—No mires Craig, n-no seas tramposo... —Escuchaba la voz de un niño que lo guiaba.
Él estaba con una venda en los ojos que le impedían ver su alrededor, solo tenía a su acompañante, quien tomaba su mano con fuerza, estaba dirigiendolo por un sendero que se notaba era del bosque.
—¿A dónde me llevas Txxxk? —preguntó este con su típico tono de fastidio.
—Es una sorpresa, ya verás.
De pronto se detuvieron, Craig pudo escuchar lo que juraría era una corriente de agua. La curiosidad lo invadió, sintió una yama de emoción prendiendose en él.
Su amigo le quitó la venda y pudo contemplar ante él; Un lindo riachuelo naciente de una pequeña cascada más adelante. No podía creerlo, quedó observando la escena sin poder salir de la emoción.
—Txxxk... ¿Tú...?
—T-te escuché hablando con T-Txxxn hace unos días... Siempre habías querido estar frente a una c-corriente de agua natural, ¡Gah! N-no es la gran cosa como un río o una bella vista al mar... P-pero es lo único que pude encontrar, pero te guste.
Giró a ver al niño a su lado [Quien ahora toda la cara era tapada por un rayóneo negro], hizo algo que muy pocas veces hacía; Sonrió. Estaba muy feliz y agradecido.
El pequeño rubio se había tomado la molestia de rastrear un lugar así, romper las reglas y escaparse al bosque, solo para él. Se sentía tan querido por primera vez en su vida. En definitiva, siempre era inmensamente feliz con su amigo.
—Y-yo le habia ofrecido a Txxxn y Cxxxe que vengan con nosotros... ¡Pero! Ellos decían que sería mejor que solo estemos nosotros dos solor... ¡Argh! ¡Son unos malditos!
Craig volvío a sonreir por lo bajo, recordaría agradecer a sus amigos por esta. Sabía que ellos lo habían hecho aproposito, estupidos maricas.
—Bueno, disfrutemos esto entonces. —Dio un pequeño y corto beso en las mejillas de el niño rubio.
Este lo miró estrañado, para luego sonrojarse violentamente, a la vez que empezaba a darle sus tipicos tics por los nervios. Craig nunca daba muestras de cariño, eso fue tan raro e inpropio de él, pero a ala vez se sentía hermoso.
Fue tras su chico de chullo azul, pasarian una muy linda tarde juntos. Ya lo veía venir.
Abrio los ojos con pereza, en sonido de su puerta siendo golpeanda constantemente, acompañado por la voz de uno de sus empleados pedían por su despertar.
—Ya estoy despierto.
La persona del otro lado solo hizo una reverencia y volvio a irse de la misma forma en la que vino.
Se sentó en su lugar, mirando sopnoliento a la nada. Empezó a sentir una rara sensación en el pecho, sabía que era por aquel recuerdo. Pero esta vez no dudó en lo que haría; Salió corriendo de su cama aún con su pantalón pijama y ya. Pasó por el pasillo hasta llegar a su oficina.
Entró como rayo con algo de ansiedad fue directo al cajón en busca de su collar de plata. Estaba concentrado en buscar aquella foto que poseía, sabía que si alcanzaba verla después del sueño tal vez le quedará al fin en la memoria la cara de aquella persona. Lo buscó por todos lados, movió cada papel, sacó cada objeto que había; Pero no lo encontró.
Algo se sentía raro, algo le olía horriblemente mal. Se puso a destrozar su oficina, tirar muebles y libros con tal de encontrarlo, estaba más desesperado que nunca, aún así no lo encontraba. Se empezaba a fastidiar cada vez más, necesitaba ese collar como nunca en su vida.
Luego pensó un momento mientras enfriaba su mente, de pronto recordó a la única persona que tenía conocimiento de aquel collar. Salió con los ojos carmesí, causado por la rabia contenida de ese momento, dirigió sus pasos hacía la sala principal, donde sabía que ella estaría tomando su asqueroso Té de sangre mezclada con agua caliente.
Y exactamente, allí estaba.
—¿Qué le hiciste? ¿Por qué lo tomaste? —Fue todo lo que dijo al ponerse frente a ella.
La mujer sorbio de su taza sin prestarle atención, luego tomó una servilleta con con delicadeza y gracia limpió sus labios.
—Buenos días, hijo. —La rubia habló, sin abrir los ojos pero sonriendo igualmente.
—No ignores mis palabras madre, ¿Dónde lo pusiste?
—¿De qué me hablas cariño? —Su tono era neutro, sin expresión alguna.
—Tu sabes bien de que te estoy hablando. —Craig se cruzó de brazos, estaba muy molesto y sabía que su madre era la culpable de esto.
—Ah, ¿Te refieres a aquel cachivache? Lo tiré al fuego, hijo.
Por un minuto sintió que todo su mundo se detuviera, su corazón se paralizó al instante, sentía como si algo dentro de él se rompiera.
—¿¡Por qué lo hiciste!? ¿¡Quién te dijo que podías tirarlo!? ¡Eso era algo importante para mí! —Se había alterado aún más, nunca en su vida le había hablado así a su madre.
La mujer solo siguió tomando su té, no le prestaba atención a los miles de reclamos que seguía dando su hijo. Hasta que en un momento bajó su taza y esperó a que Craig dejará de hablar.
—Eres un rey, eso era un artilugio barato e inútil. No tenía el más mínimo valor, no había motivo alguno por el cual la tengas de conservar, ¿Estoy en no cierto? —Abrió sus ojos al fin, dejando ver sus orbes ahora rojas con una mirada reprochadora.
Entonces Craig cayó en cuenta, su madre se había enterado de su visita al pueblo para hablar con algún Blood Hunter, ella creía que tenía algo que ver con el pasado, ¿Acaso creía que quería traicionar a su raza? Esa mujer era muy dura, cuando había llegado le dejó conservar ese collar con la condición de tenerlo escondido y no sacarlo nunca.
Ahora entendía porque había hecho algo así, había roto con el trato que habían hecho cuando él era niño.
—Vete a la mierda. —Aquello fue todo lo que pudo decir, además de darle una seña obscena con su dedo del medio.
Se dió la vuelta y retiró sin decir nada más ni esperar respuesta, como siempre hacía. Esta vez su madre se había pasado demasiado, no se la perdonaría fácil, lo más probable es que ni siquiera se lo perdonaría.
Su pecho le presionaba, algo en el le dolía mucho, sentía que le costaba respirar. Ese collar, aunque no lo usará nunca, aunque lo tuviera en su cajón y lo sacará muy pocas veces, aunque apenas recordara a la persona que se lo regaló, era su mayor tesoro en la existencia. Era lo único que aún le recordaba algo de su antiguo "yo".
Ahora no estaba, la foto que contenía era lo único que le permitía recordar a aquel niño, lo único que hacía que no olvidará esa parte linda de su pasado. Ahora se había ido.
Sintió tanta furia que golpeó una pared, rompiéndola y dejando un gran hueco en ella. Pegó un grito de odio, no sabía que hacer para desahogarse.
Sin duda este no sería un buen día para nadie.
Mientras tanto, mucho mas lejos de allí, en el mismo pueblo de siempre; Se econtraba Tweek, quien ya iba por su cuarta taza grande de café. Desde que había llegado no prestaba atención de lo que sus amigos decían, ni aportaba a la conversasion, estaba muy perdido de podría decir. No se sentia de humor y se notaba por su cara.
—Tweek, ¿Estas bien, amigo? —habló su compañero a su lado.
Este despertó de ese estado de estar en las nubes, observó a su amigo Clyde, quien estaba espectante por una respuesta.
—Claro...
—¡Chicos, Tweek y yo debemos retirarnos! —alzó la voz, mientras tomaba la mano de su amigo y se levantaba de la mesa. Sin dejarle terminar de hablar.— Si ven a mi amorcito culón, avisenme.
Tweek no tuvo tiempo de negarse ni reprochar, pues su amigo lo tomó rapido del brazo para sacarlo del lugar. Ni siquiera sus compañeros pudieron terminar de entender porque se habían ido. Aunque solo uno de ellos ya sospechaba que algo pasaba.
Su amigo castaño, por más que él tratara de safarce y gritaba que lo soltara, no dijo nada mientras caminaba con una sonrisita traviesa. Solo al momento en que lograron estar muy lejos de aquella cafetería donde habían desayunado aceptó soltarlo.
El jóven Tweek lo miró extrañado, estaba a punto e reprocharle pero su contrario le ganó la palabra.
—Tweek, te conozco desde niño. Sé perfectamente cuando estás mal, y lo sabes. —dijo cruzandose de brazos, reprochando de cierta forma a su amigo por haberle mentido.
El rubio bajó la mirada frotando su brazo con vergüenza, el era conciente que ocultarle algo a su amigo era una tarea casi imposible. El tenía una habilidad inata para leer a las personas, siempre se olvidaba de eso. Tomó aire y lo dejó salir, era sierto que no se sentía bien, debía hablar con alguien de eso, ¿Quién mejor que su mejor amigo Clyde?
—Clyde... —llamó su atención sin verlo a la cara—¿Qué son los vampiros, según tú?
El castaño poco a poco fue quitando su sonrisa, al darse cuenta que no se trataba de ninguna broma o consulta al azar. Esa pregunta jamás se la habían hecho, sí que la habia pensado, pero nunca le tocó contestar lo que pensaba del tema.
—Pues... Es dificil. —Empezó a hablar, haciendo que su amigo levante la mirada a verlo, por sus primeras palabras— Son monstruos, claro está. Pero en el fondo no dejan de ser mortales que perdieron su humanidad y moral por culpa de sus ancestros. Digo, dudo mucho que alguno de los primeros vampiros sigan vivos...
—El lider Tucker está con vida todavía.
—Sí, pero ahora está dando sus ultimos suspiros. —interrumpio como lo había hecho su amigo primero.— Ellos son imortales, siempre y cuando la enfermedad no les agarre de por medio.
Era un dato obvio que ya lo sabían, pero es que a veces se les pasaba por alto. Despúes de todo, es casi imposible que esas bestias se emferme antes de llegar al milenio.
—Como te decía, son bestias que no tienen sentimientos ni empatía, siento hasta pena de ellos, debe ser tan vacío ser una criatura de razonamiento pero no poder sentir nada.
Tweek sentía la necesidad de contradecirle, de decirle que no era así con todos ellos, pero se detuvo al momento de darse cuenta que Clyde solo estaba diciendo lo que les habían enseñado toda la vida, si le contradecía ¿Con qué argumento lo haría? "Hablé con una de esas bestias y en verdad si tienen algunos sentimientos" Sonaba muy estupido y no quería meter a su amigo en eso.
—¿Por qué la pregunta? —pregúnto su incognita de hace rato.
—Curiosidad tal vez... —respondío como si nada.
—Oh bueno.
Su amigo quedó muy extrañado aún así. Era más que conciente de que eso no tenia nada que ver con su estado de animo, a Tweek realmente no le importa lo que eran esas cosas, solo le importaba tener la más minima oportunidad para matar algunos de ellos. Él, junto a Eric Cartman eran las personas que mas odiaban y querian matar a todas esas cosas que pisan la faz de la tierra, (aunque este ultimo se pasaba, y por mucho). Podría sonar fuerte, pero su amigo tenía un muy profundo odio hacia esa especie.
—Tweek...
—¿Aún lo recuerdas, Clyde? —Lo interrumpío, volviendo a bajar la mirada.
Ahí la cosas tuvieron sentido, ahora sí veia cual era el verdadero motivo por el humor de amigo.
—Claro que sí, Tweek. Nunca lo olvidaré. —dijo enarcando unna sonrisa amarga en su rostro.
—Era tú mejor amigo antes de conocerme.
—Sí, lo recuerdo. Que tiempos aquellos...
Ambos rieron al recordar momentos de su niñez, cuando estaban con todo su grupo eran imparables. Cuantas locuras hicieron juntos en la House Black.
—¿Recuerdas nuestro primer juramento? —Tweek quitó su sonrisa y lo observo con seriedad.
—¿El de mantener siempre nuestros secretos entre nosotros? Claro que sí...
—¿Tú crees que Craig haya sido capaz de romperlo alguna vez? —Lo interrumpio tras su rpimera confirmacion.
Clyde sintío que se le desprendia la quijada al abrir tanto la boca por la sorpresa. Jamás en su vida, desde que habia conocido al rubio, imaginaría tan siquiera que el dudaría de aquel niño de su infancia que tanto lo había marcado. En verdad no podía entender que estaba pasando por la mente del chico.
No sabía que responder, quedó por un rato recalculando una y otra vez sus palabras antes dichas.
—Tweek... Yo creo que Craig nunca hubiera sido capaz de hacer algo así. Y menos si era algo tuyo.
Su amigo no dijo nada, tenía una gran confusion mental. Solo pudo acentir y seguir con mismo semplante zombie que tenia desde que se volvieron a encontrar en la noche. Clyde por su parte no sabía que hacer para que su amigo volviera a la normalidad, no le gustaba verlo así.
Por su mente pasó la idea de qué tal vez, solo tal vez, haya llegado el momento de tener esa charla.
—¿Sabés? ¿No crees que ya es hora de superarlo? —Se acercó a él, pasando una de sus manos por su hombro, acariciandolo a la vez.
Tweek suspiro con molestía, no entendia porque su amigo quería sacar ese tema justo ahora. No iba al caso y se le hacía molesto.
—Clyde, ya hemos hablado de eso. Sabes que no puedo... No puedo olvidarlo.
Clyde dió una sonrisa de lado, sabía que era así y de cierta forma trataba de entender a su amigo.
—Tweek, no tienes que olvidarlo. No se trata de eso...
—Pero es que no puedo solo superarlo. —Lo interrumpió sin dejarle terminar.— Mientras este en mi mente, jamás se ira de mi corazón. Jamás podre terminar de entender que él... Ha muerto. —Sintío sus ojos cristalizarse. Hace tanto tiempo que no hablaba de él en voz alta, cuando lo hacia sentía su corazón romperse como la primera vez.
Su amigo lo abrazó con insistencia, ellos no eran de abrazarce o demostrar afecto de esa forma. Pero sentía que su amigo lo necesitaba, lo cual no era del todo errado.
—Amigo, sabes que él te amó mas que a cualquiera, a Craig no le habría gustado verte así. Debes dejarlo ir.
El joven Tweek no dijo nada, solo siguío su abrazo y dejó caer unas lagrimas que tenía aguantando hace rato. Se sentía mal, pues su amigo no tenía idea de el verdadero motivo de su malestar, sus palabras no lo ayudaban en nada y solo hacía que se sintiera peor, pero no se lo diría. Solo le seguiría su asunto para que dejara de meterse en su asunto.
—Sé que sea lo que sea que te esté atormentado podrás seguir adelante, siempre lo haces. Dum spiro spero. —Sonrío de manera pasiva, tratando de trasmitirle la paz que necesitaba a su amigo.
—Dum spiro spero... —murmuró por lo bajo.
Luego de un rato, le pidío a Clyde un poco de espacio, necesitaba despejar su mente. Se despidio de él y después de esperar a que el otro esté lejos de él, lo suficiente como para no poder seguirlo, fue a pasear por el pueblo. Necesitaba tomar algo de aire para relajarse.
Lo que verdaderamente le estaba perturbando su mente era aquel vampiro de la media noche que lo visitó ayer. No podía superar el hecho de que pudiera defenderse de tal manera, ni que detuviera su ataque, aquel ataque que había perfeccionado por mas de ocho años, y no solo eso; Lo detuvo de la misma forma que lo había él. Algo dentro de suyo se sentía raro, dolido tal vez.
Pero es que se sentía traicionado, no sabía como esa cosa pudo detener su movimiento, solo había una explicación; Alguien se lo había enseñado. Y es que todo cuadraba, el mismo le había dicho que tenia apenas diecinueve años, él tiene diecinueve años. Craig debería tener esa edad.
Pudieron haberse conocido de niños, tal vez se veían en la noche; Maldita sea, Craig defendía mucho a los vampiros y le gustaba romper las reglas.
Pero, ¿Entonces Craig lo había traicionado? ¿Él se relacionaba con más vampiros? ¿Era amigo de ese animal también?
De pronto una idea descabellada pasó por su mente, algo que se veía imposible. No, no podía, el mismo lo vió morir, era simplemente imposible.
「Pero y si tal vez...」 Pensó por un momento con sorpresa analizando las posibilidades.
Una vez más negó, Tweek vió ante sus propios ojos como el amor de su vida moría en manos de esa asquerosa raza que él tanto protegía. No podía ser.
Sacó su collar, vio la foto dentro de su amado dije. No podía quitarle los ojos de encima, esa foto que antes se le hacía la cosa mas bella y dolorosa, ahora se veía como una imagen tan lejana y enigmatica, ¿Cuantos secretos se llevo a la tumba? ¿Cuantas cosas no le había dicho?
Sin duda está noche haría hablar a su compañero de la media noche.
