Sólo hay tres cosas en esta vida
Que no se pueden ocultar:
El sol, la luna y la verdad
(Proverbio budista)
Beacon Hills, época actual.
Stiles se detuvo con la mano extendida hacia el picaporte de su habitación. Esta vez el dolor era un poco más fuerte que en otras ocasiones. Cerró los ojos y se llevó las palmas a la cabeza, alborotando su cabello más de lo usual y reprimió un gemido que seguro alertaría a su padre de que algo andaba mal, y Stiles no quería preocupar a su padre de más. Suficiente tenía con todo lo que pasaba en ese pueblo cada dos por tres.
Era un dolor quemante, como si su cuerpo hubiera entrado en combustión espontánea, como si su sangre de repente hirviera como el aceite y mandara ese insoportable ardor por todo su cuerpo. Entonces, nada.
El dolor se fue, así como sabía que sucedería. Durante los últimos meses había sido asaltado por esos ataques de dolor ardiente, y aunque al principio había intentado aliviarlo con hielo y agua helada, pronto descubrió que ni esos, ni ningún otro remedio que pudiera pensar funcionaba. El fuego estaba dentro de él, consumiéndolo por dentro, derritiendo sus órganos. Con el paso de los días se dedicó sólo a esperar que el dolor se fuera por sí mismo, con el miedo siempre latente de que en algún momento su sufrimiento decidiera no dejarlo, condenándolo a vivir ese agónico ardor por el resto de sus días.
Por si no fuera poco, su sueño había sido turbulento, repleto de berserkers y Calaveras con espadas láser y rodeados de fuego, mucho fuego. Y en medio de ese fuego, ardiendo como él mismo lo había hecho momentos antes, veía a Derek retorciéndose de dolor.
Stiles tomó aire con fuerza y se obligó a salir de su habitación, a despedirse de su padre con su típica sonrisa burlona, a tomar el rumbo de la escuela para enfrentarse a otro día de educación. Luego de limpiarse el rostro para eliminar todo rastro de sudor, compuso su habitual mueca de despreocupada inocencia y salió de su casa rumbo a la escuela.
No había ninguna necesidad de preocuparse a sí mismo preguntándose por qué sucedían esos dolores, porque lo sabía. Conocía la respuesta a esa pregunta a pesar de que le gustaría de verdad no saberla.
Pero luego estaba lo de Derek. ¿Por qué había soñado con él?, es decir, era absurdo que se lo preguntara, no era raro que soñara con sus amigos, ni siquiera sus amigos en situaciones de peligro, eso era algo normal, lo que no era normal era que cada noche de las últimas semanas soñara con Derek Hale, siendo abrasado por un fuego que, según parecía, era muy doloroso. Y cada noche Stiles se despertaba agitado, con el corazón latiendo a mil por hora y una presión en el pecho, una de angustia y desazón.
Era pánico en el más puro sentido de la palabra, y Stiles sabía exactamente lo que ese concepto significaba. Hacía un par de meses que nadie había visto al menor de los Hale, incluso Scott había estado un poco preocupado por él, pero luego de la misión de rescate en México, el beta había dicho que necesitaba un tiempo a solas para poder pensar, y nadie tuvo el valor o la fuerza para convencerlo de que se quedara. Y lo más extraño era que Stiles de verdad deseaba que volviera con ellos a Beacon Hills.
Apartó ese pensamiento de su mente cuando estacionó su amado Jeep azul en el estacionamiento de la preparatoria. Debía calmarse, de verdad necesitaba parecer despreocupado y tranquilo, sobre todo considerando el enorme grupo de seres sobrenaturales que pululaban por los pasillos de la escuela. Sobre todo, quería permanecer tranquilo para Scott, quién desde el problema con el nogitsune no paraba de darle miradas preocupadas.
De nuevo se obligó a pensar en otra cosa, de verdad no quería seguir elucubrando sobre ese horrible demonio… no podía. Allison estaba demasiado presente en su mente aún. Cada vez que veía su asiento vacío al lado del de Lydia, un nudo se le instalaba en el corazón y permanecía ahí por horas. Porque era su culpa, no importaba cuánto trataran los demás de disuadirlo de pensar así, Stiles sabía que de no haberle cedido el control de su cuerpo al nogitsune, ella no estaría muerta. El muchacho había provocado mucho daño cuando permitió que el otro lo poseyera, por eso debía mantenerse sereno y fuerte, para que no volviera a suceder.
—Hey, Stiles —dijo una voz conocida a sus espaldas cuando guardaba sus cosas en el casillero— Scott dice que hoy hay entrenamiento.
Stiles suspiro, no entendía cuál era el punto de que él también participara en los entrenamientos si no podía siquiera igualar la rapidez o fuerza de los demás, si no fuera por Lydia, se aburriría de muerte. El chico se giró hacía el otro y le sonrió.
—Gracias, Ethan. Ahí estaré.
El otro asintió con una seca cabezada y se fue rumbo a su salón de clases. Stiles se le quedó viendo mientras hacía su recorrido, con una mueca triste pintada en el rostro. Al final, después de un tiempo, Ethan había decidido volver de su autoexilio, para unirse a la manada de Scott e intentar acercarse a Danny de nuevo, pero algo faltaba. Stiles simplemente no podía acostumbrarse a pensar en el adolescente sin su hermano gemelo, y no quería elucubrar en lo que debía sentir Ethan al recorrer esa escuela por la que él y su hermano habían deambulado por mucho tiempo.
Para todo el mundo tener al gemelo de nuevo con ellos representaba cosas diferentes, pero la que más lo resentía era Lydia. Lo veía a él, a su hermano, cada vez que se encontraba con Ethan, y nadie la culpaba.
—Es raro —le dijo la pelirroja poco después de que el gemelo se uniera a ellos de nuevo—, Aiden era muy diferente de su hermano Ethan, tenía un aura de verdadera rebeldía alrededor todo el tiempo. Pero eso no lo hace más fácil, porque al final miro a Ethan de lejos y no puedo evitar sentir un enorme vacío porque sé que él no es su hermano.
La primera clase del día era Inglés, y la tomaba con Lydia y Kira, así que se encaminó hacia el aula con su cara de estudiada indiferencia ente todo el mundo. No se hacía ilusiones tampoco, él era Stiles Stilinski, el don nadie, el que era popular porque sus amigos eran populares, así que en realidad sabía que ningunos de los demás estudiantes le prestaba atención, pero eso a fin de cuentas no le importaba nada. Siempre había sido así.
—Debes hablar con Malia —le dijo Kira en cuanto ocupó su lugar en el asiento al lado del suyo—, creo que esta situación ya es demasiado.
Lydia aún no llegaba, pero Stiles sabía que de estar allí, la banshee sacudiría la cabeza en señal de aprobación, y el adolescente muy en el fondo sabía que ellas, y todos en realidad, tenían razón. Debía hablar con su novia.
—Fue a tu casa anoche, ¿cierto? —Kira asintió, mirando al frente, esquivando su mirada— ¿estuvo mal?
La chica se encogió de hombros, aún sin mirarlo, y cabeceó un poco en diferentes direcciones antes de contestar.
—Ella cree que vas a terminarla.
—¿Por qué? ¿te dijo por qué piensa eso?
Kira se volvió hacia él en ese momento con una expresión comprensiva que Stiles supo identificar. Ese era uno de los problemas que tenía ser amigo de una panda de adolescentes sobrenaturales: todos podían leer sus emociones incluso mejor que él mismo.
—Me habló de unos sueños, bueno… en realidad no me dijo qué clase de sueños, pero dijo que tú soñabas mucho y que cuando lo hacías solías murmurar un nombre… y que no era el de ella —Stiles apartó la vista un momento, boqueando en busca de aire y asintió ante la otra, dando por terminada la charla, pero al parecer Kira tenía otros planes—. Mira, todos sabemos que es difícil, que a veces simplemente las cosas no se dan, pero no tienes que avergonzarte de nada… M-Malia está triste, pero no por ella sino por ti, dice que quiere ayudarte pero no sabe cómo.
—¿Ella dijo eso? —preguntó el hijo del sheriff mientras jugaba con los dedos de sus manos.
Kira asintió de nuevo, sin despegar los labios otra vez.
—¿Ya le dijiste? —dijo Lydia mientras se sentaba frente a Kira y se volteaba para ver a Stiles. La otra volvió a asentir, muda de repente.
—¿Que acaso todo el mundo va a hablar de mi vida sentimental? —dijo Stiles con molestia enmascarada de sarcasmo.
—Mira, Stiles todos los lobos saben que has dejado de sentir por Malia lo que antes sentías, lo… huelen… ya sabes cómo es eso. Ella también puede sentirlo, no tiene caso que sigas fingiendo ¿no crees?
—Pero es que no finjo —contestó un poco a la defensiva— de verdad me gusta estar con ella.
—Sí, pero Malia está enamorada —replicó la pelirroja—, de una forma rara y totalmente psicópata algunas veces, pero enamorada. Y le duele que sigas estando con ella cuando sabe muy bien que tú dejaste de sentirte así.
Kira volvió a asentir, pero eso fue lo único que pudo hacer antes de comenzar la clase, con ese nuevo profesor que había llegado a sustituir como titular el puesto dejado por la señorita Blake, y que hasta entonces había estado con una maestra sustituta. Cosas cotidianas en la preparatoria de Beacon Hills
Stiles se pasó el resto de la hora sumido en sus pensamientos. No había dejado de sentir algo por Malia, de eso estaba seguro, sus reacciones físicas se lo demostraban cada vez que la veía acercarse a él, pero de un tiempo para acá tuvo que reconocer que todo se quedaba en eso: reacciones físicas. Ya no había esa cosa, ese elemento que lo hacía querer saber dónde estaba, qué hacía, si estaba bien. Es decir sí la había, pero de la misma forma en que se preocupaba por sus amigos. Pero ¿y qué pasaba con todo? Tenían una muy buena relación, que había sido relativamente corta pero intensa. Su padre amaba a la chica y ella le prodigaba muestras de afecto todo el tiempo; sí, de una forma directa, rara y a veces un poco desequilibrada, pero Stiles sabía que ella lo quería, y considerando sus enormes fracasos en el amor, lo único que el pecoso quería hacer era corresponder de la misma manera en que ella lo amaba a él.
"¿Y qué hay de ti, Stiles? ¿Estás dispuesto a hacer feliz a alguien aunque eso signifique que tú dejarás pasar la oportunidad de serlo?" Stiles no tenía una respuesta a esa pregunta, y era así por dos sencillas razones: no tenía a quién prodigarle un amor tan intenso como el que él quería para él; y comenzaba a sospechar que su tiempo de vida era muy corto. ¿Por qué desaprovechar la poca vida que le quedaba esperando un amor de cuento de hadas que muy probablemente nunca sucediera?
Pero no era justo, y él lo sabía. Tal vez él no podía tener un cuento de hadas pero Malia sí se merecía el suyo… después de todo lo que le había pasado en su vida, el destino se lo debía.
El resto de las clases pasó sin incidentes y el entrenamiento de lacrosse fue igual de extenuante como siempre. El entrenador lo mandó de defensa, por lo que no pudo hablar mucho con Scott o Liam y se dedicó a darle miraditas a Danny sólo para provocar el enojo de Ethan, ya que consideraba divertido que incluso un humano como él pudiera detectar los gruñidos celosos del beta. Ni qué decir que Danny se le unió al juego en cuanto comprendió las intenciones de Stiles. ¡Dios, cómo amaba a ese chico!
Salió rumbo al estacionamiento una vez estuvo listo para el "otro entrenamiento", aunque en realidad él no fuera a ser más que un simple espectador. En el lugar, cerca del auto de Lydia y el de Kira, ya se habían juntado todos y Stiles no pudo evitar que su corazón saltara de pena al ver a Malia ahí. La chica ni siquiera le había dirigido la palabra en todo el día, aunque es cierto que en realidad no habían tenido oportunidad de hablar como se debía, ya que ese día no tomaron ninguna clase juntos.
Stiles se acercó a ellos con esa pose relajada que ya le salía de forma natural.
—Bien, será mejor que nos vayamos ya —dijo Scott— nos vemos todos en la mansión Hale. Danny —dijo esto último dirigiéndose sólo al chico— si quieres puedes venir también, puedes quedarte con Stiles y Lydia mientras planean nuevos ejercicios y tácticas.
—Sí, Danny —contestó Stiles, haciendo segunda al alfa y queriendo pinchar a Ethan un poco más—, nos vendría muy bien un par de "manos" extra. No sé si me explico.
Liam se rió, pero fue el único, los demás estaban atentos a la reacción de Ethan, que sólo resopló y le mandó a Stiles una mirada asesina, pasándola luego al joven beta que de repente se quedó mudo.
Danny estuvo de acuerdo en asistir. Era la primera vez que lo hacía, aunque a esas alturas ya estuviera enterado de la identidad paranormal de todos los que estaban ahí. De cierta forma era un alivio poder contar con alguien más en la manada que fuera humano, además nadie podía negar las habilidades informáticas del chico.
Entonces, ya todos preparados para salir, Stiles se acercó a Malia para poder hablarle directamente a ella, sin que los demás estuvieran en medio, aunque de cualquier forma todos estuvieran pendientes de lo que sea que se fueran a decir.
—Hey, Malia —saludó intentando cobrar un poco más de valor— ¿Quieres que te lleve?
Malia lo miró un momento antes de responder.
—No —dijo.
Stiles asintió, sintiendo que el aire de repente le faltaba. Se sentía mal por el rechazo de la chica, pero se sentía aún más mal porque ella le guardara tanto rencor como acababa de comprobar.
—Es que Kira se ofreció a llevarme porque va a ayudarme con las clases de historia y vamos a repasar el… amm ¿cómo se llamaba?
—El che Guevara —contestó la mencionada con rapidez— es para su proyecto final.
—Está bien, nos vemos allá entonces —dijo el chico mientras se subía al jeep. Stiles no estaba seguro, pero por un momento pudo sentir cómo todos comenzaban a respirar al mismo tiempo.
La mansión destruida de los Hale le trajo innumerables recuerdos y sensaciones. Por un momento creyó que sería capaz de ver a Derek salir de entre las ruinas de su casa familiar, con su pose de chico rudo y su ceño fruncido.
—Yo también lo extraño —dijo la voz de Scott muy cerca de su oído izquierdo. Se había parado junto a él y miraba la mansión con añoranza. Eran los únicos en el lugar pues los demás, repartidos en los autos de Lydia y Kira, aún no habían llegado. Stiles bufó ante la sugerencia de Scott, más para despistarlo por haberlo pillado pensando en el lobo desaparecido que porque no compartiera sus sentimientos.
—Ya sabes que le gusta hacerse el dramático y toda esa onda de "chico misterioso"… ya volverá.
"Espero", se dijo para sus adentros, evitando a toda costa el suspiro que salió de su pecho y que amenazó con evidenciarlo. Pero no tuvo que preocuparse demasiado. Luego de asentir en señal de acuerdo, Scott dijo que los otros ya estaban llegando, así que se preparó para el entrenamiento.
Mientras Ethan y Malia ayudaban a Liam a aprender a controlar sus sentidos superdesarrollados, Scott y Kira se enfrentaban cuerpo a cuerpo con el fin de que la chica dominara las artes marciales que le salían de forma tan natural, y de paso Scott aprendía nuevas formas para defenderse de los golpes. Todos se la pasaban bien, hacían ejercicio o reían ente casi cualquier cosa. En general también Lydia y él tenían buenos momentos, contándose las nuevas historias escandalosas que sucedían en la escuela, dándose consejo o de plano planeando actividades para que los lobos tuvieran diferentes ejercicios, y que el entrenamiento no fuera tan monótono.
Esta vez era una de esas veces y los chicos se inclinaban en torno a Lydia quien, libreta en mano, anotaba las sugerencias de Stiles y de Danny, aunque este último participara menos que los otros dos.
—No te sientas apenado, Dan —dijo Stiles pasándole un brazo por los hombros y atrayéndolo más hacia sí—. Ahora eres parte de la manada.
—¡Stilisnki —gritó Ethan, perdiendo la concentración por un momento, por lo que no pudo detener el golpe al estómago que le dio Liam y que lo dejó momentáneamente sin aire. Cuando se recuperó Stiles tenía sus manos bien guardadas en sus bolsillos y expresión de no romper ni un plato. Cerca de ellos, la voz de Malia se tiñó de alegría en una serie de carcajadas contagiosas, mientras señalaba a Ethan y luego a Stiles. Nadie sabía por qué se reía con tanta fuerza, pero lo cierto es que todos comenzaron a reír con más o menos entusiasmo. Stiles sólo curvó sus labios en una sonrisa pícara, un poco antes de que su cuerpo se arqueara hacia delante y su visión se borrara por completo.
Todos corrieron hacia el hijo del Sheriff mientras éste se revolcaba en el piso lanzando terribles alaridos.
El dolor había vuelto, pero esta vez era insoportable. La sensación de calor por todos su cuerpo no sólo le mandaba dolor a través de su sistema nervioso, sino que Stiles podía sentir hasta sus huesos cediendo ante lo inevitable. Su mente se llenó entonces de imágenes de fuego, como si estuviera presenciando un incendio, pero él estuviera ahí también, dentro del mismo, sin poder escapar.
Muy lejanos se escuchaban los gritos desesperados de sus amigos, que se habían inclinado sobre su cuerpo, preguntándole qué le pasaba. Pudo escuchar el miedo en sus voces y entonces él también lo sintió. Creyó que moriría, que ese era su momento, que por fin esa cosa que vivía dentro de él había decidido poner fin a la tregua, que ahora lo reclamaría, lo mataría en venganza por haberlo tenido encadenado tanto tiempo.
Stiles abrió los ojos y los demás pudieron ver un destello en ellos, que enmarcaba el profundo dolor del chico. Y Stiles gritó con todas sus fuerzas, por el dolor y por algo más. Porque justo antes de abrir los ojos su mente le había mostrado el incendio, y en medio de él a un hombre que se quemaba, que le suplicaba por su ayuda. Stiles lo conocía, por lo que el pánico que sintió al ver que se estaba quemando sin remedio fue entonces mucho más grande que el miedo hacia su propio destino.
Estiró la mano para poder alcanzarlo, ocasionando que sus amigos se apartaran un poco para evitar el golpe, y en medio de su sufrimiento, aún le quedó fuerza para gritar el nombre del hombre que se estaba quemando.
—¡DEREK!
Luego de eso su cuerpo dejó de doler. Entonces vino la oscuridad.
