En la pequeña plaza de South Park, de encontraba un jóven pelirrojo algo perdido en si, mirando la nada mientras reflexionaba sobre todo lo que le estaba pasando.

Ahora era más conciente de lo que estaba pasando con él, con su organismo. En tan siquiera unos días pasó de tener una tranquila vida normal a tener que arrancarse un pedazo de su carne para poder alimentarse de algo que su cuerpo digiriera, pero, al momento en que pierda ese poco lado humano que le queda, ¿Qué será de él?

Vió en su brazo la manga de su remera, la levantó lentamente para corroborar que la herida de esa noche estaba sanando, aún se veía roja y en carne viva, pero aún así era raro puesto que solo unas horas atrás había sacado un gran pedazo de carne en esa zona y, además de no estar muerto, ya estaba con signos de poder curarse dentro de poco.

Suspiró con tristeza, volvió a ocultar la herida bajo la tela y enfocó sus ojos al lugar donde en cualquier momento saldría el sol. No sabía si esa sería la última vez que podría ver la luz del día, debía tomar provecho de todo el tiempo que aún tenga con su mortalidad.

Parecía un diálogo de película, una historia tan tragicomica que va perdiendo cada vez más su gracia una vez que notas todo lo surrealista que la compone.

—¿No es muy temprano para que estés solo aquí?

Escuchó una voz a espaldas suyas, se giró para ver al emisor de aquellas palabras y notó que reconocía a esa persona, se trataba de uno de los clientes matutinos. Era parte del grupo que acompañaba a Stan siempre, los que estaban antes que ellos llegarán... Era uno de ellos.

—Ni siquiera ha salido el sol, aún es peligroso estar afuera. —Siguio hablando, mientras se acercaba más a él.

Kyle se sentía extrañado, muy pocas veces le había dirigido palabra alguna aquel chico, mas que simples frases de coqueteo.

—Solo quería salir a tomar aire... —dijo casi como si estuviera susurrando.

Cyde por su parte solo hizo una mueca de duda, se notaba a leguas que ese no era el motivo del porque estaba afuera, aún con la oscuridad de la noche en plena madrugada, como si hace unos días no hubieran tratado de matarlo. Pero, ¿Quién era él para meterse en la vida de los demás? Prefirió no seguir indagando sobre eso, le gustaba los chismes pero debía ubicarse.

—Supongamos que te creo... ¿Está ocupado? —habló refiriéndose al lugar a su lado en la banca.

—No. —respondío simple, moviéndose para darle más lugar a sentarse.

Se acomodó allí y estuvieron un rato sentados uno al lado del otro, sin decir nada, dejando que solo la brisa fresca del lugar hiciera mínimos sonidos. Se sentían algo incómodos, no lo podían negar, pero ninguno de los dos sabía cómo cambiar el ambiente, no sabían que podrían hablar entre ellos.

—Así que... ¿Hoy sí irás a trabajar? Ayer ya no te ví en el café y el día anterior tampoco. —Clyde empezó la conversación, aprovechando para aclarar una de sus dudas.

—No, lo siento. Ultimamente no me siento muy bien, así que me tomaré el día libre... O tal vez días.

El castaño lo miró sorprendido, no estaba esperando una repuesta de ese estilo. Ya hacía meses que su equipo había llegado al pueblo, era parte de su rutina ver al pelirrojo todos los dias em aquel café. Él se volvio parte de su día a día, imaginar a alguien mas siendo el que lo atienda se le hacía tan raro.

—Que pena, en verdad quería verte atenderme como siempre. —habló mientras discretamente pasaba su brazo por encima de los hombros de Kyle.

Este notó su acción, pero realmente no hizo nada. No tenía porque negarse a una muestra de cariño ligero... Sí, claro, solo estaba haciendose el tonto, sabía que la mejor forma de rachazarlo sin lastimarlo era con la indiferensia y ya. Eso siempre hacía con los clientes como él, ¿Por qué no funcionaría esta vez?

—Entonces tal vez regrese pronto a trabajar de nuevo. —Le siguió el "juego" con gracia.

Aunque Clyde siempre bromeara, parte de su coqueteo era en serio. Le dolía un poco que el chico no lo tome en serio, su orgullo de casanova se sentía muy golpeado.

—Es que, no es lo mismo sí no tengo mi desayuno junto a mi dulce bombón rojo. —Hizo un pequeño puchero infantil.

Kyle se sonrojó un poco, más por verguenzan que por nada, era nueva la situacion que estaba viviendo en esos momentos, nunca nadie le dedidaca ese tipo de palabras fuera del trabajo, se sentía algo raro... Y maricón.

—¿Acaso esa es tu forma de coquetear?

El castaño no pudo evitar soltar una gran carcajada tras eso, el chico a su lado si que era listo, lo había descubierto como si nada. El jóven también rió un poco, se daba cuenta que la risa del chico a su lado era muy contagiosa.

—Me descubriste, acepto todos los cargos en mi contra. —Clyde levantó las manos como un criminal cuando lo arrestan.

—¿Y alguna vez te ha servido con alguien?—pregúnto con tono algo humoristico.

—Mmmm... —Puso su mano en el mentón, como si estuviera analizando todo.— Aunque no lo creas, sí. Me ha servido muchas veces.

—¿Es en serio?

—Pues claro, soy un romántico emprendedor, cariño.

—Osea, un casanova. —habló mientras levantaba una ceja.

—Sí, También.

Kyle no pudo evitar volver a reír, ahora entendía porque aquel grupo que llegaba a la mañana siempre se la pasaban carcajeando, o golpeando al castaño. Era gracioso, pero a la vez un idiota.

Le caían bien las personas así, aunque no lo admitiría en voz alta.

—Tu sonrisa es muy linda. —dijo casi sin pensarlo al ver al chico a su lado reír de manera tan linda.

—¿A cuántos les dices eso?

—No, no. Esta vez es más que sincero, tu sonrisa es muy, muy, linda.

Dejó de reír y miró a los ojos al chico a su lado, no sabía si creerle o si realmente era una frase suya para ligar. Sonrió de costado, era un bonito alago siendo que siempre lo que más trata de mantener es una bella sonrisa para todos.

—Gracias...

—Aunque sería más lindo que dieras esa sonrisa sincera, en vez de la falsa que utilizas siempre.

El jóven pelirrojo se atoró con su propia saliva, miró con sorpresa al chico junto a él, este solo lo miraba con una sonrisita amistosa como si nada.

—¿Por qué lo dices...?

—Digamos que, sé leer a las personas. —Tras decir eso guiñó un ojo.

Entonces Kyle recordó el detalle de que la persona frente a él no era un mortal normal, tenía sentidos más desarrollados que él mismo; Tal vez eso ayudó a que se percara de ese detalle más rápido.

—La sonrisa que muestras a todos es muy bonita y tierna, pero creo que cuando lo hagas con verdadera felicidad será la sonrisa más hermosa que harás en tú vida.

—¿Qué...?

Iba a hacerles unas preguntas más, pero el sonido de un disparo a la lejanía hizo que ambos se girarán en busca de donde provenía el sonido.

—Lo siento lindo, pero aún tengo que terminar el trabajo. —Se paró ante él con rapidez— Ya sabes, este pueblo es un campo de batalla de noche.

—Espera...

—Nos vemos. —Tiró un beso al aire, para luego saltar y salir corriendo.

El joven Kyle iba a responder, pero el chico frente a él ya se había ido lo dejó con las ganas de hablar. Vió en el piso donde hace un él estaba parado, encontró un pequeño papelito que tenía anotado un número de teléfono junto con un "Mi nombre es Clyde. Llámame, cariño".

—Que payaso... —murmuro enarcando una pequeña sonrisa.

Aún así, estaba molesto con ese chico, mejor dicho, con ese grupo de chicos ¿Qué tenían con desaparecer sin dejarte hablar?

Mientras tanto, mucho más alejado de esa plaza, en la entrada del bosque y salida de South Park, el jóven Tweek estaba dando sus últimos minutos de trabajo, pronto el sol saldría y tendría que reunirse con su equipo.

Al igual que el día de ayer, esa cosa no había vuelto a aparecer, lo más probable sea que ya consiguió lo que buscaba y no necesitaba verlo más. Ya manchó su orgullo, lo humilló y dió información de como son o como atacan los Blood Hunters a su gente para que pueden destruirlos más rápido.

Ya está, ahora estaba libremente como si nada hubiera pasado. Tweek se arrepentía tanto de no haberlo matado cuando pudo. Eso nunca se lo perdonaría personalmente.

Si volviera a toparse con ese vampiro, juraba que lo mataría fin dudarlo más.

De pronto, sintió esa típica brisa anormal que le advertía que tenía visita. Se giró rápido como siempre sacando una de sus dagas está vez, se puso en guardía apuntando a lo que sea que esté a sus espaldas.

No obstante, el chico se sorprendió de sobremanera al ver de quién se trataba, haciendo que su mano tamblara un poco por verlo en ese momento.

—¡Tú! —gritó Tweek con rabia.

—Sí, yo... —apenas pudo terminar de hablar, pues el de cabellos rubios ya se estaba lanzando a atacarlo.

Está vez era muy diferente a la noche anterior, está vez parecía un ataque para nada pensado ni calculado. Se podría comparar a esos ataques de rabia que le agarran a los niños pequeños que les da por golpear a los mayores; Pues el chico frente a él hacía algo así.

Solo estaba tirando apuñaladas a lo loco al aire, incluso estaba con los ojos cerrados de rabia. Era muy estúpido todo eso.

—¡Hey! ¿¡Qué te pasa demente!? —Trató de hablar Craig, empujando no tan fuerte al otro solo para hacerlo entrar en razón.

Tweek miró aún con más enojo al vampiro en capa frente a él, sentía tantas ganas de matarlo en ese mismo instante que podía llegar a ver sus manos temblando por el deseo de clavar esa daga en su cuello de una vez.

Parecía que pensar en él lo había invocando.

—¿¡Qué me pasa!? ¡Tú me pasas, maldita rata traidora!

—¿Qué? ¿De qué me estás hablando? Yo ni siquiera...

—¡Te dejé vivir porque en el fondo te creí el teatrito de "Quiero demostrarte que no todos los vampiros somos aquellos monstruos con los que te criaste"! —Lo interrumpió sin dejarlo terminar de hablar.— ¡Pero tú solo fuiste con tus amiguitos a darles la información que recaudaste!

—¿Qué...?

—¡Pues claro! ¡Jamás ninguno de ustedes había llegado a pelear con un Blood Hunter y sobrevivir! ¡Seguro les dijiste que movimientos usamos y como evitarlo! ¿¡No!?

Craig se estaba empezando a desesperar, el chico ante él no paraba de hablar y acusarlo de locuras una más conspiranoica que otra, incluso había sacado su otra daga para amanezarlo con ambas. A este punto incluso se le sumaba un tic en el ojo en el ojo derecho que solo lo llevaba a pensar algo; El chico tenía problemas mentales, y vaya que serios problemas.

—¿¡Podrías calmarte y explicarme primero de que me estás hablando!? ¡Si vas a matarme ten la decencía de mínimo decirme porque! —dijo levantando las mano, demostrando que no buscaba pelea.

Sabía lo difícil que podría ser tratar con desequilibrados mentales, trataba de en lo posible calmarlo un poco y no alterarlo más.

—¡No te hagas el estúpido! ¡Sabes perfectamente lo que está ocurriendo! ¿¡O acaso solo fué una coincidencia que después de que TÚ te encontrarás conmigo los ataques a Blood Hunters se volvieran más fuertes!? —Tweek hablaba tan rápido que parecía que no se daba un minuto para respirar.

Ahí el azabache cayó en cuenta de algo, claro que no fue una coincidencia; Él salió en busca de algún Blood Hunter que pudiera ser su aliado luego del robo a la ciudadela, justo en ese momento los rebeldes deberían tener alimento de sobra como para comer de más.

Empezar una dieta con exceso de alimento natural en un vampiro lo vuelve más feroz y salvaje, hace que se conecte aún más con su lado animal y demoníaco.

—Sí, en realidad sí solo fue una gran coincidencia.

El chico de cabello rubio lanzó una muy sonora carcajada, que denotaba burla e incredulidad. Sentía que la criatura frente a él realmente ni siquiera se esforzaba por inventar una mentira creíble como mínimo.

—¿Es lo mejor que senté ocurrió? ¿¡En verdad crees que soy tan idiota!?

Las dagas del chico se acercaron peligrosamente a él, amenazándolo con destapar la capa que cuidaba de no revelar su identidad. El jóven azabache tuvo que respirar hondo, todavía existía una oportunidad de arreglar las cosas con el diálogo y eso haría, como futuro líder de su raza debía tratar de usar la diplomacia.

—¡No es eso! Ya te he dicho que yo no soy parte del grupo que los está atacando, mierda.

—¡Mientes!

—¡Que no! ¡Yo no estoy de su lado, yo estoy del lado de los líderes Tucker! —Craig se calló a sí mismo al darse cuenta que cada vez estaba hablando de más.

Tweek iba a contraatacar, hasta que se dió cuenta de que lo que acababa de decir contradecía a todo lo que creía hasta ahora. Algo en el lo llamaba a escuchar un poco más de sus palabras.

—Espera, ¿Acaso no eran los Tucker los que organizaron todo este ataque? —Tweek bajó un poco sus armas al darse cuenta que estaba apunto de descubrir algo nuevo.

Por su lado, el chico bajo la capa se estaba maldiciendo internamente, había hablado demás, ¡Si tan solo lo hubiera hecho antes! Ahora estaba metido en un gran lío.

—Mira, solo te diré que los vampiros estamos en un gran lío político que nos llevó a la división de dos bandos, si es que ya no hay un tercero en las sombras. Pero el punto es, que hay muchos que estamos en contra de los ataques de los ataques, eso son los que están del lado de los Tucker. —Trató de explicarlo de una forma en la que no revelará mucho de golpe.

Estaba en un lío, justo la noche de ayer se vió en la obligación de hacer algo que jodía el plan de buscar ayuda a los Blood Hunters. Ya había contactado con uno, todavía no había planeado como hacer para hablarle del tema pues es que literalmente era cambiarle las ideologías con las que una persona se había criado por diecinueve años, pero ahora lo tendría aún más difícil.

—Oye, no entiendo nada, ¿No puedes explicarme mejor? ¡Esto es muy confuso! ¡Esto es mucha presión para mí! —El rubio trataba de calmarse pero no podía, realmente no podía.

Nuevo Protocolo de la corte de Representantes: Los asuntos políticos no pueden llegar directamente a oídos de Blood Hunters o mortales, todo lo relacionado a ello queda estrictamente entre los jefes y líderes vampíricos.

×Craig Tucker

—Esa información no puedo dartela ahora, Tweek. —dijo dudoso al no recordar si ese era su nombre o no.

Ahora mismo se estaba pregunta en qué estaba pensando cuando accedió a firmar aquel documento, la presión de tener a todos los representantes esperando que él haga lo correcto y accediera a ese acuerdo le ganó.

Él era el único demente que se le cruzaba por la cabeza pedir ayuda para destruir vampiros o los que literalmente nacieron para hacerlo.

Tweek por su lado se daba cuenta que lo que le ocultaba era algo muy grande, demasiado tal vez. Le frustraba tanto no saber como poder conseguir ello.

—¿Qué necesitas que te dé para brindarme esa información? —pregubtó casi sin pensarlo.

Craig analizó las cosas, buscaba el más pequeño hueco para poder decirle todo, para poder explicarle la situación sin romper el nuevo protocolo.

Oh, ese protocolo, ese nuevo bendito protocolo. Sin duda cuando acceda como líder oficialmente lo destruiría.

De pronto lo encontró, se dió cuenta de la fórmula en la que los dos podrían obtener lo que necesitaban.

—Podemos hacer algo... —Llamó la atención del rubio frente a él— No puedo decirte todo así como así, pero si puedo ir dándote la información de apoco de manera más subliminal.

—¿Aja...?

—Haremos esto, usaremos este inicio de semana para vernos todos los días en el mismo lugar, te diré lo que pueda en el tiempo repartido entre esos siete días pero tú tendrás que decirme algunas cosas también.

El rubio pensó por un momento el trato, sonaba muy arriesgado pero tal vez lo ayudaría a entender a que se estaban enfrentando verdaderamente. Incluso tal vez, solo tal vez, evitar aquella inminente guerra que aterra a toda su gente.

—Está bien, hagámoslo. —El chico ante él tendió su mano para poder sellar acuerdo— Pero, después de esos siete días no volverás a aparecer nunca más por aquí, haremos lo que tengamos que hacer y luego de eso seguiremos como si nunca hubiéramos tenido contacto. —Siguío hablando, poniendo en la mesa sus puntos para cerrar el acuerdo.

Craig no tuvo que pensarlo mucho, le parecía bien y tenía sentido después de todo.

—Sí, hagámoslo.

Sellaron el trato estrechando sus manos, ambos tenían una media sonrisa al estar satisfechos con su trato.

Tweek estaba por decir algo más, cuando de pronto se dió cuenta que los primeros rayos del sol amenazaban con empezar a salir, estaba por advertirselo a su contrario, hasta que se dió cuenta que él ya lo había notado antes que él incluso, pues ya se había ido.

Suspiró hondo, rezaba internamente para que esta semana sí que valiera la pena.