TODOS LOS PERSONAJES PERTENECEN EXCLUSIVAMENTE A MICHAEL DANTE DIMARTINO, BRYAN KONIETZKO Y NICKELODEON.


"Hilos rojos"

Prompt: 2. Ser su compañero(a) de fechorías.

Pairing: Toph/Sokka


CAPÍTULO IV. ESCONDIDOS

─¡¿A dónde creen que van, delincuentes?! ─dos hombres corrían tras ellos, ambos enfurecidos por haber sido estafados.

Sokka y Toph igualmente se movían sin parar entre las calles de ese pequeño pueblo de la Nación del Fuego. Ella aferraba con fuerza el gran y pesado saco lleno de monedas que apenas se habían "ganado" en un, según ella, justo juego de azar. Claro que de justo no tenía nada, pues la astucia de la maestra tierra junto con sus habilidades de control, habían bastado para engañar, bien y bonito, a ese par de incrédulos mastodontes que la habían subestimado sólo por el hecho de ser ciega. Idiotas.

─¡Ya verán cuando les ponga las manos encima! ─gritó el más alto, acelerando sus zancadas. Casi cincuenta monedas de oro se escapaban de su alcance junto con aquellos infelices jovencitos.

─¡Rápido Toph, corre! ─Sokka estiró su brazo hacia ella y la sujetó de la mano, jalándola para que no se quedara atrás. Maldijo para sus adentros. Odiaba admitir que tal vez, sólo tal vez, Katara tenía razón y ya no debían arriesgarse confiando demasiado en su buena suerte. Pero es que…ah, era tan fácil ganar dinero de esa manera.

─¡Deprisa, por aquí! ─Toph de repente se detuvo, giró a la derecha y corrió directa hacia un pequeño callejón solitario. Sokka la siguió sin chistar, y justo ahí, la vio pararse firme sobre la tierra, levantar sus brazos y hacer un par de movimientos que dieron como resultado la aparición de una especie de cueva angosta y oscura que se formó entre una de las paredes maltrechas a su alrededor. ─¡¿Qué esperas?, entra de una vez!

El grito lo hizo reaccionar, ingresando rápidamente al agujero de tierra. Toph le siguió entonces, para después agitar sus manos una vez más y cerrar los muros frente a ellos tal y como si de simples puertas se trataran, quedando de ésta manera, totalmente ocultos de sus perseguidores. Únicamente dejó libre una pequeña rendija vertical para que un poco de luz y aire se colaran.

─¡Auch!, ¡Toph, me estás pisando! ─Sokka exclamó en susurros, moviendo ligeramente sus pies para acomodarlos mejor. Aquella improvisada caverna era estrecha y endemoniadamente incómoda, no podía ni siquiera erguirse completamente sin que su cabeza chocara contra alguna roca, además, el pequeño cuerpo de Toph estaba a escasos centímetros frente al suyo, tan pegado, que tuvo que colocar una mano en la pared delante para sostenerse y evitar aplastarla.

─No puedo hacer esto más amplio, al lado viven personas y sentirían o escucharían el movimiento de la tierra ─musitó de igual manera, manteniendo en alerta su sentido sísmico. ─Así que no te quejes y guarda silencio.

─¡Lo ves, te dije que meternos con ese sujeto no era buena idea, además…!

─¡Ssshh! ─Toph levantó un poco su cabeza hacia él, mostrándole su perfil, que en ese momento alcanzó a ser iluminado por la única línea de luz que pasaba a través de la ranura. ─¡Cállate Sokka, ¿o quieres que nos maten?!

─¡Claro que no, yo sólo…!

─¡Ssshhhh!

Fue ahora Sokka quien frunció el ceño al quedarse con la palabra en la boca. Esa niña era una mandona caprichosa. Todo había sido culpa de ella para empezar. Él le había advertido que no jugaran con aquellos hombres, se veían rudos y no tan ingenuos como otros muchos a los que habían estafado en días anteriores, lo mejor era mantener un perfil bajo y no levantar sospechas, en especial estando en territorio enemigo. ¿Ah, pero Toph había hecho caso?, no. Ella sola había acabado con tipos más grandes que esos antes… o aquellas habían sido sus exactas palabras. Y ahora ahí estaban, apretujados en un escondite subterráneo esperando no ser descubiertos y seguramente, ejecutados después.

En otras circunstancias, no hubiera dudado en comenzar con uno de sus clásicos monólogos en donde él siempre tenía la razón, pero en esos momentos se mantuvo callado y quieto, tratando de que sus ojos se acostumbraran a tanta oscuridad. Aun así, se percató de que Toph movía la cabeza de vez en cuando y fijaba lo mejor que podía sus pies, manos y brazos a las paredes de la cueva, tal y como si quisiera encontrar un buen ángulo para captar lo mejor posible los sonidos y las vibraciones. Estos movimientos, aunque ligeros, bastaban para que Sokka sintiera el constante rose de la cara femenina contra su pecho, el cabello negro y abultado chocaba contra su rostro, provocándole cosquillas en su nariz y barbilla, además de hacerle percibir el aroma terroso y naturalmente agradable tan característico de ella.

Sokka parpadeó un poco, fijando sus ojos en la poca luz que se filtraba en aquella madriguera. La línea luminosa seguía bajando hasta tocar el rostro de su compañera. Él no pudo evitar observarla, nunca lo había hecho, al menos no con tanto detenimiento como en esos instantes. Le pareció algo curioso ver que parte de los orbes verdes eran alcanzados por aquel fuerte rayo de sol de mediodía y aún así, las pupilas no se dilataban o contraían, luego recordó que se debía a que Toph era ciega y por lo tanto no era sensible a la luz. Qué tonto, a veces olvidaba por completo que esa chica, una ruda e independiente maestra tierra, no era capaz de ver, al menos no como el resto del mundo lo hacía. A pesar de ello, los ojos verdosos parecían brillar ante la adrenalina del momento, eran muy profundos, con un aire voluntarioso e inalterable que ni siquiera él, con todo y el sentido de la vista intacto, tenía.

─¡¿Por dónde se fueron?! ─de repente escucharon las voces rasposas de aquellos sujetos a lo lejos y se tensaron.

─¡Malditos mocosos! ─gritó otro, y apenas los pudieron ver pasar, corriendo de largo por el callejón sin tener sospecha alguna de que los dos chicos que buscaban estaban escondidos entre las paredes. ─¡Vamos, debemos alcanzarlos!

Toph movió un poco más la cabeza para escuchar mejor, siendo así alumbrada nuevamente por aquel rayo de luz intruso. Sokka continuó mirándola, como hipnotizado; la piel del rostro de la joven brillaba en contraste con la negrura del panorama, dándole así, un tono aún más blanco, liso y fino a su ya de por sí pálida tez, la nariz respigada reflejaba una diminuta sombra en su mejilla, y sus labios, pequeños, delgados y rosas, estaban apretados en una mueca rígida y concentrada, todo bajo varios mechones despeinados que cubrían parte de la peculiar expresividad de sus ojos ciegos.

Sokka levantó las cejas y suspiró para sus adentros. Vaya, Toph era bonita. Mucho muy bonita, de hecho. Más que bonita, era hermosa. ¡¿Qué demonios estaba pensando?!

Ahora fue él quien cerró los ojos y agitó su cabeza fuertemente, tanto que acabó golpeándose la nuca con un montículo irregular que sobresalía del agujero. Toph giró su rostro hacia él al escucharlo quejarse y le tapó la boca bruscamente con una mano. Él, al sentir tal contacto sobre su rostro, no supo si enrojecería de nervios o de enojo; lo primero era por tenerla demasiado cerca, al grado de poder sentir perfectamente el aliento cálido de ella sobre su cuello, y lo segundo, era por su atrevimiento de demandar que se callara de una forma muy poco considerada.

─Aún no… espera ─susurró ella, bajando su mano ahora hasta su hombro, indicándole que todavía no era seguro salir. Al tener su boca libre, Sokka exhaló fuerte y trató de tranquilizarse, su corazón latía fuerte, y lo que menos quería era que Toph se diera cuenta de ello. Maldición, sentía que se asfixiaba, debían salir de ahí lo más pronto posible.

La miró otra vez, debía dejar hacerlo. Sus pequeñas manos, tan hábiles con la tierra-control, estaban posadas ambas sobre el pecho de él, su rostro seguía serio, pensativo. Eso lo hizo ponerse más nervioso, pero al parecer y por fortuna, Toph estaba completamente ajena a los pensamientos de Sokka, concentrada sólo en sentir las vibraciones de aquellos otros sujetos que, para ese momento ya se encontraban lo suficientemente lejos.

─Ya, por fin se han ido ─anunció la chica con alivio, ya sin susurrar ─Será mejor que nosotros también nos vayamos ─dijo, sin quitar sus manos del pecho masculino. Le extrañó no recibir respuesta, así que habló más fuerte y le dio pequeños golpecitos en la frente ─¿Sokka?, ¡Hey, llamando al capitán boomerang!, ¡Reacciona, tonto!

─¿Eh?, ¿Qué dices? ─respondió él con un tono algo flojo, como si despertara de una ensoñación.

─En serio, eres más torpe de lo que pareces, dije que nos larguemos ya, antes de que esos cretinos vuelvan y nos metan en más problemas.

─Ahh, ehh, claro… vámonos ─apenas pronunció la última palabra, Toph movió las manos y la tierra se abrió de golpe, haciéndolos irse de bruces precipitadamente y por inercia hacia el suelo, más aún porque él estaba recargado de la pared principal. Ella se fue de espaldas, con él justo encima de su cuerpo, dejando caer además, el saco con monedas que tantas dificultades les había causado.

─¿Estás bien? ─le preguntó el chico incorporándose un poco, mirándola fijamente desde arriba, apoyándose en ambos brazos, colocando uno a cada lado del rostro de Toph. Sus ojos verdes se veían perfectamente claros desde ese ángulo.

─Si estar bien significa que caiga sobre ti un tonto cabeza de carne, entonces sí, estoy bien ─respondió ella con ironía pero él otra vez la ignoró. ¿Qué demonios le pasaba a ese tonto? ─Sokka…¡¿podrías hacerme el favor de quitarte de encima?! ─su impaciencia ganó y lo empujó usando un movimiento ligero de tierra-control, apartándolo definitivamente para poder ella ponerse de pie.

─Lo siento ─dijo Sokka, levantándose también y frotando sus adoloridas extremidades.

Luego y antes de que otra cosa sucediera, ambos se marcharon a paso rápido de regreso al campamento donde Katara y Aang los esperaban, no sin antes recoger las monedas del suelo y colocarlas en la bolsa correspondiente. Seguro sus amigos querrían escuchar el porqué de su tardanza.

─Mmm, al menos valió la pena ─dijo Toph con voz alegre, introduciendo su mano en el saco, sintiendo la cantidad rebosante de dinero que habían conseguido.

Sokka caminaba a su lado, mirándola de reojo cada vez que la escuchaba reír. Seguía sorprendido y hasta fascinado por el recién descubrimiento que acababa de hacer, porque el ver ahora a Toph como una chica, no sólo bonita, sino hermosa, era toda una hazaña para él. ¡Ja! ¿Y ella era la ciega?

─Sí, valió la pena ─respondió él, más para sí mismo y sus pensamientos, que para ella. De repente, sintió un golpe en su hombro ─¡Auch!, ¡Oye!

Toph se rió aún más fuerte, evidenciado lo agradable que le resultaba la compañía de aquel joven, a pesar de que a veces fuera algo idiota. Él de igual forma sonrió ampliamente, soltando una carcajada fuerte que se mezcló con las que emitía la maestra tierra.

Ambos continuaron así, caminando contentos, confiados, compartiendo sonrisas cómplices y palabras de camaradería, siendo aún ignorantes de que el gran cariño de amigos que habían desarrollado, algún día, tarde o temprano, terminaría transformándose en algo más fuerte.

FIN DEL CAPÍTULO 4


Me gustó mucho éste relato. Sin duda mi personaje favorito de ATLA es Toph, es fabulosa, y la verdad no sé con quién me gusta más, si con Sokka o con Zuko. Decidan ustedes.

¿Comentarios?, siempre son de gran ayuda para la inspiración.

Saludos, besos y abrazos.