Tweek besó el dije de su amado collar que le colgaba en cuello por última vez en la noche, antes de salir a su nueva misión. Ya se había despedido de su amigo Clyde hace rato, ahora estaba andando de camino a las afueras del pueblo como la última vez. Estaba nervioso, muy nervioso. Incluso tenía miedo, más del que le gustaría admitir, pero no podía demostrarlo; Era el mejor Blood Hunter de su general, debía darle verdadero valor a ese título.

Todavía no sabía si confiarse, ¿Qué tal si esta noche aparecía con otras de esas cosas? ¿Si era una trampa? No moriría, les daría batalla de ser necesario. Pero aún así, los nervios y la incertidumbre lo mataban.

Pero aún así, ¿Qué estaba haciendo? Su trabajo era aniquilar a esas bestias, no socializar y hacer amigitos. Estaba haciendo algo estúpido, ¿Qué harían luego? ¿Tomar el té y volverse mejores amigos? ¿Jugar a los super héroes de bandos contrarios? Maldita sea, son de razas opuestas y enemigos por naturaleza. Sin duda en esta noche uno de los dos moriría.

Y no, no sería Tweek. El nunca morirá en manos de uno de esos monstruos.

Llegó al mismo lugar de la otra vez y quedó a hacer guardía allí, no se movió por un buen rato de su lugar. Esperó un tiempo a que alguien llegará o se aproximará mínimo, pero no pasaba nada. Se estaba aburriendo esperando como idiota a que algo pasará, tenía que estar vigilando las otras áreas en vez de perder el tiempo allí.

Empezó a avanzar más, hasta que de la nada sintió una brisa rara, algo de movimiento detrás de él. Se puso en guardía rápidamente, y se giró con un arma (que esta vez se la había dado Nicole), encontrándose con esa persona sin rostro de la última vez.

-Mierda, así que volviste.

-Te dije que hoy moriría. -Fue todo lo que salió de su misterioso visitante.

Craig sonrió de lado, tal vez habría firmado su sentencia de muerte, pero sentía que valdría la pena. Después de todo, si las cosas resultaban como quería, tendría aunque sea una ventaja por sobre los rebeldes. Tener a un Blood Hunter de su lado ya era mucho para presumir en la alta sociedad, que además se atreva a batallar contigo contra los verdaderos causantes de tanto alboroto solo haría que absolutamente todos acepten su mandato.

"Craig Tucker, el líder que logró ganar la confianza del enemigo."

-¿Eres un suicida o algo así? -Su voz lo sacó de su fantasía mental de ensueño.

El azabache bajo la capa no pudo evitar reír, irónicamente antes sí lo era.

-Hubo una época en la que sí, pero ahora estoy en todos mis sentidos. -respondio con gracia, mientras se acercaba más a él.

Tweek no supo que decir, era raro encontrar a alguien así, ¿Realmente el quería que lo matarán? ¿Por eso había vuelto otra vez? Demonios, ahora se encontraba hablando con un demente, tendría que tenerlo bajo vigilancia.

-¿Y cuando se supone que fue eso? -pregunto para seguirle el juego, solo para ver a dónde quería llegar.

-Cuando era un chiquillo, hace mucho tiempo ya.

-¿Un siglo tal vez...? -Saco el número más bajo que se podría considerar para un vampiro.

-¿¡Qué!? ¡No! ¡No soy tan viejo...! -El chico notó que lo que acababa de decir era muy idiota, considerando que un siglo para su raza no se considera nada.- Digo, no. Todavía soy un niño casi; tengo diecinueve años nada más.

Tweek no pudo evitar sorprenderse ante su declaración, había tantas cosas que no cuadraban que estaba confundido. Había dicho "cuando era un chiquillo" siendo que todavía lo es, estaba perdido con su propio tiempo y no actuaba como un "menor de edad" de su gente haría.

Sentía que algo estaba mal, pero luego recordó su situación y alejó esos pensamientos confusos, dejando a florar esa faceta suya que solo se la mostraba a los asquerosos "chupa sangre".

-Bueno, aún así; Eres muy idiota por venir de todas formas aquí.

Realmente Craig no terminaba de entender esa maldita adicción del rubio idiota por buscar pelea y matarlo a toda costa. Estaba empezando a pensar que el mito de que "los rubios son estúpidos" era más que cierto.

-Tal vez lo sea, pero es mejor que estar en casa. -Fue todo lo que le salió, en un tono muy neutral.

Otra vez el rubio se extrañó, ¿Esas cosas podían aburrirse? Tenían el mundo entero para pisar y hacer lo que quieran, es más, ¿No es eso lo que hacen y la razón por la que los Blood Hunters existieran?

-¿Por qué? ¿Tus humanos se mueren muy rápido? -preguntó de verdad, tomando en serio que esa sea la razón.

Su contrario no podía creerlo, dió una cara de asco e indignación al instante. Lo que decía se consideraba nefasto entre su gente.

-¿Qué? No. Es un delito tener a humanos de mascotas, son una especie que si la crías puede llegar a sentir verdadero afecto y sería de muy hijo de puta hacerle eso a un ser para luego comertelo. -No pudo evitar alejarse un poco al ver que tenía esos pensamientos.

Por primera vez en la noche, Tweek sintió vergüenza por su error. Sí, Tweek Tweak de había equivocado y de manera patética. Podía notarse lo ofendido que estaba el chico frente a él, lo que significaba que una de sus creencias estaba mal, incluso era ilegal. Algo en el se sintió mal, sentía la necesidad de disculparse...

Pero no, no se dejaría caer por sentimentalismos baratos.

-Con monstruos como ustedes no sé que esperar. -Sus palabras salieron con una sinceridad venenosa.

Craig lo miró sintiendose demasiado ofendido. No, ofendido no, mejor dicho, lo que le seguía a eso. Debía ser una broma de muy mal gusto sus palabras. Tweek pudo captar su enojo al ver su boca apretando los dientes, podría jurar que los escuchaba rechinar y todo.

-¿Nosotros somos los monstruos? Claro, ustedes son unos santos matando a criaturas solo por seguir sus instintos.

El rubio miró al contrario como si le estuviera tomando el pelo, ¿Estaba hablando enserio? ¿Tenía el descaro de decir algo así? Suspiró con fastidio, esto le molestaba mucho.

-Ustdes son los que atacan primero. Nosotros solo nos encargamos de exterminar a quienes no cumplen los acuerdos. -Se giró haciendo un gesto con la mano, estando importa y tratando de cortar con el asunto.

-¡Pues perdón, hay personas que no tienen dinero para comprar sus carnes ni conseguir ganado humano! Los suministros no alcanzan para todos. -contrataco, levantando sin querer la voz.

Ninguno de los dos podía creer que estaban teniendo esta charla, pero era algo que veían venir para esa noche.

-No es nuestro maldito problema su estúpida economia ¿Y sabés? Antes los "humanos" éramos todos los mortales, no solo su maldito alimento.

Tal vez, el hecho que más odiaba Tweek del mundo en el que le tocó nacer era ese; Tener que ver a otros mortales siendo criados desde nacidos como animales y ser tratados como tal. Le daba lástima e indignación pensar en los humanos, y más aún si ves el hecho de que la gran mayoría de los mortales no saben de su existencia. Se hacen llamar "humanos" sin saber que son realmente.

-Owh, ¿Te perdiste en el tiempo, niñito? Este es el ahora y así son las cosas. Los humanos son nuestros malditos animales en ganado y nosotros no tocamos al resto de sus mortales ¡Así son los arreglos y punto! -Aunque no lo pareciera, a Craig le dolía mucho decir eso.

Hace algún tiempo atrás, él pensaba igual que el Hunter frente suyo. Pero la cruda realidad en la que vive lo hizo cambiar de opinión con el tiempo, casi morir de hambre por no querer tocar a un humano fue parte de su lección. Luego ir a visitar un criadero humano le hizo darse cuenta que esos no eran mortales, eran simples alimentos.

-¡Las cosas no tendrían que ser así si no fuera por su sucia y asquerosa raza! -reclamó esta vez, quitandose un gran peso de encima. Sienmpre quiso decir eso en voz alta.

Eso fue todo lo que pudo aguantar, ya estaba demasiado que enojado, ya no seguiria permitiendo que ofenda su raza como si nada. No podría aguantar otras palabras, sin dudarlo un momento se abalanzó al rubio y golpeó su cara, haciendo que este cayera al piso al toque. Antes que este se levantara se alejó con rapidez.

Tweek al principio se sintió aturdido, hasta que pudo levantarse aún mareado. Estaba enfadado, así que no se quedó atrás y también atacó. Trató de dispararle con su arma, pero falló pateticamente, su contrincante pudo esquivar las balas de manera magistral. Disparo una y otra vez, pero el chico de la capa los esquivaba, saltando de aqui a alla, o incluso moviendose a un lado y ya.

-Eres patetico.-dijo mientras daba un salto.

Su contrario saco otra arma mas, tambien de cortecia de su amiga. Pero aun con ese armamento el vampiro podia esquivar todo. Ya harto de tanto jueguito absurdo, sacó sus sagradas dagas con rapidez. Se puso en guardia, calculó sus movimientos o probabilidades para luego salir a atcarlo de frente.

Craig en vez de escapar o matarlo, prefirió enfrentarlo. Sus ataques eran directos a matar, tratando de cortarlo o apuñalarlo en puntos criticos, se daban cuenta a donde quería llegar.

Pudo esquivar cada movimiento y neutralizar cada ataque que le daba, se sentia como algún tipo de entrenamiento en vez de un enfrentamiento. Era como si conociera las secuencias de ataques del rubio de memoria. Por su parte, su contrario no podía creerlo, le daba cada vez más rabia ver qué no le hacía el más mínimo corte; Y más aún, que estaba contraatacando a la perfección. Su desplazamiento en el combate era perfecto.

-¡Muere de una puta vez! -gritó ya desesperado por matarlo.

Elevó un puñal de un lado y el otro del lado opuesto, pero está vez hizo un movimiento con sus dedos e hizo que ambos sacarán otro filo en la punta. Corrió alrededor de su objetivo y luego salto a él. Ese ataque era el que solo usaba cuando realmente necesitaba ganar, ni siquiera sus compañeros conocian de él, solo una persona lo había visto y sabía como evitarlo.

Al saltar tenía planeado cortar con uno de los lados de los filos el cuello de esa bestia, y dejar luego los otros lados clavado en su cabeza. Así era ese ataque, lo llevaba perfeccionando desde niño, ahora lo utilizaría con más gozo que nunca.

Parecía que daría su golpe seco y acabaría con todo, ya estaba mas extasiado que antes, con el pensamiento de matar al monstruo frente a él. Ya se había perdido en sus pensamientos de justicia por todos los mortales que pisan la tierra. Iba a una velocidad con la que nadie tendría oportunidad, pero algo en el subconsciente de Craig reaccionó antes que el mismo. Con gran agilidad y destreza golpeó en el estómago de Tweek, al instante tomó su pierna para acto seguido levantarlo en el aire y lo tirarlo a espaldas suyas, dejando al rubio aturdido y por demás confundido.

-Nunca te distraigas en batalla solo por tus ganas de matar. -dijo la frase sin pensarlo, estaba en su mente desde que lo vió correr en círculos.

Tweek no podía terminar de creerlo, ahora estaba temblando de nervios como en la ñiñez, hace años que no ocurría. Pero es que esto se sentía tan raro, en su vida solo una persona le había dicho esa frase y había neutralizado su ataque. Su mente estaba hecha una mierda.

No podía salir del impacto por más que quisiera, de pronto se vió en la necesidad de saber quién se escondía debajo de aquella capa.

「Solo fue una coincidencia, una horrible coincidencia ¿No?」 Pensó tratando de calmarse.

Se levantó del piso con dificultad, después de un gran rato sin reaccionar, sin dirigirle palabra alguna ni verlo, ninguno de los dos quería hablar. El mismo Craig estaba pasando por una confusión mental parecida.

No entendía como pudo prever aquel ataque, hasta el notaba que ese movimiento lo habría matado, estaba muy bien calculado. No tenía sentido, ahora tenía una sensación bastante rara en su interior.

Ambos percibieron como el ambiente se había vuelto incómodo. Fue como un acuerdo de silencio, pues ninguno de los dos quiso hablar por el resto de la noche.

Era lo mejor para los dos, cortarla de una sin seguir con nada más.

Lejos de allí en un departamento situado en él área "céntrica" del pueblo, estaba el jóven Kyle en su cama, trató de consiliar el sueño hace tiempo, sin embargo ya de había rendido a esa misión hace ya unas joras. No podía dormir, había algo que le estaba torturando desde ayer.

「Hambre, tengo hambre...」Pensaba apenas, mientras balanceaba su cabeza de aquí a allá.

Hace rato que no sabía que más hacer para poder tener un minuto de descanso, le dolía tanto el estómago que empezaba a masticar sus labios como si eso fuera algo que lo reconfortará. Era todo lo que podía hacer, ya no sabía cómo más calamar su apetito.

No pudo aguantar, empezó a sollozar en silencio mientras mordía la almohada al ya no saber más como dejar salir todo su dolor. Se revolcaba en su lugar sin dejar de hacer las lágrimas caer por sus mejillas, cada vez de manera más sonora, empezando a perder el control de eso, en algunos momentos hasta pegaba unos gritos desgarradores que podrían helar la sangre a cualquiera que lo oyera.

No aguantaba tanto, no era una persona que pueda aguantar situaciones así, pero hablando en serio, ¿Alguien cuerdo podría aguantar algo así?

-Mami... Mami, tengo hambre, mucho hambre... - murmuraba bajo, entrando ya en un estado de delirio.

Lloró abrazando su almohada, no soportaba más, no sabía que hacer para calmarse. Su hambre, el dolor, se mezclaban con su desesperación de no tener la menor idea de como reconforse.

Recordó entonces sus palabras, las palabras de su salvador nocturno quien había tenido la delicadeza de dejarlo en su casa la noche anterior. Recordó la conversación que tuvieron antes de desmayarse, él había mencionado algo de la carne humana. Algo se prendió en su mente, primero como una idea descabellada, luego como una última opción.

Salió corriendo al baño, chocando algunas cosas al sentirse debió por la falta de alimento. Se miró en el espejo cerca de si, él aún era humano después de todo. Su piel aún tenía color, sus ojos eran normales al igual que sus dientes, no se sentía muy diferente después de todo.

Vió una navaja puesta sobre el lavabo, la tomó en sus manos y quedó observandola por un rato, era lo único en su baño que podría cortar bien, lo único a su alcance. Aún mirando al espejo, respiró hondo tomando todo el aire posible y agarró corage para hacerlo; Clavó con fuerza el filo en su piel, debajo de su clavícula ya casi llegando a su hombro.

Dolía mucho, gritó al sentir el acero clavarse en él, pero no se comparaba con el dolor de su hambre. Empezó a moverlo, delineando una línea roja por la sangre hasta conseguir un pedazo lo suficientemente grande, luego pasó la navaja por debajo de la zona marcada, sin poder evitar derramar lágrimas por el dolor. Aún así, no paró hasta sentir que esa área se desprendía de su cuerpo.

Con las manos temblando agarró ese pedazo de carne y arrancó lo que faltaba. Vió su mano ensangrentada, a la vez que sentía como la sangre chorreaba de su cuerpo, era un escenario muy asqueroso para el mismo.

Acercó ese trozo de carne, su olor, contrario a lo que esperaba, se sentía delicioso, como si viniera de la comida gourmet más exquisita del mundo. Lo llevó a su boca y dió una pequeña mordida al principio.

Sintió una explosión de sabor en su cavidad bucal, al tragarla al fin pudo apreciar algo en su estómago, podría jurar que hasta sintió como ese trozito de carne recorrió su faringe y cayó en su destino final. Devoró el resto de la carne como si no hubiera un mañana, masticando gustoso y gozando del sabor en su boca.

-Está delicioso... -dijo en voz baja, con una sonrisita.

Al fin estaba sonriendo por felicidad propia, comer algo que de verdad lo satisfaciera se sentía hermoso. Disfrutar sonreír con genuino sentimiento de alegría también se sentía muy bien.

Levantó la mirada aún saboreando la sangre que quedaba en sus dedos, chupandolos gustoso, pero al dirigir su mirada en el espejo se horrorizo con lo que veía; De su boca escurría la sangre, mientras que bajo de su clavícula se veía el área roja faltante de un pedazo de su propia carne. Sus ojos esmeraldas no podía creer lo que contemplaba, no podía llorar más después de todo lo que había hecho en la tarde, pero su dulce sonrisa pasó a un ceño de horror.

Se lamentaba tanto, no sabía que clase se monstruo de estaba volviendo.

Miró afuera de la habitación y lo primero de divisó era una foto colgada de un lindo marco, era su familia; Su madre, su padre y su amado hermanito. Recordó lo que le enseñó su padre, las veces en las que lo había visto desvelarse hasta tarde, a veces llorar de frustración, días en los que se enfermaba muy fuerte; Pero aún así, él todas las mañanas sonreía y actuaba como si nada estuviera pasando. Para no preocupar a nadie, para poder seguir trabajando y estar bien.

Se miró en el espejo una vez más, y dió la misma sonrisa que daba a todos siempre. Se limpió torpemente la sangre de la boca con la manga de su remera, vió su herida, notando que ya había dejado de sangrar. Incluso se veía como si estuviera por empezar a cicatrizarse.

Se miró por última vez en el espejo, y esta vez derramó las últimas lágrimas de la noche, sin dejar de sonreír. Estaba pensando en Stan, su salvador nocturno. Si llegaba a ser cierto esa loca idea de que se estaba convirtiendo en uno de ellos, entonces él tendría que matarlo.

Pero el no quería morir, no quería. Pero la idea de que su salvador lo odiara le aterraba. Y aún así volvía a lo mismo, tenía miedo a morir, aún tenía la esperanza de seguir viviendo.

No soportaría la idea de ser odiado, pero tampoco la dr morir, tenía mucho miedo.

Trató de respirar profundo para relajarse, se volvió a acostar en la cama, se sentía mucho mejor. Después de unos minutos de tortura mental, al fin pudo consiliar el sueño.

Después de tantas horas de suplicio, al fin pudo descansar en los brazos de Morfeo.

Una vez más, a kilómetros de ese pueblito, en una área muy lejana y poco explorada por los lugareños. Había una cueva de grandes medidas con mucha profundidad, que sus nuevos habitantes se habían encargado de agrandar aun más. Había una gran fiesta realizándose, toda esa semana merecían festejar. Pues claro, habían tenido su mas grande victoria contra la poderosa Ciudadela Norte.

Todos estaban felices, su comandante era de las más celebradas. Por primera vez desde que tomó el mando, todo el mundo le tenía respeto, hasta los ancianos más machistas del lugar. Algunas criaturas hasta se atrevían a arrodillarse frente a ella.

De ahora en más, todo salía perfecto al plan. Incluso se podría considerar que había triunfado sobre todo, incluso antes de lo planeado.

Pero, aunque sorprendente, solo había alguien que no festejaba en ese lugar, el estaba en la entrada de la cueva y miraba de brazos cruzados todo.

-¿Por qué no te les unes?

Miró a la persona que le dirigió la palabra, reconocía esa voz desde hace años, sabía que era él.

-No me interesa, no festejaré hasta haber ganado todo, Christophe. -respondió el rubio sin ganas.

El chico solo dió una calada a su cigarrillo y tiró el humo, tratando de en lo posible no vaya a la cara de Gregory. Se podría hasta considerar que no prestó atención a sus palabras, pero no era así.

-¿Y qué acaso esto no fue una victoria? -preguntó hablando con el pensamiento colectivo de todos en la cueva.

Gregory guardó silencio por un minuto, pensando que diría para explicar su punto.

-Sí pero... ¿No te parece sospechoso que todo saliera tan bien? ¿Qué todo hubiera estado a nuestro favor? No sé, pareciese que todo fue gracias a una obra divina...

-O maligna. -Le interrumpió.- Ese maricón misericordioso nunca haría algo por nosotros.

Su amigo rodó los ojos. Sí, aún con el tiempo, aquel mercenario jamás dejaría su profundo rencor hacia Dios.

-Pero no creas, no todo fue tan fácil. Yo casi muero allí. -siguió con su relato, sin darle importancia a lo anterior.

Gregory se giró a verlo, era raro que demostrara preocupación por alguien en público. Se acercó a él, pasó su mano por su rostro mirándolo a los ojos, luego bajó a su pecho, siguiendo luego el mismo camino con la vista, verificando que no haya nada particularmente malo.

-¿Estás bien? -preguntó casi susurrando.

-Claro que si, idiota. -Le respondió con una media sonrisa.

Su amigo rubio también le devolvió la sonrisa. Christophe era su único amigo, el único por el cual se preocupaba y puede confiar. Lo mismo pasaba para él, desde que se había unido a La Rebelión juró eterna lealtad a Gregory, y eso lo cumpliría sin importar que.