Un gran descontrol había estado formandose entre aquellos que seguían despiertos. Desde que su comandante había salido, solo ocasionaban una pelea tras otra, junto con millones de desacuerdos entre todos. Podía entenderse de cierta forma, estaban allí apartir de un mismo motivo en común, sin embargo, eso no significa que estaban de acuerdo en todo, y menos aún en su situación actual.
—¿¡Pero, qué está pasando aquí!? —El reclamo femenino hizo que todos cerrarán la boca y hasta las moscas dejaran de volar.
Voltearon a verla con una mezcla entre respeto y temor, ella entró entre la multitud ha paso firme y pausado. Todos se hicieron a un lado para dejar pasar hasta estar frente a aquellas personas que iniciaron las riñas.
—¿Qué pasó? —habló la joven mirando a su alrededor, esperando que alguien le respondiera.
Nuevamente, nadie decía nada, los que no habían peleado no querían meterse y los busca pleitos no querían reprendas.
—Alimento... —Apenas se pudo oír la voz de alguien entre las personas, los cuales pronto se alejaron para dejar a la vista al niño que había hablado.— El alimento se está acabando, comos muchos y se estaban peleando por él; Algunos dicen que lo poco que queda debería ser para las mujeres y los niños, pero el resto cree que solo debería darseles a los hombres.
La tensión se sentía en todo el lugar, algunos quiénes dormían en el fondo despertaron en silencio y se acercaban a ver, otros se colgaban de las piedras del techo, observando todo a distancia. Cada uno sabía perfectamente como era su comandante, no les gustaba que se pelearán por cosas así. Ella tenía un temperamento fuerte cuando quería, y hasta daba miedo en momentos así.
—Lo que sobra se repartirá equitativamente para todos los que realmente lo necesiten. Esta noche se ha mandado a múltiples grupos a buscar alimento en todos los pueblos cercanos, algo sin duda podrán traernos.
Nadie objetó nada de sus palabras, solo asintieron aceptando sus acciones y volviendo cada quien a lo que le correspondía.
—Ahora solo les recordaré algo. Si están aquí es porque no podían aceptar estar bajo el mandato de el Clan Tucker, cada quien tendrá su motivo principal; Pero desde que YO tomé el mando de nuestra rebelión se acordó un trato de igualdad, sin importar el género, los años o lo que sea.
Los oyentes quedaban en silencio, nada bueno saldría de darle la contra.
—¿¡Y por qué seguimos con esto!? —Alguien gritó en el fondo del lugar, ocultándose entre el montón de personas, en un acto de pura cobardía.— Nos estamos muriendo de hambre mientras que el resto de vampiros que están de lado de Tucker se dan una vida decente en las ciudadelas, ¿¡Por qué seguimos con esto!? ¿¡Qué sentido tiene ya!? ¡Cien años de maldita rebelión pero ni un cambio!
Ese individuo había dicho lo que muchos tenían en mente desde hace ya demasiado tiempo. Las personas observaron a quien tenía el mando, esperando una respuesta a la declaración de hace unos momentos.
—Si tú ya no soportas la lucha, vete. Nadie dijo que esto sería fácil, ni nadie te retiene.
La mirada de la chica era firme, se notaba lo molesta que estaba ante aquel comentario.
—¡Escuchenme! —Llamó la atención con su grito.— Nunca hemos estado tan cerca de lograr nuestros objetivos. Con la llegada del primogénito y nuestros ataques masimos los Blood Hunters no saben que hacer, hemos roto muchos acuerdos en el nombre del líder, así que solo atacarán al Clan Tucker mientras nosotros quedamos impunes.
—¿Y eso en qué nos ayuda? —preguntó un hombre mayor, intentado sonar medianamente respetuoso.
—Mientras ellos tienen su guerra nosotros tomaremos el poder. Nos esconderemos en nuestro refugio y dejaremos que se maten. Cuando todo acabe y ambos bandos estén débiles por todas sus pérdidas, podremos tomar el mando sin ninguno de sus acuerdos ni políticas de por medio. Con la posibilidad de que empecemos de nuevo, ¡Un nuevo inicio para nuestra raza!
Los aplausos no se hicieron esperar, los gritos y festejos los acompañaban. Sus palabras alentaron a todos a seguir con su lucha.
La comandante de la rebelión; Wendy Testaburger, era amada y admirada por su capacidad de liderar como de animar a sus aliados. Se le podía consider una de las mujeres más inteligentes que había en aquella cueva, nadie se comparaba a ella a la hora de planear y organizar ataques.
Esa chica era un ejemplo ha seguir para muchos, era la persona quién los estaba llevando a la revolución de su raza; Volverían a ser aquellos seres poderosos de los que todos temian, se alimentarían de quienes quisieran, cuando quisieran y sin tener deudas con nadie. No solo gobernarían a su gente, sino a todos los seres que estén en la faz de la tierra.
Después de aquel revuelto, esperaron un poco más, con tranquilidad, a la llegada de los enviados por alimentos, mas grande fue la decepción que se llevaron al ver que de los cuarenta y ocho que se habían ido volvieron más de la mitad, de los cuales solo una cuarta parte pudo traer presas vivas o carnes frescas. El resto, apenas había llegado con vida, algunos estaban muy mal heridos.
Pequeños grupos de mujeres salieron a socorrer a los heridos, curando sus heridas y dándoles lugar para descansar. Otra parte fueron a tomar a los humanos que gritaban o trataban de huir, los ataron y llevaron al fondo de la cueva con el objetivo prepararlos para la cena.
Muchos temían con lo que veían; Muchas bocas que alimentar y muy pocos alimentos. La escasez terminaría por matarlos antes de que su plan se realizara, ese era el mayor temor de los adultos.
Una gran mayoría prefirieron no comer y dejar la comida para los niños, mujeres embarazadas o personas desnutridas. Entre ellos estaba la misma Wendy quien dejó de lado su parte, ya no quería ver a pequeños llorando por tener el estómago vacío.
Para su suerte se habían ubicado en una área muy frondosa y poco habitada, aprovechando eso salió de su refugio. Quería tomar aire, no aguantaba tener tantos problemas y conflictos en su manos, sabía que se les estaba desviando las jugadas y no tenía idea de que hacer.
—Así que... ¿Las cosas no están saliendo como planeabas? —Aquella voz perturbo por completo su intento de paz.
—No estoy de humor, Fields.
El nombrado solo se rió, acercándose a ella igualmente.
Gregory Fields, ex comandante de la rebelión hasta que Wendy se unió y más adelante le quitó el mando (de una manera muy sucia podría agregar). Se puede decir que él aún guarda mucho rencor hacia la azabache, pero aún así no dejaría la rebelión que había iniciado solo por no estar a cargo. Por lo menos sabía que su lucha estaba en buenas manos.
—Oye, no estoy peleando, solo digo las cosas como son. En verdad no planeaste todo muy bien...
—Mi padre hizo la mayor parte.
Wendy amó a su padre como a ningún otro hombre, le enseñó todo lo que supo y no desacreditaria mérito a su plan.
—Lo sé, pero ni tú ni él previeron pequeños fallos como los que hay ahora. —El rubio se cruzó de brazos con molestia.
—Son cosas que solo pasaron, no se podían ver venir.
Wendy odiaba que su aliado le reprochará todo lo que hacía, le hartaba tanto sus palabras.
—Claro que sí; Nosotros teníamos ganado humano suficiente, hasta había reservas por si algo como ESTO ocurría.
—Ya entendí...
—¿Y qué pasó? La señorita "igualdad" repartió todos los recursos, acabó con las reservas y aquí estamos, ¡Muy bien Wendy Testaburger! ¡Muy bien! —El joven sonaba muy molesto.
La jóven se alejó un poco de él, le dolía de cierta forma porque era verdad. Había perdido a su padre hace mucho, pero tener a Gregory a su lado era como tenerlo a él de cierta forma; Siempre reprochandole por todo lo que hace mal, por todos sus fallos. Pero por lo menos el le celebraba sus logros, Gregory nunca la felicitaba por nada. Estaba harta de eso.
Estaba pensando que podría hacer, sabía que como él había muchos que pensaban que ella no era capaz de llevarlos a donde les prometía, pero quería hacer algo que les cerrara la boca y les demostrará lo equivocados que estaban.
—Tus grupos de ataques son muy grandes, ha sabiendas de lo salvajes que son los Hunters apenas si los preparas para huir y no pelear para salvar sus vidas...
—¡Maldita sea, ya entendí!
—No pueden luchar contra esas personas, tu gente es muy rápida y escurridiza pero fallan mucho en no saber protegerse; Solo escabullirse y robar.
De pronto, una idea por demás arriesgada se cruzó por su mente. Fue como un flash que se presentó ante ella, una solución a todos sus problemas que solo incluían una misión muy extrema.
Si salía bien, acabaría con el hambre, se volvería una verdadera líder para todos y le demostraría a los cabezas huecas que ella era más que capaz de mandarlos en esta revolución. Pero si fallaban, todo se acabaría allí, significaría la muerte para todos y el fin de todo.
—Gregory...
Este la miró extrañado, reconocía ese tono en la voz en ella; Significaba que tenía una idea. Además que pocas veces lo llamaba por su nombre, así que sin duda algo tenía en mente.
—¿Qué lugar conocemos con las mayores reservas y ganado humano?
—Estas loca.
Fue todo lo que salió de su boca, finalizando su charla para retirarse adentro del refugio a dejarle sola.
—No, no, no entiendes. Tenemos una oportunidad, podríamos... —Wendy se acercó, tomándolo del brazo con la intención de detenerlo, pero este se soltó de manera violenta.
—¡Ni lo sueñes! Si estás pensando en lo que creo que estás pensando, estarías arriesgando las cabezas de todos en esto.
—¡Pero podemos hacerlo! Podríamos infiltrarnos en la madrugada cuando la seguridad está baja y...
—No, Wendy. Es muy arriesgado, si sale mal todos moriremos...
—¿Y si sale bien? Aún tenemos un mínimo porcentaje de que las cosas funcionen, deberíamos tomarlo.
—Pero...
—Si todo sale bien, nunca más tendríamos hambre, ¿Cuántas bajas tuvimos esta última vez, que solo fue para buscar comida?
Su contrario no se atrevía a hablar, solo desvío la mirada de ella muy molesto.
— Veintidós...
—Ahora, en total con el resto de los aliados, ¿Cuántos nos quedan?
Otra vez quedó callado, frunció el seño con molestia por tener que hablar.
—Menos de la mitad que teníamos al principio.
—¿Ves? No estaba en el plan tener que mandar a tantos por comida, solo a unos cuantos para llamar la atención de los Blood Hunters y nada más. —Wendy se acercó al chico, posando una de sus manos en su hombro.— Si sale bien podremos llevar a cabo todo sin ninguna otra complicación, es nuestra oportunidad.
Gregory ya no dijo nada, estaba resignado sabiendo que por más que hable la chica no cambiará de idea. Su silencio bastó para que Wendy entendiera que el ya no tenía nada más que decir ni replicar, agradeció eso y se metió devuelta a su refugio.
Aún tenían tiempo para preparar todo, la madrugada llegaría en unas cuántas horas, la noche recién había iniciado, pero igual debían moverse rápido. Ese día, la segunda y tercera tanda de grupos que se encargaban de ir atacar los pueblos irían juntos y tendrían otro destino, muy diferente al usual:
Ciudadela Norte, a 2 millas del Castillo Tucker. Capital central de los Vampiros del área norte.
