Emprendió carrera a su destino apenas llegado el anochecer, su madre y hermana iban tras él casi igualando su gran velocidad, tenían que apurarse, el camino era largo y debían aprovechar la falta de sol en el cielo.

Conocían el camino de memoria, sabían que hacer para ir aún más rápido así que no tardaron casi nada para llegar; Claro, era digno de la familia que encabeza a aquella raza.

Apenas llegados fueron recibidos por veinte guardias, quiénes los rodearon para poder protegerlos contra cualquier peligro que se les pueda presentar, las puertas fueron abiertas para que solo ellos pasaran y así fue.

Caminaron entre el lugar, anduvieron por una larga galería con grandes pilares de piedras esculpidos, llegaron hasta el centro del lugar donde se hayan las granjas humanas y justo al lado un gran almacén refrigerado donde de guardan las reservas de carnes y sangre suelta. Verificaron como estaba todo y se llevaron una vista muy deprimente: Los suministros y ganado habían aminorado a menos de la mitad de lo que habían antes, si no fueran por el resto de ciudadelas que habían aportado parte de sus recursos sobrantes, estarían en una escasez de comida absoluta.

Quedaron a ver el ganado humano, Tricia más que nada se quedó por un buen rato, dejando que su madre y hermano siguieran en lo suyo. Sabía que no podría estar en su reunión así que no había problema en que se quedara un rato a jugar, así de paso no molestaría en nada importante.

Por mas que Craig le prohibiera, ella gustaba de jugar con aquellas criaturas tan estúpidas que apenas llegar ya la miraban aterrados y trataban de huir hasta donde sus cadenas les permitieran. Se entretenía mucho jugar con ellos, disfrutaba de quitarles los ojos, las lenguas, abrirles el estómago, cualquier cosa que haga a esos animales reaccionar con esos tan graciosos gritos que sacan. Los humanos eran un juguete extraordinario para la chica.

Además de eso, eran un delicioso refrigerio, y con la gran escasez vendría bien empezar a ir preparando algunas carnes.

Por otra parte, los mayores tenían una junta en el centro del lugar. Ese día de encontrarían con los representantes de todas las ciudadelas. Puesto que tenían asuntos pendientes de los cuales discutir y esta, sería la primera reunión en la que Craig Tucker participaría como futuro líder.

Mentiría si dijera que no estaba nervioso, pues así era. Pero estaba más que decidido en dejar la mejor impresión a todos. Les demostraría quien será su líder, hará que le tengan el mismo respeto que a su padre.

Llegaron al gran salón donde se llevaría a cabo el evento, desde afuera ya se escuchaban voces hablando de manera muy acalorada, pero apenas pasaron ellos por las puertas de armó un silencio absoluto. Los representantes posaron sus ojos en el chico más que en la ya más que reconocida mujer, se dispusieron a ponerse cada quién en sus lugares y cada uno de los representantes guardó silencio esperando a que se de inicio a todo.

Craig solo quedó parado cerca de la mesa junto a su madre, sabía como debían hacerse las cosas allí adentro.

—Aquí y ahora —Empezó a hablar un sirviente— ante la presencia de el Representante de la Ciudadela Norte, Mike McKowski...

El nombrado se paro de su lugar, saludando con educación y elegancia desde allí.

—Representate de la Ciudadela Sur, Annie Barlett...

La joven se levantó de su asiento y con un simple movimiento de cabeza dio a entender su saludo ante todos los presentes.

—Representate de la Ciudadela Este, Georgie Smith...

El chico a comparación de los otros mayores, solo se paro en su lugar y ya. Tenía una mirada de indiferencia, aún así se notaba que no tenía ganas de estar en ese lugar, aunque destacaba mucho más por su apariencia tan juvenil a comparación de los otros.

「¿Un niño? ¿Comó un niño puede estar a cargo de algo tan importante como son las Ciudadelas?」 Pensó por un momento al ver al chico nombrado.

—Representante de la Ciudadela Oeste, Henrietta Biggle...

Esta estaba con la misma mirada indiferente que el menor a su lado, solo se levanto de la silla, pero aunque sea saludo con el mismo respeto que lo hizo el primero de ellos. El líder de la mesa pudo notar que había dado una mirada reprochante al chico a su lado, por lo visto eran conocidos mas cercanos que otros allí.

—Y por ultimo, en representación de su enfermo padre, tenemos entre nosotros a nuestro futuro lider: Craig Tucker, primogénito del líder Thomas Tucker.

El chico dejó su lugar para dirigirse a la silla cabecera de la mesa perteneciente a su padre, se acomodo frente a ella aún de pie y una vez quieto, todos los presentes en la habitación dieron una gran reverencia.

Craig solo tuvo que mover la mano para denotar que ya podían terminar con las formalidades.

—Se da inicio a esta reunion de emergencia, solicitada por todos los presentes. —Terminó al fin de hablar aquel sirviente, para luego retirarse rápidamente.

Luego de un rato solo quedaron solo los principales jefes de su raza, incluso la misma Laura Tucker tuvo que retirarse por los protocolos de su gente.

El silencio reinó en aquel salón, esta vez nadie sabía como empezar la discusion. Está era la primera vez que los representantes conocían a él primogénito de Thomas Tucker, no sabían ni como actuar ante él.

—La Ciudadela Este ya no dará de sus recursos a la Ciudadela Norte. —habló por primera vez el menor de la mesa.

Todos giraron a verlo, esa declaración era muy fuerte dada las circunstancias en las que se estaban metiendo.

—No es nuestra culpa lo que les ocurrió, nosotros tenemos más rango por lo tanto más personas que habitar...

—¿¡Cómo puedes decir eso, perse!? —Lo interrumpió molesto el chico de las mechas verdes.— ¡Eres tan egoísta como siempre!

—Eso dices porque tú ciudadela es la que a todos les importa, Mike —Siguío la chica junto al menor, quien sacaba un cigarrillo y lo iba prendiendo— Ustedes siempre se olvidan de el resto de vampiros que vivimos en el este o en el oeste.

—¿Ahora ustedes son las víctimas? Tienen más tierras, más rango y áreas libres. Por favor. —Contrataco la jóven junto a Mike, cruzándose de brazos mientras desviaba la mirada.

—¿Acaso te molesta que solo tengas islas sureñas pobres a tu cargo, Annie? —Henrietta la miró desafíante, con una sonrisa de lado.

—¿¡Y a ti tener tanto territorio pero no la capital!? —Intento defenderla de cierta forma su amigo Mike a su lado.

Una gran disputa con gritos y reclamos de armó en aquella mesa. Siempre eran así, las rivalidades entre las ciudadelas venía de mucho tiempo atrás, incluso antes de que estás sean construidas y formalizadas como tal, cuando aún solo eran manejados por clanes familiares.

El clanes del Este y Oeste siempre han sido aliados, los clanes Sur y Norte también. Pero compartían rivalidad entre si, con el tiempo se fueron juntando más hasta el punto de delinear una muy marcada línea que los separaba. América se dividió entre los clanes del Norte y Sur, en cambio Europa y África quedaron para los clanes del Este mientras que Asia y Oceanía se tuvo que dividir entre los clanes del Oeste.

Un golpe seco que casi rompe la mesa hizo que todos se callaran, miraron asustado a la cabecera de la mesa y se encontraron con un muy furioso Craig, quienes sus ojos carmesí parecían prenderse como un fuego potente que amenazaba con carbonizar a todos.

—¡Callense de una puta vez! —Su grito hizo que todos se paralizaran en sus lugares y se girarán a verlo— ¡Mi padre tal vez podría aguantarse sus estúpidas peleas innecesarias y sumamente infantiles, PERO YO NO!

Todos los presentes se acomodaron lentamente en su lugar, como estaban antes de alterarse, ante la pausa de sus gritos. Para ellos era sorprende; Nunca antes, ni el mismo Thomas Tucker, les habían hablado de ese modo. Hasta su padre era consciente de que era difícil, casi imposible, hacer que pudieran tener una convivencia en paz.

Ahora su hijo les estaba haciendo cerrar la boca a todos, quien lo diría.

—Me vale una mierda sus rivalidades, ni quién tiene más rango a su cargo o menos. —Se levantó de su silla y volvió a golpear la mesa.— Ahora estamos en un punto crítico y ustedes como representantes de los vampiros de sus zonas tienen la obligación de velar por su protección.

Craig salió de su asiento y empezó a caminar al rededor de la mesa, bajo la mirada atenta de todos los presentes en esta.

—La mejor forma de protegernos es brindarnos apoyo mutuamente. Carajo, somos la misma raza y ahora mismo tenemos una puta garrapata jodiendonos con todo.

Detuvo su andar justo al lado del asiento de representante más jóven de la mesa, haciendo que a este le agarrara escalofríos al sentir su presencia. Podía sentir su mirada de desprecio contra él.

—Lo que hicieron los rebeldes en la Ciudadela Norte, puede ocurrirles a cualquiera de ustedes, ¿¡Quién les dijo que la zorra que los dirige no está planeando atacarlos!? ¿¡De verdad se consideran a salvó solo por estar al otro lado del mar!? Porque hasta yo de niño podía cruzar un poco de agua, correr sobre ella no necesita mucha práctica para su información.

Los representantes bajaron la mirada con algo de pena, las palabras del jovencito eran muy maduras y sinceras, cruelmente sinceras. Craig estaba haciendo nacer una mezcla entre odio y respeto en ellos.

—Ahora mismo les digo, el donar aunque sea una migaja de sus recursos a la ciudadela más necesitada en estos momentos será su obligación. —El jóven se dirigió a su lugar y se sentó— Ahora tenemos muchos temas de los cuales discutir, espero sigamos nuestra linda reunión con tranquilidad. —Terminó dando una sonrisa muy mal actuada.

Nadie volvió a levantar la voz en todo lo que restó a su encuentro, esa pequeña demostración de la actitud de su futuro líder les fue suficiente para darse cuenta que nada será como antes. Que desde ahora las cosas cambiarían demasiado.

Tal vez para bien, tal vez para mal.

En las afueras de South Park, el jóven Hunter Tweek estaba solo, ya había pasado horas desde que no vió al chico de capa como ayer. No le hubiera molestado, y es más lo habría agradecido, si no fuera porque estaba en un lío mental de no saber que mierda fue lo había pasado hace poco.

Tenía miles de teorías conspirativas que lo carcomían por dentro, tantas preguntas que no encontraban receptor, se empezaba a dar cuenta que su visita nocturna no vendría hoy.

¿Será por lo ocurrido antes? Tal vez aquella criatura de dió cuenta de que él se había dado cuenta que alguien le enseñó aquel movimiento... Tenía sentido, ¿Verdad?

Bueno, si se ponía a analizarlo en frío, solo fue algo pequeño y ya está enloqueciendo, debería tratar de pensar en algo más.

Bebió de su cantimplora cargada de café frío, hace mucho tiempo que no sentía esos nervios que tenía ahora, incluso estaba volviendo a tener aquel tic que lo marco en la niñez. Creía haber manejado esos problemas hace tiempo, pero con todo lo que estaba pasando a su alrededor le afectaba de más.

Los ataques nocturnos, la inminente guerra, aquel misterioso vampiro... Cada vez sentía que perdería más la cabeza si seguía pensando en todo ello.

—¡Cuidado!

Se giró rápido al escuchar un grito detrás suyo, no le dió tiempo de ponerse en guardía pues una de esas bestias lo habría empujado al piso, rasgando a la vez su camisa con sus monstruosas garras que ya venían cargadas de sangre de alguna víctima anterior.

Cuando cayó en cuenta de la situación, se encontró con la bestia cara a cara, apunto de matarlo, amenazándolo mostrando sus feroces dientes. Antes de que pudiera terminar de sacar su arma, vio al vampiro siendo atravesado por una espada, dando unos últimos quejidos a la vez que trataba de cualquier forma sacar esa cosa de su pecho, para luego solo caer muerta en el piso.

—Memento vivire, memento mori... —habló bajo mientras sacaba el filo del cuerpo de la criatura.

Tweek quedó un rato en el suelo al lado de aquel cadáver, esa cosa casi acaba con su vida, aún no podía creerlo. De no ser por su amigo Clyde, habría muerto.

—¿Qué le pasó a nuestro gran líder que estaba con la boca abierta? Eso no es propio de tí, Tweek. —dijo gracioso, sin dejar de mirar su arma en busca de raspones o algo.

—Gracias por cubrirme... —fue lo único que pudo articular, al no salir del impacto.

—Siempre para tí, amigo.

Este se puso a su lado, a la vez que se ponía a limpiar su amada espada. Ayudó al rubio a levantarse, ninguno de los dos quiso seguir diciendo algo del tema, ambos eran conscientes de lo mal que debía estar Tweek como para ni siquiera darse cuenta de que una de esas cosas estaba cerca de él.

Era el mejor de los Blood Hunters de su generación, y hace un rato casi de lo come un vampiro. Eso era más que humillante para él.

—No te sientas raro o algo... —habló su amigo, dando unas palmadas a su espalda— Esas cosas han estado cada vez más salvajes.

La alarma mental dentro suyo empezó a sonar ante esa declaración, lo cual le hizo tener más curiosidad con lo que le decía el chico a su lado.

—¿Qué? ¿A qué te refieres?

—Sí, a mí se me escaparon tres y escuché que Nicole no pudo dispararles a dos de ellos. —Analizó en silencio sus propias palabras— Nos defendimos bien, pero eso no quita el hecho de que se nos fue más difícil que de costumbre.

Tweek estaba atónito, eso no era normal. Algo más grande se están teniendo entre manos, y eso sin duda no puede ser nada bueno.

De pronto cruzó por su mente aquella criatura que vino a visitar la noche anterior. Recordó que había dicho que necesitaba información, ¿Significa que para eso era la información? ¿Para poder pelear contra ellos?

Algo dentro suyo sentía mucho enojo, esa persona quería utilizarlo. De pronto se sintió idiota por no haberlo matado cuando pudo, y más aún por haber pasado la noche esperando verlo. Cayó en su trampa, fue tan imbécil que cayó en la trampa de esa criatura.

—Oye, voy en camino a ver al novato, Stan dijo que debo ser su compañero para cuidarlo, ¿Vienes? —Clyde avanzó ante él, señalándole el camino que tomaría para ir.

El rubio dejó sus pensamientos a un lado, para concentrarse en lo que ocurría en ese momento.

—No puedo, lo siento. —dijo firme, volviendo a su puesto esta vez más concentrado que antes.

Está vez no volvería a distraerse con pensamientos estúpidos, se concentraría plenamente en su trabajo por esta noche, mataría a unos cuantos vampiros y trataría de recuperar su buena racha.

Su amigo frente suyo no dijo nada más, solo alzó los hombros al ver que no había más que hacer, dió un salto y se perdió en el camino al centro de South Park.

No obstante, su nuevo destino, arriba de aquella edificación perteneciente al puesto que le toca vigilar al jóven Leopold, no se encontraba al chico en su posición asignada exactamente.

Detrás de lo que parecía un pequeño almacén, se podía oír vulgares sonidos de las pieles chocando con rudeza, acompañados de los sonoros gemidos a todo volumen que solo denotaban el placer que estaban sintiendo ambas partes.

—¡K-Kenny! ¡Más! ¡Dame m-más! —Trataba de formular jadeante, sonriendo con lujuria a su pareja.

El pequeño Butters se abrazaba más a él, subía y bajaba al compás del movimiento de caderas del mayor. Este por su parte amaba ver a su niño tan cooperativo. No podía negar lo orgulloso que estaba de ser quien manchara aquel cuerpo antes virginal, su chico lo volvía loco, sentía su interior tan caliente y apretado como siempre, cada vez aumentaba mas las ganas de hacerlo aún más fuerte.

Su deseo por romperlo en ese vaivén también aumentaron.

Mordió su hombro desnudo sin descaro alguno, haciendo que el jovencito sobre él gritara extasiado, acabando sobre su pecho, manchandolo con su dulce escencia.

Kenny siguió sus embestidas por unos minutos más, hasta que al fin pudo sentir esa electrónica sensación, llegando al orgasmo como su pareja.

Ambos quedaron un rato en esa posición, tratando de calmar sus respiraciones uno con el otro. Cuando lo lograron, el mayor salió de Butters, para luego quedar ambos mirándose a los ojos con una sonrisa realizada.

Kenny tomó su campera naranja oscuro y se la dió al menor para cubrirse, pues aunque el solo se hubiera quitado las prendas de arriba, su pequeño estaba faltó de sus pantalones y lo único que aún cargaba, era una camisa gris abierta y caída que apenas si estaba cubriendo sus brazos.

—Oye, si no comes empezará a pudrirse. —dijo el jóven Butters, apuntando con la mirada al cadaver de la chica a su lado.

Ambos la vieron y rieron, tenía razón en cierta forma, pero aún así no planeaban apurarse mucho.

—Ow, eso sería una lastima. Con todo lo que te debió haber costado traerla aquí. —respondío gracioso, mientras besaba con dulzura su mejilla.

Leopold también se rió aún más con ello, era obvio que engañar para traer a la chica a su trampa había sido fácil. Aún recuerda con gracia el rostro de impacto al encontrarse con su amante ante ella. Aunque sabía que para sus códigos estaba mal, con el tiempo empezó a disfrutar cada vez más de esta parte de el trato que tenía con su amado.

Se levantó de encima de él para buscar su ropa y vestirse, no solía ser así pero era consciente de que su pareja tenía hambre. Aprovecharía para arreglarse mientras este se alimentaba.

—Bon apetite...

—Gracias, amor. —Lo miró feliz para luego empezar a devorar la piel de la muchacha muerta, directa de su brazo.

Al terminar de ponerse sus prendas faltantes, el jovencito miraba maravillado como su pareja se deboraba a esa persona. Sus dientes eran capaces de hundirse en la carne cruda y despedazarla, como si de un simple pedazo de pan blanco se tratara.

Le sorprendía el ver a esa persona que antes era un mortal cualquiera convertirse en carne desmembrada en tan siquiera minutos, tenía el recuerdo de la linda chica que conoció en la mañana y ahora era eso; Un asqueroso manojo de carne y viseras mal armado. Podía ver sus órganos, sus músculos y todo su verdadero ella, aquel interior del que siempre poetisaban las personas.

Dirigió su mirada a su pareja, no dejaba de perturbarle (y a la vez maravillarle) la forma en la que este cambiaba al entrar en contacto con carne humana de manera natural. Como sus uñas se transformaban en garras, algunas venas negras se hacían visible en su pálida cara y sus bellos orbes azules se volvían vacíos y oscuros como la noche misma.

Kenny notó su mirada y paró con su comida para verlo, el menor se acercó a él, sin importarle en lo más mínimo la sangre en la boca lo besó con dulzura, acariciando su mejilla suavemente.

Fue un beso rápido e inocente.

Se separó de el y limpió la sangre de su boca. Se levantó del piso para dejar a su pareja comer en paz. Aunque notaba que lo estaba haciendo demasiado rápido, más que de costumbre.

—¿Por qué la carrera? —habló mientras acariciaba su cabeza.

—Tendras visita, voy a tener que retirarme rápido. —respondío aún con carne en la boca.

Se separó de el rápidamente y miró para todos lados, controlando que nadie haya estado cerca para ver su espectáculo sexual de hace unos minutos.

—Chispas... ¿Es enserio?

—Seh, uno de tus compañeros. Está a unas calles.

El menor rodó los ojos y suspiró, odiaba tanto que sus compañeros se metieran en las noches con su pareja. No podían entender que él podía cuidarse solo, lo sobreprotegian desde el accidente de la otra vez.

Cuando volvió a girarse, Kenny ya no estaba por allí. Al igual que el cadáver de la chica de hace unos minutos, solo dejó un asqueroso charco de sangre.

Terminó de arreglar su ropa, controló que nada más este fuera de lugar. Fue luego hacía el área donde estaba la sangre derramada y hecho unas gotitas de uno de sus químicos favoritos. Hacía que cualquier líquido se secara rápido, así parecería que esa mancha fue hecha días atrás.

Tomó su arma en mano, y empezó a caminar como si estuviera haciendo una guardia cualquiera. Debía disimular lo más posible, aunque empezaba a sentir algo de dolor en el área de la espalda baja.

Pero más allá, entre los edificios abandonados pudo divisar los ojos de su amado, sus brillantes ojos azules que destacaban tanto con su brillo en la noche oscura, dandole las despedidas desde lejos.