—Por favor, quiero que todo el mundo salga —dijo Deaton a todos los presentes— Y, Scott… será mejor que nadie intente escuchar lo hablemos Stiles y yo, me temo que la relación médico-paciente es sagrada.

Los otros en la habitación parecieron desconcertados unos minutos, pero a una señal del Alfa, todos los adolescentes abandonaron el cuarto, para poder darles privacidad. Stiles de verdad esperaba que nadie usara sus súper poderes.

—Un minuto —dijo el sheriff, sin moverse de su sitio junto a la cama de Stiles— ¿No se supone que eres un veterinario?

Deaton sonrió con amabilidad dirigía al mayor de los Stalinski.

—Normalmente esa sería mi respuesta, sheriff, pero me temo que este caso podría ser excepcional.

John miró al veterinario y luego a su hijo, con la mirada entrecerrada en una expresión que denotaba que su mente estaba tratando de entender lo que sucedía.

—Está bien, papá —dijo Stiles de repente, intentando cálmalo— Deaton me ha revisado antes, esto es sólo algo de rutina entre los de la manada.

—Sí, pero tú eres un humano —intentó rebatir el hombre mayor.

En ese momento Stiles miró a Deaton intentando pedirle ayuda, pues si el veterinario había ido hasta ahí para verlo, debía haber una buena razón. El hombre moreno se acercó al padre de Stiles y le puso una mano en el hombro, componiendo una expresión de pena mezclada con un poco de reticencia.

—Sólo quiero checar que esto no sea un remanente del Nogitsune. Stiles y yo hemos estado trabajando juntos para saber si ese ser está de verdad erradicado de su cuerpo.

A la mención del antiguo demonio japonés que había poseído el cuerpo de Stiles, convirtiendo a su amable y tierno hijo en un monstruo sin control, el cuerpo del sheriff se estremeció de pies a cabeza al tiempo que su cara componía una mueca de auténtico horror y sus pulmones se llenaban de aire a causa de una respiración que comenzaba a ser agitada.

Stiles se dio cuenta del estado en el que su padre estaba cayendo y decidió intervenir antes de que el asunto se volviera más complicado

—Papá, no pasa nada. Esto es sólo algo que yo le pedí a Deaton para estar más seguro de todo. Pero de verdad, ese ser ya no me atormenta más —miró al veterinario para que corroborara sus palabras y así lo hizo él— ¿ves, esto es sólo un chequeo de rutina?

—No se preocupe, sheriff Stilinski, sólo le haré unas preguntas a Stiles —dijo el veterinario con su usual calma cuando la expresión del padre de Stiles recobró un poco de compostura—. Unos cuantos minutos serán suficientes.

El sheriff miró a su hijo, que asintió en señal de estar de acuerdo, tras lo cual y haciendo una mueca resignada, se dispuso a salir.

—Una última cosa, papá —dijo Stiles antes que se fuera— no les menciones nada a los chicos, no quiero que se preocupen por nada.

Él asintió y abandonó el lugar, dejando a los otros solos. Deaton sonrió con simpleza y amabilidad, se sentó en la silla junto a la cama y miró al adolescente por unos minutos.

—¿Se quedará ahí, contemplando? Cobro por hora —dijo Stiles sin poder evitar abrir la boca y hablar, pues el silencio se estaba volviendo desesperante.

Deaton amplió su sonrisa pero no dijo nada, sólo alzó un poco las cejas, invitando a que el otro hablara.

—Gracias por cubrir la mentira que le hice a mi padre.

—No tendrías por qué mentir si les contaras a tus amigos lo que te está pasando —respondió Deaton con calma.

Stiles resopló y giró su cabeza para no mirar la irritante sonrisa del otro.

—Están sospechando que algo te pasa —continuó el hombre— Scott me dijo que te brillaron los ojos. Todos lo vieron.

Stiles suspiró con cansancio, maldiciendo su suerte maldita que no lo dejaba sufrir en silencio. No sabía cómo iba a explicar eso a sus amigos, pero una cosa sí era segura: no quería ver en sus rostros la expresión de lástima que habían tenido para con él luego de lo del nogitsune.

—Ahora que lo pienso, me resulta muy obvio lo que te sucede, si es que mis suposiciones son correctas. Lo que me sorprende un poco es que lo hayas mantenido oculto tanto tiempo.

Stiles, raro en él, siguió mudo. Claro, tenía que ser. ¿Cómo puedo pensar que podría mantener un secreto sobrenatural en Beacon Hills? Y ¿quién mejor para descubrirlo que el veterinario-emisario que finge no saber nunca lo que está pasando? Maldito sea.

—Fue por eso que entraste a ese estado de inconciencia ¿correcto? —Stiles siguió sin abrir la boca— Necesito que cooperes conmigo, Stiles.

El adolescente se volteó a verlo de nuevo, componiendo una expresión de auténtico odio en su mirada y con la respiración entrecortada.

—¿Cooperar? Esta cosa no quiere abandonar mi cuerpo, me ha tenido amarrado desde que el maldito nogitsune salió de mi sistema y ni siquiera me deja pretender que no existe. ¿Le gusta poseer personas, no? pues que salga de mi cuerpo y me deje en paz.

Deaton no se inmutó ni por las palabras ni por el tono de voz del adolescente, sino que más bien pareció relajarse un poco de volver a oír la voz del chico.

—¿Por qué a mí? ¿Acaso no he sufrido suficiente a causa de los zorros maniacos? —finalizó.

—El Kitsune no es una posesión, Stiles. A diferencia del nogitsune, un kitsune normal es una simbiosis, una vez que se adentra en un cuerpo, no saldrá de él nunca —dijo Deaton luego de haber confirmado las sospechas que tenía, al escuchar el arrebato de Stiles.

—Yo no lo quiero —contestó el adolescente con rapidez y sintió un pinchazo de ardor en el vientre que lo hizo soltar un quejido de dolor, no sabiendo que con eso sólo confirmaba la teoría del veterinario.

—Parece que el Kitsune está reaccionando a tu animadversión, provocándote dolor al sentir tu rechazo. Lo tienes reprimido y eso no le gusta.

—Pues yo no le pedí que entrara —dijo Stiles entre dientes, apretando los labios para que no se le escapara un nuevo quejido.

—No, eso lo decidió el Nemetón por su cuenta.

—¿Qué?

—Es sólo una suposición —dijo el veterinario con las manos alzadas—, pero me parece que el Nemetón atrajo al Kitsune hacia ti cuando el demonio fue encerrado de nuevo. Tal vez lo hizo como una muestra de respeto por lo que tuviste que pasar.

Stiles miró a Deaton con una mueca de incrédula molestia. Si lo que decía el hombre era verdad, entonces todo lo que tuviera que ver con ese árbol del infierno era mierda. ¿Muestra de respeto? ¿Cómo podría llamar a lo que hizo una muestra de respeto?

—Estoy jodido, no sólo he tenido que enfrentarme a Hombres-lobo, kánimas, druidas locas y cazadores que me han disparado sin ser criatura sobre natural, ahora resulta que un jodido árbol está decidiendo mi vida.

—Estás viendo esto como un castigo o una carga, y no creo que el Nemetón te haya dado el espíritu del zorro sin una razón. ¿Sabes cuántos hombres han sido Kistunes a lo largo de la historia?

Stiles se encogió de hombros.

—Sólo tú —dijo Deaton—. Creo que debe haber una buena razón para eso ¿tú no?

—Tal vez sea que soy demasiado nena a veces —dijo Stiles, pero su voz no dejó salir el sarcasmo que pretendía.

—Dudo mucho que haya sido eso —contestó Deaton volviendo a componer su sonrisa amable—. Escucha, Stiles, no soy un experto en mitología japonesa, tal vez deberíamos pedir ayuda a alguien más familiarizado con ella ¿no lo crees?

—Si se lo digo a Kira, ella se lo dirá a Scott y él a la manada —rebatió el chico un poco más calmado que antes y sin rastro de dolor en su cuerpo—. No estoy preparado para enfrentarme a sus rostros una vez que lo sepan.

Deaton asintió.

—Me refería a la madre de Kira, creo que ella podría saber más de lo que te pasa, y podemos pedirle absoluta discreción si lo prefieres así. Si no quieres que tus amigos se enteren ahora, está bien, pero creo que debes dejar de amarrar al Kitsune o podrías terminar muy mal. Recuerda que los Kitsunes son inmortales, así que no te mataría, pero imagina que sufres dolores y desmayos cada minuto del día.

Stiles se estremeció ante la idea y luego asintió, mostrando su aprobación a reunirse con la madre de Kira.

En ese momento se escuchó un enorme revuelo del otro lado de la puerta. Ruido de pasos y gritos llamando a urgencias y una voz dolorosamente conocida para Stiles pidiendo ayuda a gritos. La puerta de la habitación se abrió con fuerza, dejando pasar a un Scott muy sorprendido.

—Es Derek —dijo mirando sólo a Stiles— volvió.

El corazón de Stiles dio un brinco y comenzó a latir más rápido ¿Derek? ¿De vuelta ya?

—¿Está herido? —relacionando su llegada con los gritos que habían sonado.

—No, pero Breaden no para de sangrar.

Derek Hale había visto morir antes a muchas personas que quería. Sus padres, hermanos, primos, tíos; un par de betas y otros tantos a los que no había podido salvar. Muchos de ellos, la mayoría de ellos, habían muerto por su culpa, porque él había sido muy estúpido o no había logrado salvarlos a tiempo. no importaban las razones, el destino le había dado ya muchas pruebas de que él no sería capaz de alcanzar la felicidad nunca, ¿por qué había creído que esta vez sería diferente?

Nada de lo que había hecho para redimir sus errores había dado resultado hasta ahora, alguien allá arriba parecía pensar que aún no había sufrido bastante, que aún no lograría enmendar la culpa por lo que había hecho.

Cargar el cuerpo ensangrentado de Breaden era otra prueba de ello: todo lo que tocaba, todo lo que apreciaba y quería, se pudría en cuanto sus manos se posaban en ellas. Derek Hale creía que estaba maldito y que jamás podría romper la maldición.

Sentado en la sala de espera, podía oír con sus sentidos desarrollados todo lo que ocurría del otro lado, en la sala de emergencias y sabía que las cosas no andaban yendo bien. El latido del corazón de su chica no bajaba el ritmo y los doctores no lograban hacer que la sangre parara de manar.

Fue consciente de la presencia de más personas a su alrededor, pero no les prestó atención. Sabía quiénes eran y sabía que no hacía falta moverse o ser cortés con ellos porque los otros entendían lo que pasaba. Sintió una mano en su hombro, reconfortándolo y por un momento quiso retirarla, pero al sentir el calor que emanaba, al reconocer en lo reconfortante que era ese gesto que ya antes había sentido, supo que esa mano era de Stiles y no pudo moverla.

Giró un poco la cabeza para verlo y se sorprendió al encontrarlo en batín de hospital, rodeado de la manada de Scott. No encontró fuerzas para preguntar en ese momento qué era lo que pasaba, pero agradeció con la mirada al humano y luego volvió a sumirse en sus pensamientos, regodeándose internamente del calor de Stiles.

No sabía por qué, qué era lo que causaba esa sensación de bienestar, pero supo que retirar la mano del adolescente sería un error que lamentaría luego. Necesitaba el confort, necesitaba sentir que todo estaba bien aunque en el fondo supiera que no lo estaba.

Dentro de la sala de emergencias, su novia se debatía entre la vida y la muerte por su culpa, porque él no había sabido hacerse a un lado cuando debía, porque él no supo decir que no cuando la chica llegó con una oportunidad para ser feliz. No tenía caso, Derek Hale estaba condenado a la soledad y al abandono. Y deseaba con todas sus fuerzas que no fuera así, deseaba ser amado y merecedor de ese amor, deseaba ser un mejor hombre, el mejor hombre; y también deseaba que el calor que sentía en su hombro se esparciera por todo su cuerpo.

—Se pondrá bien, lobo amargado —dijo la cantarina y estresante voz de Stiles cerca de su oído, pero a diferencia de otras veces, ahora no lo irritó.

Asintió con secas cabezadas, aunque no estuviera del todo convencido con eso, sólo por hacer algo en vez de quedarse con cara de zombie, escuchando a través de las puertas sintiéndose un inútil. Ese no era su estilo. Pero la verdad es que estaba asustado, aunque su rostro serio no dejara ver gran parte de sus emociones.

Pasados unos largo 40 minutos, los doctores salieron y anunciaron que Breaden estaba estable y que debía descansar unas cuantas horas antes de poder pasarla a piso. La mano de Stiles dejó su puesto, que no había abandonado en todo el tiempo que duró la espera, y entonces Derek se sintió un poco más vacío.

—¿Qué fue lo que pasó, Derek? —preguntó Scott, poniéndose frente a él.

El mayor lo miró con su mejor expresión de poker, volviendo a las actitudes que antes había decidido abandonar pero que ahora le parecían necesarias.

—Wendigo, nos atacó cuando intentábamos entrar al loft —dijo, la voz ronca y con seriedad mortal—, fue un ataque sorpresa, usó acónito para esconder su olor, así que supongo que nos estaba esperando.

—¿Wendigo? —dijo Scott con extrañeza— creí que ya no había en Beacon Hills, el mudo mató al último en mi presencia.

—Técnicamente no sabemos la identidad de todas las criaturas sobrenaturales del pueblo —dijo Stiles—, quizá haya más, escondidos.

—Bueno, tenemos la dead pool, podemos checar con todos los nombres y tratar de encontrar al atacante —respondió Lydia, acercándose un poco.

—Está muerto —intervino Derek con simplicidad.

Derek pudo escuchar la respiración entrecortada de todos, o casi todos. Miró los rostros de los adolescentes y constató que algunos lo miraban con horror y otros con pena; incluso la expresión de Danny era todo un poema macabro. El único que no parecía sorprendido ni horrorizado era Stiles, que en su lugar tenía una expresión que denotaba que el comentario le había parecido obvio, que no le extrañaba que hubiera matado al wendigo y que no lo juzgaba por eso. "Es el que los tiene mejor puestos de todos ellos", pensó.

—¿Qué hacían aquí? —preguntó esperando así saber por qué parecía que Stiles estaba internado.

Los chicos se miraron unos a otros, nadie intervenía en la conversación salvo los tres líderes del grupo y al parecer eso debía ser una especie de orden no hablada entre ellos y el Alfa.

—Eso es mi culpa —dijo Stiles.

Derek alzó las cejas en un gesto de obviedad y esperó a que el otro siguiera hablando, recordando que ya casi agotaba su cuota diaria de palabras.

—Me desmayé en uno de los entrenamientos.

Derek asintió como si eso respondiera a todas las preguntas, cuando en realidad se le habían quedado unas cuantas más. Pero ya era suficiente, Stiles estaba bien, por lo que se veía, así que no había más de qué preocuparse.

—Tú, señor, debes volver a la cama ahora —dijo Lydia, interponiéndose entre la visión de Derek y Stiles—, no sé cómo es que lograste que tu padre te dejara venir para acá.

—Supliqué —contestó el adolescente— y cuando eso no funcionó, amenacé.

Lydia puso los ojos en blanco y tomó el brazo de Stiles para arrastrarlo de vuelta a su habitación. Derek logró ver a los otros adolescentes sonriendo con burla por la suerte de su amigo, y sintió un extraño calor en el pecho que se convirtió rápidamente en otra cosa cuando sus ojos se posaron por accidente en una abertura del traje de interno de Stiles, que dejaba entre ver un poco de su trasero levantado y pequeño. El lobo desvió la vista, avergonzado, maldiciendo su suerte por haber sido testigo de algo que nunca había querido ver, pero cuando lo hubo hecho, sus ojos casi parecieron rogarle para que volviera a mirar.

—Hey, me quedaré contigo hasta que ella despierte, amigo —dijo Scott, sentándose un poco más cerca de él.

Derek agradeció el desvío de su atención y miró a Scott a los ojos un momento, con agradecimiento y molestia al mismo tiempo. Scott no le inspiraba tanta confianza como Stiles.

—No es necesario, ve con tu manada.

—Eso hago —contestó el adolescente— cuido de mi manda.

Las miradas de ambos hombres-lobo se encontraron de nuevo y esta vez Scott dejó que sus ojos rojos se presentaran en todo su esplendor. La respuesta en los ojos azules de Derek no se hizo esperar, pero fue involuntaria, el mayor no tuvo control sobre ella, sino que sintió que su lobo interno salía para darle la bienvenida a su alfa. Eso lo desconcertó un poco, pues hasta ahora pensado en sí mismo como un omega al que no le quedaba nada, pero curvó los labios en una ligera sonrisa al darse cuenta de que no era así: era un beta y por fin se había reencontrado con su Alfa y su manada.

—Así que Derek ha vuelto… y lo hizo con algunas sorpresas —dijo Kira en cuanto entró en el cuarto de Stiles y éste se hubo metido de nuevo en la cama.

—Derek siempre trae sorpresas cuando regresa de algunos de sus viajes —contestó Lydia con la vista clavada en el piso en actitud de desinterés.

—Recuerdo la última vez, el día de la fiesta de luz negra —dijo Danny con una sonrisa.

—Ese día fue mi total culpa —contestó Ethan, tomando la mano de Danny— estaba hecho una fiera ese día, creí que me arrancaría la cabeza.

—Probablemente lo habría hecho con sus dientes —intervino Stiles con una sonrisa plácida, recordando viejos tiempos e ignorando las muecas de extrañeza de los demás.

Stiles cerró los ojos para poder recrear la escena en la que Derek lo había amenazado de esa manera soltó un resoplido de risa cuando se dio cuenta de lo absurdo que había sido esa situación.

Verlo de nuevo era reconfortante, era como tener de vuelta a Batman luego de que Bane le rompiera la columna y lo dejara fuera de combate por meses. Era sentirse un poco más protegido ahora que el lobo grande y malo había vuelto a la manada. Tal vez otros no lo vieran así, era consciente de que para la mayoría de sus amigos Derek era sólo el tipo oscuro y misterioso que los ayudaba y que no sonreía nunca, pero Stiles sabía más que eso.

Entendía lo que había pasado Derek durante los últimos diez años, comprendía el cambió que había tenido que sufrir y los terribles acontecimientos que le había llevado a encerrarse en sí mismo, a no confiar en nadie también había sido testigo mudo de lo mucho que Derek quería resarcirse, aunque él seguro lo negaría si se lo preguntara, pero las muestras de cuidado que tenía con ellos y el deseo de verse a sí mismo feliz y en familia de nuevo eran evidentes para alguien que llevaba mucho tiempo pendiente de los movimientos del lobo amargado. Y Stiles era ese hombre.

Ahora que había vuelto, y que al parecer podría haber una nueva amenaza en ciernes, Stiles se alegraba de verdad de contar de nuevo con su presencia tranquilizadora y esperaba de verdad que el destino no siguiera jodiéndolo, porque no se lo merecía.

Por otro lado, seguía preocupado. Deaton se había ido cuando ellos fueron a ver a Derek, sacándole la promesa de que hablaría con la madre de Kira. No quería hacerlo, no sentía ningún deseo de escuchar cómo el Kitsune era una bendición y el por qué el hecho de que el espíritu hubiera decidido encarnarse en un hombre era símbolo de algo importante.

De verdad que Stiles no quería. Lo único que de verdad se le antojaba era que nadie nunca supiera lo que le pasaba y que el maldito zorro dentro de él se hartara y lo dejara tranquilo. No tenía muchas esperanzas al respecto, pero eso no quería decir que no lo deseara. Con ganas.

Es que no era justo ¡joder! Ya había sido poseído antes ¿qué seguía? ¿Una mala versión de El exorcista? Al momento comenzó a sentir calor por todo su cuerpo, pero no era doloroso, sólo molesto, como si el zorro quisiera que notara que podía escuchar sus pensamientos. "Bien, mensaje captado, gracias" pensó.

Metió una mano debajo de su almohada y se acurrucó mejor para ver si podía dormirse de nuevo, a ver si así lograba distraer su mente para no tener que seguir sintiendo al espíritu dentro. Al fin, por encima de la conversación de sus amigos, lo logró aunque no esperaba hacerlo luego del round de más de dieciséis horas inconsciente.

Su último pensamiento fue para Derek, esperaba no soñar que se quemaba vivo de nuevo.