Disclaimer: El tío Mickey me prestó sus personajes para jugar un ratito, con la condición de que se los devolviera tal y como me los dejó. ¡Qué ratón tan simpático! :D
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Tras aceptar el mando de un regimiento en plena guerra, Hans no puede evitar la repentina atracción que uno de sus soldados despierta en él. ¿Quién es realmente Einar Solberg y por qué le hace experimentar cosas tan extrañas?
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Día 8
Prompt: Soldado y general
Género: Acción/Romance
Palabras: 965
Rating: T
Propuesta de: Rosalind Marie
En la guerra y en el amor…
La primera vez que sus ojos se habían posado en Einar Solberg, lo primero que el General Westergaard pensó fue que aquel chiquillo escuálido no sobreviviría ni un minuto en el campo de batalla. Era débil, torpe y por si fuera poco, algo afeminado; lo suficiente como para que ni sus propios compañeros en el regimiento lo tomaran en cuenta. Su andrógina apariencia tampoco le ayudaba en demasía.
Einar estaba dotado de una palidez increíble y era tan delgado, que bien podría haber pasado por una chica. Su pelo siempre se hallaba oculto bajo un casco o bajo los remendados sombreros que hacían juego con sus pantalones masculinos y pasados de moda. La armadura le venía un poco grande y sus enormes ojos azules destacaban demasiado en medio de su blanco cutis. Había llegado desde su pueblo natal para enlistarse en el ejército, esperando poder reemplazar a su padre en la guerra que se avecinaba.
Prácticamente le había suplicado admitirlo, por consideración a la salud de su progenitor, la cual ya no era la misma de antes. Y mientras lo miraba con aquellas enormes pupilas de zafiro, él se había visto obligado a aceptar, casi a regañadientes.
Hans se sorprendió a sí mismo pensando que si el niño fuera una jovencita, no le importaría tenerle una noche en su pabellón privado.
Casi al instante se sintió horrorizado de sus propios pensamientos. Hacía demasiado tiempo que no estaba a solas con una mujer y la abstinencia le estaba afectando. Quizá fuera por eso que el pobre Einar se ganó su antipatía desde el principio.
—¡No vas a durar un segundo aunque te quedes en las trincheras! ¡Ni siquiera sabes usar una espada! —le había gritado en una ocasión, luego de un arduo entrenamiento.
El chiquillo había acabado hecho trizas, con el rostro magullado y respirando entrecortadamente en el suelo. Hans lo había mirado con decepción.
—Nunca serás un buen soldado.
Pero contra sus pronósticos, el muchacho se superó. Lidió sin quejarse con cada una de las pruebas asignadas en el campamento, demostrando que después de todo, tal vez si tenía oportunidad cuando estuvieran en combate.
Hans no podía dejar de pensar en él.
Adonde fuera, su bella mirada lo perseguía en recuerdos. Su sonrisa, insólitamente deslumbrante, también lo tenía descolocado. Una vez había soñado que lo sometía bajo su peso y en medio de una pasión febril, le besaba hambrientamente al tiempo que sus cuerpos se fundían. En esa ocasión se había despertado tan sobresaltado que estuvo sin conciliar el sueño hasta el amanecer.
Jamás pensó que agradecería tanto el verse inmenso en el campo de batalla. Pelear contra sus adversarios al menos le concedería una tregua de aquellas extrañas sensaciones.
Él no podía pensar en su subordinado de ese modo. No podía desearlo con la misma desesperación que a una mujer, ni podía albergar el menor afecto hacia su persona. Hans siempre había sido un hombre recto. En todos los aspectos.
De pronto, el bermejo se sintió desfallecer al distinguir como a lo lejos, su soldado era herido por uno los invasores. El chico emitió un alarido de dolor cuando el arma afilada se abrió paso entre su armadura, sobresaltando a su General.
—¡Einar!
El jovencito cayó malherido en medio de la nieve, mientras el enemigo emprendía la retirada. Una mancha carmesí se extendía en su pecho.
Hans llegó junto al sujeto que acababa de hacerle daño y lo atravesó con su espada sin contemplaciones, matándolo en el acto.
Einar se desmayó.
Se arrodilló junto a él y ordenó de inmediato que lo trasladaran de vuelta al campamento, antes de correr desesperado a buscar ayuda. Las horas consecuentes se convirtieron en un suplicio para él.
No entendía que era lo que le pasaba exactamente con Einar Solberg, o tal vez sí y eso era lo que más lo asustaba. Nunca antes había sentido algo tan fuerte por otro hombre.
Si él moría, si no podía ver una vez más sus bellos ojos azules… el mundo dejaría de tener sentido.
—Mi General —el médico del regimiento lo llamó, sacándolo de sus pensamientos.
Hans se volvió hacia él y sintió inquietud al notar la expresión de su rostro. El hombre estaba pálido y sorprendido.
—Creo que hay algo que tiene que ver.
Con seriedad, el pelirrojo entró en la tienda de campaña adaptada para atender a su soldado. Einar estaba tendido en un camastro, sumido en la inconsciencia. Solo que él ya no era Einar. Aun debajo de las sábanas fue capaz de distinguir la silueta de dos pechos redondos y erguidos.
El militar frunció el ceño y se volvió a ver al doctor, como pidiendo una explicación. Este se limitó a agachar la cabeza, incapaz de pronunciar una palabra.
Hans retiró la sábana con lentitud y no hubo lugar para albergar dudas.
El torso de la joven había sido debidamente vendado para contener la hemorragia y encima de sus improvisadas curaciones, se alzaban sus senos blancos y perfectos, coronados por areolas rosadas. El General sintió como su hombría reaccionaba ante semejante visión y volvió a cubrir a la muchacha, incómodo.
—Debe haber tenido una buena razón para urdir el engaño —se atrevió a murmurar el médico, mirándola con lástima—. Pobre chiquilla.
Eso, una buena razón. Y tendría que explicársela con detalle si quería salir indemne de allí, porque hurtar la identidad de un hombre reclutado, era una falta grave que se castigaba con rigor.
Hans despidió al galeno, no sin antes advertirle que tendría que guardar la mayor de las discreciones y se volvió hacia la chica para apartar un mechón de cabello de su frente, rozando la piel del rostro con las yemas de sus dedos. Era tan suave como lo había imaginado. Suspiró.
Al menos ahora le sería más sencillo admitir sus sentimientos.
Nota de autor:
Ese Hans es un pillo y por poco nos sale bicicleto (bisexual, para quienes no entiendan mi jerga). xD
Rosalind se inspiró en Mulán para darme este prompt que desde luego, me pareció increíble para jugar con el Helsa. Nada como ver a mi bello pelirrojo teniendo dudas porque aceptémoslo, siendo hombre o mujer Elsa siempre lo atraparía con sus encantos. 7u7 ¡Son tan bellos!
Guest: I know, for me Elsa belongs to Hans and Hans belongs to Elsa, no matter what Disney says! T-T Thank you for leave your comments in every chapter! It means so much for me. n.n
Ya saben que por aquí nos vemos mañana y con un prompt por demás mágico. 7u7 ¡Ahora a contestar reviews!
