Al principio ocultar lo que estaba pasando al resto de la manada era duro. Difícil. Joder, tan terrible como descubrir que Darth Vader es el padre de Luke Skywalker, pero se las había arreglado para escapar de los entrenamientos con Scott y de algunas cuantas reuniones amistosas. No es que Stiles no confiara en sus amigos, sólo que aún era demasiado pronto y si alguno usaba su visión de lobo en él, podría descubrirlo con mucha facilidad.
Derek estaba siendo de mucha ayuda, básicamente porque el hombre lobo había intentado ser suave con él al principio, pero cuando vio que Stiles no parecía sufrir de su habitual debilidad humana, comenzó a atacarlo con un tanto más de fuerza, lo que hacía el ejercicio un poco más divertido para ambos. Y se sentía bien pasar el tiempo juntos, aunque Stiles lo negaría aún y cuando le ofrecieran un millón de dólares por decirlo.
Él lo disfrutaba, pero esperaba que Derek también, sino significaría que lo ayudaba sólo en solidaridad con la manada, y no porque le gustara hacerlo. Derek Hale era con absoluta certeza uno de las personas más increíbles que Stiles había conocido en su vida, y pensar que le ayudaba a entrenar porque en realidad el lobo amargado lo apreciaba, regocijaba al adolescente.
—Estás distraído —le dijo Derek luego de tumbarlo por cuarta vez en la hora que llevaban entrenando.
—Puede ser que Stiles tenga su mente en cierta chica, lejos de aquí —comentó Deaton, que observaba todos los entrenamientos, con un toque mordaz en la voz.
Eso hizo que Derek se enderezaba y le diera la espalda al muchacho, que sólo podía ver al veterinario con una amenaza de terrible tortura refulgiendo en los ojos.
—Derek —llamó Stiles en voz alta, a pesar de saber que el lobo lo escuchaba perfectamente.
Derek se giró de nuevo para encararlo, se puso en posición de ataque, sacó las garras y enseñó los colmillos.
—Prepárate —le dijo, con la voz agravada por la transformación.
—Pero… —Stiles levantó las manos en ademán apaciguador.
—Viniste a entrenar, no a andar de enamorado. Si quieres pensar en ella todo el día, hazlo, pero no aquí, sólo me harás perder el tiempo —soltó Derek y Stiles no pudo dejar de notar lo tenso que se había puesto el ambiente.
—No estaba distraído por tu prima, Derek —contestó Stiles mientras adoptaba su posición de ataque y le echaba otra mirada mortífera al veterinario, que no dejaba de sonreír.
No, en definitiva no le iba a decir a Derek que estaba distraído por pensar en él, pero tampoco dejaría que siguiera pensando que Malia seguía siendo igual de importante que antes. No que Derek tuviera derecho a decir algo acerca de ese tema, pero era una cuestión de principios.
Así que se concentró, trató de mantenerse centrado en el entrenamiento mientras su cuerpo se ponía en posición defensiva, esperando el ataque que el otro de seguro estaba pensando. Miró hacia ambos lados, olfateó el aire para descubrir lo que los olores ocultos del hombre lobo decían; nunca había estado tan consiente del mundo a su alrededor hasta el momento en que comenzó a entrenar con Derek, pues lo primero que había aprendido era a fundirse con el bosque, a ser uno con el entorno, escuchar todos los sonidos de la naturaleza para no perturbarlos con su presencia; a familiarizarse con todos los olores, para poder detectar aquellos que no eran comunes y así encontrar presencias extrañas.
No era un lobo, sus sentidos no estaban desarrollados de esa forma, pero era un zorro, animal astuto por excelencia y, pese a sus limitantes, sus sentidos aún eran mejor que los de cualquier humano y su inteligencia era la suficiente para poder usarlos en su propio beneficio. Podría oler a Derek con más consciencia, descubrir cuáles eran sus planes, pero eso sería injusto, ya que el lobo, gracias a la pócima que Deaton había creado, no era capaz de olerlo de la misma manera.
Vio a Derek venir hacia él con todo el peso y la fuerza de sus músculos, pero se lo esperaba, no en balde había estado observándolo por los últimos años, en cada una de las acciones que realizaba, incluyendo las peleas. Así era el estilo del ahora beta, de todos los lobos en realidad: atacar de frente con todo su poder.
Con un rápido movimiento se echó al suelo para esquivar uno de los zarpazos que iban dirigidos a él. Desde su posición estiró sus piernas y las enredó en las del otro, para luego apoyar sus manos en el suelo y girar con todo su cuerpo, llevándose el cuerpo de Derek consigo. Stiles se levantó con presteza para apoyar sus manos en el pecho del lobo e impedir que se levantara.
Derek rugió con rabia, tomó a Stiles por los brazos, se impulsó con las piernas para poder levantarse. El movimiento tomó al adolescente desprevenido, por lo que antes de poder evitarlo, volvió a estar en el suelo, con un tremendo dolor en la espalda, producido por el golpe que Derek le había ocasionado. El lobo estaba molesto, porque nunca antes le había infligido daño real.
—Mejor —le dijo Derek, como humano de nuevo, mientras le tendía su mano para ayudarlo—. Pero aún estás distraído.
—Tal vez —concedió Stiles sin apartar la mano de la del lobo—, pero no por lo que piensas. Malia y yo hace mucho que dejamos de tener una relación.
Derek le sostuvo la mirada por unos segundos, antes de bajarla y hacer un gesto de indiferencia con los hombros.
—No me importa si estás con ella o con cualquier otra. Sólo te pido que no me hagas perder el tiempo. Cuando entrenes conmigo, quiero toda tu atención puesta en nuestra pelea.
—¿Crees que me lo estoy tomando a juego? —soltó Stiles sin poder contenerse— ¿Crees que es fácil para mí? Soy un adolescente hormonal, que además tiene TDA. No puedo mantener mi mente enfocada en una sola cosa. Creí que a estas alturas ya lo sabías. Pero si de verdad te interesa tanto en qué estaba distraído, lobo amargado, la respuesta eres tú. Estaba preocupado por ti.
Quiso regresar el tiempo en cuanto las palabras salieron de su boca. ¿Qué era lo que iba a pensar Derek de eso? ¿Que le tenía lástima? O peor, que él estaba pensando en el lobo de la misma forma en que él creía que estaba pensando en Malia. Se vieron a los ojos por mucho rato, parecían incapaces de dejar de mirarse, y aun así, a pesar de demostrar que no estaba amedrentado por la actitud del otro ni un ápice, Stiles sólo quería salir de ahí o que la tierra se lo tragara. El rostro de Derek, sin embargo, no mostró nada salvo una pequeña sorpresa, que eliminó de su rostro con rapidez.
—Creo que por hoy será suficiente, chicos —dijo Deaton acercándose a donde estaban los otros dos—. Stiles, Noshiko dice que la katana estará lista mañana por la tarde. Debes estar presente porque haremos el ritual correspondiente para armonizar la espada con tu espíritu zorro. Derek —se dirigió al otro—, eres libre de venir si quieres.
Ambos escuchaban lo que el veterinario estaba diciendo, pero ninguno había girado para verlo. Sus ojos seguían en contacto, ambos sin parpadear, como si estuvieran teniendo un duelo de voluntades, donde ninguno tenía intenciones de ceder.
Stiles tragó saliva de forma pesada y se lamió los labios resecos. Se estaba comenzando a cansar de mantener esa pose, los dedos le picaban y las piernas parecían querer moverse por sí mismas. Era demasiado. El tiempo que se había mantenido quieto era excesivo como para soportarlo. Siempre había creído que él era como los tiburones, que si dejan de moverse entonces su sangre no circula y entonces mueren; pues algo así le pasaba a él. Su Trastorno de Déficit de Atención era una mierda que no lo dejaba en paz ni siquiera en sus propios pensamientos. Estuvo a punto de ceder, de dejar ese juego infantil que por alguna razón habían empezado él y el lobo. Total, Derek tenía mucha práctica en eso de permanecer mucho tiempo estático y eso era jugar sucio.
—Ahí estaré —dijo Derek mientras se daba la vuelta y se marchaba, dejando al adolescente con la boca abierta.
Derek llegó al loft hecho una tromba, de tan rápido que subió hasta el piso y entró en su recinto. Dejó su chaqueta tirada con descuido sobre el sillón para luego dirigirse, casi sin ver, hasta su habitación en el piso de arriba, dispuesto a echarse sobre la cama para no salir en unas buenas diez horas. ¡Joder! Si pudiera emborracharse se habría ido directo a un bar o una licorería, pero visto su condición sobrenatural, el gasto era absurdo. Tal vez con un poco de acónito.
¿Qué demonios había sido eso? Derek no se podía negar a sí mismo que imaginarse a Stiles pensando en su prima le había afectado, puesto de mal humor, enterrado su predisposición desinteresada de ayudar al chico a entrenar sus nuevas habilidades. No sabía por qué, pero el sólo nombre de la chica, por muy sobrina suya que fuera, le provocaba un intenso deseo de perderse por una temporada, de nuevo, para evitar tener que escucharlo con tanta frecuencia.
No podía hacer eso, era su familia, la única que le quedaba junto con su hermana, y su tío estaba demasiado bien encerrado como para preocuparse por él. A veces la vida apestaba y en la vida del hombre lobo esa era casi una regla, una constante que lo perseguía allá donde fuera.
Pero no sólo había sido eso. Su corazón se había acelerado con satisfacción cuando Stiles lo había sacado de su error, sólo para alterarse más después de sus últimas palabras. No sabía qué debía entender de ellas, pero sinceramente le importaba una mierda el significado. Stiles estaba preocupado por él y el mundo, tal vez, no era tan oscuro como se lo había imaginado.
Su lobo estaba feliz, contento como no había estado desde antes de que su familia muriera incinerada, y de repente se encontró pensando en lo genial que sería poder percibir a Stiles por completo. Poder olerlo, saber qué era lo que sentía y lo que pensaba. No es que antes no supiera reconocer el olor característico del chico, pero nunca le había puesto especial atención. Ahora que su naturaleza había cambiado, su olor también debía ser diferente y su lobo se moría de ganas de memorizarlo. Lo más extraño de todo es que él también lo hacía.
Eso no era todo. En ese momento tenso, en el que Stiles le había gritado su réplica, Derek deseó con todas sus fuerzas poder acercarse más al chico para poder descubrir cómo olía, para poder sonsacarle, de la manera que fuera, lo que en verdad quiso decir con sus palabras. Fue una tortura pasar tanto tiempo quieto, en silencio, esperando por las reacciones del otro, que en realidad nunca habían llegado. Deaton lo había salvado de cometer una tontería, pues estuvo a punto de levantar el brazo y atraer a Stiles hacia sí para obligarlo a reaccionar, porque en ese momento todo su cuerpo reclamaba que el espacio entre ellos dos dejara de existir.
—¿Y luego qué? ¿lo beso?
Derek se sorprendió por el curso que había tomado su pensamiento, todo su cuerpo dio una sacudida en un escalofrío que le recorrió toda la espina dorsal. Él quería besar a Stiles, sin duda alguna eso era lo que hubiera terminado pasando si el duelo de miradas que mantuvieron hubiera durado más tiempo.
Era estúpido, claro que no quería besarlo, o por lo menos de eso se trató de convencer el hombre lobo por las siguientes horas. Era el ejercicio, la abstinencia sexual, su maldita incapacidad para confiar en sus malditos sentimientos. Eso debía ser, porque no había forma en que el universo se hubiera confabulado más contra él. Porque no se trataba sólo de un beso. Si Derek fuera una persona normal, ¿Quién sabe?, pero era Derek Hale, un hombre al que habían traicionado más de una vez, y para él, un beso significaba algo más: confianza, compañerismo, unión. No era sólo el acto de posar sus labios sobre los de otra persona, era dejar que esa otra persona se acercara, entrara en su espacio personal, penetrara sus barreras antisentimientos. Y Stiles no podía ser una de esas personas.
—Es un chico —se dijo después de un rato, comenzando a andar de un lado a otro frente al enorme ventanal del loft—, es menor de edad, está completamente loco y es la persona más irritante que he conocido en mi vida.
Rugió, con mucha rabia e impotencia, porque justo después de esos pensamientos vinieron otros más. Otros que no quería aceptar aunque sabía a ciencia cierta que eran verdaderos: es muy inteligente, es el miembro más valioso de la manada, me ha salvado la vida más veces que cualquier otra persona que haya conocido y no me teme.
¡Joder!
Además estaba el olor que desprendía. Por culpa de la Pócima de Deaton no podía captar el aroma de Stiles con facilidad y al cien por ciento, pero cuando se acercaba la cosa cambiaba. No es como si pudiera percibir del todo al chico, pero al menos su olor primario le llegaba fuerte y claro. Era una combinación de tierra mojada, fruta seca y leche fresca; a Derek le gustaba cómo olía, pero a su lobo le gustaba más y el sólo recordarlo lo hacía desear estar de nuevo cerca de él o exigirle que dejara de usar esa poción, pero al mismo tiempo no quería que lo hiciera porque si así olía con su olor oculto, no quería ni imaginar cómo sería si pudiera percibirlo por completo.
Era ridículo, pero antes no se había percatado de que el olor de Stiles fuera tan delicioso, antes no era una cuestión importante. Sólo lo había registrado en su memoria olfativa como había hecho con la de muchos otros, sin darle más importancia, pero ahora… su aroma había cambiado, no había duda de ello, pues antes nunca se había sentido así por él y Derek no sabía si se debía al Kitsune o al crecimiento del chico que ya casi era un hombre o algo diferente, sólo sabía que era diferente y que le gustaba.
Le gustaba cómo olía Stiles.
Se estaba volviendo completamente loco. Sin duda. Su cerebro se había fundido, zafado un tornillo, embotado o seguro que los aliens se lo habían extraído para estudiarlo… no había otra explicación plausible para lo que le estaba sucediendo. Derek Hale no había sido derrotado en una guerra de miradas por Stiles no-puedo-estarme-quieto Stilinski.
Se dejó caer sobre la cama, desparramando todo su cuerpo en el colchón para aliviar la tensión de sus músculos, que se habían endurecido gracias al entrenamiento. No es que estuviera de las mil maravillas, sólo llevaba ejercitándose unos cuantos días, pero al menos se sentía más firme y menos inútil.
Igual era cosa del Kitsune, porque Stiles estaba seguro que de no ser por eso ahora su cuerpo estaría casi muerto. Soportar un entrenamiento con Derek no era algo que un simple humano pudiera hacer.
Algo hizo clic en su cabeza. No en plan revelación o epifanía, más bien era la sensación de estar en el camino correcto. Derek Hale había estado a sólo unos cuantos centímetros de su rostro. Tan cerca que Stiles pudo haberlo besado si ese pensamiento se le hubiera ocurrido durante el mutuo escrutinio que se lanzaron.
Besarlo. Cómo no… Stiles era inocentón pero no idiota, no quería ni imaginar lo que el lobo amargado habría hecho si Stiles lo hubiera besado.
—Bien Stiles… genial Stiles, ahora no sólo sueñas con Derek sino que además te estás preguntando cómo sería besarlo.
Su vida apestaba. No bien estaba comenzando a llevarse bien con su zorro mascota, ahora resultaba que de repente, sin saber por qué, quería besar los labios de Derek, sentir el tacto de sus rostros pegados y oler su aroma más de cerca. Llevaba varios días soñando con el cuerpo del Hombre Lobo inclinándose contra el suyo, en posiciones y movimientos nada decentes, aunque en realidad no se preocupaba mucho por ese tipo de cosas morales.
El asunto es que se había contenido. Al principio se dijo que no era nada, que era la edad y esas mamadas, después se dijo que era porque ya había pasado un tiempo desde la última vez que tuvo una relación sexual mínima con alguien y que además Derek estaba bueno (tenía ojos, por si alguien se lo preguntaba). No importaba, ya se le pasaría en un momento a otro, no por nada había sobrevivido a todos esos años sufriendo los desprecios de Lydia Martin.
Por suerte traía la poción encima y Derek no podría percibirlo con sus sentido lobunos, o se habría dado cuenta de cómo su corazón comenzó a ir más rápido de los normal cuando el hombre se acercó a él. Si no se tuviera el amor propio que se tenía, seguro que se habría lanzado contra su cuello para comenzar a olerlo.
Hace mucho que no lo hacía, se contenía a sí mismo, pero la verdad ya se estaba cansando de hacerlo. Así que cuando sintió su miembro viril crecer poco a poco, se dio la vuelta y se desabrochó el pantalón para poder masturbarse un poco. Era justo y necesario.
—¿Stiles? —dijo una voz muy cerca de donde se encontraba el aludido, con los ojos cerrados y la mano masajeando sus testículos.
Como pudo se cubrió sus partes privadas, aunque en realidad no había mucho que hacer pues el otro ya lo había visto bien, y se giró para ver a Scott parado fuera de la ventana, esperando para poder entrar.
Se quedaron viendo unos segundos a los ojos y luego Stiles se movió para poder meter todo en su sitio de nuevo sin que Scott pudiera verlo.
—Seamos honestos, no es lo peor que me has visto hacer —dijo Stiles cuando ya se había arreglado mejor.
Scott pareció pensarlo un momento y luego se encogió de hombros para después pasar a la habitación.
—Para mi desgracia, debo admitir que tienes razón.
Terminaron sentándose en la orilla de la cama, con varios centímetros de distancia entre ellos para dejar patente que, pese a las bromas, seguían estando en una situación incómoda.
—Hermano… tienes —comenzó a decir el lobo, aún sin ver a Stiles a la cara.
—No te atrevas a hacer ningún comentario —lo detuvo su mejor amigo, cerrando los ojos en actitud de súplica.
No puedo ver cómo Scott asentía, mirando en todas direcciones con nerviosismo, pero pudo imaginárselo sin ningún problema. Adoraba a su mejor amigo, pero hasta él sabía lo predecible que podría llegar a ser.
—¿Me necesitas para algo, Scotty? —dijo, más que nada para romper la tensión que se había instalado entre ellos.
El alfa regresó los ojos a su amigo, ahora sí viéndolo a los ojos y Stiles se medio maldijo. Scott tenía en su rostro esa mirada de cachorro apaleado que ya existía en su rostro desde mucho antes de que se convirtiera en un cannis lupus, esa mirada a la que nadie, literalmente nadie, se podía resistir y que en el pasado había hecho que su mejor amigo ganara todas las peleas. Stiles tembló.
—Has estado distante estos días ¿te encuentras bien? —dijo Scott, siendo perfectamente consciente de la reacción que estaba provocando.
—¿Distante? ¿A qué te refieres con distante? No he estado distante. Más bien normal, muy normal, todo normal por aquí, nada que reportar Capitán —y Stiles se maldijo de nuevo por lo nervioso que había sonado su discursillo, y maldijo a Derek por haber provocado que se distrajera de esa manera.
—Stiles… Soy tu mejor amigo, puedes contarme lo que sea ¿has tenido algún problema?
Stiles suspiró, apartando los ojos de los de su mejor amigo para evitar sentir la necesidad de decirle la verdad. Nada que ver con que fuera un hombre lobo, alfa para más INRI, y que él perteneciera a su manada, aunque dicho alfa no fuera consciente de que la condición humana su amigo había cambiado de repente. No, eso no tenía nada que ver con su creciente necesidad de decirle la verdad a Scott… era esa mirada del demonio.
—No me he encontrado bien últimamente —confesó.
—¿Te duele algo? ¿estás enfermo? ¿tienes algún problema?
—No, Scott, nada me duele ni estoy enfermo, es… es que no me siento cómodo en la manada.
Scott cambió su expresión por una de total incomprensión y quiso moverse para obligar a Stiles a verle a los ojos. Pero el otro no se hacía por enterado, pues había clavado sus ojos en el suelo y no parecía haber poder, humano o sobrenatural, que lo hiciera despegarlos de ahí.
—¿Por qué? ¿Alguien te hizo algo?
—No, Scott —se apresuró a corregir el castaño—. Nadie me hizo nada… soy yo… es que no me siento tan cómodo con Malia.
—¿Malia?
Stiles suspiró de nuevo.
—Scott, eres un hombre lobo, quizá no el más listo, pero estoy seguro que no eres sordo. Sabes que Malia y yo hemos tenido problemas.
—Quieres decir que tú dejaste de sentir algo por ella.
—¿Acaso me estás juzgando, Scotty?
—No, no, es sólo que todos hablan de eso.
—Ahora hablan de mi a mis espaldas, ¡genial! —soltó ahora, con voz molesta.
—Stiles —la voz de Scott, en cambio, sonó más grave y seria esta vez—, claro que hablamos de ti, eres nuestro amigo y nos preocupas. ME preocupas.
Stiles regresó su mirada a la de su amigo y pudo notar lo molesto que estaba el lobo en este momento. Le sabía mal mentirle de esa manera a Scott, pero en realidad aún no quería decirle lo que le estaba preocupando, y además no es que fuera todo mentira. Stiles sí se sentía incómodo con la coyote cerca, más por él mismo que por la chica, a la que seguía apreciando mucho, pero sin duda no al extremo de dejar de ver a sus amigo sólo por eso. De igual forma, no podía permitir que Scott averiguara sus verdaderos motivos.
—Lo sé —dijo al fin, luego de unos minutos de verse mutuamente—, sólo dame un poco de tiempo hasta que las cosas se calmen un poco. Por favor.
Scott asintió.
—Hagamos algo mañana en la noche—soltó el lobo de repente y de alguna forma Stiles supo que ese no había sido un cambio de tema—. Solos tú y yo. Veremos una peli o jugaremos videojuegos, como hacíamos antes de que esta locura comenzara. Y me quedaré a dormir aquí, nos desvelaremos y te traeré alcohol para que te emborraches —agregó con una sonrisa marca McCall a lo que Stiles no pudo evitar reírse. La perspectiva no le desagradaba en lo absoluto.
—Mañana mi papá dobla turno nocturno —asintió el castaño— prepara tus dedos, chucho, porque ni con tus nuevas habilidades lograrás vencerme.
Scott rió a carcajada batiente y le dio un sopapo suave por la broma antes de levantarse e ir a la ventana.
—Te veré mañana —dijo como despedida.
—Aquí estaré —contestó Stiles.
—¿Stiles? —dijo Scott ya con medio cuerpo de fuera, colgando contra el alfeizar de la ventana.
—¿Sí?
—Felicidades —dijo sonriendo con malicia y mirando con un movimiento de cejas sugerente, para luego lanzarse contra el piso antes de que Stiles pudiera alcanzarlo.
—Le pondré acónito a tus croquetas, chucho.
Scott se rió tan fuerte que las carcajadas llegaron hasta la habitación de su amigo.
