Disclaimer: El tío Mickey me prestó sus personajes para jugar un ratito, con la condición de que se los devolviera tal y como me los dejó. ¡Qué ratón tan simpático! :D

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Había pasado demasiado tiempo desde la última vez que se habían visto. Ya no eran unos jóvenes, pero aun en su vejez, los sentimientos afectuosos que albergaban el uno por el otro seguían más vivos que nunca.

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Día 23

Prompt: AU Geriátrico

Género: Romance/Friendship

Palabras: 990

Rating: K

Propuesta de: Miss Karo


Hasta volverte a ver


Había pasado demasiado tiempo. Tantos años creyendo haber olvidado ese viejo amor y en un instante, un breve instante en un día como cualquiera, las cosas se transformaban de repente para volver a colocarlo frente a la primera ilusión de su vida. Pero él solo era un hombre solitario y envejecido, a quien las experiencias vividas habían convertido en un sentimental.

Resultaba curioso si se lo comparaba con el joven arrogante que alguna vez había sido. Ambos habían cambiado demasiado.

—¿Elsa?

La delicada mujer de cabellos plateados miró por encima de su hombro, clavando sus ojos en él con extrañeza. Unas breves arrugas surcaban su rostro níveo pero sus pupilas de zafiro continuaban poseyendo esa expresión inocente que recordaba de décadas atrás.

La misma que lo había enamorado.

—¿Nos conocemos, señor…?

—¿Acaso no me reconoces? —el septuagenario esbozó una débil sonrisa, recorriéndola con ternura en sus ojos verdes— La última vez que nos vimos estabas en tu cabaña del fiordo y te habías enojado terriblemente conmigo, por una broma estúpida. Excepto que en esa ocasión eras una chiquilla de veintiún años.

La anciana parpadeó con sorpresa y luego, el reconocimiento acudió a su semblante.

—¿Hans? —musitó, mirándolo de arriba a abajo— ¿Hans Westergaard?

Esta vez, él levantó la comisura de uno de sus labios y por un breve segundo pudo vislumbrar la misma mueca socarrona que solía dedicarle en su juventud, cada vez que soltaba un comentario para hacerla enfadar o coqueteaba con ella.

—Imposible —murmuró mientras se levantaba.

—Por un instante creí que no te alegrabas de verme, querida.

—Estás muy cambiado.

A la mente de Elsa acudieron sus recuerdos de juventud y no pudo evitar compararlo con el muchacho atractivo al que alguna vez había besado. Ahora Hans debía apoyarse en un bastón para caminar sin encorvarse, había perdido músculo y su pelo pelirrojo había pasado a ser de un rubio pálido, casi tan blanco como el de ella. Lo único que parecía haber sobrevivido a los embates del tiempo, era su pícara mirada. En cierta manera, todavía era apuesto. Muy apuesto.

—Creo que ambos lo estamos.

—¿Pero qué…? ¿Cómo es que…? Oh, Hans —Elsa sintió que se ruborizaba como una jovencita y desvió la mirada—, creí que nunca más te volvería a ver. Desde que te marchaste a Dinamarca con tus hermanos y discutimos por mi compromiso… Nunca volviste a escribir.

—Supongo que no sirve de nada decir que lo lamento. Nunca quise admitir lo decepcionado que estaba por las circunstancias.

—¿Cómo es que estás aquí?

—Mi sobrino mayor decidió que era tiempo de que me jubilara, creo que tiene razón —dijo él, sentándose con cuidado al lado de ella—, de todas maneras, ni él ni los otros me visitaban en casa. Ahora no me visitarán aquí.

—¿No tienes hijos? —inquirió Elsa con asombro.

—Nunca me casé. La vida en familia no era para mí —admitió Hans—. Me imaginó que tú contarás con al menos uno o dos nietos. Siempre fuiste buena con los niños.

La aludida suspiró y dirigió su mirada al jardín de la residencia.

—Me temo que la vida no contempló la posibilidad de ser madre para mí. Después de casarme comprendí que realmente no estaba hecha para el matrimonio. En el fondo, la idea de atarme a alguien y perder mi libertad me aterraba —hizo una pausa, como pensando en sí debería decir lo que estaba a punto de revelarle—. Jamás pude quedarme embarazada, así que no fue difícil conseguir el divorcio de parte de mi marido. Un vientre estéril no era útil para él.

—Lo lamento muchísimo.

—No lo lamentes. Los hijos de Anna me visitan de vez en cuando con sus niños, ellos son mi alegría —Elsa sonrió con dulzura—. Te va a gustar estar aquí. El ambiente es muy agradable.

—Ahora lo es para mí.

De reojo, ella observó como su acompañante la miraba con intensidad y supo que ambos pensaban en lo mismo. Era como si volvieran a ser esos jóvenes veinteañeros que se bañaban en la orilla del fiordo, discutían y se buscaban con obstinación. Recordó la primera vez en la que Hans le había confesado que la amaba y la cálida sensación del primer beso que habían compartido, volvió a atosigarla con la misma fuerza que la había vencido hacía varios ayeres.

Casi se había olvidado de lo mucho que lo echaba de menos.

—Debí tener más valor para enfrentarme a mis padres —musitó, apenada—, nunca pude olvidarme de ti, Hans. Y mira que lo he intentado. Sé que te lastimé y lo lamento.

—El pasado, pasado está —repuso él—. ¿Qué iba a ofrecerte un peón como yo? Los tipos pobres y de familias numerosas nunca han sido buena compañía para las señoritas con clase —esbozó una mueca socarrona y a ella le pareció que de nuevo rejuvenecía medio siglo, hasta volver a asemejarse a ese joven que la había conquistado.

—Tú eras para mí mucho más que eso.

Elsa agachó la cabeza con remordimiento, frágil y serena.

—Estás realmente hermosa, ¿lo sabes, no? Siempre me pareció que ni los años podrían terminar con toda esa belleza.

—Hans, ¿crees que es demasiado tarde para recuperar el tiempo perdido? Sé que no somos los mismos y no debería esperar nada de ti, después de todos estos años —confesó la mujer—, pero yo aún sigo extrañando a ese muchacho que me hacía enfadar y reír al mismo tiempo. Después de todo, antes de querernos éramos buenos amigos.

Por toda respuesta, él ensanchó su sonrisa engreída y le extendió una mano.

—Alguien ha puesto la radio en el salón, ¿no es esa nuestra canción acaso? Frank Sinatra, ¿Recuerdas?

Elsa imitó su gesto y dejó que la tomara en sus brazos para bailar lentamente, al ritmo de aquella música familiar. Tal vez les quedara poco tiempo por delante, pero hoy más que nunca, estaba dispuesta a no dejar pasar más años en vano.


Nota de autor:

Aww mis queridos Helsa, que agridulce es verlos en su vejez. D:

Al principio, Karito me propusó hacer un encuentro al estilo "Letters to Juliet" pero yo no tenía idea de lo que estaba hablando, pues no he visto la película. u.u Así que traté de escribir algo así tierno y melancólico para seguir el prompt. En este universo, Elsa y Hans se conocen y enamoran en su adolescencia, aunque luego se distancian cuando ella se compromete con alguien más, pues eran de clases sociales distintas. Ya sé, muy melodramático. xD Si he de ser sincera no me fascina imaginarlos de ancianos, nada como la emoción y la lujuria de la juventud. xD Pero bueno, otro día, otra viñeta muy especial.

Guest: Helsa is amazing in all possible scenarios! I love imagining all kinds of love stories with this couple. * o * And of course Hans was not going to waste time claiming all the points he had earned with Elsa, the boy deserves them!

¿Ya están listas para el fin de semana, chiquillas? ¿Qué planes tienen para portarse mal? Yo por mi parte, les puedo adelantar que las viñetas que compartiremos serán muy interesantes. Espérenlas. 7u7