Disclaimer: El tío Mickey me prestó sus personajes para jugar un ratito, con la condición de que se los devolviera tal y como me los dejó. ¡Qué ratón tan simpático! :D

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Marcado desde su nacimiento, Hans quería negarse a creer que su destino estaba unido al de una única persona en el mundo. Pero un accidente le demostraría que a veces, el destino podía ser desalmado al entrelazar los caminos de dos seres humanos.

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Día 7

Prompt: Almas gemelas

Género: Drama/Romance

Palabras: 1000

Rating: T

Propuesta de: Pazhitaa 714


Marcas inquebrantables


Su madre le había hablado acerca del vínculo invisible e inquebrantable que unía a dos personas a través del tiempo y la distancia, tal vez incluso de varias vidas. No todos los humanos en el mundo llegaban a desarrollarlo, pero había algunos que, sin importar las circunstancias, estaban destinados a enamorarse de su alma gemela, su complemento universal. Si la encontraban.

Hans sabía que esa persona tenía que existir en alguna parte del mundo, la palabra que marcaba la piel bronceada de su antebrazo era una prueba fehaciente. Eran solo cuatro letras, trazadas con una caligrafía impecable y elegante, como un tatuaje permanente y que hacían referencia a alguien a quien nunca había conocido en su vida: Elsa.

A veces se preguntaba que sentido tendría aquella maldita marca de nacimiento, incapaz de borrarse o ser disimulada.

—Lo entenderás una vez que la encuentres.

Esas habían sido las últimas palabras que había pronunciado su madre, antes de extinguirse por completo ante el cáncer. Aquel día, todos sus consejos y optimismo habían muerto con ella.

Para Hans, el mundo era tal como lo veían sus ojos. Un serie interminable de grises y neutros, depresiva y monótona. Los colores no existían en su universo.

A veces, las visiones de su madre convaleciente en el hospital se mezclaban con las pesadillas que lo atormentaban desde niño. Esas en las que se veía a sí mismo, (solo ahora que se había convertido en un adulto joven, se daba cuenta de que siempre había sido él), caminando en medio del frío, vestido con ropas de otra época y alzando una espada para terminar con la vida de la frágil muchacha que sollozaba, arrodillada en el suelo.

Nunca le había visto la cara. Siempre se despertaba antes de hacerle daño, agitado y sudando frío.

Tras la muerte de su madre, decidió abandonarse a sí mismo. Su aprecio por la vida disminuyó a tal grado, que comenzó a despilfarrar sus ahorros en interminables noches de juerga. Daba lo mismo, no había nadie en casa esperándolo y a nadie le importaría lo que ocurriera con él a partir de ahora.

Estaba solo.

Entonces ocurrió el accidente. Antes de despertar en una cama de hospital, lo último que el pelirrojo recordaba era haber subido a su auto en completo estado de ebriedad y manejar a toda velocidad rumbo a casa.

—Pensábamos que no despertarías, tal vez esa habría sido la mejor opción, pero parece ser que eres más resistente de lo que aparentas, ¿no, hijo? Lamentablemente nadie puede decir lo mismo de la chica contra la que te estrellaste. Lleva en coma una semana —Hans sintió un vacío en el estómago al escuchar al oficial de policía que fue a visitarlo—. Veremos si la suerte te sigue sonriendo, muchacho. Si esa joven se muere, irás a la cárcel de por vida.

En cuanto pudo pararse de la cama por su cuenta, lo primero que hizo fue atreverse a ir a la habitación 115, donde había escuchado, se encontraba la muchacha. Leyó el nombre que figuraba en la puerta y el corazón se le encogió.

Elsa Sorensen. Tenía que ser una maldita broma.

La vio, postrada en la cama, pálida como la porcelana. Nunca antes se habían conocido, pero su silueta y su pelo blanquecino le resultaban familiares. Supo que era ella a quien tantas veces había visto en sus sueños y sintió un escalofrío.

Con suma suavidad tomó su muñeca y revisó el dorso de su brazo, sin sorprenderse al descubrir las cuatro letras que marcaban su piel.

Hans.

Los ojos se le llenaron de lágrimas. Desesperado, se arrodilló a un lado de la cama y oprimió su pequeña mano entre las suyas. No se había sentido tan solo y miserable desde la muerte de su madre. ¿Qué había hecho?

—Perdóname —sollozó, sintiendo rabia contra sí mismo—, ¡perdóname! Por favor… despierta…

Una serie de pasos a sus espaldas lo sobresaltaron. Una mujer de amplio parecido con Elsa se encontraba en el umbral de la habitación.

—¿Qué estás haciendo aquí?

—Yo…

—¡Aléjate de mi niña! ¡Enfermera!

Angustiado, Hans soltó la mano de la muchacha y se incorporó.

—Por favor…

—¡Enfermera!

A sus espaldas, una de las máquinas a las cuales se encontraba conectada la paciente produjo un pitido. Tanto él como la recién llegada palidecieron, mirando con terror a la chica.

—¡Elsa! —su madre se abalanzó sobre ella, mirándola con desesperación— ¡No! ¡No!

Lívido en su lugar, Hans observó como un médico y un par de enfermeras entraban en la habitación, una de ellas apartando a la pobre mujer a la fuerza en tanto el galeno daba indicaciones de emergencia. Los minutos siguientes fueron una pesadilla.

Fue testigo de como la vida escapaba del cuerpo de Elsa lentamente, pendiendo de un hilo. Y presencio como en el último instante, el dispositivo volvía a producir un sonido intermitente, cortando el terrible zumbido que había anunciado su deceso. Habían logrado salvarla.

—Signos vitales estables. Procedan con el suero.

El alivio que sintió fue tan inmenso, que por un momento creyó que colapsaría ahí mismo. Se quedó mirando como las enfermeras terminaban de atender a la muchacha y como su madre la abrazaba suavemente, llorando agotada. Sintió una humedad recorriendo su mejilla y se sorprendió al darse cuenta de que él también lloraba.

Un movimiento en la mano de la chica atrajo su atención. Sus dedos se movían.

—¿Elsa? —su madre se separó de ella y la llamó, seguramente también notando que algo pasaba.

Hans nunca olvidaría el instante en el que ella abrió sus ojos. Aquello había sido como ver la luz al final del túnel, después de un siglo sumido en la oscuridad. En medio del gris que siempre había poblado su entorno, reconoció una tonalidad que no había visto jamás. Sus pupilas eran de un color azul intenso. Tan azules como el hielo.

El tatuaje en su brazo le quemaba.

Elsa lo miró y pronunció su nombre como si lo conociera. Y entonces su mundo se llenó de color.


Nota de autor:

Después de la escena tan trágica de ayer, nos merecíamos algo con más esperanza. x3 Bueno, si bien esto también tuvo su buena dosis de drama, podemos ver que el final se insinúa como uno feliz, con una nueva oportunidad para los queridos Helsa.

Entrando un poco en contexto para comprender mejor la historia: Hans entra en depresión luego de la muerte de su madre, su única familia y es atormentado por los recuerdos de su vida pasada, (en el universo canon). Hasta antes de conocer a Elsa, era incapaz de distinguir los colores y se preguntaba el porque de su marca de nacimiento, que ella comparte. Estas dos características como muy amablemente me informó Pazhita, son distintivas del Soulmate Universe, osea, ese universo donde las almas gemelas están destinadas a buscar a su otra mitad. ¿No es hermoso? *-* ¡Desde que me comentó el prompt supe que tenía que trabajarlo sí o sí!

Guest: I know the previous story was so sad. T-T I hope this new scene be more nice to you. ;)

Nos vemos mañana con otra interesante propuesta para nuestros pajaritos. e.e