Disclaimer: El tío Mickey me prestó sus personajes para jugar un ratito, con la condición de que se los devolviera tal y como me los dejó. ¡Qué ratón tan simpático! :D
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Justo cuando pensaban que el heredero al trono sería un niño normal, la reina de Arendelle y el príncipe consorte se dieron cuenta de lo equivocadas que estaban sus suposiciones: el niño no solo había sacado el aspecto del padre, también había heredado los dones de su madre.
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Día 18
Prompt: Hijo con poderes
Género: Family/Hurt/Comfort
Palabras: 1000
Rating: K
Propuesta de: Rosalind Marie
Un príncipe especial
Tenía que admitir que al nacer su primogénito, lo último que había esperado a esas alturas era que el bebé heredara la magia de su madre. No habían obtenido ningún indicio de que el niño contara con algún don extraordinario, ni nada que se le pareciera, corriendo por sus venas; algo que a decir verdad había sido un alivio para Elsa. Su pequeño Adgar era un chiquillo precioso y absolutamente normal.
Tal parecía que no todos los poderes mágicos se hacían patentes desde el alumbramiento, necesariamente.
Y es que aquella mañana, tras entrar en la habitación del pequeñín para alimentarlo, lo primero que notaron fue la ligera capa de escarcha que se había formado en los bordes de su moisés. El bebé reía y agitaba sus regordetas manitas, formando diminutos cristales de hielo en el aire que lo tenían embelesado.
Era tan curioso y hábil como su madre.
Hans lo tomó en sus brazos con cautela, se observó en aquellos ojos que eran iguales a los suyos y acarició con suavidad el mechón de pelo rojizo que coronaba su cabeza. Ese niño era su viva imagen, a tal grado que hasta Anna había bromeado insinuando que tendrían que poner más empeño en concebir al siguiente heredero; quería una pequeña sobrina que fuera tan hermosa como su hermana mayor.
—Aparentemente nuestro hijo si heredó algo de ti después de todo —comentó él, irónicamente pero con desenfado.
No importaba lo que ocurriera, para él su hijo era el ser más valioso en el mundo.
Elsa no contestó a su comentario. La reina se había quedado lívida, contemplando el hielo que resplandecía sobre la cuna. Un tic nervioso se apoderó de su ojo derecho, cuando sus pupilas vagaron desde las sábanas medio congeladas del diminuto lecho hasta el principito, que ahora jugaba con las medallas que colgaban de la vestimenta de su padre.
Lo vio ahí, tan inocente y tan pequeño, y un sentimiento que hacía mucho tiempo no se apoderaba de ella, la golpeó con toda su fuerza. Por primera vez en años sentía auténtico pavor.
—¿Elsa?
La rubia parpadeó al escuchar la voz preocupada de su esposo y todavía en shock, salió del dormitorio como una autómata, con la mirada perdida y las manos cerradas en puños a ambos lados de su cuerpo.
"No sientas, no sientas… por favor, contrólate…"
—¿Elsa, qué sucede? —el príncipe consorte ingresó tras ella en los aposentos que compartían, aun acunando a su bebé contra su pecho— Elsa…
—No puedo.
Hans frunció el ceño al escuchar su murmullo.
—¿No puedes qué? Estás… ¿estás llorando?
La joven agachó la mirada y se retorció las manos con nerviosismo, intentando controlar sin éxito el ataque de ansiedad que se había apoderado de ella. Recordó los años solitarios de su infancia, siempre recluida en un rincón frío de su habitación, la gran helada que se había apoderado de Arendelle no mucho tiempo atrás y los instantes de incertidumbre antes de aprender a manejar sus poderes.
¿Tendría que sufrir su hijo el mismo calvario, antes de aprender a convivir con su magia? ¿Sería ella capaz de mostrarle todo lo que debía para que no cometiera sus mismos errores? Sentía tanto miedo por él, ¿por qué tenía que sobrellevar la misma carga que ella? El cielo podía ser tan cruel a veces…
—Cariño —Hans le colocó una mano bajo la barbilla y la obligó a mirarlo, dándose cuenta de que temblaba—, todo va a estar bien —le aseguró, adivinando sus pensamientos.
—¡No! ¡No lo entiendes! ¡¿Qué tal si nunca aprende a controlarlo?!
—Tú lo hiciste.
—¡Después de echarlo todo a perder!
—No tiene por que ser así. Eres una excelente reina y una madre amorosa y extraordinaria —se sinceró él—, a decir verdad, eres más fuerte que yo. También he cometido equivocaciones… y tengo miedo de lo que Adgar pueda pensar de mí algún día, si llegara a saber. Lidiar con este poder no es lo peor que tendremos que enseñarle.
Elsa lo miró, abrazándose a sí misma y mordiéndose el labio inferior con nerviosismo.
—No lo comprendes, mis propios padres no supieron como ayudarme por miedo a lo que sucedió con mi hermana —dijo—, ¿y qué si él no puede evitar que algo así suceda? ¿Y qué si no podemos evitarlo? —la voz se le quebró y Hans sintió que algo se oprimía dentro de él, al verla tan vulnerable— No quiero fallarle a nuestro bebé.
Cuando la reina rompió a llorar, el príncipe la apresó entre sus brazos y su pequeño, quien parecía ajeno a lo que ocurría entre sus padres, volvió a reír y a crear florituras de hielo por encima de su hombro. Un escalofrío recorrió a sus padres y ambos se separaron levemente para mirarlo.
Los ojos de Elsa estaban llenos de preocupación.
—No tenemos que cometer los mismos errores de tus padres, ni Adgar los nuestros —le dijo Hans con decisión—. ¿Acaso lo has olvidado? Nosotros contamos con algo más poderoso a nuestro favor.
—¿Qué?
—Saber que el amor descongela.
Elsa lo miró con los ojos muy abiertos y suspiró.
—Yo… sé lo poderoso que puede ser ese sentimiento. Pero cuando el miedo se apodera de ti, es difícil recordar ciertas cosas.
—También era difícil que descongelaras mi corazón —su esposo sonrió socarronamente—, sin embargo, aquí me tienes. Pudo más tu fe en mí que mi propio resentimiento. Y sigo siendo presa de tus múltiples encantos.
—Oh, Hans —la soberana negó con la cabeza, abochornada y luego sostuvo a su hijito, quien comenzaba a balbucear y a tenderle sus manitas para que lo cargara.
Elsa lo apretó contra ella y besó su frente, sintiendo todo el amor que por él la embargaba.
—Todo estará bien —le repitió Hans, inclinándose para besar brevemente sus labios—. Adgar será el niño más responsable del mundo.
La blonda reposo una mejilla sobre la cabeza del principito y por un instante, se convenció de que así sería.
Después de todo, ya habían superado cosas peores.
Nota de autor:
Awww, la familia Helsa es tan bella. :3
Admito que me encantaría ver esto como final de una secuela de Frozen, con Hans redimido, el amor triunfando y toda la cosa. Sería muy interesante ver hacerse realidad el prompt que me sugirió Rosalind, con la historia a punto de repetirse y Elsa entrando en una crisis maternal. Porque seamos honestas, hay manías que no se superan fácilmente. xD La pobre pasó demasiado tiempo encerrada y asustada de sí misma, como para olvidarse tan fácilmente. Necesitaría de menos un año de terapia. LOL
Claro que con la ayuda de cierto pelirrojo, todo sería más sencillo. 7u7
Espero que estén pasando un estupendo sábado, florecillas. ¡Hasta mañana!
