La verdadera historia de Candy White
(Capitulo 31)
Nueva York, 'Bellevue hospital', julio 1918.
Albert sigue contemplando a Candy, incapaz de creer que finalmente la tenía en sus brazos: aquella joven pecosa había sido su gran ilusión durante tantos años, y aun pensaba que estaba sonando. Suspirando, se pone a recordar en todas las veces en que había debido ceder a ella por la diferencia de edades entre ellos; 1ero con su sobrino Anthony que en aquel entonces era su doble cuando él era un adolescente, y luego con Terry, su amigo y rival.
'Esta vez no voy a perderte mi pequeña pecosa,cueste lo que cueste te lo prometo…'
Candy se pone a suspirar al sentir manos suaves acariciarle, y abriendo los ojos lentamente, se encuentra con la mirada dulce del hombre rubio de cabellos largos:
"Albert!" Grita ella arrojándose en sus brazos, e inhalando el perfume masculino de su amigo, lo aprieta fuertemente.
Tomando aquello como una invitación, el hombre rubio de cabellos largos le levanta el mentón tiernamente, y acercando sus labios a los de ella, la besa tentativamente. Candy sobresalta al sentir el contacto de su boca en la de ella, y estremece al notar la mirada apasionada salir de los ojos de Albert. Sintiéndose repentinamente tímida baja la cabeza, pero unos dedos firmes la levantan de nuevo, y antes de que pueda reaccionar, se ve envuelta esta vez en unos labios hambrientos que buscan su lengua para enredarla con la suya. Una corriente eléctrica invade todo su cuerpo al sentir unas manos suaves acariciarle, y murmurando de placer, la rubia pecosa se aferra al cuerpo masculino como si del dependiera su vida. Envueltos en un torbellino de pasiones, los 2 caen al suelo abrazados fuertemente, pero al tocar el piso duro, Candy reacciona violentamente:
"Como te atreves a tocarme después de tu engaño Albert!"
El choque evidente en el del hombre rubio de cabellos largos, y siente como si lo hubieran abofeteado: "se puede saber de qué engaño hablas Candy?!"
"El de haberte hecho pasar por el hombre enmascarado durante todo este tiempo, para luego marcharte con otra mujer en la última fiesta que organizo la tía abuela: porque lo hiciste Albert? Porque?!"
A Albert se le va todo el color de la cara al escuchar sus reproches, y se queda largamente pensativo sin saber que responderle.
"Porque no me contestas? Es lo de menos que puedes hacer después de haberme engañado con aquella mujer enmascarada, con la que te fuiste tan tranquilamente aquella noche de invierno!" Continúa Candy con rencor.
"Tú no eres quien para juzgarme Candy, o es que acaso se te olvido que casi te casas con Terry?!" Le contesta Albert, lanzándole una mirada enfurecida.
Candy se pone colorada al oír sus palabras verídicas, pero sin darse por vencida, continua: "pues no me case, y esto te lo debo a ti."
"A mí? Y porque?"
"A ti, pues no he podido sacarte de mí corazón desde aquel día que te marchaste y te tengo impregnada en mi ser, o es que no te has dado cuenta de lo mucho que te quiero Albert?"
"Sin embargo ibas a casarte con el joven actor inglés." Le reprocha Albert sin piedad.
"Porque pensé que te había perdido para siempre." Le dice la rubia pecosa con una vocecita.
"Yo también lo pensé, y por eso decidí irme con Doris."
'Doris… Así se llama la mujer a quien Albert cambio por mí…'
La rubia pecosa siente unos celos inmensos al imaginarse otra mujer en brazos de Albert, y piensa en lo doloroso y complicado que era el amor; Sin embargo su orgullo era más fuerte que su tristeza, y lanzándole una mirada llena de furia exclama:
"Porque mejor no te marchas otra vez, y me dejas vivir en paz?! Yo ya rehíce mi vida y no soy aquella muchacha ingenua e inocente a la que abandonaste sin ningún remordimiento. Yo ya madure, y no siento la misma admiración que despertaste cuando eras anémico y vivíamos bajo el mismo techo: La chica tonta y crédula murió cuando tú desapareciste, así que lo nuestro quedo atrás. Adiós para siempre."
Y dándole la espalda al hombre rubio de cabellos largos, Candy se aleja apresuradamente, sin advertir de lo rápido y atlético que es este, y antes de que se dé cuenta de lo que está pasando, se encuentra nuevamente en brazos de Albert.
"Suéltame Albert, que no te quiero más!" Grita la rubia pecosa pataleando.
"Sin embargo hace unos momentos me besabas apasionadamente." Le murmura el hombre rubio de cabellos largos en el oído, y levantándole el mentón con firmeza, clava su mirada ardiente en la de ella.
"Déjame en paz, te lo suplico Albert…." Murmura Candy débilmente, mientras lucha por escaparse.
"Porque en vez de pelearnos no retomamos lo que estábamos haciendo antes?"
Y tomando la cabeza de la rubia pecosa en sus manos, Albert acerca sus labios a los de ella, y la besa hambrientamente dejándola sin aliento. Candy gime al sentir la lengua del hombre rubio de cabellos largos en la suya, y siente nuevamente una corriente eléctrica recorrerle por todo el cuerpo; Los 2 caen al suelo prolongando el beso, mientras los consume una pasión incontrolable. Murmurando de placer al sentir las manos de su adorado acariciarle por todas partes, Candy inhala el perfume masculino de este. Finalmente después de una eternidad es Albert quien termina el beso, y ayudando a su querida a levantarse, la aprieta fuertemente contra él, mientras le murmura tiernamente en el oído:
"mi pequeña pecosa…"
Candy se siente en completa éxtasis al oírlo llamarla de esta manera, y apoya su cabeza en el hombro de Albert mientras escucha los latidos de su corazón; Todavía le parecía un sueño haberlo vuelto a encontrar después 2 años, y sin embargo a pesar de su felicidad se siente inquieta: que pasaría ahora que el hombre rubio de cabellos largos estaba nuevamente en su vida, y que papel jugaba la otra mujer? Apartándose del bruscamente, siente los celos surgir repentinamente y se pone a temblar.
"Que pasa que te has puesto tan pálida Candy?" Le pregunta Albert, tomándola nuevamente en sus brazos.
"Quiero que me contestes con franqueza: qué papel juega Dorisen todo esto, y es que acaso yo paso a 2do lugar?" Le pregunta la rubia pecosa desafiante.
"Que tonta eres, pequeña pecosa…" Se ríe Albert, acariciándole los bucles.
"No te burles de mi Albert y deja ya de llamarme así, que no soy la niña de 12 años a quien salvaste de la cascada años atrás, sino una mujer hecha y derecha!"
"De esto me he dado cuenta." Le dice el hombre rubio de cabellos largos admirando sus curvas femeninas, y al sentir su mirada posarse en sus pechos, Candy se pone colorada.
"Sin embargo hoy también te desmayaste en mis brazos." Continúa Albert, clavando su mirada en la de Candy.
"Fue por el choque que sentí al verte quitar la máscara, y darme cuenta de que tú y hombre enmascaradoson la misma persona." Se defiende la rubia pecosa, desviando la mirada.
"Siento mucho haberte escondido mi identidad, pero tenía mis razones."
"Y cuáles son estas razones, o es que tu vida entera está llena de secretos?"
"Algún día te lo contare todo Candy, pero debes confiar en mí."
"Porque tanto misterio Albert? Es que acaso eres algún espía o refugiado de la justicia? Mira que pensándolo bien no sé nada de ti ni de tu pasado."
"En tiempo lo sabrás, pero te pido que tengas la paciencia suficiente y sepas esperarme."
"Esperarte? Es que acaso piensas marcharte otra vez, sin importarte como lastimas a las personas cada vez que actúas de manera tan egoísta?! Exclama la rubia pecosa desesperada.
"Por favor no me hagas más preguntas, que tú y yo nos volveremos a ver muy pronto." Le dice Albert, poniendo sus manos en los hombros de Candy.
"Basta ya de juegos Albert, que todavía te guardo rencor, y aun no te he perdonado el que te hayas marchado sin despedirte siquiera de mí. Porque no me dijiste que habías recuperado la memoria, porque? Me hubiera gustado tanto compartir esa alegría contigo…" Gime la rubia pecosa, mientras resbalan lágrimas por sus mejillas.
"Por favor no llores más, pequeña pecosa…" Murmura Albert secándole las lágrimas con sus dedos.
"No llores más, Pequeña pecosa… Aquellas palabras son idénticas a las que me dijo también mi dulce príncipe de las colinas…." Murmura Candy con una mirada lejana.
"Aun no has podido olvidarlo, verdad?" Le pregunta Albert tratando de contener su alegría. Ya no cabía duda alguna: Candy siempre lo había amado sin saberlo.
"El príncipe de la colina siempre ocupara un lugar especial en mi corazón."
"Debería sentirme celoso, y sin embargo soy el hombre más feliz del mundo."
"No tienes por qué sentir celos de amores platónicos Albert: tú eres mi verdadero amor, y nunca habrá otro pase lo que pase!" Exclama la rubia pecosa con pasión.
"En este caso puedo irme tranquilo sabiendo que no me engañaras con nadie." Le dice el hombre rubio de cabellos largos acariciándole la mejilla.
"Porque siempre tienes que marcharte como el viento? Desde que te conozco vas y vienes en mi vida sin avisarme, y esto es algo que siempre me ha desconcertado. Sin embargo cada vez que tengo problemas vuelves a mí para consolarme."
"Y así será siempre, mi pequeña pecosa…"
Y depositándole un beso tierno en la frente, Albert se esfuma antes de que Candy pueda reaccionar.
"Espera no te vayas todavía!" Grita la rubia pecosa alarmada, pero ya es demasiado tarde: el hombre rubio de cabellos largos ya se ha marchado, tal como lo ha hecho tantas otras veces.
Nueva York, 'Teatro Stratford', agosto 1918.
Terry Grandchester se queda contemplando a la pareja de enamorados con recelos: Susana Marlowe y Marcos Robles estaban coqueteando abiertamente mientras ensayaban, y nada le hubiera causado más placer que partirle la cara a su rival; Sin embargo sabía que su carrera sufriría las consecuencias de tal acto y que no ganaría nada con la violencia. Suspirando decide marcharse a su habitación para borrar aquella imagen dolorosa de su mente, y caminando apresuradamente se aleja.
"Espera Terry, a dónde vas?" Le pregunta el director de teatro.
"A mi habitación a reposarme."
"Quiero verte actuar con Susana antes."
"Y acaso ya no lo está haciendo con Marcos Robles?"
"Precisamente por eso mismo quiero que lo haga también contigo: Susana y tú siempre han tenido una fuerte química, y hace mucho tiempo que no los veo actuar juntos." Insiste el director.
"Yo no pienso que sea una buena idea…" Comienza Susana poniéndose pálida, pero el director la interrumpe:
"Lo que tu pienses no es relevante. Ustedes están aquí para actuar y nada más, entendido?"
"Porque te alarmas tanto Susana? Después de todo somos actores y debería resultarte muy fácil a ti de fingir, no es así?" Le dice Terry acercándose a ella, y tomándole de las manos se la lleva a la pista de teatro.
"Suéltame Terry que eres muy áspero!" Exclama la joven tímida de cabellos castaños claros tratando de escaparse, pero el joven actor inglés la sujeta fuertemente.
"Actúa ya, y enséname de lo que eres capaz!" Grita Terry mientras se lo consume el fuego de por dentro.
"Suéltala ya y no seas tan brusco, o si no te la veras conmigo!" Exclama Marcos Robles acercándose a él, amenazante.
"Acaso vas a pegarme, muñequito de torta?"
"No te atrevas a llamarme así, que no me conoces y no sabes de lo que soy capaz!" Grita Marcos abriendo sus puños dispuesto a pegarle.
"Basta ya de tonterías y pongan más bien toda su rabia y energía en la obra 'SUENO DE UNA NOCHE DE VERANO', pues si fallan los despido a los 3, y esta es una advertencia!" Grita el director enfurecido.
Susana es la 1era en recapacitar, y armándose de valor se acerca a Terry, mientras siente como late su corazón: "mi amor por ti es sincero Demetrio, o de lo contrario no te hubiera contado que Hermia te ha estado engañando con Lisandro."
"Y si por eso piensas que te voy a corresponder estas bien equivocada Helena! Pues a la única mujer que siempre amare es a tu mejor amiga!" Exclama Terry, lanzándole una mirada llena de pasión.
"Si tan solo pudieras ver mi alma te darías cuenta de que me consumen los celos de solo imaginarte en brazos de otra…"
"No pierdas tu tiempo conmigo Helena, que ya mi cuerpo y alma pertenecen a otra…"
"Pues no me daré por vencida. Y para demostrarte lo mucho que te amo, te regalare lo más sagrado que hay en este mundo: un beso mío!"
Y acercándose al joven actor inglés, Susana se aferra a él, y lo besa con toda la fuerza de su alma. Aprovechándose de la situación, Terry profundiza el beso mientras acaricia los cabellos de su amada. Los 2 se quedan entrelazados durante un largo rato, hasta que los fuertes aplausos del director los separa:
"Bravo! Felicitaciones chicos que han estado estupendo!"
Aun aturdida por el beso de Terry, Susana recapacita instantáneamente y lo abofetea fuertemente: "como te atreves!"
"Solo cumplía con las órdenes de nuestro jefe, o es que acaso no somos actores?" Le responde Terry con ironía.
"Pues a mí me parece que le faltaste el respeto a la señorita y le debes disculpa." Añade Marcos Robles poniendo protectoramente sus brazos en la espalda de Susana.
"Tú no te metas en esto, muñequito de torta, que nadie ha pedido tu opinión!" Exclama Terry enfurecido.
"Te dije que no me llamaras de esta manera o te la verías conmigo!"
Y tomándolo por sorpresa, Marcos le da un puñetazo tan fuerte, que cae al suelo de un golpe.
"Maldito sea, esta sí que me las pagaras!"
Y antes de que el director pueda intervenir, los 2 rivales se caen a puños mientras sus cuerpos ruedan por toda la pista de teatro.
"Basta ya Terry y Marcos que no los soporto más, y juro que si no paran de una vez por todas renuncio a continuar con la obra!" Grita Susana estallando en llantos, y acto seguido se hecha a correr.
"Espera Susana, no te vayas así!" Grita Terry corriendo detrás de ella para detenerla.
"Susana!" Repite Marcos dispuesto a perseguirles, pero la voz autoritaria del director lo detiene.
"Tú te quedas acá Marcos!"
"Pero señor director…"
"Ya es tiempo de que Terry y Susana resuelvan sus problemas sentimentales."
"Que quiere decir con eso?"
"Que es obvio que los 2 aún se aman y hay que estar ciego para no darse cuenta, así que será mejor que bajes de las nubes y te olvides de ella de una vez por todas: la verdad duele pero los fracasos también nos hacen más fuertes. Porque mejor no te concentras en tu carrera? Las mujeres vienen y salen de nuestras vidas, y aun eres muy joven para dejarte amargar por un amor no correspondido, entiendes?" Continúa el director, tratando de alentarlo.
"Entiendo, y veo que Susana ha estado jugando conmigo todo este tiempo. Gracias por sus buenos consejos y hare exactamente lo que me dice: concentrarme únicamente en mi carrera, y olvidarme de sentimentalismos. Y si no tiene nada más que decirme, me iré a mi habitación a descansar."
Y sin esperar la respuesta del director, el joven apuesto de cabellos oscuros y tan parecidos a Terry, se retira del salón en camino hacia las escaleras.
Susana corre hacia su habitación con Terry detrás de ella, y abriendo la puerta intenta cerrarla pero este se lo impide:
"Déjame ya en paz Terry que no quiero volver a saber nada de ti y te lo dije muy claramente la última vez!"
"Pues ahora vas a escucharme Susana, pues no pienso perderte ni por este muñequito de torta, ni por nadie me oíste!"
Y agarrándola posesivamente, Terry le levanta el mentón para obligarla a mirarlo, y Susana ve todo el fuego y la pasión reflejarse en sus ojos; Sin embargo ya era demasiado tarde para los 2: ella había decidido concentrar toda su energía en lo que realmente le importaba, actuar.
"Lo siento Terry pero ya es demasiado tarde para nosotros. Tú ya quedaste en el pasado, y ahora lo único que me importa es convertirme en la mejor actriz del país."
"Acaso piensas también terminar tu relación con tu muñequito de torta? O pretendes seguir usándolo para darme celos?"
La bofetada que recibe de Susana es tan fuerte que Terry casi pierde el equilibro. Sin embargo, reponiéndose enseguida le toma de la cintura, y levantándole el mentón, la besa con toda la rabia que siente por dentro.
"Como te atreves!" Grita Susana dispuesta a pegarle nuevamente, pero Terry se apodera de sus labios a pesar de sus protestas. El beso entre los 2 se profundiza cada vez más dejándolos sin aliento, y antes de que se den cuenta de lo que está pasando, terminan casi en la cama.
"Terry espera… Tenemos que hablar…." Murmura Susana en voz temblorosa.
"Eres tan hermosa y apasionada… Como no pude darme cuenta antes de lo valiosa que eres? Fui un ciego durante tanto tiempo, y casi te pierdo…" Exclama Terry en voz entrecortada.
"Porque volviste a hacerme la vida imposible Terry? Porque siempre me haces sufrir tanto?" Gime Susana al borde de las lágrimas.
"Porque te amo, o es que todavía no te has dado cuenta de que me matan los celos cada vez que te veo en brazos del tal Marcos Robles?"
"Somos todos actores, y es nuestro deber trabajar bien en cada obra que se nos presenta."
"Eres tan apasionada cada vez que hablas de una obra, que no es de extrañarse que te quiera tanto." Le dice Terry, secándole las lágrimas que todavía brotaban por sus mejillas.
"Que va a pasar ahora y que pinta Candy en todo esto?" Le pregunta Susana abruptamente.
"Candy ya ha quedado en el pasado, mientras que tú eres la mujer con quien yo deseo compartir mi vida de ahora en adelante."
"Y porque de repente tienes tanto interés en mí, si tú nunca antes me hacías caso y hasta mi presencia te irritaba?"
"En aquel entonces solo era un joven inmaduro y egoísta, pero ya madure."
Al escuchar las palabras tan convincente de Terry, Susana siente como si se le abriera la puerta de la felicidad: cuantas veces había sonado con oírlas, y ahora su sueño se hacía realidad; Sin embargo ella no podía olvidar y perdonarle todo el sufrimiento que había vivido por su indiferencia e infinito amor hacia Candy, su rival. Quien le garantizaba que está vez el joven apuesto de cabellos oscuros largos no la abandonaría otra vez, tal como lo había hecho ya antes una vez haya satisfecho su capricho? Tomando una respiración profunda, decide poner un fin a toda aquella locura temporaria:
"Lo siento Terry pero las cosas no son tan fáciles y ya no quiero ser tu títere, ni pasar más nunca a segundo lugar. Ahora es mi turno de hacerte pagar con la misma moneda, así que por más que te duela tu orgullo, porque es esto lo que es y nada más, volveré con Marcos Robles, y ni tú ni nadie me lo impedirá! Ya es tiempo de que yo también viva y sea feliz con alguien que realmente se lo merece, así que adiós, y no me molestes más!"
Y antes de que Terry pueda reaccionar, Susana sale a toda prisa de su habitación, para reunirse otra vez con los demás actores: el recreo había terminado. Al verla partir tan repentinamente, el joven actor inglés, siente como si le clavaran una puñalada en el corazón.
'Está bien Susana! Si quieres hacerme pagar con la misma moneda aceptare el castigo, pero no me daré por vencido tan fácilmente y seguiré luchando para reconquistarte otra vez y verte caer rendida antes mis pies… Te lo juro aunque me cueste toda la vida!'
Y satisfecho con su decisión, a Terry se le iluminan los ojos, mientras prepara su nueva estrategia para reconquistar a la joven tímida de cabellos castaños claros…
Nueva York, 'Bellevue hospital', septiembre 1918.
Ya habían pasado 2 meses desde el último encuentro entre Albert y Candy, y al pensar en el hombre rubio de cabellos largos, la rubia pecosa siente como le late el corazón:
'Donde estarás mi amor, y cómo es posible que te haya dejado irte una vez más de mi lado, si para mi eres el aire fresco que respiro, la naturaleza que tanto amas, y el alma pura y bondadosa que tanto admiro…'
Mientras camina, Candy respira el aire otoñal de septiembre y piensa en su amigo: que misterio esconderá Albert, que entraba y salía de su vida como si el viento se lo llevara? El ruido de la campana la saca de su ensueño, y corriendo de regreso al hospital, decide olvidarse por ahora del hombre rubio de cabellos largos, y dedicar su atención a los estudios y a sus pacientes. Después de todo, ella había elegido el camino del triunfo, y ya llegaría el momento cuando ella se encontrara nuevamente frente a él.
'Casita del bosque', septiembre 1918.
Caminando en su habitación de un lado a otro, Albert se siente frustrado consigo mismo por haber tenido que abandonar a Candy una vez más, después de tanto tiempo de espera. Sin embargo, él sabía que era lo mejor para los 2: cómo explicarle a la rubia pecosa, que él era en realidad el tío abuelo Williams, su gran benefactor, y que en cierto modo el que la había adoptado como una hija a pesar de solo llevarle 8 años de edad? Al inicio su plan había sido el de decirle toda la verdad de un solo golpe y terminar de una vez con todo ese misterio, pero al pensarlo mejor, decidió que todavía era muy pronto y que era necesario darle más tiempo, que por ahora ella debía concentrarse más bien en sus estudios. George, quien estaba parado junto a él, lo observa con incertidumbre y sin entender, porque su mejor amigo era tan complicado.
"Se puede saber porque no le dijiste toda la verdad a Candy si tanto la amas?" Le pregunta el mayordomo sacándolo de su ensueño.
"Tengo mis razones." Le contesta Albert con testarudez.
"Te haces la vida más difícil de esta manera, cuando podrías ser tan feliz."
Tomando una respiración profunda, el hombre rubio de cabellos largos prosigue: "Candy es demasiado joven, y yo quiero que termine sus estudios y se gradué con notas sobresalientes. Es mi deber como su benefactor, hacer que cumpla con la promesa que me hice a mí mismo en el lecho de muerte de mi hermana."
"En aquel entonces tú también eras un niño, y no crees tú, que Candy ya es bastante mayorcita para tomar sus propias decisiones?!" Exclama George exasperado.
"De todas maneras yo sigo siendo el tío abuelo Williams y el que toma las decisiones familiares: Candy es mi hija adoptiva, así que mi deber es guiarla."
"Candy ya no es tu hija adoptiva, o es que acaso se te olvido que ella renuncio a seguir llevando el apellido Andry? Y si quieres mi opinión, me parece ridículo que pretendas comportarte como su padre si no se llevan tantos años, además que ustedes 2 se aman."
"Aprecio tu consejo de amigo George pero ya tome una decisión: esperare a que Candy termine con sus estudios y que madure un poco más, antes de decirle toda la verdad sobre mi identidad."
Y caminando hacia la ventana de su habitación, Albert observa cómo se caen las ramas de los árboles, mientras una imagen cruza su mente: la de una hermosa niña pecosa llorando en una colina verde…
'Adiós por ahora mi pequeña pecosa… Espero que sepas esperarme unos años más, y no te marches con el 1er hombre que se cruce por tu vista….'
El hombre rubio de cabellos largos estremece ligeramente al imaginarse a su rubia pecosa en brazos de otro hombre. Sin embargo guardaba la esperanza, de que si su amor era tan profundo y verdadero como el suyo, ella sabría esperarlo.
'Mansión de los Leagans', octubre 1918.
Eliza está paseando por el 'jardín de las rosas' una fría mañana de otoño, y observa los pétalos de las rosas caerse al suelo, tal como lo hicieron aquel terrible día, cuando Anthony cayó del caballo, y murió en el éndose al recordar la tragedia, la joven de cabellos castaños claros llora silenciosamente, al pensar en lo injusta y cruel que era el destino a veces, para arrebatarle la vida a un ser que solo empezaba a vivir. Sintiendo repentinamente remordimientos de consciencia, se pone a temblar al darse cuenta de que nunca lo supo querer y apreciar, como el ser generoso y bondadoso que fue, y mientras más lo recuerda, mas siente las lágrimas resbalar por sus mejillas sin piedad. Los ruidos de unos pasos la hacen sobresaltar, y al ver la silueta de Philip Morgan acercarse, su corazón se pone a latir violentamente.
El joven apuesto de cabellos rizos oscuros observa a Eliza y se siente desconcertado a verla llorar amargamente: era la 1era vez que veía aquella joven, normalmente orgullosa, tan triste, y por un momento no sabe cómo reaccionar. Acelerando el paso, camina hacia ella dispuesto a consolarla, pero al tocarla, Eliza reacciona de manera brutal:
" No te atrevas a tocarme y déjame en paz!"
"Pero Eliza, si yo solo quiero consolarte y saber cómo estas…"
"Yo no necesito el consuelo de nadie, así que márchate ya, y déjame sola!" Grita la joven de cabellos castaños claros, desesperada.
"Pues no lo hare, y será mejor que me digas porque estas tan afligida." Insiste Philip.
"Porque vienes a molestarme, cuando yo lo único que deseo es desparecer de este mundo? Acaso no me has humillado lo suficientemente hasta ahora? Estoy pagando cada día por todos mis errores cometidos, y por lo menos deberías ser más caballeroso y respetarlos, no crees?"
"Porque no dejas que te consuele? Toda mujer necesita un hombre a su lado, y tú no haces excepción."
"Pero si tú me odias!" Exclama Eliza con resentimiento.
"Acaso piensas que si te odiara vendría a cortejarte? Es que todavía no te has dado cuenta de lo grande que es mi amor por ti, o es que te haces la tonta?"
Eliza levanta la mano dispuesta a bofetearle, pero Philip la detiene con aspereza, y dirigiéndole una mirada de advertencia le dice: "ni te atrevas, o sino no respondo por mis actos!"
"A qué has venido Philip? Acaso ya se terminaron tus viajes de negocios?"
"Pensé que me extrañabas tanto como yo a ti."
"Pues pensaste mal: apenas note tu ausencia."
"Mentirosa. Porque no eres sincera contigo misma de una vez por todas y admites lo mucho que te agrado? Hube de notar, como se iluminan tus ojos cada vez que me miras."
"Tu arrogancia no tiene límites!"
"Aquella arrogancia que me echas en cara, es lo que tanto te atrae de mí."
Y levantándole el mentón, Philip la besa a pesar de sus protestas. Eliza Trata de resistirse en vano, pero sus labios la dominan obligándola a corresponderle, y antes de que se dé cuenta de lo que está pasando, se ve envuelta en sus bazos. Finalmente el mismo pone fin al beso, y apartándola del abruptamente declara:
"Este castigo te lo tenías bien merecido por portarte mal!"
"Te odio mucho Philip Morgan, y tus besos me repulsan!" Grita Eliza, lanzándole una mirada llena de rabia.
"Ah sí? Pues fíjate no te creo, si cada vez que te toco tiemblas de placer en mis brazos."
"Que vanidoso eres!"
"Somos 2 a serlo, y por eso nuestra química es tan buena!" Se burla Philip, riéndose a carcajadas.
"Porque no mejor te largas ya, que tu presencia me irrita profundamente!"
"Porque mejor no continuamos lo que empezamos?"
"Suéltame por favor Philip…." Murmura Eliza con debilidad, pero Philip se apodera una vez más de sus labios.
"Te soltare cuando me confieses que me amas tanto como yo a ti, y que deseas ser mi esposa en cuerpo y alma."
"Tu esposa? Yo?" Eliza abre los ojos en grande y se pone pálida al escuchar su propuesta.
"Mi esposa, pues ya es tiempo de que tengas a un hombre a tu lado que te sepa domar."
"Dios mío, pero tu cinismo no tiene límites! Si supieras cuanto me arrepiento haber puesto mis ojos en ti y lo mucho que te detesto!" Exclama Eliza con repulsión.
"Si gritas con tanta pasión es porque me amas, pero tu orgullo te impide admitírtelo a ti misma."
Era verdad: aquel joven apuesto de cabellos rizos oscuros se había convertido en un martirio para ella, y sin embargo nunca había amado a alguien con tanta fuerza. Sintiéndose completamente indefensa, Eliza se echa a llorar como una niña pequeña sin saber a dónde agarrarse, pero Philip la sujeta suavemente, mientras acaricia sus cabellos largos.
"Ya no llores mi amor, que yo te protegeré, y no te sentirás más nunca sola."
Las palabras reconfortantes de Philip logran apaciguarla, y cerrando los ojos de placer, Eliza coloca su cabeza sobre su hombro mientras oye los fuertes latidos de su corazón: le costaba creer, que por fin había encontrado la felicidad después de tanto sufrimiento, y con la persona menos inesperada.
"Entonces cuál es tu repuesta mi amor? Aceptas convertirte en la señora Philip?"
"Sí." Asiente Eliza sumisa, pero al notar la sonrisa triunfante del joven apuesto de cabellos rizos oscuros, se le congela el corazón:
'Habré tomado la buena decisión?'
Y cerrando los ojos con derrota, la joven de cabellos castaños claros presiente que la tormenta está a punto de estallar, y que le esperaban tiempos de sufrimientos. Sin embargo ya nada le importaba pues lo había perdido todo: 1ero a la hermana Grey a quien pareciera habérsela tragado la tierra, luego a su madre que ni la recordaba, nunca había tenido verdaderas amistades, y ahora ni dignidad le quedaba…
Nueva York, 'universidad de derecho', noviembre 1918.
Neil está sentado en una de sus clases habituales una fría mañana de invierno, pero su mente se encontraba en otro lugar: Jessica Burns ocupaba su alma y su corazón, y aún no había logrado declararle su amor; El hecho de que la joven hermosa de cabellos rojizos cambiara de pareja cada semana tampoco ayudaba, y sabía que tendría que luchar por conquistarla.
"Damas y caballeros, tengo el placer de anunciarles que la guerra ha finalmente terminado!" Declara el profesor de leyes con satisfacción, y dirigiendo su mirada hacia el joven de cabellos castaños oscuros, continúa:
"Neil Leagan! Si no deja de sonar despierto lo mandare afuera a reunirse con los pájaros!" Exclama el profesor de leyes con autoridad.
"Lo siento." Murmura Neil avergonzado, y su mirada cae sobre la de Jessica Burns, sentada a unos metros del: la joven de cabellos rojizos le sonríe divertida mientras menea la cabeza.
Finalmente suena la campana, y respirando con alivio, el joven de cabellos castaños oscuros recoge sus libros, y sale de las clases apresurado.
"Se puede saber en qué sonabas?" Le pregunta una voz seductora, y al voltearse, Neil se encuentra frente a frente a Jessica quien lo mira divertida.
"En nada de particular, o es que acaso mis pensamientos no pueden perderse de vez en cuando?"
"Seguro que no andabas pensando en alguien especial? A lo mejor en una chica?"
A Neil se le va todo el color de la cara al verse desenmascarado por Jessica, y se pone inmediatamente a la defensiva:
"Y si fuese así a ti que te importa? Acaso no tienes toda una línea de pretendientes esperándote?"
"Estas celoso, y te acabas de delatar: sé que te gusto, pero eres demasiado orgulloso para confesármelo, no es así?"
"Que engreída eres, si piensas que me puedo fijar en alguien tan fácil como tu: sales cada noche con un hombre diferente, y tu comportamiento podría casi compararse a él de una prostituta!" Exclama Neil enfurecido.
"Eres un perverso!" Grita Jessica administrándole una fuerte bofetada, y antes de alejarse añade:
"Y decir que te creí caballeroso y todo un hombre… Como pude equivocarme tanto contigo… Eres el ser más cruel y mezquino que se ha cruzado en mi camino, así que te advierto que de ahora en adelante te mantengas lejos de mi alcance y no te atrevas ni a poner la vista sobre mí, me oíste Neil Leagan?!"
"Espera Jessica, no te vayas así!" Grita Neil desesperado pero ya es demasiado tarde: en este mismo instante se cruza en su camino uno de sus novios, y poniendo sus brazos alrededor de la joven de cabellos rojizos le pregunta:
"Acaso aquel hombre te está molestando, cariño?"
"Este hombre no significa nada para mí, querido."
Y lanzándole una mirada triunfante al joven de cabellos castaños oscuros, Jessica besa a su pareja con vehemencia, sin antes advertir, la mirada llena de dolor que ve reflejarse en los ojos de Neil. Encogiéndose de los hombros, decide ignorar el remordimiento de consciencia que se estaba formando dentro de ella, y concentrarse únicamente en su nuevo pretendiente: después de todo, Neil Leagan no era más que un ser cobarde y despreciable para ella, o es que acaso era algo más?
'Mansión de los Leagans', diciembre 1918.
Ruth Leagan se iba recuperando lentamente, y cada día que pasaba, su relación con la de la señora Elroy se volvía más estrecha; Sin embargo todavía guardaba cierta distancia hacia su hijo Robert Leagan, y en cierta forma se comportaba exactamente tal como lo había hecho cuando todavía era aquella jovencita de 18 años de edad, al llegar a la 'Mansión Leagan' por vez 1era, más de veinte años atrás. La transformación en ella era tan asombrosa, y su alegría de vivir la había rejuvenecido considerablemente. Una mañana invernal, las 2 mujeres deciden salir a dar un paseo por el 'jardín de las rosas', y mientras caminan, la anciana observa a su nuera con tristeza, mientras piensa con temor en el día que vuelva a recuperar la memoria.
"Que te pasa que te has puesto pálida Sarah? Es que acaso te sientes mal?" Le pregunta Ruth, tomando su mano fría en la de ella.
La anciana la mira largamente antes de responder, y finalmente le dice en voz emotiva: "quiero que sepas que me siento muy orgullosa y feliz de que seas nuera mía, y que para mí eres la hija que nunca tuve."
"Al igual que para mí, tu eres la madre que siempre desee tener." Le confiesa Ruth.
"Sin embargo hay muchas cosas que aún no recuerdas, y por eso prefiero decírtelas antes de que recuperes tu memoria: una de ellas es que necesito tu perdón."
"Que es lo que debo yo perdonarte, si no has hecho otra cosa que brindarme tu apoyo todo este tiempo?" Le pregunta Ruth perpleja.
"Por favor no me preguntes que las cosas son más complicadas de lo que te imaginas. Sin embargo puedes contar conmigo para lo que sea que yo nunca te desamparare. Pero también quiero que me prometas una cosa."
"Lo que tú digas, Sarah." Le contesta Ruth cada vez más intrigada.
"Quiero que siguas siendo la misma mujer afectuosa y alegre, y que nunca pierdas tu espíritu aventurero que has vuelto a encontrar después de tantos años, me lo prometes?"
"Por supuesto." Le promete Ruth completamente desconcertada: que se traía Sarah entre manos, y porque actuaba tan extrañamente? Es que acaso se estaba muriendo?
'Que dios ni lo permita!'
"Que te pasa Ruth, que se te ha ido todo el color de la cara? Quieres que regresemos a casa a ver si tomas un poco de color?" Le pregunta la anciana, pasando su brazo alrededor de la espalda de su nuera, pero al sentirla temblar incontrolablemente se asusta:
"Dios mío, pero si estas temblando de frio!"
Ruth se pone a gemir inconsolablemente, y finalmente le pregunta a la anciana: "por favor dime la verdad Sarah? A qué se debe tantas confesiones? Es que acaso estas grave de muerte?"
"Pero que cosas dices hija, si soy más robusta que un caballo! Así que esto es lo que te tenía tan preocupada? Vaya! Me alegra saber que me quieras tanto, pero descuida que viviré muchos años! Además, muy pronto tenemos que empezar con los preparativos de tu hija para organizar la boda entre ella y Philip Morgan, y esto nos mantendrá bastante ocupadas, no crees?"
"Que alivio saber que estas bien Sarah, pues me tenías preocupada!"
"Pues no lo estoy, y en vez de concentrar toda tu atención sobre mí, deberías hacerlo más bien con tu hija."
Eliza, aquella joven de cabellos castaños claros que era la copia suya era un enigma para ella, y le dolía no poder recordarla. Sin embargo muy pronto seria la esposa de un hombre rico y apuesto, y sin duda alguna, se marcharía de la 'Mansión Leagan' para empezar una nueva vida. Suspirando, Ruth espera que para aquel entonces haya recuperado la memoria; Con su hijo Neil no tenía mucho contacto desde que se había ido a vivir a Nueva York, y su relación con su marido era bastante distante aunque muy cordial: le costaba creer, que aquel hombre con quien había compartido su vida durante tantos años era un perfecto desconocido para ella, y sus besos la aterrorizaban. Por otro lado, Robert Leagan era muy tierno y cariñoso con ella y hacia todo por complacerla.
'Porque no lo querré, aunque sea un poquito?'
Lagrimas inadvertidas resbalan por sus mejillas, y al ver a su nuera tan afligida, la señora Elroy le toma las manos: "Y ahora me puedes decir porque estas llorando como una chiquilla?"
"Es porque no logro enamorarme de tu hijo Sarah, y por eso y me duele no poder recordar nada del hombre a quien me entregue, y con quien tuve 2 hijos."
"Si esto es lo que te mortifica no te preocupes hija, que yo te aseguro que lo amas profundamente, y en los últimos años han estado más unidos que nunca."
"De veras?"
"Si te lo digo yo!" Exclama la anciana guiñándole el ojo.
"Que alivio me da oírte hablar así! Sin embargo me siento como una adolescente cada vez que estoy a su lado!" Exclama Ruth ruborizando.
"Lo he notado y es normal dado a tu condición, pero no te preocupes: conozco bien a mi hijo, y sé que siempre será cariñoso contigo en los momentos de intimidad."
"Sarah!" Exclama Ruth, poniéndose roja como un tomate.
"Hablando del rey de Roma, justamente se acerca Robert hacia nosotras, así que los dejo solos."
Ruth se siente repentinamente tímida al ver aquel hombre apuesto de mediana edad caminar hacia ella, y desvía la mirada para esconder su incomodidad. Robert observa a su esposa con cierto interés, pues todavía le costaba creer que aquella mujer, normalmente fría y manipuladora se haya convertido en un ser tímido e introvertido de un día para el otro; Por otro lado, él sabía que la mayoría del tiempo ella llevaba una máscara puesta, y que si en el pasado había actuado de manera frívola y calculadora era para esconder su inseguridad. Tomando una respiración profunda, decide romper el hielo:
"Es una linda mañana soleada, no crees?"
"Sí."
"Te gustaría pasear conmigo agarrada del brazo? Es lo habitual para marido y mujer."
"De acuerdo." Le contesta Ruth dejándose tomar del brazo, pero al sentir la piel de su contacto en la de ella, se pone a temblar ligeramente."
"Por favor no te asustes querida, que no era mi intención hacerte sentir incomoda."
"Lo siento." Murmura ella tímidamente.
Robert siente un dulce placer al sentirla tan cerca del, e instintivamente le pasa un brazo protector alrededor del hombro; Marido y mujer caminan al mismo ritmo durante un buen rato observando el paisaje, y ninguno de los 2 habla. De repente empiezan a caer copos de nieve y Ruth se echa a reír y a brincar de alegría:
"Que hermosa es la naturaleza, y que suerte que tengamos nieve este ano!"
"Así es querida." Continúa Robert, asombrado del entusiasmo de su esposa.
"Porque me miras como si hubieras visto un fantasma? Acaso dije algo que no debía?"
"Al contrario mi amor. Si supieras lo feliz que me hace verte tan entusiasmada. Lo que pasa es que antes tu no dabas importancia a esas cosas, eso es todo."
"Hube de notar, de que antes de perder la memoria era una mujer despreciable y vanidosa al que todos odiaban." Responde Ruth con tristeza.
"No todos."
Y levantándole el mentón, Robert la mira con todo el ardor que siente por dentro, mientras sus ojos brillan de amor.
"Suéltame que no merezco tu amor!" Exclama Ruth apartándose del abruptamente, pero Robert la toma nuevamente en sus brazos, y antes de que ella pueda reaccionar, la besa con toda la ternura que llevaba acumulado.
Al sentir los labios suaves de su marido en los suyos, Ruth exhala de placer y prolonga el beso como si del dependiera su felicidad. El viento sopla abruptamente, y apretando el cuerpo de su esposa en el suyo, Robert la abraza fuertemente como para protegerla del frio.
"Que te parece si regresamos a casa mi amor, o es que acaso quieres que continuemos con nuestro beso aquí afuera? Estoy de acuerdo que 'el jardín de las rosas' es un lugar bien romántico, pero la verdad es que no quisiera que te resfriaras." Le dice Robert, con un brillo en los ojos.
"Que suerte la mía de tener un marido tan considerado como tú!" Exclama Ruth guiñándole el ojo. Sentía como si un peso se le hubiese caído de encima y volvía a renacer; Sin embargo presentía que cuando ella recobrara la memoria, su felicidad se desvanecería, como los copos de nieve, que al caerse al suelo se convertían en agua…
'Nueva York', 'Bellevue hospital', 23 de diciembre, 1918.
Sentada en su cama, Candy se pone a leer la carta de invitación que había recibido de los Leagans: Eliza Leagan y Philip Morgan se casaban mañana por la noche, y ella había sido una de las invitadas elegidas. Suspirando, se pone a recordar todas las fiestas que la tía abuela Elroy había organizado en la 'Mansión de los Leagans', y por su mente pasa la súbita imagen de Albert, disfrazado de Hombre enmascarado. Frunciendo el ceño, se da cuenta de que el rompecabezas se estaba complicando cada vez más, y que en la vida del hombre rubio de cabellos largos había muchos misterios ocultos: quien era realmente Albert? Y cómo era posible que asistiera a todas las fiestas organizadas en la 'Mansión de los Leagans'? Acaso era algún espía? Todo aquello era un enigma para la rubia pecosa, pero más determinada que nunca, decide asistir a la boda para averiguarlo.
'Sera un desafío interesante para mí!'
Al pensar en la posibilidad de encontrarse nuevamente con el hombre enmascarado, Candy siente su corazón latir en anticipación: que pasaría, si de verdad se encontrase nuevamente frente a él, aun conociendo su identidad?
'Mansión de los Leagans', 24 de diciembre, 1918.
Finalmente ha llegado el gran día de la boda entre Eliza Leagan y Philip Morgan, y al entrar a la 'Mansión de los Leagans', lo 1ero que ve Candy es a la pareja de enamorados elegantemente vestidos: el joven apuesto de cabellos rizos oscuros tenía sus brazos alrededor de los hombros de Eliza de manera protectora, mientras ella lo miraba con adoración; Desviando la mirada, la rubia pecosa observa el intercambio de 2 mujeres, y su sorpresa es inmensa al darse cuenta de que se trataba de la tía abuela y Ruth Leagan! Nuera y suegra estaban riéndose a carcajadas como viejas amigas íntimas, y siente un alivio sincero al verlas tan unidas. A unos cuantos metros de ellas se encontraban Robert Leagan junto a su hijo Neil que parecía deprimido, pero sus amigos Archie, Annie y Patty todavía no habían llegado. Buscando de la mirada al Hombre enmascarado, siente una ansiedad súbita al pensar en la posibilidad de que Albert no vendría a la boda, y su corazón le da un vuelco. Empieza la ceremonia, y la pareja de enamorados se dirige hacia el sacerdote:
"Philip Morgan, acepta usted como esposa a la señorita Eliza Leagan hasta que la muerte los separe?"
"Acepto." Declara el joven de cabellos oscuros poniendo su anillo sobre el dedo de su prometida.
"Eliza Leagan, acepta usted como esposa al señor Philip Morgan hasta que la muerte los separe?"
"Acepto." Contesta la joven de cabellos castaños claros tratando de leer la expresión en los ojos de su marido, pero lo único que encuentra en ellos es frialdad, y sintiendo como si le hubieran apuñalado, se da cuenta demasiado tarde que Philip Morgan solo tenía una intención: casarse con ella por venganza, y con el único propósito de hacerla suya por capricho. Tratando de contener sus lágrimas, Eliza decide ser fuerte, pues de ello dependía la felicidad de su familia.
"Muy bien, pues ahora pueden besarse." Declara el sacerdote.
Levantándole el mentón abruptamente, Philip le deposita un beso rápido en la boca, y al sentir sus labios ásperos en los de ella, Eliza se estremece. Se oyen aplausos de todos lados y empieza a tocar la orquesta: parejas se dirigen hacia la pista de baile, deseosos de dejar a los recién casados solos para disfrutar de su intimidad. Armándose de valor, la joven de cabellos castaños claros se aclara la garganta, y le pregunta a su marido:
"Porque te casaste conmigo Philip, si veo que no te causa placer tenerme a tu lado?"
"Tú que crees?" Le contesta el joven apuesto de cabellos rizos oscuros con frialdad.
"No me digas que solo te casaste conmigo por venganza?! Dios mío, pero como es posible que tu maldad llegara tan lejos?!"
"Al igual que tú te casaste conmigo por mi dinero. O es que acaso me vas a negar que soy el único que puede ayudar a tu familia financieramente?"
"Que quieres decir con esto?" Le pregunta Eliza temblando.
"Pues que soy un excelente partido para ti, y que gracias a mi apoyo tu familia nunca caerá en la ruina, así que más te vale tenerlo bien claro y portarte bien." Le contesta Philip, lanzándole una mirada acida.
"Porque no terminamos de una vez por todas con esta farsa sin ninguno de los 2 nos amamos? Podríamos inventarnos una excusa para cancelar esa boda ridícula y nadie tiene que saber la verdad, no crees?" Le implora Eliza desesperada.
"Pero quien te has creído que soy yo?! Un estúpido como uno de tus títeres a quien estas acostumbrada a dar órdenes?! Ya no soy aquel niño frágil del que tú y Neil se burlaron tantas veces, así que te plazca o no, vamos a guardar las apariencias y comportarnos como 2 parejas de recién casados, me oíste?!"
Y a pesar de sus protestas, Philip se la lleva a la pista de baile a la fuerza.
"Suéltame que yo no quiero bailar contigo, y ahora mismo les contare a todos tu farsa, y no me importa que lo sepan todos!" Exclama Eliza enfurecida.
"Te advierto que no lo hagas Eliza, o los que quedaran afectados será tu familia, así que porque mejor no seguimos con el acto? Después de todo, serás mía en cuerpo y alma esta misma noche."
"Te aborrezco más que nunca, y nunca seré tuya en cuerpo y alma, me oíste?!"
"Eso ya lo veremos para cuando estemos de luna de miel".
"Luna de miel? Nosotros? Pero si no nos amamos." Murmura Eliza, temblando al imaginarse en la cama con aquel joven apuesto de cabellos rizos, que se había convertido en su peor enemigo.
"Estoy ansioso por saber lo cariñosa que eres en la cama, mi amor." Le murmura Philip en el oído, y colocando sus brazos en su cintura, la empuja hacia él. Eliza cierra los ojos, y apoya la cabeza en el hombro de su marido mientras disfruta el contacto de sus manos sobre su cuerpo, y decide olvidarse de que todo es un juego y de que en realidad, él la amaba tanto como ella a el: si no podía tener su corazón, se contentaría de tenerlo físicamente a su lado para siempre, y hasta que la muerte los separe.
Candy, que ha estado observando a la pareja de recién casados, siente una envidia profunda: cuantas veces había bailado con Albert sin saber que él, y el hombre enmascaradoeran la misma persona? La vida podía ser a veces tan cruel, y justamente en estos momentos hubiera hecho todo por volver atrás:
'Si tan siquiera pudiera verlo y tocarlo… A dónde te fuiste esta vez Albert, y porque me abandonaste? Si supieras lo vacía que me siento con tu ausencia no te habrías marchado nunca de mí lado…'
Lagrimas inadvertidas resbalan por sus mejillas, y buscándolo con la mirada, espera verlo aparecer de momento a otro. Afortunadamente ve entrar en este mismo instante a sus 3 amigos de siempre: Annie, Archie y Patty, y a pesar de su decepción, se alegra de volver a verlos.
"Candy!" Exclama el joven de cabellos castaños largos corriendo hacia ella.
"Archie! Annie! Patty! Que alegría verles! Justamente los estaba esperando!" Exclama la rubia pecosa abrazándolos a todos efusivamente.
"Es por esto que no dejas de voltear la cabeza hacia atrás? Acaso estas esperando a alguien?" Le pregunta Archie, arqueando las cejas.
"Pues yo si se a quien está esperando Candy: al famoso hombre enmascarado." Añade Patty, guiñándole el ojo.
"Patty!" Exclama la rubia pecosa, poniéndose roja como un tomate.
"Pero si esta no es una fiesta de disfraces." Les dice Annie asombrada.
"Lo se…"
"Ahora entiendo porque estas triste. Animo Candy, que para eso están tus amigos contigo: en las buenas y en las malas."
"Gracias Archie." Le contesta la rubia pecosa desviando la mirada para esconder su incomodidad: cómo explicarle a sus amigos, que en realidad, aquel hombre enmascaradoy Albert eran la misma persona? Y si se trataba de algún espía secreto o peor, refugiado? Candy había oído decir que era habitual durante las guerras esconderse o hacer pasarse por otra persona, y si reflexionaba bien, que sabía ella de su pasado? Prácticamente nada, simplemente que siempre había estado a su lado cuando más lo necesitaba; Cuando lo conoció a los doce años de edad, él era solo el 'señor Albert', su confidente, hasta que se fue convirtiendo poco a poco en su verdadero amor y en la única persona que verdaderamente la comprendía, su alma gemela.
"Despierta Candy! Estas otra vez sonando despierta?" Exclama Annie, sacándola de su ensueño.
"Que bien me conoces Annie!"
"No crecimos acaso los primeros 6 años juntas?"
"Es verdad, tuvimos la mejor infancia del mundo: recuerdas aquella vez que nos fuimos de Picnic?"
"Como olvidarlo: ese día cambio por completo mi vida, y poco después fui adoptaba por una familia rica."
Y tratando de contener sus lágrimas, la joven de cabellos negros largos toma la mano de su amiga en la de ella, y le dice temblando: "perdóname Candy… sé que por culpa mía no pudiste ser adoptada, puesto fui yo la que te robe la familia que te había elegido a ti primero."
"Que estás diciendo Annie?" Le interrumpe Archie, arqueando las cejas.
"Que el señor Brighton prefirió a Candy, y yo me interpuse en su camino y se lo quite!" Exclama Annie con lágrimas en los ojos.
Al oír aquella confesión de su novia, el joven de cabellos castaños largos se queda boca abierta sin saber cómo reaccionar: nunca en la vida la hubiera creído capaz, a aquella joven tímida de cabellos negros largos de cometer semejante acto, ella que normalmente era tan dulce y sensible; Por otro lado, él sabía que para ella había debido ser difícil hacer aquella confesión delante de todos, y la admiraba aún más por aquella valentía.
"No seas tonta amiga, que de eso ya hace tiempo, y éramos tan pequeñas que ni sabíamos lo que hacíamos." Le dice la rubia pecosa, abrazándola efusivamente.
"Gracias Candy por siempre ser tan buena conmigo." Solloza Annie, secándose las lágrimas que seguian resbalando por sus mejillas.
"Vamos Annie, ya no llores más que el pasado ya quedo atrás. Sonríeme y ven a bailar conmigo." Le dice Archie, guiándola a la pista de baile.
"Realmente están hecho el uno para el otro." Declara Patty al verlos alejarse.
Candy los ve bailar y siente cierta melancolía: cuantas veces había estado en la misma pista de baile con Albert sin saberlo, y como es que no se había dado cuenta antes de lo ágil que era el moviéndose? Hubiese dado todo por estar nuevamente en sus brazos, y sentir el sabor de sus labios en los de ella.
"Yo también me pregunto si George vendrá, aunque sea disfrazado." Declara Patty, sacándola de su ensueño.
"George. Se me había olvidado que ustedes 2 se quieren."
"Candy!" Exclama la joven de anteojos gruesos, poniéndose colorada.
"No te enojes Patty, que estoy segura muy pronto lo volverás a ver."
"Ojala tuvieras razón amiga, pues cada día que pasa siento más su ausencia."
"Al igual que yo la de Albert." Murmura Candy levemente.
"Mencionaste a Albert, pero que paso con el hombre enmascarado? Seguro que viene pronto, tal como lo ha hecho cada vez que la señora Elroy da una fiesta en la 'Mansión de los Leagans'."
La rubia pecosa ruboriza al escuchar su amiga mencionar al hombre rubio de cabellos largos, pero encogiéndose de los hombros, responde: "no estoy tan segura de que venga, pues esto es una boda, y no una fiesta de disfraces."
A unos metros de ellos, Neil observa a los 4 amigos con envidia. Su relación con Jessica Burns se había terminado tan abruptamente, y todo por su culpa: por aquellos celos que le invadía, cada vez que veía a la joven de cabellos rojizos en brazos de otro hombre. Suspirando, recuerda todas las palabras crueles que ella le había echado en cara después de abofetearlo, para luego irse con otras de sus conquistas. Si tan solo hubiera tenido el valor de confesarle sus sentimientos en vez de comportarse como un niño, ahora no estaría lamentándose y en este momento a lo mejor el, sería el afortunado de poder pasearse con ella abrazados.
'Por lo menos mi hermana es más afortunada que yo.'
Y dirigiéndole una mirada llena de anhelo a la pareja de recién casados, el joven de cabellos castaños oscuros piensa en lo desdichado que se siente el en este momento, y como daría todo por tener una segunda oportunidad para enmendarse con la chica que tanto lo atormentaba: Jessica Burns.
La señora Elroy, quien siempre observa todo lo que sucede a su alrededor, ha notado que Candy ha estado buscando toda la noche de la mirada a alguien, y frunce el ceño al darse cuenta de que la persona en cuestión, se trataba ni más ni menos que de su sobrino Albert, el famoso hombre enmascarado. Meneando la cabeza exasperada, se pregunta porque la rubia pecosa insiste en buscarlo si esta no es una fiesta de disfraces; Ella presentía, que el hombre rubio de cabellos largos todavía no estaba dispuesto a revelarse como lo que realmente era, el abuelo Williams al que todos imaginaban mucho mayor de lo que realmente era. Una carcajada se le escapa sin poder contenerse, y al oír a su cunada reír tan abruptamente, Ruth que sigue sentada al lado de ella, le pregunta:
"Que pasa Sarah? Acaso hay algún detalle chistoso que se me escapo?"
"Nada en especial Ruth. Solo recordaba algo."
Y mirando a su nuera con un brillo en los ojos, le dice: "Me alegra ver que mi hijo y tú se entienden otra vez."
"Sarah!" Exclama Ruth ruborizándose. Y guiñándole el ojo a su suegra, continua:
"Es verdad que al principio me parecía un perfecto extraño, pero con el tiempo fue ganando mi corazón."
'Con el tiempo…'
Sarah Elroy mira a su nuera con angustia: que pasaría entre ellas cuando Ruth recobrase la memoria? Tarde o temprano ocurriría, y presentía que las cosas entre ellas cambiarían. Aclarándose la garganta decide satisfacer su curiosidad, y le pregunta tentativamente:
"Acaso no recuerdas ni un poco quien soy yo ni nada relacionado con tu pasado?"
"Porque insistes con tanta ansiedad que te recuerde si no hay secretos entre las 2?"
"Perdone que interrumpa unas bellas damas, pero podría una de ustedes dedicarme un baile?"
La voz varonil de Robert Leagan las hace sobresaltar:
"Perdón, no era mi intención asustarlas."
"Porque no bailas con tu esposa?" Le dice su madre, empujando su nuera hacia él.
"Me dedica este baile, bella dama?"
"Con mucho placer." Le responde Ruth tímidamente, y tomándola en sus brazos cariñosamente, Robert se la lleva a la pista de baile.
Sarah Elroy decide no darle más vuelta al asunto, y caminando hacia su nieto Neil quien seguía sentado solo, le pregunta:
"Se puede saber que te traes con esa cara de luto?"
"Cara de luto?!" Le pregunta el joven de cabellos castaños oscuros, fingiendo inocencia.
"Nunca supiste mentir, así que más vale que me digas de una vez por todas lo que te sucede."
Tomando una respiración profunda, el joven de cabellos castaños oscuros titubea antes de contestarle:
"Acabo de perder a una persona muy valiosa para mí, sin haber tenido el chance de decirle lo mucho que la quiero."
"Se trata de una chica de la universidad sin duda. Porque no me cuentas que barbaridades le hiciste a la joven en cuestión, para que te odiara tanto?"
"Tía abuela!" Exclama Neil, poniéndose colorado.
"Te conozco como la palma de mi mano querido nieto, y sé que a pesar de haber madurado puedes ser muy brusco con las mujeres."
"Es verdad tía abuela y me arrepiento sinceramente. Sin embargo Jessica Burns no es una chica nada fácil tampoco: se la pasa saliendo con diferentes hombres cada semana, pero lo que más me hierve la sangre es verla en brazos de otro."
"Ya ves que tu actitud de machista no te sirvió de nada. Y que piensas hacer para remediarlo?"
"No lo sé…"
"Por dios Neil ya deja de comportarte como un niño mimado! Ya es tiempo de que empieces a actuar como el joven de 22 años que eres, no crees? Exclama la anciana exasperada.
"Y que quiere que haga, si ella ya me grito que no quiere volver a poner sus ojos en mí."
"Sigue insistiendo y no te des por vencido. Es la única manera de saber si ella también te corresponde. Así somos nosotras las mujeres: románticas, y nos gusta que los hombres nos corran detrás." Concluye la anciana, guiñándole el ojo.
"Nunca imagine poder hablar de cosas tan intimas con usted, tía abuela."
"Pues para eso servimos los viejos: para darle consejos a los jóvenes."
"Usted no es ninguna vieja tía abuela, sino la cabeza de esta familia." Le dice Neil como si la viera por primera vez. E inclinándose sobre la anciana, le deposita un beso fraternal sobre la frente.
"Gracias por sus buenos consejos, tía abuela. Creo que iré a reunirme con el grupo de jóvenes que está parado cerca de la pista de baile."
"Así me gusta oírte hablar mi querido nieto! Abre tus ojos y mira a tu alrededor, que a lo mejor encuentras alguna joven de tu agrado y la sacas a bailar."
"De acuerdo, y gracias por la noche de boda que organizo para Eliza."
Y levantándose de su asiento, el joven de cabellos castaños oscuros se encamina hacia una multitud de jóvenes para intentar de distraerse, mientras se le forma un plan: conquistaría a Jessica Burns, costase lo que costase.
Mientras tanto, Candy que sigue esperando en vano la aparición del hombre enmascarado,sobresalta al oír la voz autoritaria de la señora Elroy:
"Se puede saber porque no te estas divirtiendo como todos los demás?"
"Tía abuela!"
"Te he estado observando, y no dejas de mirar hacia la entrada de la puerta principal: a quien estas buscando? Acaso al hombre enmascarado?"
A Candy se le va todo el color de la cara al verse desenmascarada por la anciana, y mira al suelo sin saber que contestar.
"Tu silencio me lo confirma. Sin embargo yo te puedo asegurar que no vendrá: o es que acaso se te olvido que esta es la boda de Eliza, y no otro de los bailes enmascarados que suelo organizar?"
"Lo sé y perdone mi desconsideración, pero deseaba tanto verlo."
"Ya habrá otros bailes enmascarados, no crees?"
Candy desvía la mirada, y no sabe que decir: cómo explicarle a la señora Elroy, que el famoso hombre enmascaradosiempre había sido un invitado extraviado, un vagabundo, a lo mejor hasta un espía?! Su corazón se pone a latir fuertemente al pensar que lo podrían desenmascarar.
"Te has vuelto completamente pálida. Porque no le cuentas a tu tía abuela lo que te sucede?"
"Lo siento pero no puedo!" Exclama la rubia pecosa alejándose a pasos rápidos de la anciana.
'Esto está muy raro….Que habrá pasado entre los 2, que la tiene tan angustiada?'
Sarah Elroy frunce el ceño al verla caminar hacia los baños, y sin quitarle la mirada de encima se vuelve a sentar en su lugar, para pensar: indudablemente tendría que hablar con su sobrino, y exigirle una explicación sobre el comportamiento tan extraño de la rubia pecosa. Desviando la mirada, se concentra en la pareja joven de recién casados, y nota con satisfacción que todavía siguen bailando.
'Por lo menos mi nieta si es feliz…'
Eliza sigue con la cabeza apoyada al hombro de su amado, mientras escucha los latidos de su corazón: trataba de imaginarse como seria su vida junto a Philip después que se terminara la noche y los 2 se esfumaran para irse a su luna de miel. A donde se irían, y como se comportaría ella antes el joven apuesto de cabellos rizos oscuros? Nunca antes había estado sola con un hombre, y la idea la atemorizaba un poco.
"Tranquila, que yo no como." Le murmura el joven apuesto de cabellos rizos oscuros en el oído como si pudiese leer su mente.
"Philip… A dónde es que vamos a pasar nuestra luna de miel?" Le pregunta Eliza tímidamente.
"Vaya, ya empezaste con la actuación. Así me gusta: una esposa ágil y con los pies sobre la tierra."
"No te burles de mí!" Protesta la joven de cabellos castaños claros.
"Pues hablo muy en serio. Esta misma noche te llevare a mi lugar favorito de esta ciudad: un chalet romántico cerca del mar."
"El mar?! Pero si bien sabes que no sé nadar… Que piensas hacer: ahogarme?! Pues no te daré este placer!" Exclama Eliza, tratando de despegarse del.
"Ya deja de hacer tanto escándalo quieres? Acaso piensas que soy un asesino? Si me case contigo es porque te quiero viva y no muerta, así que pórtate bien, y se una esposa dócil." Le dice Philip apoderándose de sus labios para callarla. Eliza estremece al sentir su lengua en la de ella, y coloca sus brazos alrededor de su espalda ancha. Los 2 se quedan abrazados durante un largo rato, hasta que finalmente, el mismo despega su boca de ella abruptamente, y declara:
"Así quiero que seas siempre conmigo: tierna y dócil."
"Philip….yo…"
"Y ahora quiero que brindemos con todos!" Exclama el joven apuesto de cabellos rizos oscuros, caminando con Eliza hasta donde están sentados los Leagans, y la señora Elroy.
Sarah Elroy se levanta de su asiento al ver los jóvenes casados acercarse hacia ella, y caminando hacia ellos exclama: "por fin tengo el placer que felicitarlos a los 2, y les deseo anos de completa felicidad!"
"Justamente vinimos a festejar un ratito con ustedes antes de partir para nuestra luna de miel."
"Ya tan pronto nos vamos?" Pregunta Eliza alarmada.
"Esta misma noche, mi amor." Le contesta Philip, pasando el brazo posesivamente alrededor de su hombro.
"Porque te sorprendes Eliza? Acaso no sabías que es lo habitual para una pareja recién casada?" Le pregunta la anciana, mirándola con curiosidad."
"Bueno… Lo que pasa es que mama nunca me hablo de esas cosas." Admite la joven de cabellos castaños claros, desviando su mirada hacia Ruth, quien la contemplaba con una expresión serena en su cara.
"Yo tampoco hija, y lo siento." Añade Robert, colocando un brazo protector alrededor del hombro de su esposa.
"Eliza que te pasa que te has puesto tan pálida?" Le pregunta la señora Elroy frunciendo el ceño.
"Nada. Creo que es la emoción, eso es todo." Contesta la joven de cabellos castaños claros al sentir la presión de los dedos de Philip en su espalda.
"Pues a brindar para los jóvenes casados!" Declara Robert Leagan, abriendo una botella de champagne y rellenando vasos.
"Felicitaciones para los recién casados!" Añaden Archie, Annie, Patty y Candy apareciendo súbitamente.
A Eliza se le llenan los ojos de lágrimas al ver los 4 amigos delante de ella; Había esperado tanto el momento, en que su único primo vivo le dirigiese la palabra, y estrechándole la mano al joven de cabellos castaños claros, le dice:
"Gracias Archie. Tus palabras significan mucho para mí."
"Que seas feliz Eliza."
"Champagne para todos!" Interrumpe una voz, y más vasos se rellenan del líquido transparente.
El resto de la noche pasa sin más acontecimientos, y pronto llega la hora de partir para los recién casados. Candy los ve subirse en un coche negro elegante y siente un poco de envidia; Pensaba en lo triste que se había pasado el 24 de diciembre a pesar de haber sido invitada a la boda del año, y en compañía de sus amigos en la 'Mansión de los Leagans': había esperado toda la noche al hombre rubio de cabellos largos en vano, y ahora que ya se habían marchado los invitados, se encontraba más sola que nunca.
'Volveré a verte algún día, Albert?'
"Candy, quiero hablar contigo. Te espero en mi cuarto."
La voz de la señora Elroy la saca nuevamente de su ensueño, y asintiendo con la cabeza le contesta:
"Subiré en un momento. Solo quiero despedirme de mis amigos."
La rubia pecosa abraza efusivamente a Archie, Annie y Patty: "Feliz navidad amigos, y espero verlos otra vez muy pronto!"
"Veo que todavía sigues melancólica Candy." Comenta Archie.
"No es nada, son cosas de mujeres." Interrumpe Annie, guiñándole el ojo a su amiga.
"Así es: nosotras las mujeres somos muy románticas." Añade Patty, que al igual que la rubia pecosa sufría por la ausencia de un ser querido.
"Los dejo que la tía abuela me espera en su despacho. Adiós, y buenas noches!"
Candy se encamina a pasos lentos hasta la recamara de la señora Elroy, y golpeando la puerta espera.
"Adelante Candy." Ruge la anciana.
"Como se siente tía abuela?"
"Mi salud esta espléndida gracias. Sin embargo eres tú, la que me preocupa."
"Yo?"
"Te he notado ausente toda la noche como si esperaras a que alguien, o algo ocurriera." Continúa la anciana, clavándola de la mirada.
"Bueno… Yo…"
"Acaso no te explique que el hombre enmascarado no vendría?"
"Si, pero es que me siento tan bien cuando él está a mi lado y lo extraño muchísimo."
"Candy, debes aprender a vivir independientemente aunque ames a alguien. Cuando perdí a mi esposo más nunca me case, pero saque mis fuerzas para mantener la familia unida, y lo seguiré haciendo hasta el final; En tu caso los del 'Hogar de Pony' son tu familia, pero además de ellos tienes muchos amigos, y esto es algo muy valioso y que no todos tenemos."
"La entiendo perfectamente y es verdad que estaba muy ensimismada conmigo misma: no pensé por un momento en Eliza, y en lo insegura que debe de sentirse ella al empezar una nueva vida, lejos de su familia."
"Afortunadamente mi nieta no vivirá muy lejos de aquí. Sin embargo pasara su luna de miel en un lugar un poco aislado."
"Estoy segura de que Philip la hará muy feliz: parece buen chico."
"Volviendo a lo tuyo: quiero que me prometas seguir tu camino y concentrarte en tu carrera de enfermera, pase lo que pase."
"Gracias tía abuela. Sus charlas intimas conmigo siempre me reconfortan el alma y le prometo convertirme en la mejor enfermera del país."
"Prométeme antes todo ser feliz Candy, y cuando vayas a tu habitación, encontraras tu regalo de navidad. Buenas noches, y hasta mañana!"
"Tía abuela pero no era necesario. Usted ya hace tanto por mi cada ano al invitarme a la 'Mansión de los Leagans', y ahora con esta estupenda boda ni hablar!"
"De toda maneras ven a abrazarme, y haz un deseo cuando pase una estrella fugaz."
"Usted también cree en esas cosas?" Le pregunta la rubia pecosa guiñándole el ojo.
"Yo también soy romántica aunque no lo parezca." Le contesta la anciana, guiñándole el ojo de vuelta.
"Buenas noches tía abuela, y feliz navidad!"
Después de abrazar a la anciana efusivamente, la rubia pecosa se encamina hasta su habitación, y lo primero que nota al abrir la puerta, es un pequeño paquete sobre su cama:
'Debe ser el regalo de la tía abuela.'
Agarrándolo intuitivamente, se asombra de lo pesado que es a pesar de no ser muy grande, y sintiéndose cada vez más intrigada, Candy abre el paquete con manos temblorosas, pero su sorpresa es inmensa al descubrir lo que hay dentro: pintado en un cuadro encajado delicadamente, ve el retrato suyo a los 6 años de edad en la colina de Pony, y parado junto a ella esta, ni más ni menos que el Príncipe de la colina.
"Mi Príncipe!" Exclama la rubia pecosa abriendo en grande los ojos, y por un momento le falta la respiración. Sentándose en la cama se pone a estudiar la pintura de cerca: era indudablemente la escena, en la que ella le pregunta al adolescente rubio de ojos azules, porque el llevaba una falda puesta si no era chica y los 2 se ríen. Cerrando los ojos, revive otra vez aquel encuentro más hermoso de su vida, y oye la frase que tantas veces ha resonado en su alma y sus oídos:
'Eres mucho más linda cuando te ríes que cuando lloras….'
Mirando el cuadro nuevamente como hipnotizada, le da la vuelta, y ve escrito detrás del, en letra minúscula una sola frase: "ya nos volveremos a ver muy pronto, pequeña pecosa."
"Pequeñapecosa? Dios mío! Pero entonces mi príncipe de la colina está mucho más cerca de lo que me imagine, y me encontró! Dónde ir? Qué hacer?!" Exclama Candy hablando consigo misma. Y caminando inquieta de un lado para el otro, nota finalmente otro paquete al lado de su cama:
'Este seguro que es el regalo de la tía abuela.'
Tomándolo entre sus manos, ve que este paquete es más bien ligero aunque grande. Abriéndolo apresuradamente, para ver si no se trata de otra sorpresa inesperada, lanza un grito de alivio al sacar un traje blanco de enfermera, y un sobre en el que lee en pocas palabras:
"Para que lo estrenes, y te conviertas en una enfermera profesional.
Con todo mi afecto y orgullo
Tu tía abuela."
Lágrimas de alegría resbalan por sus mejillas, al darse cuenta de lo mucho que la quería la señora Elroy para darle un regalo tan especial, sin embargo al pensar en el cuadro que acababa de descubrir, su corazón se pone a latir con anticipación; Su príncipe de la colina la había finalmente encontrado después de tantos años, y se preguntaba qué pasaría, y como reaccionaria ella cuando se encontrara frente a frente a él. Sentía que poco a poco el rompecabezas se desbarataba dando acontecimientos a los hechos: aquel joven rubio de ojos azules tan parecido a Anthony, era indudablemente, un miembro de los Andry. El viento sopla repentinamente sacándola de su ensueño, y caminando hacia la ventana para abrirla, Candy busca en la noche oscura, la sombra de algún joven vestido con un 'Kilt', tocando la gaita:
'A donde te escondes mi príncipe, y cuando te volveré a ver?
Cerrando los ojos instintivamente, cree escuchar los sonidos lejanos de una gaita….
Queridos lectores y amigos, les agradezco una vez más a todos los que me dejaron reviews, muchísimas gracias por su paciencia absoluta: sé que me demore más de medio año esta vez, y espero poder complacerles con el siguiente capítulo.
Gracias a ALEBETH, PATRICIA, ANGEL QUE LLORA, LES, etc….
Y por supuesto un saludo especial a GLENDA: me alegro mucho leer tu review súper simpático, y me imagino que esta vez sí le darás una cachetada a ALBERT y con el sartén je je je!
JOSIE (guest): gracias por tu paciencia infinita y tus 4 reviews! Espero que estés mejor de salud? La verdad es que siempre me ilusiono cuando me dejas un review, pues pones mucho empeño en todo lo que escribes. Sabes, últimamente he estado mirando el animee entero por 'Youtube', y la verdad es que no me canso de verlo a pesar de tener la serie completa en dvd.
Bueno, en cuanto a nuestros protagonistas: me imagino que debes estar sorprendida, y a lo mejor un poco decepcionada de que ALBERT y CANDY aun no resultaran quedarse juntos después de tantos sufrimientos, verdad? Tengo que admitir que la saga resulta siendo más larga de la cuenta, pero no te desesperes, que tengo mis razones y un plan muy especial en mente.
En cuanto a los demás personajes: la relación entre ELIZA vs PHILIP resulto ser muy tele novelesca, al igual que lo que NEIL siente por JESSICA BURNS (2 caracteres completamente opuestos); RUTH es la única que realmente salió ganando en todo eso, reencontrando el amor de su esposo y la amistad sincera de SARAH ELROY. En cuanto a TERRY vs MARCOS ROBLES y SUSANA: vaya relación de trio amoroso y complicada lol!
Bueno amiga, me despido de ti, y espero hayas disfrutado también de este capítulo lleno de enigmas.
Hasta la próxima a todos, e intentare no hacerles esperar demasiado.
Ciao, y que pasen una lindo mes de marzo!
