Disclaimer: El tío Mickey me prestó sus personajes para jugar un ratito, con la condición de que se los devolviera tal y como me los dejó. ¡Qué ratón tan simpático! :D
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Sirviendo como enfermera para los soldados heridos, Elsa creía que no habría nada que pudiera conmoverla más nunca. Pero un encuentro inesperado con un antiguo amor de juventud revive en ella el dolor y el horror de la pérdida.
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Día 6
Prompt: Segunda Guerra Mundial
Género: Tragedy/Romance
Palabras: 936
Rating: T
Propuesta de: Ydna. Westergaard
La promesa
Tuvo que verlo detenidamente para poder reconocerlo. Tenía el rostro sucio y magullado, había adelgazado un poco y la barba le había crecido de manera descuidada alrededor de la mandíbula, dándole un aire más triste y maduro. Lo habían transportado desde la frontera polaca, tras resultar herido con los hombres de su batallón. Era 1944 y la guerra contra Alemania seguía causando los peores estragos.
Elsa sintió un nudo en la garganta y vendó la cabeza del inconsciente pelirrojo. A su alrededor, sus compañeras seguían trabajando incansablemente para atender a los otros soldados; una tarea precaria debido a los pocos recursos con los que contaban.
Tuvo que contener un grito ahogado al revisar la pierna del soldado y comprobar que la gangrena comenzaba a extenderse. Si sobrevivía a aquel incidente, iba a quedar lisiado de por vida.
Había visto muchas cosas horribles durante el tiempo que llevaba desempeñándose como enfermera voluntaria, en ese precario hospital. Las circunstancias demandaban que fuera fría y eficiente, a pesar de los gemidos de dolor de los hombres y sus miradas vacías y llenas de tristeza.
No obstante, era diferente cuando se trataba de atender a alguien que conocía. El dolor le atravesó el pecho como un puñal.
Había conocido a Hans Westergaard hace cinco años en la capital francesa, justo antes de que toda aquella locura comenzara. Tenía dieciséis años y el ascenso del fascismo aún se vislumbraba como una lejana amenaza, que difícilmente extendería sus garras por Europa.
Que equivocados habían estado.
Todos los días salía de casa en bicicleta junto a su hermana para ir al colegio, y lo veía pasar con algunos de sus hermanos mayores rumbo de la universidad. Le molestaban las sonrisas arrogantes que le dirigía y la facilidad que tenía para hacerla rabiar con una sola palabra.
Solo él sabía como derribar todas sus defensas.
—Deja de mirarme con ojos asesinos, pequeña tramposa. Un día vamos a casarnos. Y entonces tendremos todo el tiempo del mundo para discutir.
—Te haces demasiadas ilusiones, Westergaard.
A pesar de la bulla en sus palabras, la rubia no había podido evitar mirar con ojos resplandecientes el sencillo pero hermoso anillo de oro blanco que él había deslizado por su dedo anular, ni la maravillosa violencia con la que había latido su corazón.
—Es una promesa, Elsa. A donde vayas, iré a buscarte.
Tiempo después, ella había partido con su familia a Polonia y la guerra había estallado sin remedio. Los años se habían precipitado sobre ellos, carentes de compasión. Mientras el mundo le arrebataba su inocencia, la frecuencia de sus cartas había ido espaciándose hasta desaparecer por completo.
Elsa casi había olvidado al joven apuesto que solía cortejarla en su adolescencia, hasta aquella mañana. Miró el anillo aun presente en su mano izquierda y luego a Hans.
Ni un solo instante había despertado.
Lentamente colocó una mano en su mejilla áspera, preguntándose que circunstancias lo habrían llevado a pelear en el frente, por cuantas desdichas habría tenido que pasar hasta entonces. Todos habían perdido demasiado en esa guerra.
Hans reaccionó ante la caricia en su rostro y abrió los ojos con dificultad, perdido ante el dolor lacerante de su cuerpo. Supo por la mirada en sus pupilas que la había reconocido, aunque probablemente pensara que se trataba de un sueño. Estaba demasiado débil como para pensar con racionalidad.
—Te dije que te encontraría.
Elsa le devolvió una ardiente mirada, sintiendo despertar en su interior algo que creía perdido hacía mucho tiempo. Si de verdad quedaba esperanza en algún rincón del planeta, tendría que ser lo suficientemente incauta como para aferrarse a una nueva oportunidad de huir juntos a un sitio donde todo pudiera ser como antaño.
Pero una voz en su interior le recordó que nunca podría ser la misma de antes, y ciertamente, él tampoco.
—Voy a morir, ¿no? Lo lamento…
—Deja de mirarme con esa cara de lástima —murmuró ella, esbozando una triste sonrisa—. Un día vamos a casarnos, ¿ya te olvidaste?
Hans le devolvió el gesto, invadido por la pena.
—Ya deberías saberlo —musitó—, no soy bueno cumpliendo mis promesas.
—No hables —Elsa le tocó el pelo con una mano—, necesitas recuperar tus fuerzas.
—Al menos pude verte una vez más, antes de que todo acabara. Nunca dejé de pensar en ti.
La muchacha se quedó lívida.
—¿Por qué dejaste de escribir?
—No quería. Mis hermanos y yo tuvimos que enlistarnos —algo en los ojos del bermejo se apagó—. Todos están muertos.
Ya lo imaginaba. Ella también había perdido a su padre.
—Me habría gustado cumplir con mi palabra —vio en su semblante que estaba agotado y la mano con la que lo acariciaba le tembló—, envejecer a tu lado. Siempre te he querido más que a ninguna otra cosa en el mundo.
La aludida contuvo un sollozo.
—Lo siento, Elsa —susurró él—. Estoy muy cansado.
Cuando sus ojos volvieron a cruzarse, supo que no podía hacer nada por él. Casi era mejor que muriera. No soportaba su sufrimiento.
Con el corazón destrozado, la joven se inclinó sobre él y rozó sus labios con los suyos, reviviendo por un breve instante el inmenso amor que se habían tenido en la adolescencia.
Hans cerró sus ojos y no volvió a abrirlos más. La muchacha se derrumbó ahí mismo, ante el asombro y la tristeza de sus compañeras, quienes dentro de poco se llevarían el cuerpo como si nada hubiera ocurrido ahí. Algún día, ella aprendería a vivir con su recuerdo. Pero jamás se desprendería del anillo que llevaba en su mano.
Aunque había roto su promesa, siempre lo seguiría amando.
Nota de autor:
"Me apetece algo con final triste y desgarrador y que a la vez me haga maldecir y así con intensidad...", palabras textuales de la autora de este prompt con ganas de drama. Chiquilla, te cumplí. Y también puse a Elsa vestida de enfermera, como querías. Espero que esto te haya conmovido, porque a mí sí. T-T Ay maripositas, es bien difícil cuando nuestros pajaritos no siempre pueden estar juntos.
Lo cierto es que también me obsesiona un poco el tema de la SGM, ofrece un ambiente tan trágico e ideal para las historias de amor. En esta ocasión nuestros queridos Helsa se separaron, pero no lloren, que nos quedan 24 viñetas por delante para vivir su amor de diversas formas. D:
Guest: I know, if Hans is handsome and sexy as a man, as woman he have to be a total supermodel. xD I love to add references to other characters and stories from Disney, it's universe is fascinating and has so many possibilities. :)
Nos leemos mañana con un episodio más optimista. Se me cuidan, criaturas. :3
