Derek pudo sentir cómo su corazón se detenía dentro de su pecho cuando Stiles puso sus labios sobre los suyos. El shock no le había dejado procesar lo que estaba sucediendo pero al instante sus sentidos animales tomaron el control de su cuerpo. El aroma de Stiles se intensificó, a pesar de la loción que usaba para enmascarar su olor, y la sensación de sus delgados y suaves labios sobre los suyos mandó oleadas eléctricas hasta su cerebro.
No era consciente de su cuerpo ni del mundo que lo rodeaba. Derek sólo sabía que le gustaba, que quería más y cuando Stiles se separó de él fue como si el mundo hubiese vuelto a ser un lugar cruel y desolado. Derek odiaba ese mundo así que decidió que volvería a besarlo para que esa sensación terminara de nuevo.
Dentro de su cuerpo su lobo estaba aullaba de felicidad y si hubiese estado transformado seguramente estaría moviendo la cola cual perro cualquiera a la vista de su amo. Era degradante en muchos sentidos pero Derek se sentía en la gloria. Stiles abrió la boca y el lobo aprovechó el momento para meter su lengua dentro del adolescente, jugando con la del otro, probando un sabor tan delicioso que no sabía cómo había vivido hasta ahora sin haberlo degustado antes.
El cuerpo del menor se sentía diferente contra el suyo, si lo comparaba con el de otras personas con las que se había besado. Se sentía bien, se sentía correcto y fue ahí cuando Derek rompió el beso, aún a costa de su propio bienestar, escuchando el gemido decepcionado del otro. Poco a poco la realización de lo que había pasado se fue incrustando en su cabeza y se sintió mal por haber sucumbido de esa forma a sus instintos.
—Stiles —dijo, con un dejo de arrepentimiento en la voz—… Lo siento.
Y entonces hizo lo que mejor había hecho a lo largo de toda su vida: Huyó. Salió por la misma ventana por la que había entrado y comenzó a correr hacia el bosque, buscando con desesperación un lugar seguro en el que ocultarse. No le importaron los gritos de Stiles pidiéndole que volviera, no podían importarle a pesar de que su lobo clamaba por atender al llamado del adolescente y regresar con él.
Eso no estaba bien, no podía ser. Derek estaba asustado, no había sucumbido a sus instintos de esa manera desde hacía muchos años y se sentía vulnerable al mismo grado en cómo se sintió cuando supo de la traición de Kate.
Stiles lo hacía sentirse cómodo, lo hacía sentir que pertenecía y eso lo asustó.
Corrió sin rumbo, o por lo menos eso fue lo que él pensó hasta que se topó frente a la casa en la que una vez había sido feliz con su familia, y entonces se derrumbó. Un dolor intenso lo atacó desde su vientre, como si estuviesen intentando extraerle las entrañas desde dentro y entonces se vió dolorosamente transformado en el lobo, cubierto por su pelaje negro, viendo todo en un juego de luces y sombras que tan bien le ayudaban en la noche.
Le volvió a pasar. Su lobo había forzado la transformación y seguía sin entender por qué, pero en este momento Derek agradeció la intervención. La mente del lobo era menos propensa a los problemas del humano y un estado de relajación se apoderó de él poco a poco.
La noche estaba al caer cuando decidió trotar a paso lento hasta la casa que un día fuera de sus padres. La gran casa que en sus tiempos de niñez se alzaba en medio del bosque con una majestuosidad que no obstante convivía con la naturaleza circundante, como si la construcción siempre hubiese sido parte del paisaje de esa reserva de árboles en Beacon Hills.
Verla ahora, en el estado deplorable en que había quedado tras las masacre de Kate, lo llenó de un sentimiento de añoranza que no se le hacía desconocido, pero que había aprendido a sobrellevar en estos años desde que había vuelto desde Nueva York.
Subió los escalones hasta la segunda planta, y recorrió el pasillo mientras los recuerdos de su vida pasada se agolpaban con violencia al frente de su memoria. El olor de la alcoba de sus padres por la mañana lo inundó y lo hizo gemir con satisfacción ante la vividez de la imagen. Casi pudo escuchar el sonido de sus hermanas peleando porque Cora tenía demasiado miedo de dormir sola y siempre se las arreglaba para meterse en la cama de Laura por las noches. Ella decía que no se daba cuenta cuando la pequeña lo hacía, pero todo el mundo sabía que era mentira y que, pese a fingir molestia, no le importaba en absoluto que su hermana buscara refugio en ella.
Cuando el lobo quedó parado ante la puerta de la que había sido su habitación, dudó. En todas las anteriores veces en las que había regresado a la mansión siendo humano, había evitado acercarse a ese lugar, porque le temía, porque era demasiado doloroso o simplemente porque no deseaba recordar cómo eran las cosas durante su adolescencia. Todo era Inútil y eso Derek lo entendía muy bien cada vez que despertaba en medio de la noche durante sus pesadillas, pero mientras estaba en vigilia, se obligaba a sí mismo a ser fuerte, a alejar los recuerdos que lo único que harían sería traerle al presente cosas que ya no podía recuperar.
Ahora que por fin lo estaba enfrentando, con sus sentidos aletargados por culpa del lobo, se daba cuenta que lo que en realidad temía era no recuperarse del golpe que supondría aceptar que por culpa de su yo adolescente, de su yo hormonal que pensó con el pene y no con la cabeza, su familia estaba reducida a un sólo individuo, a que ya no eran más el "clan Hale" sino Derek. Y ya.
Peter no contaba, si por él fuera podrían haber vivido los años que le quedaban sin haberse vuelto a encontrar con su tío, y Cora estaba lejos, separada por su seguridad y por su propia voluntad y aunque la extrañaba, no sabía en realidad si lo que añoraba era a su hermanita o al hecho de no estar en realidad solo en este mundo.
Su habitación era una ruina, desde luego no se esperaba una mágica regresión al estilo de Titanic, pero descubrió que no era tan malo como pensaba. Los sentidos no eran más intensos en ese lugar que en el resto de la casa, pero por alguna razón las regresiones que estaba teniendo desde que entrara se hicieron más intensas, ahora que por fin había regresado a la que en otros tiempos fue su guarida, su espacio personal que siempre lo acogía cuando las cosas eran demasiado insoportables. Era un adolescente y eso significaba que la vida apestaba.
Derek agachó la cabeza, no con pena, sino como un intento de empaparse de esa sensación cálida que se había incrustado dentro de sí. Podía sentir a su familia rodeándolo en este instante y quiso permanecer allí por siempre.
Entonces un nuevo olor se mezcló con el suyo y con el recuerdo del aroma de sus seres queridos. No tardó mucho en identificarlo pero no le extrañó, al contrario, ahora que había llegado se sentía como algo correcto. Ese olor hacía una amalgama perfecta con el suyo, al punto en que se dejó embriagar por él y por la sensación de plenitud que le causaba. Stlies se estaba acercando poco a poco por el pasillo y a pesar de que era un intruso en su privacidad, su lobo parecía contento.
A su memoria volvieron las sensaciones que el beso con el adolescente despertó en él y aunque tuvo un momento de pánico donde sólo pensó en atacar, en gruñir y amenazar para ahuyentar al otro, el lobo volvió a tomar control y le suplicó desde el fondo de su mente que se tranquilizara, que él quería a Stiles cerca y que las cosas estarían bien.
—¿Derek? —la voz de Stiles mandó una corriente de placer por toda la espina dorsal de su cuerpo transformado y estuvo a punto de mover la cola en señal de reconocimiento. El adolescente se había parado bajo la puerta y miraba al lobo con asombro—. Wow.
Derek resopló ante la reacción y estaba seguro de habérselas arreglado para fruncir el ceño, tal como lo haría si estuviese en forma humana. Stiles pareció tomar eso como una señal de que no sería rechazado porque se acercó hasta quedar frente a él y luego se acuclilló, con las manos cruzadas frente a su cuerpo, como si se estuviese conteniendo.
—Seguí tu olor —dijo, como si no fuese obvio—. Yo sólo quería disculparme por… ya sabes. El beso.
El chico miraba hacia el cuerpo del lobo con anhelo y Derek estuvo seguro que se moría por acariciarlo.
—¿Qué haces transformado así, lobo amargado?
Derek quiso decirle que era su culpa, que el beso lo había dejado tan descolocado, tan fuera de lugar, que ya no se sentía seguro de nada. Quiso decirle que llevaba semanas pensando en él, que había alejado a Braden porque le causaba repulsión tocarla cuando sólo quería tocarlo a él, que odiaba sentirse así de vulnerable ante otra persona porque en el pasado le habían hecho el mayor daño del mundo. Quiso gritarle que él no era más que un adolescente y que no tenía derecho a revolver su mundo de la manera en que lo estaba haciendo. Pero no lo hizo.
Muy en el fondo, Derek sabía que nada era culpa de Stiles, sino suya, por estarse negando a la evidencia que estaba frente a sus ojos. El lobo lo estaba ayudando a aceptarlo pero eso no lo hacía menos duro, ¿cómo podría serlo cuando el miedo a sucumbir de nuevo era mucho más intenso que su deseo de ser feliz?
Con un paso de su pata, salvó la distancia que había entre sus cuerpos y se introdujo en el hueco que formaban el torso y las piernas contraídas de stiles, mezclando su pelaje con el cuerpo cálido del chico. El aroma dulce que emanaba del chico, suprimido por la loción de Deaton y al que sólo podía tener acceso gracias a su transformación en lobo, fue un golpe de paz perfecta y supo que si nadie se lo impedía, Derek se quedaría sumergido entre esos brazos que ahora se adivinaban fuertes y seguros.
Stiles se dejó caer para sentarse en el piso y que sus piernas no dolieran por la posición en la que estaba y Derek, por un momento, pensó que lo estaba rechazando. Un instante de debilidad lo embargó y comenzó a retroceder pero la mano áspera de Stiles lo detuvo cuando comenzó a rascarle detrás de las orejas.
—Ven acá, lobo.
Y Derek obedeció, porque no había forma en que él no sucumbiera a esa voz que demandaba su presencia. Aún tenía miedo, pero ya no era tan intenso y el tacto de la mano sobre su cabeza se sentía tan bien que podría olvidarse de todo si seguía así.
—Supongo que puedo interpretar esto como que no estás molesto ¿eh? aunque pensándolo bien es probable que sólo seas un lobo común y corriente. No creo que Derek se deje acariciar de esta manera.
Derek gruñó por lo bajo, pero no abandonó el contacto con el cuerpo de Stiles.
—Sólo bromeo. Tu olor ¿recuerdas? no hay manera en el mundo en que no pueda reconocerlo.
Stiles entonces levantó la mirada y la dirigió a la nada, perdiéndose en sus pensamientos mientras su mano distraída seguía acariciando su cuerpo peludo. Derek quiso hacer algo, un sonido o un movimiento que hiciera reaccionar al otro, pero esperó. Él sabía que Stiles era demasiado respetuoso de su intimidad, era el que mejor lo conocía y estaba seguro de que no se hubiese atrevido a seguirlo si no hubiese algo rondando por su cabeza, así que se mantuvo muy quieto, sólo aspirando su aroma y escuchando los latidos de su corazón.
—No sé qué me pasa, Derek. Lamento haberte seguido, sé que no debí hacerlo, pero justo cuando me estaba recriminando a mi mismo por haberte besado… ¿qué pasó? me besaste tú a mí, estoy seguro, mis fantasías no son tan buenas así que tuvo que haber sido real ¿fue real no?
Derek Gruñó.
—Tomaré eso como un sí. Estoy… no sé cómo estoy ¿por qué lo hiciste? no es que me queje, no me quejo, puedes besarme otra vez si quieres… Digo. ¡Dios! me estoy haciendo un lío con esto. Me pones nervioso, estar cerca de ti me pone nervioso y estoy confundido. Esta tarde parecía que no querías saber nada más de mi y ahora míranos, aquí sentados, tú recargado contra mi cuerpo y hablando de un beso del que estoy 99 por ciento seguro que pasó. O al menos yo hablo, tú sólo te limitas a gruñir, no que hicieras otra cosa si estuvieras en forma humana pero, ya me entiendes.
El lobo volvió a gruñir pero en el fondo Derek se estaba divirtiendo con la verborrea incesante del zorro. Recordaba que antes ese aspecto siempre le había molestado mucho y ahora parecía encontrarlo muy divertido. Sin embargo, había algo que llamó su atención con más fuerza que su manera de hablar. Stiles había dicho que podía volver a besarlo si quería y Derek se encontró con una necesidad muy grande de hacerle saber al otro que sí quería. Y más aún, de hacerle saber que si por él fuera, nadie más que él podría volver a besarlo nunca.
De nuevo el miedo se instaló dentro de su cuerpo y quiso huir, porque no era posible que el chico sintiera algo por él. Lo estaba engañando, no había otra explicación, ¿por qué otra razón le estaría diciendo estas cosas si no era para usar sus sentimientos en su contra? Derek no era tonto, por muy rico que fuera, era un amargado con nulas habilidades sociales, estaba roto por dentro, cualquiera se alejaría a kilómetros de distancia si lo conociera en realidad. Y Stiles lo conocía.
¿No se te ha ocurrido pensar que tal vez él está tan roto como tú?
Justo cuando ese pensamiento inundó su cabeza sucedió algo más: Stiles se abrazó a su cuerpo con fuerza y aspiró su aroma con una gran bocanada.
—¡No te vayas!, no sé si tenga el valor para seguirte de nuevo. Por favor no huyas.
Y Derek se quedó. Porque sí, lo más probables es que el adolescente estuviera tan roto como él mismo.
Isaac estaba acostado contra el cabecero de la cama, pensando o mejor, recordando la reunión de la tarde. No podía dejar de pensar en la forma en la que Stiles se alejó de él lo más que pudo, y cómo evitaba hacer contacto visual durante toda la jornada. Sabiendo que estaba lleno de remordimiento no pudo dejar de buscarlo todo el tiempo para ver si lograba algún acercamiento y por eso fue fácil darse cuenta del momento en que desapareció, sólo para ser seguido por Derek un rato después.
De su creador lo entendía. Derek era un lobo solitario a fin de cuentas, y ahora que había perdido su estatus de Alfa era comprensible que desapareciera de vez en cuando. Pero lo de Stiles lo entristecía, porque sabía que si no fuese por él, el castaño se habría quedado.
También había algo más, a pesar de que no deseaba aceptarlo, era la más pura verdad. Liam le parecía en exceso repelente.
En el momento en que pudo percibir su esencia se dio cuenta de que era un beta creado por Scott, su primer beta real, y aunque él estaba contento con su origen, no dejaba de escocerle un poco el hecho de que el más pequeño había robado su lugar en la manada. Solo pensar en la manera zalamera con la que miraba a Scott cada tanto hacía que quisiera golpearlo.
—Tus ojos están brillando.
La voz de Chris lo sacó de su ensimismamiento con rapidez y se concentró para controlarse de nuevo.
—Lo siento.
—¿Qué ocurre? —Preguntó el hombre luego de sentarse en el borde de la cama y clavaba sus ojos verdes en los azules del otro.
Isaac no contestó y trató de evitar la mirada de Chris porque no podría ocultarle a él los sentimientos que estaba experimentando si el mayor se esforzaba en hacerlo hablar, pero debió suponer que no sería tan sencillo.
—Parece que Stiles sigue recordando su último encuentro.
Isaac resopló
—Me siento tan mal. De verdad quiero hacer las paces con él. Stiles no era mi amigo en sí, pero es el mejor amigo de Scott y no estoy orgulloso de lo que hice.
—Oye, ya hemos hablado de esto. Yo soy el que más razones tiene para odiar a muchos de los que forman parte de esa manada, y cuando pienso en Allison… sabes que es muy doloroso, pero yo entiendo que todo lo que pasó con mi familia fue producto de las decisiones que cada uno de ellos tomó. No vale la pena guardar rencor por algo que ya no se puede cambiar.
—Yo lo sé —dijo Isaac, recordando la primera vez que su nuevo mentor le dio ese mismo discurso—. Lo entiendo y sabes que hace tiempo que dejé de pensar en él como el culpable de lo que pasó. Sólo quisiera tener el valor para decírselo, así como lo tuve cuando fui a buscarlo esa noche.
—No sabes lo orgulloso que me hace el ver lo mucho que has progresado. Como persona, como lobo y como miembro honorario de la familia Argent, título de cazador incluido. Eres un chico increíble y Stiles se dará cuenta también que tus intenciones son buenas, sólo dale un poco de tiempo.
Isaac trató con fuerzas de que sus ojos no comenzaran a hacer aguas. A veces era muy difícil olvidar que ese hombre frente a él no era su padre verdadero.
—Lydia me dijo que él aún se culpa por lo que pasó.
—No me sorprende. La primera vez que nos vimos luego de lo que pasó no podía evitar a agachar la mirada todo el tiempo, a pesar de que le hice saber que no lo hacía responsable de nada —Chris suspiró un poco— ¿por qué no usas su culpa para acercarte a él? Puedes ayudarlo a que deje de sentirse así y así te acercas lo suficiente para que se dé cuenta que tú ya lo superaste.
—Es buena idea —contestó Isaac luego de pensarlo un poco.
Un silencio que comenzaba a ser incómodo se instaló de repente, a pesar de que ninguno había dicho nada para propiciarlo. Isaac estaba seguro que Chris estaba esperando que dijera algo más.
—Así que… —Comenzó él, para ver si así lograba hacer que el otro hablara.
—Pude notar que no estabas muy feliz con la presencia de cierto adolescente rubio.
Isaac apartó la mirada de nuevo, demasiado avergonzado para seguir mirando y estaba seguro de que sus mejillas se habían puesto tan rojas como un globo de carnaval, lo que dado su tono de piel seguramente lo haría parecer demasiado culpable. Aún así no pudo evitar decir.
—No sé de qué hablas.
Chris soltó una carcajada tan alta que Isaac estaba seguro que sería escuchada por todos los hombres lobo a la redonda y se sonrojó más, si es que eso era posible.
—Vamos, parecías un adolescente frustrado por no conseguir la atención del chico que le gusta.
—Scott no me gusta —dijo sin pensar.
—Y yo no dije que estuviera hablando de Scott.
Isaac boqueó un poco con indignación.
—Te lo repito, no sé de qué hablas.
—Claro —contestó Chris mientras se levantaba para después caminar hacia la salida—. Ya me avisarás cuando resuelvas eso.
El chico decidió no contestar y sólo resopló. Chris estaba equivocado y no valía la pena luchar contra él si no se daba cuenta de cómo eran las cosas en realidad. Aún un poco molesto, levantó las sábanas y se metió debajo de ellas para dormir.
Afuera, con la luna menguante iluminando el cielo, Scott estaba congelado. Las palabras de Isaac resonando en su cabeza con contundencia.
Ya era de noche cuando Derek se levantó del regazo de Stiles y tomó una decisión. Poco a poco se replegó hasta chocar contra la pared, con la vista fija en el chico que lo miraba con extrañeza. Su cuerpo comenzó a contorsionarse y pudo sentir cuando los huesos se rompían y reacomodaban para dar paso a su forma humana. Cuando terminó la transformación, se sentó recargando la espalda en la pared. Los ojos de Stiles estaban fijo en él, pero parecía hacer un enorme esfuerzo para no apartar su mirada de su rostro.
—Estás desnudo.
Derek se sonrojó un poco, pero no le dio más importancia. Esa era una de las cosas que había considerado cuando decidió regresar a su forma humana.
—No es la gran cosa, no me molesta. Además, yo ya te vi desnudo a ti una vez, ¿lo olvidas? es lo justo.
—No es lo mismo, además no quiero que mi ego sufra un golpe.
—No estás tan mal —contestó Derek en voz baja que sin embargo sabía que sería escuchada. Stiles no hizo comentario después de eso, pero igual no dejó de mirarlo a los ojos en todo momento—. Lamento haber huido después de…
—No te preocupes. Igual te dejaste alcanzar.
Derek asintió sabiendo que con eso abría la puerta a muchas cosas ocultas, pero por una vez decidió que el miedo no lo condenaría. Igual esperaba que Stiles entendiera lo que su gesto afirmativo quería implica, y cuando el otro comenzó a gatear hasta él supo que su adolescente genio no lo había decepcionado. Stiles no lo sabría nunca, pero Derek agradecía a los dioses que el chico diera esos primeros pasos hacia él, porque Derek no podría hacerlo.
—Las cosas que dijiste hoy a mediodía… —comenzó Stiles luego de haberse acomodado frente a él, sentado sobre sus piernas dobladas. A Derek le divirtió el hecho de que aún no quisiera mirar toda su desnudez, pero se compuso lo suficiente para responder.
—Lo siento. No quería… No. No puedo decir eso. Sí quería decirlas, quería que te alejaras de mi —el lobo vio el cambio en las facciones de Stiles y se apresuró a añadir— Me estaba volviendo loco. No te puedo sacar de mi cabeza Stiles, y eso no está bien, eres menor de edad y yo… yo no…
Stiles tomó el rostro de Derek entre sus manos y lo obligó a centrarse de nuevo para no comenzar a tartamudear de miedo.
—Te entiendo.
—No sé qué es esto que siento Stiles, sólo sé que en las últimas semanas me he acercado a ti como no lo había hecho con nadie en mucho tiempo, Breaden incluida. Siento celos de todo el mundo con el que interactúas y mi cabeza está inundada con pensamientos posesivos —Derek se dio cuenta de que era la primera vez que decía tantas palabras al mismo tiempo en presencia de Stiles, sobre todo en una conversación que involucraba sentimientos, pero se obligó a no parar—. No quería que lo supieras porque no está bien, lo que sea que sienta cuando pienso en ti no es correcto, pero al mismo tiempo se siente tan bien que no quiero que se vaya. Stiles… yo no sé… yo no sé ¿entiendes?
Stiles asintió, sin dejar de sostener su rostro con sus manos.
—Sí, lo hago —Y Derek le creyó porque su mirada era cristalina, porque sus ojos le gritaban que él sabía todo lo que había pasado, y todo el miedo con el que convivía a diario—. Yo tampoco sé qué es esto, para ser sinceros, hasta hace un rato estaba seguro de que esta conversación sólo sería parte de mis fantasías, y no te imaginas lo mucho que he intentado reprimirlas, pero quizá fue demasiado. Tu olor es intoxicante y en definitiva eres muy atractivo. Pero no es sólo eso —añadió cuando Derek intentó soltarse— Amo cómo me haces sentir. La manera en que me haces parecer importante cuando dejas de lado cualquier cosa que pudieras hacer con tu tiempo para ayudarme a entrenar, las conversaciones que tenemos, cómo bromeamos. Es cálido, ¿me sigues? Se siente una enorme calidez en mi pecho sólo con pensar en ti. Hace mucho que no me sentía de esa manera.
Derek asintió y el lobo dentro de sí suspiró al escuchar las palabras de su zorro hiperactivo. Se quedaron así un rato, midiéndose con la mirada, sintiendo su cercanía, sabiendo que para los dos estaba claro que ahora estaban juntos, incluso aunque no supieran qué nombre ponerle a eso que se estaba formando en la habitación calcinada de la mansión destruida de su infancia.
—Voy a besarte de nuevo —dijo Stiles cuando el silencio pareció ser insoportable—. Por favor no huyas esta vez.
—No lo haré.
Cuando los labios de Stiles se posaron con delicadeza sobre los suyos, el calor que había sentido antes, en la habitación del chico, volvió a inundarlo, limpiando poco a poco sus inseguridades y sus miedos. La sensación de pertenencia estaba ahí también y era casi tan fuerte como la que sentía cuando su familia estaba reunida, y entonces Derek supo, sin lugar a dudas, que no había otro lugar en el mundo donde deseara pasar el resto de su vida, que ese adolescente lo tenía tomado y que no había poder en el mundo que lo apartara de su lado.
