Disclaimer: El tío Mickey me prestó sus personajes para jugar un ratito, con la condición de que se los devolviera tal y como me los dejó. ¡Qué ratón tan simpático! :D
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Cuando un lobo alfa escogía a su pareja, no había nadie capaz de interponerse con su propósito. Hans había hecho su elección; deseaba a esa pequeña y reservada rubia omega más que a nada en el mundo. Y no le importaba matar para conseguirla.
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Día 17
Prompt: Omegaverse AU
Género: Romance
Palabras: 996
Rating: M
Propuesta de: Pazhita714
Mordisco
Hans miró como la vida de su hermano se apagaba en un instante y dejó que su cuerpo inerte se deslizara contra la corteza del roble. Siendo el mayor de una prominente camada de licántropos alfa, habría sido de esperarse que Caleb saliera victorioso en aquel duelo fatal; pero ni siquiera él conocía los alcances de su propia fuerza y decisión cuando estaba determinado a conseguir algo.
Y había cometido el error de fijarse en lo que era de su propiedad.
Indiferente, el pelirrojo se alejó del cadáver y se dirigió hacia la hembra que yacía agazapada detrás de una roca enorme junto al arroyo, mirándolo con recelo y tratando de cubrir su desnudez con el vestido mojado que había recogido en la orilla.
Había podido olerla a kilómetros de distancia. El exquisito aroma de Elsa inundaba todos sus sentidos, una mezcla de flores silvestres y chocolate caliente que le hacía perder el control.
Esa misma mañana se había levantado con el ineludible propósito de reclamarla para él, antes de que su hermano intentara arrebatársela, solo posponiendo lo inevitable.
—Miren lo que ha traído el arroyo. No te molestes en mantener la modestia, pequeña. Suelta el vestido.
—¿En serio crees que puedes mandarme como si fuera una niña? No te tengo miedo.
Hans enarcó una ceja, gratamente sorprendido. Para ser una simple omega, la muchachita tenía agallas. Estaba en su período de celo y como de costumbre, había acudido al río a bañarse para aliviar la necesidad de su cuerpo. Era allí donde la había visto por primera vez.
En ese entonces, Elsa tenía dieciséis años y las curvas de su silueta adolescente comenzaban a obrar el efecto propio de las de su casta, prometiendo convertirse en el objeto de deseo de cualquier macho con sangre en las venas.
Ahora era toda una mujer y un ejemplar precioso de loba, con su piel albina y su pelo de luna. Sería una esposa perfecta una vez que hubieran concluido con el apareamiento.
No podía esperar a ver como su delicado vientre se inflamaba con los cachorros que procrearan juntos, hermosos y llenos de curiosidad como su madre, y fuertes e imponentes como él.
El alfa se inclinó para tomar un mechón de su cabello y ella se tensó, observando como inhalaba el aroma que desprendía su pelo como si se tratara de una droga irresistible. Apreció su ancho pecho desnudo, los músculos torneados en su abdomen y lo poderosos que eran sus brazos. Debía ser el hombre más bello que había visto en su vida, todo en él desprendía un aura varonil y sexual imposible de eludir. Sintió un cosquilleo insoportable entre sus piernas y los pezones se le endurecieron en contra de su voluntad.
Elsa no era ninguna tonta. Lo había visto muchas veces, espiándola mientras tomaba sus largos baños en el riachuelo, arriesgándose a provocarlo. Le gustaba pensar que la deseaba pero jamás había considerado en serio las consecuencias.
—Sabía que lo volverías complicado. Eres una mujercita desafiante, ¿no?
La joven hizo ademan de moverse cuando una de las manazas del pelirrojo atrapó su muñeca.
—Eso hace que me gustes mucho más.
La rubia quiso protestar cuando de un instante a otro, se vio atrapada entre el suelo y el cuerpo del lobo, quien terminó de arrancarle sus ropas húmedas y contempló con lujuria su blanca silueta.
Elsa hizo el intento de resistirse, más por orgullo que por dominar el ansia salvaje que se había adueñado de ella.
Las manos del pelirrojo se movieron raudas por sus senos, sus caderas y sus muslos, hasta presionar sin clemencia la perla oculta entre sus piernas, provocando que liberara un sonido gutural de placer.
Hans descendió con su boca sobre uno de los rosados botones que coronaban sus pechos y apresó las delgadas muñecas de la blonda con una mano.
—Eres valiente para ser una omega, pequeña —murmuró el bermejo, contemplándola con sus ojos oscurecidos de deseo—. Te lo prometo, voy a darte muchas noches de placer cuando seas mía.
"Yo nunca seré tuya", quiso espetarle ella, ofendida por la arrogancia y seguridad que destilaban sus palabras. Sin embargo se vio acallada por el violento beso que recibió de su captor, un beso que encendió todas sus terminales nerviosas y terminó de desarmarla por completo.
Elsa gimió entre sus labios, respondiéndole con los dientes y la lengua cuando él demandó mayor acceso a su boca.
En el instante en que se adentró en ella con toda la longitud de su imponente masculinidad, la rubia sintió sus dientes hundiéndose sobre la piel sensible de su hombro y liberó un profundo aullido de pena. Estaba consciente de que el ritual de cortejo siempre era salvaje y doloroso para las hembras vírgenes, pues los alfas debían asegurarse de marcar a sus esposas en cada aspecto posible… pero maldita sea, no sabía si lo soportaría un segundo más.
Con el sufrimiento sobrevino el gozo, esa dulce fricción entre sus piernas se había convertido en un impulso sensual que estimulaba cada una de sus terminales nerviosas, haciéndola tocar el cielo.
Llegaron al orgasmo casi simultáneamente y Hans se desplomó sobre ella, con su rígido miembro apresado entre las paredes de su intimidad. Pasaría un rato hasta que pudiera desinflamarse y separarse por completo; la sangre aun corría a raudales dentro de su palpitante hombría y las emociones lo embargaban.
Elsa mantuvo los ojos cerrados, mareada por la avasallante sensación del clímax y el dolor que ahora notaba en su cuerpo. Sabía que no había marcha atrás desde que las pupilas esmeraldas de aquel extraño la habían reclamado con la mirada, ahora era suya.
Era extraño, siempre había temido no ser lo suficientemente buena como para convertirse en la mujer de un lobo; en su aldea todos la rehuían por ser solitaria y misteriosa. Ahora, lo quisiera o no, tendría que habituarse a ser una esposa decente. Extrañamente, la idea la reconfortó.
El sol cayó y la luna extendió su manto sobre ellos.
Nota de autor:
Ay Pazhita, mira las cosas que me haces escribir *falsa vergüenza*. Viernes Helsoso y suculentoso con la tía Frozen. ;)
Pues sí, mis amores, yo no conocía nada sobre el Omegaverse hasta que investigué en Internet y fue como: ¡Yisuscraist! ¡¿Qué es lo que están leyendo mis castos ojos, únicamente corrompidos por la sensualidad del Helsa?! O.O De inmediato supe que tenía que aplicar el concepto al ship. Hans como alfa es tan asgadghafghh *babea*. Y es que verán, según este universo, la gente está dividida en castas, siendo la de los alfas la más poderosa y la de los omegas la más débil.
Los alfas que se enamoran de omegas son dominantes, posesivos y protectores con sus parejas. Solo ellos tienen la capacidad de provocarles un embarazo, además de sentir su olor a kilómetros de distancia y establecer un vínculo prácticamente irrompible desde el acto sexual. ¿Así que díganme si eso no es material para el Helsa? *w* Creo que esta ha sido una de las viñetas que más me ha gustado escribir.
Quisiera dedicar esta pequeña historia al fallecido fic "El Cortejo del Lobo", una obra brillante y llena de suculencia que lamentablemente se retiró del fandom, pero que me inspiró para hacer esto. ¿Por qué Ani, por qué? T-T
Guest: I admit that what I like most about Helsa is that the relationship between the couple does not always start perfectly. But as you said, that little baby girl will make them realize that their marriage can turn into something wonderful. And sexy. Very sexy. 7u7
Chiquillas, poco a poco se nos va el mes de Agosto. Las veo mañana por aquí, listas para disfrutar el weekend con otra dosis de Iceburns. :3
