Año 850
Le dolía admitirlo pero aquel inofensivo apretón de manos le había provocado un poco de envidia. Se planteaba si Erwin le haría más caso si él también pudiera convertirse en titán. Decidió desechar ese pensamiento de su cabeza en beneficio de todos y se dejó caer en el sofá al lado de Eren.
—Oye Eren.
—¿S—sí? —dudó. Como si le fuese a pegar de nuevo.
—¿Me odias?
Respondió que no, que sabía que todo formaba parte del plan. Retazos de la rabia que sentía Levi se desvanecieron transformándose en congoja. ¿Por qué no se quejaba? La gente normal se enfadaría.
Levi había pateado con fuerza la cara de Eren hasta que este escupió un diente que salió disparado contra el suelo. Luego continuó golpeándole el costado. No sólo lo hizo para que se callara y no estropeara los planes que Erwin tenía, o para convencer a la gente de la sala de que podría con él si en algún momento se rebelase, también lo hizo porque sentía ganas de golpearle. Llevaba años luchando contra los titanes, matando sin miramientos a aquellos seres retrasados que sólo pedían sangre, e intentando volver a recuperar un trozo del espacio que la humanidad había tenido y que cada vez era más pequeño. Un treinta por ciento de los hombres que salían del interior de las murallas perecían por el camino incluso esforzándose Erwin y él porque todas las salidas fueran un éxito.
Le había golpeado porque aún sentía la sangre en su mano de aquel soldado al que prometió que eliminaría a todos los titanes. El último de sus hombres que había visto caer.
Le había golpeado porque daba igual lo que hiciese, los titanes siempre serían más importantes que cualquiera para Erwin. Y aunque le doliese, aquello tenía todo el sentido del mundo.
Le había golpeado porque era un titán.
—Pero todo tiene un límite ¿no? —Preguntó Hange con el tono que solía utilizar para sermonearle—. Le has hecho saltar un diente. ¡Mira!— Añadió enseñándoles un pañuelo de tela donde reposaba con mucho mimo el diente, como si fuera una piedra preciosa. A continuación se agachó ante Eren para comprobar su boca.
—Es mejor que ser diseccionado.
De hecho una parte de él odió cuando escuchó como destinaban al crío al Cuerpo de Exploración, aunque las cosas salieran tal y como estaban planeadas.
—Oh —exclamó Hange obviando las palabras de Levi—, le está saliendo el diente.
Emocionada por el nuevo descubrimiento Hange se levantó de un salto y se llevó a Eren con ella para examinar con detenimiento aquel diente antes de emprender la nueva operación con el crío como protagonista, Mike fue derecho tras ellos riéndose por la nariz, como si le divirtiera lo que Hange hiciese a continuación. Erwin en cambio se quedó con Levi quien se mantenía sentado en el sofá a pesar de saber que tenía tareas que realizar.
—Eren sigue sin convencerte —afirmó Erwin tajante y de repente sin darle opción a réplica.
—¿Qué se supone que debo hacer ahora? ¿Matarle porque es un titán? ¿Ser su niñera porque es un crío? Puesto que como ya has visto a la policía militar le encanta la idea de dejarnos tener un titán como mascota. Niles casi nos lo envuelve para regalo y todo.
—No seas testarudo, hasta que no veamos a Jaeger en una misión no podremos saber cuáles son sus intenciones reales, ni hacer conjeturas sobre lo que pasará. Además no entiendo por qué has tomado la decisión de que precisamente tú vas a tener que encargarte de él.
—¿Quién lo iba a hacer? ¿Tú?
—¿Qué es lo que te pasa Levi?
Levi se calló mirándole fijamente.
Le pasaba que cinco años atrás había tenido el beso más apasionado de su vida, y sin embargo Erwin no había vuelto a hablar de él. Había pasado tanto tiempo que llegó a pensar incluso que aquel beso no existió más allá de su imaginación, pero a veces sentía el roce de los labios en los suyos. Y maldecía la caída del muro María cuando eso ocurría. ¿Cómo iba a pensar en besos si un tercio de los soldados de la tropa de exploración moría al hacer incursiones más allá del muro Rose, y el gobierno había matado a un veinte por ciento de la población porque no había alimentos para todos?
Pero a pesar de saber que su sueño era un pensamiento egoísta, no podía dejar de pensar en aquel instante y volver a sentir la opresión en su corazón. Y los labios fríos, carnosos, y un poco secos sobre los suyos.
—Te aviso que si estropea la misión no esperaré a otro juicio para tomar mi decisión.
Erwin sonrió.
Y Levi refunfuñó sin poder evitarlo. Aquella sonrisa volvía a provocarle una sensación caliente y agradable en el pecho que no quería perder nunca.
—Eres muy duro con él.
—O tú eres demasiado blando.
Con una familiaridad casi extraña Erwin se sentó a su lado donde segundos antes había estado Eren. Levi cerró los ojos un instante e intentó mantener la calma, pero no pudo evitar arquear un poco la espalda al recorrerle un escalofrío. Hacía mucho que no estaban solos tan cerca.
—No fuiste tan blando conmigo cuando me conociste —explicó Levi volviendo a abrir los ojos y haciendo un esfuerzo para mirar directamente a Erwin—, a mí no me hablaste con sonrisas.
—No las quisiste ver. Y me sorprende lo hablador que eres cuando estamos solos.
Sus profundos y fríos ojos azules se enmarcaban bajo las pobladas cejas rubias que tanto caracterizaban su rostro.
—¿Estás jugando conmigo?
—¿Eso crees? —Preguntó Erwin mirando al frente y dejando la vista perdida—. Nunca ha sido mi intención.
Un silencio incómodo y forzado mantenía a los dos unidos en aquella habitación. Levi quería gritar pero sabía que de su boca sólo saldrían palabras llenas de ira sin ningún fundamento ni razonamiento.
—Mi objetivo es eliminar titanes. Lo sabías ¿no?
Levi afirmó con la cabeza y al mismo tiempo intentó evadir su mente centrándose en una mancha de color parduzco que había en el sofá cerca de donde se encontraba su rodilla derecha ¿cómo podía tener el sofá de un comandante una mancha como aquella? ¿Por qué no se había fijado antes? Era un mueble con un tapizado muy claro, si la mancha era vieja resultaría imposible de eliminar a aquellas…
—¡Para, Levi! —Gritó Erwin tan alto que hizo retumbar el asiento—. ¡Y escúchame!
—Te escucho. Quieres matar titanes y supongo que crees que el mocoso que se transforma en titán puede ayudarte, estoy de acuerdo contigo yo también lo creo —señaló dándose una palmada en el pecho para enfatizar su frase—. Pero te garantizo que no vas a vivir para ver a la gente feliz corriendo en un mundo en el que los titanes no existan y los muros hayan desaparecido. Estamos asentando unas bases para que eso ocurra, ¿por qué no vivir tu vida durante el proceso? —Preguntó Levi poniéndose de pie.
—Elegí esta vida.
—Entonces no me juzgues si yo decido vivir la mía a mi manera. Yo también quiero matar titanes, no eres el único en este escuadrón así que deja de creerte un mártir por la causa.
Las botas resonaron por el suelo mientras Levi caminaba hacia la puerta con paso apresurado, pero Erwin se le adelantó abrazándole por la espalda, casi instantáneamente Levi le dio un fuerte codazo en el estómago tan enérgico que hubiera dejado a cualquier otro sin respiración, sin embargo el rubio le mantuvo entre sus brazos como si aquel golpe no le hubiera afectado en absoluto.
—No te voy a soltar.
Levi se sentía estúpidamente resguardado, como si Erwin con toda su altura crease una capa protectora a su alrededor con su cuerpo. Era cálido y confortable, pero sabía también que sólo era una ilusión.
—Voy a decirles a los nuevos reclutas que se unan a la misión —dijo Erwin rompiendo rápidamente el sueño.
—Son unos críos —expuso Levi queriendo salir de aquella jaula de brazos.
—Los que han sobrevivido hoy tienen potencial para poder convertirse ya en reclutas del Cuerpo de Exploración. Además será su decisión, no están obligados.
—Dijiste algo parecido sobre Isabel y Furlan. Nosotros también tomamos una decisión— explicó forzando el "tomamos" para que sonara ridículo.
—Estoy seguro de que con Jaeger el mundo será mejor Levi. Creo firmemente que si tenemos a nuestro lado a uno de ellos podré vivir la vida que tú quieres que viva.
—Te quiero creer —dijo Levi girando sobre sí mismo y dejando su cara frente al pecho de Erwin—, y voy a intentarlo. Pero prométeme —declaró separándose un poco de él e interponiendo los brazos entre ambos—, que todo esto no quedará en un simple abrazo, o un beso inundado tras cinco años bajo las responsabilidades del día a día.
—Te prometo —señaló Erwin agachándose un poco y besando suavemente a Levi en el cuello y a continuación en los labios—, que celebraremos la victoria de la siguiente incursión fuera del muro, tú y yo a lo grande.
Un pequeño gemido de placer surgió de la garganta de Levi.
De veras quería creerle.
