Disclaimer: El tío Mickey me prestó sus personajes para jugar un ratito, con la condición de que se los devolviera tal y como me los dejó. ¡Qué ratón tan simpático! :D
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Al pasar una temporada con la familia de su media hermana, Elsa se había hecho el propósito de vengarse del abandono de su padre. Lo que menos se esperaba durante el proceso, era la irresistible atracción que surgiría entre ella y su cuñado.
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Día 15
Prompt: Infidelidad
Género: Drama
Palabras: 1000
Rating: M
Propuesta de: Aliniss
Traición
Elsa gimió al sentir de nuevo como uno de sus pezones era engullido por la boca hambrienta del pelirrojo, quien frenético, vagaba con su lengua y sus caricias por cada uno de los rincones de su cuerpo desnudo. Dos dedos masculinos se introdujeron en el punto más recóndito de su intimidad y ella no pudo contener otro alarido de placer, retorciéndose contra su amante.
Solo él sabía como hacerla estremecer de gozo.
—Elsa… —suspiró él, sirviéndose del otro seno antes de estrujar el restante, con la lujuria corriéndole por las venas—, vas a matarme de placer.
La rubia enredó sus dedos en el pelo de Hans y arqueó la cabeza, mientras los recuerdos acudían a su mente. Era extraño pensar en lo mucho que podían cambiar las cosas en cuestión de días, de breves instantes. No hace menos de una semana que se encontraba sobreviviendo en un apartamento miserable y ahora yacía en la habitación principal de la residencia Solberg, siendo follada sin piedad por su cuñado.
Si tan solo su hermanita supiera…
—Ahhh… —Elsa volvió a gritar de improviso, al sentir como la dura erección del bermejo entraba en ella de golpe, embistiéndola frenéticamente y provocando que se sujetara con las uñas a su espalda.
La tensión sexual de los últimos días había sido terriblemente insoportable.
Se movieron al unísono, gimiendo en la boca del otro hasta alcanzar el clímax en medio de un remolino de sensaciones. Demasiado tarde ella se percató de como Hans derramaba su simiente en su interior, no se habían preocupado por los preservativos.
Otra carta con la cual jugar en el futuro, supuso.
—Ah, Elsa, eres tan maravillosa —aun dentro de la blonda, él enterró la nariz en su cuello y jugueteó con un pezón entre sus dedos índice y pulgar—. Si tan solo te hubiese conocido antes…
—Hablas con demasiado romanticismo para ser un tipo que engaña a su esposa.
—Y tú como si fueras una buena persona, considerando que es tu propia hermana —finalmente, Hans salió de su interior y se estiró a su lado con pereza— ¿Qué nos dice eso de ti?
Elsa entornó los ojos.
—Te dije desde el inicio que jamás he amado a Anna. Nunca me ha inspirado el menor cariño o deseo, y el solo hecho de despertar a su lado me provoca repulsión. Claro que su fortuna lo compensaba —el cobrizo sonrió con arrogancia—. No nos engañemos, preciosa. Tú y yo somos iguales. Los dos buscamos nuestro propio beneficio.
Tenía que admitir que en eso no le faltaba razón. Elsa sabía mejor que nadie que no valía la pena tocarse el corazón para apartar del camino a quienes interfirieran con los objetivos personales de uno.
Su propio padre le había dado esa lección a temprana edad.
No recordaba mucho de Adgar Solberg, excepto que un día había salido por la puerta de casa para ya no volver. Dejaba a su madre por otra mujer con quien había tenido a otra hija a sus espaldas y sin más remedio, la pobre Idun había tenido que trabajar hasta el cansancio para mantener a su pequeña.
Elsa tenía seis años en ese entonces, pero creció jurándose que nunca lo perdonaría.
A los veintiuno su madre había fallecido y ella había tenido que recurrir a un mal pagado empleo como modelo fotográfica para pagar las cuentas. Cuando su padre se había puesto en contacto con ella para ofrecerle su ayuda, la desdeñosa muchacha lo había rechazado, originando una tremenda discusión en la que el problema cardíaco de Adgar le había jugado en contra.
Habría salvado la vida si tan solo ella se hubiera molestado en pasarle su medicina. Pero le gustaba pensar que ese hombre se lo había buscado.
Tres años después, su media hermana la había buscado para entablar una relación que no debía existir. Su propia madre acababa de morir y se sentía muy sola. Así que la invitó a esa lujosa casa que alguna vez había sido la de Adgar, para que pasara unos días con su familia.
La muy estúpida se había casado a los dieciocho con el primer sujeto que le había endulzado el oído. Era una triste ama de casa sin aspiraciones ni dignidad que no se merecía su consideración.
En cambio, desde el primer instante en que sus ojos se habían cruzado con los de Hans Westergaard, había surgido entre ambos una pasión irremediable que no se comparaba a la monótona carencia de afecto que existía en ese matrimonio.
Las miradas furtivas, las palabras insinuantes y la mano del pelirrojo en su muslo bajo la mesa… todo ello los había sumergido en un juego peligroso en el que Elsa no estaba dispuesta a perder.
—Voy a dejar a Anna —anunció Hans después de breve silencio entre ambos—, estoy harto de toda esta maldita farsa, de ella —extendió una mano hacia el rostro de la albina y acarició uno de los mechones de su sien, con inusitada ternura—. Quiero que seas mi mujer.
—¿Qué hay de tu hijo? —inquirió Elsa con frialdad.
—No pienses en eso —Hans le tomó una mano y se la llevó a los labios, suavemente—, me encargaré de todo. Estaremos juntos, cariño. Tú y yo solos.
Elsa imitó su sonrisa con engreimiento, no porque le hiciera ilusión entablar una relación romántica ni nada por el estilo. Le importaba una mierda lo que ocurriera con Hans, y le importaba una mierda que él no hubiera hecho más que utilizar a su hermana en todo ese tiempo. Lo único que le interesaba era apoderarse de los bienes que por derecho le correspondían y vaya que su cuñadito le iba a resultar muy útil en el proceso.
Iba a dejar a esa infeliz en la calle, justo como su padre había hecho con ella y con su madre. Era una lástima que él no estuviera con vida para contemplar su venganza.
Desde el principio había sabido que tarde o temprano, terminaría recuperando lo que era suyo.
Nota de autor:
Copo de nieve vuelve a hacer de las suyas en otra suculenta viñeta. 7u7
Ay chiquillas, debo admitir que cuando Ali me propuso este prompt no sabía su hacerlo o no, puesto que como ya muchas deben saber, odio el Hanna con todo mi ser. Ò.Ó Solo pronunciar ese nombre hace que mi piel se llene de ronchas y sienta retortijones en el estómago, soy alérgica a ese ship del mal, ¡lo juro! Y es que Anna nunca fue ni será suficientemente buena para nuestro pelirrojo, hum. 7n7
Pero bueno, al final lo hice porque me encanta ver a esa Elsa perra, calculadora y sensual que todos sabemos que es por dentro. ¡Haz lo tuyo, copo de nieve! ¡Demuéstrales quien manda!
Hasta mañana, pequeñas. No olviden comentar. ;D
