Era hasta cierto punto interesante, y eso era algo que Stiles no estaba dispuesto a pasar de largo nunca, lo que sus nuevas habilidades recién medio aceptadas significarían para su vida. Suponía que el cambio no sería tan drástico como le había ocurrido a su amigo, pues un lobo era, por mucho, un depredador mucho más eficiente, letal y fuerte que un zorro, anima que no se destacaba precisamente por su poderosa fuerza de ataque.
Era un Kitsune de fuego, lo que significaba que, si Kira como zorro de rayos era, no sólo inmune a la electricidad sino que con mucha fortaleza y concentración podía generar energía electroestática, él desarrollaría una enorme resistencia al fuego, además de ser capaz de crearlo, utilizarlo, controlarlo.
No quería aceptarlo por completo, pero una parte de su cabeza ya había comenzado a elucubrar con fantástica imaginación lo que eso significaría. El Señor del Fuego Stiles no sonaba nada mal, ahora que lo pensaba con detenimiento. Aunque nunca se llamaría a sí mismo "Rey Fénix" ni de chiste.
En fin, el dominio de sus habilidades era un problema menor, ahora que había decidido darle una oportunidad al zorro desgraciado que había decidido usarlo a él como una especie de Avatar de Visnú. Curioso, ahora se preguntaba qué era lo que los avatares de dios indio pensaban cuando éste se manifestaba a través de su cuerpo. Tendría que investigarlo a fondo, pero dudaba mucho que pudiera encontrar algo más interesante al respecto que "el humano perdía la conciencia durante el periodo que duraba la posesión", y esa nunca sería una respuesta satisfactoria.
Problema menor… cierto. Stiles se salía de su línea de pensamiento todo el tiempo, así que no le resultó muy difícil volver al mismo luego de darse cuenta de haberlo perdido en primer lugar. No, lo que de verdad le hacía darse golpes en las paredes era la posibilidad de ser descubierto por cualquiera de los miembros de la manada, por lo menos en el futuro cercano.
Y era absurdo, sabía que en realidad ninguno de ellos lo culpaba por lo que había pasado con el nogitsune, sin importar que la muerte de Allison y, ahora que Ethan había vuelto, la de Aiden también, hubieran sido cosa de ese animal maniaco y narcisista y no hubo nada que Stiles pudiera hacer para evitar que sucediera. Aun así, él le había permitido tener control de su cuerpo y su mente, era su entera culpa que ese monstruo hubiera causado tanto daño.
Y ahora tendría que pensar en una conversación en la que les dijera a esos mismos amigos que no lo culpaban pero que de todos modos estaban dolidos, que habían tenido que ver morir a miembros valiosos sólo para salvarlo a él, que había un nuevo espíritu de zorro dentro de su cuerpo y que éste era igual de letal que el otro, no era muy tranquilizador.
Tal vez estaba exagerando, tal vez el asunto no fuera más complicado que simplemente traer al veterinario loco y la japonesa inmortal a explicar la situación, y entonces todos verían que en realidad no era peligroso y que su ayuda sería ahora mucho más grande, pues no se limitaría a pensar sino que podría actuar y cuidar de sí mismo si era necesario. Claro, eso sólo pasaría en el más optimista de los escenarios posibles, suponiendo que la teoría de las multihistorias fuera más que una teoría y semejante bizarrada tuviera, de hecho, un toque de realidad irrefutable.
Estaba asustado, no quería que supieran nada por el momento, pero aun así deseaba no quedarse solo en esto. Y no, por más que los Yukimura y Deaton intentaran a ayudarlo, no creía que su compañía fuera lo que Stiles necesitaría para afrontar lo que se venía.
En fin, sus amigos estaban descartados de ante mano, y su padre lo mismo, por lo que su única opción era decirle a alguien que no fuera su amigo o a un total desconocido que lo ayudara a pasar en compañía una de las experiencias que seguramente serían traumáticas de una manera u otra. No, eso no sonaba del todo bien, ni siquiera en el muy complicado y a veces sin sentido mundo de Stiles.
Stiles vio el coche de Deaton estacionado ya fuera de la residencia de los Yukimura cuando estacionó el jeep a un lado. Desde luego, el tipo seguro que estaba encantado con toda esa situación. Soltó un suspiro resignado, usando ese gesto como una preparación mental, que si bien era poco efectiva, no dejaba de subirle un poco más los ánimos.
Antes de siquiera tocar el timbre de la casa, la puerta de la misma ya se estaba abriendo, dejando ver a un amable y sonriente Señor Yukimura, coreanito que había decidido utilizar el nombre de su esposa sólo porque el suyo no tenía una historia tradicional tan chévere. Stiles le sonrió a su vez, tratando de mostrarse relajado, en control absoluto de lo que estaba sucediendo con su cuerpo, aunque estaba seguro que semejante intento había fallado de forma miserable.
El señor Kitamira ensanchó la sonrisa.
—Pasa, te estamos esperando.
Danny aún se estaba acostumbrando a todo lo que estaba cambiando de repente en su vida. Siempre supo de la existencia de las criaturas sobrenaturales, aunque cuando era niño eso le causó muchos problemas con su familia y amigos. Tantos que cuando se declaró gay ante sus padres, éstos casi ni se inmutaron, al pensar que seguro se trataba de otra de sus locuras.
Pero lo cierto es que nunca habían sido locuras. Ni su preferencia sexual ni lo que había descubierto sobre su amado pueblo.
No importaba nada ahora. Eventualmente dejó de hablar del tema y sus padres agradecieron el gesto fingiendo que su hijo nunca había desarrollado esa malsana y extraña fascinación por las cosas que no existían. En cuanto a ser gay, en realidad no les preocupaba, así que siguieron con su vida de forma tranquila y normal.
Pero el asunto era que Danny de verdad no quería volver a hablar del tema paranormal con nadie, ni siquiera decir de nuevo cómo es que se había enterado de la presencia de semejantes cosas raras, en primer lugar. Esa fue la causa de la primera discusión con Etahn, porque el hombre lobo casi le había terminado exigiendo que le dijera cómo es que lo sabía, y Danny espetándole que no era de su incumbencia, que dejara de meterse en ese camino porque no lo llevaría a ninguna parte.
Y luego vino la reconciliación sexual, que fue excitante, placentera y le dio ganas de enojarse con Ethan más seguido.
Integrarse a la manada ahora que su recién estrenado novio formaba parte de la misma era saco de otro costal. Ya antes había tenido relación con la mayoría de los chicos que formaban parte del grupo y en cierto sentido podía ver sus salidas de entrenamiento como reuniones divertidas entre amigos, eso si le quitabas el factor de la súper fuerza, la habilidad para saber si alguien iba a morir o que cualquiera de ellos podía oler a decenas de metros de distancia si encontrabas que tu hombre se veía muy sexy flexionando los músculos mientras entrenaba, y luego tenía que tragarse el bochorno de haber sido descubierto con semejante erección.
Por eso creía que Stiles era, con diferencia, con el que mejor podía llevarse. Cierto que antes lo había considerado menos que nada, el amigo metomentodo sabelotodo, casi hermano de la más reciente e importante estrella del Lacross, y que lo tenía que aguantar pese a todo, para evitar que el adolescente lobo lo descuartizara.
Pero se había equivocado, Stiles Stilinski había demostrado ser un gran amigo, bastante divertido y muy inteligente. Ya antes lo había detectado, pero nunca le puso la adecuada atención. Por eso, cuando los ojos le brillaron el otro día, frente a la mansión Hale, una parte de su intranquilidad se debió al miedo a perder a su única compañía humana en esa manada.
No que fuera a tratarlo diferente si acaso resultaba en el peor de los escenarios, de hecho podría decir que el hecho de desarrollar algunos poderes sería algo que valdría la pena ver, pero el pensamiento resultaba terrible para él si lo aplicaba a sí mismo. Danny de verdad no quería ser un ser sobrenatural, por muchas ventajas que eso traería. Su humanidad era casi sagrada.
Se revolvió entre las cobijas de la cama, enredando su cuerpo aún más y pegando su piel a la de Ethan, quién tomaba su siesta de la tarde, con una mano sosteniendo el cuerpo de Danny y su miembro flácido en contacto con el trasero del humano.
A Danny le gustaba mucho estar con su novio hombre lobo, y no lo cambiaría por nada, aunque al principio estuvo tentado a dejar que las cosas terminaran entre ello, debido en un principio por su miedo a que algo pudiera pasar y que él no pudiera hacer nada para evitarlo. Algo malo.
Seguía sin hacerse ilusiones, aún cabía la posibilidad de verse envuelto en un problema que resultara muy difícil de resolver, además de peligroso. Y ahora él estaba metido en la manada más ecléctica y extraña de la que había escuchado hablar; la vida sin duda daba unas vueltas muy extrañas. Pero ahora ya no se sentía temeroso, porque Ethan valía la pena. Se lo demostraba en cada cosa que hacía y decía.
Sin duda su vida corría ahora más peligro, pero ¿a quién le importaba si al final del día podía tener a su novio desnudo en su cama, dándole amor y pasión como ningún otro de sus amantes pudo hacerlo antes?
Stiles, sentado solo en un sofá, miraba a los tres adultos, que no habían dicho mucho en los últimos minutos, todos esperando a que el adolescente fuera el primero en hablar. Bien, que se jodieran, aumentaría el silencio aunque le costara mucho quedarse quieto, tal vez así se incrementarían sus posibilidades de hacer que los otros se aburrieran, dejaran pasar el tiempo hasta que se acabara y podría irse a casa. Debió saber que no tenía tanta suerte.
—Así que, señor Stilinski —dijo el profesor Yukimura de repente— un Kitsune de Fuego. Es asomobrosamente fascinante, si me permite decirlo.
—Gracias —contestó Stiles con los ojos entrecerrados—, es el mejor comentario de científico loco que me han hecho. Nada mejor para hacer sentir a uno como rata de laboratorio.
—Sabemos lo renuente que estás. Y también lo asustado que esto te tiene —señaló la señora Yukimura—. No tienes que preocuparte por nada Stiles, tu secreto está a salvo. Nosotros sólo queremos ayudarte.
—La última vez que intentaste ayudarme les dijiste a mis amigos que lo mejor era que me mataran.
La mujer bajó la mirada un instante, dando la impresión de estar arrepentida un poco ante el recuerdo de dicho acontecimiento. Pero se recobró con rapidez.
—Se cómo parecen las cosas. Pero ese ser al que intenté asesinar no eras tú, y creo que lo sabes bien. Tú nunca habrías hecho nada de lo que el nogitsune hizo usando tu cuerpo. No es tu culpa.
Stiles comenzó a lagrimear, pero se limpió con presteza para evitar que éstas cayeran; no quería darles a los otros la oportunidad de ver semejante espectáculo.
—¿Y qué pasa si este zorro quiere hacer lo mismo que el engendro que se apoderó de mí? No soportaría un episodio igual al anterior.
—Dudo mucho que eso pase, Stiles —intervino el veterinario— son situaciones totalmente diferentes.
—El Kitsune es un ser de luz, Stiles —intervino el señor Yukimura—, cuando adoptan forma humana, lo hace por el simple y desinteresado deseo de ayudar. Tuviste la mala fortuna de despertar al nogitsune, que es todo lo contrario, pero eso no significa que debas temerle al compañero que hay en ti. Ahora ustedes son uno solo. Deja de intentar separarlo de ti, sólo lograrás que se lastime y se defienda.
Stiles se miró las manos, mordiendo sus labios como hacía cuando estaba pensando. Sabía que lo que había dicho el padre de Kira era cierto, muy en el fondo de él lo sabía, porque él mismo lo había investigado y llegado a esa misma conclusión, pero una parte de él seguía teniendo miedo.
Fue entonces cuando lo sintió: un calor delicioso extendiéndose por todo su pecho, el mismo calor que sentía cuando abrazaba a sus amigos, cuando recordaba las caricias de su madre. El mismo calor que sentía cuando hacía algo que su padre se sintiera orgulloso. Stiles cerró los ojos para concentrarse mejor en esa sensación. Una voz habló dentro de su cabeza.
No temas. Prometo no hacerte daño de nuevo. Tienes mi palabra de Dios.
Las frases sonaron con resonancia acústica en su cabeza. Las escuchó fuerte y claro, sin ningún tipo de interferencia, y también sabía que no las había pensado él mismo. El Kitsune le hablaba para prometerle que las cosas estarían bien.
—Lo haré. Lo haré. Sólo, por favor, no le digan nada a nadie por el momento. Yo me encargaré de eso después. Sobre todo, que Kira no se entere de nada.
—No te preocupes. Sería mucho mejor que tuvieras un compañero de prácticas, ella también lo necesita, pero no te presionaremos.
Stiles asintió a la mujer, que había hablado antes que cualquiera de los otros.
—¿Qué es lo primero que hay que hacer?
El señor Yukimura sonrió con malicia.
—Debemos conseguirte una Katana.
Derek se arrojó sobre la cama vacía. Estaba enfermo, o por lo menos eso era lo que pensaba. Sin importarle el hecho de que era imposible que los hombres lobo enfermaran, pues toda regla tiene una excepción y esa seguro que le había tocado a él. no había manera que el dolor en su vientre fuera algo gratuito.
Había comenzado hacía unos minutos, y si bien al principio se había desconcertado ante tamaño misterio doloroso, pronto la sensación de asfixia y punzadas le ganaron a la razón, sólo para encontrarse tumbado en la cama, retorciéndose de dolor interno.
Derek gritó, desgarró su garganta en un intento de hacer auditivo un dolor que hasta ahora sólo era sensitivo. No importaba, nadie podía escucharlo porque Breaden se había ido ni bien sus heridas se habían ya medio sanado.
El hombre lobo pudo sentir el cambio en su propio cuerpo aún antes de que sucediera. Sus colmillos afilados salieron sin que él lo ordenara; sus garras estaban ya destrozando la sábana; su pelaje cubriendo su cuerpo salía con dolorosa lentitud. Un segundo después el fornido cuerpo de Derek había sido sustituido por un lobo negro, del tamaño de un wargo, que ya no se retorcía de dolor, sino que estaba en paz.
La parte humana del hombre le dijo que no era prudente volver a transformarse. Su cuerpo deseaba ser un lobo por un rato y él no se lo negaría ni de chiste. Lo más curioso es que Derek tampoco tenía deseos de volver a su forma no animal, se sentía bien estando así, tanto que decidió que se quedaría en esa forma para siempre.
El pensamiento chocó con su cerebro. Eso no había provenido de él mismo, sino de su lobo, empujando la necesidad de permanecer en ese estado todo el tiempo que fuera necesario, para que su parte humana lo considerara un pensamiento propio. Pero no podían engañarlo, porque Derek amaba todo lo que implicaba ser un humano, tanto o más de lo que amaba ser un lobo.
El animal gruñó, pero él decidió ignorarlo. Estaba irritado y en ese estado lo mejor era dejar que hiciera lo que quisiera por un rato.
Breaden se había marchado, dejándolo con el corazón un poco más roto pero con la sensación de haber hecho lo correcto. No sabía qué era lo que estuvo pensando cuando dejó que esa mujer entrara en su cama y su vida, pero dudaba de alguna vez volver a cometer un error así. Él no había nacido para ser amado, y por lo tanto tampoco tenía la capacidad de amar de verdad, así que lo mejor era aceptarlo de una maldita vez y continuar con su vida lo mejor que pudiera. Convertido en lobo, por ejemplo.
Pero eso tampoco era correcto, o por lo menos su animal no estuvo de acuerdo con el razonamiento, porque le mandó un fuerte reproche, seguido por un quejido de dolor escapando de sus labios. No solo… nunca solo. Derek tuvo un estremecimiento, para luego comenzar a temblar con más fuerza mientras su cuerpo volvía a su forma humana.
Estaba desnudo, sudado, con la piel caliente, pero al menos ya no había rastro del dolor de antes. Con la respiración entrecortada se volvió a dejar caer sobre la cama, para poder descansar un poco antes de comenzar a preocuparse por lo que había pasado.
Seguramente no era nada, pero apenas se estaba acostumbrando a sus nuevos poderes, por lo que bien podría ser que algo estuviera haciendo mal. No recordaba a su madre sufriendo cosas parecidas por transformarse en lobo completo, ni a Laura. Aunque en realidad no convivieron mucho después de los primeros años. Bien podría ser que sí le hubiera pasado y él ni enterado.
Pero en fin, el problema había pasado sin mayores contratiempos, podía esperar un rato más para poder resolverlo.
Volvía a estar en soledad, volvía a ser el lobo solitario que era antes de pensar que podría ser feliz al lado de Breaden. Se sintió frio de pronto, como si la temperatura hubiese descendido muchos grados de un tirón; fue en ese momento que comenzó a añorar el calor que el confort de Stiles le había dado los últimos días.
Su lobo se retorció complacido por el cambio de pensamiento, incluso pareció comenzar a ronronear, aunque Derek sabía que eso era imposible. Tal vez debería buscar a Stiles y hablar un rato con él, sugerirle que usen el Loft para los entrenamientos, incluso pensó en añadir un gimnasio en uno de los pisos inferiores, para que todo fuera perfecto para la manada. Y cómo Stiles era el más listo de la manada y el segundo al mando después de Scott, era perfectamente lógico que se lo comentara a él y no al alpha ¿no?... ¿no?
Sí, sin duda.
—¿Una Katana?
—Son la manifestación física del poder de un Kitsune. Ahora que has aceptado el vínculo tus poderes y facultades se desarrollaran con más facilidad, por lo que la Katana es escencial para tu entrenamiento —dijo el profesor Yukimura.
—Pero eso es imposible. Supongo que habla de una Katana tradicional, hecha en Japón por maestros samurái hace no sé cuántos años. Usted y yo sabemos que no se puede comercializar ese tipo de artefactos, son pedazos de historia.
Los Yukimura sonrieron complacidos.
—Sabemos eso, y por desgracia no poseemos otra Katana que podamos legarte, pero ese no será problema.
Stiles los miró a ambos, devanándose los sesos para poder comprender las implicaciones de lo que decían, pero no lo lograba. Necesitaba una Katana, pero no podían conseguir una y ellos ya no tenían, ¿cómo demonios podría no haber problema? La respuesta le llegó en seguida.
—Haremos una nueva especialmente para ti.
