Disclaimer: El tío Mickey me prestó sus personajes para jugar un ratito, con la condición de que se los devolviera tal y como me los dejó. ¡Qué ratón tan simpático! :D
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Obsesionado con la nueva doctora del área de cardiología, Hans no podía dejar de pensar en la mejor manera de vencer esa soberbia con la que rechazaba sus coqueteos. Hasta que una emergencia le abre los ojos haciéndole ver lo frágil que es esa mujer por dentro.
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Día 22
Prompt: Médicos
Género: Drama/Romance
Palabras: 996
Rating: K+
Propuesta de: Belén Rivera
A corazón abierto
Elsa Sorensen era una muchacha brillante y recién graduada de la Facultad de Medicina, cuyas excelentes notas le habían permitido entrar al área de cardiología de uno de los hospitales más prestigiosos del país. No solo era inteligente y decidida, sino que poseía una belleza glacial y un halo de misterio que de inmediato habían capturado la atención de Hans Westergaard, médico jefe de la mencionada sección.
Acostumbrado a ser un éxito entre las mujeres, el susodicho no había dudado ni un solo instante en desplegar todas sus armas para conquistar a la joven, pensando en lo delicioso que sería pasar unos momentos a solas.
Preferentemente, sin ropa y en la penumbra de su apartamento.
No obstante la rubia se había limitado a dedicarle una mirada altiva, pidiéndole que respetara el ambiente laboral en el que se desenvolvían y alejándose como una reina delante de sus incrédulos ojos.
Desde entonces Hans no dejaba de pensar en Elsa. Le chocaba que lo rechazara sin miramientos, aumentando la adoración y el desprecio que sentía por ella a partes iguales. No estaba acostumbrado a que le negaran nada, ¿quién se creía que era esa muchachita, por el amor de Dios?
Una peligrosa rivalidad se había desencadenado entre ambos, pues el pelirrojo no desperdiciaba ninguna oportunidad para reclamarle por las cosas más insignificantes, aumentar su carga de trabajo o coquetearle con descaro si se encontraban solos.
Sabía que Elsa estaba harta de él, pero no le daría el gusto de mostrar su enfado. Ante todo, era una profesional.
—Doctor, la paciente se encuentra lista para el trasplante —anunció Aurora, la enfermera asistente designada para la intervención de ese día.
Hans asintió con la cabeza y revisó entonces el expediente que tenía entre sus manos. Una joven de nombre Anna Sorensen recibiría un corazón ese día; un evento prácticamente milagroso debido a la interminable lista de espera de órganos y el padecimiento congénito que tenía la chica. El galeno arqueó una ceja con sorpresa al reparar en su apellido.
—Parece que el mundo se encuentra repleto de coincidencias, ¿no lo cree, señorita Sorensen?
—No lo es, señor —repuso Elsa con frialdad, colocándose el equipo pertinente para entrar al quirófano—. Ella es mi hermana.
Inmóvil, Hans observó como terminaba de ajustarse una mascarilla esterilizada sobre su níveo rostro, antes de desaparecer tras la puerta. Dejó los papeles en su sitio y terminó de prepararse de forma conveniente para ir tras ella.
Tenían una larga y complicada operación por delante.
Los primeros instantes de la cirugía habían transcurrido sin mayores sobresaltos. Pero como buen médico, sabía que uno nunca debía confiarse ante ese ligero margen de probabilidad que separaba a un paciente vivo de la muerte.
Acceder al corazón nunca dejaría de ser procedimiento riesgoso…
—¡Doctor, perdemos su pulso!
El terror se apoderó por un instante de los grandes ojos azules de Elsa y supo que no podía permitir que aquello se les escapara de las manos. Rápidamente dio órdenes a los médicos asistentes para que estabilizaran a la muchacha, mirando conmovido como la blonda se esforzaba por controlar sus emociones para ser tan eficiente como ellos.
—¡Doctor, la perdemos! ¡No hay signos vitales!
Elsa contuvo un sollozo y miró a su hermana, suplicante.
—¡Prepárense para las maniobras de resucitación! —Hans miró furioso a sus compañeros, determinado a salvarle la vida a esa chica. No iba a dejarla morir, por ella— ¡Maldita sea! ¡Comiencen ahora!
Tras minutos de angustiosa espera, una de las máquinas emitió un débil pitido, indicando que el sistema nervioso de la paciente volvía a responder.
—Señor, los signos vitales se han reestablecido.
Elsa sintió que podría echarse a llorar de agradecimiento en ese momento. Hans respiró profundamente y permitió que la enfermera a su lado le secara el sudor frío que bajaba por su frente.
—Buen trabajo. Prosigan con el trasplante.
Una hora más tarde, Anna Sorensen volvía a su habitación del hospital, inconsciente pero con un nuevo corazón y el alivio inmenso de su hermana.
En su despacho, Hans volvió a repasar su expediente para emitir las indicaciones y medicamentos necesarios en su recuperación. Aquella había sido la cirugía más importante de su vida, por una razón que nunca se atrevería a admitir en voz alta.
Alguien tocó a la puerta tímidamente.
—Doctor Westergaard, quiero agradecerle por todo lo que ha hecho hoy —Elsa se plantó ante él de manera tímida y humilde, ofreciéndole una graciosa inclinación con la cabeza—. Sé que hemos tenido nuestras diferencias desde que entré a trabajar al hospital… sin embargo, jamás he dudado de su capacidad como médico y hoy me ha demostrado lo buen profesional que es. Admiro su trabajo y le doy las gracias por haber salvado a mi hermana. Nunca lo olvidaré.
Cuando volvió a levantar los ojos y lo miró con las mejillas arreboladas, y aquella brillante expresión de admiración en sus pupilas, Hans no pudo contenerse. Impulsivamente atrajo a la joven hacia él y presionó sus labios sobre los suyos con pasión, buscando descargar toda esa atracción que ya no podía contener.
Elsa era todo lo que había buscado sin saberlo en una mujer. Hermosa, talentosa, llena de carácter y comprometida con su trabajo con la misma fascinación que él sentía por la medicina. No podía dejarla escapar.
Ella recibió su beso, sorprendida y agotada por las horas que habían pasado en el quirófano.
—Doctor, el paciente de la habitación 113 se ha despertado, ¿qué indicaciones…? ¡Oh! —Aurora se quedó paralizada al abrir la puerta, y ver como su superior besaba apasionadamente a la nueva doctora del área de cardiología.
Elsa se separó de él llena de vergüenza y con el corazón desbocado.
—L-lo lamento, ¿quiere que le diga que espere un poco o…?
La platinada se disculpó por lo bajo y salió a toda prisa del despacho, mientras Hans se aclaraba la garganta.
—Vaya a avisarle que iré enseguida.
Tenía mucho trabajo por delante si quería ganarse el corazón de Elsa de la forma correcta.
Nota de autor:
Hoy me vine más tempranito para darles su dosis de vitaminas Helsa, ese suplemento que es tan esencial para el alma. n.n
Debo admitir que la idea de un fic de médicos es muy atrayente, especialmente con estos dos intentando manejar la atracción que sienten, en medio de emergencias, enfermedades y demás. No me mencionen Grey's Anatomy porque nunca la vi, no me llaman la atención los dramas de hospital. Claro que con esta parejita todo cambia, me encanta verlos interactuar en todos los universos posibles. *w*
Guest: Our beloved Helsa are an explosive couple without a doubt, both small and rivals who do not tire of competing. xD I love that you still enjoy these little stories so much. ;)
Tengan todas un feliz ombligo de semana y nos leemos mañana con una nostálgica viñeta. :)
