—¡AYUDA! ¡POR FAVOR! ¡ALGUIEN AYÚDEME! —Se oían los gritos de un jóven, quien corría desesperado con la esperanza de salvar su vida.
El chico de cabellos rojizos emprendía carrera contra unas criaturas que simplemente no podía reconocer por lo oscuro de la calle, pero aún así, era muy consciente de que si bajaba tan siquiera poco la velocidad, si dudaba por un segundo, moriría.
—Por favor, quien sea... —Trataba de decir con la garganta ya muy adolorida de tanto gritar, junto con un gran nudo que se había formado al momento que empezó a llorar.
Sus piernas ya no daban más, empezaron a dolerle demasiado y eso se demostró al momento en el que se tropezó, cayendo al suelo de frente, golpeando a la vez su cara contra la acera. Terminó en el piso muy adolorido, penas si pudo tener la oportunidad de girarse para ver cara a cara a las criaturas que acabarían con su vida.
Sin más esperanzas ya, el jóven judío se tapó la cabeza con sus brazos mientras lloraba sin consuelo, al ver venir su horrible final. Entendía a la perfección que ya no tenía salvación, estaba muerto.
—No quiero morir... —murmuró solo para sí mismo.
Contrario a lo que esperaba, escuchó el resonante eco de un disparo a espaldas suyas, seguido de eso vió caer muerta a una de esas criaturas que sin duda, aunque lo parecieran, no eran humanos. Abrió los ojos extrañado, casi atónito, para ver a su salvador; Un jóven de cabellos negros tan oscuros como su ropa, que traía consigo un gran arma por demás rara.
Aquel chico pasó frente a él, se enfrentó a aquellas otras dos criaturas que quedaban con vida, los cuales soltaban quejidos raros y por demás moustrosos que demostraban su gran irá por la perdida de su compañero.
—Memento vivire, memento mori. —Fue lo único que salió de su boca, para luego disparar como si nada a aquellas bestias que iban por el.
El pelirrojo quedó observando sorprendido, la sangre de esas cosas le habían salpicado en la cara pero estaba tan impactado que ni siquiera le asqueaba. La persona frente a él lo había salvado, ese chico lo escucho y llegó a su rescate, evitando así lo que pudo haber sido una muerte horrible. Él era su héroe.
—¿Estás bien, tú...? —Se dirigió a el, extendiendo su mano para ayudarlo a levantarse.
—Kyle, Kyle Broflovski. —Le respondió este con un leve rubor en las mejillas.
—Muy bien, Kyle...
Stan notó la sangre en su cara, sabía que sería muy malo que esa sustancia llegara a tener contacto con su organismo, por lo que sacó un pañuelo y con sumo cuidado limpió su cara. El pelirrojo no pudo quitarle los ojos de encima, podía sentir sus mejillas arder por aquella acción.
—Gracias...
—Ahora dime, ¿Qué hacía un chico como tú, afuera de casa a esas horas de la noche? Este pueblo es un lugar peligroso a estas horas. —habló el azabache mientras acomodaba su arma por encima de su hombro derecho, tirando de paso aquel pañuelo sucio de sangre.
—Yo... Se me hizo muy tarde en el trabajo y no me dí cuenta de la hora. —Kyle bajó la mirada con algo de pena.
Stan suspiró con algo de fastidio, otra vez la misma historia de siempre, ya ni lo inmutaba.
—Muy bien, trata de que no se vuelva a repetir. Por ahora está área es segura así que corre lo más rápido que puedas a tu casa y no te detengas. Yo me tengo que ir.
—¡Espera un minuto! —Todo paso muy rápido. Trató de detenerlo, pero aquel chico ya se había ido.
Lo único que dejó en su lugar, fue el pañuelo sucio de color gris con una S bordada con un hilo dorado que lo hacía aún más notoria. No entendía porque alguien tiraría algo así sólo por una mancha, siendo que se notaba que aquella era una tela muy fina y de calidad.
—¿Quién eres...? —susurró por última vez Kyle, sin dejar de ver el lugar donde antes estuvo aquel misterioso chico.
Aquél bello salvador de la noche en negro.
Antes de seguir su camino, se dió cuenta de que ese chico no había limpiado bien la sangre de su cara; Aún tenía un poco al lado de su labio. Por algún motivo que el mismo desconocía, sintió un fuerte impulso, casi necesidad, por pasar la lengua por aquella zona sucia. Apenas lo hizo sintió un asco terrible, eso no sabia a sangre; Tenía más un sabor agrio casi podrido. Las náuseas lo inundaron por un momento, hasta sintió que vomitaria, pero luego de unos minutos sintió que su boca empezaba a llenarse de un dulce sabor.
Un dulce y hasta adicto sabor.
Estaba perdiendose en la sensación de si boca, hasta que se dió cuenta de lo tarde que era, recordando las palabras de su salvador. Hizo lo que le había pedido, salió a correr a su casa, ya no tenía tiempo que perder.
Más alejado de el área donde aquel chico estaba, se podían oír en la profundidad de un callejon los gritos y súplicas de piedad de lo que se podría deducir como una adolescente.
—¡Atrás! ¡Déjenme! ¡No me toquen! —gritaba la chica de cabellos rubios, con reflejos mal hechos y maquillaje exagerado.
Pero sus gritos se transformaron en alaridos de dolor, al sentir como mordían sus brazos y piernas, finalizando en su cuello, haciendo queestos suenen ahogados y agonizantes por la sangre.
La sangre se chorreo por todo el piso y la pared, los vampiros empezaron a arrancar gajos de piel a la chica muerta, algunos agarrancaron sus extremidades para deborar desde allí o simplemente guardar esas partes para después. La antes linda adolescente ahora se había vuelto en manojo de carne y sangre que era digerida por aquellos moustros de la noche.
No obstante, su festin se vió interrumpido de manera abrupta por el llegar de dos personas no invitadas a sus espaldas.
—Oh, vamos chicos, ¿En serio? ¿A una Pasita? Sí que son un puto asco. —habló el castaño para llamar la atención de sus enemigos.
—Este es su fin, bestias. —Tweek sacó dos dagas plateadas, con incrustaciones de lo que parecían gemas preciosas, de los lados de su cinturón, entretanto hacía tronar su cuello.
Clyde hizo lo mismo, desenfundando su amada espada fiel, aquella que fue el regalo de su madre en lo que fué su primera misión (Y la última de ella). Ambos se pusieron en guardía, esperaron a que los vampiros den los primeros movimientos.
Estos corrieron a ellos para atacarlos, abriendo sus bocas de manera salvaje, dejando ver mejor sus colmillos y desfigurando aún más sus rostros hasta volverse unas verdaderas moustrosidades. Clyde y Tweek intentaron dar golpes secos, pero estos los esquivaban con mucha habilidad, haciendo más difícil su tarea nocturna como siempre. Últimamente notaban que esas bestias estaban aprendiendo a defenderse mejor, y eso no les agradaba.
El chico de cabellos castaños intentó cortar el cuello de uno de esos vampiros, fallando de gran manera en el intento, a cambio recibió un golpe que lo hizo volar hasta lo alto de la pared de aquel callejón, cayendo luego de manera estrepitosa a la vez que dolorosa, pero aún así no se rendiría tan fácil. Se levantó lo más rápido que pudo y volvió al ataque como si ese golpe no hubiera sido nada.
Su manejo de la espada era impecable, sabía como evitar golpes con ella pero no podía terminar de herir a su oponente, aún con miles de golpes de intermedio no podía hacer caer a ese desgraciado.
El rubio por su parte estaba peleando con lo que parecía una mujer de esa raza, la arpía era fuerte pero no tan rápida como él. Podía esquivar bien cada embestida que daba al aire, apenas si algunas de las veces que empuñaba sus dagas a ella la rasguñaban, pero no más que eso.
Para peor, aquella chupa sangre empezó a dar golpes certeros a Tweek, lo cual estaba haciendo que se debilitará cada vez más, e incluso sangrara.
—¡Memento vivire, memento mori!
Luego de decir eso, en el primer momento en el que aquella moustrosidad se distrajo por confiarse demasiado, el rubio logró clavar sus dos dagas a cada lado de su cabeza, haciendo que cayera al piso y muriera al instante.
Tras dar lucha con ella, se encontró con tres más que se notaban menos fuertes lo cual agradeció para si mismo. Sacó las dagas de los sesos de la muerta para redirigirse a sus próximas presas.
Clyde mientras tanto estaba batallando con quien parecía ser el vampiro que había organizado ese grupo de ataque, se notaba que era muy fuerte, aún así pudo darle unos cuantos cortes que lograban minimizar cada vez más su fuerza. No era suficiente todavía, y aquel combate lo empezaba a desesperar.
—¡Ya me estoy cansando de esto, maldita sea! —Se quejó el rubio, para luego correr a él y seguir atacando a su enemigo.
Su contrincante logro hacer que cayera al piso de un golpe, pero eso solo logró darle una idea; Con su espada, logró cortar sus tobillos haciendo que cayera desangrándose al piso, gritando de dolor a la vez.
—Hasta aquí llegaste, que pena por tí.
Clyde se limpió la sangre que salía de su labio roto por los golpes y lo miró con una sonrisa, posicionándose frente a él, mientras le colocaba el filo de su espada en el cuello.
—Memento vivire, memento mori, amica mea. —Fue lo último que dijo, para luego guiñar un ojo y cortarle la cabeza cual verdugo a su víctima quien lo miraba pidiendo clemencia con ojos tan oscuros como la noche misma.
Clyde buscó a su amigo con la mirada y se dió cuenta que ya había matado a uno, pero ahora tenía a tres de ellos rodeandolo. Fue a su ayuda, posicionandose con agilidad a su lado, observándolo con satisfacción.
—Hagamoslo Tweek, sin piedad, hasta el final.
—Vamos por ellos, Clyde. —respondió su compañero con una sonrisa.
Sabían que estos tres serían fáciles, así que no les quedaba de otra que atacar y ganar. Aún tenían toda una noche y cuánto antes acabarán, más rápido podrían seguir cazando y salvando vidas.
—¡MEMENTO VIVIRE, MEMENTO MORI! —gritaron juntos para luego lanzarse al ataque.
La mejor parte de ser compañeros, era esa. Poder atacar juntos y conseguir una victoria unidos, eso era lo mejor. Incluso les recordaba a cuando entrenaban juntos y les tocó ser equipo por primera vez, ¡Eso sí que había sido un asco! Un año después, se volvieron compañeros de ataque o como también conocidos entre su gente como Night Mates.
Y ahora estaban allí, en el campo de batalla, luchando codo con codo
「Si tan solo estuvieras a mi lado para vivir estos momentos conmigo, Dios, que hermoso sería」 Invadió aquel pensamiento en la mente de Tweek, al sentir el chocar de su collar con su pecho.
Paralelamente, cerca de un área casi muerta del pueblo, con callejones por demás vacíos; Se hayaban dos personas en el tejado de una casa abandonada, ambos estaban faltos de sus prendas, apenas se cubrían con lo que parecía algún tipo de manta vieja y usada. Se encontraban entrelazando sus piernas, muy pegados uno con otro, demostrandose cariño con algunas delicadas caricias .
—¿Cuántas estrellas hay en el universo? —El rubio mayor dió inicio a su usual juego, mientras observaba al cielo maravillado con la vista.
—Son mas de las que podría contar. —respondió su pareja mirando lo mismo que él.— ¿Cuánto dura la inmortalidad?
—Toda la vida, ¿En qué momento aprendiste a amar?
—Lo siento, no recuerdo cuando te conocí... ¿Cuántos años llevas vivo?
—Mas de los que te podrías imaginar. —Kenny no pudo evitar reír de sus propias palabras.— Si llegará a ser malo y te pidieran que me matarás, ¿Lo harías?
—No. —Su respuesta fue rápida y espontánea, casi ni pensada.— Huiria contigo, dejaría todo por tí con tal de no hacerte daño. Jamás podría matarte.
El mayor sonrió disimuladamente, amaba oír a su pequeño Butters decir eso.
—Si estuviéramos solos y tú única opción de alimento fuera... Yo, ¿Me matarías para alimentarte?
—No. —Su respuesta también sonaba como si ni siquiera hubiera necesitado pensarla.— Prefiría morir de hambre, antes de hacerte algo.
El más jovencito también sonrió mas para si mismo, amaba cuando su amado Kenny decía aquello. Odiaba admitirlo, pero lo adoraba demasiado.
—Ustedes los bluod hungers, bloud haunters o no sé como se diga, ¿No son simples mortales, verdad?
Había llegado ese momento entre las preguntas, eso por lo cual su extraña relación se había formado hace tiempo.
—No. Somos mortales, pero no simples humanos, realmente nadie sabe de donde concretamente vienen nuestras habilidades, se dice que se nos fue dada por un ser superior para proteger a las personas o no sé que, pero es algo que viene en la sangre de todos desde miles de generaciones pasadas. —Se escuchó un leve suspiró del pequeño Butters.— Realmente la historia es muy larga, no tengo ganas de contartela.
Ambos se miraron mutuamente, se dieron un fugaz e inocente beso, para volver a su pose inicial.
—¿Conociste al primogénito? ¿Tuviste alguna relación con él?
Esa pregunta provocó un silencio incómodo entre los dos, uno que pocas veces se formaba.
—Se podría decir que sí...
—¿Te acostabas con él? —Butters se separó un poco de su agarre, con intensión de ver su reacción.
—¿Qué? ¡No! Fue cuando era un niño y había llegado al castillo. El pobre apenas si sabía quién era o que hacía ahí. Realmente ese niño era rarito, muy antipático y poco agradable.
—Oh, entiendo...
Butters guardó en su mente la nueva información de Kenny le había proporcionado, tal vez le sería útil en algún momento; Se aprovecharía de eso sí era así.
Luego de eso ambos decidieron pasar la noche así, abrazados, muy acaramelados, dándose todo el cariño posible, hasta el momento que salgan los rayos del sol y el mayor tuviera que irse.
Pero mucho más allá de aquel caótico pueblo, en la profundidad del bosque, se hayaba una jóven que volvía de verificar como estaba yendo la noche a sus aliados, tenía que volver pronto a su refugio; No podía dejar al resto solos por mucho tiempo.
—Veo que todo va bien, supongo que no tengo mucho que hacer aquí por ahora. —dijo para sí misma, mientras se acomodaba su boina y emprendía carrera a su siguiente destino.
Memento vivire, memento mori= Acuérdate de vivir, recuerda que morirás.
Amica mea= Mi amor.
Una noche típica en South Park~
Por cierto; Gracias por leer, y comentar esta historia Si tienen dudas, pueden preguntarme lo que quieran (mientras no sea un gran spoiler, recuerden que recién estamos empezando y muchas dudas se irán aclarando a lo largo de la historia), adoro sociabilizar con ustedes
