La mañana azotaba al pueblo como todos los días, todo se veía tan reluciente y limpio como siempre, las personas que trabajaban desde la mañana empezaban a movilizarse, sin demostrar el más mínimo temor o curiosidad por lo ocurrido en aquella noche.
Y es que sí, no se les podía culpar de hacer la vista gorda pues ante ellos el pueblo estaba como todos los días, sin ningúna modificación ni rastros de lo supuestamente ocurrido en la noche. No había necesidad de alarmarse por algo que en vista de los habitantes jamás ocurrió, no necesitaban que el pueblo este paranoico y temeroso de algo que no existe.
Como era costumbre los negocios abrían y los empleados llegaban para acomodar las cosas, uno en particular ya empezaba a tener clientes desde ya. Era aquel que se hacía llamar Tweek Bros en donde estaba antendiendo un solo empleado en ese momento.
—Bienvenidos a Tweek Bros, ¿Qué desean ordenar? —habló el jóven de rojizos mechones con una amable sonrisa a sus, recién llegados, clientes.— Oh, son ustedes, ¿Lo de siempre, verdad?
Los tres chicos asintieron mientras se sentaban ya muy cansados.
Se acomodaron como les daba sus adoloridos cuerpos, uno de ellos tiró sus brazos y medio cuerpo sobre la mesa al no poder aguantar más.
—Clyde, no hagas eso en un lugar público como éste. —La regaño Token cruzándose de brazos.
—Lo siento, mamá Token. —respondió con gracia mientras se acomodaba de manera decente como pedía su amigo.
Tweek miraba a sus amigos con una sonrisa, estaba contento de que pudieron afrontar la noche sin problemas y pelear cuando la situación lo daba. Ahora llegaba el momento en el que por fin podían relajarse.
—Aquí tienen chicos, lo de siempre. Una malteada de vainilla, un chocolate caliente y un café solo. Que lo disfruten. —Llegó el empleado con sus pedidos, acomodando todo frente a cada uno y retirándose con una sonrisa.
Empezaron a beber sus pedidos, necesitaban recobrar energías y despabilarse un poco, aún les quedaba una mañana entera de trabajo y debían estar bien para ello.
—¿No creen que el empleado ese es muy bonito? Tiene un buen culo ha decir verdad... —habló el castaño con una sucia mirada hacia el mencionado, recibiendo un codazo en el estómago de su amigo a su lado.
—Deja tus homosexualidades de lado por ahora, por favor.
Token no pudo evitar reír un poco al ver la cara de dolor de su amigo al recibir aquel golpe del rubio.
—Pero aquí el único homosexual eres tú Tweek. —murmuró de nuevo Clyde para sí mismo, siendo escuchado otra vez por su amigo y recibiendo esta vez un golpe en la cabeza que lo dejó aturdido.
Su compañero ya no aguantó más y se empezó a carcajear frente a ellos, golpeando la mesa en algunas ocasiones mientras Tweek terminaba su café y Clyde se reponía de tantos golpes juntos.
Detrás del mostrador cerca de ellos los miraba el jóven empleado de cabellos rojos, le daba curiosidad aquellos visitantes que llegaron hace poco al pueblo y que por algún motivo decidieron empezar a reunirse todos los días en la cafetería donde trabajaba. Siempre llegaban muy cansados y podría jurar que a veces hasta traían sus ropas rotas, que por cierto, esa ropa no pasaba desapercibida para el, eran tan negras que podría jurar que eran parte del grupo de góticos que alguna vez hubo en el pueblo, solo que no usaban maquillaje o tintes, no fumaban y no eran amargados como ellos.
El joven decidió dejar de divagar y seguir con su trabajo. Dejando de lado todos sus pensamientos y concentrandose en aquellos otros clientes que empezaban a llegar.
Mientras tanto, el pequeño grupo de tres se prepararon para hablar de los verdaderos asuntos que los traían a allí.
—Bien, ahora sí. —Tweek bajó la taza de café que estaba bebiendo y miró serio a sus compañeros.— Token, ¿Qué información pudiste recaudar?
El nombrado se puso firme en su lugar, jugando con el sorbete de su malteada.
—Hubo cinco víctimas más además de la primera chica de identidad desconocida y dos desaparecidos. Marsh y su equipo nos informaron que había tres de ellos por su zona. —El chico hizo una pausa para meditar si seguir con lo que decía o no.— No pudieron atraparlos, y casi se llevan a uno de su equipo.
Tweek y Clyde se tensaron en sus asientos al saber eso, hace años que no se sabía que alguno de esos monstruos alcanzará a hacer algo a un Blood Hunter.
—¿Quién fue? —preguntó intrigado el castaño.
—Uno de los nuevos chicos, Leopold Stotch. No tenemos idea de porque lo querían a él, pero pudo salvarse aunque salió gravemente herido de esta. —habló bajando la cabeza en forma de respeto.
Sus compañeros hicieron lo mismo, pensaban en lo traumante que sería para el pobre que en su primer día le ocurriera algo así. Esto se estaba poniendo cada vez más gordo, ya no solo buscaban atacar y llevarse humanos, sino también a Hunters.
Token dió por finalizado su informe, mencionando algunas otras cosas no muy relevantes como las anteriores. En conclusión, para todas las zonas fue una noche muy dura. Si eso fue la zona de Marsh, no querían ni imaginar el caos que estuvieron las otras toda la noche.
—Nosotros tuvimos un encuentro con cuatro ellos. —Clyde empezó a contar su experiencia en la noche.— Pudimos matar a uno, los otros solo dieron mucha batalla pero al final escaparon...
—Eran cobardes. —Lo interrumpió Tweek con molestia.— Después de casi rompernos todos los huesos, prefieron huir como unos cobardes en ves de enfrentarse a nosotros hasta el final.
—Si hacían eso nos hubieran matado. —Lo contradijo su el castaño a su lado, intentando hacer que su amigo notará lo que decía.
Tweek guardó silencio, sabía que lo que estaba diciendo era cierto y lo tenía muy presente, pero al admitirlo frente a sus amigos estaría aceptando que prefería perder su vida en batalla que ser dejado por su oponente como si no fuera nada importante. No quería que ellos se enterarán de la clase de pensamientos que tenía en batalla, no quería que se preocuparan más de lo que ya hacen por él.
Él ya no era un débil chiquillo como antes, y lo quería demostrar.
—Como sea, pudimos deshacernos de uno y eso ya es algo. Además de eso, notamos algo más...
Clyde hizo pausa a sus palabras, extrañando a Token quien le pedía con la mirada que siguiera contando la anécdota.
—Tenía el sello de la casa Tucker, osea que era un empleado de la familia.
—Lo que significa que fue enviado directamente por ellos. —finalizó Tweek con seriedad.
Su compañero no podía creer lo que le decían, eso desacreditaba su teoría y la que todos los Hunters creían. Eso sería malo, pues aquello significa que realmente estaban buscando una guerra.
Si aquellos ataques eran causados por vampiros que no sabían como tomar la noticia de un primogénito, un nuevo futuro líder, se podría tomar todo como un descontrol por parte de esas bestias y hacer vista gorda si aquella familia estaba involucrada, pero si incluso ellos habían mandado a sus propios empleados a masacrer pueblos no podrían dejarlo pasar y se consideraría una declaración de guerra.
Una guerra que no querían, ni necesitaban batallar.
Token bajó la mirada, no tenía ningún comentario que aportar a eso. Prefería dejarlo pasar y ver a donde los llevaría la situación.
Por otro lado, había alguien que desde lejos los estuvo vigilando toda la noche. El sol empezaba a salir cada vez más fuerte y la rubia debía volver a su guarida si no quería ser rostizada por completo, tendría que empezar a correr al bosque. Ya tenía la información suficiente que le habían pedido, ahora solo necesitaba ir a dársela a su superior.
No tardó mucho en llegar a su destino, después de todo era la más rápida de su gente y tenía mucho reconocimiento por eso. Un gran castillo de colores oscuros yacía ante ella, se alzaba fuerte e imponente en medio de lo más profundo del bosque, ni siquiera los animales silvestres querían acercarse, sabían el peligro que emanaba ese lugar.
La bella rubia entró sin necesidad de tocar, el interior era mucho más elegante y lúgubre de lo que podrían imaginar, pero ella estaba más que acostumbrada a esa imagen. Subió las escaleras que la llevaban a una de las partes superiores, siguió su camino por un largo pasillo con paso firme y pausado.
Al llegar frente a una puerta esperó unos minutos sin hacer el más mínimo sonido, hasta que escuchó un "Pase" que la insentibo a entrar.
—¿Qué información tienes, Bebe? —habló un chico a espaldas suya.
La rubia sonrió de lado, sabía que aunque no lo desmotrara él estaba ansioso por saberlo.
—Tenías razón, Tucker. Al parecer sí están atacando a los mortales, y por lo visto se los Blood Hunters te quieren hechar la culpa. Pero...
—¿Pero? —Lo interrumpió mirándola con sus potentes ojos azules que se empezaban a poner rojos.
—Pero esos no son de los nuestros.
