Desde que habían conseguido todas esas provisiones tenían suficiente como para comer de más y recuperar todas esas fuerzas perdidas antes. Era motivo de festejo puesto que cada vez eran más salvajes, más potentes y ya ni siquiera habían perdido a otro aliado.

También era momento de festejar a los enviados al sur, quienes habrían aniquilado un equipo completo de seis Blood Hunters. Como prueba de ello, habían traído el brazo de su líder, el único de color entre todos los otros pálidos.

Colgaron aquel brazo cual trofeo en medio de la cueva que los refugiaba.

Se sentían más fuertes que nunca, técnicamente ya habían ganado la guerra sin batallarla, tal y como en el plan de su comandante. Todo estaba saliendo a la perfección, nada podría arruinarlo.

Por su parte, y muy alejados de todos, Wendy junto a Gregory brindaban a solas con unas copas de sangre (a petición de esta), ahora empezarían a atacar directamente a los Blood Hunters y planeaban empezar emboscadas masivas a todos lados, incluso atacarían vampiros de las ciudadelas que tengan que salir po motivo.

Cuanto más dañaran a ambos lados, más rápido sería su enfrentamiento y se destruirían antes.

Ambos veían la victoria más cerca que nunca y junto a ella, la revolución de su raza como siempre habían soñado. Sin deberle a nadie, sin tener leyes estúpidas atandolos de su propia naturaleza y con la posibilidad de elegir a quienes los dirijan.

—Snock, snock. —Alguien golpeó la pared frente a ellos, remarcando su presencia.

O mejor dicho, llegada.

Ambos giraron a verlo, estaban sorprendidos de tener al chico frente a ellos. Ambos jurarían que terminarían sin verlo hasta la noche, ahora estaba sin remera, con muchos vendajes y una cara realmente cansada esperando por su atención.

—Christophe, ¿Qué te pasó? —preguntó el rubio, acercándose a verlo más de cerca.

—El maldito sol me alcanzó justo cuando estaba por salir de mi escondite. —habló alejándose un poco, para que no tocará las quemaduras bajo en vendaje— Mierda, trate de venir igualmente y me quemé, no es mucho.

Eso era raro, sabían que el castaño era especial; El sol nunca le haría tanto daño como a los demás. Eso en su gente se considera una enfermedad muy rara, normalmente representaba la debilidad de ellos (aunque era muy estúpida esa idea según pensaban estos chicos), pero para que lograra hacerle heridas, debió haber estado en un lugar muy alejado.

—No lloren por mi, las chicas ya me pusieron esas mierdas para las quemaduras y estoy mejor. —Siguió explicando, apuntando a las mujeres detrás de él, las encargadas de ayudar a los heridos que llegarán a tener.

Su amigo rodó los ojos con algo de molestia, sabía que esas mujeres habían aprovechado para tocarle todo lo que quisieran, y él sin duda no se había negado en absoluto. Era raro, pero en cierta forma le molestaba.

—Bueno, ¿Tenías algo que decirnos o qué? —habló con molestia Wendy, a ella no le agradaba mucho que digamos el castaño.

Se compartieron miradas de odio, sí, el desagrado era más que mutuo.

—Ciertame sí, esto puede arruinarles el festejo, pero hay algo en su plan que les está fallando. —Sus palabras pincharon la burbuja en la que estaban sumergidos hace horas

La chica se sintió más que ofendida, como si estuviera menospreciando su trabajo, todo iba bien, ¿Cuál podría ser el error? Estaba sintiendo que eso solo lo decía para desprestigiarla, no podría esperar otra cosa de alguien como él.

—¿Por qué lo dices, Topo? —preguntó intentando disimular su molestia.

Este sacó un cigarrillo de la caja que siempre traía consigo, lo prendió con calma como si nada estuviera pasando, le dió una calada, sabiendo lo que seguía de esto.

—Pues, según mis descubrimientos esperando poder escapar; Hay vampiros que están buscando hacer una alianza con los Hunters, algunos ya lo han logrado de manera muy íntima debo admitir. —Se aproximó más a ellos, empezando a dar una lenta caminata.

Los otros dos se miraron entre ellos, sonaba algo muy imposible de creer, tal vez les estaba tomando el pelo, haciendoles una mala broma. Pero al ver la seriedad de su mirada, descartaron rápido aquella idea.

Con un disimulo fallido, ambos posaron sus vistas en él impactados.

—No falta mucho para que estos descubran juntos todo lo que llevas a cabo y vengan a matarnos directamente. —hablaba con su tono neutro, recostandose contra la pared contraria a ellos.

El silencio reinó en aquel lugar, oh, ese maldito silencio. La vista de los chicos se concentraba ahora en su comandante. Uno con algo de burla por el fracaso del plan de su no declarada rival, otro con más preocupación, siendo más conciente de que algo así era muy prejudicial para todos.

Esa falla no estaba en su plan, es más, ni siquiera la veía como una posibilidad.

Una alianza entre ambas razas sería mortal, pero improbable, ¿Cómo puede estar ocurriendo? ¿Cómo podría ser posible que lo hagan cuando todo parecía ir tan bien? La chica se veía en un enredo, no sabía que hacer ahora.

—¿Tienes una idea de cómo manejarlo? —Wendy miró a su compañero, esperando oír alguna respuesta él.

Pero para su mala suerte, ese chico estaba tan en blanco como ella.

—Tal vez podríamos ver alguna forma de subir al trono antes de que la bomba caiga del todo; Sería usar el plan B más efectivo antes que el plan A termine de fallar. —habló Christophe, sorprendiendo a los otros dos.

Gregory y Wendy se compartieron miradas mutuamente, ninguno de los dos podía entender a que se refería del mercenario frente a ellos, es más, ni siquiera esperaban que él fuera el que tuviera una idea.

Ahora posaron su vista en él, la chica hechandole la culpa a que tal vez realmente esa persona no sabía ni de que estaba hablando, el chico solo porque no entendía a donde quería llegar.

—Explicate, Topo.

Este suspiró con fastidio, tirando su cigarrillo al piso para luego pisarlo.

—Nosotros tenemos la ventaja, tenemos sus suministros, tenemos hombres más fuertes y escondites en otros lados. Los Hunters ni saben de nuestra existencia, así que tenemos casi como un don de la invisibilidad. —Empezó a explicar, caminando en circulos alrededor de ellos.

—¿Estás ofreciendo hacer un trueque o trato? —dijo Gregory, creyendo saber a dónde quería llevar.

—No exactamente, un trato cualquiera no nos asegura nada. Necesitamos un seguro, algo que nos haga saber que quieran o no, nosotros también estaremos en el poder.

Otra vez los jovenes arrugaron el ceño, al cada vez entender menos de que hablaba el francés frente a ellos.

Se pusieron a pensar en silencio a que se refería, sabían que tenía razón, que necesitaban algo así. Pero no podían entender a dónde los quería llevar con ello.

—Diganme, mierdas, ¿Cuál era aquél método que entre reinos, hacían una unión firme y eterna? ¿El que nos hará tener aunque sea a uno de los nuestros adentro del castillo?

Entonces ambos oyentes entendieron, una pequeña sonrisa afloro en el rostro de la azabache pero el rubio por su parte aún tenía muchas dudas sobre ello. Era una idea algo básica, y con muchas fallas.

—¿Cómo podemos estar seguros de que aceptarán? ¿Qué tal y si no funciona? —contradijo dudoso, arriesgandose a que alguno de los dos se enoje.

—Por favor, ¿De verdad creen que prefirían una guerra a eso? —Christophe tenía razón, el lo sabía perfectamente.— Ya una vez lo consigamos, veremos la forma en la cual encaminarnos al plan original y ya.

—Me parece bien —Lo interrumpió Wendy, sin sacar su sonrisa— Meteremos a alguien débil al castillo, alguien con él que piensen que no pasa nada y de verdad nos hemos rendido, pero él desde adentro nos abrirá las puertas a nosotros.

—Será fácil menejarlo y hacer que haga lo que le pidamos. —Le siguió el castaño, enarcando una pequeña sonrisa de lado al ver que la chica pensaba igual que él.

—Exacto.

—Sí, ¿Pero quién? —preguntó de nuevo él.

—Eso déjamelo a mí, conozco a alguien. —respondió con confianza Wendy.

Se dieron miradas complices, veían bien el nuevo plan. No tenía tantos errores ni márgenes de fallas, más de los obvios, era muy conveniente y no tan complicado, solo esperaban espectante al chico rubio junto a ellos.

Este aún se veía dudoso, pero al no ver realmente otra mejor idea, solo le quedó levantar los hombros como si nada, aceptando así aquel nuevo plan.

—Okey, hagamoslo.