mal visto en nuestra sociedad que un hombre se le acerque a una dama sin una chaperona?" Continúa Ruth, abriendo en grande los ojos.

'Chaperona?!'

Lanzándole una mirada interrogativa a su madre, Robert se queda mudo de estupor: que es lo que estaba sucediendo con su esposa?

Como si tuviera la respuesta a su pregunta, el medico aparece en este mismo instante, y al descubrir a Ruth sentada en la cama exclama: "ya se despertó señora Leagan, que bien! Justamente vine a ver como se encontraba y a chequearle la temperatura."

"Y se puede saber quién es usted?"

La pregunta inesperada lo toma de sorpresa, y dirigiéndole una mirada interrogativa a Robert y la señora Elroy, el medico arquea sus cejas pero no consigue respuesta. Cambiando su táctica se acerca a la señora Leagan y le pregunta: "que es lo último que recuerdas, Ruth?"

"No recuerdo absolutamente nada, excepto que me desperté esta mañana en una habitación desconocida y en presencia de gentes extrañas!" Exclama la mujer de cabellos castaños claro exasperada.

"Por lo menos sabes quién eres, verdad?"

"Por supuesto que sí: me llamo Ruth O'Connor y tengo 18 años de edad, y aunque haya terminado la escuela todavía vivo con mis padres y 2 hermanas en la finca más grande de Michigan."

"Dios mío!" Exclama la señora Elroy y su choque es evidente.

"Y donde están tus padres?" Continúa el médico, siguiéndole la corriente para ver hasta dónde puede llegar.

"No lo sé, y por eso quiero que termine con este interrogatorio una vez por todas y me deje ir que esta no es mi casa!" Exclama la mujer de cabellos castaños claro parándose de la cama, pero al poner los pies en el piso pierde el equilibrio, y cae de espalda.

"Ruth!" grita Robert corriendo hacia su esposa para ayudarla a pararse, pero al ver la mirada de terror que le lanza ella, desiste.

"Se puede saber qué es lo que le está pasando a mi nuera, y porque ha estado actuando de manera tan rara desde que se despertó, doctor?!" Exclama la señora Elroy perpleja.

Aclarándose la garganta, el medico les explica: "Ruth Leagan sufre de una amnesia temporal."

"Amnesia temporal?!" Exclaman madre e hijo alarmados.

"Así es. En la mayoría de los casos, la amnesia temporal se produce cuando una persona sufre un choque o accidente, y puede durar entre 6 meses y un ano."

"6 meses?!" Exclama Robert incrédulo, y agarrándose la cabeza continua: "dios mío, pero como pudo pasarle esto a mi esposa?"

"Cálmate hijo, por favor."

Y observando a su nuera que sigue sentada en el piso con la mirada vacía, la señora Elroy continua: "sin embargo esto no explica el hecho de que Ruth se haya quedado atrapada en su pasado. Anoche mientras ella deliraba menciono a sus padres, pero en aquel entonces yo no le preste mucha atención. Entonces dígame usted de una vez por todas, que es lo que sufre ella, y porque es que tampoco puede caminar?"

Tomando una respiración profunda, el medico prosigue: "además de la amnesia temporal, Ruth sufre también de trauma personal, lo que explica el hecho de que ella reviva su niñez o juventud; En la mayoría de los casos la persona pierde la capacidad del equilibrio, y a veces basta otro choque emocional para que vuelva a caminar."

"Dios mío, pero esto es más grave de lo que me imaginaba!" Exclama Robert preocupado.

"Por favor no se aflijan así, que con buenos cuidados y atención estoy seguro de que Ruth volverá a caminar dentro de poco, y con ello también recuperara la memoria."

Intentando levantarse nuevamente, Ruth cae al suelo instantáneamente, y echándose a llorar, gime asustada: "doctor, que es lo que me pasa y porque no puedo caminar? Donde están mis padres, y porque estoy en aquella casa tan extraña y con personas a las que ni conozco?"

Esto es demasiado para la señora Elroy, y agarrando un espejo de mano que hay en la mesa se acerca a su nuera, y le dice en voz autoritaria: "ya deja de llorar y mírate en el espejo Ruth. Eres una mujer hecha y derecha de cuarenta años de edad y no una chiquilla de dieciocho. Tu familia somos nosotros e ignoro donde están tus verdaderos padres, pero lo que si te puedo decir es que tienes 2 hijos y que estas casada con mi hijo Robert, a quien has rechazado desde que te despertaste."

"Entonces, usted es mi suegra?" Balbucea Ruth, estrujándose los ojos para secarse las lágrimas.

"Así es."

"Y cuál es su nombre?" Continúa Ruth tímidamente.

"Puedes llamarme Sarah si quieres."

"Sarah… Es un lindo nombre."

"Porque no intentas dar unos pasos en la habitación? Puedes apoyarte en mi hombro si quieres." Continúa la anciana, suavizándose.

"No lo sé…"

"Animo, que yo te ayudare."

"De acuerdo." Le contesta Ruth mirándola con curiosidad: por alguna razón, aquella mujer mayor le inspiraba una confianza absoluta, y apoyándose de ella empieza a dar unos pasos tentativos mientras los 2 hombres la miran incrédulos.

Suegra y nuera caminan lentamente hasta la puerta de la habitación, pero al verse tan lejos de la cama, la mujer de cabellos castaños claro se aferra al hombro de la anciana y grita: "tengo miedo de caerme!"

"No te preocupes que te tengo fuertemente sujetada."

Y obligándola a dar unos pasos, la señora Elroy continua: "Que te parece si caminamos de regreso hasta la cama?"

"No puedo…"

"Haz un esfuerzo Ruth. Sé que te cuesta pero estoy a tu lado para que no te pase nada, así que ánimo."

Finalmente es el tono maternal de la anciana que la convence, y apoyándose en ella se deja guiar hasta la cama. Sin embargo agotada de tanto esfuerzo físico, Ruth cierra los ojos a penas toca la almohada, y cae en un sueño profundo.

"Excelente técnica señora Elroy! No podría haberlo hecho mejor!" Exclama el medico con admiración al observar el intercambio que acababa de presenciar entre suegra y nuera.

"Solo cumplo con mi deber, y ahora más que nunca debo hacerme cargo de mi nuera hasta que se cure por completo." Declara la señora Elroy en voz firme.

"Pues no tengo nada en contra mientras sigua llamándome cuando me necesite. De todas maneras yo la estaré vigilando, y pasare por la mansión cada día." Declara el médico antes de salir de la habitación.

Robert, que todavía sigue en choque por el estado de su esposa se aclara la garganta y le pregunta a su madre: "porque le dijiste a Ruth que te llamara por tu nombre de soltera y no tu apellido de casada como todos los demás, mama?"

"No lo sé. Tal vez era porque se veía tan vulnerable y porque me hizo recordar a la jovencita que llegó a la mansión, más de veinte años atrás." Murmura la anciana suavemente.

"Porque haces eso mama?"

"Hacer que?"

"Porque te ofreciste a cuidarla si tú no la quieres." Insiste Robert con reproche.

"las cosas no son tan fáciles hijo."

Y tomando una respiración profunda, la señora Elroy continua: Todavía Recuerdo cuando Ruth llego por 1era vez a la mansión siendo todavía una adolescente; En aquel entonces yo trate de acercarme a ella pero no quiso, e insistió en poner un muro entre nosotras. Pasaron los años, y aquella jovencita se convirtió en la mujer fría y calculadora que todos conocemos. Sin embargo al verla hoy tan frágil despertó algo en mí, y si sus propios padres nunca supieron como guiarla yo lo hare. La cuidare como si fuese mi propia hija hasta que se recupere por completo."

Robert la mira estupefacto durante un largo rato sin saber cómo interpretar su cambio de actitud, y finalmente le dice: "No sabes lo feliz que me siento al escucharte hablar así mama. He añorado esto durante tantos años y no puedo creer que solo basto una tragedia para unirlas."

"Tampoco exageres que no creo que Ruth y yo lleguemos a ser amigas. Lo que pasa es que ella se siente perdida pues no recuerda nada y por eso actúa de manera tan distinta."

"O cambio para mejor. De todas maneras me alegra saber que cuidaras de ella."

"Es lo menos que puedo hacer para alguien que me salvo la vida. Pero qué te parece si bajamos a desayunar algo mientras Ruth duerme? Con todo este drama siento una hambre repentina y ya son casi las 10 de la mañana."

"Excelente idea, pues la verdad es que un café me caería bien!" Exclama Robert bostezando.

"Muy bien pues bajemos ya, y a lo mejor en un par de horas Ruth ya se haya despertado."

Y acto seguido, madre e hijo bajan las escaleras y se dirigen a la cocina en busca de algo para comer.

Ruth Leagan que ha estado dormida profundamente abre lentamente los ojos, pero al encontrarse repentinamente sola y en una habitación extraña la única persona familiar que pasa por su mente es la señora Elroy, y sentándose en la cama se pone a gritar con todas sus fuerzas: "Sarah! Dónde está? Sarah!"

Al escuchar los gritos repentinos de su nuera, la señora Elroy sube las escaleras rápidamente, y abriendo la puerta de la habitación exclama: "que es lo que te pasa que gritas tanto Ruth? Acaso te sientes mal?"

"No, pero sentí miedo al encontrarme repentinamente sola." Le dice Ruth tímidamente.

"Y solo por eso te pusiste a gritar como una histérica?"

"Sí."

"Pues debes aprender a controlar tus emociones. Ya te explique que este es tu hogar y que nosotros somos tu familia, así que por favor tranquilízate ya, que estamos aquí para ayudarte a recuperarte. Entendiste?" Le dice la señora Elroy reprimiéndola.

"Si, y perdone que la haya molestado, señora." Le contesta Ruth, bajando la cabeza.

"Ya te dije que me podías llamar Sarah."

"Está bien. Discúlpeme Sarah, pero es que solo con usted me siento en plena confianza."

"De veras?" Le pregunta la anciana arqueando las cejas.

"Así es. Pero no he de extrañarse si somos nuera y suegra, verdad?" Continúa Ruth, mirándola con curiosidad.

"Ruth… Hay algo que tengo que decirte y me resulta muy difícil…." Comienza la señora Elroy tentativamente, pero el ruido de la puerta la interrumpe, y al ver su nieta entrar en ella exclama: "Eliza!"

"Mama!" Grita la joven de cabellos castaños claros arrojándose al cuello de Ruth.

"Quien es esta jovencita?" Balbucea Ruth, abriendo los ojos en grande.

"Ella es tu hija menor Eliza, pues también tienes un hijo mayor, llamado Neil."

"Que es lo que pasa con mama tía abuela, y porque actúa como si no me conociera?" Pregunta Eliza asustada.

Aclarándose la garganta, la anciana le contesta: "tu madre sufre de amnesia y por eso no se acuerda de nada ni sabe quiénes somos."

"Amnesia?! Papa me llamo anoche diciéndome que mama había estado en coma y por eso me vine tan pronto me entere, pero nunca imagine que fuese tan grave?!"

"No te alarmes que es solo temporal. De todas maneras yo me ocupare de ella hasta que se recupere por completo."

"Y porque justamente usted, tía abuela?" Continúa Eliza perpleja.

"Porque ella me salvo la vida." Murmura la anciana al borde de las lágrimas: le dolía ver lo frágil y perdida que se veía su nuera, ella que siempre había sido una mujer de hierro que no le temía a nada, ni a nadie.

"No entiendo nada." Continúa Eliza, arqueando las cejas.

"Ni yo tampoco." Las interrumpe Ruth frunciendo el ceño.

Acercándose a su nuera, la señora Elroy la mira largamente, y tomando una respiración profunda, continua: "te tiraste al agua para salvarme mientras me ahogaba y es gracias a ti que estoy tan viva, así que a partir de hoy yo me encargare de cuidarte."

"Como es eso que mama salto al lago, si a ella nunca le gusto nadar que yo sepa?" Pregunta Eliza asombrada.

"Esta respuesta solo la tiene ella pero desgraciadamente no recuerda nada, así que mejor bajemos a prepararle algo de comer, que te parece?"

Y caminando hacia la puerta, la señora Elroy le dirige una última mirada a su nuera antes de salir: "volveré en un par de minutos con un desayuno abundante para ti, y cuando termines quiero que tomes una ducha, te parece?"

"Como usted ordene Sarah." Le dice Ruth tímidamente.

"Porque es que mama te llama así tía abuela, y desde cuándo se ha vuelto tan humilde?" Le pregunta Eliza cuando están a solas.

"Tu madre ya no es la misma de antes desde que perdió la memoria, y si le dije que me llamara por mi nombre de soltera es para que me cogiera más confianza."

"Pero porque, si usted siempre la odio?" Insiste la joven de cabellos castaños claro asombrada.

"Te equivocas querida. Tu madre y yo siempre tuvimos una relación complicada pero yo nunca desee ningún mal para ella: cuando la conocí intente acercarme a ella, pero por alguna razón se interpuso un muro entre nosotras que nos fue alejando poco a poco, y con los anos las cosas empeoraron."

"Que rara es la vida a veces: mama anhelo tanto hacer las paces con usted, y aunque nunca me lo haya dicho con palabras, sé que ella siempre la admiro."

"Que cosas dices Eliza?"

"Solo la verdad: mama sufría interiormente por su indiferencia y por eso se portaba de manera tan frívola. Era su manera de llamar la atención y desgraciadamente me di cuenta de ello demasiado tarde, y mira cómo se encuentra ella ahora…" Murmura Eliza, al borde de las lágrimas.

"Pues ya no tienes por qué preocuparte más, pues a partir de ahora me dedicare a cuidarla hasta que se cure por completo."

"Y que pasara cuando se recupere? Acaso la abandonara otra vez?"

"No lo sé. Pero lo que sí puedo decirte es que removeré cielo y tierra para que vuelva a ser la misma de antes y la hare caminar otra vez, cueste lo que cueste." Declara la anciana en voz firme.

"Gracias tía abuela. Es una pena que mama nunca tuvo padres como usted para guiarla, pues de haber sido el caso estoy segura de que se hubiera desarrollado de otra manera."

"Lo sé. Pero será mejor que vayamos a la cocina ya, o tu madre se preocupara de mi ausencia prolongada."

"Vaya usted que yo me quedare con ella mientras tanto." Declara Eliza regresando a la habitación de su madre, y acercándose a ella le sonríe dulcemente.

"Donde esta Sarah?" Le pregunta Ruth al verla entrar nuevamente en la habitación.

"No te preocupes que ella regresara tan pronto termine de prepararte algo de comer." Le contesta la joven de cabellos castaños claro, sentándose al lado de ella.

"Entonces, tu eres mi hija?" Continúa Ruth, mirándola con curiosidad.

"Acaso lo dudas? No ves cuanto nos parecemos?"

Y sacando un pequeño espejo de su bolsillo, Eliza se lo entrega a su madre.

"Es verdad. Sin embargo no recuerdo nada y me siento encarcelada en esta cama y sin poder moverme!" Exclama la mujer de cabellos castaños claro exasperada, y sintiéndose completamente frustrada intenta levantarse, pero al hacerlo cae al suelo nuevamente.

La puerta de la habitación se abre repentinamente, y al ver a su nuera en el piso la señora Elroy corre hacia ella: "es que acaso no te puedo dejar ni un minuto sola Ruth? Te dije que te traería el desayuno, y si no comes algo como piensas recuperar tus fuerzas?"

"Lo siento…" Murmura Ruth apenada.

"Ayúdame a levantar a tu madre del suelo Eliza, quieres?"

"Por supuesto, tía abuela."

Y acto seguido, hija y suegra levantan a Ruth del piso para acomodarla nuevamente en la cama.

"Si quieres volver a caminar cuanto antes debes de comerte lo que hay en el plato, de acuerdo?" Le ordena la anciana instalándole la bandeja en la mesita de cama.

"Que rico se ve todo esto, y no me había dado cuenta el hambre que tengo!" Exclama la mujer de cabellos castaños claros, admirando todas las delicias que estaban en su plato.

"Me alegra saber que tienes apetito otra vez, y es la primera vez que te veo tan entusiasmada." Declara la señora Elroy, mirándola con interés.

"Es verdad mama: normalmente siempre te quejas de la comida y hasta ahora has estado haciendo dieta." Añade Eliza.

"Dieta yo? En serio? Pues debo de haber estado loca ya que es un pecado desperdiciar la comida!" Exclama Ruth comiendo con apetito.

"Pues cuando termines Eliza te llevara al baño para que te tomes una ducha caliente antes de salir al jardín."

"Qué bien! Por fin volveré a salir afuera!" Exclama la mujer de cabellos castaños claro entusiasmada, y frunciendo el ceño continua: "pero como hare para bajar todas las escaleras?"

"Con la ayuda mía, y de Eliza por supuesto." Le contesta su suegra sonriéndole.

"Quiero que sepa que le estoy muy agradecida por todo lo que hace por mí Sarah, y le prometo caminar cuanto antes para no causarle más problemas."

"Pues que te parece si empezamos ya, con la ayuda de tu hija?"

"Ven conmigo mama, que yo me ocupare de ti y te ayudare a desvestirte." Le dice Eliza, dándole su mano para ayudarla a levantarse de la cama.

"Gracias." Le contesta Ruth, agarrándose del brazo de la joven de cabellos castaños claro que tanto se parecía a ella.

Madre e hija caminan a pasos lentos hacia el baño, y cerrando la puerta detrás de ellas, Eliza le ayuda a quitarse la ropa mientras siente lagrimas resbalar por sus mejillas.

"Que te pasa que lloras?" Le pregunta Ruth, mirándola con curiosidad.

"Lo que pasa es que te extraño tanto mama, y me duele ver que ni te acuerdas de mí que soy tu propia hija…Te necesito tanto en este momento tan difícil de mi vida…" Gime Eliza.

"Perdóname muchacha. Yo daría todo por poder ayudarte, sin embargo te puedo decir que me conmueve tu bondad hacia mí y me caes muy bien. Yo daría todo por recordarlos a todos ustedes, pero debo de confesarte que extraño a mis padres y quisiera verlos pronto."

"Tus padres? Pero si tú nunca me hablaste de ellos hasta ahora, mama!" Exclama Eliza confusa.

"Pues no lo entiendo, si ellos son los únicos seres a quien recuerdo…." Murmura Ruth confusa.

"Mejor dúchate mientras yo busco ropa para ti mama."

"Como digas muchacha."

Eliza abre el grifo de la bañera, y echa un poco de líquido espumoso para darle un poco de aroma al agua.

"Ya puedes entrar, que el agua esta tibia."

"Que sensación tan rica efectivamente!" Exclama la mujer de cabellos castaños claro entrando en la bañera con la ayuda de su hija, y agarrando la esponja que está disponible, empieza a frotarse suavemente.

"Háblame un poco de tus padres mama: como eran, que nunca los conocí." Le pregunta la joven de cabellos castaños claro, intrigada.

Sonriendo misteriosamente, Ruth se aclara la garganta y empieza: "pues ellos son seres bastante estrictos pero justos, pero me sorprende mucho que no los conozca si son tus abuelos maternos."

"Conozco a los paternos, pero como ya te dije tu nunca nos hablaste de ellos a Neil y a mí, y por eso siempre pensé que no te importaban mucho."

"Qué raro aunque no me extrañaría si así fuese: ellos siempre han sido muy distantes conmigo y un poco fríos; Sin embargo con mis hermanas menores todo lo contrario a pesar de que yo haga todo para tener aunque sea un poco del cariño que ellos les dan a ellas." Suspira Ruth tristemente.

"Lo siento mucho mama, y perdona que mi pregunta te traiga tantos recuerdos tristes."

"No te disculpes que estas en todo tu derecho en querer saber sobre tu origen. Pero porque mejor no me seco ya para no desperdiciar el día?"

"Déjame ayudarte mama."

Y entregándole la toalla, Eliza saca un vestido rosado del armario, y le ayuda a ponérselo.

"Que bien te ves Ruth!" Exclama la señora Elroy al verlas salir del baño.

"Gracias Sarah."

"Pues que les parece si bajamos las escaleras lentamente?"

Y agarrando suavemente el brazo de Ruth, la señora Elroy y Eliza abren la puerta de la habitación, y las 3 se encaminan hacia las escaleras.

"Que casa tan grande y esplendida!" Exclama Ruth mientras bajan las escaleras.

"Eso nunca antes te había importado." Le contesta la anciana, divertida por el entusiasmo de su suegra.

"Pues he de haber estado ciega entonces!" Continúa Ruth, observando cada rincón de la mansión, y al ver una moza salir de la cocina le pregunta curiosamente: "y usted quién es? No recuerdo haberla visto antes? Yo soy Ruth O'Connor, y si necesita ayuda en lo que sea avíseme."

La moza se queda boca abierta al oír la señora de la casa hablarle de manera tan familiar, y lanzándoles una mirada interrogativa a Eliza y a la señora Elroy, le responde tentativamente: "mi nombre es Lise, y estoy a su disposición para lo que se le ofrezca."

"Mi madre está un poco cansada y no se siente bien, así que la tía abuela y yo hemos decidido sacarla a tomar un poco de aire fresco." Añade Eliza para no despertar sospechas.

"No se preocupe, que me entere que la señora Leagan sufrió un accidente en el lago y que estuvo inconsciente durante varias horas." Le contesta la moza, dirigiéndose hacia la cocina.

"Debemos tener más cuidado con lo que le decimos al personal: no quisiera que todos se enteraran sobre la condición de tu madre." Declara la señora Elroy después de ver la moza alejarse.

"Ni yo tampoco, y por eso ofrecí una explicación."

Y abriendo finalmente la puerta principal, Eliza respira el aire cálido de primavera.

"Que jardín tan inmenso!" Exclama Ruth con maravilla, al sentir el sol en su cara.

"Esta es la gran 'Mansión Leagan', y ha sido mantenida intacta durante casi 2 siglos." Le explica la señora Elroy con orgullo.

"Porque no nos sentamos en uno de los bancos mama? Desde ahí podrás observar mejor todo lo que hay en tu alrededor."

"Es el jardín más hermoso que haya visto en mi vista! El de mis padres es bonito y amplio también, pero no tan inmenso!" Continúa Ruth con admiración.

"Tu cambio radical es realmente sorprendente Ruth, pues hasta ahora nunca te habías fijado en lo que había a tu alrededor." Declara la anciana, observando a su nuera con un nuevo interés.

"En otras palabras: yo era una persona frívola, desinteresada y egoísta, no es así Sarah?" Le pregunta Ruth con remordimiento.

Antes de contestarle, la anciana se aclara la garganta, y sentándose con su nuera en uno de los bancos, declara: "siento tener que decirte algo tan desagradable Ruth, pero mejor será que lo sepas. Efectivamente nunca fuiste una persona popular que digamos, y lo único que te causaba felicidad era dominar todos los que te rodeaban, y no descansabas hasta conseguirlo. También con tu personalidad mezquina y calculadora llegaste a amargar la existencia de algunos seres, y tu matrimonio con mi hijo fue únicamente por conveniencia; Al quedar en la ruina, tus padres organizaron tu boda con él, y a pesar de todo el amor que Robert sentía por ti, tu no llegaste a corresponderle y dedicabas tu tiempo a gastar todo su dinero en frivolidades, y a manipular tus propios hijos."

A la mujer de cabellos castaños claro se le va todo el color de la cara al oír todas esas verdades tan poco favorecedoras, y bajando la cabeza avergonzada, se pone a gemir incontrolablemente: "dios mío, no puedo creer que aquella persona que describe pueda ser yo! Como he podido ser tan cruel, y porque?!"

"Cálmate Ruth que mi intención no era contrariarte." Le dice su nuera tratando de alentarla.

"Me imagino que usted también me odia Sarah, verdad?" Continúa Ruth al borde de las lágrimas.

La señora Elroy titubea un poco antes de contestarle, y levantándose del banco le contesta: "tú y yo siempre nos hemos llevado bien a pesar de las circunstancias."

"Se me hace difícil creerla después de todo lo que me acaba de contar." Insiste Ruth contrariada.

"A mí también." Añade Eliza abriendo en grande los ojos al escuchar aquella mentira, y acercándose de su tía abuela le murmura en el oído: "porque miente de esta manera?"

"Tengo mis razones." Le contesta la anciana en voz cortante.

Tomando el brazo de su abuela, Eliza se aleja un poco con ella para que su madre no las escuche e insiste: "cuáles razones?"

"No quisiera que tu madre me perdiera la confianza, ya que me ofrecí ayudarla para que se recupere y recobre la memoria cuanto antes."

"Y que pasara cuando ella recuerde todo? Acaso seguirá fingiendo una simpatía por ella?"

"Ya veremos cuando llegue este día, pero mientras tanto debo cumplir la promesa que me hice de cuidarla hasta que se sane por completo. Después de todo, solo a ella le debo la vida."

"Comprendo y le agradezco su apoyo. Pero mejor regresemos a sentarnos con ella, que se ve muy afligida."

Y caminando hacia el banco donde Ruth sigue sentada, Eliza se sienta junto a ella.

"Discúlpanos por dejarte a solas durante un instante mama, pero es que la tía abuela y yo estábamos discutiendo el menú del día."

"Así es. Queremos prepararte algo rico para que recuperes tus fuerzas cuanto antes." Añade la señora Elroy, sentándose junto a ellas.

Ruth sigue contrariada y no contesta. Le costaba creer, que aquella persona malvada que Sarah había descrito y ella eran la misma: siempre se había considerado tímida de naturaleza y la más trabajadora en la 'Finca de los O'Connor'; Sabía que sus padres exigían más de ella al ser la mayor de 2 hermanas, y por eso se empeñaba en triunfar en todo lo que hacía. Sin embargo lo que no recordaba, era como había llegado a este lugar tan distinto al suyo, en donde todo le parecía extraño y nada familiar…

'Es como si hubiera dormido durante 20 años y abierto los ojos, siendo ya una mujer madura…'

Lagrimas inadvertidas resbalan por sus mejillas, y al ver a su nuera tan afligida, la señora Elroy toma su mano en la de ella y le dice dulcemente: "por favor no llores que no estás sola. Te prometo cuidar de ti hasta que te recuperes por completo."

"Porque es tan buena conmigo Sarah?" Le pregunta Ruth con una vocecita.

"Ya te lo dije: estas enferma y eres mi nuera."

"Pero si he sido tan mala con todo el mundo no merezco compasión de nadie."

"Por favor no hables así mama…" Gime Eliza, y tomando su otra mano en la de ella continua: "porque mejor no nos cuentas como son los abuelos y nos hablas de tu infancia? Nunca supe que habías crecido en una finca."

"Como es posible que no sepas nada de mi pasado si yo soy tu madre? No entiendo nada."

"Sin embargo es la verdad. Cuando llegaste a la mansión a los 18 años de edad, lo único que te interesaba eran el lujo y las comodidades que me imagino te faltaron en tu propio hogar, y solo te casaste con mi hijo para salvar a tus padres de la ruina." Añade la señora Elroy.

"De la ruina?! Pero si a nosotros nunca nos faltó nada, y tenemos una de las fincas más grandes del Estado!" Exclama Ruth asombrada.

"Así era antes de que tu padre cayera en el vicio."

Y tomando una respiración profunda, la señora Elroy continua: "a tu padre le gustaba apostar, y durante años había tenido suerte con el dinero. Sin embargo un día lo perdió todo y su única salvación para él, era que te casaras con mi hijo."

"Mi propio padre me vendió?!"

"Por favor no lo juzgues, pues de lo contrario se hubieran quedado sin nada."

"La tía abuela tiene razón mama: todos cometemos errores, y aunque tu boda fuera forzada, terminaste enamorándote de papa."

"Si tan siquiera pudiera recordar algo de mi vida presente…" Murmura la mujer de cabellos castaños claros, desesperada.

"Porque mejor no nos cuenta lo que recuerdas?" Le propone la anciana suavemente.

"Está bien."

Y tomando una respiración profunda, Ruth comienza con lo que recuerda: "erase una vez una niña tímida e insegura, que lo único que siempre deseo era el cariño de sus padres; Pasaron un par de años y nacieron otras 2 niñas llenándola de alegría infinita, pues ahora por fin tendría con quien jugar. Por desgracia sus 2 hermanitas eran las consentidas de los padres y no querían tener nada que ver con su hermana mayor, quien al verse rechazada por ellas, decidió dedicar todo su empeño en brillar en la escuela, y ayudar en la finca en sus tiempos libres para ganarse el afecto de sus padres. Desafortunadamente su soledad aumentaba cada día más, y el hecho de ser tan introvertida le impedía hacerse amistades estrechas a pesar de ser de la aristocracia. Tampoco no conseguía que ningún chico se fijara en ella, y sus únicos amigos era la servidumbre con quien se pasaba sus tiempos libres ayudándolos con tareas domésticas, pero a pesar de todo ella paso una linda infancia creciendo en una de las fincas más prestigiosas del estado, y daría todo por volver a estar nuevamente en el campo junto a sus padres, y recordarse de como ella llego a esta mansión tan desconocida…"

"Yo también desearía tanto poder ayudarte a recordar mama…" Le dice Eliza, tomando su mano en la suya nuevamente.

"Prometo llevarte a la 'finca de los O'Connor' cuando recupere la memoria: debes conocer tus raíces maternas, y la verdad es que no me explico cómo no lo he hecho hasta ahora…" Murmura Ruth tristemente.

"Ya llegara este momento, pero por ahora lo importante es que te recuperes. Somos tu familia y puedes contar con nosotros para lo que sea." Termina la señora Elroy alentándola.

"Muchas gracias Sarah, y a ti también hija…"

"Pues que te parece si intentas caminar un poco con nuestra ayuda para despojar las piernas? Seguro que en un par de semanas ya podrás moverte sola, pero para que esto suceda debes practicar cada día."

"Ojala también logre recuperar la memoria."

Y levantándose lentamente del banco, le tiende la mano a su suegra para que la ayude.

"Dame tu otra mano mama, que así podrás moverte mejor."

Y acto seguido, las 3 mujeres caminan a pasos lentos por los alrededores del jardín: aquel mes de abril resultaba ser bastante cálido con el sol fuerte del mediodía, y todo parecía indicar un verano largo y prometedor. Los días se convierten en semanas, y finalmente una mañana de mayo, Ruth se levanta de la cama sin la ayuda de nadie, y al poner los pies al suelo, se da cuenta de que puede sostenerse sola.

"lo logre! Ya por fin puedo caminar nuevamente!"

"Sabía que lo lograrías mama y me siento tan orgullosa de ti!" Exclama Eliza abrazándola efusivamente.

"Te felicito Ruth, y yo también estoy orgullosa de ti pero dime una cosa: acaso has recordado algo?" Le pregunta la señora Elroy intrigada.

Al ver su nuera mover la cabeza negativamente la anciana respira aliviada: presentía que tarde o temprano, ella recuperaría la memoria, y sabía que la relación entre las 2 cambiaría radicalmente cuando llegara ese día…

'Ojala no sea demasiado pronto…'

Nueva York, 'Bellevue hospital center', mayo 1918.

'Hoy celebro mis 20 años, y Albert no está junto a mi…'

Candy suspira mientras nota el reflejo suyo en el espejo: en lugar de sus habituales buches infantiles ahora se encontraba una cara delgada; Su cuerpo también se había desarrollado aún más, dando a ver un pecho crecido que cada vez iba tomando formas más femeninas. Sin embargo a pesar de su gran día se sentía más sola que nunca, pues por más que lo intentara no lograba sacarse de su mente y alma al que había sido su mejor amigo durante tantos años, y al que poco a poco iría convirtiendo en su verdadero amor.

'Donde estas Albert, y porque todavía me duele tanto tu ausencia?'

El ruido repentino de la puerta principal la saca de su ensueño, y saliendo de su habitación con su bata de dormir, se dirige al salón a abrirla pero su sorpresa es inmensa al ver quien está delante de ella:

"Flanny!" Exclama la rubia pecosa, abriendo en grande los ojos.

"Sé que debí de haberte escrito antes, pero preferí darte la sorpresa personalmente: yo también fui admitida a la misma universidad tuya, así que por fin volveremos a estar juntas!" Exclama la joven de anteojos oscuros abrazando efusivamente a su amiga.

"Que alegría oírte decir esto Flanny! Pero como lo lograste?"

"Muy fácil: la señora Robertson espero a que hubiese un puesto libre antes de mandarme aquí, y justamente el mes pasado se fue una alumna de este hospital."

"Es verdad. Escuche que una muchacha fue mandada a Europa como voluntaria."

"Y como yo también soy una de las mejores alumnas, la señora Robertson decidió mandarme a Nueva York para reunirme contigo." Concluye Flanny triunfante.

"Y quien se quedó con el apartamento que alquilábamos entonces?" Le pregunta Candy con curiosidad.

"Pues se lo entregue al inquilino, y me imagino que continuara alquilándolo."

"Que felicidad tenerte otra vez conmigo amiga, aunque ya no podremos compartir la misma habitación pues yo ya tengo compañera."

"Eso es lo de menos. Estamos en el mismo hospital y esto es lo que cuenta, pero antes de que se me olvide te traje algo."

Y sacando una cajita de su bolsillo, Flanny se lo entrega a Candy y continua: "feliz cumpleaños amiga!"

"Te acordaste Flanny! Gracias, pero no era necesario."

"Por supuesto que sí: hoy cumples 20 años de edad, y a partir de hoy dejaste definitivamente tu adolescencia atrás."

"20 anos… Yo tampoco puedo creerlo pues parece que todavía era ayer que cumplía los 12…" Murmura la rubia pecosa.

"Y como piensas celebrarlo?"

"Mis compañeras me tienen una sorpresa pero no me quieren decir lo que es."

"Porque entonces en vez de alegrarte llevas esa cara tan triste?" Continúa Flanny observándola.

"Es que extraño tanto a Albert… Hace ya casi 2 años que no lo veo." Murmura Candy, y sin poder contenerse más estalla en llantos.

"Lo se amiga pero no me gusta verte triste." Le dice la joven de anteojos oscuros, tomándola en sus brazos.

"Jure no derramar nunca más una lagrima por él, pero ya no puedo contenerme: lo enterré en mi corazón desde que se fue, pero cada vez que se acerca mi cumpleaños el vuelve a sumergir en mis pensamientos."

"Dicen que el tiempo cura las heridas pero en tu caso no estoy tan convencida, pues por más que te has esforzado en estudiar y superarte has ido guardando la esperanza de que regrese a ti, no es cierto?"

Los llantos de la rubia pecosa se vuelven cada vez más fuertes, y secándose las lágrimas con la remanga de su bata gime: "que voy a hacer ahora con este dolor tan fuerte amiga, y como voy a enfrentar el día?"

"Pues manteniendo la cabeza erguida y preparándote para tu día más importante del ano, así que seca esas lagrimas ya, y arréglate mientras yo voy y busco un vestido bonito para ti!"

"Gracias Flanny por animarme. Eres una gran amiga de verdad, pero antes de ducharme déjame ver que me regalaste."

Y abriendo la cajita que tiene entre sus manos, Candy descubre un collar rojo oscuro y sus ojos brillan de emoción: "qué bello es Flanny y pega muy bien con el vestido rojo que tengo!"

"Pues dúchate ya, que luego yo te maquillare para que parezcas toda una estrella!"

Y acto seguido, Flanny se dirige al armario y encuentra un vestido rojo oscuro que deposita en la cama, mientras espera a su amiga.

Una hora más tarde, Candy observa su nuevo reflejo en el espejo: con sus labios pintados de rojo y sus cabellos recogidos parecía una diosa griega, y el vestido rojo que llevaba puesto acentuaba sus curvas femeninas.

"Que hermosa te ves amiga y ojala la sorpresa que te tengan tus compañeras sea un galante!" Exclama la joven de anteojos oscuros, guiñándole el ojo.

"No me hagas sonrojar Flanny!" Exclama la rubia pecosa, poniéndose roja como un tomate.

Se abre repentinamente la puerta de la habitación, y entran 6 mujeres jóvenes: "hola Candy, no sabíamos que tenías visita."

"Pasen chicas que esta es Flanny quien se vino de Chicago para estudiar aquí con nosotras."

"Bienvenida. Nosotras somos compañeras de estudios de Candy, y justamente veníamos a traerle su regalo de cumpleaños."

Y acercándose a la rubia pecosa, las estudiantes le entregan un sobre blanco: "feliz cumpleaños de parte de todas nosotras!"

Candy toma el sobre en sus manos, y abriéndolo descubre un ticket para una de las obras de teatro de Strahtford….

'Strahtford…El teatro en donde Terry trabajaba!'

Al ver lo pálida que se ha puesto la rubia pecosa, las estudiantes exclaman: "que te pasa que se ha ido todo el color de la cara Candy? Acaso no te gusto nuestro regalo?!"

Candy se queda callada durante un largo rato sin saber que contestarles. Ninguna de ellas sabia de la existencia de Terry ni de su antigua relación con él: cómo explicarles que le resultaba imposible aceptar el regalo sin lastimarlas? Por otro lado, no podía pasarse la vida escondiéndose por miedo a encontrarse con el joven actor Inglés.

Aclarándose la garganta, finalmente les responde:

"No es eso chicas…Les agradezco muchísimo por el regalo y por supuesto que iré, pero solo si me acompañan."

"Pues por supuesto, si nosotras somos las que te llevaremos!" Exclaman las muchachas aliviadas, y guiñándole el ojo continúan: "te ves hermosísima por cierto, y a lo mejor hasta encuentres un galante!"

"Gracias chicas, pero que haremos con Flanny?"

"Por mí no te preocupes que de todas maneras tengo que desempaquetar mi maleta y familiarizarme con el hospital. Pero si quieres, esta tarde cuando regreses podemos seguir celebrando y comernos una torta de cumpleaños." Le contesta la joven de anteojos oscuros, sonriéndole con calidez.

"Está bien, pero antes quiero darte otra vez las gracias por tu bello collar rojo y decirte que estoy muy feliz de que te hayan trasladado al mismo hospital que el mío!" Exclama la rubia pecosa abrazándola.

"Ya vete amiga, que sino llegaras tarde al teatro!" Exclama Flanny, guiñándole el ojo.

"Hasta luego entonces!"

Y sin perder más tiempo, Candy sale de la habitación, acompañada de las 6 estudiantes rumbo a la ciudad: era un día soleado y la ligera brisa primaveral les facilitaba la caminata hasta el 'teatro Stratford', sin embargo al acercarse al lugar de su antiguo amor, a la rubia pecosa se le llenan los ojos de lágrimas; Los recuerdos de su adolescencia con el joven de cabellos oscuros largos habían sido gratos y dolorosos a la vez, y el último encuentro con él, un tanto traumatizante.

'Ojala no vuelva a encontrármelo otra vez…'

Las 7 jóvenes entran al edificio, y después de ensenar sus tickets se sientan a sus respectivos asientos esperando con anticipación a que comience la obra. Sintiéndose cada vez más nerviosa, Candy se levanta del asiento, y aclarándose la garganta declara: "disculpen chicas, pero necesito ir al baño a refrescarme."

"Está bien, pero no te tardes que ya empieza la obra."

"Enseguida regreso!"

Candy se dirige apresuradamente hacia las escaleras en busca del 1er baño, sin embargo anda con tanta prisa, que antes de que se dé cuenta de lo que está pasando tropieza una vez más con la persona menos deseable:

"Terry!"

"Tu otra vez?!" Exclama el joven de cabellos oscuros, agarrándola para impedir que se caiga al suelo.

"Por favor, te suplico que no me hagas daño que mi intención no era buscarte!" Gime la rubia pecosa en voz entrecortada.

"Descuida tarsana con pecas, que tú ya quedaste en mi pasado." Le contesta Terry, observándola con curiosidad.

Candy mira largamente al joven de cabellos largos oscuros, y se da cuenta del cambio que hay en el: en vez del anhelo que anteriormente reflejaba su rostro cada vez que la veía, ahora descubre una indiferencia total, una tranquilidad interna, y su intuición de mujer adivina lo que le sucede.

"Te has vuelto a enamorar, no es así?"

"Como lo supiste?" Le pregunta Terry perplejo.

"Lo intuí, y espero que esta vez seas correspondido?" Le pregunta Candy tímidamente.

"La verdad es que no se si soy correspondido. En verdad mi situación es más compleja de lo que parece…" Continúa Terry tentativamente.

"Porque no le dices a Susana lo que sientes?"

"Y quien te asegura que es ella?" Le contesta Terry molesto.

"Tu reacción me lo confirma: te has enojado, y cada vez que quieres esconder algo te pones defensivo."

"Y si así fuera qué, si de todas maneras ya la perdí? Susana ya no es libre como antes: se ha emparejado con un nuevo actor llamado Marcos Robles, y me matan los celos imaginarla en brazos de otros!" Exclama el joven de cabellos oscuros largos frustrado.

"Y cuando te volviste a enamorar de ella?"

"Desde aquel terrible día en que renunciaste a mí, para irte a correr en los brazos de Albert!" Exclama Terry dolido.

"Terry por favor… Las cosas no fueron así, y tú lo sabes."

Perdido en sus propios pensamientos, Terry continua: "cuando regrese al teatro aquel terrible día, mi frustración aumento más al ver Susana en brazos de un joven apuesto y mis celos también. Como era posible que ocurrieran tantos cambios en mi corta ausencia, y quien era aquel intruso? En aquel momento, me di cuenta que había perdido al ser más valioso y fiel por pura inmadurez mía, y que nunca había dejado de amarla. Aquello fue otro golpe duro para mí al descubrir aquellos sentimientos sumergir otra vez, y jure no darme por vencido. Luchare como sea para reconquistarla, pues no hay nada peor que herir el orgullo de una mujer y esto es exactamente lo que hice yo al abandonarla por ti."

"Siento mucho que lo nuestro terminara tan mal Terry y en cierta forma la culpa es mía por haberte incitado, pues de no haberlo hecho todavía la tendrías a tu lado. Por esto deseo con todo mi alma que luches por tu felicidad y no renuncies a Susana por nada del mundo: todos cometemos errores en la vida si no lo sabré yo."

El joven de cabellos largos oscuros nota el tono amargo de la rubia pecosa pero al mismo tiempo se siente confuso: "Y se puede saber porque tienes tanto empeño en verme feliz, si yo solo te he causado desdicha hasta ahora además que te trate muy mal la última vez que nos vimos. A qué se debe ahora este cambio de actitud?"

"Lo que pasa es que he aprendido a comprenderte Terry, pues yo también estoy viviendo un amor imposible."

"Te refieres a Albert por supuesto. Que paso entre ustedes para que te entristecieras tanto?"

Al ver lágrimas resbalar por las mejillas de la rubia pecosa a Terry se le suaviza el corazón, y tomándola en sus brazos instantáneamente, le murmura en el oído: "por favor no llores tarsana con pecasque no me gusta verte sufrir."

"Lo siento Terry. No quiero ser una llorona, pero es que soy la mujer más desdichada del mundo desde que el desaparecido de mi vida por completo…."

"Como dices?! Acaso Albert no volvió a aparecer?"

"Es como si se le hubiese tragado la tierra, y yo ya no se ni dónde buscarlo…" Murmura Candy secándose las lágrimas.

"Siento muchísimo lo que te está pasando Candy, pues a pesar de todo los momentos amargos que hemos vivido juntos ya no te guardo ningún rencor."

"Porque eres tan bueno conmigo ahora Terry, si hace solo un par de meses me aborrecías?" Le pregunta la rubia pecosa en voz entrecortada.

"Porque siento que por primera vez amo de verdad. Lo siento Candy, pero lo que yo sentí por ti cuando éramos unos adolescentes era infatuación, un sentimiento juvenil al que me aferre durante años convencido de que éramos almas gemelas pero no es así: Susana es indudablemente mi otra mitad, la única persona que me comprende y que siempre estuvo a mi lado, mi mejor amiga y la que comparte mi pasión por el teatro. Desgraciadamente me di cuenta de ello demasiado tarde, y a lo mejor la perdí para siempre."

Para Candy, aquella revelación es un alivio y al mismo tiempo una tristeza, pues sabía que ya nada volvería a ser igual entre los 2: delante de ella descubría a un Terry maduro, y aquel rebelde de 16 años ya había quedado atrás. La vida seguía, para bien o para mal, y solo le quedaba seguir su camino sin lamentarse del ayer.

"Espero que no me guardes rencor, tarsana con pecas?" Le pregunta Terry, sacándola de su ensueño.

"No tengo porque guardarte rencor. Yo solo deseo tu felicidad, y espero que Susana sepa valorar y corresponderte."

"Gracias Candy. Y a pesar de todo lo que haya pasado entre nosotros, espero que esta no sea la última vez que nos veamos y que tú también encuentres tu felicidad."

Y antes de que la rubia pecosa pueda reaccionar, el joven apuesto de cabellos oscuros largos acerca su cabeza a la de ella, y le deposita un beso tierno en la frente.

"Adiós tarsana con pecas, y ojala te guste la obra!"

"Mucha Suerte con Susana!" Exclama Candy al verlo alejarse, y sonriendo tristemente piensa:

'Adiós para siempre, mi amor juvenil…'

Todavía aturdida de aquel encuentro inesperado, la rubia pecosa encuentra esta vez el baño, y lavándose la cara con agua fría se maquilla nuevamente: tenía la cara toda enrojecida de tanto llorar, y no quería que sus compañeras se dieran cuanta del estado melancólico en que se encontraba. Ya era hora de que dejara atrás sus inquietudes infantiles, y empezara a comportarse como la mujer hecha y derecha de 20 años de edad. El ruido de la campana insistente la saca de su ensueño, y saliendo del baño corre apresuradamente hasta llegar a su asiento.

"Se puede saber porque tardaste tanto?" Le pregunta una de sus compañeras.

"Lo siento!" Responde Candy bajando la cabeza.

"Silencio que la obra está por empezar!" Exclama alguien en la oscuridad.

Se abre finalmente la cortina, y al ver la silueta familiar de Terry y Susana, a Candy se le forma un nudo en la garganta: ya más nunca volvería a oírlo llamarla tarsana con pecas.

'Adiós para siempre mi adolescencia…'

Sintiendo un gran vacío en su corazón, Candy cierra los ojos durante unos instantes, y ve desfilar por su mente la imagen de una adolescente traviesa corriendo por una colina verde: su niñez había quedado finalmente atrás, y a pesar de haber esperado con tanto anhelo a cumplir los 20 años, se sentía más sola que nunca.

'Acaso volveré yo a ser feliz?'

Los aplausos inadvertidos la sacan otra vez de su ensueño, y concentrando su atención en el escenario, Candy observa a 3 grandes estrellas con todo futuro por delante: Terry Grandchester, Susana Marlowe y Marcos Robles brillaban, mientras que ella iba desvaneciéndose poco a poco…

Michigan, 'en la casita del bosque', junio 1918.

Rose Wood y Albert ya tenían medio año viviendo juntos, pero su convivencia con aquella mujer que tanto le recordaba a Candy se volvía cada día más insoportable: de su amistad con la mujer alta de cabellos rubios que había conocido en África no quedaba ni el rastro, y la que en un pasado le había causado felicidad le resultaba ahora superficial; Sus intereses se limitaban a pasarse la mayoría del tiempo en la casa arreglándose para él y cocinándole, y en poco tiempo se había convertido en la típica ama de casa. Le resultaba difícil entender, que la mujer aventurera y valiente con la que antaño había compartido tanto, ya no era la misma de antes.

'Cómo es posible que Rose haya cambiado tan radicalmente en tan poco tiempo?'

Suspirando, el hombre rubio de cabellos largos observa su lago favorito, mientras piensa en la manera más delicada de deshacerse de aquella carga tan pesada: hablaría con Rose Wood esta misma noche y le sugeriría conseguirle empleo en lo que sea, e incluso le pagaría el ticket de regreso a su país o donde decidiera establecerse si fuera necesario. Ya era tiempo de poner un fin a esta farsa demasiada prolongada; Sabía que no resultaría una tarea fácil conociendo lo sensible que era su amiga, sin embargo no podía esperar más, y cuando todo terminara se iría en busca de Candy para darle la cara una vez por todas, y averiguar qué era lo que realmente la rubia pecosa sentía por él. Su corazón se pone a latir fuertemente con anticipación en solo pensar que muy pronto la volvería a tener entre sus brazos, y dirigiéndose a pasos rápidos hacia la 'casita del bosque', Albert abre la puerta de entrada principal, dispuesto a confrontar de una vez por todas a la mujer alta de cabellos rubios.

"Que deseas comer hoy querido?" Le pregunta Rose al verlo entrar, y acercándose a él, le deposita un beso rápido en la boca.

"Rose… Tenemos que hablar." Empieza Albert tentativamente.

"Que es lo que te pasa que traes una cara tan seria? Acaso has recibido malas noticias?"

"He pensado mucho últimamente y quiero que lo nuestro termine cuanto antes. Lo siento mucho Rose, pero yo a ti no te amo y nunca lo hare: mi corazón ya pertenece a alguien desde hace muchísimos años."

"Si te refieres a la tal Candy ya te he dicho antes que eso no me importa, pues lo único que deseo es tenerte a mi lado para siempre, y estoy dispuesta a compartirte con todas las mujeres que se te crucen por el camino si es necesario, pero no permitiré que me abandones nunca!" Exclama Rose desesperada.

"Por favor Rose! Ten un poco de dignidad y orgullo propio aunque sea! Porque mejor no te buscas algún empleo o pasatiempo que te distraiga de mí, si te aburres tanto?" Insiste Albert exasperado.

"Hare todo lo que me pidas, pero tú a mí no me puedes sacar de tu vida como si yo fuese un objeto o un animal! Te amo más que a mi propia vida Albert, y si me echas a la calle como a un perro soy capaz de cometer una locura!" Grita Rose, arrodillándose delante del.

"Por favor Rose, no compliques más las cosas entre nosotros y déjame guardar aunque sea un grato recuerdo tuyo. Eres una mujer joven y tienes toda una vida por delante que recorrer, gente nueva que conocer. No lo desperdicies en mí que no te merezco." Le dice Albert, levantándola del suelo con gentileza.

"Pero si a mí no me interesa nadie más que tú… Yo solo vivo para ti…" Gime Rose, aferrándose al hombre rubio de cabellos largos.

"Pues deberías olvidarme cuanto antes amiga."

Y levantándole el mentón dulcemente, Albert continua en voz firme: "mírame a los ojos y dime una cosa Rose. A donde quedo la mujer valiente y aventurera que conocí en África? Sera posible que delante de mí se encuentre solo la sombra de la persona que más admiraba en aquel entonces? Ten coraje, y atrévete nuevamente a enfrentar el mundo amiga, y ya verás que muy pronto la vida te sonreirá otra vez. Animo, y recuerda que puedes contar conmigo para lo que sea."

Las palabras verídicas pronunciadas por Albert la ponen a reflexionar, y armándose de valor, Rose Wood se aclara la garganta y le dice en voz entrecortada: "no sé si tenga las fuerzas necesarias para continuar. Yo había contado con tu amor para toda la vida, y sin embargo ahora me doy cuenta de lo tonta que fui al creer que tú también sentías lo mismo por mí. Candy es una mujer muy dichosa y aunque me duela reconocerlo, sé que en el corazón no manda. Vete a buscarla y olvídate de mí…"

Y sin poder contenerse más, Rose se echa a llorar como una chiquilla.

"Por favor cálmate ya amiga, que me duele verte tan afligida." Le dice Albert, tomándola en sus brazos para consolarla.

"Amiga… Eso es lo que siempre fui y seré para ti para mi desgracia, y solo dios sabe lo mucho que he anhelado ser tuya, y lo desdichada que me siento ahora por tu rechazo."

"Por favor Rose, se fuerte y olvídate de mí que nunca seré tuyo."

Rose siente como se le derrumba el mundo al escuchar al único hombre que ha amado hablarle con tanta convicción, y tomando una respiración profunda decide poner fin a su relación con el: de nada le servía suspirar eternamente por alguien que no podía corresponderle, y por más que le dolía aceptarlo, sabía que tenía que marcharse cuanto antes y olvidarlo para siempre.

"Está bien Albert. Me marchare lo más pronto posible para dejarte el camino libre con Candy."

"Gracias Rose. Sé que te costó mucho pronunciar aquellas palabras, y espero que podamos continuar siendo los mismos amigos de antes."

"Nosotros nunca volveremos a ser los mismos amigos de antes después de lo que paso entre nosotros Albert." Declara Rose con amargura.

"La culpa es mía por haber permitido que llegáramos tan lejos, y ojala puedas perdonarme algún día."

"No tengo nada que perdonarte: yo fui la que te busco, y tu como hombre que eres solo seguiste tus instintos."

"Aun así actué con bajeza y no debí alentarte, sino dejar que te fijaras en otro hombre."

"De nada hubiera servido, pues yo solo tenía ojos para ti."

"Porque no abres los ojos y miras a tu alrededor? Eres una mujer muy valiosa Rose, y cualquier hombre se sentiría halagado de tener tu atención."

'Cualquiera, pero no al que realmente amo…'

Suspirando, Rose continua: "me marchare con el 1er barco que desembarque a Inglaterra. Quiero re explorar mi tierra nativa y ver si ahí puedo encontrar la felicidad; Ya he viajado bastante, y es tiempo de que ponga pies en la tierra y decida de una vez por todas cual es mi verdadera vocación."

"Pues me parece una excelente idea y me siento muy orgulloso de tu decisión. A mí también me gustaría conocer algún día la tierra de mis antecedentes: ESCOCIA. Pero para entonces necesito resolver unos asuntos familiares."

"Quiero agradecerte por tu hospitalidad y el tiempo especial que pase contigo: nunca lo olvidare, y lo guardare dentro de mí como el recuerdo más grato de mi estadía en los Estados Unidos."

"Soy yo el que debe agradecerte, pues con tu presencia llenaste el gran vacío que sentía y le diste el toque femenino que le faltaba a la casa, además que te ocupaste de mi como nunca nadie lo había hecho antes."

"Me alegra saber que por lo menos mi presencia resultara ser placentera y eficaz. Te extrañare mucho Albert."

Y acercándose a él, Rose le deposita un último beso de adiós en los labios antes de subir las escaleras para refugiarse en su habitación, y llorar en silencio mientras hace sus maletas.

Albert siente una repentina tristeza al darse cuenta de que esta sería probablemente la última vez que se verían, pero al mismo tiempo un gran alivio: ya por fin tenía el camino libre para volver a buscar a Candy, y sabía que debía de enfrentarla cuanto antes y averiguar cuáles eran los verdaderos sentimientos de la rubia pecosa.

Nueva York, 'Bellevue hospital', julio 1918.

Es una tarde caliente de verano, pero sin embargo el corazón de Candy esta helado como si fuese invierno puro: su cumpleaños pasado había sido el más triste de todos, y todavía recordaba su encuentro melancólico con Terry. Suspirando, se pone a pensar en su vida presente y reconoce, que a pesar de su progreso brillante en su carrera de enfermera estaba más sola que nunca. Caminando hacia la fuente de agua más cercana del hospital, se quita los zapatos para despejarse un poco.

"En que estás pensando, bella durmiente?"

La voz familiar la hace sobresaltar, y frotándose los ojos para ver si no está sonando, ve parado a unos metros de ella, ni más ni menos que al hombre enmascarado!

Todavía aturdida de aquella aparición tan repentina, la rubia pecosa se queda observándolo en silencio, y es incapaz de articular una palabra.

Al verla tan callada, el hombre enmascarado se echa a reír a carcajadas y camina hacia ella.

"Que paso que te has quedado muda? Es que acaso te cortaron la lengua?"

Candy siente su corazón latir con aceleración al tenerlo tan cerca, y mirándolo detenidamente, tiene la impresión de que es más alto y apuesto de lo que recordaba: llevaba la misma mascara de baile Venecianode todas las veces, y sin embargo su larga cabellera roja le recordaba a alguien.

"Y bien, no piensas saludarme, bella durmiente? O es que mi presencia te desagrada tanto?" Continua el hombre enmascarado, clavándole una mirada profunda.

"Usted, acá?!" Balbucea la rubia pecosa finalmente recobrando su voz.

"Vaya manera fría de saludarme después del tiempo que no nos vemos, no crees?"

"Pero como es que me encontró, y porque ahora?!" Exclama Candy, sonrojando levemente.

Acercándose aún más, el hombre enmascarado de cabellos rojizos se para justo delante de ella, y le pregunta en voz ardiente: "quiero que me contestes a lo que te voy a preguntar con franqueza. Acaso hay otro hombre en tu vida?"

"Otro hombre?!" Exclama la rubia pecosa sin entender.

"Quiero saber lo que realmente sientes por mí." Insiste el hombre enmascarado.

"No le parece a usted una pregunta un poco fuera de lugar? Apenas lo conozco, y aunque reconozca sentirme atraída hacia usted, quien le garantiza que no haya otro hombre en mi vida?" Le contesta Candy desafiante.

"Así que admites que hay otro?"

"Y porque no habría de haberlo? Después de todo soy una mujer hecha y derecha, y es normal que tenga algún novio, no cree?"

"Es verdad, pero como eres tan joven es muy posible que tengas los sentimientos confundidos." Le dice el hombre enmascarado,lanzándole una mirada penetrante.

"Y si hacia lo fuera a usted que le importa? Acaso no desapareció con otra mujer, enla última fiesta?" Exclama la rubia pecosa enfurecida.

"Las cosas no son siempre lo que parecen."

"Qué fácil es para ustedes los hombres jugar con las mujeres! Coquetean con unas, y cuando se aburren toman la siguiente!" Exclama la rubia pecosa con amargura.

"Veo que te han hecho mucho daño a pesar de tu juventud, pero no me moveré de aquí hasta que me contestes si hay alguien especial en tu vida: me urge saberlo por el bien de los 2."

"Que obstinado es usted por dios! Pues si lo hay pero es un amor imposible, así que ya déjeme en paz!" Exclama Candy exasperada.

"Quiero saber su nombre." Insiste el hombre enmascarado en voz firme.

"Albert. Así se llama el hombre que me partió el corazón en mil pedazos al marcharse, sin dejar ni una huella detrás de él, ni el tiempo necesario para que le dijera que lo amo con todas mis fuerzas desde hace mucho tiempo. Aquel hombre que siempre estuvo a mi lado en los momentos más difíciles de mi vida desapareció de la nada, cuando más lo necesitaba...

Y bajando la cabeza para esconder sus lágrimas, Candy se pone a gemir silenciosamente.

"Ya no llores más que aquí me tienes, pequeña pecosa." Le dice una dulce voz familiar, y levantándole el mentón tiernamente, el hombre enmascarado se quita lentamente la máscara, dejando revelar finalmente su rostro:

"ALBERT!" Exclama la rubia pecosa poniéndose pálida como si hubiera visto un fantasma mientras sus ojos se abren en órbita: delante de ella se encontraba la persona a quien había anhelado durante tanto tiempo, y temblando incontrolablemente siente el corazón latirle aceleradamente. La impresión es demasiado fuerte para ella, y tratando de sujetarse a Albert, pierde el equilibrio y se desmaya en el acto.

"Candy!" Exclama el hombre rubio de cabellos largos tomándola en sus brazos a tiempo, y depositándola cuidadosamente en la hierba, le murmura en el oído: "te has vuelto a desmayar, tal como lo hiciste a los 12 años de edad, cuando te salve la vida aquel día que casi te caes en la cascada, pequeña pecosa…'

Y acariciándole sus bucles rubios tiernamente, Albert se pone a recordar su 1er encuentro con Candy en la 'Mansión de Los Leagans': cuando para ella, él no era más que el señor Albert, aquel vagabundo solitario en el que ella encontró refugio cada vez que tenía problemas. Aquella pequeña pecosa que había cautivado su corazón desde siempre, y a quien había amado en silencio durante tantos años, se encontraba finalmente junto a él.

Por fin termine el capítulo 30 queridos lectores, y discúlpenme por la tardanza pero espero que aun así lo hayan disfrutado. Ahora que CANDY ya sabe que ALBERT y el HOMBRE ENMASCARADO son una misma persona como continuara la historia, y cuál será su reacción al despertar? Aun la saga no termina, y les prometo más emociones y tensiones en el próximo capítulo! En cuanto a RUTH LEAGAN: me imagino que seguirán asombrados de su cambio radical, o me equivoco? Pues manténganse al margen que esto aún sigue!

JOSIE: a ti te debo un gran agradecimiento de todo corazón pues sigues leyéndome tan fielmente, y espero que te encuentres bien? 4 reviews wow! No te imaginas lo feliz que me siento cada vez que me dejas uno, y si tarde tanto en continuar es por lo mucho que estuve trabajando en estos últimos meses, pero justamente hoy mismo pude terminarlo y mandarlo online. Espero que lo aproveches, y me gustaría tanto que finalmente te hicieras miembro del FANFICTION SITE, pues pienso que tienes talento y podrías escribir también? En todo caso te mando un saludo especial por apreciar mi saga, y como lo dije antes: es gracias a ti que sigo escribiendo, así que hasta la próxima!

Un millón de gracias también a ANNIMO: eres nueva, y tu review me encanto! Deberías mandar tus historias online también si estas escribiendo lol!

Gracias a los demás: GLENDA y CAROLINA MACIAS, LES y ALEBETH me llenaron de ilusión con sus reviews!

Hasta la próxima a todos, y gracias por su fidelidad!