A las afueras de un gran patio, muy aislado de todos, estaba un pequeño niño de chullo azul llorando amargamente en aquella esquina; Otra vez había sido castigado y azotado. Odiaba eso, odiaba a todo el mundo y odiaba más estar llorando por eso.
—C-Craig...
Pudo oír una pequeña pero dudosa voz tras él, lo reconoció al instante por lo que seco su cara con las mangas de su campera.
—Vete al diablo, Tk. No quiero hablar con nadie.
—¡Gah! ¡No tenías que ser así conmigo! S-solo quería saber cómo estabas, estúpido. —contestó el niño con molestia.
Craig se sintió mal por un minuto, si había alguien al cual nunca trataría mal era a su gran amigo Tk. Era la única persona que podía soportar a su lado, aún con lo nervioso y paranoico que era.
—Estoy bien. Sabes que adoro los azotes y gritos. —le respondió con sarcasmo en su tono.
—Te lo mereciste, ¿¡Quién carajos le hace esa seña a un mentor!? Está en nuestro protocolo a seguir que tenemos que ser obedientes y...
—Y bla, bla, bla. Los protocolos son estúpidos, también dice que siempre hay que matar a esas criaturas si se las encuentran en territorio humano, ¿Pero y si ellos no son malos y solo andaban de paso? ¿Aún así deberíamos matar a criaturas inocentes? Los protocolos son estúpidos.
—Craig, esos monstruos no son inocentes. Ninguno es bueno ni tiene buenas intenciones, lo sabes. ¡Ah!
El azabache no respondió, sabía que la opinión de su amigo era muy chocante con la suya y no quería pelea. Menos con él.
Esta vez se giró a verlo, este tenía una pequeña sonrisita por sus palabras antes dichas [Lo cual era lo único que se notaba en su cara, el resto parecía tener un gran rayón negro censurando sus ojos y nariz, sus cabellos rubios resaltaban más por el ángulo en el que le daba la luz, en verdad le daba paz velo así.
—Tk... Si yo fuera uno de esos monstruos, ¿Me matarías?
El rubio frente a él dejó de sonreír como lo hacía, la solo idea de una situación así lo agobiaba, ¡Es que en serio, eso era mucha presión!
—Y-yo... Sin dudas lo haría, te mataría para que ya no sufras más ni se pierda el Craig Feldspar que conozco... Y quiero.
Abrió los ojos de golpe, su despertador biológico lo llamaba a despertar y empezar con sus actividades diarias. Apenas se sentó en su cama, intentando despejar un poco su sopnolienta mente.
¿Qué había sido ese sueño tan raro? Lo sabía, fue un recuerdo de hace mucho tiempo atrás, recuerdo que hasta hace poco podría jurar que se había perdido en su memoria ¿Por qué volvió a en ese momento? Tal vez por el factor nostalgia de todo lo ocurrido a su alrededor.
Aún así, ese sueño tenía muchos huecos sin respuestas que lo intrigaban, no recordaba en que momento había ocurrido eso (O sí realmente había pasado), no recordaba bien la cara del niño en sus sueños pero podría jurar que era el mismo que el de su dije.
「¿Cómo se llamaba aquel mocoso...?」
—Mi señor, su desayuno está listo. —Un sirviente golpeó su puerta, dando aviso a lo que debía.
De pronto, la cabeza de Craig se sintió algo vacía, se había perdido un poco con respecto a lo que estaba pensando hace unos minutos. Se sentía como si recién acabará de despertar.
—¿Mi señor...?
—Enseguida bajo. —Fue toda su respuesta.
Del otro lado de la puerta, su sirviente asintió y se retiró de la misma forma que había llegado.
No quería perder más tiempo, así que tomó las prendas más cercanas a él y se vistió lo más rápido que pudo, ¿En qué momento se había quitado la ropa para dormir? No importaba, ya no quería seguir divagando en pensamientos, quería apurarse y hacer lo que tuviera que hacer en el día.
Bajó por las escaleras como un flash, con sus pasos resonantes por el gran salón de aquel castillo, sus botas tenían algo de tacón que hacía a ese sonido más potente por cada paso que daba.
Al llegar al salón principal, se encontró con su hermana y madre. Ambas vestidas con finos vestidos de malgamas oscuras, desayunando con gran elegancia y gracia, dignas de las damas de la "realeza".
—Buenos días madre, buenos días Tricia. —Craig las saludaba con educación mientras se acomodaba en el lugar donde antes se sentaba su padre.
—Buenos días, cielo. —Fué lo único que recibió de respuesta de su madre.
Su hermana ni siquiera le respondió, solo hizo una seña con la cabeza. Al azabache no le molestó ni nada parecido, sabía muy bien porque no respondía con palabras.
"Una señorita jóven debe estar siempre callada en presencia de algún hombre de alta clase. Incluso si es su hermano."
Los empleados llegaron a traerle su desayuno, con mucho respeto y cuidado lo dejaron para luego retirarse. Su plato era uno muy típico para ellos; Unas carnes rojas cortadas en fetas, por encima tenían una salsa roja mezclada con especias junto con una decoración de lo que parecía ojos, de obvia procedencia, rebanados de forma muy delicada. Todo acompañado con una copa de sangre servida hasta el borde.
Aunque los años pasaran, nunca se terminaría de acostumbrar a esa dieta, pero no tenía de otra. Era eso, o morirse de hambre, claro, morirse en esos momentos no era una opción para él, así que solo le quedaba degustar su alimento como todos los días.
Todo parecía ir como cualquier otro mañana, el castillo estaba tan silencioso y tranquilo como siempre. Hasta que de pronto, el resonar de la puerta principal siendo abierta con violencia los alertó y puso en guardía a todos. Por ella llegaron hasta él dos personas, una chica muy conocida para todos acompañada de un vampiro faltó de clase, con algunas de las puntas de su cabello teñidas de un verde llamativo, con ropa juvenil y urbana. Se notaba a lo lejos que no era de la nobleza pero se podía concluir fácil de dónde venía; Las ciudadelas.
—Stevens, ¿Qué forma de irrumpir en mi hogar es esta...?
—Tucker, este chico; Mike McKowski, representante de la Ciudadela Norte, tiene información muy importante que darte.
La chica se hizo a un lado, dejando que el jóven se acercara más a su líder para hablar. Este se acercó con algo de ansiedad, hizo la clásica reverencia y prosiguió a hablar.
—Mi señor, el ganado humano y las reservas han desaparecido. Las demás ciudadelas se han prestado a dar algunos de sus materiales en solidaridad, pero aún así; ¡Nos hemos quedado sin nuestro recurso fundamental! Todos han entrado en pánico ¡No sabemos que hacer!
Todos los presentes, hasta el mismo Craig Tucker, estaban shockeados. Sonaba a una muy mala broma, a una jugarreta estúpida y de muy mal gusto. Esas palabras eran simplemente imposibles, cada uno estaba en un estado de negación mental absoluto, acompañado de un silencio de ultratumba que pretrificaba todo.
—¿Cómo ocurrió eso? —levantó la voz, en un tono de notoria molestia.— Las ciudadelas están rodeadas por muros, resguardadas por guardias en cada parte con órdenes de matar a sangre fría a cualquier persona no identificada que se acerque y cada perímetro está vigilado por cámaras que trabajan las 24/7. Ahora dime, ¿¡Cómo pasó eso!?
—N-no lo sé, mi señor... No lo sé, ni los propios habitantes entienden como ocurrió. Muchos guardias murieron y las cámaras están deshabilitadas.
Craig se tomó del puente de su nariz, intentando tranquilizarse a sí mismo sin poder tragarse toda la mierda que estaba oyendo. Pero es que todo eso sonaba a una puta locura, las ciudadelas habían sido diseñadas meticulosamente por su propio padre para que todos los vampiros puedan vivir en paz y fuera de cualquier amenaza. Esos lugares se podían considerar los más peligrosos e inalcanzables de la faz de la tierra. No tenía el más puto sentido lo que estaba pasando.
—¿¡Tienen alguna idea de quién pudo haber sido!? —No pudo evitar dejar escapar un grito esta vez.
Mike tragó duro, empezaba a temblar del miedo que causaba ver al hijo del gran señor Tucker enojado, más aún sabiendo que lo que diría no alegría mucho.
—La mayoría... Sospechan que pudieron haber sido los Rebeldes quienes organizaron todo eso, mi señor.
Volvieron a quedar en silencio una vez más, está vez fue mucho más largo que el anterior. Esperaban volver a oír primero las palabras de aquel que pronto tomaría el mando.
Pero nada, se sentía como si hasta las moscas hubieran dejado de volar, el ambiente era tan denso que se podría cortar en pedazos con un cuchillo. Incluso se podría decir que empezaba a desprender cierto olor a muerte en el aire.
—Todos menos Stevens salgan de aquí, dejenos a solos.
No les quedó de otra que obedecer, todos los presentes dieron una reverencia para luego retirarse de la manera más respetuosa posible. Dejando solos a los dos chicos, quiénes aún así no decían absolutamente nada.
—Craig...
—Esto ya ha sobresalido de mis manos.
Bebe jamás en su vida creía ver a su amigo así; Vencido, admitiendo su derrota de tal manera. Ese no era el Craig Tucker que conoció cuando llegó al castillo, esa era una persona completamente distinta.
—No es así, aún podemos...
—Bebe, hemos perdido todo el suministro de una ciudadela entera, eso es más que una derrota; Eso es demostrarles que somos débiles, que ya han ganado esto.
Craig golpeó la mesa junto a él en un ataque de ira, destrozándola en pedazos al instante junto con todo lo que tenía encima. La rubia solo miraba desde su lugar, estaba sacado de si y no quería arriesgarse a enfadarlo aún más.
—¿Y qué podríamos hacer? Se nos fueron mil personas al lado de los rebeldes la última vez, estamos solos en esto...
"Estamos solos en esto" Las palabras de su amiga resonaron dentro de su mente, trayendo consigo una idea muy estúpida pero a la vez brillante. De pronto el sueño de la mañana pasó por él, uniendo puntos que solo ayudaban a formar mejor su plan.
—No, no estamos solos. —El ojiazul se giró con una media sonrisa, mirando en manera de cómplice a su compañera.
Está no entendía nada a lo que se refería, trataba de recordar a alguien más que este metido en esto pero solo se le cruzó un nombre; Blood Hunters.
—Estas demente. Jamás funcionará.
—Vamos, ¿Qué es lo peor que podría pasar? Ellos son nuestra única opción.
—¡Esos tipos te matarán antes de dejarte hablar! No podemos aliarnos ni tener relación alguna con ellos ¡NO PODEMOS!
Su amiga se estaba empezando a alterar, pero es que para ella la sola idea de tener a una de esas personas cara a cara la hacía entrar en pánico. No podía soportar pensar en ellos como aliados o algo así.
—Bebe, sé lo de tus padres, eso fue muy doloro y una gran pérdida para todos...
—La forma en la que los mataron fue tan salvaje, tan repugnante y vomitiva. Ellos son monstruos despiadados y sin corazón, Craig.
—Lo sé y lo entiendo. Pero ellos son los únicos que podrían ayudarnos a enfrentar a La Rebelión. Ellos literalmente han vivido toda su vida entrenando para matar vampiros,nos serían de gran ayuda...
—¿¡Te estás oyendo a tí mismo, Tucker!? ¡Tu mismo lo dijiste, han entrenado toda su vida para matarnos! Esas personas son asquerosas, será en vano tratar de hablar con ellos y tal vez con suerte volveríamos con vida.
Craig empezaba a irritarse mucho, no le gustaba la posición que estaba poniendo su amiga gritándole de esa manera y diciéndole que hacer. Como si todo lo que dijera estaba mal.
—¿Sabés que? Me importa una mierda tus problemas personales con ellos, ahora estamos hablando del futuro de nuestra maldita raza y carajo ¡Seré la futura cabecera de todo, mierda! Si yo lo digo es porque lo he pensando y sé de que porquería estamos hablando ¡Así que ya deja de cuestionarme y llorar como una estúpida niña pequeña! ¡Supera tus malditos traumas y enfrentate a esto! ¡Haremos lo que diga y punto!
Craig no dejo replicar a su amiga pues se retiró antes de escucharla hablar, dejándola frustrada y con las palabras en la boca. Para Bebe, a veces su amigo podía ser el idiota más grande y bipolar que hay en la faz de la tierra, más no podía hacer nada contra eso, después de todo; Era su líder.
Su maldito y traidor líder.
Por otro lado, mucho más alejado del bosque, en el pueblo de South Park para ser exactos, la mañana estaba llegando una vez más como cualquier otra, como todos los últimos días.
Ese día le tocaba abrir el café al pelirrojo de nuevo, apenas si había dormido unos minutos después de la experiencia de la noche anterior. Se había estado sintiendo muy raro desde entonces, estaba comiendo mucho también sin llenarse y sintiendo feos malestares. Pero aún así tenía trabajo que hacer en la cafetería.
Apenas abrió, llegaron como siempre sus primeros clientes de todos los días; A diferencia de que está vez no eran solo esos tres, sino también una chica afroamericana, un chico que se notaba más jóven rubio y... Su mandíbula casi cae al subsuelo al verlo, era él. Su salvador estaba allí con ese grupo.
Su corazón empezó a latir a mil por hora, lo tenía cerca de él otra vez. Se miró rápido en un espejo cercano de decoración, se acomodó su cabello alborotado y revisó que no tenía nada en su cara o boca. Ni el mismo entendía porque lo hacía, tal vez después de la experiencia de ayer se había vuelto completamente loco.
Puso su mejor sonrisa, tomó su típica libreta y fue a su mesa.
—Bienvenidos de nuevo. —Sonrió viendo a sus clientes habituales, quiénes respondieron a su saludo con la misma amabilidad.— Lo de siempre, ¿Verdad?
—Claro que sí, bombón. Y si vienes incluído, mejor. —respondió Clyde con su típica coquetería que solo se la dedicaba al pelirrojo.
Kyle rió un poco, tratando de disimular el rubor de sus mejillas lo más que podía.
—¿Y ustedes? ¿Qué les gustaría? —Dirigió su mirada a los nuevos en la cafetería.
Concentrandose más en el chico azabache de la noche.
—A mí me gustaría un té helado. —habló la chica con educación.
—Eh, yo... Un capuchino helado por favor. —Pidió en más jóven.
—A mi solo dame un café con leche. —Aquel chico hizo su pedido sin verlo a la cara, lo cual le dolió un poco para ser sinceros.
El pelirrojo anotó todos los pedidos y se despidió con una sonrisita, mientras se iba a preparar todo. Ese día tenía planeado hacer algo que jamás había hecho antes, pero es que era consciente que al ser ellos, personas de otra parte, lo más probable es que pronto se irían, ¡Era su oportunidad!
Entretanto, el grupo estaba descansando un rato como era costumbre.
—¿Qué les parece? Es un bonito lugar para después de noches largas, ¿No? —habló Token refiriéndose a la cafetería.
—Si, es muy pintoresca, ¡Y hasta tiene el nombre de Tweek! —respondió Stan con gracia, haciendo burla a su amigo.
—Es solo una coincidencia. —respondió sin darle mucha importancia.
Todos rieron un poco, no entendían porque el rubio no aceptaba que en verdad, eso era una GRAN coincidencia.
—¿Saben que más es muy bonito de aquí? —preguntó en susurros Nicole— El empleado, Dios. Es una monada.
Los chicos ya lo veían venir, no les sorprendía que el chico sea del tipo de la chica, se lo veían venir.
—Alto ahí perra, yo lo ví primero y planeo hacer que ese culo sea mío. —Clyde interrumpió a Nicole con gracia, pero en cierta parte era cierto.
—¿Y a tí desde cuando te gustan los hombres? —preguntó Tweek con algo de curiosidad.
—Soy alguien que acepta experimentar.
—Marica. — habló seguido de el Stan.
Todos rieron, sabían que su compañero era un playboy total, en cada misión siempre aprovechaba para meterse con alguien. Pobre pelirrojo que tendría que aguantarlo todos los días como cliente. Aunque, en la mente Stan Marsh se estaba burlando de manera descomunal del chico que creía tener una oportunidad con el pelirrojo, si tan solo lo hubiera visto como estaba ayer, todo rojo y avergonzado por él. Le daba ternura por cierta parte.
—Aquí tienen chicos, algunos de sus pedidos. —Volvió a aparecer el pelirrojo ante ellos, dejando los pedidos de Token, Nicole y Clyde.— Disculpen la tardanza, lo suyo saldrá en unos minutos, ¡Se los prometo! —habló esta vez dirigiéndose a los que faltaban.
Se volvió a despedir, dejando otra vez al grupo entre ellos.
Tenían muchas cosas de que hablar, la noche de ayer fue mas particular que otras y esos no les simpatísaba. Eran conscientes de ello.
—¿Cómo les fue en la noche? —preguntó Tweek, observando con seriedad a sus compañeros.
—Realmente fue muy calmada, por nuestra área ni siquiera hubo movimientos. —habló la chica, apuntandose a sí misma y a Token, su compañero de vigilancia en la noche.
—Nosotros apenas tuvimos un enfrentamiento en la noche, es muy sospechoso... ¿Qué tal te fue a ti Butters?
El joven se tensó en su lugar al recordar su noche, no estaba acostumbrado a tener que explicar lo que hacía en la su hora de guardia. Esta era la primera vez que tendría que inventar algo además de un "Sin movimientos".
—Y-yo... Realmente solo ví a uno de ellos a lo lejos, quise acercarme un poco pero el ya había huido...
—Yo por mi lado salvé a un chico de ser comido. —Lo interrumpió Stan, con un cierto aire de egocéntrismo.
Todos se concentraron en él, dejando a un lado al más chico (Algo que el agradeció para si mismo).
—¡No te creo Marsh! ¿En serio? ¿Quién fue el afortunado? —preguntó Clyde sin poder casi creersela.
—¿Quieres que te lo diga? Tu lindo "bombón" rojo.
Los chicos en la mesa quedaron boca abiertas, era increíble saber que la persona que los atendía era alguien quién se enfrentó a esos monstruos y sobrevivió gracias a Stan. También, cruzaba por sus mentes el hecho de que ese chico vió algo que un humano normal no debía ver, él era consciente de la existencia de ese mundo.
—Sus bebidas. —Kyle llegó a su mesa y dejó sus pedidos, con la misma sonrisa de siempre.— Que los disfruten.
El chico se fue, bajo la mirada de todos los integrantes de aquella mesa. Todos tenían dudas de cómo después de lo vivido ayer podía atender en la mañana como si nada hubiera pasado en la noche anterior. Ese chico era de ese mínimo porcentaje de personas que logran sobrevivir a un ataque así.
Trataron de pasar del asunto a otra cosa, catalogandolo como un caso más del montón de ese tipo. Pasaron a hacer informes de la noche, aclarando detalles que faltaban o datos que recordaban. Siguieron planeando como harían el resto del día, pero Stan en un momento notó que debajo de su café había una pequeña nota escrita en su servilleta.
Me gustaría hablar contigo después de mi trabajo, si se puede, aún tengo algo de miedo a salir solo.
También tengo unas cuantas dudas.
Salgo a las 20:00, pasa por aquí así nos vemos (si quieres claro)
Kyle, el chico que salvaste ayer
El chico miró hacia su mesero, dándose cuenta que este estaba atendiendo a otros clientes recién llegados. Releyó la nota una vez más, sintiendo una sensación rara dentro de si; El sentimiento de estar alagado y asustado.
