Stiles no había podido dormir muy bien la noche anterior, pues su mente no paraba de darle vueltas a la conversación telefónica que había tenido con Noshiko, poco después de que Scott abandonara su habitación.
La katana estaba casi lista, como le había informado Deaton ese mismo día, por lo que debían encontrarse antes del amanecer, ya que el ritual que harían debía hacerse con la primera luz del sol naciente. Eso no era lo que lo preocupaba, podría decirse que se sentía muy ansioso por poder comenzar a entrenar con la espada, lo que lo tenía inquieto era lo que le había dicho después de eso.
Al parecer Kira se había enterado de lo que pasaba cuando descubrió a sus padres mientras fabricaban el arma, Noshiko no había tenido más opción que explicarle a su hija lo que sucedía a riesgo de que se molestara si no lo hacían y terminara contándoles a Scott. Stiles no estaba tan seguro de esto, pero no tenía manera de saber si la mujer mentía o no, aunque esperaba que no lo hiciera. De cualquier manera ella le había asegurado que Kira mantendría el secreto, pero Stiles no se hacía muchas ilusiones a ese respecto. Mientras no dijera nada de momento estaba bien, pero de igual forma al adolescente no dejaba de molestarle un poco que los señores Yukimura hubieran sido tan torpes a la hora de esconderse.
Se encogió de hombros un poco mientras conducía el jeep, diciéndose que no era momento de dejarse llevar por su enojo, no cuando estaba a punto de recibir su espada.
Tal como Noshiko había dicho, aún no era de día cuando se encontraron en la cima de la roca más elevada de Beacon Hills. La familia ya estaba toda reunida, pero no había rastro de Deaton o Derek todavía, lo que lo hizo sentir un poco mal, como si le faltara algo importante para ese día tan especial. Igual, aún había algo de tiempo para esperar que llegaran. Por lo menos tenía la esperanza de que Derek lo hiciera. Bajó del jeep y se encaminó a los otros tres que lo recibieron con sonrisas, emocionadas las de los adultos y nerviosa la de la chica.
—Así que… —comenzó a decir Kira— wow.
Stiles no pudo evitar sentirse decepcionado ante la reacción de su amiga, por alguna razón esperaba un recibimiento diferente, tal vez un poco de reconocimiento en un asunto en el que los dos eran muy nuevos aún. Sin embargo no se esperó ser de repente atacado por un abrazo bastante emocionado, seguido de un grito de alegría junto a su oído.
—No puedo creer que sea verdad —volvió a hablar Kira—. Estoy muy emocionada por ti. Y por mí, ahora ya no me siento tan sola.
Stiles sonrió ante esas palabras, tal vez incluso sintió sus ojos un poco húmedos, pero sólo tal vez. Las luces de otro auto acercándose cortaron la respuesta de Stiles, pero no así el abrazo con Kira porque se sentía bien el contacto con uno de sus amigos y porque la sensación de tranquilidad que le provocaba el saberse rodeado de alguien que era igual que él, bien valía el bochorno que el abrazo prolongado pudiera generar en cualquiera. O quizá no.
Un aroma intenso a rabia lo golpeó al tiempo que el sonido de una puerta de auto siendo golpeada con demasiada fuerza se dejaba oír en medio de la oscuridad y un extraño resplandor amarillo se alcanzaba a ver por unos cuantos segundos. Y entonces sí se deshizo del abrazo de Kira, porque acababa de reconocer a la silueta fortachona de Derek caminando con pasos rápidos y ruidosos hacia ellos, seguido por los pasos del veterinario que al parecer había venido con él. Por alguna razón Stiles se arrepintió de haber abrazado a su amiga.
—Bien, ya estamos todos. Será mejor que vayamos comenzando— dijo el señor Yukimura cuando Derek y Deaton estuvieron más cerca, aunque el lobo se quedara un poco rezagado, evitando mirar a Stiles o a Kira directamente. Stiles de pronto quiso golpearlo.
—Perdona mi ignorancia, oh poderosa diosa zorristica —dijo Stiles en un intento de aligerar el ambiente— ¿qué clase de ritual llevaremos a cabo? busqué algunas cosas en wikipedia pero al parecer para ustedes todo es un ritual.
—Para los japoneses antiguos todo era un regalo de los dioses, y créeme, había muchos de ellos —contestó el esposo de la aludida—, por lo que todo lo que hacían debía de seguir ciertos patrones y conductas. No es que todo sea hecho a través de rituales, sólo que las maneras tradicionales hacen parecer a los demás que así es. Pero esto es diferente.
—La katana es la representación física de los poderes y habilidades de un kitsune —continuó explicando Noshiko—, pero sostener simplemente la espada no te va a dar ningún poder, ni siquiera una hecha con las formas tradicionales, como esta.
Mientras decía esto, Noshiko tomó una Katana enfundada que tenía recargada contra la piedra más cercana y se la presentó a Stiles ambas manos extendidas. Stiles sabía que esta forma denotaba respeto, por lo que se inclinó un poco y tomó la espada imitando el gesto solemne de la mujer.
—Esta es tu Katana, Stiles. Fue preparada usando los métodos tradicionales de mi familia, con hierro impuro y arcilla granulosa, con fuego alimentado por Kagutsushi y el viento de Fujin y la fuerza que sólo los brazos de un hombre pueden tener.
Stiles sintió un estremecimiento recorriéndole la espalda mientras un aire frío pareció girar alrededor de él, cubriendo su cuerpo por completo pero sin levantar polvo u hojas del piso. Sólo ahí, haciéndole notar su presencia por la forma en que lo acariciaba. Sin saber por qué, se giró hacia donde estaba Derek, que le devolvió la mirada solemne que aún no lograba quitarse, y la boca abierta en un aparente gesto de sorpresa. El resplandor amarillo volvió a aparecer y entonces, cómo si le leyera la mente, Stiles supo que Derek estaba viendo su aura.
—El sol está a punto de salir, es momento de realizar el ritual —interrumpió el señor Yukimura—. Kira, prende la fogata. Stiles, desenvaina tu Katana.
Cada uno de los adolescentes hizo lo que le pidieron, Stiles sintiendo la intensidad de ese momento en el que sus ojos se posaron en la hoja afilada del sable. Se sentía como si se hubiera reencontrado con una muy vieja amiga. Cuando la fogata estuvo lista, Stiles se giró a Noshiko, esperando por instrucciones, pero la mujer permaneció en silencio. Cuando vio que la luz comenzaba a emerger en el horizonte y Noshiko seguía sin decir nada, comenzó a preocuparse, pero entonces lo notó: el zorro estaba intentando decirle qué hacer.
Con movimientos lentos caminó hacia donde estaba la fogata, con la punta de la katana vuelta hacia abajo y Stiles sosteniéndola con su brazo extendido.
—Necesitarás esto —dijo Noshiko, parándose justo a su lado— esta ceniza proviene del primer Torii que existió en el templo de Fushimi, es muy valioso así que no lo tires.
Stiles tomó el puño de ceniza que la mujer le daba y siguió andando con los mismos pasos lentos. Cuando llegó a la fogata no se detuvo, sino que siguió adelante, entrando en el círculo de rocas que evitaba que las flamas se esparcieran sin control. Poco a poco comenzó a sentir el calor que las lenguas de fuego le provocaban y una pequeña corriente de aire le dijo que su ropa estaba comenzando a incendiarse, pero no le importó. El calor era agradable, se sentía en su elemento. Se sentía poderoso. Se giró hacia sus acompañantes, pero no se fijó más que en una persona.
Derek veía lo que sucedía con la misma mueca de sorpresa que antes le había visto, pero además Stiles descubrió una nota de temor apoderándose poco a poco de los ojos verdes que le devolvía la mirada. Lo vio avanza con pasos decididos hacia él y también vio cómo Noshiko se interpuso en su camino.
—No temas, él está bien.
La expresión del lobo pareció decir que pensaba que esa mujer estaba mal de la cabeza, pero entonces sus miradas se encontraron y Stiles le hizo saber, con un leve asentimiento de su cabeza, que se encontraba perfectamente. El lobo detuvo su andar y asintió también, en dirección al chico.
Su ropa desapareció totalmente, reducida a ceniza a una velocidad asombrosa, y quedó desnudo, exponiendo su cuerpo a las miradas de los demás presentes pero sin importarle lo que estos pudieran pensar. Su cuerpo estaba actuando por instinto,
dejándose llevar y sin embargo no parecía como si su comportamiento fuera al azar, sino como si ya antes hubiera pasado por un proceso similar. Levantó los brazos en una pose mesiánica con el puño de la espada en una mano y tiró la ceniza que tenía en la otra directamente sobre el fuego, que se volvió de un azul eléctrico y cegador.
La luz del amanecer ahora golpeaba el cuerpo de Stiles en todo su esplendor y el calor del sol era ahora tan intenso sobre su piel como el mismo que sentía debido a las llamas que lo acariciaban. Cerró los ojos para regodearse un poco con la sensación, movió los brazos hasta juntarlos en el centro, estirados y abrió los ojos sólo para descubrir que ahora veía diferente.
Los demás fueron testigos de cómo los ojos de Stiles cambiaron de su característico color miel oscura, a un naranja intenso y la fuerza de su mirada era tal, que ninguno pudo apartar la vista, como si los ojos de Stiles los hubieran hipnotizado. Y entonces una palabra surgió de los labios del adolescente y con eso supieron que el ritual había funcionado.
—Kafuu.
La katana, entonces, comenzó a brillar al reconocer su nombre.
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Derek estaba fascinado por el espectáculo. Justo frente a sus ojos se estaba desarrollando un ritual antiquísimo del que él sólo había tenido oportunidad de leer en forma baga en uno de los libros de su madre. El amante de la historia que vivía dentro de él se regocijó como un niño pequeño cuando los ojos de Stiles comenzaron a brillar y sus ojos entonces respondieron de manera involuntaria, sacando su visión de lobo para contemplar de nuevo el aura del zorro.
La imponente figura que rodeaba el cuerpo del adolescente era a la vez aterradora y elegante, con una gallardía que él sólo había visto en contadas ocasiones, con ciertos hombres lobo de altos linajes, como su padre. De alguna manera esa visión hizo que el cuerpo delgado de Stiles le pareciera a Derek más poderoso de lo que normalmente aparentaba. La desnudez de la que parecía disfrutar se presentaba ante él como retando al lobo a burlarse de él ahora.
Derek recorrió el cuerpo y el aura de Stiles con una extraña sensación de orgullo en su pecho que, aunque no lograba entender, lo hacía sentirse completo. Y lo mejor estaba por comenzar, si es que el libro de su madre no se equivocaba.
Stiles dio un brinco largo fuera del fuego, con la katana en posición de ataque apuntando directamente a Kira. Al parecer los demás también sabían lo que pasaría, porque ninguno de los presentes parpadeó siquiera. La otra adolescente desenvainó su propia espada y se dispuso a pelear contra el que osaba retarla.
Por unos minutos el sonido de las katanas bailando una contra otra fue lo único que se escuchó en el bosque, como si toda la naturaleza al completo se hubiese detenido para ser testigos de ese evento histórico. Zorro contra zorro batallaban por el dominio, por demostrarle al otro quién era realmente el más fuerte. Stiles luchaba con una habilidad innata, sus movimientos denotaban una experiencia que era obvio que no provenía del ser humano en esa relación simbiótica, Derek incluso se atrevió a pensar que la forma en la que el muchacho se movía era más fluida y segura que la de la otra, a pesar que Kira tenía más experiencia usando el sable.
Los ojos de la chica flameaban debido a la furia de la batalla que estaba experimentando, pero los de Stiles estaban serenos mientras atacaba y retrocedía, mientras corría y esquivaba con inusitada maestría los golpes de la otra. Pero así no era como las cosas debían ser y, justo cuando el lobo cayó en esa conclusión, Stiles pareció hacerlo también. De repente sus movimientos se volvieron más mecánicos y erráticos, los golpes de Kira calaban con más fuerza y en más ocasiones que antes y el zorro masculino comenzó a tener problemas para detenerla. Hasta que, lanzando un grito que resonó fuerte en el silencio, Kira golpeó en forma vertical la katana de stiles, obligándolo a adoptar una pose defensiva, con los brazos extendidos en toda la extensión de la espada en forma horizontal, con una rodilla en el piso y la cabeza inclinada en señal de sumisión.
El viento volvió a arremolinarse alrededor de Stiles y, cuando se disipó el cuerpo del chico se desplomó sobre el piso. El ritual había terminado y Derek se apresuró sobre el cuerpo aún en el suelo de Stiles, sólo para comprobar que se encontraba bien. Alguien le pasó al lobo una cobija que él puso sobre los hombros de Stiles cuando el chico se incorporó un poco.
Stiles tenía una mirada asombrada, no porque no supiera lo que estaba haciendo, sino porque lo sabía y no creía que lo que acababa de hacer fuera real. Cuando logró poner de pie, les dirigió a los demás una mirada burlezca.
—Me deben un cambio de ropa nuevo —dijo.
Sin excepción, los otros cinco se echaron a reír.
Horas más tarde, acostado en el loft, Derek repasó cada detalle de esa mañana, analizó todo lo que vio y todo lo que sintió, desde la punzada de odio que sintió por Kira al verlo abrazar a Stiles, hasta el orgullo que sintió al ver la forma completa del zorro, sin dejar de lado el miedo por lo que podría pasarle y la admiración por sus movimientos.
Pero encima de eso, la imagen que no pudo sacarse de la cabeza por más que lo intentó, fue el miembro de Stiles, meciéndose de un lado a otro. Derek se sintió, en ese momento, más jodido que en muchos años.
